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El Comentario del Día
by Ermita Virgen del Puerto Madrid Río
Cada día el Evangelio ofrece una nueva forma de mirar la vida. En este espacio encontrarás un comentario diario, una breve reflexión pensada para ofrecer un momento de pausa en medio del ritmo cotidiano. El Comentario del día nace como un lugar tranquilo donde detenerse a leer, pensar y conectar el mensaje del Evangelio, buscando conectar con la vida real: con lo que nos pasa, con lo que sentimos, con las preguntas que a veces no sabemos muy bien cómo formular.
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Domingo XII Tiempo Ordinario - 21.06
DOMINGOXII TIEMPO ORDINARIOsan Mateo10, 26-33El don dela fe Hay, aveces, en el Evangelio pasajes más oscuros, o de difícil interpretación.Nuestra madre la Iglesia en estos casos, como madre que tiene el favor de Diospara desentrañar las Escrituras acude en nuestra ayuda y nos aclara aquellospuntos algo oscuros, que escaparse a nuestra mente. Elmisterio de la Encarnación, cuando el Señor nos habla de la Santísima Trinidady algún aspecto más, pueden quedar en cierto modo velados, pero en general todoresulta sencillo. Todo se entiende si hay fe. Aunque en esto de la fe quizáconviene recordar dos aspectos: el primero y principal que la fe es un don deDios y, por tanto, cabe la actitud por nuestra parte de agradecimiento si latenemos, y de petición si notamos que nos falta; pero en segundo lugar, haytambién que recordar que, junto al don, la fe es una virtud y que, como todaslas virtudes, pueden crecer o disminuir según nosotros realicemos actos quevayan consolidando esta virtud o que, por el contrario, si no realizamos actosencaminados al crecimiento de la virtud, aquella vaya menguando e inclusodesaparezca. Esto sucede en todas las virtudes y, por tanto también en lavirtud de la fe. No escierto del todo esa expresión que en ocasiones utilizamos: “ha perdido la fe”.Como si la fe de pronto al levantarse por la mañana uno no acabara deencontrarla: “no sé donde dejé la fe”. Dicho de modo más positivo: la fe esaquel don y virtud que, precisamente por esa repetición de actos de fe, nos vallevando a tener “cada vez más fe”, de modo que uno, poco a poco, vaentendiendo mejor las cosas de Dios; va dándose cuenta de la conveniencia de irabandonándose cada vez más en manos de Dios; empieza a comprender que aquelloque “nunca” entendió y algo que ya hacía mucho tiempo que había sucedido, depronto, una tarde, empieza a percibir que sí: ahora, lo capta en toda sudimensión, y ve que aquel acontecimiento le ha servido mucho para su madurez humana,para su humildad, para su comprensión ante las penas o alegrías de los demás. Tanimportante es acrecentar la fe que debe de haber un momento que vivamos de fe.No hemos dicho que “no perdamos la fe”, sino “vivir” de fe. La fe es elalimento, la vida del alma, lo que da fortaleza, seguridad, entereza, alegría,sentido a la vida, ganas de vivir hasta el encuentro con nuestro Padre Dios. “Notengáis miedo a los hombres” y, un poquito más adelante, insiste de modoparecido: “no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar elalma”. Hemos de fundamentar el “no-miedo”, es decir, la seguridad, laentereza, la alegría, el vivir sonriendo a la vida y el no tener miedo a nadani a nadie, que la fe. La Virgenes maestra de fe. La seguridad nos la daDios que es nuestro Padre y sabemos que: “el que crea en mí (fe) vivirá parasiempre (felicidad eterna junto a Dios)”.
