Reflejos de su gloria podcast artwork

PODCAST · religion

Reflejos de su gloria

Reflejos de su gloria es un programa que tiene como objetivo compartir las enseñanzas de las Escrituras, celebrando la gloria de Dios, con el deseo de reflejar su carácter con cada enseñanza.

Publisher-supplied feed metadata · PodParley refreshed Oct 2, 2026 · Source feed

  1. 446

    Judas-175 Historias de advertencia

    Historias de advertencia La carta de Judas provee varias historias como ilustración para que los creyentes a los que escribía supieran qué comportamientos debían evitar y cómo identificar a aquellos que seguían dichas conductas. En el versículo 11 dice:“¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.” (11)Judas les lleva en un viaje en la historia judía para repasar algunas historias del Antiguo Testamento que reflejaban actitudes que no agradan a Dios. Ya leímos en la carta de Juan sobre Caín, de cómo su rebeldía y su envidia lo llevó a pecar contra Dios y su hermano. Judas advierte de los que siguen el camino de Caín, recordándonos con esta mera alusión lo terrible que es el camino de la rebeldía. Cuando Dios envió a Caín a tierra desconocida, este fue, se llevó consigo a los que formarían su familia y su círculo de amistades, y construyó una ciudad donde la violencia reinaba. Qué triste, que en lugar de arrepentirse y aprender de sus errores, siguió su propio camino a la perdición. ¡Ay de ellos que siguen este mismo camino! dice Judas.Continúa haciendo alusión a Balaam, el cual por lucro, hizo alianza con los que venían contra Dios y su pueblo. Recordemos la historia de Balaam, ese profeta del que leemos en Números 22-24. El rey Balaac quería que este maldijera al pueblo de Israel. Balaam, profeta al servicio del Dios de Israel, quería las riquezas y fama que Balaac le estaba ofreciendo, pero temía ofender al Dios verdadero. Sin embargo, el amor al dinero lo llevó camino a maldecir al pueblo. Tal era su empeño, que Dios usó a su asna para sacarlo de su terca actitud, mas este golpeó al pobre animal mientras ésta milagrosamente le hablaba.  Esta historia sería graciosa si no ilustrara la necedad del hombre que insiste en ir por su propio camino y buscar su propia ganancia pensando que puede engañar a Dios. Como Balaam hay muchos, y cualquiera de nosotros podríamos caer en el mismo error. Ay de los que siguen su propia necedad y se alejan de Dios a pesar de las advertencias divinas. El tercer ejemplo es el de Coré, personaje que encontramos en el capítulo 16 de Números. Tristemente, este hombre de la tribu de Leví se rebeló contra el plan de Dios, y organizó un grupo para enfrentarse a Moisés y Aarón, los líderes que Dios había puesto para guiar al pueblo. El argumento de Coré era que todos ellos eran santos, y por lo tanto, ellos elegirían quién los liderarían. Era cierto que Dios los había apartado para el ministerio, ya que eran parte de la tribu de los sacerdotes, pero se estaban rebelando contra Dios buscando más gloria y poder para ellos en lugar de glorificar a Dios en la posición que Dios les había dado. Dios, tras advertirles y darles oportunidad de arrepentirse, trajo juicio sobre los rebeldes que decidieron seguir el camino de Coré. ¡Ay de aquellos que todavía hoy buscan gloria para sí mismos, anteponiendo su voluntad a la de Dios!De los tales sigue diciendo Judas:“Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas.” (12-13)Son palabras fuertes, pero qué fuerte es volverse contra el Todopoderoso. Esto es lo que hicieron los ángeles caídos, y por ello aguardan “su juicio en el gran día” (6).Judas da también el ejemplo de Sodoma y Gomorra, ciudades que despreciaron la gracia de Dios para deleitarse en pecados que Dios condenaba. Estas también “fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno” (7).“No obstante, de la misma manera también estos soñadores (de los que habla Judas en su día) mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores.Siglos más tarde había personas así entre los verdaderos cristianos, y hoy día, los años han pasado, pero los mismos pecados siguen vigentes. Aquellos que pecan de este modo, no solo caen ellos mismos, sino como en cada una de las historias que comparte la carta, llevan consigo a muchos que los siguen a la perdición. De estos advertía Judas a las iglesias.Desde el principio Dios ha advertido de estos errores y del fin de aquellos que insisten en rebelarse contra Dios. Enoc, el que anduvo con Dios y no vio muerte aquí en la Tierra, séptimo desde Adán, profetizó también diciendo: “He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él. Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho” (Judas 15-16).Gracias a Dios esto no ha de ser el fin. Dios ha provisto la salida; Él ha ofrecido perdón y reconciliación. Ante tal ofensa al Dios Santo, este ofrece perdón de pecados a todo aquel que viene a Él arrepentido. Estos ejemplos nos muestran a los que no quisieron volverse a Dios, mas en la Palabra también leemos de los que le recibieron, de los que creen en su nombre. A cada uno que le hemos recibido, Dios nos ha declarado Hijos de Dios (1 Juan 1:9). Dichoso todo aquel que pone su confianza en Dios (Salmo 40:4).

  2. 445

    Judas-174 Introducción a la carta de Judas

    Esta carta es la última de las epístolas en el Nuevo Testamento. La consideramos una epístola general, porque no va dirigida a una iglesia o persona en particular. Desconocemos los destinatarios de la carta, pero sabemos que eran cristianos, probablemente judíos, que conocían bien el Antiguo Testamento y otros escritos de tradición judía. Judas hace referencia a múltiples historias que estos conocían para describir en detalle algunos falsos profetas que iban de iglesia en iglesia contagiando a los cristianos con enseñanzas falsas que traían confusión. La carta fue escrita alrededor del año 70 después de Cristo. Este Judas, claro está, no es el mismo Judas que vendió al Señor Jesús por 30 piezas de plata y que después, no pudiendo vivir con lo que había hecho, en lugar de arrepentirse y seguir a Cristo, se quitó la vida cobardemente. Este Judas, autor de la carta es el hermano de Jacobo, también conocido como Santiago, escritor de la carta de Santiago. Estos dos eran hermanos de Jesús por parte de madre, nos dicen las Escrituras. Aunque no habían seguido a su hermano el Maestro durante su vida en la Tierra, después de ver al Señor morir en la cruz y ver su testimonio de resurrección, creyeron en todo lo que su hermano había dicho y siguieron en el camino del evangelio, compartiendo con muchos la verdad de la Palabra. Judas, en esta carta había pensado escribir sobre la fe que era común a cada uno, basada en la muerte y resurrección de Cristo, recibida por la fe, sin mérito propio, y gracias a la misericordia de Dios y su amor hacia el pecador arrepentido. Sin embargo, Dios le había guiado hacia otro tema, uno que por desgracia se debía tratar debido al peligro que suponía para los creyentes en diferentes lugares. Por este motivo, en el primer versículo, Judas les dice que a pesar de “la gran solicitud que tenía de escribirles acerca de la común salvación, le había sido necesario escribirles exhortándolos a que lucharan ardientemente a favor de  “la fe que ha sido una vez dada a los santos.”La fe en Cristo que tenemos por la gracia de Dios es valiosa, y no debemos permitir que los que vienen sembrando dudas en la mente minen la tierra fértil que ha sido sembrada. Lo peor de todo, como dice Judas en el versículo 4, es que muchos de estos vienen “encubiertamente”, engañando, haciéndose pasar por cristianos que conocen al Salvador, pero como veíamos en las otras cartas, con sus vidas mostraban lo mismo. De estos leíamos en las cartas de Pedro (2 Pedro 2:1-3), en las de Pablo a Timoteo (2 Timoteo 3:1-9), y en las de Juan (1 Juan 4:1-3). Incluso el Señor Jesús advirtió sobre este tipo de persona en Mateo 7 (15-19). Curiosamente, el hermano del Señor habla de ellos como previamente reservados para condenación, haciendo resonar en nuestra mente lo que leemos del otro Judas, falso discípulo de Jesús, que a pesar de andar y comer con Jesús y sus discípulos, no era en realidad parte de ellos, como nos confirma Juan 6:70. Judas Iscariote era un ladrón, que sustraía dinero de la bolsa de los discípulos, como nos dice Juan 12:6. Este, llegada la oportunidad, traicionó al que le había acogido como uno de los suyos, aún sabiendo lo que este acabaría haciendo, como vemos en Juan 13:26. El autor de la carta desvela a estos engañadores para que los cristianos puedan estar alertados, y desechando tales enseñanzas, puedan recordar las palabras de los apóstoles del Señor Jesucristo y seguir sus enseñanzas. Judas nos recuerda que estamos aquí ahora, pero anticipando la vida eterna que Cristo nos ha prometido. Por esto, cada uno de nosotros, desechando las enseñanzas contrarias a la verdad del evangelio, debemos, como dicen los versículos 20 y 21, ir “edificándonos sobre nuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservados en el amor de Dios y esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.”Judas acaba su carta con una doxología que quiero compartir exaltando el nombre de mi Señor: “a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.”

  3. 444

    1-3Juan-173 El guardián de mi hermano

    El guardián de mi hermanoVarias secciones de las cartas de Juan hablan del amor. Cuando leemos del primer versículo del capítulo 3, “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” nos viene a la mente Juan 3:16, donde leemos que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”El apóstol Juan deja claro que Dios mostró su amor hacia la humanidad ofreciendo la vida de su Hijo amado para proveer salvación para todo aquel que lo recibe; por Él tenemos vida eterna.1 Juan 3:16 nos dice que Dios nos ha dado a conocer su amor a través de este acto y nos instruye a hacer lo mismo hacia otros diciendo:  “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.”“En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.” (1 Juan 3:10)Esta es una afirmación muy drástica. Juan nos explica que desde el principio hemos oído este mensaje: “Que nos amemos unos a otros.” y continúa con la siguiente advertencia: “No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano.” (3:11-12).Juan nos lleva al principio, al libro de Génesis, donde leemos que Caín, el hijo de los primeros habitantes de la Tierra, tuvo envidia contra su hermano, porque éste obedecía a Dios y recibía la aprobación del cielo. Caín estaba enojado con él, y Dios vino a su misma presencia y le preguntó en el versículo 6: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?” Caín no contestó las preguntas de Dios, sino que en su orgullo, atacó a su hermano quitándole la vida. Dios volvió a hablar con CaÍn, esta vez preguntándole:“¿Dónde está Abel tu hermano?”Dios sabía lo que había sucedido, pero quería que Caín se diera cuenta de su pecado. Sin embargo Caín actuó con la misma ira con la que había actuado con Abel.“Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” (4:9) Basándonos en la enseñanza a través de la Biblia podríamos contestar sin titubear: ¡por supuesto! Pero vemos que Dios no siente la necesidad de contestarle. Por supuesto que tenía la responsabilidad de mirar por el bienestar de su hermano Abel. Como leemos en Juan, desde el principio, el plan de Dios era que así como él nos ama, nos amemos unos a otros. Dios no vino a quitar vida, sino a dar su vida por nosotros. Caín sabía que había pecado cuando en lugar de amar a su hermano, lo había atacado por envidia. La carta de Juan nos recuerda: “No seas como Caín.” Los que son de Dios aman como Dios ama. Es más; el versículo 14 del capítulo 3 dice:“Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte.”Juan da dos muestras de la salvación; una es que el que conoce a Dios no vive en pecado, desobedeciendo a Dios. La otra es que el que conoce a Dios de verdad ama a su hermano. Leemos en 1 Juan 4:20: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”1 Juan 4:7-11 nos enseña: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.”¡Qué preciosa y clara explicación! Deja claro que Dios nos ha amado, y en su amor nos ha mostrado cómo amar a nuestro prójimo. Si amamos a Dios, reflejaremos su amor hacia nuestros hermanos. Dios en su amor, da de sí para el bien de cada uno de nosotros. Su amor debe ser evidente en nuestras vidas. Aquellos que nos hemos beneficiado de Su amor podemos dar de nosotros mismos a nuestros hermanos, a los que lo son en la sangre y aquellos que Dios ha puesto en nuestro camino. Si cada uno miramos por el bien de nuestro hermano, no habrá lugar para la envidia. “Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros.” Dejemos que el Espíritu Santo siga produciendo su fruto de amor en nosotros para que otros vean el amor de Cristo.

  4. 443

    1-3Juan-172 Anticristos

    AnticristosEs muy probable que todos hayamos oído del Anticristo, este personaje que en los últimos tiempos se levantará en la esfera política mundial y después de traer una supuesta paz mundial se declarará a sí mismo “salvador del mundo,” demandando fidelidad y honra a su persona. En el libro de Apocalipsis veremos más sobre estos eventos, pero en la Palabra de Dios no solo se habla de un anticristo, sino de anticristos en plural. ¿A quienes se refiere el apóstol Juan cuando habla de los anticristos? Como la palabra indica, estas son personas que niegan a Cristo y al mismo tiempo desean para sí mismos todo lo que Cristo le pertenece. Déjame explicarme. Estos procuran por todos los medios deshacerse de la idea del Dios de la Biblia, para crear ellos su propia idea de la deidad. De estos ha habido, hay y habrá muchos en la historia de la humanidad. Recordemos a los emperadores romanos que se declaraban a sí mismos dioses. Nerón mató a cientos de cristianos en los circos y en la hoguera porque honraban a Cristo y no a él. Como este hemos tenido demasiados en la corta historia de la humanidad. Pero estos personajes, aunque no tengan renombre mundial o una gran esfera de influencia, siguen existiendo.  Juan los identifica de forma sencilla en el 2:22 “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.” Estas personas niegan al Padre y al Hijo, y viven según su propia mentira. Algunos miran al cielo y dicen “si Dios existe…..” Dios ya ha dicho que existe; no hay base para negar esta realidad. Como creación suya, deberíamos poder identificarlo, sentirlo, y aceptarlo, pero sin embargo nos permitimos el lujo de cuestionar su existencia. Incluso muchos afirman que debe haber “algo” que gobierne el universo, dejando lugar a seres extraterrestres que puedan controlar nuestro destino. Este pensamiento es claramente “antiDios” y “anticristo”. Están también aquellos que dicen que creen en Dios, pero no creen en el Hijo, el Salvador del mundo, Dios encarnado. Desprecian su deidad y lo relegan a un segundo plano. Estos también son anticristos según el versículo. “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.” Es innegable que uno viene con el otro, y son indivisibles. Uno puede ir predicando por las calles que cree en Dios y negar la deidad de Cristo, pero la Biblia es clara en cuanto a esto; tal persona no tiene al Padre, vive engañada y engañando, y es al fin de cuentas un anticristo, porque niega la verdadera identidad de Cristo. Esto no lo digo yo para juzgar ni insultar a nadie; es la Palabra de Dios. Juan ya advertía a los cristianos del primer siglo con estas palabras: Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.”Si ellos podían reconocer que estaban en los últimos tiempos, cuánto más nosotros, veinte siglos más tarde. Ya hemos dicho que Dios espera pacientemente para que aquellos que han de ser salvos vengan al conocimiento de Cristo, pero los que tenemos al Santo morando en nosotros podemos discernir por la Palabra entre aquellos que son de Dios, y aquellos que lo niegan, ya sea en palabra o en hechos. En el capítulo 4 describe el espíritu de los que son “anti-Cristo” para que podamos nosotros identificarlos:“En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo” (1 Juan 4:2-3).“¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.” (1 Juan 2:22)Para el Señor la verdad es extremadamente importante, porque Él es La verdad (Juan 14:6). El mismo apóstol nos recuerda en el capítulo dos de la primera carta que “ninguna mentira procede de la verdad.” Si Dios es Verdad, y su Palabra es Verdad, aquello que se desvía de la verdad es lógicamente mentira. No vivamos en la mentira, haciendo para nosotros dioses falsos, negando al Padre y al Hijo. Es más, no caigamos en el error de creer que esto es una verdad relativa, que cada cual puede decidir si es o no cierta. Una verdad discutible, por definición, no es verdad. Vivimos en un mundo en el que la relatividad reina, pero este es el mundo del que Dios nos advierte que no pertenecemos si hemos confiado en Cristo. Creemos en el Absoluto, el Dios del Universo, y su Palabra es Verdad, como Él es Verdad. Cualquier desviación de esta afirmación, según las palabras del apóstol, son anti-Cristo. Juan nos anima en los versículos 24-25 del capítulo 2: “Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna.”¿Crees esto? Seamos luces en este mundo que apunten a la verdad, al Cristo, para que todo aquel que en Él crea pueda disfrutar de la promesa de la vida eterna con el Padre y con el Hijo. 

  5. 442

    1-3Juan-171 El mundo y sus deseos

    El mundo y sus deseos “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” 1 Juan 2:15-17Estos tres versículos de la Biblia tienen grandes verdades prácticas para la vida del cristiano, porque describen en una frase relativamente corta las luchas que experimentamos en nuestra vida cotidiana aquí en la Tierra. Nos dice Juan que todo lo que nos tienta a desviarnos de Dios en este mundo no proviene de Dios, sino del mismo mundo en que vivimos. Santiago ya nos advertía del error de pensar que Dios nos da malas cosas cuando dijo en el capítulo 1:13-15: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. (Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte).”Es fácil para el ser humano culpar a Dios por cada dificultad en esta vida, pero lo cierto es que no necesitamos a nadie, ni siquiera al maligno, para meternos en problemas, porque como Dios ha enseñado, el mal mora en cada corazón y este mundo caído está lleno de maldad. Esta realidad va en contra de la tendencia prevalente de pensar que somos buenos por naturaleza, y que nos hacemos malos por lo que vamos recibiendo en nuestra experiencia. Si fuera así, ¿de dónde viene el mal entonces? Dios nos explica que el mal viene de nuestro interior, y que no hay nada fuera del cuerpo que contamine al hombre (lo vemos en las enseñanzas de Jesús en Mateo 15 y Marcos 7). Este pensamiento no es muy popular porque pone la responsabilidad sobre la propia persona. Veamos cómo los mismos deseos naturales que Dios nos ha dado para disfrutar en Su voluntad, pueden ser pervertidos para hacernos caer cuando le desobedecemos.Dice Juan que “todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.” El mundo al que se refiere es el sistema en el que vivimos, el cual formamos todos nosotros. Las categorías que Juan identifica en el texto son los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida. Como la Biblia es un libro que está perfectamente interconectado, es muy interesante ver estas tres categorías en la primera tentación documentada en Génesis, el primer libro del Antiguo Testamento y las tentaciones de Jesús en Mateo y Lucas, en el Nuevo Testamento. Cuando la serpiente tentó a Eva en el Huerto del Edén, esta experimentó las tres categorías de deseos aquí mencionadas. Nos dice Génesis 3:6 “Vio, pues, la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió;”En primer lugar percibió que el fruto era bueno para comer. Las necesidades de la carne son importantes para nosotros; tenemos que comer, dormir y relacionarnos; y Dios nos ha dado tanto las necesidades como el deleite mientras las satisfacemos. Sin embargo, dentro de este regalo, corremos el peligro de desear satisfacer estas necesidades fuera de la voluntad del Señor, ya sea porque no es lo que Dios tiene para nosotros o porque no es el momento de disfrutarlo. El fruto del árbol que Dios había prohibido parecía bueno para comer. No parecía que lo que Dios había prohibido fuera en sí malo, por lo que la serpiente aprovecha este deseo natural  en Eva para convencerla. Por supuesto que los árboles que sí podían comer también tenían frutos buenos para comer. No era que Dios no estaba satisfaciendo las necesidades de Adán y Eva; no, pero Eva comenzó a pensar que si Dios no le daba ese fruto, no la amaba. ¿Has pensado de manera similar en algún momento?Satanás, que ha cambiado poco su táctica, vino a Jesús en el desierto para tentarlo, y la primera tentación es semejante a la que funcionó con Eva. Le propuso que a petición suya convirtiera las piedras en pan y saciara el hambre de 40 días de ayuno. ¡Qué propuesta tan amable! Por supuesto que Jesús lo podría haber hecho; sin embargo Jesús, a diferencia de Eva, no cayó en la trampa de interponer sus propios deseos de la carne o los del mismo Satanás al plan de Dios para su vida en ese momento.   Volviendo al texto de Génesis, leemos que en segundo lugar, Eva vio que el fruto “era agradable a los ojos”. No solo parecía el fruto prohibido bueno para el cuerpo, sino que además tenía buena pinta; podríamos decir que le entró por los ojos a Eva. Lo cierto es que nuestras primeras impresiones suelen percibirse por los ojos. Edén era el lugar más bello de la Tierra. Una vez más, no es que Eva no estuviera rodeada de belleza, pero esta cosa única que ella no podía tener era lo que le atraía. El Señor Jesús tuvo la misma tentación, cuando Satanás “le mostró todos los reinos del mundo y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.” (Lucas 4:5-6; Mateo 4:8-9)¡Qué vistas tendría Jesús desde el alto monte! Pero Él sabía que todo eso sería suyo un día. Ahora no era el momento, y sin duda, no al precio de postrarse ante Satanás. Jesús se sometería al Padre y esperaría el momento perfecto en la voluntad de Dios. Jesús es el ejemplo perfecto para nosotros cuando somos tentados a adelantarnos a los tiempos de Dios o a violar sus condiciones. Su plan es perfecto, y hacemos bien en llevar a Dios todo aquello que nos entra por los ojos para poder discernir si en verdad es o no lo que Dios quiere para nosotros ahora o en cualquier momento. En tercer lugar, Eva, al ver el fruto, notó que “era codiciable para alcanzar la sabiduría.”¿Quién no querría sabiduría, verdad? ¿Es malo desear las cosas buenas de la vida? Sabiduría, riquezas, buen nombre, influencia, ¿qué hay de malo en querer disfrutar lo que podría ser un regalo de Dios? Una vez más, volvamos al contexto donde vivía Eva. Leemos en Génesis que Dios caminaba con ellos en el huerto diariamente. Si Eva quería más sabiduría, podía ir directamente a la fuente. Dios ya les daba el conocimiento del bien. ¿Qué nos haría pensar que el fruto del conocimiento del mal aportaría algo a la sabiduría de Eva? Una vez más vemos que Eva anheló la satisfacción de sus deseos fuera de la voluntad de Dios, deseando las vanidades de la vida y despreciando los deseos de su Dios. Cualquiera de nosotros podemos encontrarnos intentando alcanzar la vanagloria de la vida, codiciando para nosotros mismos conocimiento, fama, poder o influencia sin atender a los deseos de Dios. Jesús nos mostró cómo hacer frente a esta tentación. Satanás lo llevó al pináculo del templo y le invitó a tirarse para que sus ángeles vinieran a recogerlo en el aire. Menudo espectáculo hubiera sido, ¿verdad? Todos los presentes hubieran podido comprobar el poder de Jesús sobre las huestes celestiales. Sin embargo, este no era el plan de Dios. ¿Por qué seguiría Cristo el plan del enemigo? Jesús era el Dios Verdadero. No tenía por qué demostrar su Omnipotencia. Jesús resucitaría de la tumba venciendo a la muerte, pero ahora no era la voluntad del Padre que hiciera alarde de su poder. Y así Jesús reprobó a Satanás y este huyó. En las tentaciones de Eva y Jesús vemos estas tres categorías de deseos que pueden ser usados en nuestra contra. Notemos que donde Eva cayó, Jesús se mantuvo firme. Sigamos el ejemplo del Maestro y usemos la misma Palabra de Dios para resistir hasta el final, porque como dice Juan, “el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

