Reflejos de su gloria

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Reflejos de su gloria

Reflejos de su gloria es un programa que tiene como objetivo compartir las enseñanzas de las Escrituras, celebrando la gloria de Dios, con el deseo de reflejar su carácter con cada enseñanza.

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    Romanos-086 Más que vencedores

    Romanos 8:31-37Dios ha dejado claro en Su Palabra que en lo bueno y en lo malo, Él  está con nosotros. Nos predestinó, nos llamó, nos justificó, y nos glorificó. Y como hemos visto, en nuestra vida diaria con Él, no deja de concedernos favores de gracia y misericordia. Cuando éramos enemigos de Dios (Romanos 5:10-11) y esclavos del pecado (Romanos 6), nos libró, y nos dio Su Espíritu Santo para que morando en nosotros nos vivificara, y para que cuando no sepamos cómo orar, interceda por nosotros, porque “el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos,” nos dice Romanos. Cuando oramos a Dios, no en nuestras propias fuerzas, sino en el Espíritu, estamos rogándole que sea Su voluntad la que opere en nuestras vidas, porque en Su voluntad siempre salimos ganando. Eso es lo que Romanos 8:28 nos enseña. Viene justo detrás del pensamiento de que cuando el Espíritu Santo intercede por nosotros, la voluntad de Dios en nuestras vidas produce la obra perfecta de Dios en nosotros, de modo que la resolución de nuestra situación glorifique a aquel que nos escogió, nos llamó, nos justificó y nos cuenta ya como glorificados con Él. La glorificación es algo futuro para nosotros, mas en los ojos de Dios, el dueño del tiempo, ya ha ocurrido, porque lo que Él ha determinado, se puede dar por hecho. Así que “¿Qué, pues, diremos a esto?” Nos reta Pablo en Romanos 8: 31: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”Esta es una pregunta retórica, de las que no espera ser contestada porque tiene una sola respuesta: Si Dios está de nuestro lado, NADIE puede contra nosotros. Por lo que el texto reafirma: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”¿Acaso dudamos que Dios pueda o quiera darnos todo aquello de lo que tenemos necesidad? Si ya nos ha dado hasta a su propio hijo para salvarnos, ¿Cómo no nos dará también todas las otras cosas que a sus ojos, y a los nuestros deberían ser de menor importancia?El apóstol continúa con preguntas retóricas para ayudarnos a contemplar al que lucha por nosotros, nuestro aliado y defensor: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Si “Dios es el que justifica”, entonces nadie puede presentar acusación válida ante el Juez. .“¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.”El versículo 26 nos decía que el Espíritu Santo intercede por nosotros en la oración, y aquí vemos que Cristo intercede por nosotros ante cualquier acusación del maligno. Por lo que estamos completamente y constantemente cubiertos de acusación ante el Padre. Por eso el capítulo 8 puede comenzar con la afirmación: “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”En esta condición recibimos la última pregunta: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?”¿Puedes anticipar la respuesta?Exactamente: NADA ni NADIE…Afirma el apóstol con seguridad: “Más bien (Antes), en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” ¿En qué cosas? En tribulación, en angustia, en persecución, en hambre o desnudez, en peligro, en espada, en todo esto, ya somos vencedores; no, más que vencedores, a través del poder de aquel que nos amó, Dios mismo. “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”Queda claro, ¿verdad? Tenemos la victoria asegurada siempre y cuando nos enfrentemos a la vida con Dios a nuestro lado, siempre que hayamos sido reconciliadas con Dios a través de Cristo Jesús. Pablo les dice en el versículo 17 “Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.”Escojamos vivir en el Espíritu por la gracia de Dios y a través de Jesucristo nuestro Señor; porque ahí nos asegura Dios que no hay condenación. Y estando de su lado descansemos en la seguridad de que no hay fuerza en este universo que pueda separarnos del amor de Dios.

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    Romanos-085 El regalo que sigue dando

    ¿Sabes lo mejor del regalo de la salvación que Dios ofrece? Que viene con muchos regalos incluidos. Cuando recibimos el regalo de vida eterna por la fe en Cristo obtenemos sin duda la salvación eterna, más incluso en esta vida, recibimos mucho más en el mismo paquete. Romanos 5 nos dice que tenemos paz con Dios. En el versículo 9 y el 11 nos dice que “somos salvos de la ira” de Dios, y hemos obtenido la reconciliación. Leemos en el 2 que tenemos “entrada a la gracia de Dios”. Gracia significa, “favor no merecido.” y en Cristo obtenemos el favor de Dios que nadie merece.O sea que al recibir el regalo de la salvación, no solo somos librados de la justa ira de Dios hacia el pecado, sino que entramos en un estado de gracia, es decir, recibimos favores de Dios, acciones a nuestro favor que nosotros en realidad no merecemos. Ahora podemos disfrutar de una paz que Dios da y que es imposible de experimentar antes de recibir a Cristo. El apóstol nos dice que incluso en los momentos difíciles, cuando pasamos por tribulaciones en esta vida, los que somos hijos de Dios, recibimos de esta tribulación una serie de regalos. Por eso los versículos 2-4 enfatizan que podemos descansar tanto en los momentos buenos como en los malos; dice así: “nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.” Es decir, cuando pasamos tribulación, nuestra paciencia es fortalecida, y podemos contemplar la prueba, es decir, la evidencia de que en verdad Dios es el que nos sostiene. Esto verifica la esperanza que tenemos en Dios. Nos confirma que nuestra esperanza está fijada en el lugar correcto, en la soberanía, sabiduría y el amor de Dios, y de este modo confiamos en que nunca nos sentiremos defraudados de haber confiado en Dios. Ya lo confirmaba el apóstol Pablo en el capítulo 1:16 cuando decía:  “no me averguenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.” La esperanza depositada en Dios nunca nos avergonzará; podemos descansar en esta verdad. Habrá momentos en los que esta esperanza no presente evidencias, en que las circunstancias del momento no nos permitan ver ese fin que deseamos. Nos dice Romanos que aquellos que tenemos el Espíritu de Dios en nuestras vidas sufrimos junto con el resto de la creación de Dios al ver el estado actual del mundo, mas nuestra esperanza no está puesta en este mundo, sino que esperamos “la adopción, la redención de nuestro cuerpo” dice Romanos 8:23.Mas leemos en Romanos 8:24-25 “Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.”En los momentos en que no puedas ver esa gloria futura, recuerda que Dios es fiel. Dejemos que esta tribulación presente pasajera sea otra oportunidad de experimentar el cuidado y la protección de Dios en nuestra vida, y no perdamos de vista la evidencia de la esperanza que tenemos a través de Cristo. 

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    Romanos-084 Vivificados

    Quisiera que reflexionáramos hoy sobre el poder que opera en cada cristiano desde el momento de la salvación en Cristo. Romanos 8:10-11 presenta una preciosa verdad; dice así: “Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.”Aunque Romanos 8 siempre ha sido mi capítulo favorito en toda la Biblia, este versículo cobró gran importancia para mí no hace muchos años. El capítulo ocho está dividido en muchas Biblias en dos secciones, una que han titulado Viviendo en el Espíritu y una segunda llamada Más que vencedores. Esto hace que en nuestra mente separemos estas dos secciones, pero propongo que el único motivo por el que podemos ser vencedores es por el Espíritu que mora en nosotros. El texto nos dice que si Cristo está en nosotras, a pesar de que este cuerpo mortal sigue influenciando nuestra vida diaria, tenemos al Espíritu Santo del Dios del cielo en nuestro interior, dándonos vida. Por si no has parado a reflexionar en esta fascinante verdad, te invito a indagar conmigo en la verdad que nos está comunicando el apóstol. El versículo 11 dice: “si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en ti, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también tu cuerpos mortales por su Espíritu que mora en ti.”¿Quién es ese Espíritu que mora en nosotros? Es “el Espíritu que levantó de los muertos a Jesús.” Es un Espíritu capaz de dar vida a un cuerpo muerto; tiene victoria sobre la misma muerte. El apóstol continúa diciendo que es Dios mismo es el que vivifica tu cuerpo mortal a través de Su Espíritu. Este texto no da pie a pensar que el Espíritu Santo en el interior de un cristiano tiene grados de poder. El Espíritu Santo que mora en tu interior es el mismo que levantó a Jesús de la muerte. Algunas personas temen dar su vida a Cristo porque creen que Dios no podría perdonar y cambiar a alguien así. Este texto te pregunta: ¿Acaso piensas que el Espíritu no puede darte vida a ti? Este es el Espíritu que levantó de los muertos a Cristo Jesús, la resurrección que ha provisto vida para todo aquel que la desee.¿Dudas de la salvación en Cristo? Dicen los versículos 15-17: “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”La obra de salvación es completa y es afirmada contínuamente por el Espíritu Santo. Si has aceptado la obra de Cristo en tu favor, pídele que Su Espíritu dé testimonio a tu mente y corazón. El Espíritu Santo debería darte la seguridad de que por la gracia de Dios eres hija y heredera de la gracia. Cuando estés pasando por tribulaciones; cuando las batallas en tu vida te produzcan temor o ansiedad, recuerda que si Cristo está en ti, mora en ti el mismo espíritu que dio vida al cuerpo inerte de Jesús. Si el Espíritu hizo esto en Él, ¿por qué habríamos de sentir este miedo y ansiedad? El versículo 18 nos anima diciendo: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” Esta tribulación que estás pasando es momentánea, pero la gloria futura es eterna. No dejes de comunicarte con tu Creador y Salvador, porque este mismo Espíritu es el que nos ayuda a ir a Dios en oración, ayudándonos a pedir como conviene, e intercediendo por nosotros con gemidos indecibles” nos dice el versículo 26.Aprovechemos la bendición de tener al Espíritu Santo de Dios morando en nuestro interior, pues este que es poderoso para levantar de los muertos es el que vivifica nuestro ser.

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    Romanos-083 Los muertos no desean

    Romamos 6:6-7: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.”El capítulo 6 de Romanos presenta un argumento muy interesante. El apóstol Pablo ha estado explicando que cuando el pecado abunda, la gracia de Dios es aún más abundante. La gracia de Dios, Su favor hacia el ser humano cuando este no lo merecía, es mucho mayor que cualquier mal que el hombre pueda cometer. Sin embargo, esta verdad no puede llevar a nadie a la conclusión de que podemos pecar todo lo que queramos. Pablo expone este pensamiento falaz en los primeros versículos del capítulo: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?”Pablo propone que si hemos recibido la salvación de Cristo, hemos muerto al pecado. Los siguientes versículos explican que en el momento de nuestra identificación con el Salvador, hemos dejado nuestro viejo ser esclavizado al pecado y hemos nacido a una nueva vida. Esto está claramente ilustrado en el bautismo que presentan los evangelios, representando nuestra muerte y resurrección con Cristo. Bajamos a las aguas del bautismo ilustrando la muerte al pecado, y subimos, representando una vida nueva en Cristo. Hay una historia conocida de un hombre que limpiando la iglesia encontró una pipa de fumar en el bautisterio. Llevaba unas iniciales que coincidían con un señor que acababa de bautizarse el domingo anterior, así que fue a entregarle el objeto perdido. Sin embargo, este señor que había sido bautizado examinó la pipa y le respondió: “No, esto no me pertenece.” ¿Qué raro?, dijo el conserje, lleva sus iniciales. El señor le insistió: “Puede que perteneciera al hombre que entró en el bautisterio, pero desde luego no pertenece al hombre que salió de allí.” Él había recibido una vida nueva cuando recibió a Cristo, y ahora lo hacía evidente con ese gesto en el momento de su bautismo público. En esta nueva vida, las cosas a las que antes no podíamos decir que no, ahora no nos llaman la atención. ¿O sí?En principio el pecado ya no debería tener dominio de nuestro ser. El título de esta reflexión puede sonar extraño, pero lo cierto es que cuando alguien ha muerto, ya no experimenta deseos; no tiene la tentación de comer o hacer aquello que antes hacía. Sin embargo, es evidente que aún cuando hemos muerto al pecado, seguimos sintiendo tentaciones y luchando con aquellas actitudes o prácticas que no queremos hacer.  Pablo habla de esto en el capítulo 7. Cuando alguien ha perdido a un cónyuge, no hay infidelidad si se casa con otro. La viuda debería sentirse libre para amar a otro hombre, y sin embargo, en el ámbito espiritual, muchas veces seguimos intentando ser fieles al pecado, al cual ya hemos muerto en Cristo. En el versículo 15 Pablo dice: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.” Parece que el pecado sigue teniendo influencia en nosotros. Continúa Pablo diciendo: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.” “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”¿Notas la lucha interna del apóstol? Seguro que tú misma la has experimentado. Y es que mientras vivamos en este cuerpo, seguiremos luchando con nuestra humanidad, hasta el momento en que vayamos a la presencia del Señor. Mas el apóstol contesta su propio dilema al final del capítulo 7 proclamando: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” Cristo es el que nos libra de este cuerpo de muerte. Lo explica claramente Romanos 6 “Si morimos en Cristo, creemos que también viviremos con Él. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:8,11).Pablo concluye el capítulo sobre la muerte al pecado con estas palabras para el creyente: “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus deseos desordenados (concupiscencias); ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de maldad  (iniquidad), sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” Romanos 6:12-13. Recuerda que hemos cambiado alianzas. Dice la Palabra: “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. Porque (recuerda), la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:22-23).Declarémosnos muertos a la iniquidad y la tiranía del mal, y vivamos en justicia y santificación, disfrutando de la libertad que tenemos en Cristo Jesús. 

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    Romanos-082 El regalo de Dios

    ¿Podrías explicar la diferencia entre un premio y un regalo? Podríamos decir que un premio es algo que ganas debido a tus talentos o esfuerzos, un mérito por el que tú has trabajado y digamos que mereces. El diccionario ofrece varios términos relacionados, entre ellos una “paga” o “remuneración” “recompensa” “compensación.” Un premio es una compensación por lo que eres o has hecho; una paga es una remuneración en base a un acuerdo o a una labor realizada. El regalo, al otro extremo, es algo por lo que tú no has trabajado. No está vinculado a tu esfuerzo ni a tus capacidades. Es algo que muestra el aprecio de otra persona hacia ti, y aunque solemos dar regalos por haber nacido, o haber llegado a ciertos hitos en la vida, los regalos no son algo “merecido” u “obtenido,” sino algo dado inmerecidamente.Romanos 6:23 nos dice que “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”Este texto explica que la paga, es decir, la remuneración, la compensación, o el premio derivado de tener o practicar el pecado es la muerte. Romanos 3:23 nos dice: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” Al estar destituidos o excluídos, no merecemos ser parte de la gloria de Dios. Los versículos 9-11 afirman que tanto judíos como gentiles estamos en la misma condición. Dice Pablo:  “ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito:  No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios.”Puesto que “todos pecaron” y “no hay justo ni aun uno” debemos entender que la muerte es la justa remuneración que cada ser humano merece. Sin embargo, como encontramos a través de las Escrituras, en la segunda parte de Romanos 6:23 vemos la otra cara del asunto, la solución a esta desesperante condición. Dice que la paga del pecado es muerte, mas la dádiva, (es decir el regalo) de Dios es vida eterna en Cristo.” La justa retribución es muerte, mas el regalo de Dios es vida eterna. Recordemos que el regalo no es una justa remuneración. Por ello es que Pablo dice en Romanos 3:24-28 que somos “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”Es decir, este regalo viene a cuenta del único que no ha pecado, y por lo tanto, no tiene la condena de la muerte; este es Cristo. Romanos 5:1-2 nos dice que “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”Él es “el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” nos dice Romanos 5:26. Y en Él “tenemos entrada por la fe a esta gracia,” a este regalo de vida. Romanos 5:18-19 repite: “Así que, como por la transgresión de uno (esto es Adán) vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno (esto es Jesucristo) vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre (Adán) los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno (Jesucristo) , los muchos serán constituidos justos.”Si el pecado entró en el mundo por Adán, la solución al pecado fué comprada y es ofrecida como un regalo por Cristo Jesús. Como humanos, por nuestros propios méritos nos hemos ganado la condena de muerte; esa es nuestra justa retribución. Mas Cristo ha comprado para nosotros con su propia sangre la vida, vida eterna, nada más y nada menos, para todo el que la desee. Y el único requisito para obtenerla es la fe en Cristo. En Romanos 3:27-28 se nos pregunta: ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Qué ley debo cumplir? o ¿Qué debo hacer para merecer esta vida eterna?) El texto continúa preguntando:  ¿(Será) Por la (ley) de las obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.”Lógico. Si fuera por obras, no sería un regalo, sino un premio o retribución. Romanos 4:4-5 dice: “Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.” El capítulo 5 concluye con esta afirmación: “así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.”Pablo nos explica que ya no tenemos que cargar con la paga del pecado. Romanos 5:6Nos dice que “Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.” En Romanos 5:8 leemos que “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”Así que los que recibimos este regalo podemos decir con Pablo: “nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.” (Romanos 5:11) Hemos sido reconciliados con Dios a través del único que nos podía reconciliar. Esto no se consigue por cumplir ninguna ley, ni de judíos, ni de ninguna religión. Esto sólo se puede recibir como un regalo de parte de Dios, por una fe sincera en Jesucristo, el que compró el regalo. Despreciarlo te deja con la justa paga por tu pecado. Aceptarlo te da la vida eterna en Cristo, la paz y la reconciliación con tu Creador.

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    Romanos-081 El origen del mal

    Cuando nos enfrentamos a una catástrofe, lo primero que mucha gente hace es lanzar una acusación a Dios. Si existe, ¿por qué permite esto? Es una pregunta algo lógica, y sin embargo injustificable. ¿Por qué digo eso? En primer lugar, porque muchos de los que la hacen profesan ser ateos. Si no creen en Dios como origen del universo, de la humanidad, y de todo lo bueno que disfrutamos, ¿por qué apuntan el dedo a Dios cuando ven algo negativo? Esta mentalidad y actuación es lo que el apóstol Pablo denuncia en Romanos 1:25. Dice que “cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos.” Ellos son sus propios dioses, y cuando su mundo va mal, buscan un culpable que ellos mismos han dado por inexistente. ¿Qué sentido tiene esto?¿Por qué hay mal en esta tierra? Justo por esto, porque en el principio, en el huerto del Edén, cuando Adán pudo haber elegido comunión perfecta con Dios, eligió el otro camino, el que le “permitiría” hacer lo que él consideraba más sabio y agradable que los planes de Dios. Después de Adán, todos hemos seguido el camino que nos marca nuestra propia voluntad. Y hasta la Tierra misma gime, nos dice Romanos 8:22, sufriendo los desastres naturales que observamos de tanto en tanto.¿De dónde viene el mal? De nuestra propia elección. Comparémoslo con las tinieblas ¿Cómo se producen las tinieblas? Eliminando la luz, ¿verdad? Hemos eliminado la luz de nuestras vidas, desde muy al principio de la creación. Hemos elegido vivir en un mundo de tinieblas sin aquel que es la Luz del Mundo. Vivimos en un mundo caído, controlado por el mal, que sufre los resultados de haber rechazado el plan de Dios, y lo que nos debería sorprender es la cantidad de cosas buenas que disfrutamos en esta vida.Romanos 1:21 Dice que “habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.” Entenebrecido significa “oscurecido” Cuando no glorificamos a Dios, sino que glorificamos al hombre, nuestro entendimiento se envanece y nuestro corazón se oscurece. Dios se ha dado a conocer a través de su creación y a través de Su Palabra, mas el ser humano intenta robarle a Dios de ambas, postulando teorías alternativas a la Creación e intentando desprestigiar la Biblia. Mas Dios dice “no tienen excusa” y “son dignos de muerte.” Esta es la condición del ser humano lejos de la misericordia y el amor de Dios. El ser humano ignora a Dios cuando todo va bien, porque queremos controlar nuestro mundo. Pensamos que podemos controlar el clima, la densidad de población, las enfermedades, incluso la conducta social ...y solo basta un pequeño virus, una tormenta o un movimiento sísmico para poder darnos cuenta de que hay muy poco en este mundo que el ser humano pueda controlar con éxito. La realidad es que antes de mirar a Dios para buscar un culpable para el mal del mundo, debemos examinarnos a nosotros mismos, por si, como Romanos establece, hayamos dejado a un lado a Dios para elegir nuestro propio destino. Los versículos 28-32 describen a los que esto han hecho de este modo:“Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.”No es una descripción muy halagadora, ¿verdad? Sin embargo muchos se enorgullecen de estas prácticas mencionadas. Pero yo no soy quien para juzgar, como tampoco lo son ellos. El versículo 1 del capítulo 2 dice: “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.”Muchas veces, nosotros, los que sí creemos que Dios existe, que profesamos que creó el mundo donde vivimos por Su gracia, los que hemos gustado su salvación, la promesa de vida eterna en Cristo, permitimos que esa misma pregunta nos invada los pensamientos. ¿Por qué, Señor permites que haya tanta maldad en este mundo? ¿Por qué tenemos que sufrir esto?El versículo 4 nos lanza esta pregunta: ¿menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?Romanos 5 nos dice que así como Adán pecó y el pecado entró en el mundo por un hombre, por un hombre, Jesucristo, la salvación ha venido a la Tierra, y todo aquel que arrepentido recibe a Cristo como sustituto, disfruta de la benignidad, paciencia y longanimidad de Dios. La maldad existirá en este mundo caído hasta el juicio de Dios, cuando Éste establezca Su reino.Pablo nos recuerda que el juicio justo de Dios viene, y que su mayor muestra de amor al mundo es la llamada al arrepentimiento; la entrada a una comunión perfecta con Dios. Con la muerte de Cristo en la cruz nos ha mostrado que nos ama; con la resurrección de Cristo de la muerte nos ha mostrado su gran poder. Lo que a nosotros nos corresponde es creer en su soberanía y su amor, y aguardar Su venida disfrutando mientras tanto de cada acto de bondad que Él nos brinda.