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Sábado XI Tiempo Ordinario - 20.06
SÁBADO XITIEMPO ORDINARIO. San Mateo6, 24-34¿Todopara nada? Hay que moverse, hay que poner en marcha laimaginación, hay que echar mano de todas las tretas a nuestro alcance paraabrirnos paso en este mundo tan hostil. “Aquél que da primero, da dos veces”, y“el que se fue a Sevilla, perdió su silla”. “Si no te mueves, te pudrirás”,vinieron a decirme el otro día, en una versión adaptada del “¡Búscate la vida,chaval!”… Para “buscarnos la vida”, somos capaces de emplear a Dios como arieteque nos abra el camino a través de una selva de hombres, olvidando que son nuestroshermanos. Los muy “piadosos”, mientras se buscan la vida, procuran dar uncontenido profético a sus tretas: “Lo hago por el Reino; lo hago por Dios; lohago por los demás”… Es extraño que todo les salga tan “a su gusto”, queparezca “su reino”, y que siempre se beneficien “sus demás”.“¿Quiénde vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de suvida?”. Y, al final… Todo para nada. Te buscaste la vida, y de todas formas teencontró la muerte. ¿Qué voy a decir en tu funeral? ¿Diré que en el nombre deDios te abriste a codazos un espacio, y que desplegaste allí, a tus anchas,todas tus capacidades? ¿Diré que conseguiste que te dejaran mostrar tustalentos ante un público rendido, y que te gustaba que te halagasen pararesponder “yo soy un pecador”? ¿Diré que lograste abrir tus alas de par en par,como una mariposa, y que en ellas habías grabado el nombre de Cristo? Quizá, silo hago, se levante alguno de aquellos a quienes apartaste del camino de unalazo… ¿Diré que glorificaste a Dios con tu vida… Pero tendré que callar que noquisiste glorificarlo con tu muerte? Perdona mi insolencia: preferiría estarante uno que ha muerto por Cristo que ante uno que ha vivido, y mucho “por Él”.“Buscadel reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura”. Los “listos” de este mundo apostillan: “sí,buscar el Reino, pero con inteligencia”… Y, con esa glosa, profanan lainteligencia, consideran que ellos conocen la Voluntad de Dios mejor que nadie,y logran que la frase de Jesús signifique “¡Búscate la vida, chaval!”… Conllevaun riesgo no desear en esta vida, sino obedecer y cumplir la Voluntad de Dios.Tememos que, en lugar de esas alas tan bonitas, Dios nos pida que extendamoslos brazos en la Cruz, que pasemos a través del desprecio y la humillación, yque ofrezcamos el silencioso sacrificio de unas alas plegadas por Amor… Hemosde buscar solamente el Reino de Dios, y dejar que Dios se ocupe de nuestra viday ponga su misteriosa “añadidura”. El mundo, y sus “piadosas” gentes, podráconsiderarlo un desperdicio o una insensatez…Pero, a fin de cuentas, también elmundo, este mismo “mundo” quiso convencer a María de que su Hijo estaba loco …
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Viernes XI Tiempo Ordinario - 19.06
VIERNESXI TIEMPO ORDINARIOsan Mateo6, 19-23Laverdadera recompensa Nospreguntamos si nos hemos creído de verdad lo del Cielo: porque, si es así,semejante inversión deja en mantillas a cualquier “stock option”: Si todostenemos la experiencia de lo sumamente deprisa que se pasa el tiempo; si todosconocemos las angustias y desvelos que nos produce el querer conservar, a todacosta, los bienes y seguridades de este mundo; si todos sabemos lo mal que sepasa cuando uno se esclaviza con metas terrenas… ¿No merece la pena entregarnuestras vidas, nuestros corazones, nuestros mejores deseos, en manos de Dios,y recuperarlos centuplicados y glorificados en el Cielo? ¡Que sí, que vale lapena, que es un filón! No te dejes engañar: esto no es un club de reprimidos nide débiles mentales: “El que pierda su vida por mi, la encontrará”. Todoaquello a lo que hemos renunciado en esta vida por Dios, nos está esperando,transfigurado y limpio, en el cielo.Por supuesto que no se trata de veniren busca de un mero beneficio egoísta. Pero el Amor tiene estas recompensas.Esta Iglesia que es hija de la Virgen es una multitud de almas que aman a Dios,que han hecho de Dios su tesoro, que han dicho, con San Pablo: “todo lo doy porperdido y lo tengo por basura con tal de que gane a Cristo”, y que dentro demuy poco se llevarán la sorpresa de encontrar en el Cielo, no sólo a su Dios,luminoso y resplandeciente, sino todo aquello que por Él han dejado aquí. EstaIglesia, hija de la Virgen, es la esposa de Cristo.
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Jueves XI Tiempo Ordinario - 18.06
JUEVES XITIEMPO ORDINARIOsan Mateo6, 7-15Noquedarnos dormidos Loshombres de Estado nunca han hecho el mundo más habitable. Quienes hantransformado la sociedad han sido los santos. Los reyes de Israel, en tiemposde Elías, fueron unos “peleles”, cuando no unos canallas. Pero la fe y lasantidad de aquel hombre fue más poderosa que todos los cetros: “hiciste bajarreyes a la tumba y nobles desde sus lechos”. Dios, que comienza siempre aedificar por los cimientos, no espera a un “hombre de Estado” que, desde loalto, corone con crucifijos los tejados… Dios quiere cristianos santos,trabajadores santos, familias santas donde se críen políticos santos.¡Primeroson los santos, y después los políticos! Francisco de Asís cambió la faz de latierra. Y la cambiaron Ignacio de Loyola, y Teresa de Jesús… Ellos hicieronposible la existencia de gobernantes santos. Pero si quienes están llamados ala santidad se han dormido; si están apoltronados frente al televisor ydemasiado ocupados en “sus asuntos”, esperando al domingo para visitar laiglesia, nuestra sociedad seguirá siendo pagana. El peor de los males que sufrenuestro mundo no es otro sino éste: el aburguesamiento de los católicos.No bastagritar “venga a nosotros tu Reino”… Porque ese Reino quiere Dios ponerlo ennuestras manos, y nuestras manos están demasiado ocupadas en “buscarnos lavida”… Un solo trabajador cristiano que no se avergüence de su fe, que ore porsus compañeros, y que sea testigo de Cristo, puede cristianizar su lugar detrabajo y convertirlo en “Reino de Dios”. El fuego prenderá después en lasfamilias de los demás trabajadores, y de allí tomarán su lumbre otras almas…Cuando perdamos el miedo a ser santos el mundo cambiará. He ahí la verdadera“revolución pendiente”.No nos conformaremos con suplicar, deforma general “hágase tu Voluntad”… A esa plegaria uniremos también la deMaría, para que estemos seguros de que nuestra oración es sincera: “Hágase enmí según tu Palabra”.