  6. 441

    1-3Juan-170 Un mensaje para todos

    Un mensaje para todos En la introducción de las cartas de Juan pudimos ver que Dios, a través del apóstol nos recuerda que Dios es luz y amor, y esa luz y ese amor deben ser evidentes en las vidas de los que proclamamos su nombre. Ahora bien, es posible que al escuchar esto te venga a la mente alguno que llamándose cristiano vive más como un diablo, dirías tú. Es importante que ante estos ejemplos de incongruencia, lleguemos a la conclusión, como nos muestra Juan, que esta persona no conoce a Dios de verdad, porque como leíamos en 1 Juan 2:6, “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” Esta afirmación supone un reto para el creyente y una prueba de identificación para aquellos que están buscando a Dios. Dios es luz, Dios es fiel, y Dios es justo. No puedes juzgar a Dios por las acciones de los hombres. Busca tú a Dios directamente, y pide que esta persona conozca al Señor y que su vida refleje el carácter santo de Dios. Recordemos que la Palabra de Dios tiene un mensaje para cada uno de nosotros, y presenta al Salvador. Aunque es ta primera carta de Juan no viene con un destinatario claro, el apóstol sí nos nos dice para quién es el mensaje en esta carta. En el capítulo 2 leemos los diferentes grupos a los que Juan dirige su mensaje, incluyendo a aquellos que acaban de oír el evangelio, aquellos que ya llevan muchos años, y aquellos que guían a los más jóvenes. El mensaje va dirigido a cada uno. En primer lugar, escribe a los que llama “hijitos”: “Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.” Dice además: “Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre.”Es posible que alguien que acaba de conocer a Cristo sienta lo difícil que es vivir una vida según los principios de Dios en un mundo que vive totalmente opuesto a Dios. Juan les recuerda que si han abrazado la obra de a Cristo, sus pecados han sido perdonados, y pueden ir creciendo en santidad, por la obra del Espíritu Santo de Dios. Así que, ya sea que seas tú el novato en los caminos del Señor, o que veas a otros luchando por ser mejor cada día, en lugar de desanimarnos o de juzgar, recordemos que el que nos ha perdonado los pecados es fiel y justo para limpiarnos. Podemos ir avanzando, y como en la aurora, Su luz puede ir aumentando en nuestras vidas. En segundo lugar, Juan escribe a los que llevan más tiempo en el camino: “Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio.” y “Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio.”Estos a los que Juan se refiere como a Padres, conocen al Padre, y han podido experimentar personalmente a Dios en su andar a través de los años. Sin embargo, es fácil que con la confianza, olvidemos que aquel que nos llamó es Santo. No podemos descuidarnos en nuestro andar con Dios, porque es fácil adquirir una cultura cristiana y olvidar el carácter de Dios. Somos cristianos porque Cristo nos ha salvado y vivimos la vida cristiana, no porque esa es nuestra cultura o tradición, sino porque vivimos como Él vivió. Aquellos que conocemos a Dios ya muchos años deberíamos poder ayudar a los hijitos y los jóvenes en el camino.Este es el otro grupo al que escribe Juan—a los jóvenes. “Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno.” Y también dice “Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.”¡Qué bendición son aquellos que están creciendo en el Señor, y que están en una época de su vida cristiana en la que reciben las luchas con ánimo en Cristo. Estos están viviendo en la Palabra, y cuando vienen los dardos del maligno, hacen uso inmediato de la armadura de Dios, y con la Espada de la Palabra de Dios han vencido y vencen al maligno, y este huye. Así deberíamos cada uno, hijitos, padres y jóvenes en el Señor, aprovechar los recursos que Dios nos ha dado para crecer en nuestra vida cristiana. Si no has confiado en Cristo para salvación, te animo a mirar al Salvador, a entregarte a Él para perdón de pecados, porque Su luz alumbrará cada rincón de tu vida. Seguro que cada una de las que hemos confiado en Cristo para salvación estamos en uno de estos grupos. Sea que hayas conocido a Dios hace poco, sea que estés en la etapa más vigorosa de tu vida cristiana, o sea que seas del grupo que por tu experiencia en la fe cristiana y tu fidelidad a Dios eres de pilar de apoyo a los más jóvenes, todos debemos recordar estas cosas: que nuestros pecados han sido perdonados en Cristo, que podemos vencer al maligno por la Palabra de Dios, y que nuestro conocimiento de Dios puede ir en aumento cada día de nuestras vidas aquí en la Tierra. Esta sección en el capítulo 2 acaba con un mensaje para todos los que son de Dios; dicen los versículos 15-17:“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”Analizaremos estas tres categorías que presenta Juan al describir los ataques de lo que denomina “el mundo”, pero veamos aquí la relación con el mensaje de Pedro cuando dice en el 1:24-25 “Porque: Toda carne es como hierba, Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; Mas la palabra del Señor permanece para siempre. (Isaías 40:8) Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.”Este mundo que conocemos pasará, y nosotros, los que hemos confiado en Cristo para salvación, permaneceremos, según ha dicho en su Palabra (1 Juan 2:24). Así que vivamos aquí para traer gloria a nuestro Salvador, disfrutando así de las promesas del fiel y justo Dios. 

  7. 440

    1-3Juan-169 La luz y las tinieblas

    La luz y las tinieblas 1 de Juan presenta varias premisas que debemos analizar. En primer lugar afirma que aquel que conoce a Cristo vive de forma que agrada a Dios. Lo vemos presentado en el versículo 6 donde dice: “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;”En el 5 ya afirmaba que Dios es luz. Como Dios personifica la luz, es imposible que haya tinieblas en él. En el momento en que un rayo de luz entra en un cuarto oscuro, las tinieblas dan lugar a la luz. En el momento en que Dios entra en una vida, debería ser igual. Dios no entra tan solo como una luz tenue, sino que su luz es capaz de disipar las tinieblas de manera indiscutible. En 2 Pedro 1:19 leíamos: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;” Proverbios 4:18 dice que “la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto.” Sea que tu vida cambie de inmediato o que la luz de Cristo vaya alumbrando tu vida de forma creciente, no hay lugar a duda que una vida con Cristo es una vida de luz. Por esta lógica, una vida de tinieblas, argumenta Juan, demuestra la ausencia de Cristo. El que dice que pasa tiempo con Dios y anda en tinieblas, miente, dice Juan. En el capítulo 2 reitera: “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él;”El que dice que permanece en Cristo, dice 1 Juan 2:6 “debe andar como él anduvo.”  El que no guarda las normas de Dios no puede fardar de su relación con Dios. Si dice que conoce a Dios y vive en pecado, miente, dice Juan. El apóstol aclara que esto no significa que una vez que conocemos a Dios ya nunca pecamos. El que dice que nunca peca, dice Juan, no solo se engaña a sí mismo, sino que está llamando a Dios mentiroso, porque Dios ha declarado que todos somos pecadores (1 Juan 1:10, Romanos 3:10). Sin embargo, cuando reconocemos nuestro pecado, podemos encontrar una resolución, porque Cristo ya ha provisto el perdón de pecados. 1 Juan 1:9 dice:  “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” La realidad es que pecamos, muchas veces sin pensarlo incluso, pero tenemos la certeza de que cuando confesamos nuestro pecado de corazón, Dios es fiel a su Palabra y es justo para perdonarnos y limpiarnos, para que nuestra luz vaya en aumento, hasta que el día del Señor esclarezca. En el capítulo 2 leemos que Cristo mismo es nuestro abogado defensor. Él además es el que ya ha provisto el perdón, no solo por nuestros pecados, dice el versículo 2:2, sino también por los de todo el mundo.Juan declara que la luz en nuestra vida y en nuestro andar diario en Cristo es evidencia de nuestra relación con Dios, y además está directamente relacionado con nuestra relación con otros. Juan insiste en el capítulo 2:9-11: “El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.” Está claro; si vivimos en luz, se notará en nuestras relaciones con los que nos rodean. Cuidado con nuestras afirmaciones. Como vimos en las cartas de Pedro, nuestro hablar debe ir apoyado de nuestro andar. Si decimos conocer a Dios, debemos vivir una vida en la que la luz de Dios brille, andar como Cristo anduvo, y reflejar la luz que Dios nos ha dado para el bien de los que nos rodean. Si no vivimos así, somos mentirosos, y los primeros engañados seremos nosotros mismos. Como declaró el Señor Jesús en el sermón del monte: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”

  8. 439

    1-3Juan-168 El mensaje de Juan

    El mensaje de JuanHacia el final del Nuevo Testamento encontramos entre las epístolas generales tres cartas del apóstol Juan, el cual se llama a sí mismo “el amado” y “el anciano”. Juan era el más joven del grupo íntimo del Señor Jesús, y ahora, muchos años más tarde, ya anciano, escribía a varias congregaciones pequeñas en la zona de Asia Menor. La primera carta es la más larga y también la más general, probablemente con la intención de que se pasara entre las diferentes congregaciones de creyentes. Las otras dos cartas especifican a quién iban dirigidas; la segunda va dirigida a un grupo de cristianos que se reunía en una casa. Juan les habla del amor de Dios, pero les advierte de algunos que vendrían hablando de Dios aún viviendo en contradicción con la Palabra de Dios; a estos no debían recibir abiertamente, sino que debían comprobar quienes eran en verdad seguidores de la fe cristiana. La tercera carta va dirigida a Gayo, un hombre de otro grupo de creyentes que se congregaban en otra casa. Juan le pide que en el amor de Dios esté preparado para recibir a aquellos que sinceramente vendrían predicando el evangelio. Ambos grupos debían observar y comprobar así que el hablar y el andar de aquellos que llegaban a sus congregaciones fuera digno del Salvador. La primera epístola de Juan es una especie de sermón que repasa las enseñanzas de Cristo. Tanto el contenido como la forma se asemejan al Evangelio de Juan. El apóstol, en esta carta circular presenta a Cristo como Dios, venido al mundo a traer luz y amor. Juan quiere con sus escritos animarnos a vivir según las enseñanzas del Maestro, reflejando su luz y su amor al mundo en el que vivimos. El libro comienza con el siguiente mensaje: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.”El apóstol nos dice desde el principio que nos va a anunciar aquello que había ocurrido y que ellos habían visto con sus ojos y palpado con sus manos. El protagonista principal iba a ser el Verbo de Vida, Jesucristo, la vida eterna que habiendo estado con el Padre había sido manifestada al mundo para salvación. El apóstol también nos da específicamente tres razones por las que estaba escribiendo estas cosas: En primer lugar dice que era para que pudiéramos tener comunión con ellos, los que habían andado y vivido con Jesús. En segundo lugar, dice que escribía para que nuestro gozo fuera cumplido. Más tarde, en el capítulo 5 nos dice que escribía para que creyéramos en el nombre del Hijo de Dios y podamos tener la certeza de que tenemos vida eterna. (5:13; Juan 20:31)Sin duda, las epístolas de Juan son de gran valor para conocer al Dios de la Biblia. Nos presenta el contraste entre la luz y las tinieblas, nos muestra el amor de Dios y nos reta a vivir ese amor con aquellos que nos rodean. En esencia, nos muestra al Verdadero, al Verbo de Vida, el único camino a la vida eterna (5:20). A través del estudio del contenido de este corto escrito, veremos la esencia del Verbo, el único que nos puede otorgar el perdón de pecados y nos ofrece una nueva vida en Él.

  9. 438

    Pedro-167 Siempre preparados

    Siempre preparados¿Alguna vez te han hecho una pregunta sobre Dios o la Biblia que no sabías contestar? Claro que ni tú ni yo nos consideramos teólogos en el sentido más estricto de la palabra, pero basados en la etimología de la palabra, si “teo” significa Dios y “logo” habla de conocimiento, debemos concluir que todos los que conocemos a Dios y estamos creciendo en el conocimiento de Dios podemos considerarnos teólogos crecientes, y deberíamos aprender para poder contestar esas preguntas, algunas sinceras, y otras, hasta malintencionadas. Pedro estaba viviendo una época difícil en Roma. El emperador romano odiaba a los cristianos y quería deshacerse de ellos. Muchos ciudadanos no los veían con buenos ojos, y vemos que grandes números de cristianos habían tenido que salir de Roma para proteger sus vidas. En este clima, leemos que Pedro los anima a predicar el evangelio con sus vidas y a estar preparados para defender su fe cuando alguno les preguntara.  En primer lugar, Pedro les pide que vivan para Dios, andando dignamente, absteniéndose de todo aquello que contradice la santidad de Dios y “manteniendo buena su manera de vivir” (1 Pedro 2:11-12).Pedro, en el capítulo tres describe la actitud que a Dios le agrada, para que cada persona que confiese el nombre de Dios pueda vivir con una conciencia limpia, sabiendo que su andar y su hablar están en concordancia con las Escrituras. En 1 Pedro 3:15 Pedro les dice: “estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.”Incluso en el clima hostil en el que vivía Pedro y estos creyentes a los que las cartas iban dirigidas en primer lugar, podían echar mano de las Escrituras y rogar al Espíritu Santo que les mostrara aquello que Dios ya les había dado en Su Palabra, para poder defender su fe con una conciencia tranquila. Estos cristianos podían soportar persecución injusta sin renunciar a su fe en Dios, porque la Palabra que Dios ha dado es digna de toda confianza. Como leemos en 2 Pedro 1:19-21 “Tenemos (también) la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.El Señor mismo describe en Su Palabra que estos santos hombres de Dios fueron directamente guiados por el Espíritu Santo de Dios, de modo que lo que escribieron es Palabra de Dios. Nosotros podemos confiar en la veracidad de la Biblia, igual que los creyentes que recibieron esta carta de Pedro. Podemos ver cómo las profecías del Antiguo Testamento sobre la primera venida del Mesías se cumplieron perfectamente en Jesús. Esto debería darnos aún más confianza en el resto de las promesas de la Palabra de Dios. Cuando leemos de la segunda venida de Cristo y su victoria final sobre Satanás y el anticristo, podemos tener la certeza de que se cumplirá todo lo que Dios ha dicho en su Palabra. Por lo tanto, como dice el apóstol, debemos tener total confianza en la Biblia y prepararnos para usarla para dar una contestación a las personas que nos preguntan sobre la razón de la esperanza que hay en nosotros. Estos creyentes tenían el Antiguo Testamento y estaban recibiendo porciones del Nuevo. Si ellos en su día tenían todo lo necesario para presentar su fe en Cristo, mucho más nosotros que tenemos la Palabra de Dios completa a nuestro alcance y podemos echar mano de esta cada vez que queramos. Que nuestro andar y nuestro hablar den fe de nuestra relación personal con Cristo. 

  10. 437

    Pedro-166 No te olvides

    No te olvidesSomos propensos a olvidarnos de momentos claves en nuestras vidas, tomando a la ligera favores recibidos, grandes logros personales o momentos memorables. En definitiva, nuevas experiencias nos bombardean y nuestra mente acaba centrada solo en lo que está sucediéndonos en el momento. Por esta tendencia humana, el Señor nos escribe a través de Pedro para decirnos que el que no está creciendo en el conocimiento de Cristo, si es salvo, ha olvidado el regalo que Dios le ha dado. Dice 2 Pedro 1:9: “Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.” (2 Pedro 1:9)¿De qué cosas está hablando? Fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal, amor. El que no vive creciendo en la fe dada por el Espíritu Santo, no puede ver más allá de sí mismo, ha olvidado aquello que ha recibido de lo alto y que debe haber transformado su vida. Es por esto que nos pide que “hagamos firme nuestra vocación.” Es decir, que confirmemos día a día el llamamiento de Dios. En los versículos 12 y 13 vemos que Pedro les quiere ayudar a recordar aquello que han adquirido. Dice así: “Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación;”Pedro amaba a sus hermanos, y mostraba este amor recordándoles las verdades del evangelio. El apóstol había dedicado su vida a compartir lo que había vivido y aprendido a los pies de Jesús. Les había dado a conocer el poder de Cristo y Su prometida venida, anunciada desde antaño por la profecía más segura, inspirada por el mismo Espíritu Santo. Ahora Pedro sabía que le quedaban pocos días de vida, pero mientras tuviera aliento, amonestaría a los creyentes, despertando a los que se estaban durmiendo, trayendo a la memoria el gran regalo de Dios al mundo y todo lo necesario que Dios nos ha dado para triunfar en nuestra vida cristiana. En los versículos 3-4 afirma: “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina.” Participantes de la naturaleza divina; ¿cómo podemos olvidar esto y vivir como los que no han gustado la gracia de Dios? Pero es no solo posible, sino fácil olvidarnos, con todo el ruido que aborda nuestra mente y con todas las distracciones que la vida nos presenta. Es por esto que Pedro dice que debemos poner toda diligencia para mantenernos firmes y adelante. Pedro nos advierte sobre aquellos que desprecian a Dios para seguir lo que su propia carne les dicta, y andan en concupiscencia e inmundicia. 2 Pedro 2:10 les llama “atrevidos y contumaces,” tercos, rebeldes y sin miedo a hablar mal de las potestades superiores. Estos son, según el versículo 17: “ fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre.” Y la Palabra dice que recibirán “el galardón de su injusticia, la perdición.” No quisiéramos ser nosotros los que recibamos tal “premio de maldad” (2 Pedro 2:13-15). Estos que van en contra de las verdades de la Biblia, nos dice el capítulo 3, versículo 5, ignoran la verdad voluntariamente, mas nosotros no tenemos que ser ignorantes. Contemplando tal peligro y la segura venida de nuestro Señor, Pedro escribe estas dos cartas, para que sabiendo la verdad de antemano podamos permanecer firmes. Nos dice en el 3:2 que escribe “para que tengamos memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles.” No olvidemos las palabras de Cristo mismo cuando dijo en Juan 8:32: “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” Tenemos todo lo necesario para crecer. No olvidemos estas verdades. Afirmemos nuestra fe en la verdad del evangelio, y como leemos en el último versículo de las cartas de Pedro, “crezcamos en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.”

  11. 436

    Pedro-165 No te conformes

    No te conformesA veces hay que conformarse, pero es triste ver que a menudo somos capaces de conformarnos demasiado. Nos conformamos con lo que somos y con cómo estamos, porque es más fácil dejar las cosas como están que intentar mejorarlas. El cambio requiere esfuerzo, pero el cambio, si es para bien, vale la pena el esfuerzo. El Señor nos pide que permanezcamos en Él, el cual nunca cambia, pero es su voluntad que haya cambio en nosotros. Nos pide que vayamos transformándonos de gloria en gloria, hasta llegar a la misma imagen de nuestro Señor. Esto es tarea difícil, por no decir que es imposible sin la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. 1 Pedro 1:16 declara:  “Sed santos, porque yo soy santo.” Esta es una meta a la que no creo que podamos decir que hemos llegado, ¿verdad? Para ponernos manos a la obra nos pide Pedro en el versículo 13 que “ciñamos los lomos de nuestro entendimiento.” Los romanos utilizaban túnicas que se mantenían sujetas por el cinto, y cuando uno iba a realizar algún trabajo, debían asegurar bien la túnica para que no les molestara. Pedro pide esto porque al igual que para cualquier trabajo, el trabajo en nuestro interior demanda que nos apretemos el cinturón. El apóstol continúa pidiendo que seamos sobrios, manteniéndonos centrados y serios en cuanto a nuestra tarea, y esperando por completo en la promesa de la gracia que Cristo traerá cuando sea manifestado, dice el texto. ¿Por qué debemos hacer esto? ¿Con qué propósito? Pedro explica que el que nos ha llamado a una vida santa es él mismo santo. “Como aquel que nos llamó es santo, sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir.” (1 Pedro 1:15)Es por este llamado que no podemos conformarnos a nuestros deseos naturales, acomodándonos a lo que somos, y sin mirar adelante.Vamos adelante hacia esta vida santa porque Cristo nos ha rescatado por su sangre, nos ha destinado para salvación, ha purificado nuestras almas, y quiere seguir haciéndolo por medio de Su Palabra viva y eterna. En el capítulo 2 nos dice a los que hemos gustado de la gracia de Dios: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.” Este alimento es Su Palabra. Pedro describe situaciones en las que en lugar de conformarnos a lo natural, podemos permitir que Dios haga un cambio en nosotros para bien. En el trato con otros, Dios pide que mostremos respeto y honra incluso a aquellos que no son agradables, mostrándoles así el amor de Dios. Leemos en 1 Pedro 3:8-9: “sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.” De lo que hemos recibido, damos, confiando en que Dios nos protegerá de todo mal, “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.” (1 Pedro 3:12)Cada persona que se dice llamar cristiana debe buscar la paz y seguirla y debe mostrar respeto a su prójimo, ya sea desde una posición de autoridad o no. A cada uno, en el capítulo 1 de la segunda carta dice el apóstol: “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.”Esto no se cultiva conformándonos a lo que ya somos, sino buscando a Dios día a día. Comenzando por la fe, vamos recibiendo las virtudes que son fruto del Espíritu Santo de Dios a través de la Palabra viva de Dios. Y así, en lugar de ser ociosos, preocupados por nuestra propia agenda personal, iremos creciendo en el conocimiento de nuestro Señor a la vez que somos transformados en su imagen. He aquí el bello plan de Dios para tu vida; he aquí la belleza de la salvación y la santificación. 