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    Romanos-080 La carta a los Romanos

    La epístola a los Romanos fue escrita por el año 57 de la era cristiana, por el apóstol Pablo, e iba dirigida a los cristianos que vivían en la ciudad de Roma. Pablo escribe esta carta, no a una iglesia específica en Roma, sino que dice “a los que están en Roma.” Estos eran creyentes judíos y gentiles que habían confiado en Cristo y que se reunían en casas, sin haber formado aún iglesias. Estas congregaciones incluían judíos conversos y gentiles crisitanos que no practicaban ritos tradicionales judíos. En la epístola, Pablo enfatiza la unión en una familia de la fe, y cómo debían practicar el amor cristiano para poder servir al Señor de todo corazón. Sabemos por el capítulo 15 de Hechos que Pablo no había estado en Roma tras su conversión, y los creyentes ahí, aunque habrían oído hablar de Pablo, no lo conocían. Así que leemos al comienzo del libro una pequeña introducción del apóstol. En los capítulos 1 y 15 de Romanos Pablo expresa el deseo de visitar a los creyentes en Roma, “para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí.” dice en el versículo 12 del primer capítulo. Creemos que Pablo escribió la carta mientras estaba en Corinto y Cencrea, durante su tercer viaje misionero.En ella comparte su deseo de ir a Roma, y de ahí extender su ministerio hasta el otro lado del mar Mediterraneo, a España.Creemos que envió su carta a Roma de mano de Febe, una mujer que activamente ayudaba a los cristianos de Cencrea. En su despedida, Pablo manda saludos a muchos que ya conocía y que ahora estaban en Roma. Entre ellos, saluda a Aquila y Priscila. Recordemos que Pablo había trabajado con estos en Corinto, en su primer viaje, y eran muy queridos para él. Estos habían llegado desde Roma cuando el emperador Claudio echó a los judíos. Cinco años después, cuando este murió, muchos judíos volvieron a Roma. PArece ser que para cuando Pablo escribió esta carta, Aquila y Priscila ya vivían de nuevo en Roma. En el capítulo 16, entre sus saludos personales, Pablo envía saludos a esta pareja que tanto había hecho por él y por el avance del evangelio. Incluye también saludos de parte de sus colaboradores, parientes, y otros de la iglesia donde se encontraba, incluyendo a Tercio, que escribió a mano las palabras del apóstol. El mensaje de Romanos desde el principio de la carta enfatiza el regalo de salvación de parte de Dios. Romanos presenta muy claramente el evangelio, las buenas nuevas de la salvación en Cristo, por lo que es uno de los primeros libros recomendados para aquellos que quieren conocer a Dios y su plan para la humanidad.Ya desde su saludo al comienzo de la carta, Pablo les da un repaso de la bendición de ser llamados y apartados para el evangelio, por la obra del Señor Jesucristo, “que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.”Pablo dice que él fue llamado de Dios para salvación, e igualmente cada creyente en Roma, diciendo en el versículo 6: “entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo;” De esta preciosa verdad somos parte cada uno de los que habiendo sido llamados, hemos respondido a esta llamada en fe. Y es que en el versículo 16 Pablo les afirma que el evangelio nunca le ha defraudado, “porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.” Este regalo no es un premio por algo que ellos o nosotros hayamos hecho. En los próximos versículos y capítulos, Pablo deja esto bien claro. El ser humano nunca ha buscado a Dios. Romanos 1 explica claramente cómo el hombre no tiene excusa Dice así: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.Profesando ser sabios, se hicieron necios,” (Romanos 1:20-22). Esta es la condición humana. En contraste, Pablo muestra la justicia de Dios, explicando que estamos en enemistad con el Creador y Señor del Universo. Pero no nos deja sin esperanza, porque continuará mostrando el gran amor de Dios al llamarnos y apartarnos, dándonos la posibilidad de una nueva vida en Cristo. Una nueva vida, una nueva familia, un nuevo futuro. Pablo concluye su carta con una doxología, lo cual es una alabanza a Dios, cerrando el mensaje del libro con estas palabras: “Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.”

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    Epístolas-079 Introducción a las epístolas

    ¿Te gusta recibir cartas? A mi hija le encanta recibir cartas en el buzón, por lo que ella escribe cartas en papel cuando la mayoría de personas han dejado de usar el método de correo tradicional para dar paso a mensajes digitales. Lo cierto es que produce una sensación agradable recibir una carta dirigida a ti, sabiendo que la persona ha pensado en ti con antelación y ha gastado el tiempo y el dinero en enviarla.La segunda parte del Nuevo Testamento es una composición de cartas escritas para diferentes iglesias o individuos empezando en el tiempo del libro de los Hechos y continuando hasta el final del primer siglo. Estas cartas se escribieron en circunstancias diversas, algunas de ellas desde una prisión, y otras en territorio hostil al evangelio. Eran enviadas por medio de personas particulares que viajaban atravesando mar o tierra, y enfrentando peligros. Estas eran recibidas y compartidas oralmente para que los cristianos pudieran, no solo oír el mensaje, sino profundizar en las enseñanzas que estas contenían. De las 21 cartas, o epístolas, como se las denomina tradicionalmente, el apóstol Pablo escribió 13. Las otras fueron escritas por los apóstoles Pedro, Jacobo (Santiago), Juan y Judas. La carta de los Hebreos, con muchas características similares a los escritos de Pablo, no viene firmada, y por lo tanto, existen diferentes ideas sobre su autoría. Hay cartas dirigidas a diferentes iglesias, como la mayoría de las de Pablo, las de Juan y la carta de Judas. En ellas, se tratan temas sobre la nueva vida del creyente en Cristo. Unas son más extensas, como la carta a los Romanos o las dos cartas a los Corintios. Otras son más cortas, como las epístolas a los gálatas, los efesios, los filipenses o los tesalonicenses.Las cartas de Santiago y Pedro, y la epístola a los Hebreos están dirigidas específicamente a los judíos conversos. Estos judíos estaban dispersados por el imperio romano, en algunos casos sufriendo persecución de parte de los judíos no cristianos, o de los romanos. Otras cartas están dirigidas a personas específicas, como las de Timoteo, Tito y Filemón. Pablo da instrucciones a Timoteo y a Tito sobre cómo pastorear a los cristianos en su zona. En la carta a Filemón, Pablo habla específicamente a este para pedirle que restaure a su siervo Onésimo, el cual se había escapado, y ahora había conocido a Cristo.Conforme estudiemos las diferentes cartas, podremos notar que más allá de los saludos personales que suelen aparecer en una carta, estas contienen el mensaje eterno de Dios para su iglesia. No importa que vivamos siglos después de los primeros destinatarios de estas cartas. Al comenzar a leerlas notamos que su mensaje es tan válido para nosotros como lo era para ellos.En la segunda carta de Pablo a Timoteo, este le dice que “toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”Debido a que la humanidad no ha cambiado mucho a lo largo de los siglos, el mensaje de las epístolas sigue vigente y sigue siendo eficaz. Dios nos ha hablado a través de Su Palabra, y con ella nos ofrece instrucción y corrección, exhortándonos y guiándonos para que podamos vivir una vida que agrade a Dios, para que podamos estar completamente preparados para toda buena obra. 

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    Hechos-078 Casi persuadidos

    Durante el tiempo que Pablo permaneció preso en Jerusalén y en Cesarea, tuvo la oportunidad de hablarle a varios líderes romanos que sentían curiosidad por lo que este venía enseñando. Después de todo, sus discursos habían levantado controversia entre los judíos, y algunos incluso habían hecho voto con la determinación de no comer hasta que dieran muerte a Pablo. Claudio Lisias, tribuno romano en Jerusalén, habiendo oído la causa de Pablo y habiendo sido advertido del plan de los judíos, envió a Pablo con una gran escolta hasta Cesarea, para que Felix, gobernador romano, se hiciera cargo de su caso. El gobernador, después de leer la carta del tribuno y haber escuchado los cargos de parte de los judíos, dio la palabra a Pablo para que expusiera su caso en presencia de sus acusadores. El apóstol habló con prudencia y en verdad, defendiendo que su único delito era haber predicado a Cristo resucitado. Felix los despidió  “Y mandó al centurión que se custodiase a Pablo, pero que se le concediese alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de los suyos servirle o venir a él.Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo.” (Hechos 23:23-24)Dios dio oportunidad a Pablo de compartir el evangelio con estos y los que allí se encontraban presentes. Pero nos dice Lucas que “al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré.” Hechos 24:25Nos dice Lucas que Felix esperaba que Pablo le ofreciera dinero para soltarlo, y por eso lo mantenía preso, pero Pablo estaba encantado de poder hablar con este mientras tenía la oportunidad y leemos que Pablo estuvo ahí mucho tiempo, ya que “Al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Porcio Festo; y queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.” (Hechos 24:27)Al llegar Festo a su puesto, y habiendo los judíos pedido que los dejaran juzgar a Pablo, el gobernador preparó un tribunal para escucharle, y ahí,  ante sus acusadores, ofreció a Pablo ir a Jerusalén a ser juzgado por los judíos. Pablo sabía que los judíos no le darían un justo juicio, así que insistió en ser juzgado por el tribunal de César, por lo que Festo determinó que llevaría su causa ante el emperador Augusto César. Nos narra la segunda parte del capítulo 25 que vinieron esos días a visitar a Festo el rey Agripa y su mujer Berenice. Festo, exponiendo el caso de Pablo, pidió que Agripa escuchara a este para ayudar con la redacción del informe que lo acompañaría hasta Roma.  Y así es cómo Pablo pudo compartir su testimonio de salvación ante el rey y los que con él estaban. Le contó cómo había pertenecido desde la juventud a la órden más estricta de los fariseos, cómo había perseguido a aquellos que seguían a Jesús de Nazaret, cómo el Señor se le había cruzado en el camino y habiendo transformado su vida, lo envió a predicar, a judíos y gentiles, sin hacer distinción de persona, el evangelio de Cristo, profetizado por los profetas del Antiguo Testamento y cumplido íntegramente por Jesús de Nazaret. Pablo acabó animando a Agripa a apropiar estas verdades. Le dijo: “¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees. Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano.” Hechos 26: 28Eso es lo que deseaba Pablo, que el rey también pudiera disfrutar de la nueva vida en Cristo. Sin embargo se levantaron y dieron por finalizada la reunión. Casi persuadidos, pero lejos de la salvación. ¿Tendrían estos otra oportunidad de abrir sus corazones al evangelio? No lo sabemos. Agripa y Festo, habiendo oído el discurso de Pablo, “cuando se retiraron aparte, hablaban entre sí, diciendo: Ninguna cosa digna ni de muerte ni de prisión ha hecho este hombre. Y Agripa dijo a Festo: Podía este hombre ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César.” (Hechos 26:31-32)Durante años me incomodaba leer este desenlace, y pensaba….¿por qué tuvo que apelar a César? ¡Podría haber salido libre! Sin embargo, es evidente en la lectura de Hechos que si lo hubieran liberado ahí, los judíos habrían hecho lo necesario para callarlo. Pablo había apelado a César en su defensa ante los judíos, y ahora cruzaría el Mediterraneo para ir hasta Roma, con su pasaje pagado por el imperio romano. Dios le había anunciado que predicaría en Roma, y ahora lo llevarían ante el emperador romano para defender su causa. ¿Era la misión de Pablo persuadir a otros para que creyeran en Cristo? Pablo seguiría anunciando la verdad, mas de él no dependía quién sería persuadido por el evangelio. Su misión no era persuadir, como Agripa había sugerido. Su misión era exponer la realidad. Es igual para nosotros. Exponemos la Palabra de Dios, compartimos nuestra experiencia, pero la obra de persuasión al arrepentimiento la hace el Espíritu Santo en cada vida. Aquellos que abren su corazón y su mente a la verdad del evangelio son persuadidos por el Espíritu mismo de Dios, y transformados por la obra del Espíritu. Salgamos animadas como Pablo, y no dejemos de compartir aquello que nos da vida, y al llegar a la presencia del Señor veremos a los que fueron persuadidos por el Espíritu, y nos regocijaremos eternamente.

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    Hechos-077 Pablo en Jerusalén

    Al final de su tercer viaje misionero, Pablo llegó a Éfeso deseoso de pasar un tiempo de comunión con los ancianos de la iglesia, con los cuales compartió la carga que tenía en el corazón por ir hasta Jerusalén. En Hechos 20 leemos que les dijo: “Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones.” Pablo había estado por muchos lugares compartiendo la Palabra, y enseñando a los que velarían por los cristianos en las iglesias. Mas ahora sabía que era el momento de volver a Jerusalén, aunque temía que lo que le esperaba no iba a ser agradable. En el versículo 25 les dice a los ancianos que estaba seguro de que no volvería a ver más sus rostros. Pablo estaba preparado para lo que Dios tuviera para él. Había ya probado lo que era la persecución, pues el fruto de la transformación por el evangelio era de mayor importancia. Les dijo: “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.” (Hechos 20:24)Ese era el espíritu del apóstol Pablo, gozoso de padecer si fuera necesario por la causa del evangelio. Y ahora exhortaba a estos hombres a que pastorearan a los creyentes que habían sido salvados por el Espíritu Santo de Cristo. Les recordó cómo él había trabajado con sus manos para no ser una carga para nadie mientras viajaba, y les pidió que miraran por el bien del rebaño, para que los lobos rapaces que se levantarían contra estos no los pudieran arrebatar. Esta imagen nos recuerda al Buen Pastor, el que da Su vida por sus ovejas. Pablo había aprendido a imitar a Cristo, el Buen Pastor, y ahora pedía a estos que ellos también lo hicieran. Y habiendo orado juntos, se despidieron con llantos y abrazos y lo acompañaron al barco. Pablo pasó por varios puertos, y los discípulos con sus familias pudieron orar con él y despedirse. Hubo quienes llorando le rogaron que no fuese de allí a Jerusalén, pero “Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús.”Y nos dice Lucas que como no lo pudieron persuadir, desistieron “diciendo: Hágase la voluntad del Señor.”Cuando Pablo llegó a Jerusalén, los discípulos, advirtiéndole de las habladurías de algunos judíos que lo acusaban de incumplir y animar el incumplimiento de las leyes de Moisés, lo animaron a ir al templo para cumplir con las tradiciones judías. Así que Pablo, tomando a cuatro varones que debían cumplir el voto judío, entraron en el templo, y habiendo cumplido los siete días de la purificación volvieron a entrar; mas algunos judíos de Asia se alborotaron acusando a Pablo de enseñar en contra de la ley, y también lo acusaron falsamente de haber introducido a griegos en el templo. Si no hubiera sido por la intervención de las autoridades romanas del lugar, los judíos habrían dado muerte a Pablo ese día. Los soldados romanos lo encadenaron y lo llevaron hacia la fortaleza sin saber exactamente quién era ni de qué se le acusaba, por lo que Pablo pidió permiso para hablar a los que allí estaban. Todos escucharon atentamente el relato de la conversión de Pablo, de cómo cuando reconoció a Jesús de Nazaret como el  Salvador del mundo, su vida cambió. A partir de ese día, ya no perseguía a los crisitanos, sino que compartía el evangelio con los judíos y también con los gentiles. Mas cuando mencionó a los gentiles, los judíos allí presentes alzaron la voz en su contra diciendo: “Quita de la tierra a tal hombre, porque no conviene que viva.” Hechos 22:22Los soldados, para protegerlo, lo ingresaron en la fortaleza donde permaneció preso. El concilio romano cuestionó a Pablo, y no hallaba nada de qué acusarlo, mas como los judíos amenazaban con matarlo, Pablo permaneció encerrado. En Hechos 23:11 Dios dio a Pablo una pincelada de lo que tenía planeado para él, cuando “A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma.”Hubo varios intentos de parte de algunos judíos de matar a Pablo, incluyendo un complot fallido, mas Dios protegió la vida del apóstol, dándole oportunidades de compartir la Palabra durante su arresto en Jerusalén y en Cesarea. ¡Qué bonito ver que a pesar de los enemigos que uno pueda tener o los peligros que pueda enfrentar, nuestra vida está en manos de Dios, y ahí estamos seguros. La voluntad de Pablo no estaba en manos de los judíos, o su vida hubiera acabado ahí en Jerusalén. Dios había dado a Pablo la misión de compartir el evangelio, y ahora le había confirmado que después de compartirlo en Jerusalén, lo compartiría hasta el otro lado del mar, en Roma. ¿Te encuentras tú dudando de lo que harás en un futuro cercano? ¿Tienes situaciones inciertas en tu vida? Descansa en la verdad de la soberanía y el amor de Dios. Él nos promete que nos lleva en la palma de su mano y nada ni nadie nos podrá separar de su amor. 

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    Hechos-076 Priscila y Aquila

    Hechos 18Cuando Pablo llegó a Corinto, vemos que fue a trabajar con Aquila y Priscila, su mujer, y se hospedaba con ellos. Estos eran del mismo oficio que Pablo; fabricaban tiendas. Nos dice Hechos 18 que durante este tiempo Pablo trabajaba toda la semana con ellos e iba a la sinagoga el día de reposo a compartir las Escrituras. Sin embargo, es curioso leer que para “cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia a Corinto, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo.” Pablo habría rebajado su jornada laboral poco a poco para poder enseñar a aquellos que buscaban saber de Cristo, y según la demanda creció, acabó dedicado por completo a la predicación. Sin duda esto dice mucho de Aquila y Priscila, sus socios en el negocio. Estaban dispuestos a ser flexibles para que Pablo se sintiera libre de ir a enseñar a los que querían aprender. Vemos que estos tampoco se sentían atados a su negocio cuando había necesidad para el ministerio. Estos se habían mudado de Roma a Corinto, no para promover su negocio, sino por causa del evangelio. Y cuando Pablo salió de Corinto para ir a Éfeso, vemos que Aquila y Priscila, habiendo hecho voto ante Dios, zarparon con él. Dice el texto que ellos se instalaron en Efeso, entendemos que trabajando en su negocio de hacer tiendas, mientras Pablo iba a la sinagoga a enseñar. Pablo siguió su ruta de esperanza por las diferentes ciudades, y Aquila y Priscila se quedaron en la ciudad de Éfeso. Nos cuenta Lucas que “Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.”Este hombre elocuente llegó predicando, pero no había conocido a Cristo, sino que predicaba el mensaje de Juan el Bautista. Sin duda esperaba al Mesías, pero vemos que cuando Priscila lo escuchó, se dio cuenta de que Apolos necesitaba que alguien le compartiera el mensaje de Cristo para que conociera mejor a Dios. Y así fue como esta, junto a Aquila su marido, fueron a hablar con él en privado. No lo difamaron, juzgándolo sin hablar con él de lo que enseñaba, sino que nos dice que “ lo tomaron aparte”. Y este escuchó y creyó, y quería seguir compartiendo la Palabra, esta vez proclamando exactamente el camino de Dios. Leemos que “queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.” Apolos, otra alma salvada y con deseo de proclamar el mensaje, gracias al discernimiento y el amor cristiano de Priscila y Aquila. En Romanos 16:3-4, Pablo expresa su profundo agradecimiento a esta pareja que estuvo siempre apoyándolo y ayudando en cada oportunidad que tuvieron: “Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles.”Gracias a Dios por personas que dan de sí, de su tiempo y de lo suyo para invertir en la vida espiritual de otros.