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Miércoles XI Tiempo Ordinario - 17.06
MIÉRCOLES XI TIEMPO ORDINARIOsan Mateo6, 1-6- 16-18Mirar elCrucifijo “Si logras verme cuando me aparten de tu lado, lo tendrás;si no me ves, no lo tendrás”… Misteriosas palabras. Cualquiera podría decir quela suerte de Eliseo.Situemosla página del libro de los Reyes, como si se tratase de una transparencia,sobre el Monte Calvario, y entenderemos: Elías fue anuncio de Cristo, y eseespíritu que cedió al joven Eliseo era la profecía del Espíritu Santo, que esel Espíritu de Cristo. El Jordán, río que marca la entrada en la TierraPrometida, cuyo nombre está asociado a las aguas del Bautismo, es la Pasión delSeñor, en la que todos hemos sido bautizados y sumergidos para alcanzar laVida.ConformeElías se aproxima al Jordán, va siendo abandonado por aquellos que loacompañaban: “También marcharon cincuenta hombres de la comunidad de profetas yse pararon frente a ellos, a cierta distancia”. Aquellos profetas que rehusaroncruzar el Jordán y dejaron solo a Elías son los diez apóstoles que huyeroncuando Jesús se aproximaba a la ribera de su Pasión. También son todos aquelloscristianos que están dispuestos a acompañar al Señor “hasta cierto punto” (meentiendes ¿verdad?). De todos ellos estaba escrito en el salmo: “Mis amigos ycompañeros se alejan de mí; mis parientes se quedan a distancia”. Eliseo,que acompañó a su maestro, es Juan y es María, quienes llegaron con Jesús hastalas aguas de la muerte. Se abrieron las aguas del Jordán para el profeta, y lasde la muerte se abrieron para Jesús, quien pasó a pie enjuto sobre ellas paraalcanzar la Vida. Fue arrebatado Elías, y también fue arrebatado Jesús de latierra de los vivos. Pero Juan y María, como Eliseo, no habían apartado lavista del Maestro y lo vieron marchar. Por eso fueron ellos quienes recibieron,en primer lugar, el torrente de Sangre y Agua que manó de su Costado cuandoJesús, “inclinando la cabeza, entregó el Espíritu”. Los otros diez tuvieron queesperar hasta que el Resucitado los reconciliase con la Cruz. Sólo después,cuando, sobre el Monte de los Olivos, volvieron a tener la oportunidad de verpartir a Jesús hacia el Cielo, estuvieron en condiciones de recibir elEspíritu.Lasalvación se obtiene por los ojos, y debemos mirar mucho y muy detenidamente alCrucifijo. Siguiendo a Jesús, no debemos meternos al llegar a “cierto punto” yesperar a que el Espíritu venga a recogernos y nos lleve en volandas… Eso nosucederá. María nosestá tendiendo la mano desde el Jordán.