  12. 435

    Pedro-164 Manteniendo el buen nombre

    Manteniendo el Buen NombrePedro, en su carta a los cristianos les pide que por su conducta traigan honra a Dios. En el imperio romano el clima social era hostil hacia los creyentes. Había gente que intentaba encontrar en los cristianos razón para destruirlos, por lo que los acusaban falsamente. Pero Pedro, con el deseo de que el nombre de Dios se mantuviera puro les escribe diciendo:“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras. (1 Pedro 2:11-13)Había mucho a lo que no podrían someterse en buena conciencia, pero en todo aquello que no manchara el nombre del Señor, Pedro les exhorta: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana.” Esto incluía a aquellos que hacían las leyes, y de forma mucho más práctica, a los que venían a velar por su cumplimiento, es decir, como nuestras fuerzas policiales. Y Dios les pide que se sometan, no porque las instituciones siempre tuvieran razón o porque Dios aprobara lo que estaban haciendo, sino para que no pudieran encontrar nada de qué acusarlos. Esto no era una petición a los creyentes a que aprobaran todo lo que los gobernadores estaban defendiendo. Los cristianos debían mantener su conducta casta y defender las leyes morales de Dios. Sin embargo, su conducta no debía destacar por la defensa de ciertas posiciones políticas, ni siquiera por la defensa de sus derechos sociales, sino más bien por la defensa de la ley moral de Dios. Esto era duro para muchos. Mas Pedro les recuerda: “Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.En Gálatas Pablo afirmaba que en el fruto del Espíritu no hay condenación. Los cristianos perseguidos podían vivir libremente en el fruto del Espíritu, y Dios se encargaría de su estancia en esta vida y de mantener firme la herencia eterna que les esperaba al pasar a la próxima. Por lo cual Pedro podía decirles sin temor estas palabras que seguro sonaban peligrosas para algunos:“Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.”Estas verdades me las recuerdo a mí misma al mismo tiempo que las comparto contigo, porque sabemos que los que nos dirigen en este mundo, no siempre harán las cosas para nuestro bien, pero recordemos las palabras de José a sus hermanos en Génesis 50:20: “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien.” Podemos honrar a las autoridades, siempre y cuando estemos confiando en que Dios es Soberano sobre toda autoridad humana. Nuestro respeto a las autoridades no significa que estamos de acuerdo con lo que esta persona está haciendo. Al contrario, es nuestra obligación como creyentes ir a Dios, llevándole todas nuestras cargas, incluidas aquellas que nos pueda imponer un gobernante injusto. Pedro, cuando escribía esta carta, ya temía por su vida. Sabemos por la tradición secular que Pedro murió a manos del gobierno romano. Creo que podemos decir que Pedro no estaba conforme con las autoridades romanas. Pero este vivió temiendo a Dios, honrando a todos, amando a sus hermanos, y honrando al rey. Esto lo pudo hacer porque entendía que sobre cualquier autoridad humana reina el Señor, y por causa de Su nombre, podía vivir y morir manteniendo el buen nombre de Cristo.  Examinemos nuestra actitud hacia los que nos rodean. Si tememos a Dios correctamente, Él nos dará lo que necesitamos para honrar como Dios quiere, amar como Él quiere, y en definitiva, vivir como Él quiere. 

  13. 434

    Pedro-163 Las cartas de Pedro

    Las cartas de PedroSi hubieras tenido que salir del lugar donde vivías porque había inestabilidad política y social, y hubieras además huído de un clima de persecución por tus creencias, seguro que recibirías con gratitud una carta de ánimo. Las cartas de Pedro iban dirigidas en primera instancia a los cristianos que habían sido dispersados por las diferentes regiones de lo que ahora es Turquía. Roma estaba revuelta y moralmente corrupta. Había llegado a tal punto que los judíos se referían a esta con el nombre de Babilonia, haciendo memoria de la ciudad corrupta de antaño. Pedro les escribía con la ayuda de Silvano, como leemos en 1 Pedro 5:12. Este era posiblemente el mismo Silas que acompañó al apóstol Pablo en sus viajes misioneros y que habría ayudado a establecer algunas de estas congregaciones formadas por gentiles y judíos. El ministerio de Pedro había sido mayormente a los de etnia judía, pero vemos que Pedro se dirige aquí, a través de Silvano, un hermano que había dado su tiempo y dedicación junto con Pablo para presentar el evangelio a los gentiles, y anima tanto a judíos como a gentiles que habían reconocido a Jesucristo como Señor a vivir la fe cristiana a pesar de las dificultades que estos estaban viviendo, y a no seguir la conducta de “los gentiles”, refiriendose a aquellos que vivían su vida independientemente de la ley moral de Dios. Pedro les recuerda a los destinatarios desde el primer saludo de su carta, que habían sido “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo.” No eran prófugos que no tenían quien los defendiera. Dios estaba al tanto de su situación y estaban cubiertos en Cristo. En Roma, los cristianos ya estaban sufriendo abiertamente a manos de un gobierno corrupto que se había declarado abiertamente en contra del Dios verdadero. La persecución ya había comenzado a notarse en las regiones romanas de Asia Menor, y los cristianos ya estaban siendo perseguidos. Pedro les recuerda que aunque por un poco de tiempo serían afligidos, en Cristo les esperaba una herencia incorruptible que duraría eternamente. Esta esperanza viva había sido prometida al pueblo de Dios por los profetas, y Dios la había extendido a todo aquel que creyera en Cristo como Señor.  En 2ª de Pedro les confirma que el Señor vendría, como había prometido. La esperanza de la que hablaba al comienzo de la primera carta se mantenía en la segunda carta, y se mantiene hasta hoy día. No podemos ignorar lo que leemos en el capítulo 3 versículo 8, “para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.” El Señor no ha venido, pero Él cumplirá su promesa. Descansando en esta herencia que nos espera, podemos, al igual que los cristianos del primer siglo, vivir según la voluntad de Dios, y no seguir las corrientes que van y vienen. Sí, en los momentos de frustración podemos preguntarnos, ¿por qué no viene ya? ¿a qué espera? Nos contesta el versículo 9: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”La razón por la que Cristo aún no ha venido es porque todavía hay gente que no ha creído, pero que va a creer; va a arrepentirse de su error, y acercarse al Salvador. Puede que seas tú a quien espera, o puede que sea a un ser querido tuyo. Pero no va a esperar para siempre. Sabemos que un día descenderá, y aquellos que confían en Cristo irán a morar con Él en gloria. Pedro acaba su segunda epístola animando a sus lectores a examinarse y guardarse, no vaya a ser que sean “arrastrados por el error de los inicuos,” y les exhorta diciendo: “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

  14. 433

    Santiago-162 ¿Hacedores o jueces?

    ¿Hacedores o jueces?La epístola de Santiago presenta dos tipos de personas, los hacedores y los jueces. En el capítulo cuatro, versículos 11 dice: ”Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez.”En el capítulo 1, versículo 22 nos instaba a ser hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores. Luego, en el capítulo 3, versículo 11 nos reta diciendo : “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.”Aquel que es un hacedor, se hace notar, no por su palabrería, sino por su conducta justa, que refleja el carácter de Dios. Pero todos corremos el riesgo de convertirnos en jueces, más que hacedores. Pensamos que somos dignos de analizar la conducta de otros y decidir si ellos están cumpliendo las leyes de Dios. Con esto no me refiero a la evaluación continua de nuestro andar con Dios con ánimo de avanzar y ayudar a otros en el camino, sino a la actitud que dicta sentencias contra otros al mismo tiempo que se enorgullece de su propia conducta piadosa.Esta actitud nos lleva a murmurar contra otros cristianos, ya sea en voz alta o internamente. Santiago nos advierte que cuando hacemos esto, no estamos siendo hacedores, sino que nos hemos ascendido a nosotros mismos al puesto de juez. Y nos reprende el versículo 12 del capítulo 4 diciendo:  “Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?”Esta actitud de jueces nos lleva a pensar que nosotros somos más sabios, comparándonos con otros. Produce celos y contiendas que nos llevan a pecar. Nuestras pasiones, nuestros juicios, nuestra propia sabiduría personal nos lleva a crear conflictos interpersonales en lugar de buscar la paz y llevar a otros a que conozcan a Dios, el único que les puede salvar. En el capítulo 3 se nos advierte:“Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.”Saniago 4:1 nos explica el origen de los conflictos:“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.”En lugar de mantenernos limpios de la supuesta sabiduría de este mundo, caemos en el juego del maligno y dejamos que nos persuada. Sin embargo, la salida de esta actitud la tenemos en el mismo texto. Dicen los versículos 6-8:“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.”Con esta actitud de humildad, resistiendo la soberbia diabólica que quiere apoderarse de nosotros, podemos acercarnos a Dios para oír y hacer su voluntad. Cuando nos declaramos hacedores, dejamos de juzgar y ponemos todo nuestro esfuerzo en tener buena conducta y ayudar a otros a que sigan el camino de la fe. El libro de Santiago acaba con una preciosa verdad que nos anima a vivir así. “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.” (Santiago 5:19-20)Esto lo podemos hacer cuando somos hacedores y no jueces. Vivamos así, tengamos paciencia y afirmemos nuestros corazones, nos dice Santiago 5:8; “porque la venida del Señor se acerca.”

  15. 432

    Santiago-161 Como en un espejo

    Como en un espejoSi en el versículo 19 del primer capítulo el apóstol nos pedía que fuéramos prontos para oír, en el 22 nos deja claro que primeramente debemos prestar oídos atentos y dispuestos a lo que Dios tiene que decirnos. Santiago nos reta a desechar inmundicia y recibir la palabra dada por Dios, esto es, la Biblia. Pero no nos reta solo a oírla, sino a ponerla en práctica. Dice: “sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”Una vez más, Santiago nos recuerda lo fácil que es engañarnos a nosotros mismos, creyendo que estamos bien, cuando en realidad, tenemos un problema. No solo no atendemos al mensaje, sino que nos hacemos maestros a nosotros mismos, proclamando nuestra propia teoría y enseñanza. Esto no es de sabios, y Dios advierte que solo trae condenación. Santiago compara al que oye la Palabra y no la hace, con alguien que se mira en un espejo, ve que está despeinado y sucio, y considerando la cruda realidad, se da la vuelta y se marcha sin arreglarse. Sin embargo, el versículo 25 nos muestra la mejor opción, esto es, mirarse, ver lo que hay que cambiar, y arreglar estas cosas que hemos percibido al atender a la Palabra. Dice: “Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.”Bienaventurado, afortunado o dichoso; el que escucha atentamente a la voz de Dios, y no esconde sus problemas detrás de discursos vanos será dichoso, porque estará dejando que Dios obre en él y a través de él. Vimos en la reflexión anterior que desacreditamos a Dios cuando abrimos nuestra boca para maldecir a Dios o a otros. El capítulo 3 nos advierte del peligro de usar nuestra lengua inconstantemente, repartiendo bendición ahora y un minuto más tarde derramando inmundicia. Del mismo modo, nos dice el capítulo 2 que desacreditamos a Dios cuando hacemos acepción de personas, prefiriendo a unos cuando nos conviene y desechando a otros que nos incomodan. Santiago 2:8-9 dice: “Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores.” ¿Como podemos decir que somos buenos oidores, si al oír de Dios que debemos amar al prójimo y compartir con ellos a Cristo, decidimos quien merece nuestra atención y quien no es digno de esta?No vale decir que somos buenos oidores cuando no estamos dispuestos a obedecer lo que Dios ha dicho en su Palabra. Si decimos que somos cristiano pero no vivimos según su voluntad, estamos dando mensajes contradictorios. “La fe sin obras es muerta” nos dice Santiago, porque “la fe se perfecciona por las obras”.  Entendamos bien que las buenas obras no nos “cancelan” el pecado, pero debemos dudar de una fe que no se demuestra en la conducta personal. Nuestra vida debe reflejar la imagen de Dios.La Palabra de Dios es como un espejo que Dios nos ha dejado. Cuando nos ponemos delante de su Palabra Dios nos muestra nuestra condición real, tal como Él nos ve. Tenemos entonces dos opciones; o vamos a Él y dejamos que nos transforme a su imagen, día a día, poco a poco, o nos damos la vuelta, ignorando lo que nos está mostrando, y vamos por nuestro propio camino, endureciendo nuestros corazones y alejándonos de aquel que puede darnos la salvación del alma. El espejo en sí no nos cambia, pero sí nos muestra la perfecta imagen del Salvador y nuestras imperfecciones. Nos presenta también el proceso de la transformación. Es necesario que nos miremos cada día en el espejo que Dios ha provisto, para que el Espíritu de Dios nos vaya transformando. En la segunda carta a los Corintios el apóstol Pablo lo expresaba de esta forma:  “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”Sigamos adelante, de gloria en gloria, hacia la imagen misma de nuestro Señor. Gracias a Dios por su Palabra y por la obra de su Espíritu en nuestras vidas.

  16. 431

    Santiago-160 Prontos para oír, tardos para hablar

    Prontos para oír, tardos para hablarAlguien ha dicho que Dios nos ha dado dos oídos, pero solo una boca, para que escuchemos más de lo que hablamos. Santiago, como buen libro de sabiduría, nos dice en el primer capítulo  “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.” (1:19-20).En el contexto del primer capítulo, Santiago está hablando de nuestra reacción ante Dios cuando no entendemos sus propósitos. Nos es fácil quejarnos de las pruebas que experimentamos en esta vida. Pero hacemos bien en frenar nuestra lengua y aprender a escuchar a Dios. Este principio también opera en nuestras relaciones interpersonales, como nos muestra Santiago especialmente en el capítulo 3. Todos hemos experimentado esa sensación que queda después de haber dicho lo que no debíamos en un momento de descuido o frustración. Solemos ser muy rápidos a la hora de defendernos o excusarnos. Al mismo tiempo somos capaces de condenar a otros con nuestras palabras. Pero como hemos leído en el texto, nuestra ira nunca obra la justicia de Dios. Como regla general, somos sabios cuando tardamos en responder, cuando escuchamos atentamente y con paciencia, y luego consideramos nuestra reacción antes de abrir la boca. Por eso Santiago dice: “Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.”Podemos caer en el error de profesar fe en Dios, y al abrir la boca, desacreditar al Dios justo y amoroso que profesamos.  El capítulo 3 de Santiago nos muestra que podemos deshonrar a Dios cuando usamos nuestra lengua para maldecir o herir a otros.La manera más fácil de ofender es con nuestra lengua. Dice el texto: “ todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.”Es demasiado fácil abrir la boca y dejar que salgan palabras que dañan. Como dice el texto, si existiera alguien que nunca ofendiera con su lengua, sería una persona perfecta. Sin embargo, encontramos que esta lengua con la que alabamos a alguien en un momento dado, es capaz de herir incluso a aquellos que más amamos.  Santiago 3:9-10 declara: “Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.”Santiago nos da ejemplos del poder de la lengua. La asemeja al freno que ponemos en la boca del caballo, y que nos permite controlar todo el cuerpo. Nos pone también el ejemplo del timón en un barco, un pequeño instrumento que controla toda la embarcación. Así, del mismo modo, este miembro tan pequeño de nuestro cuerpo puede condicionar cómo nos conducimos y cómo somos vistos por los que nos rodean. Santiago compara la influencia de la lengua con la de una pequeña llama. Hemos visto los grandes fuegos que puede ocasionar una colilla mal apagada. Y del mismo modo, una lengua que no está bajo el control del Espíritu Santo, puede causar incendios que destruyan amistades e incluso alejen a la gente de Dios. Notemos la incongruencia. Con ella bendecimos, y con ella maldecimos. Imagina que llegas a una fuente de agua dulce, pero hoy ha amanecido mal y solo da agua amarga. Si la fuente es impredecible, no podemos fiarnos de su pureza. La sabiduría de Dios se hace evidente en el cristiano que escucha la Palabra de Dios y la hace. La verdadera religión se evidencia en una vida controlada por el Espíritu Santo. Así que si vamos a proclamar el nombre de Dios, cuidemos nuestra lengua, para no desacreditar a nuestro Salvador. Aprendamos a escuchar más y pidamos a Dios que controle nuestra lengua para que lo que salga de nuestra boca refleje correctamente el carácter de nuestro Señor.

  17. 430

    Santiago-159 Los regalos de Dios

    Los regalos de Dios ¿A quién no le gusta recibir regalos? La Biblia nos enseña que debemos ser agradecidos, ya que no hay nada de lo que tenemos que no nos haya sido dado. Dios nos ha dado multitud de regalos, y todos, todos pueden considerarse buenos. Esta es la afirmación que encontramos en Santiago 1:17 “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”Lo que vemos aquí es que todo lo bueno que recibimos, viene de parte de Dios, y todo lo que desciende de Dios es bueno. Ahora bien, esto no parece cierto en muchas ocasiones. Es fácil percibir las cosas que Dios permite en nuestras vidas como malas, pero eso es engañoso. Es por esto que el versículo anterior a esta afirmación advierte: “Amados hermanos míos, no erréis.” Nos equivocamos cuando calificamos de malo algo que Dios permite en nuestras vidas. Es cierto que cuando estamos pasando por situaciones difíciles, nos cuesta creer que un Dios bueno podría permitir que aquellos que le aman sufran adversidad. Sin embargo, en ningún momento nos ha prometido Dios que si le seguimos estaremos libres de sufrimiento. Al contrario; Jesús dijo a sus seguidores:  “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33b)No nos engañemos ni caigamos en el error de pensar que alguien que nos ama nos libra de toda dificultad. Nunca funciona así. El entrenador que quiere que su discípulo mejore su marca le hará pasar por ejercicios graduados para que a través de la dificultad supere su forma personal y mejore los resultados. El profesor que quiere ayudar a su alumno a mejorar, le preparará ejercicios que al momento no parecen ni provechosos ni agradables, pero lo hace sabiendo que el resultado será motivo de alegría y satisfacción. Por eso Santiago dice en los primeros versículos del primer capítulo:  “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.”Está diciendo justo esto; cuando pasemos por las pruebas que ciertamente vendrán, considerémoslo un motivo de gozo, no por estar en la situación de prueba en sí, sino por lo que ésta producirá en nosotros. El apóstol sabe que para tener esta actitud necesitamos paciencia y confianza. Al soportar la prueba con buena actitud, desarrollamos aquello que en el momento parece que nos falta. Y así, prueba a prueba, llegaremos al resultado que Dios ha dispuesto, que vayamos siendo transformados más a Su imagen, sin que nada nos falte de su parte. Dios nos ha dado todo lo que necesitamos. El versículo 18 nos anima con esta verdad: “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” Llegamos a ser sus hijos por el nuevo nacimiento en Cristo. Y lo que Dios comienza, siempre lo lleva a buen fin. Los regalos de Dios son buenos, son completos, y además, los da sin reproche. ¿Te han dado alguna vez algo con condiciones, y que además luego han venido para echártelo en cara? Esto es lo que Satanás hace siempre. Él da para engatusar, y luego viene para culpar y demandar. Debemos huir de los que así dan. Dios da de Su amor a la humanidad. Nos ha dado vida, ha provisto salvación, y nos regala su gracia para cada día. Santiago 4:6 al 10 dice: “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.”¡Hay motivo de gozo! ¡Él te quiere exaltar! Deja lo que te impide disfrutar de los regalos de Dios, ven a Él humildemente, trayendo ante Dios todo aquello que te ata, para ser purificada, y deja que Su gracia transforme tu corazón y tu vida. Nunca te arrepentirás de recibir sus regalos.