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    Hechos-075 Pablo en Atenas

    La visita de Pablo a Atenas me parece muy relevante hoy día. La historia bíblica está mayormente centrada en el oriente próximo, con tradiciones que pueden diferir de las del mundo occidental. Sin embargo, cuando el evangelio entra en Europa, puede que sientas como yo, un cierto sentimiento de empatía, porque es la historia de cómo el evangelio me llegó a mí. Si has estudiado la filosofía de los griegos, te resultará fascinante leer cómo Pablo tuvo la oportunidad de traer el evangelio a filósofos y pensadores de la época. Hechos 17 nos narra sobre la cultura religiosa griega y cómo Pablo, al llegar allí, les habló del Dios del Universo. Dice así:“Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría. Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían.Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección.Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto. (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.)Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez. Y así Pablo salió de en medio de ellos. Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales estaba Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.”El mensaje de Pablo fue claro y conectado a aquello que los oyentes podían entender. Pablo dice en la primera carta a Timoteo: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.” (1 Timoteo 2:5)Los de Atenas nunca habían escuchado nada así antes. Pablo les estaba presentando a un solo Dios cuando ellos tenía una amplia carta de dioses. Presentaba a un Dios Creador que era Señor sobre los cielos y la tierra. Un Dios que no había sido creado por mano humana, sino que transcendía a la humanidad y al Universo. Un Dios autosuficiente que no necesitaba de adoradores, porque Él es el que da aliento y vida. Y sin embargo, ha establecido este mundo para que sus criaturas creadas puedan buscarlo. El Dios eterno nos ha marcado límite de tiempo en nuestra vida; el omnipresente nos ha puesto límite de espacio. Y todo para que viendo nuestras limitaciones sintamos la necesidad de buscar al que no tiene límites. Él no está lejos, pues se mantiene cercano a los que le buscan (Salmos 145:18).Hasta ahí mantenía la atención de los atenienses, mas Pablo no paró ahí, sino que les presentó al mediador entre Dios y los hombres, a Jesucristo hombre, el cual ha provisto el perdón de pecados por su muerte y la vida eterna por su resurrección. Nos dice Lucas en el texto que cuando oyeron de la resurrección, algunos se burlaron y otros lo comenzaron a evadir diciéndole que ya lo escucharían otro día. Pablo dejó su discurso ahí, pero leemos que “algunos creyeron, y se juntaron con él. De ahí se fue a Corinto, Éfeso y Cesarea, viajando por las regiones de Macedonia, Galacia y Grecia y muchos de los que escucharon creyeron. Y como leemos en Juan 1:12 “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” Me emociona pensar que el mismo evangelio que los salvó a ellos, es el que nos ofrece Dios a día de hoy, en la región donde nos encontremos. 

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    Hechos-074 Viajes de esperanza

    Viajes de esperanza (Hechos 13-20)Cuando en una iglesia local el Señor permite que haya varias personas totalmente dedicadas, algo muy precioso puede ocurrir. El capítulo 13 de Hechos comienza contándonos como había “en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo.” Todos estos eran hombres que habiendo conocido a Cristo, estaban preparados para enseñar a otros. Nos dice el texto que el Espíritu Santo apartó a Bernabé y a Saulo para que saliendo de Antioquía, fueran a diferentes lugares a enseñar la Palabra. Y así fue como comenzaron los viajes misioneros del apóstol Pablo, al que hasta ahora se le había llamado Saulo, sí, el de Tarso. En un primer viaje fueron Bernabé y Pablo hacia la costa y se embarcaron rumbo a Chipre donde predicaron en las sinagogas y presentaron el evangelio al procónsul en Pafos. De allí cruzando a lo que hoy es Turquía, pasaron por Perge y llegaron a Antioquía de Pisidia, donde los principales de la sinagoga invitaron a Pablo a compartir unas palabras. Este aprovechó esta ocasión para presentar el evangelio comenzando desde el Antiguo Testamento y yendo hasta el cumplimiento de la promesa en Cristo, acabando con una invitación a la justificación y el perdón de pecados para todos los judíos que allí estaban. Nos dice el versículo 42 que “Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas.” Y así fue como casi toda la ciudad pudo escuchar el mensaje y muchos fueron salvos. Tuvieron que salir de allí porque hubo oposición de parte de algunos judíos, pero Bernabé y Pablo salieron gozosos por lo que Dios había hecho. Encontraron la misma variedad de respuesta al predicar en los lugares que pudieron visitar; desde querer adorar a Bernabé y a Pablo como si estos fueran dioses, hasta querer matarlos. En Listra Pablo fue apedreado por causa de algunos judíos que levantaron falsas acusaciones, pero Dios lo sanó y pudieron volver por los lugares donde habían predicado, animando a los nuevos creyentes a que permanecieran en la fe; y así llegaron de vuelta a Antioquía. Dios trajo hasta Antioquía a Silas un creyente de Jerusalén, y cuando llegó el momento de iniciar un segundo viaje misionero, mientras Bernabé fué hacia Chipre con Juan Marcos, el cual había acompañado a Pablo y Bernabé durante parte del primer viaje, Pablo fue con Silas para confirmar a las iglesias que se habían formado en los lugares donde antes había predicado. Es bonito ver que cuando pasaron por estas ciudades, los que habían recibido el evangelio anteriormente habían crecido en su fe y otros habían sido salvos por su palabra. En Listra, un joven creyente llamado Timoteo, el cual era hijo de una mujer judía creyente en Cristo y de padre griego se unió a Pablo y Silas. Aunque Pablo y sus compañeros pensaron que sería bueno ir hacia Asia a predicar,  esta resultó no ser la voluntad de Dios para ellos en ese momento, sino que Dios los guió a la zona de Macedonia, llegando a la ciudad de Filipos. Allí conocieron a Lidia, una mujer que vendía telas; esta, al escuchar el evangelio creyó, y fue de ayuda para los siervos de Dios. Dios había traído a sus siervos hasta este lugar para traer el mensaje a esta mujer y su familia, y a los Filipenses que creerían la Palabra. Ahí en Filipos, Pablo y Silas acabaron en la cárcel por predicar el evangelio. Mas a media noche hubo un gran temblor que abrió las puertas de la cárcel. El carcelero, viendo que su vida peligraba porque sus presos podían escaparse, empuñó su espada para matarse, mas Pablo lo paró, asegurándole que todos estaban ahí y que no huirían. A través de este testimonio, el carcelero y su familia recibieron a Cristo en sus vidas. Leemos en Hechos cómo estos hombres fueron predicando a Tesalónica y a Berea donde muchas mujeres y hombres recibieron a Cristo. Y llegando a Atenas, Pablo presentó el evangelio de Cristo en medio del areópago griego. Aquí Pablo basó su enseñanza en lo que estos griegos ya conocían, para poder presentarles al Dios verdadero que no conocían, y mostrarles el camino a la relación personal con Él.De ahí partió Pablo a Corinto, donde estuvo trabajando con Aquila y su mujer Priscila, procedentes de Roma, al mismo tiempo que predicaba la Palabra en los días de reposo hasta que se reunieron a él Silas y Timoteo. Pablo entonces tuvo que salir hacia Éfeso, y se fue acompañado de Aquila y Priscila, los cuales permanecieron en Éfeso mientras Pablo continuó su viaje misionero por las iglesias de camino a Antioquía. En el tercer viaje, nos dice Hechos 18, que Pablo fue “recorriendo por orden la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los discípulos.” El apóstol tuvo buenos momentos de evangelización y de discipulado en las diferentes regiones que visitó, pero también tuvo problemas en muchas de ellas a causa de la oposición al evangelio. Pablo sabía desde un principio que tendría que sufrir por la causa de Cristo, pero aún así fue a los judíos y a los gentiles para darles el mensaje de esperanza, deseando que todos llegaran al arrepentimiento y al conocimiento de Cristo. ¡Qué cambio había hecho Dios en la vida de este hombre! Y si lo pudo hacer en él, Dios puede hacerlo en cualquiera que encontrándose con Cristo, lo acepte con plena confianza.

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    Hechos-073 No solo judíos

    Hechos 9-11“Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.” Hechos 9:31Durante este tiempo de paz y edificación en las iglesias de Judea, Galilea y Samaria, los creyentes andaban en el temor, no de hombres, sino de Dios, y estaban siendo fortalecidas por el Espíritu Santo. Pedro salió de Jerusalén para ir a visitarlas, compartiendo y mostrando el poder de Dios. Los de Lira y Sarón vieron andar a Eneas, el que había permanecido paralítico durante ocho años, y los de Jope vieron a la joven Dorcas recobrar la vida cuando ya la habían dado por muerta. Muchos vieron y creyeron, no por los beneficios físicos de los milagros, sino porque reconocían el poder que había obrado en Jesús para resurrección. Este mismo poder estaba entre ellos, obrando aquello que ningún hombre podía hacer. Los hombres que los perseguían podrían quitarles la vida. Pero el único que puede dar la vida se había ofrecido para dar vida a cada uno que en Él confiara. ¡Qué bello mensaje!Pedro se quedó en Jope un tiempo, en casa de Simón el curtidor. Y lemos en el capítulo 10 de Hechos que en la ciudad de Cesarea había un centurión que tenía temor de Dios. No sabemos si había seguido la trayectoria de Jesús o si había aprendido sobre el poder de Dios Padre durante el tiempo que había estado trabajando para el ejército en la región judía. Pero Cornelio oraba a Dios, lo cual los romanos no hacían, y ayudaba con limosnas a los pobres de la zona, mientras que los romanos solían aprovecharse de los judíos. Dios, que no descuida al que lo busca, preparó un encuentro entre Pedro y Cornelio que transformaría la vida de ambos. Por un lado, estando Pedro en la azotea de la casa de Simón el curtidor, mientras esperaba la hora de bajar a comer, vio una visión del cielo—na sábana como un lienzo que bajaba atada de las cuatro puntas, llena de animales, cuadrúpedos terrestres, reptiles y aves del cielo. Pero más extraño que la visión en sí fue la voz que oyó del cielo que decía: “Levántate, Pedro, mata y come.”¡No!, ¡nunca! Pedro no comería de estos animales, por mucha hambre que tuviera! Estos eran animales que la ley judía clasificaba como inmundos, y Pedro, como buen judío, no comería de estos. Pero Dios le dijo estas palabras: “Lo que Dios limpió no lo llames tú impuro” Tres veces la voz de Dios le ofreció estos animales para comer, y tres veces tuvieron este intercambio de palabras Dios y Pedro. Y el lienzo desapareció. Pedro estaba perplejo con lo que esto significaba para él. Pero pronto lo pudo descubrir. Dios había dado instrucciones a Cornelio, un centurión romano, de ir hasta Jope a buscar a Pedro. Este envío a sus hombres diciendo: ”Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus palabras.” (Hechos 10:22)Este hombre que no era judío estaba buscando a Dios, y Dios quería que Pedro lo guiara a los pies de Cristo. Cornelio había enviado a tres de sus hombres hasta Jope para que Pedro fuera con ellos a su casa.Ya les había costado a los cristianos judíos aceptar que Pablo el perseguidor hubiera sido transformado por la obra de Dios, pero al menos Pablo era judío. Ahora venía un romano queriendo conocer a Dios, pero no pertenecía al pueblo elegido de Dios. ¿Podía este disfrutar del regalo de Cristo?Pedro,recordando la visión que había tenido en la azotea, los hospedó, recordemos que Pedro había estado esperando con hambre la hora de comer. Al día siguiente, habiendo preparado sus cosas fue con estos tres hombres hasta Cesarea.Cuando Pedro entró en casa de Cornelio, este, emocionado, se postró ante Pedro, pero Pedro inmediatamente le pidió que se levantara diciendo: diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre.” Había en la casa muchos reunidos, que querían escuchar el mensaje de Pedro. Este comenzó con lo que Dios le había enseñado a Él: “Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo; por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?”A Pedro Dios le había mostrado que a nadie debía considerar “inmundo” o no digno del evangelio. Y ahora estaba dispuesto a atender a las necesidades de estos que estaban ahí reunidos. Su mensaje era el evangelio de Jesucristo. Dijo Pedro: “Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos.” (Hechos 10:36) Les habló de su muerte y resurrección, de la entrega del Espíritu Santo, y de la misión a los cristianos, diciendo: “Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.” (Hechos 10:42-43) Y los que allí estaban creyeron y fueron bautizados. Y así fue como los cristianos judíos, habiendo oído de Pedro lo ocurrido “glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! (Hechos 11:18)Y muchos judíos, romanos, griegos y de otros pueblos oyeron y creyeron, agregándose a la iglesia de Cristo. Gracias a Dios porque no hace distinción de personas. Me ofreció salvación a mí, y ti, y a todo aquel que en Él cree. 

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    Hechos-072 Cristo sale al encuentro

    Mientras apedreaban a Esteban por anunciar el evangelio, notamos que un joven llamado Saulo, natural de Tarso, aguantaba las ropas de los que lo apedreaban y consentía en su muerte. Este era un perseguidor de cristianos, y nos dice el versículo 3 del capítulo 8 que “asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel.”El capítulo 9 nos narra cómo este “Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.”Y fue así como Saulo salió camino a Damasco, con la determinación de encontrar y arrestar a estos cristianos. “Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió” (Hechos 9:3-9).¿Qué sucedería ahora que este perseguidor de Cristo había experimentado un encuentro personal con el Señor? ¿Cómo cambiaría su vida?Dios lo tenía todo planeado. Ananías, un seguidor de Jesús, recibió instrucción de ir a encontrar a Saulo el perseguidor. Este al principio se mostró preocupado por la misión que se le estaba asignando, ya que la fama de Saulo era conocida por todos. Dios le estaba diciendo que Saulo oraba y había visto en visión que un varón llamado Ananías vendría a él, y que pondría las manos sobre él para devolverle la vista. “El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel, porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco” (Hechos 9:15-19).Ananías confió en Dios a pesar de la amenaza que Saulo suponía y participó en el plan de Dios para la expansión del evangelio. Imagino que durante esos días que Pablo permaneció en Damasco, estuvo recibiendo enseñanza intensiva de parte de los discípulos de Cristo, los cuales le mostraron en la ley que este conocía todo lo anunciado sobre el Mesías y cómo Jesús cumplió la ley y vino a salvar al mundo de su pecado. Y leemos a continuación cómo pasados muchos días, Pablo, el que había perseguido a la iglesia de Cristo, era perseguido por los líderes religiosos que lo habían enviado a Damasco, ya que este comenzó a predicar a Cristo en las sinagogas, proclamando que Jesús era sin duda Cristo, el Hijo de Dios. Pablo llegó a encontrarse en una situación difícil; los creyentes en Cristo dudaban de él porque hacía nada los había estado persiguiendo, y los judíos y los griegos querían matarlo porque se había convertido al evangelio.Fue en este momento que Bernabé, confiando en Dios, intercedió por Pablo ante los apóstoles en Jerusalén, contándoles cómo Saulo había tenido un encuentro personal con Jesús camino a Damasco, y cómo Saulo había “hablado valerosamente en el nombre de Jesús.”Los apóstoles recibieron a Saulo entre ellos, y al ver que su vida peligraba en Jerusalén, lo enviaron a Cesarea y de ahí a su tierra natal, Tarso. Qué gozo da leer que tras esta intervención divina, “las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.” Dios les dio un respiro, concediéndoles un tiempo de paz después de la persecución que habían estado sufriendo. Saulo llegó a ser el que Dios usaría para llevar el evangelio a los gentiles, como Dios había revelado a Ananías cuando este fue a su encuentro. Ananías y Bernabé son ejemplo para nosotros. Estos dos cristianos confiaron en la obra redentora de Dios cuando hubiera sido más fácil dudar de la verdadera conversión de Saulo. Jesús enseño que debíamos ser astutos como serpientes y sencillos como palomas. En una situación de peligro, es fácil poner la barrera de la astucia y desconfiar de cualquiera que nos pueda dañar. Sin embargo, Dios puso en el corazón de estos hombres la confianza, no en el hombre en sí, sino en la obra transformadora del Espíritu Santo en una vida. Y Dios los usó para traer aliento a un nuevo cristiano que había sido rescatado igual que ellos. Si Saulo no hubiera creído genuinamente, estos habrían estado poniendo sus vidas y las de otros en peligro. En cambio, si no hubieran seguido la dirección de Dios, habrían perdido la oportunidad de ser usados por Dios en la propagación del evangelio. Quizás fue su íntima relación con el Señor lo que les ayudó a discernir y seguir la dirección que Dios les estaba marcando.Gracias a Dios por su obra transformadora en la vida de cada creyente. Que Dios nos dé sabiduría y dirección para hacer aquello que nos esté pidiendo en cada momento de nuestra vida. Cristo sale al encuentroMientras apedreaban a Esteban por anunciar el evangelio, notamos que un joven llamado Saulo, natural de Tarso, aguantaba las ropas de los que lo apedreaban y consentía en su muerte. Este era un perseguidor de cristianos, y nos dice el versículo 3 del capítulo 8 que “asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel.”El capítulo 9 nos narra cómo este “Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.”Y fue así como Saulo salió camino a Damasco, con la determinación de encontrar y arrestar a estos cristianos. “Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió” (Hechos 9:3-9).¿Qué sucedería ahora que este perseguidor de Cristo había experimentado un encuentro personal con el Señor? ¿Cómo cambiaría su vida?Dios lo tenía todo planeado. Ananías, un seguidor de Jesús, recibió instrucción de ir a encontrar a Saulo el perseguidor. Este al principio se mostró preocupado por la misión que se le estaba asignando, ya que la fama de Saulo era conocida por todos. Dios le estaba diciendo que Saulo oraba y había visto en visión que un varón llamado Ananías vendría a él, y que pondría las manos sobre él para devolverle la vista. “El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel, porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco” (Hechos 9:15-19).Ananías confió en Dios a pesar de la amenaza que Saulo suponía y participó en el plan de Dios para la expansión del evangelio. Imagino que durante esos días que Pablo permaneció en Damasco, estuvo recibiendo enseñanza intensiva de parte de los discípulos de Cristo, los cuales le mostraron en la ley que este conocía todo lo anunciado sobre el Mesías y cómo Jesús cumplió la ley y vino a salvar al mundo de su pecado. Y leemos a continuación cómo pasados muchos días, Pablo, el que había perseguido a la iglesia de Cristo, era perseguido por los líderes religiosos que lo habían enviado a Damasco, ya que este comenzó a predicar a Cristo en las sinagogas, proclamando que Jesús era sin duda Cristo, el Hijo de Dios. Pablo llegó a encontrarse en una situación difícil; los creyentes en Cristo dudaban de él porque hacía nada los había estado persiguiendo, y los judíos y los griegos querían matarlo porque se había convertido al evangelio.Fue en este momento que Bernabé, confiando en Dios, intercedió por Pablo ante los apóstoles en Jerusalén, contándoles cómo Saulo había te

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    Hechos-071 La expansión del evangelio