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Martes XI Tiempo Ordinario - 16.06
MARTES XITIEMPO ORDINARIOsan Mateo5, 43-48Elabsurdo de la injusticia Quitad laCruz del lugar que ocupa en el centro de Cosmos y de la Historia, y el mundoentero se vendrá abajo, convertido en un absurdo.“¿Conqueme has sorprendido, enemigo mío?”. Ajab, finalmente, es denunciado, y todoparece indicar que la deuda de su crimen fuera a ser pagada: “En el mismo sitiodonde los perros han lamido la sangre de Nabot, a ti también los perros telamerán la sangre”… Pero, antes de que el castigo se desplome sobre quien a símismo se ha declarado enemigo de Dios, la voz de Jesús vuelve a sonar desde laMontaña: “Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Asíseréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobremalos y buenos”… Ajab hace penitencia, una penitencia ridícula en comparacióncon su crimen, y es perdonado: “Por haberse humillado ante mí, no lo castigarémientras viva; castigaré a su familia en tiempo de su hijo”. Resultado: Nabot(un hombre pobre y justo), muerto; Ajab (un rey asesino), vivo… Y un castigoque espera a desplomarse sobre un hijo que nada tuvo que ver en aquel crimen.¡Un absurdo! Y, puestos a desenmascarar absurdos: ¿No lo es el que tus pecados másgraves, después de confesados, se hayan saldado con la penitencia de unAvemaría? ¿Dónde está la piedra angular que dé consistencia a este conjunto de“disparates” cuyo peso les hace despeñarse sobre el sentido común?“Castigaréa su familia en tiempo de su hijo”. La piedra angular está delante de nosotros.Contemplamos a ese hijo, y descubrimos que no se trata de Ocozías, el mediocreretoño de Jezabel. El alcance del anuncio del profeta era mucho más largo queel del vientre de aquella zorra. Hablaba del “Hijo del hombre”, Jesús: “Élsoportó el castigo que nos trae la paz”. Ponemos la Cruz en el medio, y todorecobra consistencia…Porque enlos brazos extendidos de Jesús Crucificado fue recogida la sangre de Nabot, yallí, a cambio de una viña terrena, recibió el justo en herencia la Viña deDios. Allí fue recogida la torpe penitencia de Ajab, y, unida al Corazón roto yal Cuerpo entregado de Cristo, hizo que el arrepentido mereciese lamisericordia de un Dios capaz de amar a su enemigo. Allí se depositan nuestrasculpas cuando confesamos, y allí se une nuestra minúscula penitencia a la deJesús. Allí Nabot, Ajab, tú y yo nos encontramos. En los brazos extendidos deJesús, crucificado sobre el mismo lugar en que los perros lamiesen la sangre deNabot, nosotros, que por nuestros pecados fuimos hechos semejantes a bestias,hemos lamido la Sangre del Cordero y hemos sido salvados. Nosotros somos la“familia” que, según anunció el profeta, sufre unida al Hijo.Noapartemos la mirada de la Cruz, ni bajemos de los brazos de María, que en elGólgota nos muestran el Madero Santo: porque, si por un solo momento lohiciese, me volvería loco. Miramos aMaría junto a Jesús Crucificado … y todo tiene tanto sentido que podríamosmorir de amor.
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Lunes XI Tiempo Ordinario - 15.06
LUNES XITIEMPO ORDINARIOsan Mateo5, 38-42Ante lainjusticia … oración “Yo, encambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno teabofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra”. Son palabras duras en símismas; pero, escuchadas tras el relato de la muerte de Nabot, constituyen todauna provocación y no podemos aceptarlas. ¿Acaso vamos a asistir impasibles a lavictoria del mal?Nos gustadecir: “buenos, sí; pero no tontos”… “Hermanos, sí; pero no «primos»”.Escuchamos estos tópicos al uso, y tan convencidos de que son un antídotocontra el evangelio, que un día terminaremos por gritar: “¡Pues sí! ¡«Primos» ytontos nos quiere Dios!”. No lo grito porque no es verdad: Dios no quieretontos ni “primos”. Pero menos aún quiere una nueva Jezabel que manipule suPalabra para obrar a su antojo. Porque, amparados en el “buenos sí, pero notontos”, devolvemos los golpes, empleamos tretas sucias, devoramos a nuestroshermanos y tomamos prestadas las armas del Príncipe de las Tinieblas para“arreglar” el mundo… Lo peor es que lo hacemos pensando que Dios nos da larazón.Entre laindignación ante el relato de la muerte de Nabot y la rebeldía ante laspalabras del Señor, hemos olvidado el salmo que une ambas lecturas: “Señor,escucha mis palabras, atiende a mis gemidos, haz caso de mis gritos deauxilio”… La respuesta cristiana ante la injusticia no es la impasibilidad deun muerto, pero tampoco las sucias artimañas de un “vivo”. La respuestacristiana ante la injusticia es la oración, y esa oración debe hacerse tanto enfavor propio como en favor de quien comete la ofensa.Después,cuanto se pueda hacer empleando las armas de la luz debe hacerse. Pero nadie sellame a engaño: cuando hay maldad de por medio, en la mayor parte de los casosel cristiano está indefenso y debe abrazarse a la Cruz como lo hizo el Señor.Ese “buenos sí, pero no tontos” que ha llevado a muchos a combatir al mal consus propias armas es una puñalada en el corazón del Evangelio, y no debeaceptarlo jamás un discípulo de Cristo.A cualquiera que persista en el “buenossí, pero no tontos” le invitamos a que suba al Calvario y se lo diga a laSantísima Virgen…