  18. 429

    Santiago-158 La epístola de Santiago

    La epístola de SantiagoAntes de que Jerusalén fuera destruida en el año 70 de nuestro Señor, los judíos ya empezaban a dispersarse por la diáspora. Santiago, al igual que el autor de Hebreos escribe a estos judíos dispersados, compartiendo la sabiduría que viene directamente de Dios. En esta carta que está dividida en 5 capítulos tenemos lenguaje que nos recuerda al libro de los Proverbios del sabio rey Salomón o las enseñanzas de Jesús en el sermón del Monte. Santiago comienza el libro con una llamada a los que leerían su carta “Si alguno tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5)Eso es un gran ofrecimiento. Todos nos hemos encontrado en situaciones en las que no estamos seguros cómo debemos actuar, pero vemos la promesa de que si tenemos una relación con Dios, podemos ir a él en busca de sabiduría. Sin embargo, Santiago nos advierte del peligro de ir a Dios dudando de si en verdad lo que tiene para nosotros es en realidad la mejor opción. Dice que el que viene a pedir, que “pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la ola del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7).Y es que Dios ya ha dicho que el que viene a Dios, debe creer en Él. Si vamos a Dios tan solo por curiosidad para ver lo que tiene que decir, con la intención de decidir nosotros mismos si lo que me dice me gusta o no, mejor no ir a Él. El versículo 8 nos dice que “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.” Si vamos de un lado a otros como la ola del mar, nuestro rumbo es incierto. En esta vida los vientos cambian a menudo, y si no estamos arraigados en Cristo, iremos de un lado para otro según el viento sople. Por eso necesitamos atender a la Palabra de Dios, porque en la Biblia es donde encontramos la sabiduría divina. “Por lo cual”, nos dice el versículo 21, “desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.”En el versículo 27 se nos deja bien claro que la verdadera religión es “guardarse sin mancha del mundo,” y mostrar nuestra fe a través de nuestro amor hacia otros. Santiago es muy directo en cuanto a esto, diciendo: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” Una vez más, si venimos a Dios pidiendo dirección y no estamos dispuestos a poner su enseñanza en práctica, estamos perdiendo el tiempo y condenándonos a nosotros mismos. El capítulo 3 es el centro del libro; nos presenta la diferencia entre la sabiduría de este mundo y la sabiduría de lo celestial. La terrenal busca nuestro propio bien, produciendo contiendas, celos jactancia y engaño. Sin embargo, la sabiduría de Dios es “pura, pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.” Una trae conflicto y la otra trae paz (3:13-18).Santiago nos ofrece verdades prácticas que deben ser evidentes en la vida del cristiano. Si hemos confiado en Cristo y vamos constantemente a Dios para recibir instrucción, debe haber una evidencia clara en nuestro andar diario. Así que, pongámonos a prueba personalmente, y pidamos a Dios que nos muestre a través de la lectura de Su Palabra dónde nos encontramos en nuestro andar con Él. Y a partir de ahí, vivamos la verdad, y compartámosla con otros, para que ellos también vayan a Cristo, aquel que puede salvar su alma. (5:20)

  19. 428

    Hebreos-157 La fe en práctica

    La fe en prácticaEl libro de Hebreos acaba con una sección de enseñanza práctica, ya que la fe, como hemos estado viendo, se debe mostrar en el día a día. Este es también el tema principal de la epístola de Santiago, el cual dice básicamente “¡Tú que dices que tienes fe, muéstrame tu fe por tus obras!”Como nos dice Hebreos 13, y luego también encontramos en las cartas de Juan, el cristiano ha de brillar por su amor al prójimo. Si la salvación deriva del amor de Dios al mundo, el amor debe permanecer y mostrarse en nuestras vidas. Juan 3:16 dice que “de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” ¿Que estamos dispuestas a dar nosotras para que alguien escuche y obtenga esta vida eterna por la que Cristo vino y padeció?Leemos en Hebreos 13:15-16:  “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.”Dios ya ha dejado claro que no desea sacrificios, y aquí leemos que si estamos dispuestas a ofrecer, ofrezcamos alabanza, dando gracias a Dios por lo mucho que nos ha dado. Si queremos agradar a Dios, hagamos el bien y ayudémonos unos a otros. Porque nos dice la Palabra que esto es lo que de verdad agrada a Dios. ¿Cómo puedo mostrar al mundo el amor de Dios? Amando al prójimo. El Señor nos pide que ejercitemos la hospitalidad, que demos de lo nuestro, para que otros puedan conocerle a Él. Hace poco leíamos un libro que decía que el evangelio viene con la llave de tu casa. Trataba del tema de abrir nuestros hogares y nuestras vidas a aquellos que tienen necesidad de Cristo. Verán así en nuestras vidas al Cristo de quien hablamos.Además de mostrar a Cristo con el amor hacia otros, mostramos a Cristo incluso en la forma en que nos relacionamos con los más íntimos. El texto enfatiza la importancia de mantener un matrimonio puro y vibrante. Recordemos que Dios ha instituido el matrimonio como una representación de la relación entre Cristo y su iglesia. ¡Qué mejor forma de mostrar a Cristo al mundo que a través de una buena relación matrimonial.Nuestra propia actitud también, día a día muestra la obra de Cristo en nuestros corazones. La avaricia y la ingratitud no caben en la vida del cristiano. Si el Señor es el que nos ayuda y nos sustenta, no hay lugar para el miedo o la codicia. Con Cristo podemos disfrutar de plena satisfacción, porque Él no nos dejará ni nos desamparará. ¡Qué importante es vivir la vida cristiana sabiamente! Esto es responsabilidad de cada uno. Muchas veces cuando fallamos, buscamos excusas o echamos la culpa a otros por nuestras acciones o reacciones. A veces miramos a aquellos que llevan más tiempo que nosotros en la fe, y cuando fallan en algo, lo usamos como excusa para descuidar nuestro andar. El texto en Hebreos 13 menciona varias veces a los líderes de la iglesia. Pide que observemos la conducta de los que nos enseñan los principios que Dios ha dado en Su Palabra, mas nos dice en específico que imitemos su fe. Es decir, si estos están viviendo la vida como Dios quiere, es por la obra de Cristo en sus vidas. Y así debemos nosotros desear vivir esa misma fe en Cristo en cada aspecto de nuestras vidas. Esta es la voluntad de Dios para nosotros aquí en la Tierra. Sin embargo, no debemos olvidar que esta vida, ni es perfecta, ni es duradera. Por este motivo el versículo 9 nos advierte del peligro de doctrinas extrañas, de enseñanzas y prácticas que nos apartan de la voluntad de Dios. Si alguien te anima a creer o hacer cosas que van en contra de la fe cristiana revelada en la Biblia, es tu responsabilidad buscar a Dios y seguir su voluntad de acuerdo a lo que su Palabra enseña. Si observas que alguien a tu lado no está viviendo según la fe, anímale tú, y no te desanimes por sus hechos. Este mundo en que vivimos no es donde pasaremos la eternidad. Los cristianos esperamos una ciudad eterna, la cual no perece, nos dice Hebreos. Vivamos, anhelando esa ciudad, y a través de nuestro sacrificio vivo a Dios, mostremos al mundo el camino a la ciudad eterna.

  20. 427

    Hebreos-156 La disciplina es provechosa

    La disciplina es provechosa¿A quién le gusta la disciplina?  No sé, depende, supongo. La disciplina en sentido positivo implica enseñanza, guía, dirección para ayudarnos a llegar a un buen fin. Pero debemos admitir que la disciplina implica a menudo corrección, y en ocasiones si el caso lo requiere, castigo. El propósito de la disciplina, sin embargo, debe siempre ser el bien del que la recibe. Un castigo sin ánimo de ayudar a aquel que lo recibe no se puede considerar disciplinario, si no da posibilidad de restauración.  Sería este meramente punitivo y sin un fin educativo. Muchas veces este castigo sirve para que otros vean las consecuencias de una acción y se mantengan lejos de tal comportamiento. En ese caso tiene un sentido positivo para otros, aunque no para el sujeto en sí. Quisiera tratar aquí la disciplina en el sentido formativo, es decir aquella que tiene como fin mejorar a la persona objeto de la disciplina. La palabra disciplina está relacionada a la palabra discípulo. Un discípulo es un alumno, alguien que está aprendiendo. Así, el que enseña imparte una disciplina. De hecho utilizamos la palabra disciplina para hablar de una asignatura o área de conocimiento. Pensemos en la disciplina como un aprendizaje, no solo teórico, sino mayormente práctico. La disciplina de la que habla Hebreos es esa corrección que nos conviene cuando nos desviamos de la enseñanza que queremos conseguir. Así, cuando alguien nos disciplina de este modo, deberíamos verlo como algo bueno, necesario y provechoso. Hebreos 12:11 dice: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.” La disciplina ocurre en primer lugar en el ámbito del hogar. Cuando un bebé nace, los primeros responsables de su educación son sus padres. No pasa mucho tiempo hasta que estos comienzan a guiar al niño en el camino en el que ha de ir. Es por esto que no dejamos que nuestros pequeños alcancen el objeto punzante que quiere, o que se meta a la boca cualquier cosa que encuentra en el suelo. Aunque el pequeño llore al no poder salirse con la suya, la disciplina es provechosa y lo protege de peligros y daños. Hebreos compara la disciplina del Señor con la de los padres en los versículos 9 y 10:“Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.”Está admitiendo que nuestros padres terrenales, aunque bien intencionados, no aciertan al 100% en sus decisiones y correcciones, y además, no nos disciplinan durante toda nuestra vida. La disciplina del hogar tiene su propósito y su tiempo, y llega el día en que esta ya no tiene efecto en nuestras vidas. Sin embargo, la enseñanza y la corrección del Señor es perfecta y duradera. Dios disciplina a los que son suyos, y su disciplina demuestra una relación con él.Del mismo modo que una madre disciplina a sus hijos, pero no se dedica a disciplinar a los que no son suyos (a nadie le gusta que le llame la atención un extraño), Dios no suele disciplinar a los que no son suyos. Si notas la disciplina del Señor, da gracias. Si en algún momento tienes la sensación de que otros pueden hacer lo que quieren y las cosas les van bien y no se sienten mal; pero a ti te da la impresión de que cuando tú haces lo mismo todo se “vuelve en tu contra” y no tienes paz interior, da gracias que Dios te guarda y te guía. No va a dejar a uno de sus hijos desviarse sin antes darle un toque de atención. Dice Hebreos 12:7-8:  “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.”Queremos ser contados entre los hijos de Dios, aquellos que conocen Su nombre y a los que Dios conoce. Leemos en el capítulo 12 que cuando nos acercamos a Dios, no nos acercamos al monte Sinaí, donde la presencia de Dios era fuego consumidor. A tal monte era imposible acercarse y salir con vida, mas nos dice Hebreos que nos acercamos al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.” Por Cristo nos acercamos al pacto que da vida, y cuando nos instruye y nos corrige, lo hace firmemente, pero con amor. ¿Cómo podría alguien rechazar tal disciplina? El texto continúa advirtiendo en cuanto al peligro de desechar la corrección. Si nos resistimos a la amonestación y continuamos en nuestro camino erróneo, nos puede pasar como a Esaú, el cual cambió la bendición duradera por un placer momentáneo cuando vendió su primogenitura por un plato de potaje, y nos dice el texto que no tuvo oportunidad de rectificar. “Mirad que no desechéis al que habla, (dice Hebreos). Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.”  Hebreos 12:25, Aquel que conmovió la Tierra, conmoverá también los cielos. “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor.” (28-29)Dios el Todopoderoso nos disciplina con amor, como un padre a su hijo que ama, deseando lo mejor para nosotros. Entonces, aprovechemos esta disciplina. Prestemos atención a sus instrucciones y correcciones para que podamos disfrutar paz y gozo verdadero. 

  21. 426

    Hebreos-155 Héroes de la fe

    Héroes de la fe“Tienes que tener fe,” hemos oído decir. Lo cantan cantantes populares, lo vemos afirmado en el cine, y lo recibimos del consejo de nuestros amigos y conocidos. Pero, ¿qué es la fe?La Real Academia de la Lengua Española tiene varias definiciones, entre ellas las siguientes: “Confianza, buen concepto que se tiene de alguien o de algo”“Creencia que se da a algo por la autoridad de quien lo dice o por la fama pública.”“Seguridad, aseveración de que algo es cierto.” En relación a la religión, dice: “virtud teológica que consiste en el asentimiento a la revelación de Dios, propuesta por la Iglesia.”Esta última definición no me convence, ya que propone que es asentir a la revelación de Dios, es decir, Su Palabra, pero propuesta por la Iglesia con mayúscula, refiriéndose a una institución humana. Da a entender que la fe cristiana es asentir a lo que un grupo de personas ha determinado que es la revelación de Dios. Prefiero adherirme a la idea de que la revelación de Dios ha sido propuesta directamente por Dios. Mas que todas estas definiciones, me quedo con la definición dada en Hebreos 11: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Nos dice aquí que la fe es una certeza. Esto coincide con la definición anterior de confianza, seguridad, aseveración de que algo es cierto. Cuando uno dice que tiene fe en el médico, está aceptando a este como una autoridad en su campo y está depositando su confianza en este para tratamiento. Notemos que es una confianza en algo que se espera. Es decir, que todavía no lo tienes, o al menos no lo tienes plenamente. Cuando uno trabaja, rara vez cobra antes de empezar; normalmente lo hace por fe, basado en la certeza de que al final del mes, se te pagará por el trabajo realizado. Prácticamente podemos decir que todos vivimos depositando nuestra fe en algo o alguien. Cada vez que nos sentamos, estamos ejercitando fe en la silla que nos sostendrá. Normalmente no dudamos de si nos podrá sostener o si nos caeremos al sentarnos. Podríamos afirmar que estamos demostrando fe constantemente. La segunda parte de la definición afirma que la fe es una convicción, convicción de lo que no se ve. Las convicciones que tenemos condicionan nuestro comportamiento. Si estamos convencidos de que el aire que respiramos es sano y no corremos peligro al inhalarlo, lo haremos de forma abierta y segura. Si dudamos de ello, nos protegeremos para no inhalar aquello que nos puede dañar. Si no estamos convencidos de la honestidad de una persona, no dejaremos nada de valor a su cargo. La fe es una convicción en algo que no se ve, o no se ve aún, y que nos lleva a actuar de una forma u otra. El capítulo 11 de hebreos recoge el testimonio de personas a lo largo de la historia que por su fe actuaron de forma heróica. ¿Tenían estos mucha fe? En los evangelios Jesús afirmaba: ”si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible” (Mateo 17:20).  Quizá la cuestión no es la cantidad de fe, sino el objeto de la fe. ¿Fe en quién? ¿Fe en qué?Hebreos 11:3 afirma: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”En primer lugar, estos héroes, al igual que nosotros, podían descansar seguros en la certeza y la convicción de que el universo en que vivimos fue hecho de lo que no se veía, por la palabra directa de Dios. Si no podemos creer lo que Dios ha revelado en su Palabra, de principio a fin, no podemos decir que creemos en Dios. Cuando no podemos confiar en la palabra de alguien plenamente, no podemos depositar nuestra segura confianza en esta persona. Abel, Enoc, Noé, Abraham, Sara, Isaac, Jacob, José, Moisés, Rahab, Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas, una lista extensa pero no exhaustiva, actuaron según una convicción, y esta es que Dios es quien dice que es. Cuando vinieron las situaciones difíciles, en momentos de incertidumbre, la verdad de Dios les permitió seguir adelante, perseverando en aquello que no podían ver, pero que era seguro. Lee el capítulo entero para contemplar aquello que estos héroes sufrieron, y aún así no perdieron la certeza y convicción en lo que Dios les había prometido. Y es que como leemos en el versículo 6, “sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”Por tanto, como nos anima el capítulo 12, “nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”¿Qué te está pidiendo Dios hoy? Dudo que sea comparable a lo que estos héroes y otros en la historia han vivido y están viviendo a día de hoy. Si la voluntad de Dios para mí es mi propia salvación y mi santificación, ¿qué es lo que me frena? Si lo único que Dios quiere de mí es que yo lo conozca y que le siga con convicción y confianza, ¿a qué estoy esperando? Debo decir como profetizaba el salmista de Jesús el Mesías (Salmo 40:8; Heb. 10:7):   “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón.” 

  22. 425

    Hebreos-154 De una vez por todas

    De una vez por todasLos capítulos 8-10 de Hebreos profundizan sobre la idea de que nuestro gran sacerdote, Cristo, el cual, como ya hemos visto es nuestro perfecto representante ante Dios, no tuvo que ofrecer sacrificios múltiples como lo hicieron los sacerdotes antes que él, sino que ofreció un sacrificio que sería suficiente para abolir la práctica de los sacrificios para siempre. ¿Cómo fue esto posible? El contenido de estos capítulos es profundo, pero una lectura detenida de estos deja clara la obra de Cristo y cómo pudo, de una vez por todas, resolver el problema entre la humanidad y Dios. Desde que el hombre decidió pecar, al desobedecer el mandamiento de Dios, todos, en cualquier momento y cualquier lugar somos culpables de pecado. No hay nadie que haya vivido la vida conforme a los estatutos de Dios y sin fallar en algún detalle. Dios ha proclamado que la paga del pecado es muerte. El pueblo hebreo tenía un sistema de sacrificios que permitía que cada cual pudiera “pagar” del perdón de sus pecados a través del sacrificio de un animal puro. En realidad, la sangre de un animal nunca podría cancelar el pecado, sino que era más bien una representación de la sangre del Cordero de Dios que vendría a quitar el pecado del mundo.  El sacrificio de animales era una práctica que mostraba la necesidad de perdón, pero no era suficiente. Etos sacrificios se debían llevar a cabo vez tras vez, e incluso el sacerdote debía ofrecer primeramente por sus propios pecados. Dios había diseñado un tabernáculo donde su pueblo podía ofrecer estos sacrificios y venir a su presencia. En el Pentateuco Moisés describe las instrucciones que recibió de parte de Dios sobre cómo se debía construir el tabernáculo. El capítulo 9 de Hebreos nos describe esta estructura que viajaba con el pueblo hebreo; tenía una zona donde el sacerdote se podía lavar para entrar puro al Lugar Santo. Aquí podían entrar los sacerdotes, después de haberse purificado. Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto; y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio” nos dicen los versículos del 3-5. A esta zona solo podía entrar el sumo sacerdote, y este solo una vez al año. Claramente, tenías que ser muy especial para entrar a la misma presencia de Dios, y además prepararte al detalle. Cuando los hebreos por fin tuvieron su tierra, el rey Salomón edificó el primer templo, el cual tenía estas mismas secciones. Al Lugar Santísimo, la misma presencia de Dios, solo podría entrar el sumo sacerdote una vez al año, como indica el texto. Dios había establecido este pacto antiguo con limitaciones. De este modo, podríamos apreciar un nuevo pacto que estaba por venir. Hebreos 8 nos dice, “Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.” Este nuevo pacto que Dios había prometido no sería como el pacto que Dios había dado a sus padres en el desierto. Dice el texto que en el nuevo pacto la ley no estaría escrita en tablas, sino grabada en nuestra mente y nuestro corazón. “Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo;” dice el versículo 10. Y dice además “Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.”A través de la ley podemos reconocer nuestros fallos y nuestra incapacidad de cumplirla completamente y en todo momento. Mas gracias al nuevo pacto, podemos recibir a Cristo en nuestro corazón y recibir el perdón de todas nuestras injusticias de forma que Dios nunca se acuerde de nuestros pecados. Siglos más tarde, el gran sumo sacerdote prometido, aquel cuyo linaje no era de la tribu de Leví, el Mesías que podía representar al ser humano de forma perfecta ante Dios, porque era hombre y era Dios, vino a cambiar todo este sistema que conformaba el antiguo pacto. Este Jesús por su sangre derramada en sacrificio por nuestros pecados, dice el versículo 9:18 “limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo.”  Según nos dice el capítulo 10, lo que la sangre de los sacrificios a través de los siglos no pudo jamás lograr, Cristo lo consiguió en un solo sacrificio. Por medio de un sacrificio único tenemos la herencia de la vida eterna,“porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:14). Cristo, ha pagado de una vez por todas el precio de nuestra libertad, la limpieza de nuestras conciencias. Ahora somos libres de culpa, no por algo que hayamos hecho nosotras, sino porque Cristo, en el momento de su muerte rasgó el velo de separación entre Dios y el ser humano. Hay acceso al Lugar Santísimo; en Cristo, la puerta está abierta a la presencia de Dios. Cristo está sentado a la diestra de Dios Padre, y todo el que acepta el sacrificio de Cristo como suyo tiene acceso directo para siempre. Esa es la mejor noticia que nos pueden dar en cualquier momento. Por tanto, concluye el capítulo 10, puesto que tenemos esta libertad y tal representante, “acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.”A Él sea la gloria por todos los siglos. Amén. 

  23. 424

    Hebreos-153 Perseverando hasta el fin

    Perseverando hasta el finEn el capítulo 2 de Hebreos se nos advertía sobre el peligro de descuidar algo tan importante como es la salvación, el destino de nuestra alma. En el capítulo 6:11-12 se nos anima a persistir en aquello en lo que hemos creído, pues la voluntad del Señor es también nuestra santificación. Dice así: “Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.”Los que dejan las cosas a medias no llegan lejos. Aquí en el texto nos da a entender que aquellos que no permanecen, son perezosos. Los que hemos creído en Cristo, debemos persistir en la fe. El capítulo 6 comienza exhortando a los creyentes hebreos de este modo: “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección.”Como creyentes, podemos pasarnos el día hablando de temas técnicos. Hebreos de hecho nos ofrece una buena base doctrinal, y el autor nombra las bases de la fe cristiana. Sí, se debe hablar del arrepentimiento, de la fe, del bautismo y la imposición de manos, de la resurrección de los muertos, y del juicio eterno, dice Hebreos, pero no podemos olvidar que Dios desea que vayamos perfeccionándonos en Él. Esto es enseñanza práctica.La prueba de que Dios ha entrado en una vida no es lo que uno es capaz de decir o explicar. La salvación se evidencia en una vida cuando día a día uno es más como Cristo y menos como el mundo que nos rodea. La semilla que cae en buena tierra crece y da fruto, y Hebreos toma esta ilustración para advertir del peligro de una vida que no da fruto, sino que niega la obra de Dios. (Hebreos 6:4-6) La perseverancia en la fe muestra nuestra confianza en Dios. En el capítulo 6 encontramos el ejemplo de Abraham. Dios le dio una promesa--que le daría una descendencia como las estrellas, la cual no podría contar, y este tuvo que esperar con paciencia. En el versículo 15 nos dice que Abrahan, “habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa.” Y es que el que prometió es de fiar. Leemos que es imposible que Dios mienta. Por naturaleza, Él es la verdad (Juan 14:6). Y nos dice Hebreos que no solo dio Dios su palabra, la cual sería suficiente para descansar en ella, sino que además hizo un juramento. ¡Qué reconfortante! Tenemos plena confianza, porque Dios nos dio “dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, para que tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros” (Hebreos 6:18). Es decir, Dios dice y Dios jura, por su propio nombre eterno. Lo que Dios dice, lo hará. Es por eso que en los momentos de duda, en las dificultades que enfrentamos en nuestra vida, podemos y debemos ir al que es Fiel, y pedirle a Él dirección y fe. Cuando el padre de un muchacho atormentado vino a Jesús para salvación, leemos en Marcos 9 que Jesús le dijo, “Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.” Este hombre puso la fe que tenía en Cristo, y pidió que este le diera la fe que le faltaba. Así podemos nosotros rogarle a Dios. Como veremos en el capítulo 11 de Hebreos, muchos otros han confiado en Dios, aún cuando parecía que no había esperanza. Algunos perseveraron hasta la muerte, sin llegar a ver en sus vidas la promesa cumplida que estaba por venir. Mas Dios nos asegura el cumplimiento de sus promesas siempre, sin necesidad de especificar el cuándo y el cómo. Comenzando por la de la vida eterna que tenemos asegurada en Cristo, “La cual tenemos como segura y firme ancla del alma” (Hebreos 6:19), y siguiendo con las promesas que Dios ha dejado en su Palabra, podemos descansar en el que es Fiel. Cuando perseveramos en Él, nunca es en vano.