    ¡Qué poco nos gusta sufrir! Es normal para el ser humano evitar el sufrimiento y la opresión. Sin embargo, incluso las situaciones difíciles que llegan a nuestra vida pueden traer consigo resultados favorables en diferentes aspectos. En Hechos vemos cómo la opresión y persecución llevaron a la iglesia de Cristo a dispersarse y así llevar el evangelio a diferentes zonas del mapa. La muerte de Esteban a manos de aquellos que odiaban el evangelio de Cristo inició una persecución de los del Camino, como los llamaban entonces. Los creyentes en Jerusalén tuvieron que salir por toda la región de Judea y de Samaria mientras los apóstoles permanecieron en Jerusalén, y dieron sepultura a Esteban. Mas Saulo, un fariseo presente en la muerte de Esteban “asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel.” Las autoridades judías en Jerusalén insistían en reprimir el avivamiento que Cristo había impulsado. Y mientras ellos luchaban por apagar la llama del Espíritu, vemos en el capítulo 8 de Hechos que aquellos que tenían que huir de Jerusalén seguían predicando el evangelio dondequiera que iban. Felipe, uno de los siete diáconos elegidos por los apóstoles para ayudar a la iglesia salió hacia Samaria, donde Dios hizo señales y muchos recibieron la Palabra. Nos cuenta Lucas cómo el Espíritu del Señor guió a Felipe hacia Gaza para que por el camino se encontrara con un funcionario de la reina Candace de Etiopía que volvía de Jerusalén. El eunuco etíope iba en su carro mientras Felipe corriendo intentaba mantenerse a la misma altura del carruaje. Felipe le preguntó al eunuco si entendía lo que estaba leyendo. Este hombre que volvía de adorar en el templo le dijo que leía del libro de Isaías, y pidió a Felipe que subiera al carro con él si podía explicarle lo que leía. Felipe subió, y le explicó lo que Isaías 53 enseñaba sobre el Mesías, que “Como oveja a la muerte fue llevado; Y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; Mas su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida.”Felipe le explicó el evangelio de Jesús, y el eunuco puso su fe en Cristo y fue bautizado. Después de esto, Felipe continuó hacia Cesarea, y anunciaba las buenas nuevas del evangelio por donde iba. Aquellos que perseguían a los cristianos no se dieron por vencidos, sino que encontramos a Saulo de Tarso yendo hacia Damasco en busca de los cristianos que habían salido de Jerusalén y que estaban extendiendo el mensaje del evangelio hasta más allá de las regiones de Judea y Samaria. Ya les había anunciado Jesús al ascender al cielo que le serían testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta lo último de la Tierra. Y los líderes que se oponían a Jesús estaban, si se puede expresar así, haciendo necesario el cumplimiento de esta tarea. Este viaje de Saulo para destruir la expansión del evangelio resultaría, sin este saberlo aún, en un avivamiento todavía mayor en la iglesia de Cristo de la época. Muchos sufrieron. Juan y Pedro fueron encarcelados en múltiples ocasiones, y en todas Dios los ayudó, llegando ellos a predicar el evangelio incluso en cadenas. Algunos tuvieron que morir a causa del evangelio, como fue el caso de Esteban, o de Jacobo, hermano de Juan, el cual fue herido de espada a manos del rey Herodes, el mismo cruel Herodes que había mandado cortar la cabeza de Juan el Bautista. El mensaje de salvación de Cristo es vivo y es eficaz; y es para tiempos buenos y para tiempos malos. El mensaje de salvación produce gozo para los que lo reciben y amargura para aquellos que lo rechazan. Las reacciones a la verdad del evangelio pueden ser opuestas, pero algo queda claro, y es que cuando una persona es confrontada con su necesidad personal de arrepentimiento ante el regalo de fe que Cristo ofrece, no puede salir igual que estaba; o lo recibe gozoso, o desarrollará un rechazo a esta verdad que lo llevará a un juicio eterno.Nuestra tarea como seguidores de Cristo es compartir la verdad como hicieron los primeros creyentes, estando dispuestas a recibir la respuesta que venga. Esto no está bajo nuestro control, pero sí bajo la supervisión perfecta de Dios. La obra de fe en cada corazón proviene del Espíritu Santo de Dios y cada persona es responsable de su respuesta a esta invitación. Que la palabra de Dios crezca y se multiplique como en los días que narra el libro de los Hechos, y transforme muchos corazones en nuestro entorno.

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    Hechos-070 La iglesia de Cristo

    Nos cuenta Hechos 2:42-47 las experiencias que vivieron los primeros cristianos en Jerusalén, esos días después de la entrega del prometido Espíritu Santo. Como había indicado la profecía del Antiguo Testamento, y para dejar evidencia que esta era la entrega de la promesa, Dios permitió que los apóstoles hicieran muchas maravillas y señales. Estos milagros sucedieron para que todos los presentes pudieran identificar el cumplimiento de la palabra dada por Dios en el libro de Joel (Joel 2) En medio de las señales que vivían, muchos que habían escuchado el mensaje durante el ministerio terrenal de Cristo creyeron el evangelio y se unieron a la iglesia. Nos dice el texto que los creyentes estaban atentos a las necesidades de otros creyentes, y algunos incluso vendían sus bienes para ayudar a los necesitados. No debemos entender del texto que vivían en comunas ni que nadie tuviera nada propio, porque vemos que cada uno tenía su casa. Incluso, cuando una familia vendía su terreno, tenían el derecho de guardar para sí el precio de la venta. Esto lo vemos en la triste historia de Ananías y Safira, los cuales, queriendo ser como algunos que habían vendido sus bienes para ayudar a los necesitados, pero a la vez mantener parte del dinero, decidieron mentir sobre el precio de venta de su hacienda. Pedro les aseguró que su pecado no fue quedarse con el dinero que les pertenecía. Su pecado fue mentir en cuanto a ello. Los primeros cristianos se reunían para adorar a Dios y pasar tiempo juntos en distintas casas, y también se reunían en el templo contínuamente, perseverando en la Palabra y la oración. Hechos 5:42 “Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” Sin duda, se mantenían unidos y se ayudaban unos a otros. Y todo esto lo hacían, como leemos en Hechos 2, con alegría y sencillez de corazón. Esta ferviente iglesia de Jerusalén creció en número, y nos narra Lucas que tocó la vida del pueblo entero. “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” Qué precioso ejemplo para cualquier grupo de creyentes en cualquier lugar. Esta iglesia en Jerusalén sufría oposición de los líderes de la ciudad, siendo Pedro y Juan arrestados en varias ocasiones por predicar la Palabra. Mas los apóstoles se sintieron “gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre” (Hechos 5:41). Pedro y Juan fueron liberados por la gracia de Dios y pudieron seguir predicando la Palabra, pero no todos los que compartían el nombre de Cristo tuvieron la misma suerte. Esteban, uno de los hombres que ayudaban a los apóstoles a servir a los creyentes en Jerusalén fue asesinado por predicar la Palabra. Algunos que querían hacerle mal, al ver que no podían encontrar nada de qué acusarlo, habían mentido contra él, acusándolo de blasfemia y de querer destruir el templo. Cuando el sumo sacerdote le interrogó, Esteban dio un largo discurso sobre la trayectoria del pueblo de Israel, y cómo vez tras vez el pueblo de Dios había dado la espalda a Dios a pesar del gran amor del Señor hacia ellos. Esteban reprendió a los que escuchaban con estas palabras: “Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores”Hechos 7:51-52Y oyendo estos a Esteban, se enfurecieron mucho y lo sacaron de la ciudad, y lo apedrearon violentamente. Confrontados con el evangelio no se arrepintieron, sino que se enfurecieron. Esteban perdió su vida ese día, mas la vida eterna en Cristo nadie se la podía arrebatar. Leemos que Esteban “lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios” (Hechos 7:55-56). Aquellos creyentes en Jerusalén sabían que vivieran o que murieran, tenían la esperanza de reunirse con su Salvador. Esto es cierto de la iglesia de Cristo en cualquier lugar y en cualquier momento histórico. Lo que compartían ellos y podemos compartir nosotros es la seguridad de que servimos a un Dios vivo y amoroso, cuyo poder sana y salva, más allá de la muerte.Romanos 8 nos enseña que nada ni nadie puede separarnos del amor de Cristo. Su obra perfecta es lo que une a Su iglesia a través de la Historia. ¡A Él sea la gloria!

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    Hechos-069 Proclamando la verdad

    Nos cuenta Lucas en el capítulo 3 de Hechos que Pedro y Juan sanaron a un cojo de nacimiento que pedía limosna fuera del templo. Este, al verse sanado, no se despegó de ellos, sino que nos dice el texto que entró en el templo con ellos, y “teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón. Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto?, ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a este? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerle en libertad.”En el versículo 15 Pedro los acusa diciendo: “matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Pedro aquí identifica a Jesús como “el Autor de la vida,” dejando clara su deidad. Era por el poder de este Autor de la vida que este hombre cojo había sido sanado, y sin embargo, en lugar de arrepentirse y reconocer a Jesucristo como Salvador, ellos habían rechazado al Mesías.En el versículo 19 vemos que Pedro una vez más invita a los oyentes a venir a Cristo diciendo: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.”Nos dice el capítulo 4 que mientras hablaban, vinieron los sacerdotes con los jefes de la guardia del templo y los saduceos, los cuales negaban la resurrección, y arrestaron a Pedro, a Juan, y al hombre que había sido sanado, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente. Pensaban que arrestándolos acabarían con el mensaje de Jesucristo, pero nos dice el texto que los que oyeron creyeron, y se convirtieron a Cristo unos 5000 varones. Imaginemos el número de mujeres y niños que también habrían creído a la predicación de Pedro y los otros discípulos. Ante tal revuelta, los gobernadores y líderes religiosos se reunieron para cuestionar a los discípulos, preguntándoles: “¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto? Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo” puesto en pie les dijo: “el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano.”Y prosiguió proclamando la salvación ofrecida por Cristo, explicando que “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”Después de escuchar a Pedro y Juan estaban todos maravillados, porque sabían que estos no tenían estudios, y sin embargo se notaba que habían estado con Jesús, porque hablaban como su Maestro. ¡Qué preciosa afirmación de parte de aquellos que estaban en contra del evangelio. Dijeron: “¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar.”No podían negar que Dios estaba en ellos, y sin embargo, querían hacerlos callar. Les amenazaron para que no hablaran a nadie de Cristo, mas ellos respondieron: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.” Amenazándolos, los soltaron, mas no podían castigarlos de ningún modo porque todo el pueblo había visto las obras de estos y habían oído el mensaje del evangelio. ¡Qué precioso testimonio!Si llegara el momento en que las autoridades te pidieran que callaras y no compartieras tu fe en Cristo, ¿cuál sería tu reacción? Los creyentes podían creer, pero no podían compartir su fe. Sin embargo, Juan y Pedro, con mansedumbre, se negaron a conformarse con quedarse el mensaje para sí mismos y no compartirlo. Tristemente, a menudo no necesitamos una amenaza para quedarnos calladas. Sería preferible que nos amenazaran por hablar a que Dios nos tenga que preguntar por qué no compartimos las buenas noticias del evangelio. Me surge otra pregunta para nosotras hoy: ¿Podrían aquellos que están en contra de Dios identificarnos como seguidoras de Cristo? Estos hombres tuvieron que admitir que Pedro y Juan tenían a Dios en ellos. Espero que cualquiera que nos vea y nos oiga se quede con la misma conclusión de nosotras. Si tienes a Cristo en tu vida, si el Espíritu Santo mora en ti, deja que Su obra brille de modo que todos la puedan ver y den gloria a Él. 

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    Hechos-068 Más que lenguas

    Hechos 2La celebración de Pentecostés traía a muchos judíos a Jerusalén. Hechos 2 nos narra que se habían juntado judíos de muchas nacionalidades. Nos dice el versículo 5 que “Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.” Y estando unidos los seguidores de Jesús, algo muy extraño sucedió: “de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.”El viento y el fuego son dos imágenes que ya hemos visto asociadas al Espíritu de Jehová en el Antiguo Testamento. Imagina lo sorprendidos que estarían cuando de repente un viento se levantó. Y luego, sobre la cabeza de cada uno de los presentes se alzaron como pequeñas lenguas de fuego. Y nos continúa diciendo el texto, que “fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.”Las personas ahí presentes se dieron cuenta de que los galileos hablaban el idioma de la región de cada uno que escuchaba. Dice el texto que decían: ”Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.”Notemos que este don de lenguas, regalo de Dios, no se trataba de lenguas extrañas que nadie entendía. Esto es lo que muchos que malinterpretan el don de lenguas defienden; sin embargo la Biblia nos enseña que cuando el Espíritu Santo descendió en Pentecostés, las lenguas que se hablaron fueron idiomas que otros entendían, y una forma de que el evangelio de Jesucristo fuera esparcido a todos los confines de la Tierra. En el capítulo 4 versículo 31 nos dice que los creyentes, “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.” Este era el resultado de ser llenos del Espíritu, el compartir la Palabra de Dios. Nos dice en el capítulo 2 que los que allí se encontraban aquel día estaban “atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?” No entendían lo que estaba ocurriendo. Algunos incluso comenzaron a acusarlos de estar borrachos. En este momento Pedro se levantó y habló a los oyentes, explicando que esto que estaba ocurriendo había sido anunciado por el profeta Joel en el Antiguo Testamento. Les dijo además que Jesús, el cual ellos habían entregado y matado, había resucitado, como David había profetizado en el Salmo 16 y en el Salmo 110.Y acabó Pedro con esta afirmación: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.”“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” Hechos 2:37-39.Ese día tan especial, “los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”Estos desde ese día, perseveraron “en la doctrina de los apóstoles, en comunión unos con otros, en el partimiento del pan en memoria de la obra de Cristo, y en las oraciones.”Notemos que Pedro, en su mensaje ese día, les dijo: “Para vosotros es la promesa, para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” (Hechos 2:39)Esta promesa del Espíritu Santo se hace eficaz también a día de hoy para cada persona que arrepentida, recibe el mensaje de Cristo, y a partir de ese momento el Espíritu mora en el cuerpo mortal del creyente. No se manifiesta en lenguas, como en aquel día de Pentecostés; esa ocasión fue especial, para marcar claramente esa primera entrega de la promesa del Padre. La evidencia del Espíritu en una vida se muestra por la obra transformadora que este produce. Gálatas 5: 22-23 nos da una lista del fruto que manifiesta la presencia del Espíritu en la vida de un creyente. Dice así: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.” ¿Tienes evidencia en tu vida de la presencia del Espíritu Santo? Que el Espíritu del Señor produzca su fruto en tu corazón, y su obra sea evidente en tu vida.

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    Hechos-067 La Promesa del Padre

    El Señor Jesús, antes de ascender al cielo, les había pedido que permanecieran en Jerusalén hasta que recibieran la promesa. Lucas 24:49 lee  “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.”Y en Hechos 1:4 dice que “estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre.”¿Cuál era la promesa que esperaban del Padre? Esta promesa, según leemos en los evangelios, era el Espíritu Santo de Dios. En Hechos 1:8 Jesús les había mandado que esparcieran el mensaje del evangelio, pero no lo harían es sus propias fuerzas, sino que dijo: “recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”Desde el principio del ministerio de Jesús había sido anunciado que a diferencia de Juan, el cual bautizaba con agua, Jesús bautizaría con el Espíritu Santo (Mt. 3.11; Mr. 1.8; Lc. 3.16; Jn. 1.33) dentro de no muchos días.En Juan 15:26 dijo “Cuando venga el Consolador, a quien yo enviaré del Padre, {es decir,} el Espíritu de verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí.Leemos en Juan 16 cómo había enseñado Jesús diciendo: “Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré. Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”... “Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir. El me glorificará, porque tomará de lo mío y os {lo} hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que El toma de lo mío y os {lo} hará saber.”Esto ocurriría, según Juan 7:39, cuando Cristo fuera glorificado; es decir, cuando después de muerto hubiera resucitado y ascendido en gloria al cielo. Una vez Jesús ascendió al cielo, el Espíritu Santo vendría a habitar en la vida de cada uno que previamente depositara su fe en Cristo. Esta promesa debía dar aliento a los seguidores de Jesús que lo verían sufrir a manos de los judíos y romanos, lo verían crucificado en una infame cruz. Gracias a Dios, a la mañana del tercer día, había vencido la muerte, resucitando y encontrándose con muchos de sus seguidores. Nos narra Hechos 1 que “después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.” ¡Qué privilegio haber podido sentarse una vez más a los pies de Cristo para oír sus palabras. Después de esto Jesús había ascendido al Padre, no sin antes dar, como dice el versículo 2 del primer capítulo de Hechos “mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido, ” esto es, que compartieran lo que habían visto y vivido por toda Jerusalén, por Judea, y hasta los fines de la tierra (Mateo 28:19-20). Hasta recibir el Espíritu,  debían permanecer en Jerusalén, como Jesús les había indicado. ¿Pero cuándo vendría este prometido Consolador? ¿Cómo lo reconocerían? No les había dado estos detalles. Debían esperar con fe en la incertidumbre. De este modo, y en estas condiciones, encontramos a los discípulos al principio del libro de los Hechos, juntos en Jerusalén, reuniéndose y repasando las verdades que habían oído y habían vivido, esperando la promesa del Consolador, este precioso bautismo del Espíritu que Jesús había prometido y que tenemos registrado en los cuatro evangelios (Mt. 3.11; Mr. 1.8; Lc. 3.16; Jn. 1.33).¡Qué difícil se hace esperar cuando no conocemos todos los detalles! ¿verdad? Mas Dios quiere que confiemos en Él aún cuando no vemos el cómo y el por qué; cuando no conocemos la ruta de salida. Ellos confiaron en comunión con Dios y con otros de la misma fe. ¿Puedes esperar tú en Él en las circunstancias en las que te encuentras?  

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    Hechos-066 El libro de los Hechos

    El libro de los Hechos comienza así: “En el primer tratado, oh Teófilo,. hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre”Uno de los cuatro evangelios, el de Lucas, comienza con una dedicatoria a este mismo Teófilo. El libro de Lucas es el primero de dos libros escrito por Lucas bajo inspiración divina. Nos dice que fue escrito para que Teófilo conociera bien la verdad de las cosas en las cuales había sido instruido. ¿Quién era este Teófilo? Aunque no se ha identificado a este personaje histórico, podemos deducir por el texto que era alguien con un cargo público (ya que se le llama “excelentísimo” y que había mostrado interés en conocer a Dios. Lucas dedica estos dos libros a Teófilo, su relato del evangelio y este segundo libro de los Hechos ocurridos tras la ascensión de Jesús. Si en el libro de Lucas se habían relatado los acontecimientos que ocurrieron desde el anuncio del nacimiento de Jesús hasta su muerte y postrera resurrección, el libro de Hechos expone los acontecimientos a partir de la resurrección de Jesús, y durante los primeros años del cristianismo. El libro originalmente no se llamaba “Hechos de los apóstoles.” Los hechos que se narran en esta segunda parte del libro que escribió Lucas trata lo que Jesús hizo durante los primeros años de la iglesia a través del Espíritu Santo en la vida de los apóstoles. En Lucas 24:44-49 leemos: “Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas.He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.”En el primer párrafo del libro leemos cómo Jesús había permanecido en Jerusalén cuarenta días después de su resurrección, para alentar e instruir a sus apóstoles. Les había dejado a la espera de una promesa y con el encargo de compartir aquello que habían visto y oído. Veremos en el libro de los Hechos cómo el mensaje del evangelio se esparció en Jerusalén y en Judea, y cómo se extendió por toda Samaria, y hasta llegar a lo último de la Tierra. Así como lo vieron ir al cielo, nos dicen las Escrituras que lo veremos volver un día. “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” Hechos 1:11. Mientras tanto, estudiemos aquello que los primeros seguidores de Jesús experimentaron, y aprendamos cómo esperar nosotros esta preciosa venida.

