EPISODE · Oct 30, 2020 · 12 MIN
A009 Roma, Historia Eterna - Monarquía III (los siete reyes - Tulio Hostilio)
ROMA Período 750 al 510 antes de Cristo ó 3 al 243 ab urbe condita. De la monarquía o de los siete reyes. Tulio Hostilio Conocido como Tulo Hostilio o Tulio Hostilio (Tullus Hostilius o Tullius Hostilius). Tulio Hostilio, un príncipe latino y belicoso, sucedió (672 antes de Cristo o 81 ab urbe condita, hasta 641 antes de Cristo o 112 ab urbe condita ) a Numa Pompilio, después del interregno, que, como norma habitual, duraba un año. Este periodo anual de interregno, durante la monarquía, lo protagonizó el Senado, que congregaba y designaba un interrex para poder mantener los auspicia sagrados (augurios) mientras el trono estuviera vacante. Cada cierto tiempo esta citada asamblea nombraba un solo interrex, hasta que se elegía a un nuevo rey. Cuando el interrex designaba a un candidato que iba a ostentar la diadema real, lo presentaba al Senado, quien examinaba al candidato. Si se aprobaba la candidatura del elegido, el interrex, como presidente, congregaba a la Asamblea curiada (comitia curiata) para entronizarlo. Llegados aquí, el pueblo romano tenía la potestad de aceptar o rechazar al candidato, mediante dos procesos: el primero, si el veredicto del pueblo era aprobar al propuesto, entonces el nuevo rey electo debía obtener el beneplácito divino, una vez convocados los dioses por medio de los auspicios, ya que él mismo iba a ocupar el cargo de pontífice máximo. El ritual consistía en que el electo ocupara un sitial de piedra, conducido por el augur, mientras el pueblo esperaba situado en un lugar inferior. Si era dignificado para el reinado, el augur clamaba la aceptación del elegido por haber sido favorecido por los dioses, confirmándose de este modo su carácter sagrado. El segundo y último paso que debía llevarse a cabo era la concesión del imperium al nuevo rey. El anterior voto de la Asamblea curiada solo había determinado quién podía ser rey, y no era válido para otorgar los poderes precisos del rey sobre el candidato electo. Por tanto, el mismo rey proponía a la Asamblea curiada una ley (lex curiata de imperio) por la cual obtenía el imperium, que era concedido al monarca mediante el voto favorable de la misma. La razón para este doble voto de la Asamblea curiada no está muy clara. El imperium solo podía ser conferido a la persona que los dioses habían hallado favorable, siendo por tanto necesario determinar primero quién había de ser la persona que era capaz de obtener el imperium, y cuando los dioses se mostrasen favorables al candidato, habría de concedérsele el imperium mediante un voto especial. Esta institución se mantuvo durante la monarquía y la república. En la república se ejercía cuando los cónsules morían durante el ejercicio de su cargo antes de poder celebrar las elecciones consulares. Para entender las funciones del Senado (en latín senatus), cabe reseñar que este órgano nació como una institución consultiva de la monarquía romana, compuesto por 30 patricios (miembros representantes de cada gens) que con el paso del tiempo ascendieron a 300 compromisarios. Durante la República acaparó más prerrogativas, pasando a refrendar a través de su auctoritas los actos de los cónsules, y extendiendo su competencia también a los actos de otros magistrados y Comicios, temas religiosos, conflictos entre magistrados, policía, crímenes con pena capital cuando esta era conmutada, cuestiones militares y financieras, y tratados internacionales. Por su belicosidad honró a su abuelo Hosto Hostilio, tan guerrero como el fundador de Roma con el que participó en la guerra contra los sabinos. La leyenda, además, mantiene que Tulio Hostilio volvió a adoptar una guardia personal, los antiguos celeres o veloces, que Romulo creó y Numa Pomilio abolió. Le estableció un sueldo y, además, ejerció como cuerpo especial de caballería y fuerza principal y destacada del ejército del rey. Nombró a un tribuno celero (tribunus celerum) como jefe de esa guardia. Este cargo ocupó en la jerarquía militar el segundo lugar despues del rey y gozó de la potestad de convocar la asamblea de la Curia (Asamblea curiata). Le correspondió la organización militar en Roma. Luchó contra Veyes, ciudad etrusca situada al norte, y conquistó, derrotando al rey albano Cayo Cluilio, Alba Longa, ciudad situada al sur, antigua capital del Lacio, ampliando la ciudad de Roma hasta el monte Celio. La guerra tuvo ocasión porque campesinos romanos saquearon las tierras de Alba Longa y los albanos también se dieron a la rapiña. Legados tanto de una ciudad como de la otra partieron para reclamar los robos, pero Tulio Hostilio se adelantó para expulsar a los de Alba Longa, declarando la guerra. Fallecido en el campamento albano, el rey Cayo Cluilio, Mecio Fufecio fue nombrado dictador, quien declaró, para evitar un enfrentamiento sangriento, que la guerra exterminaría a ambos pueblo y, como consecuencia, solo se beneficiarían de ello los etruscos. Entonces urdió un plan que consistíó en entablar un combate entre tres hermanos gemelos romanos y otro tanto de hermanos gemelos albanos. La gens Horacia (según la histórica leyenda de los Horacios y los Curiacios) debió tomar parte decisiva en la conquista de Alba Longa, ciudad del Lacio, fundada, por