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Domingo IX Tiempo Ordinario. Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo - 14.06
DOMINGOIX TIEMPO ORDINARIO. SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTOsan Juan6, 51-58Lafortaleza de la infancia espiritual Uno delos ídolos de nuestra civilización es el "self-made-man": el hombreque se ha hecho a sí mismo, y que de nadie depende porque a nadie debe nada...El conserje de una sucursal bancaria que ha llegado a ser dueño del Banco; elrepartidor de periódicos que alcanza la presidencia de los Estados Unidos...Nuestra generación contempla, en esos modelos, cómo cualquier dificultad puedeser superada por la fortaleza humana, y así sueña al superhombre. Es unalástima que tan bello sueño quede reventado, como una pompa de jabón, por elinsignificante alfiler de la muerte. Frente a su guadaña, superhombres yfrágil-hombres no somos sino unos niños desnudos e indefensos... ¡Quéhumillación!El niñoes el contrapunto del superhombre: no puede ni siquiera alimentarse a sí mismo,porque necesita unas manos que le den de comer. No puede ser asumir elprotagonismo de su existencia, porque apenas pasa de ser un precioso bultoreceptivo. Se duerme, cuando crece, en el sueño del superhombre. Y, poco antesde morir, despierta anciano y desvalido para volver a ser lo que era: un niño aquien otros alimentan. Han pasado setenta, ochenta años de sueño, y al cabo deellos se da cuenta de que aún tienen que cambiarle los pañales."Note olvides del Señor, tu Dios, (...) que te alimentó en el desierto con un manáque no conocían tus padres"... La grandeza de estas palabras, que es lamisma grandeza de la Eucaristía, es que están escritas para niños. En ellas elprotagonista es sólo Dios, mientras el ser humano no pasa de ser elbeneficiario de unos cuidados maternos. Las fuerzas humanas tienen suimportancia, porque son nuestro homenaje al Creador y no hemos de escatimar,para Él, un sólo gramo de sudor. Pero la salvación no la ganaremos con nuestroesfuerzo, porque no hay superhombre en este mundo capaz de vencer a la muerte yasaltar el Cielo. A la hora de la salvación, somos niños y, al igual que ellos,debemos recibirla como recibimos la Eucaristía. Allí nos postramos indefensosmientras nos alimenta el mismo Dios que nos cambia los pañales en el sacramentodel Perdón."Osaseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, notenéis vida en vosotros". El superhombre no entiende esas palabras de laIglesia según las cuales faltar a misa un domingo constituye un pecado que nospriva de la Vida Eterna. No las entiende porque cree que puede salvarse a símismo y pasar, de "self-made-man", a "self-saved-man"...Pero el "self-saved-man" no existe. Cualquier niño entiende, aún sinsaber hablar, que si no se abraza a los pechos de su madre morirá. Y cualquiercristiano que ame a Dios sabe que Salvación y Eucaristía son, exactamente, lomismo, porque Dios alimenta a sus pequeños. ¡Quiénnos iba a decir, después de tantos esfuerzos que acabaríamos siendo salvadospor una partícula de Pan de Vida puesta en la mesa del altar por una MadreInmaculada y depositada en nuestros labios por el propio Dios a través de lasmanos del sacerdote!
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Sábado IX Tiempo Ordinario - 13.06
SÁBADO IXTIEMPO ORDINARIOsanMarcos 12, 38-44Lapaciencia de los hijos de Dios “Proclamala palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, contoda paciencia y deseo de instruir”. Uno de los más graves problemas por losque pasa nuestra sociedad actual es la de la educación. Formar ciudadanos parala convivencia y el bien común no es tarea fácil. No se trata ahora de entraren disquisiciones de orden político o sociológico, sino de ver, a través de laPalabra de Dios, cuál es el orden querido por Él, y cómo beneficia al hombre.San Pablo, en la carta que dirige a Timoteo, le urge a dejar tras de sícualquier respeto humano, cualquier complejo, a la hora de anunciar elEvangelio. También hay una característica que define a todo cristiano en suvocación apostólica: la paciencia. Hablar depaciencia es sinónimo de dedicación y tiempo. Cuando hablamos de cuestiones queatañen a lo más profundo de nuestro ser, hay que empezar por el principio. Diosnos ha creado y, en condiciones normales, venimos al mundo en el seno de unafamilia. Cuando Cristo nació bajo el amparo de María y José, no se trataba demero azar, sino que fue “conscientemente” querido por la Providencia divina. Elcomportamiento de Jesús, a lo largo de su vida en el mundo, hacía referenciaconstante, directa e indirectamente, a la familia: parábolas, milagros,predicaciones, sentencias… Incluso a la hora de su muerte, quiso que su madreestuviera al pie de la Cruz, para recordarnos que, también ella, es madre de laIglesia.Olvidarel papel fundamental que ejercen los padres en la educación de sus hijos esmarginarlos y alienarlos. Cuando cada vez son más las voces que reclaman unavuelta al orden natural, en otros aspectos de la vida como puede ser el de lafamilia, parece vislumbrarse un odio irracional contra un derecho sagrado yperenne, garante de la dignidad humana. Aún resuenan en nuestros oídos lasbarbaries de genocidios cometidos contra la humanidad (nazismo, comunismo,terrorismo …), pero un holocausto más cruel se produce con el consentimiento deorganismos nacionales e internacionales que, presuntamente, han de velar por elbien de todos los hombres. La indefensión de niños que no podrán ver la luz,rupturas de familias “amparadas” por la sociedad del bienestar, manipulación dela vida con fines “terapéuticos”… ¿No es esto la “crónica de una muerteanunciada” para la humanidad?“Hecombatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe”. Lapaciencia y la formación están íntimamente unidas con la perseverancia. Nopodemos olvidar que Cristo ha vencido al pecado y a la muerte, pero estetriunfo no es una excusa para “cruzarnos de brazos”. La perseverancia en el“día a día” nos hará más fuertes en la esperanza. Tú y yo no vamos a cambiar elmundo “de hoy para mañana”, pero somos sembradores de pequeñas semillas quegerminarán en el momento oportuno, y su fruto, aunque lo recojan otros mástarde, tendrá el sabor y el aroma de lo más divino. ¡Ése es el compromiso deDios con los que le son fieles!“Osaseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más quenadie”. Para Dios cualquier obra hecha en su nombre, aunque sea la másinsignificante, tiene un valor infinito. No desprecies lo más cotidiano de tuvida por falta de motivaciones. De vez en cuando tendrás que “escarbar” en tuinterior para descubrir cómo el Espíritu Santo realiza su tarea como el másgenial de los artesanos. De eseactuar de lo divino fue protagonista ejemplar la Virgen María. Ella escondíalos misterios de Dios en su corazón, pero la semilla que llevaba en su seno dioel mayor de los frutos de la historia de la humanidad: Jesucristo, Salvador delmundo, Rey del Universo.
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Viernes IX Tiempo Ordinario - 12.06
VIERNESIX TIEMPO ORDINARIOsanMarcos 12, 35-37Quejarnosa Dios “¡Quépersecuciones padecí! Pero de todas me libró el Señor”. Quejarse no es malo, loestéril es tomar la queja como justificación de nuestras omisiones … Un hombre,en el lecho de la muerte, hablaba a un amigo suyo sobre el sentido de lalibertad. Este amigo argumentaba que Dios, en su infinita misericordia, nopodía permitir que los hombres renunciaran a su amor. El anciano moribundo,después de un largo silencio, contestó: “Ése es el problema. Dios nos ha creadopara amarnos y para que le amemos. Sin libertad no existiría criatura algunacapaz de amar a Dios por sí mismo… todo lo demás sigue las “instrucciones” quemarca el orden y fin natural de la creación. Lo prodigioso del ser humano esque, en cualquier momento, puede decir ‘sí’ o ‘no’ a su Creador”. La queja,por tanto, es algo muy humano. Y todo lo que pertenece a la condición limitadadel hombre no tiene como responsable a Dios, sino al ejercicio de la libertad.La primera “limitación” del hombre fue el pecado, y su forma de pensar y actuarha ido realizándose en una dirección muy estrecha, creyendo que con sus solasfuerzas podría superar cualquier obstáculo. Dios, para muchos, supone unimpedimento para esas ínfulas de “autodeterminación” que, aparentemente, noshacen más independientes. Pero Dios “necesita” de nuestras quejas. Y la oraciónes el mejor medio para ser escuchados… y sentirnos libres de verdad.“Muchosson los enemigos que me persiguen, pero yo no me aparto de tus preceptos”.“Hacer lo que me da la gana” puede sonar a algo rotundo y muy personal. Larealidad es diferente. Cuando renunciamos a aquello que creemos nos reprime (lamoral, las costumbres, la educación, el bien común…), el efecto que conseguimoses el contrario: quedamos esclavizados por las cosas que mueren, y que no nosdan sentido de nada. En cambio, aquél que busca en su existencia elcumplimiento de la ley de Dios, proclamará junto al salmista: “El compendio detu palabra es la verdad, y tus justos juicios son eternos”.Lo salmosestán repletos de quejas. Jeremías era otro “gran quejica”. Muchos profetasapelaban a Dios compasión ante las misiones que les encomendaba… Jesucristo, enGetsemaní, pidió a su Padre que, si era posible, apartara el amargo cáliz de laPasión. El Hijo de Dios no tenía pecado, pero quiso llevar sobre sí todas lasquejas de la humanidad, desde Adán hasta el fin de los tiempos. Todo para quetú y yo recobráramos la única libertad que nos garantiza ser “libres”.“Lagente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo”. También nosotros disfrutamos denuestra relación con Dios. Sabemos que, en todo momento, seremos escuchados porÉl, y que nuestras quejas no son motivo para abatirnos, sino de sacar fuerzasde nuestra debilidad. Así lo entendieron durante siglos aquellos que buscabanidentificarse con los sentimientos de Jesús, y así lo entendemos nosotros. Comodecía el propio san Pablo: “Todo es para bien”. A laVirgen se le dijo: “Bendita tú porque has creído”. Y ella extiende su mantoamoroso sobre cada uno de nosotros. En ese refugio de ternura y misericordia,oiremos voces que aclamarán al unísono: “Bienaventurados vosotros que osquejasteis y fuisteis escuchados”.
