EPISODE · May 24, 2026 · 3 MIN
Solemnidad de Pentecostés - 24.05
from El Comentario del Día · host Ermita Virgen del Puerto Madrid Río
SOLEMNIDADDE PENTECOSTÉSsan Juan7, 37-39Todopertenece a Dios “Sellenaron todos de Espíritu Santo”. Dios no hace reservas con nadie. Él quiereque todos los hombres le conozcan, y descubran el amor que tiene por cada uno,sin distinciones de color, raza o lengua. Decía hace algunos años el CardenalRatzinger acerca de los fundamentos espirituales de Europa: “Somos herederos deuna disolución de las certezas primordiales del hombre sobre Dios, sobre símismo y sobre el universo”. La conclusión es que el hombre, una vez ha roto surelación con Dios, pierde su propia identidad. Y ésta es la contradicción en laque nos movemos constantemente: mientras reivindicamos derechos humanosfundamentales (libertad, justicia…), somos capaces de justificar situacionesque atacan directamente la dignidad humana, como es el tráfico de embriones, elcomercio de órganos, etc.Al llegara éste día solemne de Pentecostés, no podemos más que reclamar lo que pertenecea Dios: todo el orden creado. La vida no es algo con lo que se pueda jugar,sobre todo cuando la ponemos en manos de quienes mañana dirán lo contrario,dependiendo de su interés egoísta. El Espíritu Santo no sólo merece respeto,sino que da la inspiración para que todo lo sagrado tenga su primer y últimosentido en Dios, dejando de lado fanatismos y partidismos. Resultasorprendente, tal y como afirmaba el Cardenal Ratzinger, que “cuando se tratade Cristo y de lo que es sagrado para los cristianos, la libertad de opiniónaparece como el bien supremo, cuya limitación resulta una amenaza o incluso unadestrucción de la tolerancia y la libertad en general. Sin embargo, la libertadde opinión tiene su límite en que no puede destruir el honor y la dignidad delotro; no hay libertad para mentir o para destruir los derechos humanos”. Aveces nos encontramos prisioneros, en esta sociedad de Occidente, de unaenfermedad que “sabe comprender” todo lo que sea extraña a ella, pero renunciaa ese principio de la caridad, que ha de comenzar por ayudarse a sí misma.¡Cuántotrabajo le vamos a dar (y le estamos dando) al Espíritu Santo! Tal y como dicesan Pablo: “Nadie puede decir: ‘Jesús es Señor’, si no es bajo la acción delEspíritu Santo”. Los cristianos debemos respetar todo lo que es ajeno anosotros, porque sabemos que la salvación de Dios, “de alguna manera” (con unconsciente entrecomillado), alcanza a toda la humanidad, pero también sabemosque la verdad está de nuestra parte, gracias a la acción del Espíritu Santo,que nos hace mostrar el auténtico rostro de Dios.“Recibidel Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados;a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. Aquí está la gran “panacea”que nos brinda Cristo a través del Paráclito. Hermoso don que dispensa laIglesia a todos aquellos que sufren en lo más íntimo de su ser. “Dios perdonasiempre, el hombre algunas veces… la naturaleza nunca”. Acogiéndonos al perdónde Dios respetaremos a nuestro prójimo, y encontraremos en la naturaleza lamanera de dar gloria a Dios llevando a término su “plan de salvación”. ¡Cuántaalegría encontramos en el rostro de la Virgen!… Ella es la llena de gracia,depositaria de todos los dones y frutos del Espíritu Santo, y nosotros sushijos…
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Solemnidad de Pentecostés - 24.05
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