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    Evangelios-065b Recuerda sus palabras

    Recuerda sus promesasSubiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo:  He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará. Mateo 21:17-19 Jesús había pasado tres años de su vida enseñando a sus discípulos, preparándolos para el día en que la promesa de redención se culminaría con la muerte y resurrección del Mesías. Los discípulos no parecían estar listos para este mensaje, por esto los vemos insistendo en hablar de temas triviales como quién sería el mayor en el reino De Dios. El reino de los cielos había llegado, y Jesús, el mayor de todos iba a entregar su cuerpo para tomar sobre sí el pecado de todos nosotros. Al seguir leyendo los evangelios, leemos que cuando entraron en Jerusalén, Jesús sobre un pollino, algunos recibieron a Jesús con palmas y mantos, como la profecía había señalado siglos antes, pero los doce no parecen relacionarlo.Los discípulos no parecían entender durante toda la semana los eventos que llevarían a Jesús al momento de su muerte, aunque camino a Jerusalén, Jesús les había dicho que sería apresado, condenado, azotado y crucificado. Durante la celebración de la Semana Santa reflexionamos sobre los eventos de esa semana. Pero en este día, al llegar al final de los evangelios, notemos que los discípulos, como nos puede suceder a nosotros, estaban confundidos con las promesas que Jesús les había hecho y con los eventos que estaban viviendo. Ellos estaban con Jesús cuando este les dijo que uno de ellos lo traicionaría, mas ellos no sabían quién sería. Cuando Judas trajo al grupo de soldados al jardín donde lo apresarían, Pedro reaccionó para intentar rescatar a su maestro, y este le tuvo que parar, porque como había indicado, este había sido el plan desde la eternidad. Cuando Jesús estaba siendo acusado y escarnecido, algunos de sus discípulos huyeron y el mismo Pedro que dijo que moriría por Él, le negó para protegerse a sí mismo. Vemos a Jesús ante Pilato, y el pueblo entero pidiendo su crucifixión. Y al fin Jesús, clavado en una cruz, mientras muchos miraban, unos contentos, otros llorando, y los que le conocían, “y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.” (Lucas 23: 49).Su cuerpo inerte fue bajado de la cruz y sepultado por José de Arimatea, el cual había creído en Jesús, y las mismas mujeres que seguían al maestro y habían contemplado lo ocurrido ayudaron a preparar su cuerpo. Mas aún así no parecía que sus seguidores entendieran todo lo que estaba sucediendo, porque al tercer día, cuando Cristo resucitó de la tumba, todos recibieron la noticia con sorpresa, a pesar de que Cristo les había dicho que estas cosas ocurrirían. Los ángeles les tuvieron que repetir: “Acordaos de lo que os habló, …”Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.”¡Entonces ellas se acordaron de sus palabras!Esta es una preciosa reflexión. Por fin, por la obra del Espíritu, todo lo que habían oído tenía sentido. Ahora entendían que su maestro, el Mesías prometido, estaba cumpliendo delante de sus ojos todo lo prometido. Jesús resucitó, victorioso sobre la muerte. Se presentó ante muchos en su cuerpo glorificado, y ascendió al Padre, tal como había sido anunciado. Es este Jesús el que ha abierto el camino de cada pecador al Padre Santo, para que todos podamos experimenta vida eterna en Cristo. Veremos más adelante detalles de estos eventos de redención, pero ahora meditemos en esta verdad: Dios siempre cumple lo que promete. Los seguidores de Jesús tenían toda la información necesaria para entender lo que estaba sucediendo, pero no podían ver lo que Cristo estaba haciendo, hasta que sus ojos fueron abiertos. Pídele a Dios que abra los ojos de tu entendimiento, para que veas y entiendas lo que Dios ha hecho por ti. Vive la vida aquí consciente de la obra de Cristo y disfruta de las promesas de Dios día a día.

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    Evangelios-064 ¿Qué harás con lo que te ha sido dado?

    Lucas 19:11-27Mateo 25:14-30A todos se nos ha dado algo con lo que aportar a este mundo en el que vivimos. Unos parecen tener muchos talentos; capacidades artísticas, dones de administración, facilidad para aprender idiomas, manejar números complejos, analizar problemas o buscar soluciones eficaces. Es fácil ver a los que brillan por sus talentos, pero lo cierto es que cada ser humano tiene algo que otro ser humano necesita. En tiempos de crisis sanitaria nos damos cuenta de lo valiosa que es la atención y el cuidado de los sanitarios y la capacidad de organización y ayuda de los servicios de seguridad ciudadana. Y quizás tú dices, ¿y yo qué aportación tengo para ofrecer? El Señor Jesús enseñó sobre la utilidad de lo que se nos ha dado y cómo sacar el máximo partido de lo que tenemos. Para ello contó una historia. En Lucas 19 “Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver. Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas (moneda de un cierto valor) y les dijo: Negociad entre tanto que vengo.”“Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.”Uno vino con la grata noticia de que su mina había producido diez minas. Este había administrado lo que su señor le había dado, de manera que lo había multiplicado por diez. Le dijo su señor: “Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.” El segundo siervo le presentó sus ganancias también. La mina que él había recibido había producido cinco minas. ¡No estaba mal! El señor lo alabó y le dio para supervisar cinco ciudades. Llegó un tercer siervo “diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo.” Este siervo no había invertido aquello que se le había dado, y como consecuencia, estaba entregando a su señor lo que este le había dado, sin ganancia alguna. El señor tuvo palabras duras para este hombre. Le dijo incluso: “¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses?”Este siervo no era de fiar; si no había sacado partido de lo que tenía, ¿cómo podría su señor darle más? La historia nos dice que la mina fue dada al que tenía diez, pues este era el que había demostrado saber aprovechar aquello que ya tenía. En Mateo 25:14-30 tenemos una parábola similar, en la que cada uno recibe diferentes cantidades, y administra lo que ha recibido para que esto crezca y se reproduzca. Esta lección es importante para cada uno de nosotros. Debemos reconocer todo lo que se nos ha dado y ver cómo lo estamos administrando. ¿Qué te ha dado a ti el Señor? Puede que al principio te cueste pensar en algo. Deja que te de un par de ejemplos. Te ha dado una vida; ¿qué es lo que haces con ella? La organizas para tu propio provecho, o haces planes para vivirla de forma agradable a Dios y que traiga provecho a otros? Te ha dado un cuerpo ¿cómo cuidas tu cuerpo? ¿Le das lo que te pide cuando te lo pide, o planeas aquello que tu cuerpo necesita para que se mantenga sano y traiga gozo al Señor?  Te ha dado una mente, ¿usas tu mente para dar gloria a Dios y para poder ayudar a otros? Te ha dado personas en tu vida ¿valoras a tus familiares y amigos y cuidas las relaciones para que estas se desarrollen positivamente y traigan honra a Dios? Puedes ir nombrando cada parte de ti, cada capacidad, cada regalo que tienes, y que a veces puede que no notes. Estas son tus minas, estos son tus talentos. Enuméralos, y pide a Dios que te ayude a usarlos de manera fiel, para que el Señor pueda decir, “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” (Mateo 25:23)

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    Evangelios-063 Bartimeo y Zaqueo buscan a Dios

    Lucas 19:1-10Lucas 18:35-43; Mt. 20.29-34; Mr. 10.46-52Los evangelios nos cuentan que Jesús y los discípulos, yendo camino a Jerusalén, pasaron por la ciudad de Jericó. Nos cuenta Marcos 10 que “al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”Este hombre ciego había oído sobre Jesús de Nazaret, y sabía que podía darle la vista. Por lo que leemos, parece que sabía mucho más de Jesús, porque lo llamó “Hijo de David”. Entendía que Jesús era el prometido Mesías, el Salvador que vendría del linaje de David.Nos dice el texto que “muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.”Este hombre dejó todo lo que tenía y levantándose, vino hasta Jesús. “Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga?” Me encanta. Jesús sabía lo que este ciego necesitaba; sin embargo, hizo que este le pidiera lo que quería. Dios quiere que le pidamos, aún cuando sabe lo que necesitamos. Desea que nos demos cuenta de nuestra necesidad y tengamos la confianza de venir a pedírselo, como hizo este hombre. “El ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.”Jesús lo sanó, y la prueba de que este recibió mucho más de Jesús que sus ojos es que vemos que lo seguía en el camino. Había recibido de Dios lo que le había pedido, pero no se fue por su propio camino, sino que se fue siguiendo los pasos de su Salvador. El segundo personaje que queremos ver hoy es Zaqueo. Como hemos visto en el texto, salían de Jericó, Jesús, sus discípulos y una gran multitud, por lo que sería difícil para algunos ver a Jesús. Por este motivo encontramos a nuestro personaje, entendiendo quién era este que pasaba por su ciudad, y haciendo todo lo necesario para poder verlo. Se nos dice de Zaqueo que era un jefe de los publicanos, rico y de baja estatura. Ninguna de estas cualidades le ayudaba a llegar hasta Jesús. Pero este había determinado ver quien era Jesús. Así que buscó un árbol al que se pudiera subir, y sin importarle lo que cualquiera pudiera pensar, trepó hasta lo alto para poder divisar al Señor desde allí. Para su sorpresa, “Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.”¿Cómo? Lo llamaba por nombre, y quería quedarse en su casa. Este no dejó a Jesús esperando. Nos dice el texto que “descendió aprisa, y le recibió gozoso. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador.”Imagina a los religiosos al ver que Jesús había elegido comer y descansar en casa de un cobrador de impuestos que trabajaba para el imperio romano. Zaqueo, sin embargo, había encontrado en Jesús la paz de su alma. Y lo sabemos porque su vida así lo mostraría. “Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.” Estaba dispuesto a cambiar su vida para agradar a Dios y ayudar a otros. “Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”¿Recuerdas las parábolas de lo perdido que era encontrado? Una vez más, Jesús recuerda a los oyentes que no había venido a los que se consideraban justos, sino a aquellos que reconocían que necesitaban salvación. Zaqueo era uno de ellos. Había buscado a Dios y lo había encontrado, y con esto, todos los beneficios que trae el conocerlo. En Mateo 7:7-8 nos dice el Señor: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá.”Busca al Señor mientras pueda ser hallado; como Bartimeo, clama a Él; como Zaqueo, haz lo que sea necesario para ver quién es este Jesús. Porque al que clama, Jesús escucha; al que le abre sus puertas, Cristo entra a morar; y la comunión con el Mesías es dulce y duradera.

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    Evangelios-062 La herencia de la vida

    Mt. 19.16-30; Marcos 10:17-31; Lc. 18.18-30Estando Jesús en la región de Judea, vino a Él un joven rico que con gran respeto le hizo una pregunta que lo inquietaba.“Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?”Jesús le contestó conforme a lo escrito en la ley de los judíos: “si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.”Este chico le preguntó: “¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.”Este joven quería garantizarse un lugar en el cielo por su propio mérito. Ya hemos visto en la Palabra de Dios que nadie puede ganarse el cielo. Este chico afirmaba haber cumplido todos los mandamientos de la ley. Jesús, que conoce los corazones, ya le había dicho nada más llegar que bueno no hay más que uno, y este es Dios mismo. A los ojos de muchos, este sin duda era un ciudadano honorable. Y sin embargo, este chico al que nada material le faltaba, sentía que le faltaba algo para poder tener la seguridad de pertenecer al reino de Dios. Quería heredar la vida eterna. Jesús no le dice que no haya cumplido la ley fielmente. No le cuestiona las ocasiones, que las habría, en las que el joven habría infringido la ley en hecho o en pensamiento. Lo que hace es ir directamente a aquello que para el joven tenía más valor que seguir al Maestro. Le pide que venda sus posesiones, reparta lo que saque de estas a los pobres y lo siga. ¿Era este el proceder que Jesús sugería a sus seguidores? No, no lo era. Tenemos evidencia de Lázaro, su amigo, que junto a sus hermanas eran adinerados y dueños de una hacienda donde el Maestro se hospedaba cuando pasaba por Betania. No es que Jesús pidiera como requisito prescindir de riquezas para poder servirle a Él. Sin embargo, esto era lo que retenía a este joven. Jesús sabía que las riquezas le poseían y no él a sus riquezas. Cuando Jesús dijo que era difícil que un rico entrara en el reino de Dios, sus discípulos dijeron:  “¿Quién, pues, podrá ser salvo? Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.”Nos recuerda Mateo 19:25-26 que la entrada al reino es imposible, para ricos y para pobres. Mas Jesús la hace posible, porque lo que es imposible para el hombre, para Dios es fácil. Lo preciosos es que después de explicar el camino a la vida eterna, los discípulos abrieron su corazón preguntando al Maestro: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.”La vida eterna es la herencia de todos los que de corazón han recibido a Cristo, mas Jesús les revela que los sacrificios hechos por el Señor aquí en la Tierra no pasarán desapercibidos. El haber sacrificado cosas materiales en esta vida o seres queridos por hacer la obra de Dios no compra la entrada al cielo para nadie. Mas Dios no deja sin recompensa aquello que uno hace por Él. 1 Corintios 15:58 dice: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.¿Tienes ya la herencia de la vida? Está disponible gratuitamente para todo aquel que cree. Y no desmayes pensando que tu bien aquí en la Tierra pasa desapercibido. Jesús enseñó así en Juan 12:24-26 “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.”

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    Evangelios-061 Jesús habla sobre el divorcio

    Mt. 19.1-12; Marcos 10:1-12; Lc. 16.18Los fariseos, como en otras ocasiones, vinieron a Jesús con una pregunta trampa para ver si este decía algo en contra de la ley judía. Esta vez, preguntaron a Jesús sobre el divorcio, si le era o no lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo. Una escuela de pensamiento dentro de la tradición judía permitía al hombre desechar a su esposa por cualquier motivo, desde una comida quemada hasta haber encontrado a otra mujer más joven y querer un cambio. Curiosamente, los mismos derechos no se le concedían a la mujer. Una vez más, la tradición estaba muy lejos de los deseos de Dios para su pueblo. Jesús dejó a un lado la tradición judía y fue directamente a la esencia del asunto. “Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”Jesús presenta el matrimonio como un paquete indivisible. ¿Cómo puede parte del paquete decidir que no quiere a la otra parte? Cuando Dios diseñó la unión de un hombre y una mujer en una sola carne, estaba mostrando la esencia de la Deidad. Y cuando esa carne unificada se rasga en dos, está dañando esa imagen de unidad que Dios quería representar. Está claro que aquellos que no conocen a Dios no tienen el mínimo interés en preservar la imagen misma de Dios. Sin embargo, debería ser distinto con aquellos que han decidido vivir sus vidas para Dios. Por eso es que un matrimonio entre una persona que pertenece al reino de Dios con una persona que no ha entrado en su reino no es el plan de Dios. El ideal de Dios es que un hombre y una mujer que han puesto su fe en Cristo se junten en matrimonio para formar una unidad que busque representar la unión y el amor de Dios. Pero qué lejos estamos a menudo de hacer esto en los matrimonios. Por esto la tasa de divorcio es tan elevada.Los fariseos apelaron a la ley de Moisés para defender su caso: “Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio, y repudiarla. Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento, pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios.”Cuando uno busca su propio bien ignorando o asaltando el bienestar del otro es cuando la idea del divorcio surge. Somos pecadores, como la Biblia indica, y esto se refleja en nuestras relaciones interpersonales, comenzando normalmente por aquellas más cercanas. El plan de Dios es la unión que hubo en el principio entre Adán y Eva, mas la dureza de nuestro corazón, específicamente en el texto del corazón de los israelitas, había provocado una enmienda en la que se permitía el divorcio por causas específicas, la infidelidad y la rebeldía directa contra Dios, en la que uno no consentía en vivir con su cónyuge creyente. (Mateo 19:9; ver Jeremías 3:8)Ya a solas con Jesús, los discípulos volvieron a sacar el tema. Y Jesús les explicó que tanto el hombre como la mujer, si repudiaban a su cónyuge para unirse a otro, estarían adulterando. Ni el hombre ni la mujer tenían derecho a romper la unión que habían hecho ante Dios simplemente porque habían encontrado a otro que les gustaba más. Una vez más Jesús enfatiza, que si dos personas que dan fe de pertenecer a Dios están unidas en matrimonio, el pacto de unidad debe llevar garantizado el amor que Cristo tiene para su iglesia, un amor que busca el bienestar del otro. Cuando esto se hace mutuamente, no surgirá motivo de divorcio. Las situaciones de divorcio llegarán sólo cuando una de las partes del matrimonio deje de buscar la voluntad de Dios, y por desgracia, cuando esto ocurre, afecta a ambos, y muchas veces a otros fuera de la pareja, como los hijos y otros familiares cercanos. La Palabra de Dios habla del matrimonio mixto, en el que uno de ellos ha conocido a Dios y el otro aún no. Esto lo encontramos en 1 Corintios 7:14. Incluso en esta situación, Dios no recomienda el divorcio si hay respeto mutuo. Aquí el creyente debe mostrar a Cristo en su vida, con la esperanza de que su cónyuge venga al conocimiento de Dios.Sí, es cierto que en este mundo habrá situaciones en las que el divorcio es inevitable. Dios puede restaurar vidas destrozadas por el divorcio; puede en su misericordia bendecir uniones provenientes de previos desastres matrimoniales; pero es mucho mejor aún, si estamos en una unión entre creyentes o si el esposo no creyente está de acuerdo en convivir en armonía, buscar agradar a Dios y no permitir que el pecado destroce esta unión. Que Dios nos ayude a ver cada aspecto de nuestra vida como Dios lo ve, y que cada matrimonio cristiano pueda reflejar la gloria de Dios al mundo.

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    Evangelios-060 Jesús anuncia su muerte

    Mt. 16.21-28; Marcos 8:31-38; Lc. 9.22-27Mt. 17.22-23; Marcos 9: 30-32; Lc. 9.43-45Mt. 20.17-19; Marcos 10:32-34; Lc. 18.31-34La primera vez que Jesús anunció a los discípulos que era necesario que fuera a Jerusalén, para ser acusado, para sufrir y para morir, Pedro quiso protegerlo de tal situación. En Mateo 16 leemos cómo tomó a Jesús aparte y “comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.” Pedro recibió una dura respuesta: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. El propósito de la venida de Jesús a la Tierra era morir, pagando la deuda de todos los pecados de la humanidad, y Pedro, con todas sus buenas intenciones estaba intentando convencerlo para que esto no ocurriera. Jesús entonces explicó a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”Los discípulos, como cualquiera de nosotros, daban mucha importancia a esta vida. Después de todo, es la única que conocemos. Mas Jesús les recuerda que esta vida es pasajera. Aunque es bueno y necesario velar por nuestra salud física, es mucho más importante analizar el estado de nuestra alma, porque de esto dependerá nuestra eternidad. Más adelante, en otras dos ocasiones, Jesús volvió a hablarles de la necesidad de su muerte. En Mateo 17 y Marcos 9 les recuerda que después de morir, resucitaría al tercer día. Esta esperanza debía sostenerlos a través de los momentos difíciles que se acercaban, mas nos dicen los evangelios que los discípulos no entendían, y se entristecieron. Una tercera vez, “Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará.Aún con toda esta información a su disposición, y habiendo convivido con el Maestro durante tres años, los discípulos no llegaron a comprender los eventos de la pasión del Cristo. Durante los días de la celebración de la Semana Santa repasaremos los eventos que sucedieron. Recordemos que como los discípulos, nosotros tenemos todo lo que necesitamos saber para comprender la obra de Cristo en nuestro lugar. Pidamos a Dios que nos ayude a entender para qué vino, y que vivamos de modo que su sacrificio valga la pena ahora y en la eternidad. 