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Jueves IX Tiempo Ordinario - 11.06
JUEVES IXTIEMPO ORDINARIOsanMarcos 12, 28b-34Lafelicidad en el cumplimiento Somos tan reacios a aceptar órdenes que olvidamos que losmandamientos de Dios nos han sido dados para nuestro bien. En las SagradasEscrituras, se vincula el cumplimiento de los mandamientos a la felicidad. Sedice, por ejemplo “Así prolongarás tu vida”, o bien: “Para que tevaya bien y crezcas en número”. Son figuras que expresan cómo losmandamientos, que mueven al culto verdadero, a la relación auténtica con Dios,responden a lo que el hombre busca en su corazón. Los mandamientos protegen eldeseo de felicidad que hay en nosotros. Por eso, Dios ha querido revelarincluso normas que son alcanzables por la sola razón, de modo que seanfácilmente conocidas por todos y sin error. Porque el fin de la ley es el biendel hombre. En esta dinámica es lógico que el mandamiento más importante seaamar a Dios e, indisolublemente unido a éste, amar al prójimo.Cuando elescriba pregunta a Jesús, lo hace sólo sobre el primer mandamiento. Jesús leresponde con dos. De esa manera indica que el amor a Dios no se puede separarde la vida concreta que llevamos, es decir, que el amor a Dios se cumple en lavida. Con razón se dice que el amor al que tenemos cerca es la piedra de toquede nuestro amor a Dios. Amar a Dios significa también amar todo lo que Diosama, y lo que Dios más ama sobre la tierra es el hombre, no la humanidadabstracta sino cada hombre concreto.Elmandamiento del amor a Dios tampoco es reducible a un mero hacer bien lascosas. Decía el cardenal Van Thuan que si Dios sólo pretendiera nuestraeficacia, no habría creado hombres sino robots. Ciertamente ellos harían mejorlas cosas y no cometerían ningún mal moral. Querer es poner el corazón en Dios,hagamos lo que hagamos: se trata de hacer todas las cosas por Él. Y lasituación privilegiada para ello es el encuentro con otro hombre, creado aimagen y semejanza de Dios y redimido con la sangre de Cristo.En suencíclica sobre el Amor de Dios, Benedicto XVI señalaba también que “espropio de la madurez del amor que abarque todas las potencialidades del hombree incluya, por así decir, al hombre en su integridad”. A ello se refierentambién las palabras del mandamiento al indicar que el amor ha de ser con todotu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. San Juan dela Cruz lo expresaba así: “Que ya no tengo oficio, que ya sólo en amar es miejercicio”. El Amor es lo que devuelve al hombre su integridad y nuncasomos tan íntegros como cuando amamos de verdad. En una sociedad propensa alestrés y en la que aumentan los sentimientos de ruptura, falta de realización ymalestar, hay que recordar que el hombre sólo se recompone amando. Hemos sidocreados para el amor. Y esa verdad, que podría parecer abstracta, lacomprobamos en Jesucristo, en quien el Amor se ha hecho carne y sangre comonosotros.La Virgennos indica la intensidad de la acción de la caridad. De ahí que en elmandamiento se subraye el “todo”. Amar a Dios con total intensidad, sea cualsea nuestra ocupación, es el camino para nuestra felicidad.