  24. 423

    Hebreos-152 Un representante perfecto

    Un representante perfectoEn el capítulo 4, Hebreos nos presenta a Cristo como nuestro representante ante Dios. El libro sigue desarrollando la imagen de Cristo como nuestro sacerdote en el capítulo 5, y en el capítulo 7 añade que  Jesucristo es el sumo sacerdote según el orden de Melquisedec, confirmando que Cristo es el sacerdote perpetuo, que intercede por nosotros para salvación. Los capítulos 8 y 9 nos ofrecen una recapitulación sobre el perfecto sacerdote y el sacrificio perpetuo que es Cristo.El pueblo de Dios había tenido muchos sacerdotes según el pacto levítico que Dios había hecho con ellos, mas ahora Dios hecho carne había descendido a la Tierra para interceder por la raza humana. Este sería el sacerdote perfecto y eterno del nuevo pacto.Nos dice Hebreos 4:14: “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.” El sacerdote del nuevo pacto era perfecto, singular y eterno. En el capítulo 5 leemos sobre la función del sacerdote, de cómo este intercedía a favor de las personas ante Dios, ofreciendo los sacrificios que proveían el perdón de los pecados. Nos dice el texto lo que representaban los sacerdotes levíticos para el pueblo: el sacerdote debía interceder por ellos ante Dios, “para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados; para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad; y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo.”El sacerdote debía ofrecer sacrificio por sus propios pecados antes de ofrecer por los de los demás, y tenía conciencia de que él también tenía necesidad del perdón de Dios. Sin embargo, la Biblia nos presenta un sacerdote, que a diferencia de todos los sacerdotes era perfecto, sin pecado. Este es también presentado como el sacrificio perfecto, sin mancha y suficiente para quitar el pecado de todo aquel que lo reciba por fe. Los sacerdotes que estos hebreos conocían venían de la línea de Aarón, hermano de Moisés. Dios había asignado el ministerio sacerdotal a los varones de la tribu de Leví. Jesús, sin embargo, no era de Leví, sino de la tribu de Judá. Hebreos explica la singularidad del sacerdocio de Cristo. La Biblia lo compara con el sacerdocio de Melquisedec, un sumo sacerdote que aparece en el primer libro de las Escrituras. Este personaje es curioso porque sabemos muy poquito de él. Lo encontramos en Génesis 14, cuando Abraham viene a él después de una batalla, y este le da su bendición. En los salmos se hace mención de Melquisedec, donde se anuncia al Mesías como sacerdote según el orden de Melquisedec. El capítulo 7 de Hebreos nos habla más detalladamente de él, rey de Salem, repasando los sucesos de Génesis y explicando cómo Melquisedec era gran sumo sacerdote, no por linaje humano, sino por voluntad divina. De Melquisedec no conocemos su ascendencia ni su descendencia. Su posición no dependía de sus lazos familiares, y no se hizo sacerdote a sí mismo; nos dice Génesis 14; nos repite Hebreos que este era sacerdote del Dios Altísimo, no por sí mismo, sino por designio divino. El Mesías venía, Hijo del Dios Altísimo, para buscar y salvar a los perdidos, “y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec” (Hebreos 5:10).Hebreos 7 nos presenta el nuevo pacto en Cristo, un pacto que abroga el antiguo. Jesucristo venía a interceder por el ser humano ante Dios, y venía como sacerdote único y suficiente para salvar a la humanidad eternamente. Al contrario de los sacerdotes del antiguo pacto, que debían ser muchos porque tenían limitaciones de espacio y tiempo, este sacerdote es Omnipresente y eterno. Un sacerdote estaba en un lugar a la vez, y cuando moría, otro debía tomar su lugar en el templo. Cristo, por el contrario, puede interceder en todo lugar y por los siglos. Los versículos 23-27 del capítulo 7 lo describe de forma inmejorable:“Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.”Esta preciosa verdad nos da esperanza. Pero por si nos faltara confirmación, el capítulo 4 ya nos afirmó que Cristo, aunque santo y sin mancha, es capaz de interceder por nosotros porque entiende nuestra condición. Los versículos 15-16 dicen:“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” 4:15-16Cristo vivió en esta Tierra como hombre, y por su obediencia, es capaz de compadecerse de nosotros e interceder en nuestro lugar. Tenemos sin duda el representante perfecto. Capaz de salvar y guiar, merece nuestra leal confianza. Sin duda, podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia, porque alcanzaremos en Él misericordia y gracia en todo momento. 

  25. 422

    Hebreos-151 Espada de dos filos

    Espada de dos filosHablando del reposo espiritual que Dios ofrece y que permea cada faceta de nuestra vida, el autor de Hebreos advierte en el capítulo 4: “Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia. Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.”Dios es Omnisciente. Lo sabe todo, conoce nuestras motivaciones, actitudes y pensamientos. Nos dice que su Palabra llega a lo más profundo del ser, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. No hay nada que se esconda del conocimiento de Dios. Esto puede traer paz o gran turbación. Si confiamos en Él y vivimos en su justicia, sabemos que todo detalle de nuestra vida está bajo su control. Si por el contrario estamos intentando huir de Dios y vivir a nuestro antojo, el saber que nada se escapa de los ojos de Dios y que un día todos tendremos que dar cuentas ante Él nos debe hacer temblar. Cuando abrimos la Palabra de Dios, nos estamos exponiendo a la mente del Todopoderoso. Su Palabra es viva y es eficaz; no podemos salir de su presencia igual que entramos; o seremos transformados por Su poder o saldremos endurecidos por nuestra incredulidad. El resultado depende de nosotros, de si nos acercamos a Él con arrepentimiento y fe. Isaías 40:8 nos dice que la Palabra de Dios permanece para siempre. La hierba marchita, la flor se cae, mas la Palabra de Dios permanece para siempre. El salmista nos dice en Salmo 119:105 que la Palabra de Dios es una lámpara a los pies y una lumbrera para el camino. Su Palabra no solo penetra el alma y conoce nuestros pensamientos, sino que ilumina el camino por el que debemos andar. 1 Pedro 2 nos dice que la Palabra es alimento para el cristiano: leche para el principiante y un buen filete para cuando alcanzas madurez. Como leemos en 2 Timoteo 3, la Palabra es útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruirnos en la justicia de Dios y prepararnos para vivir una vida que le agrada. Es una espada de dos filos. Al que está caminando en el sendero hacia Dios, su Palabra corrige y dirige. Podemos confiar en aquel que nos ha creado y nos conoce. Su Palabra es suficiente y actual; es eficaz en cada situación. Al que está huyendo en la otra dirección, vale la pena recordar que “no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; nos dice el texto que “antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.”Tenemos un tesoro a nuestro alcance. Podemos tomarlo en nuestras manos cada día. Muchos han deseado tenerla en momentos de opresión y otros han procurado destruirla intentando deshacerse del eterno Dios. Pero la Palabra de Dios ha sido preservada durante siglos, traducida a más idiomas que ninguna obra de literatura, y Dios sigue hablándonos hoy. ¿Atenderás hoy su voz?

  26. 421

    Hebreos-150 El reposo del Señor

    El reposo del Señor¿A quíen no le agrada el concepto de reposo? Cuando oigo la palabra “descanso” respiro, suelto el aire lentamente y cierro los ojos para sentir en mi interior esa sensación de relajación y bienestar que tantas veces anhelamos y que experimentamos tan poco.En los capítulos 3 y 4 de Hebreos leemos acerca del reposo. De forma curiosa, el autor nos presenta un reposo que el pueblo hebreo no llegó a disfrutar y que nosotros podemos llegar a tener si no nos descuidamos como ellos. Cuando Dios creó el mundo en seis días, tomó el séptimo día y lo apartó como un día de reposo. No era porque Dios necesitara el descanso. Nos dice la Biblia que Dios no se cansa. Leemos en Isaías 40:28 “¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio.” Entonces, ¿en qué consistía el descanso de Dios? Vemos en el relato de la creación que Dios tomó tiempo cada día de trabajo para contemplar lo que había hecho y evaluarlo—Dios vio día a día que su obra era buena; esto era un descanso. Debemos entender que el séptimo día descansó para contemplar y disfrutar de aquello que había creado. Nosotros, a diferencia del Señor, sí necesitamos descansar nuestro cuerpo físico. No somos Todopoderosos, y necesitamos sueño y reposo para reponer fuerzas. Pero aún más importante es el reposo interior. En medio del ajetreo diario podemos experimentar un reposo interno, y tristemente es posible estar en un estado de conmoción y agitación interna sin realizar ninguna actividad física. Esto de hecho es muy común en nuestra sociedad, con demasiados casos de inactividad y depresión. Dios ofreció a su pueblo en el Antiguo Testamento un reposo interno que afectaba a todos los aspectos de la vida: física, psíquica y espiritualmente. Este reposo descansa, si me permites decirlo así, en la plena confianza en Dios. En los versículos 18 y 19 del capítulo 3 de Hebreos  leemos: “¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.”La principal causa por la que no entraron en el reposo que Dios tenía para ellos y tuvieron que vagabundear por el desierto durante 40 años fue su incredulidad. No tuvieron fe en el Dios que los había rescatado de los egipcios. A pesar de los milagros que habían presenciado y vivido en sus propias carnes, no confiaban plenamente en Dios; dudaron de su capacidad de guiarlos y cuidarlos. Nosotros podemos caer en el mismo error. El reposo que Dios ofrece comienza con la salvación del alma por la fe en la obra de Cristo y continúa con una confianza diaria en que Dios es poderoso para guiarnos y cuidarnos. En Efesios 3:20 leemos que es “poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” y en Judas 24 dice que “es poderoso para guardarnos sin caída, y presentarnos sin mancha delante de su gloria.” En 1 Pedro 1:13 nos dice: “Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado.” Esta es la promesa del reposo final que nos espera, cuando Cristo se manifieste en el día del Señor. Habiendo oído del reposo que Dios quiere darnos, sería triste que endureciéramos nuestro corazón, como dice el versículo 4:7. Este reposo en Cristo no requiere gran esfuerzo de nuestra parte. Al contrario, lo difícil de este reposo es que requiere que dejemos de hacer y confiemos en lo que Él ya ha hecho y en lo que hará. En relación con el descanso de Dios después de finalizar la creación, dice en el 4:10:“Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.”“Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.” (4:11) El pueblo de Dios en el Antiguo Testamento no entró por su incredulidad. ¿Y tú? ¿Puedes confiar plenamente en Cristo y disfrutar día a día del reposo que Dios ha provisto para cada uno de nosotros?

  27. 420

    Hebreos-148 El libro de Hebreos

    El libro de HebreosTras pasar las hojas de las epístolas paulinas, encontramos en el nuevo testamento un grupo de cartas a creyentes judíos repartidos por la zona de judea. Entre estas están las cartas de Santiago y Judas, hermanos de Jesús, y las de los apóstoles Juan y Pedro. Y andtes de estas, tenemos una carta más extensa que va dirigida “a los Hebreos.”El libro a los Hebreos, aunque a menudo clasificado como una epístola, no mantiene la estructura común a las epístolas. No especifica el autor ni el destinatario, y no toma mucho tiempo para enviar los saludos típicos de las epístolas. El libro contiene una alta dosis doctrinal, presentando importantes verdades para creyentes en cualquier lugar y cualquier momento de la historia, pero incluye también enseñanza práctica para la vida cristiana.Hebreos es una exposición teológica de la persona y obra de Jesucristo, el autor y consumador de nuestra salvación, y relaciona a Cristo con el Antiguo pacto. Por el contenido del libro, sabemos que el autor conocía bien las Escrituras del Antiguo Testamento. El libro analiza la enseñanza del Antiguo Testamento a la luz de la persona y obra de Jesucristo. En el Antiguo Testamento Dios había hablado a través de los profetas, mas ahora hablaba directamente por su Hijo. En el Antiguo Testamento se habían realizado continuamente sacrificios de animales puros para perdón de pecados. Mas ahora Cristo había venido y se había entregado en la cruz como el sacrificio perfecto, que podía quitar eternamente el pecado de todo aquel que lo recibiera como su Salvador. Hebreos presenta al Cristo, el gran sacerdote y el sacrificio perfecto a la vez, abriendo el camino al Padre. El autor hace referencia al tabernáculo que los judíos habían fabricado siguiendo las instrucciones directas de Dios, y ahora, siglos más tarde, el lugar santísimo, al que solo tenía acceso el sumo sacerdorte una vez al año, se había abierto a todos. Cuando Cristo murió en la cruz, el velo del templo se rasgó desde arriba y hacia abajo, mostrando que la presencia del Señor se extendía para todo aquel que viniera al Padre a través del Hijo. En contraste con el Antiguo Testamento que presentaba el pacto de Dios con su pueblo y la ley de Moisés que todos debían cumplir, ahora Dios había establecido un nuevo pacto en Cristo. El ser humano, al intentar cumplir la ley, descubriría que nadie es capaz de ganar la salvación por sus propios méritos. Mas Cristo, con su preciosa sangre, ha pagado la deuda que el pecador tenía con Dios, y ahora a través de Él puede acceder a Dios sin reservas. Gracias a Cristo las ofrendas y sacrificios antiguos ya no son necesarios, pues Cristo, el Cordero de Dios, ha zanjado la deuda. Cristo es suficiente, y en Él por el Espíritu Santo podemos hacer lo que Dios había pedido desde el principio: amarle con todo el ser y obedecerle de corazón.Aunque el mensaje de Hebreos es universal, los destinatarios de esta carta, como su nombre indica, eran cristianos judíos que habían puesto su confianza en Cristo. Estos creyentes sufrían oposición y podían caer en el desánimo, por lo que el autor les anima y les exhorta a continuar en la fe, huyendo de las falsas enseñanzas y manteniendo un estilo de vida digno de Cristo. Hebreos nos enseña que podemos mantenernos firmes en el Señor incluso cuando las circunstancias son adversas, porque Cristo vino a salvarnos de nuestro pecado y a mostrarnos la nueva vida en la fe. No estamos solos, sino que como nos indica Hebreos 11 y 12, tenemos además como múltiples testigos que antes de nosotros han andado en la fe y han alcanzado el reposo en Cristo. Por todo esto, con la vista puesta en el autor de la fe y el que la ha completado, vivamos nuestras vidas para agradar al autor del nuevo pacto de la fe. 

  28. 419

    Hebreos-147 Dios ha hablado

    Dios ha hablado “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas…”Así comienza la epístola a los Hebreos, afirmando que Jesucristo, el Hijo, nos ha hablado. La Palabra inspirada por Dios nos ha sido revelada. Hemos visto cómo Dios ha hablado a través de los profetas, dándonos los escritos del antiguo testamento. Sin embargo, el Creador del universo, el heredero, el que sustenta todas las cosas con la palabra misma de su poder, es el que nos ha hablado en estos postreros días. Nuestro calendario judeo-cristiano está marcado por la manifestación de nuestro Señor Jesucristo aquí en la Tierra. Cristo, del que los profetas hablaron, el cual es el protagonista de la completa Palabra de Dios desde principio a fin, habiéndonos purificado de nuestros pecados por su propia muerte y resurrección, está ahora sentado en las alturas, ejerciendo su Majestad.El libro de Hebreos nos muestra su preeminencia. Veremos en Hebreos que Cristo no es comparable a los profetas, a los ángeles, a los sacerdotes del antiguo pacto, o a cualquier cosa creada.  La Epístola a los Hebreos nos muestra el carácter único de Jesús. Este Jesús nos salvó con su propio poder, porque él es Dios. No se le puede comparar a nada creado. Veremos en Hebreos que la creación lo honra, y hasta los ángeles le rinden adoración. Cristo está en el trono, y en su mano lleva el cetro, dirigiendo y sustentando la creación de su propia mano. Tomemos unos días para leer con detenimiento y atención este tratado que tanto tiene para enseñarnos. Pidamos a Dios que abra los ojos de nuestro entendimiento para notar y anotar aquellas verdades que nos han sido reveladas, y después de unos días, comenzaré a compartir las lecciones que he ido descubriendo en Su Palabra. Si tienes algo que compartir de tu estudio personal sobre Hebreos, te invito a visitar la página Reflejos de Su Gloria. Continuaré los estudios en unos días. Dios te bendiga a través de Su Palabra.

  29. 418

    Filemón-146 Filemón- Superando la decepción

    Filemón: Superando la decepción¿Alguna vez te has sentido decepcionada por alguien? Sería extraño que en ningún momento hayas tenido una situación en la que una persona ha actuado contra ti sin que tú le hayas dado motivos. Cuando nos hacen daño, suele ser difícil volver a confiar en esta persona. Pero hay situaciones en las que esta persona se arrepiente de sus acciones y cambia su conducta de tal modo que hay posibilidad de volver a intentar mantener una relación amigable. La Biblia nos enseña que si el que ha pecado contra nosotros se arrepiente y vuelve pidiendo perdón, tenemos la responsabilidad cristiana de perdonarlo. Esto requiere de parte del ofensor arrepentimiento y cambio, y de parte del ofendido, perdón y confianza para dejar la ofensa en manos de Dios.En la carta a Filemón, Pablo expone una situación que había ocurrido hacía un tiempo y que ahora podía llegar a resolverse. Filemón era un hombre en buena posición económica que confiaba en Cristo para salvación. Tenía personas a su servicio, y suponemos que no era un patrón abusivo, sino que trataba a sus siervos como Dios quería, con respeto y consideración. Onésimo, uno de sus siervos, en algún momento en el pasado se había vuelto contra su señor, y había huido de la hacienda, dejando a Filemón de lado. Había roto un contrato, descuidado sus obligaciones y abandonado a alguien que miraba por su bienestar. Filemón, conforme a las leyes del lugar y la época, tenía derecho a castigar a este siervo y hasta mandarlo a prisión, pero Pablo escribía pidiéndole todo lo contrario. Y es que Onésimo había huido de su casa, y Dios, en su misericordia había orquestado su situación para que se encontrara con el apóstol Pablo y el joven Timoteo. Si Filemón le había hablado de Cristo en su casa, al escaparse de ahí, Onésimo se había encontrado con otros que compartían la misma fe que su señor, y había confiado en Cristo para la salvación de su alma. Así es la gracia de nuestro Dios. Aún cuando huimos, Él nos busca para ofrecernos perdón y vida en Cristo. Después de conocer a Cristo, Onésimo había permanecido cerca de Pablo y Timoteo, aprendiendo de la Palabra y ayudando en la obra del evangelio. Cuando Pablo escribe a Filemón, le dice que Onésimo, el que anteriormente había sido rebelde y prácticamente inútil a su servicio, ahora era otra persona, fiel y servicial. Pablo ya estaba mayor, vivía preso en una casa, y Timoteo y otros lo ayudaban con las necesidades que pudiera tener. Y vemos por el texto que Onésimo había sido de gran ayuda, atendiendo a Pablo en tal situación. Ahora Pablo pedía a Onésimo que volviera a la casa de donde había huido para vivir en libertad, y que se sujetara de nuevo a Filemón. Onésimo debía saber que lo que había hecho no merecía la reconciliación, pero ahora tenía la oportunidad de volver con humildad al lugar de donde había salido. Al mismo tiempo, Filemón recibe palabras bastante fuertes de Pablo, comprometiéndole a aceptar a Onésimo, no como un esclavo, sino más bien como un hermano en la fe. Ahora la relación entre Filemón y Onésimo sería diferente. Dios ya se había declarado en cuanto a este tema. Pablo, en varias de sus cartas, debido a la existencia de un sistema de esclavitud generalizada, hablaba a los amos, dando claras instrucciones de cómo debían tratar a sus siervos. A los que no conocían a Cristo, debían mostrarles el amor de Dios; a los que sí, debían tratar como a hermanos en la fe. Podemos compararlo a una situación de trabajo. Cuando el jefe y el empleado son creyentes, debería haber un trato de mutuo respeto y apreciación entre ambos, mostrando así el amor de Dios. No sabemos cómo acabó la historia, pero sí vemos que Pablo lo dejó bien claro para Filemón. Su fe en Dios se mostraría en su reacción a la vuelta de Onésimo. Ambos debían humillarse y confiar para resolver la situación. A ninguno nos gusta hacer esto, pero para resolver conflictos interpersonales ambas cosas son necesarias; la humildad y la confianza son aspectos básicos del perdón y la restauración. Que Dios nos ayude a actuar como cristianos verdaderos. Si hemos sido perdonados y transformados por Cristo, que se note en nuestro trato con otros.

  30. 417

    Tito-145 La razón de ser

    La razón de serSi alguien te preguntara por qué actúas como actuas, puede que te pille desprevenida y no sepas qué contestar. Muchas veces la respuesta acaba siendo--”porque así me han enseñado” o “porque así soy.”Cuando Pablo escribe a Tito enumerando las características que los cristianos deben demostrar, le explica el motivo de vivir dígnamente.  En los versículos 11-13 Pablo nos recuerda que la razón por la que podemos vivir así es “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.”Nadie puede vivir una vida de total dedicación a otros. Como humanos, queremos hacer el bien a otros siempre que no trastorne nuestro modo de vida. Damos cuando nos sobra, de nuestro tiempo y nuestro dinero, mostramos empatía para los que son como nosotros, y amamos a los que nos muestran respeto y amistad. Pero si pensamos que esto es amor cristiano, nos equivocamos. Esto se podría calificar como reciprocidad. Lo puede hacer cualquier persona, incluso sin tener al Espíritu de Dios morando en él. Sin embargo, el amor cristiano es imposible sin el poder del Espíritu Santo. Dar más allá de lo que te sobra no es lógico, pero leemos en los evangelios que la viuda dió gran porcentaje de su dinero y Jesús la alabó. El rey David dijo que no daría a Dios de lo que no le cuesta nada, reconociendo todo lo que Dios merecía. Cuando Jesús enseñó que debíamos amar a nuestros enemigos, no compartía ideas lógicas de cómo mostrar empatía, sino que estaba enseñando lo que él demostró con su vida e incluso con su muerte. Cristo murió por todos, no queriendo que ninguno perezca. En el capítulo 3 de Tito leemos de la bondad y el amor de Dios. Cuando reconocemos la obra de Cristo en la cruz y su gracia salvadora, no podemos más que renunciar a la impiedad y a cualquier deseo mundano, sin importar lo natural que sea, y el deseo de vivir sobria, justa y piadosamente inunda nuestro ser por la obra del Espíritu Santo.  No hay manera de vivir así por nuestra propia determinación; es sobrenatural. Lo natural es hacer aquello que nos hace sentir bien, por la ley del mínimo esfuerzo. Pero en el versículo 16 del primer capítulo, Pablo denuncia a aquellos que “profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.”El Señor nos ha amado tanto que nos ha lavado, regenerado, renovado, y nos ha dado el poder para vivir como a Él le agrada. Debemos profesar a Dios con nuestra boca, pero más importante aún, nuestros hechos deben corroborar nuestra profesión. Que seamos el mejor anuncio de la gracia de Dios. Que en nuestro entorno llevemos el mensaje de Cristo, proclamándolo con nuestra vida, para que vean y crean en aquel que los amó. 