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    Evangelios-059 Buscando rango

    Mt. 18.1-5; Marcos 9:33-37; Lc. 9.46-48Mt. 20.20-28; Marcos 10:35-45Mt. 19.13-15; Marcos 10:13-16; Lc. 18.15-17A los seres humanos nos encantan las clasificaciones, las tablas y los rangos. Es por esto que triunfan las calificaciones, porque nos permiten ver cómo vamos en comparación con otros. Los discípulos también cayeron en esto, y entre ellos “entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor.” Juan y Jacobo, hijos de Zebedeo, incluso llegaron a preguntarle al Maestro si podían sentarse cada uno a un lado de Jesús en el cielo. Esto no cayó muy bien a los otros discípulos, los cuales se enfadaron con los dos hermanos, como nos narra Mateo 20:24. Jesús, en cada ocasión en la que los discípulos cayeron en la tentación de buscar rango y posicionarse sobre otros les enseñó que en el reino de los cielos, paradójicamente, el mayor es el siervo de todos. En Lucas 9:46-48, “Jesús, percibiendo los pensamientos de sus corazones, tomó a un niño y lo puso junto a sí, y les dijo: Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande.” Los discípulos discutían por ver quién era el más importante entre ellos, y Jesús les mostró la necedad de sus pensamientos. Mateo 18:1-5 nos dice que: “llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.” Del mismo modo que un niño puede ver la grandeza de Dios y maravillarse por ello, debemos nosotros también humillarnos, para ver lo maravilloso que Él es. Jesús les pedía que no buscaran un lugar acomodado para sí mismos, y que dieran valor e importancia a aquellos a los que otros veían como menos importantes. En el capítulo 19 de Mateo, nos cuenta que algunos trajeron a unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron.“Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” En esa ocasión, los discípulos habían llamado la atención a los que habían traído a los niños hasta Jesús, y este dejó bien claro que el reino de Dios es para los humildes, y cada cual que quiera entrar en el reino de los cielos ha de depositar su confianza en Cristo. Jesús nos muestra la confianza de un niño como ejemplo a seguir para todo ser humano. Así que ¿quién es el mayor? El reino de los cielos no consiste en posicionarse para estar mejor. Mas Jesús dejó bien claro la diferencia entre el reino de este mundo y el reino de los cielos en Mateo 20 y Marcos 10:“Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” El ejemplo de Cristo es evidente. Filipenses 2 nos enseña así: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”¿Quieres ser grande en el reino de los cielos? Confía en Dios con todo tu ser, piensa en el bien de otros y muestra el amor de Dios a través de tu servicio.

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    Semana_Santa09-lunes de pascua

    Al caer la tarde después del domingo de resurrección, Lucas nos narra la historia de dos discípulos que iban andando hacia el pequeño pueblo de Emaús. Las noticias de los eventos de ese día les habían llegado y la verdad es que ya no sabían qué creer. La entrada de Jesús en Jerusalén les parecía ya un evento lejísimo en su memoria. Mientras iban andando, no podían evitar conversar sobre Jesús.Lucas 24 Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido.Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron.Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro;y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive.Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos.Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio.Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista.Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos. Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.Y vosotros sois testigos de estas cosas.He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo.Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo.Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo;y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén.La tristeza de los discípulos el viernes se había convertido en gran gozo y alabanza. Si tú has conocido a Cristo, y estás confiando en lo que Él hizo por ti durante esa santa semana, el mismo gozo que experimentaron sus discípulos debería estar presente cada día de tu vida.

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    Semana_Santa08-domingo de resurreccion

    Antes del amanecer el primer día de la semana, encontramos guardias en la tumba y mujeres preparándose para ungir el cuerpo de Jesús. Ninguno de los dos grupos tenía idea de lo que estaba a punto de acontecer. El cuerpo que estaban guardando y que venían a ungir seria resucitado en gloria y saldría victorioso de aquella tumba.Lucas 24El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes;y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles.Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.Vemos que el apóstol Juan cuenta cómo vivió él, con Pedro, el mismo acontecimiento. Juan 20El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró.Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos.Y volvieron los discípulos a los suyos. Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.El día domingo comenzó inmerso en tristeza, pero esta tristeza se transformaría en gloria cuando Cristo salió victorioso de la tumba, tal como había profetizado de sí mismo. En su conquista de la muerte, vemos su victoria sobre el pecado. Su sacrificio fue aceptado delante de Dios para poder ofrecernos perdón de pecados. Hoy tenemos motivo para celebrar. Nuestro Salvador ha resucitado. No está muerto. Vive para siempre, para interceder por nosotros delante de Dios.

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    Semana_Santa07-sábado

    Antes del anochecer del viernes, cuando comenzaba el día de reposo para los judíos, el cuerpo de Cristo debía estar en la sepultura. Nos cuenta la Biblia lo siguiente en Lucas 23:50-56:Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo.Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos, fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie.Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo.Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo.Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento.José de Arimatea no era el único que estuvo presente para acoger el cuerpo de Jesús. También lo acompañó Nicodemo, el líder de los judíos que había venido a Jesús de noche tres años antes. Jesús le había hablado de su necesidad de nacer de nuevo en Juan 19:39-4239 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos.41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno.42 Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.Pero ¿dónde estaban los otros discípulos? ¿Qué había pasado con Pedro, el que estaba dispuesto a morir por él, y así lo había declarado delante de los demás? La última vez que habíamos leído de Pedro, fue después de que hubiera negado a Cristo tres veces, y cuando cantó el gallo, salió llorando amargamente. Los discípulos de Jesús están esparcidos, tal como había profetizado de ellos Zacarías cuando dijo: “Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas” (13:7). Muchas veces nosotros nos encontramos en la misma situación cuando estamos en medio de la prueba. Nos es difícil en los momentos de incertidumbre recordar las promesas de Dios y creer que hay esperanza. Los pobres discípulos estaban deprimidos porque todos sus planes parecían haber fracasado. Pero era sólo sábado, y ¡pronto llegaría el domingo!

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    Semana_Santa06-viernes

    Esa misma noche del jueves, cuando ya había anochecido, y justo después de que Jesús pasara el tiempo de oración en el huerto, se oyó un alboroto. Nos dice Lucas 22 y 2347 Mientras él aún hablaba, se presentó una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba al frente de ellos; y se acercó hasta Jesús para besarle. Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?Viendo los que estaban con él lo que había de acontecer, le dijeron: Señor, ¿heriremos a espada?Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha.Entonces respondiendo Jesús, dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su oreja, le sanó.Y Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos, que habían venido contra él: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos?Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.54 Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos.55 Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos.Pero una criada, al verle sentado al fuego, se fijó en él, y dijo: También éste estaba con él.Pero él lo negó, diciendo: Mujer, no lo conozco.Un poco después, viéndole otro, dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro dijo: Hombre, no lo soy.Como una hora después, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es galileo.Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida, mientras él todavía hablaba, el gallo cantó.Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente. Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban;y vendándole los ojos, le golpeaban el rostro, y le preguntaban, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te golpeó?Y decían otras muchas cosas injuriándole.Cuando era de día, se juntaron los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas, y le trajeron al concilio, diciendo:¿Eres tú el Cristo? Dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis; y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis.Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios.Dijeron todos: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que lo soy.Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio necesitamos? porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca.Lucas 23Levantándose entonces toda la muchedumbre de ellos, llevaron a Jesús a Pilato. Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohibe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey.Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices.Y Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre.Pero ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.Entonces Pilato, oyendo decir, Galilea, preguntó si el hombre era galileo.Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que en aquellos días también estaba en Jerusalén.Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal.Y le hacía muchas preguntas, pero él nada le respondió.Y estaban los principales sacerdotes y los escribas acusándole con gran ímpetu.Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato.Y se hicieron amigos Pilato y Herodes aquel día; porque antes estaban enemistados entre sí.Entonces Pilato, convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo,les dijo: Me habéis presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis.Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho este hombre. Le soltaré, pues, después de castigarle.Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta. Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: ¡Fuera con éste, y suéltanos a Barrabás! Este había sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad, y por un homicidio.Les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús; pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale!Él les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito digno de muerte he hallado en él; le castigaré, pues, y le soltaré.Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los principales sacerdotes prevalecieron.Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían; y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, a quien habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él.Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos.Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos. Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos.Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios.Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación?Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo.Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho.Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.Jesús pasó toda la noche del jueves y la mañana del viernes recibiendo los abusos y acusaciones de los que le odiaban. Fue llevado delante del Sanhedrín, luego Pilato y Herodes y cada uno le examinaba

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    Semana_Santa05-jueves

    Hasta este punto en la semana, Jesús había estado enseñando en el templo todos los días. Ya no volvía a Betanía por la noche sino que acampaba con sus discípulos en Getsemaní, un huerto en las laderas del monte de los olivos. Ahora, el jueves por la tarde, se preparaba para celebrar la cena pascual con sus discípulos en un aposento alto en la ciudad.Lucas 22:7-46“Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua.Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la comamos.Ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos?Él les dijo: He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare, y decid al padre de familia de esa casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?Entonces él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad allí.Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua. Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles.Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!Jesús hizo algo inesperado después de esta cena. Utilizando los elementos de la cena, el pan sin levadura y el fruto de la vid, Jesús estableció una representación de lo que ocurriría el día siguiente. Su cuerpo sería roto y su sangre derramada en una cruz romana.Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios.Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. Mas he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. A la verdad el Hijo del Hombre va, según lo que está determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado!Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí, quién de ellos sería el que había de hacer esto.Parece difícil que en un momento tan sobrio, los discípulos podrían estar preocupados por el tema de su posición en el futuro reino de Cristo, pero así fuen. Jesús les había lavado los pies porque ninguno de ellos estaba dispuesto a hacer el trabajo de un siervo, pero de alguna forma todavía no habían captado el mensaje de la humildad de su Maestro.Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor.Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores;mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve.Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve. Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. El le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada.Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una.Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito de mí, tiene cumplimiento. Entonces ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas. Y él les dijo: Basta.Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron.Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.”Mucho sucedió aquel día en el que comerían el cordero de la pascua. Los discípulos buscaron el lugar y el cordero, lo prepararon, y pudieron juntarse esa noche a comer con el Señor lo que se denomina hasta hoy la última cena. Jesús sabía lo que seguiría a esta cena. Sabía que su hora llegaba. Mas sus discípulos no lo anticipaban. Para ellos era otra pascua más. Aunque Jesús les estaba avisando de lo que venía, ellos no llegaban a entenderlo. Quizás por eso seguían discutiendo sobre quien era el mayor entre ellos, quien podría ser el que no seguía al Señor con todo su corazón, o cuántas espadas tenían en posesión. El hecho de que no llegaban a entender lo que se acercaba explica que después de cenar, cuando fueron al huerto a orar, los discípulos se quedaran dormidos mientras Jesús agonizaba en oración. Su Padre sí sabía lo que venía, y le envió un ángel que lo fortaleciera. Jesús, fortalecido y dispuesto a llevar a cabo la obra a la que había venido aquí a la tierra, despertó a sus discípulos y los animó a orar, para no entrar en tentación. Simón Pedro, el que pensaba estar firme, el que prometió seguir a Cristo hasta la muerte no sabía que una gran tentación se le iba a echar encima. ¿Estás tú atento a las tentaciones que puedan avecinarse? ¿Pasas tiempo en oración para ser fortalecido? Es fácil descuidarnos cuando no entendemos que se aproxima la prueba. Quizás por eso el Señor nos exhorta a velar en oración. No que debemos orar y no dormir, pero recordemos que nuestra fuerza para superar las pruebas viene de Dios. No seamos como los discípulos esa noche en Getsemaní, porque perderemos la oportunidad de fortalecernos en el poder de la fuerza de Dios.

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    Semana_Santa04-miercoles

    Jesús se estaba identificando claramente como Dios. Esto molestaba a los fariseos y los escribas, líderes religiosos de la época. La profecía decía que el Cristo, el Mesías debía venir del linaje del rey David. “Entonces él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos:
 Dijo el Señor a mi Señor:
 Siéntate a mi diestra,Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?”Jesús esta diciendo. David llamó al Mesías que había de venir, Señor, poniéndose bajo su autoridad. ¿Así que, quién sería realmente el Mesías? No era hijo de David en el sentido en que David sería superior al Mesías, sino que Mesías el Cristo era mucho superior a David, ya que David mismo lo llamó Señor.”Esto causaba gran revuelto entre estos líderes. Pero Jesús continuó acusando a los escribas de no creer las Escrituras que ellos mismos copiaban. Lucas 20: 45-47:“Y oyéndole todo el pueblo, dijo a sus discípulos:Guardaos de los escribas, que gustan de andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones; éstos recibirán mayor condenación.”Este mismo día miércoles, algo estaba ocurriendo entre los discípulos de Jesús. Judas, el que había establecido con JEsús durante estos últimos tres años, estaba tramando un plan que revelaba su verdadera identidad. Lucas 22:1-6Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua.Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarle; porque temían al pueblo.Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce;y éste fue y habló con los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia, de cómo se lo entregaría.Ellos se alegraron, y convinieron en darle dinero.Y él se comprometió, y buscaba una oportunidad para entregárselo a espaldas del pueblo.¿Cómo era posible que alguien que se había sentado a los pies de Jesús y había escuchado la enseñanza de la boca de Dios mismo pudiera traicionarlo asI? ¿Cuántas personas escuchan la Palabra de Dios y rechazan a Cristo? En Jeremías 2:13 Dios dice: “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.” Y Judas es uno de estos que dejó al Mesías, la fuente de agua viva, y fue intentando saciarse en cisternas que no podían contener el agua.

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    Semana_Santa03-martes

    Durante los días que Jesús estuvo en Jerusalén, no se quedó en casa meditando sobre lo que le esperaba. Lo vemos que aprovechó el tiempo enseñando. El lunes de camino al templo para limpiarlo, había visto una higuera llena de hojas. Se había acercado en busca de fruto, pero no encontró ninguno. Jesús maldijo la higuera en señal de la nación de Israel. Ellos también parecían tener fruto, pero en realidad su religión era estéril. El martes de camino a la ciudad, Jesús y sus discípulos pasaron la misma higuera que Jesús había maldecido el día anterior.Marcos 11:20-22“Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.”Recordemos, Jesús no maldijo la higuera porque estaba frustrado o enojado. Era una señal del juicio de Dios contra la religión estéril de su pueblo. Por eso Jesús aprovecha la oportunidad para animar a sus discípulos a confiar en Dios. Una vez entrado en la ciudad, Jesús se puso a enseñar al pueblo del juicio de Dios contra la rebeldía de su pueblo.Lucas 20:9-26Comenzó luego a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo.Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; pero los labradores le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. Volvió a enviar otro siervo; mas ellos a éste también, golpeado y afrentado, le enviaron con las manos vacías. Volvió a enviar un tercer siervo; mas ellos también a éste echaron fuera, herido.Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá cuando le vean a él, le tendrán respeto.Mas los labradores, al verle, discutían entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra.Y le echaron fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña?Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros. Cuando ellos oyeron esto, dijeron: !!Dios nos libre!Pero él, mirándolos, dijo: ¿Qué, pues, es lo que está escrito:
 La piedra que desecharon los edificadores
 Ha venido a ser cabeza del ángulo? Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará.Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo.”Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador.Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad.¿Nos es lícito dar tributo a César, o no?Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que maravillados de su respuesta, callaron.”Fíjate. Jesús usa esta ocasión para recordar a estos que buscaban ocasión para acusarle de que cada persona es portadora de la imagen de Dios. Dios, en el momento de la creación, nos hizo a su imagen. Las monedas de los romanos llevaban grabadas la imagen del César, por lo que Jesús les dice “dad a César lo que es de César,” es decir: puesto que la moneda lleva ´su imagen dadle el tributo que pide. Pero mucho más importante, si nosotros llevamos grabada la imagen de Dios, ¿no sería lógico que nuestro ser le diera tributo y le honráramos?

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    Semana_Santa02-lunes

    La gran aclamación de la entrada triunfal de Jesús el domingo contrastan con los eventos del día siguiente. Marcos nos cuenta que el domingo “entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce.” (11:11). El domingo había entrado Jesús en el templo y había observado el negocio que se estaba haciendo en la casa de Dios, pero se dio la vuela y salió porque ya se hacía tarde. La limpieza del templo sería un asunto que tendría que esperar para el día siguiente. El lunes volvió a entrar Jesús en el templo y esta vez no entró para observar. Mateo 21:12-14Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; 13 y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. 14 Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó.Jesús no podía ignorar lo que encontró en el templo. El sitio que debía ser santo se estaba usando para aprovecharse de los que venían para adorar. Se cambiaba monedas y vendían animales para el sacrificio de manera injusta. Sabemos que la práctica era inflar los precios, ya que la gente tendría que comprarlos ahí en el templo si no querían viajar con animales y correr el riesgo que se lastimaran por el camino. Jesús amonesta a los líderes religiosos por su mala gestión de la casa de su Padre y luego demuestra por su ejemplo la compasión de Dios, recibiendo a ciegos y cojos y sanándoles.Así que los fariseos, aquellos religiosos encargados de los asuntos del templo, estaban molestos con él. Mateo 21:15-1715 Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron, 16 y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman Perfeccionaste la alabanza? 17 Y dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania, y posó allí. La gente empezó a saludar a Jesús de la misma manera que lo habían hecho en la entrada triunfal. Hosanna, que quiere decir, “sálvanos, por favor” y estaban llamando a Jesús “el hijo de David”, un título mesiánico. Una vez más los fariseos querían que Jesús les callara, pero él les dijo que la alabanza de los jóvenes era perfecta, citando el Salmo 8:2.Lucas 20:1-8“Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos, y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad? Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme: El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta.Y respondieron que no sabían de dónde fuese.Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas.”Jesús decidió no contestarles, porque sabía que buscaban ocasión para acusarlo, y su hora no había llegado. Todavía tenía asuntos que atender en los días que seguían.Pensemos un momento hoy. Dios nos dice que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, si es que hemos creído en Cristo para salvación. Si nuestro cuerpo es templo, ¿qué necesita el Señor limpiar para que Él se sienta honrado de verdad?

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    Semana_Santa01-domingo_ramos

    Bienvenidos a una semana especial en que vamos a cambiar nuestra programación habitual para enfocar más en los eventos narrados en la Biblia que son la culminación del ministerio terrenal de Jesús de Nazaret. Todos los días esta semana, vamos a hacer lecturas y hablar de los eventos importantes que llevan a la crucifixión y la resurrección, la obra salvador que Jesús. Es nuestra oración que estas lecturas y meditaciones sean de bendición y os ayuden a meditar más en nuestra gran salvación.¿Por qué llamamos a este domingo “domingo de ramos? ¿Qué es lo que celebramos? El domingo de ramos inicia la semana que nosotros denominamos Santa. Es Santa porque durante esta semana Jesucristo culminó su gran misión aquí en la Tierra, el morir por la humanidad y resucitar en victoria sobre el pecado. Jesús había tenido un ministerio de predicación en toda Judea. Había mostrado que era Dios mismo, haciendo milagros que otros no podían hacer. Y ahora, subía a Jerusalem para cumplir con la tarea que lo había traído aquí. El domingo de ramos se llama así porque al enterarse los que le seguían que Jesús llegaba a Jerusalén, fueron a buscar hojas de palmera y lo esperaron a la entrada para recibirle. Esto no fue un acto de toda la ciudad; sería una mezcla de aquellos que habían oído de las grandes cosas que hacía Jesús y todos sus seguidores que habitaban en Jerusalén . Leamos el relato de Lucas sobre este domingo en la historia. Recordemos que el día domingo era para el pueblo judío un día de trabajo; el primer día de la semana después del Sabat, el día de reposo. Mas esta era la semana en que se celebraría la pascua, así que mucha gente iba llegando a la ciudad para estar ahí para la celebración.Lucas 19:28-44Iba delante subiendo a Jerusalén. Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos, diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo.Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita.Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita.Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima.Y a su paso tendían sus mantos por el camino.Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, diciendo: !!Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,diciendo: !!Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán,y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.¿Sabías que el profeta Zacarías había profetizado su entrada en Jerusalén montado sobre un pollino?Zacarías 9:9 “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.” Dios ya tenía esta semana en su agenda. Era necesario que Cristo viniera a Jerusalén. Venía a la fiesta de la Pascua el cordero de Dios, el que quitaría el pecado del mundo. ¿Habrías estado tú entre las personas que salían a adorar al Señor ese día? Mejor aún, ¿adoras tú al Señor diariamente, en la quietud de tu corazón? Porque el Ser no pide palmas ni mantos, no pide gritos ni sacrificios, Dios puede que los que lo adoran, lo adoren en espíritu y en verdad . Lo dijo Jesús en Juan 4:23: Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.”