Ascanio, hijo de Eneas. Ejerció la hegemonía sobre la Confederación de las Treinta Ciudades del Lacio, que ofrecían colectivamente sacrificios en el monte Albano, y fue rival de la Roma naciente. Parece que se hallaba cerca de la actual Castelgandolfo. Surgió, pues, una de las clásicas leyendas romanas, datada hacia el año 667 antes de Cristo o 86 ab urbe condita, que a continuación se describe. Por el bando romano fueron presentados los hermanos Hocacios (Horatii) y por los albanos, los hermanos Curiacios (Curiatii). Este combate fue relatado por Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso, donde ocurrió en un primer embite la muerte de dos de los Horacios, mientras los tres Curiacios resultaron heridos. El ileso Horacio echó a correr, perseguido por los tres Curiacios. Por el grado de sus heridas los tres Curiacios iban quedándose separados cada uno de ellos a cierta distancia. El Horacio, observando esta circunstacia, retrocedió súbitamente y resolvió atacarlos por separado, logrando dar muerte a sus tres enemigos. Este triunfo proporcionó a los romanos el sometimiento de los albanos a Roma. Esta débil alianza se rompió en el año 665 antes de Cristo o 88 ab urbe condita, cuando Tulio Hostilio dispuso que Mecio Fufecio le apoyara con su ejército en caso de guerra contra la ciudad etrusca de Veyes. Poco después, la ciudad de Fidenas, que estaba sometida a Roma como colonia, planeó rebelarse con apoyo de Veyes. Mecio Fufecio, como aliado secreto a la rebelión, prometió traicionar a los romanos al momento de combatir. Tulio Hostilio llamó a los albanos para que le apoyasen como se estipulaba entre dos pueblos sabiéndose aliados. Para la batalla, Tulio Hostilio formó a los romanos frente a las tropas de Veyes, y a los albanos frente las de Fidenas. Pero Mecio Fufecio, alejó a los albanos subiendo a unos montes contiguos, abandonando a los romanos y esperando intervenir en favor de quien tomara ventaja en la batalla. Entonces Tulio Hostilio anunció a gritos a su ejército (para que lo escuchara también el enemigo) que Mecio Fufecio no estaba abandonando el campo, sino siguiendo órdenes suyas para atacar por retaguardia a los de Fidenas. Con esto dio confianza a los romanos y los lanzó contra los fidenitas, que temiendo verse rodeados se replegaban. Luego de vencer a los fidenitas atacó el ala de Veyes y la venció. La batalla fue la más cruenta que Roma había librado hasta el momento. Mecio Fufecio reincorporó su ejército al de Roma y Tulio Hostilio fingió recibirlo de buen ánimo. Pero al día siguiente convocó asamblea de ambos ejércitos. Los albanos acudieron desarmados pero fueron rodeados por los romanos. Tulio Hostilio acusó al jefe albano de traición y mandó que le descuartizasen atándolo a dos cuadrigas. A continuación dispuso que Roma y Alba Longa volvieran a reunirse como un solo pueblo y ciudad, trayendo a Roma a los albanos, doblando la población de la ciudad y dándoles la ciudadanía romana y otorgando a los jefes albanos el cargo de senadores. A continuación Alba Longa fue destruida en su estructura urbana, y sus habitantes reubicados en Roma. Además del enfrentamiento con Alba Longa, Tulio Hostilio luchó contra los etruscos y los sabinos. Roma, protegida por una larga muralla y apoyada en una ciudad bien fortificada, el Capitolio, logra la hegemonía política del Lacio, desplazando a Alba Longa. La masa de la población estaba constituida por pastores y caminantes, en un principio, luego, aparecieron, además, los comerciantes y los agricultores. El medio utilizado para el intercambio es el ganado (pecus, de donde deriva pecunia = dinero). Tulio (o Tulo) edificó la Curia (Curia Hostilia). Al originario sacerdocio de los Salii Palatini, le añadió el reciente colegio de los Salii Collini. Se promulgó la 1ª lex Papiria de consecratione (entre 663 antes de Cristo o 90 ab urbe condicta y 626 antes de Cristo o 127 ab urbe condita) que era tribunicia y venet in iussu plebis aedes ternam aram consecrati, es decir, que las cosas que se hicieran sagradas por la sola voluntad de los particulares, exigiéndose para ello una consagración formal y, en cuanto a los inmuebles, una autorización concedida por una ley. Sobre la muerte acontecida a Tulio Hostilio existen dos versiones diferentes: Una, habiendo caído enfermo, dicha enfermedad le procuró una superstición excesiva, que le llevó a recuperar rituales, celebrados en el reinado de Numa Pompilio, para honrar a los dioses. Errando en el modo de ofrecerlos a los dioses, según Tito Livio, Júpiter, haciendo eco de una cólera divina, acabó con su vida provocando por medio de un rayo un incendio en un palacio. Otra, según Dionisio de Halicarnaso, siendo ésta la historia más extendida, recelando de la abundante descendencia del rey, Anco Marcio, sobrino o nieto de Numa Pompilio, tramó, junto con un grupo de romanos, acudir al palacio real para quitar la vida tanto al monarca como a su familia. Luego prendió fuego al palacio y, para ocultar el incidente, se basó en una tormenta que se prodigaba en numerosos rayos, propagando que el causante de la tragedia había sido uno de aquellos rayos. Así pues Tulio Hostilio fue sucedido, al parecer dos años después, por Anco Marcio, como cuarto rey de Roma.
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