  31. 416

    Tito-144 Una carta a Tito

    Una carta a TitoTras las cartas a Timoteo, encontramos la carta que el apóstol Pablo escribió a Tito, colaborador también con Pablo en la propagación del evangelio de Cristo. Pablo le había enviado a la isla de Creta a establecer iglesias locales entre los que habían recibido el mensaje de salvación de Cristo.  Creta era una isla con muy mala fama, donde se adoraba al dios Zeus. En su carta, Pablo utiliza una cita del poeta griego Epiménides para describirlos, diciendo: “Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos.”  Era un pueblo donde reinaba el ocio, pero aún ahí el Señor tenía seguidores. Tito había ido a la isla para enseñar a los nuevos creyentes cómo debían vivir una vida cristiana ordenada en una sociedad desordenada. Como Timoteo, Tito debía marcar el ejemplo que los cristianos de Creta necesitaban para pelear la buena batalla de la fe ahí donde Dios los había puesto. Tito debía presentar el carácter santo de Dios, muy diferente al dios que este pueblo conocía. Su tarea incluía señalar a aquellos que querían despistar a los cristianos con las mismas fábulas y la misma corrupción que los creyentes a los que Timoteo enseñaba. Entre estos estaban los incrédulos paganos y también los judaizantes que pretendían imponer las normas de tradición judía.En medio de esta sociedad, los cristianos de Creta debían vivir vidas que mostraran el carácter de Cristo al pueblo cretense. Esta carta establecía temas de importancia para que los grupos de cristianos en la isla pudieran compartir el evangelio a todo aquel que quisiera conocer a Cristo. Es probable que la comunidad donde tú vives sea muy similar a la de la Creta de los tiempos de Tito. Seguramente tus vecinos no sirvan a Zeus, pero es posible que tengan una idea de Dios similar a la que estos cretenses tenían. Es incluso probable que tus amigos y vecinos hayan optado por decir que no hay Dios, ya que ellos han llegado a ser su propio dios. A estos, puedes mostrarle por tu carácter y por tu vida, el verdadero carácter del verdadero Dios. En la carta a Tito leemos las características que los cristianos debían poseer si iban a ser luz en un lugar de oscuridad. Habla a hombres y mujeres, jóvenes y ancianos. Habla también a los siervos, aquellos que trabajaban para otros. Podríamos hacer una lista de estas características, y no haríamos mal en desear que estos rasgos fueran comunes a cada cristiano: dice el texto que debían ser sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia. Específicamente dice a las mujeres que sean “reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.” Y a los jóvenes: que sean prudentes. Ya que Tito tenía la responsabilidad de liderar la congregación, recibe el siguiente mensaje de ánimo y  reto: “preséntate tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros.” Pablo da instrucciones a los siervos diciendo: “que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador.”La Palabra de Dios transciende los tiempos, por lo que este comportamiento de parte de los cristianos no es para mostrar lo estupendos y especiales que somos, sino para cumplir la voluntad de Dios, con un fin común, que el nombre de Dios sea adornado, honrado, alabado, y que nadie tenga nada que reprocharle a Dios por culpa nuestra.  Si ponemos en práctica las instrucciones de Dios dadas a través de Pablo en esta carta, y vivimos así, tendríamos una comunidad de creyentes que impactará de forma positiva la población en la que habitamos. 

  32. 415

    Timoteo-143 La buena batalla de la fe

    La buena batalla de la fePablo, en su carta a Timoteo le exhorta diciendo: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.”  Timoteo había recibido a Cristo por fe. Era un hombre de Dios, y había dedicado su vida para agradar a su Creador y Salvador. Pablo le instruye en sus cartas sobre la necesidad de poner su atención en la promesa de la vida eterna; Le ruega que en lugar de centrar su vista en lo que este mundo ofrece, se centre en lo que está por venir. En el capítulo 6 Pablo lo reta a pelear la buena batalla de la fe. En lugar de preocuparse por los detalles de la vida, debía ocuparse en “la lectura (de la Palabra), la exhortación y la enseñanza” (1 Timoteo 4:13), cuidándose a sí mismo, y a la doctrina de Cristo. ¿Cómo debía hacer esto? 1 Timoteo 6:11 le dice: “Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.”Debía huir de los lazos de la codicia y seguir la justicia, perseguir la piedad, insistir en la fe, persistir en amor y en paciencia, y todo esto sin altivez, sino con mansedumbre. Esto sería un ejercicio de determinación y constancia, peleando la batalla de la fe con una mente enfocada en Cristo. Hace unos días un joven que conozco corrió una ultramaratón de 200 millas de distancia, 322 kilómetros. No es una carrera a la que te enfrentas a la ligera. Tienes que planear, prepararte, mentalizarte, y luego, tienes que correr cada tramo con paciencia. No es una carrera en la que corres con ímpetu, sino que corres sabiendo que la meta está más allá. Descansas cuando lo necesitas, te nutres sabiamente, y no pierdes tiempo ni energía en asuntos innecesarios. La meta te espera, y debes continuar con determinación y entereza. Es también una carrera en la que necesitas la ayuda de otros. Si la haces en compañía es mucho más agradable, porque cuando llegan los momentos difíciles, tienes a alguien a tu lado que te anime y sufra contigo. Tienes a otros que están ahí para aportar aquello que tú no tienes, y ayudarte con lo que tú no puedes cargar. Estos corredores tenían a alguien que les esperaba para darles descanso. Oraban por ellos y preparaban comida y lo que fuera necesario para que pudieran continuar su carrera. Sin ellos, es probable que no hubieran podido completar la carrera. Esta carrera de larga duración requiere preparación, concentración, y cooperación; requiere mansedumbre para aceptar ayuda y fortaleza para llegar a la meta. Podríamos decir que la buena batalla de la fe es como una ultramaratón. Para correrla dignamente, necesitamos toda la ayuda del Espíritu Santo, por medio del cual tenemos todo lo necesario para la carrera (2 Pedro 1:3). Leemos en 2 Timoteo 1:7 que Dios nos ha dado el espíritu “de poder, de amor y de dominio propio.” La carrera la llevamos a cabo perseverando en la fe, guardando sus mandamientos (14) hasta que lleguemos a la meta, “la aparición de nuestro Señor Jesucristo, la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.”Esa es la meta hacia la que corremos, y como leemos en la segunda carta a Timoteo, capítulo 2, corremos “en la gracia que es en Cristo Jesús”, con esfuerzo y determinación, legítimamente (6), sin atajos ni distracciones (4,18), corriendo diligentemente con las fuerzas que Dios da, persistiendo en lo que hemos aprendido de la Palabra (2 Timoteo 3:14-15), porque “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”Pablo urge a Timoteo en el capítulo 4 de ambas cartas a cuidarse a sí mismo, a persistir, a ser sobrio en todo, y a soportar las aflicciones como buen soldado, como buen atleta. No corremos solos, sino que queremos hacerlo acompañados de otros que corren a nuestro lado. A todos los que corremos, a los que pelean la buena batalla de la fe, a aquellos que amamos su venida, Cristo nos espera en la meta con la corona de justicia. Que cuando lleguemos al final podamos decir con Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.”

  33. 414

    Timoteo-142 La piedad y el contentamiento

    La piedad y el contentamiento¡Qué fácil es caer en el error de intentar seguir una rutina piadosa sin vivir en el gozo del Señor! Pero Pablo le dijo a Timoteo:“gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”Aunque esta afirmación la hizo en el ámbito del dinero, se puede aplicar a cualquier ámbito de la vida. Como cristianos, queremos vivir según los principios que Dios ha establecido, pero sin olvidarnos que parte del fruto del Espíritu es gozo. Si no podemos vivir disfrutando el gozo del Señor, debemos examinar nuestro corazón y nuestra actitud, pues la gran ganancia de la que habla Pablo no viene solo de vivir piadosamente, conforme a los preceptos del Señor, sino haciéndolo con verdadero gozo. El contentamiento es un sentimiento de satisfacción y felicidad con lo que tienes en el momento. No quiere decir que la situación no podría mejorar, o que no debes aspirar a más, pero gracias a Dios, puedes experimentar gozo en la situación específica en la que te encuentras.En el ámbito económico, Pablo estaba comunicando a Timoteo lo que debía enseñar a los creyentes. Había personas que servían en la congregación para su propia ganancia personal. No eran ricos, pero vivían con ansia de tener más. No se sentían contentos con lo que tenían. Y Pablo les recuerda en los versículos 7 y 8: “porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.”¿Cuántas personas critican a los ricos, citando a Jesús cuando dijo que era difícil que los ricos entraran en el reino de Dios? Estos piensan que por ser pobres son naturalmente más piadosos, sin embargo, no están disfrutando del gozo el Señor, y no están contentos con su situación actual. Pablo avisa del peligro de vivir la vida cristiana sin el gozo que trae la confianza en el Señor. Y dice advirtiendo a aquellos que buscan enriquecerse a toda costa:“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.Y le dice Pablo al joven Timoteo: “Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.”En la situación en la que estés, busca el gozo del Señor en el Señor mismo, el único que te puede dar el contentamiento. Si tienes poco, da gracias por lo que tienes. Si tienes mucho, asegúrate de poseer con las manos abiertas, dispuesta a ayudar a otros, y con el gozo anclado en Cristo, el que te da la mejor razón para sonreír siempre. Sigue a Dios, cumple sus preceptos, pero no olvides que el contentamiento que Él da es gran ganancia.

  34. 413

    Timoteo-141 Las mujeres en la iglesia

    Las mujeres en la iglesiaVivimos en una sociedad en la que cualquier afirmación puede ser percibida como un ataque y provocar reacciones defensivas. Espero que esta reflexión sobre lo que la Biblia enseña sobre las mujeres y el papel que desempeñamos en la congregación de los creyentes no resulte en nada parecido. Cuando el Señor creó a la raza humana, nos creó a su imagen. Dios en múltiples textos afirma que para él no hay judío ni griego, ni hombre ni mujer. Esto lo dice afirmando que ante Dios todos tenemos el mismo valor. La igualdad no se basa en la falta de variedad, sino en la ausencia de vanagloria. “Nada hagáis por contienda o vanagloria”, decía el apóstol en Filipenses 2; “antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.”Si alguno cree ser más que otro, por razón de tono de piel, nacionalidad o sexo, se equivoca, y no piensa como Dios piensa. Dios quiere que asignemos a otros el valor que Dios nos ha dado, y Dios no hace acepción de personas (Hechos 10:34, Romanos 2:11, Gálatas 2:6, Efesios 6:9)Ahora bien, como antes he comentado, la igualdad no consiste en la ausencia de diferencias. Somos todos diferentes y únicos. Dios nos ha hecho con una creatividad maravillosa, y nos ha dado dones y limitaciones para que en todo y por todo lo reconozcamos a Él y le traigamos gloria. No es incorrecto ni sexista admitir que los hombres y las mujeres tenemos diferentes características generales, pero no por ellas somos más o menos valiosos ante Dios. Tampoco podemos negar que hay variedad dentro de cada sexo, y que no hay cualidades de carácter que nos hagan más hombre o más mujer. Conocemos a mujeres que pueden ejercer un firme liderazgo y a hombres que atienden a individuos con ternura. Y esto es bueno; no es extraño. Cuando Dios salva a personas y las junta en una iglesia, su plan es que cada uno, con sus dones y limitaciones, edifique y sea edificado. Y para ello ha establecido roles y límites para el servicio. En Timoteo 3, por ejemplo, Pablo repasa las características de las diferentes posiciones de liderazgo en la iglesia. En primer lugar habla de los obispos, refiriéndose a los líderes encargados de la iglesia, los cuales tenían la responsabilidad de enseñar y dirigir. De estos claramente leemos que deben ser “marido de una sola mujer.” No hay referencia a las características de la mujer obispo, por lo que debemos entender que los obispos debían ser varones adultos, cabeza de su propia unidad familiar. Esto no tiene por qué frustrar a ninguna mujer, pues nadie debería desear el obispado para su propio beneficio. En el capítulo 1:7 Pablo habla fuertemente de aquellos que utilizan mucha palabrería para obtener un cargo importante. Es curioso que en el capítulo 1 Pablo tiene que dar instrucciones específicas sobre unas mujeres que al parecer estaban intentando llamar la atención hacia ellas mismas por la manera en que vestían y cómo se comportaban. ¿Por qué si no pediría el apóstol que las mujeres no vinieran a la iglesia para lucir sus nuevos modelitos sino más bien para mostrar sus buenas obras? Les tiene que pedir que la mujer no busque enseñar a los hombres, diciendo:  “Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.” Esto nos puede sonar machista, pero si somos prudentes, lo deberíamos entender con el espíritu con que se dio. Hay innumerables formas de aportar a la congregación sin la necesidad de cuestionar el carácter de Dios y la autoridad de las Escrituras. Si realmente queremos servir al Señor en la iglesia, el cargo que desempeñemos no debe ser lo que nos traiga satisfacción, sino más bien la oportunidad de ayudar a otros y servir a Dios. En el mismo capítulo, bajo la sección de diáconos, sí se refiere a hombres y mujeres, (aunque algunos entenderían que se podría referir a las esposas de los diáconos). Los diáconos, del término griego que significa “siervo,” tenían la oportunidad de servir en formas específicas ayudando con “servir las mesas.” Estos visitaban a los enfermos, organizaban comidas y ayudaban con servicios sociales para atender a las viudas y a los huérfanos. Debían ser personas “honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo.” La palabra “honestidad” se repite en varias ocasiones en el texto, ya que estas personas estarían encargadas de administrar las ayudas que irían a una y otra actividad en la iglesia. Vemos en Hechos que Felipe, el cual era un diácono, estaba preparado para presentar el evangelio al eunuco, y suponemos que cada diácono, así como cada creyente maduro, debería poder explicar las Escrituras al que lo necesitara. Podemos concluir por esta definición de diácono que cada congregación tiene sus diáconos y sus “diaconisas”, ya sea que el cargo sea oficial o puramente pragmático. Una vez más, no deberíamos desear para nosotros mismos un cargo ni esperar a que nos lo concedan para servir a los demás. Si no ayudas a otros, no aprovechas las oportunidades que Dios te da para compartir el evangelio, y no te ofreces para ayudar en tu iglesia tal como eres, no deberías quejarte de la posibilidad o no de ostentar un cargo en la iglesia. Al leer este capítulo, me hace pensar incluso que estas mujeres que se dedicaban a ayudar serían en muchas ocasiones solteras o viudas, por el texto en 1 Corintios 7 donde el apóstol explica que la mujer casada se ocupa de atender a su familia primero, mas la soltera puede dedicar su tiempo a la obra de Dios. Deja claro que cada una debemos atender a nuestras responsabilidades personales primeramente, y si Dios nos da la oportunidad, servir a aquellos que tenemos a nuestro alcance. No caigamos en las filosofías huecas de nuestros días, y no perdamos el tiempo deseando cargos y títulos, sino vivamos cada instante libremente, con el único propósito de agradar a Dios y edificarnos unos a otros.

  35. 412

    Timoteo-140 Un ejemplo a seguir

    Un ejemplo a seguirTimoteo era joven cuando comenzó su ministerio. Su responsabilidad incluía la predicación de la Palabra, enseñando y exhortando a los cristianos. En el capítulo 3 de la primera carta, Pablo ya había dado los requisitos para el que ejerciera como maestro líder de una congregación. Debía ser un hombre “irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito (es decir, un nuevo creyente), no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo.” Podemos deducir que Timoteo cumplía estos requisitos y enseñaba a otros que también podrían ejercer como obispos y diáconos. Pablo le dice en los versículos 14-15: “Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.”Timoteo era un ejemplo para los creyentes, y Pablo lo anima en la labor: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.” (4:12)En la segunda carta, capítulo 3, versículo 7 le recuerda cómo debe ser el que lidera: “También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo.”Dios habla a Timoteo y a cada persona que quiere servir de ejemplo a otros creyentes, dando instrucciones sobre cómo debemos vivir. En el capítulo 4 versículo 7 le dice: “Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad;” Timoteo debía entrenarse para la piedad como uno se entrena para una competición física. Pablo a menudo compara el ejercicio físico con el ejercicio espiritual, valorando aún más este último. Por lo que anima a Timoteo a ejercitarse en la piedad. Este entrenamiento lo llevaría a cabo estudiando y poniendo en práctica la Palabra de Dios.“Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.”Siendo fiel a la Palabra de Dios podría mantenerse firme y ayudar a otros a hacer lo mismo. En el capítulo 5 Pablo le da instrucciones sobre cómo tratar con las viudas y los ancianos, y cómo reprender a aquellos que insistían en pecar. Sin duda, su tarea como responsable de la congregación no era fácil. Es por esto que debemos orar por los líderes en las iglesias. No es sencillo ser ejemplo a aquellos que quieren seguir al Señor, y tener que corregir a aquellos que no están siguiendo los preceptos de Cristo.Timoteo debía vivir marcando un sano ejemplo para aquellos que lo rodeaban. Pablo incluye en su carta instrucciones detalladas sobre diferentes situaciones, y todo lo tenemos documentado en la Palabra de Dios.Santiago nos recuerda que si tenemos falta de sabiduría, la podemos pedir a Dios. Timoteo tenía al Espíritu Santo y la Palabra de Dios, y con estos recursos podía ser el ejemplo que sus hermanos en la fe necesitaban. Que Dios nos ayude a ser ejemplo a aquellos que desean agradar a Dios, y que nos ejercitemos, ayudándonos unos a otros a crecer en Su Palabra.

  36. 411

    Timoteo-139 No para cobardes

    No para cobardes¿Sigues queriendo descubrir el mensaje que Dios ha dejado en su Palabra? En medio de tiempos revueltos, la Palabra de Dios nos ofrece seguridad. En un mundo de relativismo, la verdad absoluta de Dios y su Palabra nos da estabilidad. La Palabra de Dios no es para cobardes. En Josué 1 leemos cómo Dios animaba a Josué a ser valiente. A través del Antiguo Testamento leemos que Dios instruye a su pueblo y en particular a varios de los dirigentes y profetas diciendo: “No temas, porque yo estoy contigo.” Del mismo modo, en el Nuevo Testamento tenemos palabras de afirmación que nos inspiran a confiar en Dios y no temer. Y en su segunda carta a Timoteo, Pablo, escribiendo desde la cárcel, instruye a Timoteo a mantenerse firme en la fe, con valor y determinación. En el primer capítulo de la carta, le dice: “te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti.” Timoteo había reconocido al Señor Jesús como Salvador de sus pecados y por lo tanto disfrutaba del precioso regalo de Dios, Su propio Espíritu Santo. Es por esto que podía estar confiado, y ahora debía vivir con valentía, según el versículo 7: “porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”Cuando somos salvas, el Espíritu de Dios mora en nuestro interior. Leemos en Romanos que somos templo del Espíritu, y su fruto debe reflejarse en nuestras vidas. Últimamente he estado reflexionando en cómo la influencia del espíritu se debe manifestar en mi vida. Hemos leído sobre los diferentes aspectos del fruto del Espíritu, del amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad y la fe; sobre la mansedumbre y la templanza, pero nunca había parado a pensar que cuando no elijo vivir en el Espíritu, estoy en realidad viviendo como una cobarde. Pablo dice que Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Es decir, necesito el poder del Espíritu para amar cuando amar se hace difícil. Cuando alguien me trata de una manera que me hace daño, lo más “fácil” es alejarme de esta persona y buscar mi propio bien. Sin embargo, hay situaciones en las que mi vida no corre peligro por mostrar bondad a alguien que no la merece. En esa situación, puede ejercitar el poder del Espíritu, alejarme de mi propia cobardía, y amar, por el poder del don de Dios en mi vida. De igual modo, en momentos en los que no me apetece nada hacer lo correcto, Dios espera que eche manos del poder del Espíritu para ejercitar dominio propio, para hacer aquello que debo hacer. Lo fácil, lo cobarde en esa situación puede que sea seguir mis emociones y obedecer a mi instinto, pero lo valiente es hacer uso del poder del espíritu que mora en mí y a través de él, manifestar dominio propio. Puesto que, como leemos en el texto, Cristo nos ha salvado y nos ha llamado, podemos mantenernos firmes. En el versículo 12 dice Pablo: “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.” Pablo había sufrido aflicción por vivir para Dios, pero todo lo que estaba sufriendo, hasta el punto de la muerte en su caso, no le provocaba amargura. Él sabía en quién confiaba, y su esperanza era segura. El poder del espíritu que en él habitaba era el mismo poder que levantó a Cristo de la tumba, como nos dice Romanos 8:11. De igual modo, tú y yo, si hemos confiado en Cristo, podemos vivir una vida de confianza. No tenemos que vivir con temor de lo que nos vendrá, porque sabemos que cuando llegue el fin de la historia, estaremos a salvo en Cristo. Podemos vivir con la certeza de que el que comenzó la obra en nosotros la perfeccionará, como nos dice Pablo en Filipenses. El evangelio no es para cobardes, así que aprovechemos el poder del espíritu y vivamos una vida de poder, de amor y de dominio propio.