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    Evangelios-058 La transfiguración

    Mt. 17.1-13; Marcos 9:2-13; Lc. 9.28-36Seis días después de que Jesús hablara con sus discípulos acerca de su identidad y su propósito aquí en la Tierra, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y nos dicen los evangelios que “se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.”Podemos imaginar la escena. De repente, con Jesús, los discípulos ven a dos personajes. ¿Cómo podrían saber que eran Elías y Moisés? Supongo que Dios les dió este conocimiento, a menos que estos se presentaran a sí mismos o de alguna forma llevaran algún objeto identificativo. El caso es que como podían comprobar, Jesús no era ni Elías, ni tampoco Moisés, como algunos creían. Pedro, con su personalidad extrovertida y explosiva, interrumpió la solemne escena para ofrecer reverencia diciendo: “Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.”Quizás sin darse cuenta de lo que decía, Pedro estaba poniendo a Jesús al mismo nivel que Elías y Moisés. Después de todo, ambos eran personajes que los judíos respetaban grandemente.  Mas “Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor.”Dios intervino en la escena para mostrar a los discípulos que Jesús era el único al que debían oír. Si alguna vez has mostrado reverencia a un santo o te has acercado a pedir favor de algún personaje del pasado, debes ver, como Pedro y los otros discípulos pudieron entender en esa escena de la transfiguración, que el único que merece tu reverencia y el único al que Dios ha asignado como mediador es Cristo. Nos dicen los evangelios que los discípulos postraron sus rostros y tuvieron gran temor, mas “Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo.”Jesús es el Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, el Salvador de la humanidad; mas en su amor se acercó a los discípulos para decirles que no temieran. Conocerlo a Él trae paz, rechazarlo debería traer temor. Mas este Jesús al que Dios identificó como su Hijo amado ha venido a mostrar su amor a cada uno de nosotros. Levantémonos y no temamos, sino sigámoslo y disfrutemos de una preciosa relación con Él. 

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    Evangelios-057 ¿Quién crees que soy?

    Mt. 16.13-20; Marcos 8:27-30; Lc. 9.18-21)Durante el ministerio de Jesús en la Tierra, había muchos rumores sobre la persona de Jesucristo. ¿Quién sería este que hacía milagros y enseñaba aquello que no había estudiado? Era el hijo de un carpintero, no pertenecía a la élite judía, y sin embargo, muchos lo seguían. ¿Quién era este hombre realmente?Un día que viajaban por la región de Cesarea de Filipo, preguntó Jesús a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”“Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.”Juan el Bautista había fallecido injustamente a manos de Herodes. Para atender al capricho de su sobrina, e hija de su amante, Herodes había accedido a matarlo. El profeta, primo de Jesús, había denunciado abiertamente la inmoralidad del tetrarca, y este lo había encarcelado. Durante la fiesta de cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías, cuñada y amante del tetrarca, danzó para este. A Herodes le agradó, y le ofreció cualquier cosa que quisiera, pero ésta, instruida por su madre, pidió que se le entregara en una bandeja la cabeza de Juan.Cuando Herodes, más tarde, comenzó a escuchar sobre el ministerio de Jesús, creyó que era Juan el Bautista, que había vuelto de la muerte. Algunos más, aparentemente también creían ese rumor.Otros decían que era Elías. Si recordamos, la Palabra contaba cómo Elías fue llevado al cielo sin pasar por la muerte y el profeta Malaquías había profetizado que Dios volvería a enviar al profeta Elías antes de la llegada del gran día de Jehová (Malaquías 4:5). Así que, se puede entender que algunos creyeran que Jesús era Elías que había vuelto. Otros, lo relacionaban con uno de los grandes profetas del pasado, como Moisés o Jeremías. Veían su poder, pero no querían entender que este era, como él estaba comunicando, el Mesías anunciado. Así que Jesús preguntó a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”Pedro lo tenía claro. El Maestro a quien él seguía era el mismo Dios, el Cristo que esperaban. Curiosamente, el Señor Jesús “les mandó que a nadie dijesen esto, encargándoselo rigurosamente.” ¿Por qué haría esto? ¿No sería fantástico que todo el mundo escuchara que este era el Mesías? Mas Jesús había venido con un propósito. Venía a morir. Si todos creían que era el que era, no lo habrían matado. Jesús les explicó diciendo: “Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.”Cuando esto sucediera, su misión se habría cumplido, y todos los que quisieran podrían comprender que este era en verdad el Cristo profetizado, el Hijo del Dios viviente, el Salvador de sus pecados. Este es Jesús, del que la Palabra nos habla página tras página. ¿Has confiado en Él para salvación? Romanos 10:11 nos dice: “El que creyere, no será avergonzado.” Dios no defrauda al que en él confía ¿Estás descansando en Él diariamente?

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    Evangelios-056 Lo que contamina al hombre

    Mt. 15.1-20; Marcos 7:1-23Oíd, y entended: “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.” Mateo 15:11Con estas palabras, Jesús contestó a aquellos que criticaban que sus discípulos no siguieran el rito de lavado de manos de la tradición judía. “Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra?”Los fariseos se sintieron ofendidos por la respuesta de Jesús. Ellos vivían una vida basada en la tradición, y cualquiera que cuestionara sus costumbres debía ser señalado. Mas Jesús no se sentía amenazado por las tradiciones de los judíos, siendo él mismo judío.Cuando los fariseos cuestionaron el hecho de que los discípulos no siguieran la tradición judía, Jesús les cuestionó a ellos algo aún más serio. Ellos usaban la tradición para desobedecer la ley de Dios. Leemos en Mateo 15:3-9 que Jesús les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.”La ley pedía que cada uno mantuviera a sus padres cuando estos no pudieran proveer más para sí mismos, pero los fariseos, siempre preocupados por el dinero, habían ideado una manera de saltarse esta obligación, y estipulaban que podían designar dinero para “el Señor”, y así no cumplían esa ley. Jesús les acusó de no honrar a sus padres, uno de los diez mandamientos, utilizando como pretexto su tradición.Jesús los llama Hipócritas diciendo: “bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo:Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.”Es en este contexto que Jesús dijo: “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.” Pedro pidió que les explicara lo que quería decir con esto, aunque parece bastante claro, no? Jesús lo explica en los versículos 17-20.¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina?Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.”Cuando estamos concienciados en cuidar la higiene y guardarnos de contaminación, damos gran importancia a actos como lavarnos las manos antes de comer. Sin embargo, con la importancia que esto tiene para no contaminarnos, hay algo que contamina más que cualquier cosa que podamos ingerir, y eso es lo que sale de nuestra boca, “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” dice Lucas 6:45.Examinemos constantemente lo que sale de nuestra boca. Analicemos lo que hacemos y por qué lo hacemos, para poder saber si en verdad estamos siguiendo mandamientos de hombres, o si estamos viviendo conforme a la ley de Dios. Que de nuestra boca salga solo aquello que es de edificación para otros y que da la gloria a Dios.

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    Evangelios-055 La venida del reino

    Lucas 17:20-37 Durante la época de crisis por la pandemia pudimos observar que no es difícil que la gente se sienta atemorizada y reaccione como si el fin del mundo hubiera llegado. Si un virus puede hacer que la gente salga a los supermercados a arrasar con todo, aún cuando han asegurado que habrá abastecimiento, podemos imaginar cómo será cuando todo lo que la Biblia ha predicho se haga realidad. La Palabra de Dios ha publicado que Cristo vendrá en las nubes y se llevará con Él a todo aquel que ha depositado su fe en Él. Este será un acontecimiento traumático para los que se queden. A partir de ese momento, un periodo de tribulación llevará al mundo a una situación de una aparente unidad mundial seguida de un caos global que acabará con la venida de Cristo a la Tierra para derrotar el reino de este mundo y establecer Su reino.  En Mateo 24 los discípulos preguntaban a Jesús sobre el fin de los tiempos, y este les contestó: “oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores.” (Mateo 24:6-8) En Lucas 17 los fariseos preguntaron a Jesús sobre la venida del reino de Dios. Y este les dijo:  “El reino de Dios no vendrá con advertencia” Dijo también: “Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día.” “Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos.” ¿Recuerdas lo que ocurrió cuando el diluvio? Alguien hizo referencia a esto , de que nos tendríamos que hacer un arca y meternos ahí, como en la historia de Noé. Aquí sin embargo, lo que Jesús está diciéndoles es que como en los días de Noé, la gente no creería las advertencias de que algo gordo se acercaba, las actividades del día a día seguirían su curso y nadie se percataría de lo que estaría por venir. En la situación con el Coronavirus ha costado que la gente entendiera la gravedad del asunto. Solo cuando se nos impuso el aislamiento la gente ha comenzado a reaccionar, y entonces de manera incorrecta muchos, congregándose multitudinalmente para abastecerse de lo que no necesitaban. Algo así ocurrirá en aquel día. Jesús prosiguió con sus ejemplos: “Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste.” Durante la pandemia se cerraron colegios, comercios, lugares de ocio, se cancelaron bodas, conciertos y otras funciones. Pero incluso entonces tuvimos aviso previo, aunque fuera tan solo días u horas. Cuando Cristo venga, será sin previo aviso, como ocurrió en la destrucción de Sodoma. Jesús continuó diciendo: “En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot.” Todo esto lo puedes leer en Lucas 17 y Mateo 24.  No es mi intención transmitir temor, sino todo lo contrario. Ya que todo esto está escrito desde hace siglos, vale la pena que lo comuniquemos a otros. La Palabra de Dios no nos ha dejado sin información. Nos conviene leerla y estar preparados.   Lo mejor de todo es que para los que están en Cristo, no hay ningún riesgo. Como comentábamos al principio de la reflexión, Cristo vendrá en las nubes a rescatar a su iglesia, a todo el que ha puesto su fe en la obra de Cristo en la cruz. Antes del rapto, e incluso después, el evangelio de Cristo será proclamado para que todo aquel que en Él crea sea salvo. Dice Mateo 24:14 “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” Que esto sirva para alertar a aquellos que todavía no han preparado sus almas para recibir el reino de Dios en la Tierra. Recuerda:  la verdad del evangelio salva vidas. Cristo te quiere salvar.

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    Evangelios-054 Fe en el Verdadero

    Lucas 17:1-19Mt. 18.6-9; Marcos 9:42-50; Lc. 17.1-2Los evangelios nos relatan algunas de las conversaciones que Jesús y sus discípulos mantuvieron mientras iban por el camino. En aquellos días, los trayectos se hacían a pie, por lo que tenían tiempo de sobra para hablar y aprender del Maestro. En Lucas 17:1-4 Jesús les habló de la importancia de apoyarse unos a otros, y no ser piedra de tropiezo. “Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos. Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.” No podemos hablar de esto suficiente. Como dice el texto, fracasos habrá, caídas vendrán, pero examinemos nuestro andar, para que no seamos nosotras las que provoquemos la caída de otros. Y mantengamos nuestro paso firme en Cristo. Lo precioso es que como leemos en el Salmo 37:24 “Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, Porque Jehová sostiene su mano.” Ayudemos a otros también para que caigamos menos y nos mantengamos asidos de Su mano. Jesús enseñó a sus discípulos que lejos de ser piedra de tropiezo, debían estar atentos para facilitar el acceso de todo aquel que buscaba a Dios, sin importar su situación o su origen, para que puedan entrar en Su reino. Camino a Jerusalén, pasando entre Samaria y Galilea, Jesús encontró a diez leprosos. Estos no podían presentarse en el templo al menos que fueran sanados, pero sabían que Jesús era su única esperanza.“Y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz,y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.”Leprosos, de Galilea algunos, de Samaria otros, mas solo uno volvió en busca del que lo había sanado. “Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.”Diez vieron el poder y la bondad de Jesús en sus propias vidas. Mas solo uno vino a Cristo en busca de sanación espiritual. Y solo ese, por fe, fue salvo. Los discípulos pidieron a Jesús “Auméntanos la fe,” Mas Jesús les aseguró que no era cuestión de tener mucha fe, sino de tener fe en Él.Digamos que la cantidad de fe no es lo que importa, sino el objeto de nuestra fe. En medio de filosofías que sugieren que creer es poder, lo que realmente importa es que creamos en el único que tiene poder para dar y quitar la vida, Dios mismo. ¿Quieres la salvación de tu alma? ¿Quieres vivir asida de Cristo y no caída y cayendo todo el tiempo? ¿Quieres ser de apoyo a otros y no de tropiezo? ¿Quieres que la gloria de Dios se manifieste en tu vida? Solo tienes que tener una pizca de fe, pero fe en el verdadero; en el único Dios y Salvador.Jesús enseñó a sus discípulos que lejos de ser piedra de tropiezo, debían estar atentos para facilitar el acceso de todo aquel que buscaba a Dios, sin importar su situación o su origen, pudiera entrar en Su reino. Camino a Jerusalén, pasando entre Samaria y Galilea, Jesús encontró a diez leprosos. Estos no podían presentarse en el templo al menos que fueran sanados, pero sabían que Jesús era su única esperanza.“Y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz,y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.Leprosos, de Galilea algunos, de Samaria otros, mas solo uno volvió en busca del que lo había sanado. “Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.”Diez vieron el poder y la bondad de Jesús en sus propias vidas. Mas solo uno vino a Cristo en busca de sanación espiritual. Y solo ese, por fe, fue salvo. Los discípulos pidieron a Jesús “Auméntanos la fe,” Mas Jesús les aseguró que no era cuestión de tener mucha fe, sino de tener fe en Él.Digamos que la cantidad de fe no es lo que importa, sino el objeto de nuestra fe. En medio de filosofías trascendentales que sugieren que creer es poder, lo que realmente importa es que creamos en el único que tiene poder para dar y quitar la vida, Dios mismo. ¿Quieres la salvación de tu alma? ¿Quieres vivir asida de Cristo y no caída y cayendo todo el tiempo? ¿Quieres ser de apoyo a otros y no de tropiezo? ¿Quieres que la gloria de Dios se manifieste en tu vida? Solo tienes que tener una pizca de fe, pero fe en el verdadero; en el único Dios y Salvador,

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    Evangelios-053 El rico y Lázaro

    Lucas 16:19-31Hay solamente una condición para entrar en el reino de DIos, y eso es fe en lo que Cristo ya ha completado. Cristo hizo todo lo necesario para darnos salvación. Él ya pagó la deuda con su sangre preciosa, y nuestros pecados son cancelados cuando confiamos en su obra redentora, es decir, la sustitución de su vida por la nuestra para ofrecernos vida eterna. Es por esto que hasta un niño puede venir en fe a Dios, porque lo único que debemos hacer es confiar plenamente en Dios para nuestra salvación eterna. Jesús contó la historia del rico y Lázaro para reforzar esta verdad. Si recuerdas que dijimos que las parábolas no suelen dar nombre a los personajes, notarás que esta historia llama por nombre a un pobre mendigo que comía de las migajas que caían de la mesa de un hombre rico del que no se nos da el nombre. Podría ser que este Lázaro fuera un personaje que el pueblo conocía, pero es más probable que Jesús estuviera dando nombre a un indigente para darle la importancia que Dios le da, dejando al rico anónimo. Se nos presenta la historia así:“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.”Los fariseos, como hemos visto, veían el mundo desde un punto de vista distinto al de Cristo. Como estos dependían de las donaciones de la gente, trataban a los ricos con preferencia y a los pobres como abandonados de Dios. Jesús no viene presentando una visión inversa a esta como muchos han hecho en la historia de la humanidad, glorificando a los pobres y condenando a los ricos. ¿Sabes por qué? Porque Jesús ve más allá de las riquezas. Sería tan injusto condenar a un pobre por ser pobre como condenar a un rico por ser rico. Jesús dice en Juan 14:6 “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” El único camino al Padre es Jesucristo; ni las riquezas, ni la pobreza. Es lo que hacemos en cuanto al regalo de salvación de Cristo lo que determina nuestro destino.La historia cuenta que este pobre Lázaro murió y fue al seno de Abraham, donde los fariseos judíos creían que iban los “bendecidos de Dios”, que para ellos eran aquellos prósperos en la Tierra. Mas murió también el rico y nos dice el texto que sepultado fue al Hades, un lugar de tormento.Esto era impensable para los fariseos. ¿Cómo podría ser que todo estuviera al revés? Obviamente, Lázaro había escuchado al mensaje de Dios revelado en Moisés y los profetas y estaba confiando en el prometido Mesías, mientras el rico vivía al margen de estas verdades. Jesús continuó diciendo:“El rico entonces, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.” Notemos aquí que esta historia no está basada en lo que la Biblia enseña, sino en lo que los judíos creían. Por supuesto que el lugar eterno no está regido por Abraham, como presentaba esa tradición judía. Este pobre rico sufría, y pedía que Lázaro viniera a ayudarle. Al no ser posible, rogó que este fuera a la Tierra de los mortales a advertir a su familia del sufrimiento que él estaba viviendo, para que no tuvieran que ir ahí. Y Abraham en la historia les contestó: “A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.” Ya tenían la ley escrita, y todo el evangelio que los profetas habían proclamado. El que quería creer, podía. El rico “entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.”Curiosamente, el rico pensó que si alguien volvía de la muerte a anunciar el evangelio, que todos creerían. Mas Abraham en la historia le corrige, diciéndole que si no creen el testimonio escrito, tampoco creerán si algo milagroso ocurriera. Lo cierto es que poco tiempo después, Cristo moriría en la cruz, y después de tres días resucitaría. Mas aquellos que creyeron las Escrituras creyeron en Él, y muchos que han visto y oído lo que Jesús hizo, aún no creen. Este caso que Jesús propuso exponía las falacias de las creencias populares y dejaba claro que la salvación del alma está basada únicamente en lo que hemos hecho con Cristo en vida. Juan 3:36 lo ratifica: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.” No tus riquezas, ni tu pobreza; no tus ritos ni tus sacrificios; es tu fe en Cristo lo que cuenta para la eternidad.

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    Evangelios-052 Parábolas sobre la oración y el orgullo

    Lucas 18:1-8; 9-14En el evangelio de Lucas leemos dos parábolas sobre la oración. Nos dice Lucas 18:9 que Jesús, “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola:”Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.Mas el publicano, (nos dice la historia) estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.”¿No te llama la atención esta parábola? Seguro que te los puedes imaginar. El fariseo orando en voz alta “consigo mismo”, nos dice el texto, no necesariamente para que Dios lo escuche, sino para que todos sepan lo genial y grande que es, y cómo ninguno de los que están ahí puede compararse con él. Es curioso, porque entendemos la oración como una conversación con Dios, pero este estaba en el templo hablando “consigo mismo”. Además, para exaltarse él, echa abajo a los otros, como nos dice Filipenses 2:3-5 que no hagamos. Para defender su honestidad los llama ladrones, para proclamar su propia justicia los llama injustos, y para anunciar su supuesta moralidad los llama adúlteros. Como resultado de su oración a sí mismo, sus oraciones no pasaron del techo. Dios sabe quién está clamando a Él realmente y a quién le importa más lo que otros crean que lo que sepa Dios. En contraste, encontramos al publicano en un rincón, mirando hacia abajo porque no se consideraba digno de mirar al cielo, y pidiendo la misericordia de Dios hacia él. Dios sabía que este venía a hablar con Él. Se veía necesitado y venía a buscar la ayuda de su Señor. Y como cada vez que alguien se acerca a Él, Dios presta total atención, otorgándole la eficaz justificación del cielo.Justo antes de esta parábola, leemos la de la viuda y el juez injusto. Nos narra cómo esta señora va a pedir justicia ante un juez que no tenía temor de Dios; es más, era conocido por su dureza. Esta viuda fue a él a pedir ayuda en múltiples ocasiones, sin recibir su atención. Mas después de un tiempo, este juez injusto, por dejar de oírla, nos dice que atendió su caso y la ayudó. Con esta historia Jesús les mostró la necesidad de orar sin cesar. Así como la viuda insistió en pedir ayuda en aquello que la afligía, debemos tener fe para ir en oración a buscar ayuda de lo alto. No es que Dios sea como este juez. Dios atiende a las oraciones de aquellos que vienen a Él, y no mira para otro lado. Sin embargo, a menudo estamos dispuestos a ir a rogar a personas para que nos echen una mano con nuestros problemas y olvidamos ir a Dios, el cual está deseoso de ayudarnos y es poderoso para hacerlo. La oración es un regalo que podemos y debemos disfrutar. Si mi hijo tuviera una necesidad y fuera a otros a pedir ayuda, ¿cómo me sentiría yo al enterarme? Me entristecería pensar que confía en otros más que en mí. Si tenemos verdadera fe en Dios, demostrémosla en oración. El fariseo utilizaba la oración para proclamar su propia grandeza. El publicano reconocía su condición de necesitado, como la viuda, y estaba dispuesto a dejar su orgullo para buscar ayuda ante aquel que realmente podía dársela. Dejemos a un lado el orgullo y busquemos la ayuda de Dios. Veamos que en nuestras propias fuerzas no llegamos más lejos que el fariseo, y echemos nuestras cargas sobre Dios, porque como nos recuerda 1 Pedro 5:7 “Él tiene cuidado de nosotros.” Seremos así justificados por el Juez Justo cuyo oído está siempre atento a nuestros ruegos.

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    Evangelios-051 La parábola del mayordomo sagaz

    Lucas 16:1-15A veces podemos pensar que las personas espirituales se mantienen completamente al margen de los asuntos de la vida cotidiana. Mas Jesús no enseñó que como cristianos debamos vivir totalmente apartados de la sociedad en la que vivimos. Para ser luz y sal en la Tierra debemos saber relacionarnos con los de alrededor. Nuestra relación vertical con el Padre es la base para que nuestras relaciones en el plano horizontal con los que nos rodean puedan funcionar. Y lo curioso es que a través de estas relaciones horizontales, podemos recibir bendiciones verticales. Muchas veces los tesoros celestiales los encontramos aquí en la Tierra. Veamos lo que Jesús enseñó sobre cómo actuar sagazmente en las situaciones más cotidianas. En Lucas 16:1-15 “Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes.Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.”Curiosamente se le da el título de “mayordomo infiel” a esta parábola, pero lo que encontramos es una acusación que ha llegado al jefe de que este encargado está disipando sus bienes. No queda claro si la acusación era cierta o no, y no hay ningún cargo legal contra él, pero este mayordomo parece que tenía que entregar los libros y ya no podría seguir trabajando en esa casa. La historia continúa relatando lo que este encargado decidió hacer para salvar su situación de la manera más favorable. “Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas. Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta. Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. Él le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta.”Notamos que este mayordomo no criticó a su jefe ni se justificó a sí mismo ante estos deudores. Lo que hizo fue idear un plan para cerrar los libros de la manera más sabia posible. Este tuvo una reunión uno por uno, les propuso una reducción de la deuda, consiguiendo que pagaran un buen porcentaje a su amo, y canceló así las deudas.Es probable por lo que leemos que este señor ya estuviera mayor para hacer trabajo físico, y no quisiera tener que depender de otros para su sustento, por lo que hizo su trabajo de mediador financiero, llegando a una situación que era favorable tanto para su antiguo jefe como para cada uno de sus deudores, los cuales podrían contratarlo cuando quedara sin trabajo. Y nos dice la parábola que “alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente.”El jefe tuvo que reconocer que la manera de negociar de su encargado había sido sabia. No nos dice si decidió despedirlo o no. Es posible que no quisiera que trabajara para él porque había perdido su confianza debido a las acusaciones que había recibido, pero tenía que admitir que este había actuado sagazmente. Jesús concluyó la parábola con esta afirmación: “porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz.”¿Alguna vez has pensado tú así? Muchas veces vemos personas que no reconocen a Dios como Señor, pero saben tratar con sus semejantes de manera más sabia que aquellos que proclaman el nombre de Dios. Hay personas que no creen en Dios que viven vidas mínimamente ordenadas, que respetan las diferencias y opiniones de otros, que admiten crítica y ofrecen apoyo, que no parecen buscar conflicto sino que lo amainan. Y sin embargo, hay cristianos que buscan afrentas donde no las hay, que no pueden ignorar ofensas, que pelean batallas innecesarias y no parecen poder vivir en paz con su prójimo. Pero esto no debería ser así.Prosigue el Señor: “Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?”Es difícil entender todo a lo que Jesús pueda estar haciendo referencia aquí, pero la idea que nos deja esta historia es, que si en las cosas pequeñas perdemos la oportunidad de actuar sabiamente, ¿cómo podremos ser sabios en los asuntos más serios? Extrapolemos la situación a cualquier conflicto interpersonal. Si por cualquier asunto cotidiano perdemos nuestro sabor (aludiendo a la sal) y nuestra luz disminuye (atendiendo a la necesidad de ser luz en nuestro entorno), ¿cómo podremos ser de edificación a otros? Aquí en la parábola Jesús está llamando la atención específicamente a los fariseos, y nos dice en el versículo 14 que ellos se burlaban de Jesús; mas este les respondió: “Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.” Los fariseos se justificaban delante de todos, mas Jesús los confrontó.¿Te encuentras a ti misma defendiéndote y justificándote constantemente? El mayordomo podría haberse defendido contra las acusaciones que había recibido. Podría haberse intentado justificar, pero lo que hizo fue mostrar por sus obras que él sabía administrar las riquezas de su amo. No tuvo que responder a las acusaciones con palabras acusadoras ni burladoras, como hacían estos fariseos, sino que con sus hechos proclamó su sabiduría. Haríamos bien nosotras en dejar que nuestras acciones y no nuestras palabras sean la muestra de nuestra sabiduría. Seamos más sagaces que los hijos de este siglo. No dejemos que las “riquezas injustas”, es decir, aquellos asuntos que no son eternos, nos quiten la paz y el gozo del Señor y nos pongan en pleito con nuestro prójimo. Quizá podamos ganar amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando en el día final estas ya no cuenten, aquellos ante los que hemos sido luz y sal nos reciban en las moradas eternas. ¿Y si por nuestra reacción a situaciones que podamos calificar de injustas alguien llegara a depositar su fe en Cristo y un día nos lo encontraramos en el cielo? Que Dios nos ayude a actuar y reaccionar de manera que traigamos gloria a su nombre. 

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    Evangelios-050 Perdonado y perdonando

    Mateo 18:23-35Como parte de la enseñanza sobre el perdón y la restauración, el Señor Jesús compartió la parábola de los dos deudores, diciendo: “El reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos.Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.”Imaginas ser este que tenía la deuda. Debía 10.000 talentos, una cantidad elevada de dinero. El señor del lugar viene a cobrar, y al ver que este hombre jamás podría pagar, decide que tiene que dar en pago todo lo que posee, su esposa, sus hijos, y él mismo. Todos los miembros de su familia pasarían a ser esclavos de este señor, para que la deuda fuera cancelada. Este hombre se arrodilló ante su señor, y con el último suspiro que le quedaba, rogó que este le diera más tiempo para poder pagar su deuda. La cantidad que debía era tan alta que trabajando toda una vida no podría pagar la deuda que tenía. Jesús pone este ejemplo para dejar claro que la deuda que tenemos con el rey de reyes es tan grande que jamás podríamos pagarla nosotros mismos aunque viviéramos mil años. El rey en la historia, sintiendo compasión por el pobre siervo, lo perdonó. Fue misericordioso y lo dejó libre, sin necesidad de pagar la deuda. Este siervo debía estar agradecido de por vida. Había sido objeto de la misericordia del rey, y gracias a esto podría vivir libre de deuda. Mas la parábola no acababa ahí. En la segunda parte se nos dice que este siervo tenía un compañero que le debía cien denarios. Cuando comparamos esto con los diez mil que debía el primer siervo, vemos que es mucho menos dinero. Si el siervo estuviera dispuesto a esperar, es posible que su consiervo pudiera ir reduciendo la deuda. Sin embargo, vemos en el texto que aquel siervo  “asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, (como este otro había hecho) le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.”Este hombre que había recibido misericordia no era capaz de extenderla a su compañero. Hizo que lo apresaran hasta que pagara la deuda. Desde luego que si no podía pagarle cuando era libre para trabajar, seguro que en la cárcel no podría conseguir el dinero para saldar la deuda. “Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado.”Cuando el señor, o el rey como nos hemos referido a él anteriormente, oyó lo que este siervo estaba haciendo a uno de sus compañeros, se indignó. ¿Cómo era posible que tratara así a su consiervo cuando él había recibido su misericordia? Nos narra la historia que “Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.”Si él no estaba dispuesto a mostrar misericordia hacia su prójimo, su señor tampoco la iba a mostrar con él. El Señor Jesús concluyó la historia diciendo: “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”Cuando en el Padre Nuestro pedimos: “Perdónanos nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” ¿Nos damos cuenta de lo que estamos pidiendo? ¿Y si Dios nos perdonara del mismo modo que perdonamos nosotros a otros? Que esta historia nos sirva de recordatorio para extender hacia otros la misericordia que queremos que Dios tenga con nosotros.

  47. 400

    Evangelios-049 Proceso de restauración

    Mateo 18:15-22 Si pudiéramos vivir sin ofender a nadie ni ser ofendidos, sería fantástico. Pero todos sabemos que eso es imposible. Por muy buenas intenciones que tengamos, es inevitable tener conflictos personales, porque somos humanos, y los humanos fallamos por acción o por omisión. La Palabra de Dios trata las relaciones interpersonales en diferentes textos. Podemos tratar de evitar los conflictos practicando el amor al prójimo, pero cuando ocurren, y ocurrirán, la Biblia también nos da pautas para restaurar. Mateo 18:15-22 nos enseña cómo debemos actuar cuando otro cristiano nos ofende. Por supuesto que los principios se pueden aplicar con cualquier persona, pero el texto trata específicamente de conflictos entre hermanos en la fe, donde ambos deben tener el deseo de vivir justamente ante Dios. Comienza diciendo: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.”En primer lugar instruye a que si te has sentido ofendido por alguno, que vayas directamente a esta persona, e intentes arreglarlo sin involucrar a nadie más en el asunto. Si el problema se puede solucionar entre los dos, la restauración es mucho más sencilla y la relación puede salir fortalecida. Nota que no dice que vayas a hablar con otros de cómo esta persona te ha ofendido. Cuando se hace esto, el problema se extiende, y la reconciliación se hace menos probable. El texto continúa con el supuesto de que la persona que habiendo hecho algo mal te ha ofendido, después de que has hablado con ella, no acepta la reprensión y no desea la restauración. Entonces, y con la suposición de que lo que la persona ha hecho va en contra de los principios de la Palabra de Dios, deberías volver a hablar con ella, pero esta vez en compañía de alguien que puede mediar entre vosotros dos. Notemos aquí que la meta es la restauración, involucrando en el problema al mínimo de personas necesario. Los versículos 19-20 nos lo aclaran diciendo: “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Ahí donde estás tú y esa persona practicando el perdón y la restauración, Dios está presente. No es necesario llevarlo más allá si podéis llegar a un acuerdo que agrada a Dios. Solo cuando el ofensor, siendo bíblicamente responsable, insiste en sus caminos rechazando la restauración, se debería llevar el caso ante la congregación, y si su actitud no es la de un seguidor de Cristo, deberíamos suponer que en verdad no es un cristiano. Claro está, que si hay arrepentimiento, como hemos visto a través de las Escrituras, nuestra única reacción correcta sería el perdón y la restauración. Lucas 17:3-4 lo resume así:“Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.” En Mateo, “se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.”La actitud del cristiano debe ser de constante arrepentimiento y perdón, dispuesto a disculparse por aquello en lo que ofende, y rápido para perdonar a aquellos que habiéndolo ofendido, piden perdón. Si vivimos así, estaremos viviendo la voluntad del cielo aquí en la Tierra.

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    Evangelios-048 Los hijos perdidos

    Lucas 15:11-32Esta parábola de hoy es una de las más conocidas; se la conoce como la parábola del hijo pródigo, pero quisiera enfatizar que la historia trata de dos hijos perdidos, a los que el padre ama con liberalidad, queriendo la reconciliación con ambos. Veamos la historia que contó Jesús. “Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y nos dice la historia que (el padre) “les repartió los bienes.”Curiosamente, podemos notar que aunque fue el hijo menor el que demandó su parte de la herencia, su hermano mayor, el cual debería haberse levantado a defender la honra de su padre, accedió a la propuesta con la condición de que él recibiera también su parte de la herencia. Por lo que la historia nos dice que “les repartió (a ambos) los bienes. El joven, que se quería marchar, se llevaría efectivo, y el mayor se quedaría, imaginamos, con la hacienda familiar. Jésus continuó con la parábola:“No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente, (de ahí que se le llame el hijo pródigo),Cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.”Recordemos que según la ley moral de los judíos, el cerdo es un animal inmundo. Sin duda, este chico había llegado muy lejos, si tenía que alimentar a los cerdos en tierra ajena para poder sacar algún dinero. Y nos dice el texto que “deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.”Estaba dispuesto a comer lo mismo que comían los cerdos, pero lo que le daban era estrictamente para sus animales, así que ni eso podía comer. “Y Volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.”Había perdido todo el dinero de su herencia. Volver a casa ahora sería para pedir trabajo, no en condición de hijo. Eso lo tenía claro. “Levantándose, vino a su padre.” Seguramente iba con temor, preguntándose qué diría su padre, cómo lo vería el resto de la familia. ¿Lo rechazarían ellos también? Qué humillación. Mas “cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.”Y ya no pudo decir más, porque su padre tomó la palabra. Este “dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.”Este padre que había sufrido humillación de parte de sus dos hijos, había perdido a este. Había pasado mucho tiempo y no sabía nada de él. Mas cuando lo vuelve a ver quiere restaurarlo. Mas nos cuenta el Señor que el “hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.Este le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.”Parece que este padre no había perdido solamente un hijo. El pequeño se había marchado, pero el mayor, el cual también había recibido su parte de la herencia, se había quedado en casa con su padre. El hijo mayor mentía si decía que trabajaba para su padre, puesto que el padre ya le había cedido su herencia. Los cabritos eran suyos; podía tomar lo que quisiera, pero, sin embargo, acusaba a su padre de no dejarlo celebrar nada. Su manera de ver las cosas era negativa y errónea. Su padre “entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.”Su hermano había vuelto a casa. Había malgastado el dinero de su padre, pero estaba dispuesto a empezar una vida nueva, restaurando su relación con el padre. Los fariseos que escuchaban la parábola podrían haber identificado a este hijo con los publicanos, aquellos pecadores que para ellos no merecían perdón. Pero Jesús quería que se dieran cuenta que ellos, como el hermano menor, estaban igual de perdidos; necesitaban una reconciliación con el padre también. Estando tan próximos al Padre, estaban realmente lejos, separados de Dios por su orgullo. Jesús acaba la historia ahí, dejándonos sin la conclusión. ¿Se arrepentiría el hijo mayor de su amargura y entraría a la fiesta a celebrar? ¿o por el contrario se alejaría aún más, dando la espalda al padre y lamentando la reconciliación del hermano arrepentido? Ese era el dilema de los que escuchaban. ¿Cuál sería la respuesta de ellos a la nueva vida que Dios ofrecía? ¿Cuál es nuestra actitud hacia la misericordia de Dios para nosotros? ¿y para otros? 

  49. 398

    Evangelios-047 La moneda perdida

    Lucas 15:8-10Por si los oyentes que se reunían a escuchar y los doctores de la ley que estaban ahí para criticar no habían entendido la parábola de la oveja perdida, Jesús les dio otra historia. Esta vez habló de una señora casada que notó un día que había perdido algo preciado en valor y en simbolismo. Dijo así el Señor. “¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.”En la costumbre de los judíos, una mujer recibía cuando se casaba diez dracmas, monedas que eran parte de la dote y simbolizaban su matrimonio. Perder una moneda no implicaba gran crisis económica, pero sí sentimental. Ella no querría tener el set incompleto. Así que la vemos limpiando por todos los rincones de la casa, buscando diligentemente hasta encontrar la moneda perdida. Al poco tiempo de habernos casado, David, mi esposo, perdió su alianza de boda. Habíamos estado en diferentes tiendas comprando ropa. En algún momento de la tarde, mi marido se dio cuenta de que no llevaba su alianza en el dedo, pero pens que a lo mejor se la había olvidado en la casa. Esa tarde miró en el coche y en la casa, y al no encontrarla en ningún sitio, llamamos al centro comercial donde habíamos estado para ver si se le había caído ahí. Gracias a Dios, alguien la había encontrado en el suelo de la tienda y la había entregado en caja. Sin duda celebramos con alegría cuando la pudimos recuperar. No estábamos preocupados de encontrar el anillo simplemente por el valor que este tenía. Lo cierto es que no habíamos invertido una gran suma de dinero en esta alianza, pero para mi esposo y para mí, representaba nuestra unión. Estábamos muy contentos de volver a encontrarlo.Esta señora de la historia, cuando encontró su moneda, llamó a sus amigas y vecinas para celebrar con ellas que había encontrado la dracma que había perdido.Y así Jesús concluye recordándonos que del mismo modo, hay mucho gozo en el cielo por cada pecador arrepentido. Lo hemos leímos anteriormente; los ángeles tendrán que separar en el gran día del fin a los justos de los pecadores. Por esto, cada vez que un pecador es justificado por su fe en Cristo, los ángeles celebran que esta alma gozará de vida eterna con Cristo. Gracias a Dios por el don de la salvación.

  50. 397

    Evangelios-046 La oveja perdida

    Perdido y encontradoLa oveja perdida Mateo 18:10-14; Lc. 15.3-7; Lucas 15Jesús contó tres historias diferentes para ilustrar cómo Dios nos ha amado tanto que ha ofrecido la restauración de una relación entre el hombre y Dios que hbía sido destruída por el pecado. Juan 3:16 dice que “de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Las tres parábolas tratan de algo perdido; la primera, nos cuenta sobre un animal perdido, la segunda, un objeto simbólico perdido, y la tercera de unos hijos perdidos. Comenzamos hoy con la parábola de la oveja perdida. En Lucas 15, leemos que “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle,y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.Recordemos que los escribas y fariseos se consideraban a sí mismos como justos, superiores a los pecadores comunes que venían al templo. Estos, al ver a Jesús juntándose con diferentes personas para comer y hablar, se escandalizaban y lo criticaban. Por eso Jesús les cuenta la historia de la oveja que se extravía. El pastor tenía 99 ovejas en el redil. Podría haber asumido la pérdida en lugar de ir a buscarla. Mas Jesús da valor a cada una de sus ovejas. Dejando a las 99 a salvo en el redil, el pastor salió a buscar a la que se había alejado del rebaño, y al encontrarla, la puso en sus hombros y la cargó hasta donde estaría a salvo. Los que conocían la ley de Dios debían saber que Dios es misericordioso y desea que todos lleguemos al arrepentimiento y la reconciliación. Sin embargo, ellos no estaban por la labor de buscar a los perdidos. Mas Cristo es diferente. Gracias a su bondad, cada uno de nosotros, aunque hayamos huido en algún momento de su presencia para buscar nuestro propio rumbo, podemos estar seguros que el Señor no nos ha abandonado. Alguien me dijo una vez, habiendo vuelto al Señor tras haberse extraviado: “yo me alejé de Dios, pero Él nunca se alejó de mí.” Así es. “Los ojos de Jehová están en todo lugar”, nos dice Proverbios 15:3 “Mirando a los malos y a los buenos.”Y en el Salmo 34:15 leemos: “Los ojos de Jehová están sobre los justos, Y atentos sus oídos al clamor de ellos.” Estos “justos” no son los que se creen justos, y por lo tanto no se ven necesitados de Dios, sino los que hemos reconocido nuestra necesidad de Dios y hemos sido justificados por la gracia de Dios. Si has entregado tu alma a Cristo, tenlo por cierto que nada ni nadie te puede separar del amor de Dios (Romanos 8:35). Cuando el pastor hubo encontrado a su oveja perdida, llegó a casa, invitó a sus amigos y vecinos, y celebraron la vuelta de esta oveja encontrada. Toda reconciliación con Dios debe ser motivo de gozo, por lo que Jesús les recuerda a sus oyentes que cada vez que un pecador se arrepiente, hay fiesta en el cielo. Busquemos estar cerca de Él, porque no hay mejor lugar que en el redil del Buen Pastor. Y cuando alguien viene a Cristo habiendo estado perdido, celebremos con los que están en el cielo, Es fácil dudar, es fácil juzgar, pero Jesús nos anima a celebrar el arrepentimiento.

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Reflejos de su gloria es un programa que tiene como objetivo compartir las enseñanzas de las Escrituras, celebrando la gloria de Dios, con el deseo de reflejar su carácter con cada enseñanza.

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