  37. 410

    Timoteo-138 La necesidad de orar por nuestros líderes

    La necesidad de orar por nuestros líderesPablo escribe a Timoteo para animarlo y darle instrucciones de cómo ser útil para el Señor en el lugar donde Dios lo había puesto. Pablo mismo reconocía que Dios por su gracia salvadora lo había rescatado de una vida sin sentido y le había concedido el privilegio de compartir con otros la gracia que él había recibido. Era Dios el que también había llamado y salvado por gracia a Timoteo, y era Dios el que podía guardar a cada uno de sus hijos de los falsos profetas y de las fábulas engañosas. Por todo esto, Pablo exalta a Dios en el versículo 17: “Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.”Pablo debía dejar claro que Dios es el que salva y guarda, y enfatiza que para vivir “sabia y reposadamente en toda piedad y honestidad” delante de Dios y de los hombres, es imprescindible mantener una vida de oración saludable. En el capítulo 2 Pablo exhorta a los creyentes a que hagan oraciones por todos los hombres. Esto puede sonar muy genérico, sin embargo muestra que cada persona en la Tierra necesita la intercesión de un cristiano ante el trono de Dios. ¿Te has parado a pensar que es posible que tú seas ese cristiano que puede orar por aquella persona con la que te cruzas todos los días? Es importante que oremos por los que conocemos, y que nos apoyemos unos a otros en oración, pero debemos mantener nuestro corazón abierto para amar a algunos que no conocemos y que Dios pone en nuestro camino para que los podamos presentar ante aquel que siempre escucha las oraciones. Pablo especifica algunas personas y motivos de oración que deben estar presentes en nuestras oraciones; lo vemos en 1 Timoteo 2:1-3  “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,”No podemos permitirnos el dejar de orar por aquellos que nos dirigen, ya sea a nivel del hogar, del trabajo, o de reyes y gobernantes. Pablo nos recuerda que es bueno y agradable delante de Dios, “el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” (1:4)  ¿Recuerdas el uso de estos adjetivos para describir la perfecta voluntad de Dios? En Romanos 12:1-2 nos dice que la voluntad de Dios es uena y agradable. Es Su voluntad que traigamos ante el trono a aquellos que toman decisiones por nosotros. Aún si no sentimos afección natural por estas personas, el apóstol Pablo recuerda a los cristianos que la oración por los dirigentes lleva como resultado nuestro propio beneficio, ya que si nuestros líderes nos permiten tener la libertad para obedecer a Dios, podremos vivir la vida más quieta y reposadamente. Debemos pedirle a Dios que por Su gracia nos permita la libertad de culto en nuestra tierra, y que podamos disfrutar una vida piadosa y honesta gracias a la obra de Dios a través de nuestros líderes. Recordemos que Pablo no tuvo los líderes más piadosos o pacíficos; todo lo contrario. Cuando escribió la segunda carta a Timoteo, Pablo se en encontraba en prisión y Nerón el cruel gobernaba en Roma. Mas Pablo podría leer la carta que él mismo había escrito bajo la inspiración de Dios, sobre la necesidad de orar siempre Los cristianos vivían bajo el dominio del imperio romano y en ocasiones también bajo judíos que seguían la tradición por encima de la voluntad de Dios, por lo que Pablo debía exhortarlos a orar “por todos los hombres,” sin excepción. Te animo a tomar un tiempo para orar por aquellos que Dios ha puesto en tu vida. Ora por su salvación, y pide a Dios, como nos recuerda el sabio Salomón en Proverbios 21:1, que dirija él el corazón del rey, o del dirigente que Dios haya permitido en tu entorno, “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador.”

  38. 409

    Timoteo-137 Cartas a Timoteo

    Cartas a Timoteo ¿Conoces a Timoteo? Es un personaje del que no sabemos nada negativo. Cuando leemos sobre Timoteo en el libro de Hechos, lo encontramos acompañando y ayudando al apóstol Pablo en sus diferentes viajes para compartir el evangelio y establecer comunidades de nuevos cristianos. Timoteo era el hijo de una mujer judía cristiana y un hombre griego. De su padre no sabemos mucho; es probable que ni siquiera hubiera creído el evangelio de Jesucristo. Pero esto no frenó a Timoteo, porque el efecto del evangelio no depende de nuestros familiares, sino de una decisión individual. Timoteo contaba con una madre y una abuela piadosas. La importancia de la enseñanza y el apoyo de una madre es incalculable. También lo es la de una abuela dedicada, o sinceramente, de cualquier persona que esté dispuesta a ser una influencia piadosa en la vida de una persona. Prueba de esto es Timoteo. El Espíritu Santo inspiró a Pablo a escribir dos cartas a Timoteo, y Dios las ha preservado para cada uno de nosotros. El mensaje de las cartas es de bendición a cada creyente, y en particular a cada uno que está comprometido a servir en la iglesia de Cristo, cada uno en su congregación. Dos temas se repiten en la primera epístola: la apostasía, y la organización de la congregación de creyentes. En los capítulos 1 y 4, Pablo advierte a Timoteo de los falsos profetas y la falsa doctrina que amenazaba al cuerpo de Cristo, y de la importancia de que los cristianos mantengamos firme nuestra fe, basados en la verdad absoluta que es Dios y Su Palabra. Estas fábulas, como las llama Pablo, causaban división; y en su palabras, “acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe.” La meta de cualquier congregación de cristianos debe ser la mutua edificación, por lo que debemos estar atentos y evitar las enseñanzas y prácticas que causan disputas en lugar de motivar al amor y las buenas obras.  En los capítulos dos y tres Pablo enseña los principios para una iglesia fuerte que resista las falsas enseñanzas que se puedan filtrar en la congregación. Habla de la oración en el capítulo 2 y del carácter de  los líderes de las congregaciones, dando gran importancia a la integridad moral. Asimismo, en los capítulos 5 y 6 extiende estos requisitos a cada creyente, ya que esta integridad de carácter y de forma de vida no es solo necesaria para los líderes, sino para cada persona que confiesa creer en Cristo. Como podemos ver en la segunda parte de los capítulos 3 y 6, la batalla de la fe en la que cada uno militamos se gana confiando en el poder del Espíritu Santo, permaneciendo asidos de la Cabeza, que es Cristo. En la segunda carta a Timoteo, Pablo expone su última voluntad, ya que en el momento de escribirle, el apóstol se encontraba prisionero, y no parecía que pudiera salir de esa situación con vida. En cada uno de los capítulos lo encontramos exhortándo a Timoteo a que se mantenga firme en la fe, a vivir como fiel soldado de Cristo, y a pastorear a los cristianos con amorosa dedicación, protegiéndolos de las enseñanzas y prácticas falsas. Estas cartas que tienen un toque personal de un maestro a su discípulo y amigo nos sirven a nosotros también de ánimo y enseñanza. Al igual que Timoteo, sea cual sea nuestro papel en la congregación, recibamos la Palabra de Dios, viva y eficaz, y vivamos para glorificar a Dios y edificar a otros en la fe.

  39. 408

    Tesalonicenses-136 Cuando morir no es muerte

    Cuando morir no es muerteEl tema de la muerte es universal, personal e inevitable. Aun si a algunos nos resulta muy difícil hablar de la muerte de otros o sobre la nuestra propia, es un tema que debería tratarse con naturalidad, porque todos, desde el momento en que nacemos tenemos la seguridad de que un día dejaremos esta vida. Claro está que no debe ser un tema en el que meditemos continuamente. Conscientes de que es una realidad en este mundo caído, debemos vivir esta vida con un claro propósito y con la máxima intencionalidad. Cuando los nuevos creyentes de Tesalónica vivieron la muerte de uno de los suyos, Pablo los consoló con la certeza de que Cristo viene, y la muerte aquí en la Tierra no es el final de nuestra vida. Podríamos afirmar, como comparte un himno nuevo que habla sobre el tema, que “No es muerte morir.” Dice así una traducción literal del poema:  No es muerte morir, dejar este camino agotadorpara unirse a los santos que habitan en lo alto,Que han encontrado su hogar con Dios.No es muerte cerrar los ojosAtenuados por las lágrimasY despertar con gozo ante el trono,Liberados de nuestros miedos.O Jesús, al haber conquistado la tumbaTu preciosa sangre tiene poder para salvar.Aquellos que en ti confíanDescubrirán en tu misericordiaQue no es muerte morir.No es muerte desprenderseDe este polvo terrenalY ascender con alas fuertes y noblesPara habitar entre los justificados.No es muerte escucharLa llave abrir la puertaQue nos libera de los años de mortalidadPara alabar a Dios por la eternidad.O Jesús, al haber conquistado la tumbaTu preciosa sangre tiene poder para salvar.Aquellos que en ti confíanDescubrirán en tu misericordiaQue no es muerte morir.(Compositores: Bob Kauflin / Henri A.c. Malan)En 1 Tesalonicenses 4:13-18 leemos del futuro que espera a cada creyente, y nuestra segura esperanza de vida después de la muerte. En el versículo 13 Pablo les dice:“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.”¿En qué basamos esta esperanza? Los siguientes versículos explican:“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.”Por la resurrección de Cristo tenemos la certeza de que nosotros también seremos resucitados con Él. Y a la venida de Cristo, aquellos que aún viven, serán arrebatados con él en las nubes. ¿Y cómo se llevará esto a cabo? Lo leemos también en el texto:“Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.”“Por tanto”, nos dice Pablo en su carta, “alentaos los unos a los otros con estas palabras.” Debemos amar la vida, y vivirla bien, para el Señor. Sin embargo, parte de vivir la vida bien debe incluir un sentimiento de paz ante la muerte, ya sea la nuestra o la de un ser querido. Esta paz que sobrepasa todo entendimiento, se obtiene cuando creemos en la obra de amor de Cristo en nuestro lugar y la certeza de una eternidad en su compañía. Solo entonces pueden ser de aliento estas palabras. En el momento de la aflicción, animémonos unos a otros con la esperanza que nos ha regalado nuestro Salvador. 

  40. 407

    Tesalonicenses-135 Como ladrón en la noche

    Como ladrón en la nocheEl mensaje de Tesalonicenses es evidente cuando leemos las cartas. El Señor Jesús vuelve, y su venida es segura e inminente. Un evento inminente es uno del que no se sabe el día ni la hora, pero se sabe que está por ocurrir. Así es la venida de Cristo. Pablo advierte a los tesalonicenses que Cristo vendrá como ladrón en la noche. Cuando el ladrón viene, no anuncia su llegada. Así Cristo, aunque sin duda no viene con las intenciones de un ladrón, sí vendrá sin aviso. El anuncio ya está hecho, y nosotros debemos anticipar su venida, estando preparados para que cuando ocurra, no tengamos que estar avergonzados ni sorprendidos. Dice Pablo en 1 Tesalonicenses 5:1-6“Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.”Cuando Cristo venga, como leemos en 2 Tesalonicenses 1, él traerá la retribución justa para cada uno. Nosotros no podemos hacer justicia perfecta aquí en la tierra, pero el Dios justo traerá justicia, como nos dice el texto:  “Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.”Este texto deja bien claro el fin de cada persona en la Tierra. Aquellos que confían en Cristo para salvación estarán eternamente en la presencia del Señor, y aquellos que han rechazado a Dios serán excluidos. Y esto, como dice el versículo 12, “para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado.”“El día del Señor está cerca” nos dice el versículo 2 del capítulo 2, pero Dios espera con paciencia a aquellos que aún han de creer en Él. Es la iglesia de Cristo y el Espíritu Santo que en nosotros habita que hace que los eventos del fin no hayan venido ya. 2 Pedro 3:9 nos dice que Dios es paciente, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Vivamos conscientes de estas verdades. No tomemos a la ligera el tiempo que tenemos y las oportunidades de traer gloria al nombre de Dios aquí en la Tierra, porque los días son cortos, y no somos ignorantes del futuro que está por venir. Pablo concluye en el capítulo 2: 15-17:“Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra. Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra.”El Señor viene pronto. Que vivamos esta vida plenamente, con el deseo de ver su rostro, en las palabras del apóstol Juan, diciendo: “Ven, Señor Jesús!

  41. 406

    Tesalonicenses-134 La voluntad de Dios para sus hijos

    La voluntad de Dios para sus hijosDios especifica Su voluntad para sus hijos. En 1 Tesalonicenses 4:3 leemos que su voluntad para nosotros es nuestra santificación.¿Qué significa esto? Santificado significa “apartado.” Se refiere a algo escogido que se aparta para una función muy especial. En Efesios 1:4 leemos: “nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,”Este concepto es muy sencillo y cotidiano. Me gusta poner el ejemplo del cepillo de dientes. Solemos apartar nuestro cepillo de dientes para un único propósito, cepillarnos los dientes. Para ello debemos mantenerlo “santo” y sin mancha. No utilizaría ese cepillo para limpiar otra cosa que no fuera mis dientes. No quisiera que fuera utilizado para limpiar tampoco los dientes de otro, ¿verdad? Ese cepillo ha sido apartado, y lo mantengo limpio para que pueda cumplir su propósito.Cuando somos santificadas, nuestra vida es apartada para la gloria del Señor y ha de mantenerse limpia y sin mancha.  La santificación es un proceso que comienza en el momento de la salvación y que continúa hasta que lleguemos a la presencia de Dios Padre. ¿Pero cómo somos santificados? No es nada que produzcamos nosotros con nuestro esfuerzo 2 Corintios 3:18 nos explica que es la obra de Dios en nosotros.  “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”Somos transformadas “de gloria en gloria” es decir, poco a poco, sin llegar a acomodarnos por lo que hemos conseguido, sino gozosas en Cristo, deseando crecer más en nuestra santidad. Debemos seguir mirando en la Palabra de Dios, como en un espejo, la reflexión de la gloria de Dios.Jesús pide en oración por sus discípulos en Juan 17:17: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.”Mirando en Su Palabra podemos conocer al Señor y Su voluntad. Si no tienes tiempo para estudiar Su Palabra, no podrás experimentar la voluntad de Dios para tu vida. Por la Palabra de Dios en Isaías 43:7 sabemos que hemos sido creadas por Dios para traer Gloria a Su nombre. Lo que trae gloria a Su nombre es nuestra salvación primeramente, como también vemos en 2 Tesalonicenses 2:14, y la santificación de sus hijos, como hemos leído en la primera carta. Esa es la voluntad de Dios para cada uno. Nosotros debemos permanecer en la Palabra de Dios para ser santificados, y la santificación debe evidenciarse en nuestra vida: según el texto en Tesalonicenses, el que se santifica para el Señor, se aparta de fornicación (4:3), no agravia ni engaña en nada a su hermano (4:6), desecha la inmundicia y busca la santificación (4:7-8), ama al prójimo, (4:9-10), procura la paz, y se ocupa en sus negocios, trabaja con sus manos y se conduce  honradamente para con los de afuera (4:11-12)Leemos en el capítulo 5 cómo Pablo exhorta a los creyentes a respetar a aquellos que trabajan para el bien espiritual de los cristianos, a no ser ociosos, a alentar a los de poco ánimo y sostener a los débiles, siendo pacientes unos con otros en amor, (5:14). Les ruega que no den mal por mal, sino que elijan siempre el bien (5:15), a que mantengan el gozo en el Señor (5:16), y que oren sin cesar, dando gracias a Dios por todo. El cristiano que está en proceso de santificación vive con la certeza de que Cristo vuelve, como anuncia Pablo a través de las dos cartas, y mientras lo espera, vive una vida que agrada a Dios.  En Romanos 12:2 el apóstol decía: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Lo bonito es que el cristiano que busca la santificación diariamente, al mismo tiempo que cumple la voluntad de Dios, nota que su relación con otros es mucho más agradable y constructiva. La voluntad de Dios resulta ser buena, agradable y perfecta. El mismo Dios de paz nos santifique por completo; y todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que nos ha llamado, el cual también lo hará. (2 Tesalonicenses 5:23-24)

  42. 405

    Tesalonicenses-133 Introducción a las cartas a los Tesalonicenses

    Primera carta a los TesalonicensesEsta carta es la primera de todas las epístolas de Pablo. Escrita durante su segundo viaje misionero, la carta iba dirigida a los creyentes en Tesalónica, ciudad romana cosmopolita, capital de provincia y situada en la costa del mar Egeo.En Hechos 17 leemos de la llegada de Pablo a la ciudad de Tesalónica, después de haber compartido el evangelio en Filipos. Parece ser que Pablo estuvo allí unos meses. Lucas comparte que un buen grupo creyó en Cristo, judíos, y gentiles de diferentes nacionalidades. Sin embargo, Pablo tuvo que salir de la ciudad precipitadamente porque “los judíos que no creían,” viendo la obra del evangelio  “causaron gran alboroto,” nos dice el texto.A pesar de los disturbios, los que habían creído en Tesalónica no habían sucumbido a las amenazas de los que luchaban contra la verdad de Cristo. Al contrario, cuando Pablo escribe desde Corinto, de gracias a Dios por los creyentes de Tesalónica, por su amor y dedicación al evangelio. En los versículos 8 y 9 del primer capítulo los alaba por la forma en que han compartido el mensaje de salvación, diciendo: “Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada; porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero,”Pablo, desde Corinto, recibía noticias de que los nuevos creyentes de Tesalónica seguían fieles y creciendo en el Señor. Él quería ir a visitarlos, pero al no serle posible, había pedido a Timoteo que fuera él, y Timoteo había vuelto a Corinto trayendo un buen reportaje de la obra de Dios entre los tesalonicenses, incluso durante momentos de persecución. Leemos en el segundo capítulo (13): “Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes. Y dice también:“Vosotros sois nuestra gloria y gozo.”Y en el capítulo 3, tras haber recibido noticias de parte de Timoteo, Pablo dice:“porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor.”Pablo había sufrido persecución por compartir la Palabra, y los cristianos de Tesalónica también, mas lo que los mantenía firmes era el saber que todos tenían puesta su fe en el mismo Salvador, Jesucristo. El peligro era real, mas la esperanza también. Por lo que Pablo cierra el capítulo 3 con estas palabras:“Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo, dirija nuestro camino a vosotros. Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos—” Todo esto para que sus corazones fueran afirmados, “hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.” Con este mismo deseo acaba la carta el apóstol.Como cristianos, vivimos para la gloria de Dios, y nuestro deseo ha de ser que cuando lleguemos a la presencia de Dios, podamos ser recibidos con las palabras: bien hecho, siervo fiel. Que sea ésta nuestra oración al leer la primera carta de Pablo a los Tesalonicenses. “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.” (1 Tesalonicenses 5:23-24)

  43. 404

    Colosenses-132 Asidos de la Cabeza

    Asidos de la CabezaPablo escribía a personas que habían conocido a Cristo. Los que antes vivían bajo religiones que marcaban el comportamiento que debían seguir sus fieles, ahora vivían para agradar a Dios. Esta nueva forma de vida no dependía del cumplimiento de ritos y normas. La nueva condición se reflejaba en una vida ordenada, pero no porque la salvación del alma dependiera de la obediencia a leyes. La salvación del alma la habían obtenido al depositar su fe en Cristo, y el poder de Dios había transformado cada vida. Ahora ya no tenían que sucumbir a las tentaciones del pecado. Como vimos en la carta a los Gálatas, tampoco podían confiar en sus buenas obras ni tenían por qué depender de estas para su bienestar espiritual.Como en Gálatas, en Colosenses 2:20-23 Pablo explica que habiendo sido salvos de la ley y el pecado, ¿por qué seguiría alguien con todas estas ataduras? “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.”Pablo explica aquí que todo esfuerzo que pueda hacer una persona por mejorarse a sí misma puede tener algo de provecho humano pero nadie puede obtener la salvación del alma por su propio esfuerzo, por muy bueno que sea. Por tu esfuerzo y disciplina puedes llegar a ser considerado sabio y tener buena reputación ante la gente, pero el apóstol declara que todos estos esfuerzos humanos no tienen en realidad ningún valor incluso contra los apetitos de la carne. Puede decir esto porque no hay humano que pueda vivir toda su vida en completo control de sus emociones y acciones. Tarde o temprano llegamos a una situación en la que perdemos el control y hacemos aquello que nos habíamos propuesto no hacer. El único en la historia de la humanidad que puede decir que ha vencido la carne es Cristo. Él no cayó en ningún momento de tentación, y es el único del que podemos afirmar que jamás pecó. El versículo 19 del capítulo 2 explica que la manera de vivir una vida cristiana victoriosa es “asiéndose de la Cabeza.”  El versículo explica que necesitamos estar asidos de Cristo para poder crecer. Es “en virtud de (Cristo) que todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.” Solo cuando hemos llegado a formar parte del cuerpo, que es la iglesia de Cristo, podemos permanecer bien conectados al que es la Cabeza, “asidos de Cristo”, y así permanecer firmes. En ese momento, podemos, como dice en el capítulo 3, hacer morir lo terrenal en nosotros, “cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,”No quisiéramos causar ira a la Cabeza, ni vivir en desacuerdo con esta. Creo que estaríamos de acuerdo que en un cuerpo mortal, cuando no hay buena conexión entre la cabeza y el resto del cuerpo, tenemos un serio problema funcional. De la misma manera, el Cuerpo, que es el conjunto de personas que hemos confiado en Cristo como nuestro Salvador, queremos mantener una relación coherente y pacífica con la Cabeza, que es Cristo. Para que cada parte el cuerpo pueda funcionar en armonía, es imprescindible que cada uno de nosotros estemos constantemente conectados a la Palabra que Dios nos ha dejado. A través de la Biblia podemos conocer a Dios y descubrir su voluntad. Así que Pablo les deja este consejo de vida en Colosenses 3:16-17:“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.”Esta preciosa armonía hace que el cuerpo funcione para la gloria de Dios. Cada uno estudiando la Palabra de Dios, enseñándonos y animándonos unos a otros, alabando al Señor en nuestros corazones y compartiendo su alabanza unos con otros, y llevando cada pensamiento o acción a Dios, de forma que todo lo que hacemos o no hacemos, es para traer gloria al Padre por medio de la Cabeza que es Cristo. Gracias a Dios por este precioso misterio, por este perfecto plan. Vivamos en unidad y armonía para proclamar su gloria.

  44. 403

    Colosenses-131 ¿Quién es el Cristo?

    ¿Quién es el Cristo?Las epistolas nos describen la deidad de Cristo de una manera espectacular. Si en algún momento te has preguntado o te han preguntado quién es Jesucristo, la carta a los Filipenses te lo describe de manera concisa y precisa y Colosenses también nos habla claramente de su deidad. Jesús no fue tan solo un buen hombre que vivió hace unos dos mil años, que ayudaba a los necesitados y denunciaba las injusticias sociales, como algunos lo describirían. Si vamos a aceptar la figura de Jesús, la cual está científicamente probada, debemos aceptarlo como la Palabra de Dios lo presenta. Alguien ha dicho que si no aceptamos que Jesús murió en la cruz y resucitó al tercer día, como él mismo afirma, entonces no podemos considerarlo un buen hombre, porque sería un mentiroso engañador. La Biblia presenta a Jesucristo como el Mesías, un título que significa “el ungido”. Como el Ungido de Dios, Jesús es la prometida simiente de Abraham que sería para bendición de todas las familias de la tierra. Las escrituras se refieren a él también como Hijo de Dios, hijo de Hombre, el Salvador, el Cristo, Emanuel (Dios con nosotros), o Logos (el Verbo). Jesucristo es enteramente Dios y enteramente hombre. Por este motivo es el único que puede ser el Mediador entre Dios y los hombres. Cuando vivió en la Tierra, tuvo las mismas necesidades que cualquier ser humano; la única diferencia es que no pecó. Jesús también es completamente Dios. Algunos quieren explicar al Cristo desde una perspectiva limitada a la capacidad humana y pecan al negar que Jesús es Dios. En el capítulo 2:9-10 Pablo afirma la deidad de Cristo con estas palabras: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.”Las palabras “toda la plenitud de la Deidad” dejan bastante clara la naturaleza divina de Dios. Mas Pablo describe su Deidad aún con más detalle en Colosenses 1:15-20: “El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.”Esta descripción no deja lugar a duda. Cristo es la imagen misma del Dios invisible. Es también el creador de todas las cosas, en los cielos y en la tierra, y es también el que sustenta la creación. No solo ha creado todo, sino que hace que todo subsista. Cristo es además la cabeza de la iglesia, siendo Él el origen de la salvación y el medio por el cual somos salvos. En Él habita toda la plenitud, y por eso puede ser él el mediador, habiendo hecho la paz entre Dios y el hombre por medio de la sangre de su cruz. Es por esto que puede presentarnos, como dice el versículo 22, “santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;” No que nosotros seamos perfectos cuando recibimos el perdón de Cristo, sino que por medio de su redención, Él nos presentará en el día final santos, sin mancha e irreprensibles delante del trono. Es obra de Cristo, y no nuestra. Es una bendición poder confiar plenamente en Dios, pues el trino Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo nos ha dado la vida aquí en la Tierra y ha provisto la salvación eterna para sus hijos.

  45. 402

    Colosenses-130 Colosenses

    ColosensesPablo escribió la carta a la iglesia de Colosas desde prisión. Epafras, pastor de la iglesia, había compartido con Pablo lo que el Señor estaba haciendo entre los colosenses. La iglesia estaba creciendo a pesar de la presión que los creyentes recibían de judaizantes y de la influencia de las creencias paganas de la cultura que los rodeaba. Leemos en el primer versículo que Timoteo estaba con Pablo cuando escribió la carta que iba dirigida a aquellos que habían confiado en Cristo y se congregaban en la iglesia de Colosas. Sin embargo, en el capítulo 4 Pablo les dice que debían compartir la carta con los creyentes de Laodicea, y leer ellos la carta que Pablo les había enviado. Algunos creen que la carta que Pablo envió a los Laodicenses era una copia de la misma carta que envió a los Efesios. Existe una copia antigua de la epístola que no tiene el título, indicando posiblemente que otras iglesias también recibieron la carta.Pablo no había estado en Colosas y no conocía a la iglesia. Había oído de ellos, y en sus oraciones daba gracias a Dios por los creyentes ahí, por la fe que estos tenían y por el amor con que la demostraban. En el capítulo 2 Pablo les dice: “Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro; para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”La carta a los colosenses y la carta a los Efesios tienen mucho en común. En ambas encontramos a Pablo dando gracias por los hermanos y orando por ellos, para que pudieran crecer en el conocimiento de Dios y así vivir una vida digna del evangelio. El apóstol entendía bien que para vivir como Dios quiere, primero tenemos que conocer bien a Dios. Como en la carta a los efesios, la primera parte presenta la doctrina, o lo que llamaríamos la teoría, y la segunda parte nos muestra la aplicación de dicha doctrina. En el capítulo 1, leemos cómo el Padre nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; y “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. (Colosenses 1:12-14)En Cristo, estamos completos. Hemos sido perdonados, nuestra deuda anulada; y ahora nuestra vida y esperanza descansan en la plenitud de Cristo, y Él nos completa. En Colosenses 3:4 leemos que “Cuando Cristo, se manifieste, entonces [nosotros] también [seremos] manifestados con él en gloria.” Basado en esa verdad, Pablo les dice: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.” (Colosenses 3:1)Esta plenitud que tenemos en Cristo se manifiesta en una vida nueva, caracterizada por el fruto del Espíritu Santo y demostrada en nuestra relación con otros, comenzando por los de nuestra casa y extendiéndose a aquellos con los que tenemos contacto. Con la imagen de un cambio de ropa, el apóstol enseña: Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.”Dios, el cual nos ha ofrecido su perdón, paz y amor, es el que nos capacita para amar a nuestro prójimo. Gracias a Dios por amarnos y completarnos en Cristo. 

  46. 401

    Filipenses-129 Una vida de gozo

    Una vida de gozoLa carta a los Filipenses presenta una vida gozosa, fundada en Cristo, y desarrollada en oración continua y compromiso firme. Pablo da en el capítulo 4 pautas para poder disfrutar del día a día, sin afán, sin disensiones, sin contiendas ni peleas. La vida del cristiano se debería caracterizar por una actitud de gratitud y confianza. Dice Pablo en los versículos 6-7:“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”¿No te gustaría que tu vida fuera como Pablo la describe en estos versículos? Creo que el deseo de paz es común al ser humano. Y Dios nos ofrece su paz, la cual sobrepasa todo entendimiento. Es imposible llegar a comprender la paz que Dios da, porque la da incluso cuando a nuestro alrededor no hay sosiego. Es un misterio, pero el cristiano que confía en Dios, en los momentos más turbulentos puede disfrutar de un sentimiento de paz interior que no es posible explicar. Esto se hace posible cuando Dios guarda nuestro corazón y nuestra mente, como dice el texto. Una mente controlada por el Espíritu de Dios es capaz de meditar en la grandeza del Señor cuando todo a su alrededor tambalea. Por esto el apóstol exhorta a los creyentes de Filipos a traer las preocupaciones al Señor en oración, y en el versículo 8 a dejar que sea Dios mismo el que guarde nuestros pensamientos:  “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”Cuando nuestros pensamientos son como dice el texto, podemos damos cuenta de que estamos sintonizados con Dios. Y cuando nos salimos de la frecuencia de Dios, nuestros pensamientos acaban desviándose hacia lo que no es cierto, preocupándonos por cosas que no son reales e imaginando situaciones que nos quitan la paz. Acabamos perdiendo el tiempo pensando en cosas deshonestas que alguien nos ha hecho o peor aún, que nosotros podríamos hacer. Nos permitimos pensar en aquellos que tienen mala fama, aún si el pensar en ellos nos pone de mal humor. Dejamos que nuestra mente dé vueltas sobre cosas que no tienen virtud alguna, y acabamos criticando en lugar de dar gracias. Cuando damos rienda suelta a nuestros propios pensamientos, en lugar de paz, sufrimos ansiedad, miedo, y desánimo. En lugar de esto, tomemos el reto que Dios nos ofrece. Si dejamos que Dios tome el mando de nuestra mente podremos disfrutar de la paz de Dios y de los buenos pensamientos que Él quiere producir en nosotros. Pablo había aprendido a tener paz y gozo en cualquier situación. Dice en los versículos 12 y 13: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”Así como Pablo vivía, podemos vivir nosotras. Al hacer esto, no sólo podremos disfrutar de paz y ver la vida de forma más positiva, sino que seremos sal y luz en medio de aquellos que no han experimentado la paz de Dios.  Pablo acaba la epístola dando gracias a Dios por todas sus bondades, deseando que la gracia de Dios abunde en la vida de cada cristiano, y afirmando en Filipenses 4:19 que Dios siempre cuida a los suyos. Descansemos seguros en esta promesa: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”A Él sea la gloria.

  47. 400

    Filipenses-128 Enemigos de la cruz

    Enemigos de la cruzAunque muchos no buscan a Dios, creo que podríamos decir que la mayoría de las personas no se considerarían a sí mismos como enemigos de la cruz. Esa terminología suena muy fuerte. Se podría aplicar a los que persiguen a los cristianos para destruirlos, o a aquellos que les hacen la vida imposible, pero no para el ciudadano de a pie. La mayoría diría que la religión puede ser beneficiosa en moderación, si es para hacer el bien, mas no consideran que ellos la necesiten. ¿Pero qué dice la biblia en cuanto a esto? ¿Quienes son los enemigos de la cruz? Filipenses 3:18-21 advierte: “Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal. Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”Pablo presenta un contraste entre los enemigos de la cruz y los seguidores de Cristo, y no parece dejar margen para aquellos que no son ni uno ni otro. Este contraste ya lo había hecho antes, cuando hablaba de las obras de la carne y las obras del Espíritu. También ha hablado de lo terrenal y lo celestial en 1 Corintios 15, y hablará también a los Colosenses del cuerpo terrenal y el espiritual. Santiago también contrasta la sabiduría terrenal con la celestial, no dando lugar a otro tipo de sabiduría. Siguiendo esta dicotomía debemos concluir que aquellos que no tienen la ciudadanía en los cielos, que no viven esperando al Salvador, se encuentran en ese primer grupo que Pablo describe como enemigos de la cruz de Cristo. Sé que hay personas que son amigos del cristianismo, porque reconocen que con la filosofía cristiana el mundo funciona más ordenadamente. Mas Pablo describe a los enemigos de la cruz como aquellos que "adoran el vientre, y cuya gloria es su vergüenza". Está describiendo a los que solo piensan en satisfacer los deseos del cuerpo, viviendo para comer y beber, y disfrutar de los placeres de la vida. No es que comer y beber y disfrutar la vida sea malo, pero estas personas solo piensan en lo terrenal, en el aquí y ahora, y no tienen tiempo para pensar en las cosas celestiales. No quieren perder ni un minuto de su tiempo aquí en la Tierra para considerar el estado de su alma ni lo que les espera después de la muerte. Solo tienen tiempo para las cosas de esta tierra. A estos les llama el apóstol enemigos de la cruz, y nos dice que su destino final es la perdición. Ellos no recibirán el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús al final de la carrera de la vida. Habrán corrido, pero hacia la perdición. En lugar de vivir para Cristo, habrán vivido para ellos mismos, y la llegada a la meta será triste, pues todo para lo que han vivido se quedará a este lado, y lo único que encontrarán a la llegada será perdición, lejos de la presencia de Cristo.No quisiera sonar pesimista ni catastrófica, pero quisiera comunicar ese sentimiento de urgencia que he sentido al leer el texto en Filipenses 3. Pablo quería proteger a estos cristianos de los enemigos de la cruz, pero muchas veces nosotras mismas podemos mostrar características que nos identificarían con estos. Si decimos con Pablo “Para mí el vivir es Cristo”, no podemos vivir el día a día pensando en lo material solamente, lo que comeremos, lo que haremos, lo que lograremos. Si de verdad vivimos en Cristo, lo demás debe ocupar menos importancia en nuestras vidas. Yo debería cuidar mi alma más, y no dar tanta importancia a las cosas terrenales. Debería prepararme para reaccionar mejor a las decepciones diarias, y debería pasar más tiempo con Dios, y no esperar a llegar a la gloria. Al final de la carrera me espera el Salvador, pero puedo correr el curso de su mano. No quiero que se me confunda con un enemigo de la cruz.

  48. 399

    Filipenses-127 Hacia la meta

    Hacia la metaEl apóstol Pablo en la carta a los Filipenses utiliza una imagen de una carrera para explicar la vida cristiana. Cuando uno comienza una carrera, tiene claro dónde se encuentra la meta. Corre en dirección a esta meta, e intenta no hacer nada que le haga difícil correr con soltura y determinación. Su vestimenta, de los pies a la cabeza está diseñado para hacer la carrera más eficaz y agradable. Su calzado es cómodo, sus calcetines transpirables, sus pantalones frescos y su camisa suave y agradable. Puede que lleve una gorra y que se haya aplicado crema solar, dependiendo de cómo sea el recorrido hacia la meta. No sé si Pablo había sido corredor pero en el texto nos da ideas de cómo se debe correr la carrera de la fe para llegar a la meta con satisfacción. Filipenses 2:16 dice que nos es necesario correr “asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado.”Todo el esfuerzo que la carrera conlleva no debería ser en vano, por lo que tenemos que entender bien la palabra de vida que Dios nos ha dado. En Filipenses 3:12-14, Pablo, hablando de cómo correr la carrera cristiana para llegar a alcanzar el premio, nos dice:“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”Aquí vemos definida la meta del cristiano: es “el premio del llamamiento de Dios en Cristo Jesús” el cual es supremo, el más alto llamamiento. Esto describe el momento de la glorificación, cuando en el juicio final el Señor llame nuestro nombre y nos dé paso a la vida eterna con Cristo. Esta es la meta de cada persona que a través de la historia ha confiado en la obra redentora de Cristo en la cruz. Cuando allá se pase lista, todo aquel que ha iniciado la carrera de la fe en Cristo habrá seguido en la carrera gracias al don del Salvador y llegará a la meta esperada. Pablo advierte a aquellos que no sienten que están en la carrera, que no tienen el sentir que hubo en Cristo Jesús, descrito en el capítulo 2, diciéndoles: “Así que, todos los que somos perfectos (es decir, los que hemos sido perfeccionados por la obra de Cristo en la cruz), esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios.” Pídele a Dios que te muestre si estás o no en la carrera, e inscríbete por fe en Cristo, porque el premio te espera en la meta, y podrás disfrutar de la perfecta comunión con Cristo. Es por este supremo premio que nos espera que el apóstol puede decir en el 1:22: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” Pablo vivía su vida para Cristo, por lo que sin importar las circunstancias, la vivía gozoso y con ganas, y sabía que si moría, alcanzaría la meta por la que vivía, que era Cristo mismo. Cuando vivimos para cualquier cosa en esta vida, ya sea fama, dinero o diversión, en el momento de la muerte lo perdemos, porque nada podemos llevar con nosotros al la tumba. Mas cuando vivimos para Cristo, la muerte es la obtención plena de aquello para lo que hemos vivido. Por este motivo Pablo proclama sin titubear en el capítulo 3:7-9 “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.”En el capítulo cuatro, Pablo anima a los filipenses a permanecer unidos, firmes en el Señor, y gozosos, porque el Señor está cerca. Mantengamos la vista en la meta, en el premio que Cristo ya ha ganado por nosotros. Prosigamos con confianza, porque a la llegada está nuestro Salvador esperando con los brazos abiertos, y por el camino, su Espíritu nos sostiene y nos guía. Sin duda, no tenemos nada que temer, porque viviendo para el Señor, todo es ganancia.

  49. 398

    Filipenses-126 Unánimes en Cristo

    Unánimes en CristoSi tuviéramos que elegir un pasaje como núcleo del libro de Filipenses, sería el texto del capítulo 2 en el que el apóstol presenta el carácter y la obra de Cristo en nuestro favor. Pablo establece su argumento de la siguiente forma en los versículos 1 y 2:“Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia,completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.”Esto podríamos decirlo en otras palabras, ya que sus premisas son correctas:Puesto que hay consolación en Cristo, puesto que tenemos consuelo en su amor, puesto que disfrutamos de la comunión del Espíritu, de su afecto entrañable y de toda misericordia, podemos tener un mismo espíritu, sentir lo mismo y tener el mismo amor. Podemos vivir unánimes en Cristo, gracias al evangelio. Por tanto, los siguientes versículos se hacen posible. Pablo nos reta a vivir conforme a estas premisas, diciendo:“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.”Cuando vivimos conforme al ejemplo de Jesucristo, no buscamos nuestra gloria, sino que damos de nosotros mismos para el bien de los que nos rodean. Y el texto nos exhorta con estas palabras:“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”La esencia del evangelio es que Cristo, siendo Dios mismo, se bajó a sí mismo a nuestro nivel, para darnos el regalo de la salvación. Esto le costó la vida, padeciendo una muerte no solo dolorosa, sino también humillante; y todo por nuestra redención. Mas Dios no lo dejó humillado, sino que“Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”Nuestro Salvador es vencedor, y por medio de Él podremos disfrutar de la victoria eterna sobre el mal. Por Su obra en la cruz podemos vivir una vida que da gloria a Su nombre, unánimes, en amor, y con gozo; sin murmuraciones ni contiendas, (2:14), “asidos de la palabra de vida” (2:16). Muchos han seguido el ejemplo de Cristo, dando de lo suyo para el bien de otros, sirviendo a los que necesitan ayuda, prestando atención a aquellos que necesitan un hombro amigo. Haciendo esto unos con otros, cumplimos el consejo del apóstol, regocijándonos en el Señor, gozosos unos con otros, para gloria de Dios Padre.  

  50. 397

    Filipenses-125 Filipenses

    FilipensesFilipos, ciudad que debe su nombre al rey Filipo II, padre de Alejandro Magno, llegó a ser una colonia del imperio romano. Situada en la región de Macedonia, Filipos era una ciudad de gran importancia en los días del apóstol, y fue en esta ciudad que se fundó la primera iglesia en tierras europeas. En Hechos 16 leemos que cuando Pablo, Silas y Timoteo intentaron ir a Bitinia, en Asia, el Espíritu no se lo permitió, y “les fue prohibido hablar la palabra en Asia” nos dice el texto; entonces vieron en visión a un varón macedonio que les rogaba que pasaran hasta Macedonia. Y así fue como llegaron hasta Filipo, donde Lidia, vendedora de púrpura escuchó el evangelio y lo recibió, y donde el carcelero y su familia llegaron a conocer a Cristo también. En la carta a los Filipenses encontramos a Pablo escribiendo desde prisión y orando por los filipenses del mismo modo que había orado por los creyentes de Éfeso y de la zona. El apóstol daba gracias por ellos, porque habían llegado a compartir la gracia de Dios a través del evangelio, confiando en que Dios, que había comenzado la obra en ellos dándoles la salvación, la continuaría hasta la perfección en el momento de la glorificación. Pablo, sentía que estos cristianos compartían con él la gracia de Dios sin importar dónde se encontrara cada uno. Pablo estaba en ese momento en prisión por predicar el evangelio, mas sentía gozo al meditar en todas las bendiciones del evangelio, incluyendo la compañía espiritual de otros y la seguridad de una herencia en Cristo. La iglesia de Filipo estaría compuesta por personas que habían salido del paganísmo y habían llegado a conocer a Cristo, por lo que no encontramos comentarios sobre judíos y gentiles. Esto serían en su mayoría gentiles. Pablo escribe a los filipenses una carta bastante personal, tocando temas prácticos del andar cristiano. Pablo agradece a los filipenses que lo hayan sostenido con sus oraciones y sus regalos de amor. Su petición por los filipenses la vemos en los versículos 8-11: “Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor” Pablo rogaba para que estos cristianos pudieran vivir una vida sincera y sin reproches hasta el día en que estuvieran en la presencia de Cristo, que pudieran abundar en sus vidas  los frutos de justicia por medio de Jesucristo, y así dieran gloria y alabanza a Dios por su andar diario. En el último capítulo de la carta, Pablo una vez más agradece a los filipenses por el cariño que le habían mostrado, recordándoles en el versículo 19, el conocido principio que Dios cuida de sus hijos, por lo que podemos dar libremente de todo aquello que Dios nos da, porque: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”Esta verdad nos permite estar gozosos sin importar la situación, confiando en que Dios cuida a los suyos. No siempre entendemos por qué Dios permite que hijos suyos sean perseguidos por aquellos que persiguen el evangelio de Cristo. Entendemos que cuando esto ocurre, estamos participando de los sufrimientos, como comenta en Filipenses 1:19 y 3:10. Pablo entendía que Dios podía hacer que incluso en la persecución, el nombre de Dios pudiera ser proclamado y glorificado, y esto lo consideraba un honor.  En el segundo capítulo de Filipenses, Pablo presenta el corazón del libro al mostrar el carácter y la obra de Cristo. Con Cristo como ejemplo, el apóstol nos muestra destellos de lo que es una vida digna del evangelio de Cristo. El contenido del libro está directamente conectado al núcleo, que es la persona de Jesucristo. Aquellos que hemos gustado la gracia y el amor de Dios podemos vivir una vida de gozo y confianza, intercediendo en oración unos por otros y apoyándonos en la fe hasta el día de Jesucristo.

Type above to search every episode's transcript for a word or phrase. Matches are scoped to this podcast.

Searching…

We're indexing this podcast's transcripts for the first time — this can take a minute or two. We'll show results as soon as they're ready.

No matches for "" in this podcast's transcripts.

Showing of matches

No topics indexed yet for this podcast.

Loading reviews...

ABOUT THIS SHOW

Reflejos de su gloria es un programa que tiene como objetivo compartir las enseñanzas de las Escrituras, celebrando la gloria de Dios, con el deseo de reflejar su carácter con cada enseñanza.

HOSTED BY

David y Maribel

CATEGORIES

Frequently Asked Questions

How many episodes does Reflejos de su gloria have?

Reflejos de su gloria currently has 50 episodes available on PodParley. New episodes are automatically indexed when they're published to the podcast feed.

What is Reflejos de su gloria about?

Reflejos de su gloria es un programa que tiene como objetivo compartir las enseñanzas de las Escrituras, celebrando la gloria de Dios, con el deseo de reflejar su carácter con cada enseñanza.

How often does Reflejos de su gloria release new episodes?

Reflejos de su gloria has 50 episodes. Check the episode list to see recent publication dates and frequency.

Where can I listen to Reflejos de su gloria?

You can listen to Reflejos de su gloria on PodParley by clicking any episode. We provide an embedded audio player for direct listening, and you can also subscribe via your preferred podcast app using the RSS feed.

Who hosts Reflejos de su gloria?

Reflejos de su gloria is created and hosted by David y Maribel.
URL copied to clipboard!