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Miércoles IX Tiempo Ordinario - 10.06
MIÉRCOLES IX TIEMPO ORDINARIOSanMarcos 12, 18-27Las cosascomo medios “Tengosiempre tu nombre en mis labios cuando rezo, de noche y de día”. Hay unaexpresión que hoy día se utiliza muy poco: “comunión de los santos”. Con estaspalabras la Iglesia ha querido enseñar la eficacia de la oración. No se tratavivir grandes experiencias místicas, ni cosas fuera de lo normal, sino que esla “comunicación” que, de la manera más sencilla, se produce entre aquellos quecompartimos una misma fe. Cuandosan Pablo dirige una carta a Timoteo, le está recordando que no se encuentrasolo. Gracias al poder de la oración somos capaces de crear la gran “Red” entrelos hijos de Dios. Lo que tenemos entre manos es mucho más radical, ya que esel mismo Dios quién se ha comprometido a entrar en semejante dinámicacomunicativa. ¿Cuál es nuestra fuerza?… nos lo recuerda también san Pablo:“Porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía,amor y buen juicio”.Desdehace algunos años nos venimos asombrando de la renovación constante de lastecnologías en el mundo de la comunicación. El mundo se nos ha quedado“pequeñito” porque podemos comunicarnos con cualquiera y en cualquier parte.Con un diminuto teléfono podemos mantener una conversación sea la distancia quesea. Satélites, antenas, cable, ondas… todo está dispuesto para que el hombreno se sienta solo. Pero, curiosamente, el resultado suele ser el contrario.Cuanto más avance hay en la técnica, encontramos más soledad en los corazones.¿Cuál es el problema? que el hombre parece estar al servicio de esas nuevastecnologías, y no al revés.“Pero nome siento derrotado, pues sé de quién me he fiado y estoy firmemente persuadidode que tiene poder para asegurar hasta el último día el encargo que me dio”.Fiarse de Dios es poner todas las demás cosas como medios, no como fin. Elbrillo que puede producirnos una gran avance tecnológico quedará oscurecido porun nuevo descubrimiento, y así consecutivamente. Lo que viene de Dios, encambio, nunca se agota, y la oración es la que nos hace permanecer siempre encomunicación con Él y con todos los hombres… nunca envejecerá semejanteinstrumento divino.“Estáisequivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios”. Así es elhombre: siempre intentando superar el orden creado, porque la tentación del“seréis como dioses” le acompañará hasta el fin de los tiempos. Por muchos“Einsteins” que se pusieran de acuerdo, ninguno de ellos podría siquierainventar una gota de rocío. Nos dejamos deslumbrar por tantos fuegos deartificio, que no sabemos saborear un minuto de silencio en diálogo con Dios.Si miramos a María, nuestra Madre,veremos en su rostro la dulzura de un alma que se entrega en oración. Pero esaoración no consiste en misticismos extraordinarios, sino en convertir cada unade nuestras acciones, pensamientos y palabras en continuo diálogo divino.
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Martes IX Tiempo Ordinario - 09.06
MARTES IX TIEMPO ORDINARIOsanMarcos 12, 13-17¿Completarla Pasión de Cristo? “Esperady apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidospor el fuego, y se derretirán los elementos”. ¡Vaya manera de comenzar unacarta! San Pedro no se anda con “chiquitas”. Para algunos podría sonar a ciertaamenaza, o género apocalíptico, tal y como la emprende el vicario de Cristo ensu segunda carta. Con lenguaje de nuestros días, podríamos asegurar que laexperiencia de Cristo en medio de sus discípulos fue “muy fuerte”. No setrataba de la continuidad de algo a lo que estaban acostumbrados (la ley, eltemplo, los sacerdotes…), sino que la ruptura con todo lo anterior fue radical.El mismo Jesús había dicho que Él venía a renovar todas las cosas. Y laAscensión de la que tantos habían sido testigos, no fue el final de nada, sinoel comienzo de todo. “Mientrasesperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él,inmaculados e irreprochables”. Cristo anunció su segunda venida, ya definitiva,y todos la esperan como “agua de mayo”. San Pedro apela a esa predisposición,necesaria por nuestra parte, para poder completar en nuestra carne la Pasión yResurrección de Jesús. Si hemos sido incorporados al Cuerpo Místico de Cristo,no se trata de vivir entre nubes, sino de construir a “golpe” de rectitud deintención nuestra vida con Él. “Consideradque la paciencia de Dios es nuestra salvación”. Esperar al Hijo de Dios no escuestión de sentarse en la “parada del autobús”, y mirar de vez en cuando elreloj porque hoy viene con retraso. La paciencia a la que alude el apóstol esla que tiene como alimento la virtud teologal de la Esperanza. “Saber esperar”,expresión empleada por santos de nuestro tiempo, es reconocer que todasnuestras expectativas están fijadas en una persona: Jesucristo. Por eso,ninguno de nuestros actos caerán en “saco roto”, sino que se prolongan hastaalcanzar el deseo de Dios: nuestra salvación. Una consecuencia de tal espera esnuestra perseverancia: “Estad en guardia para que no os arrastre el error deesos hombres sin principios, y perdáis pie”…“Lo quees del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios”. Los agravioscomparativos nunca van a solucionarnos nada. Intentar hacer de Dios un“monigote” con el que jugar en ratos libres, es arrogarnos el papel dedirectores de ficción. Tolkien, el autor de “El Señor de los Anillos”, en unode sus primeros libros, entendía la Creación como una gran orquesta sinfónica.En cuanto alguien “se iba de tono” (¡admirable respeto por la libertad!), undesorden empañaría la obra divina (¡buena analogía del pecado!). Dios respetamis actos hasta tal punto, que otros, siempre siguiendo la ley natural y elbien común, han de respetar mis decisiones como venidas del mismo Dios. Hastaese punto llega la imagen del ser humano a identificarse con su Creador. Poreso, resulta tan milenaria la veneración de los cristianos por los estados ygobiernos en cuanto al desvelo y cuidado por sus ciudadanos (siempre, porsupuesto, que se cuide el principio de subsidiariedad y bien común).“Sequedaron admirados”. También nos admiramos nosotros de la Virgen María, queguardaba en su corazón los prodigios de Dios que hizo en ella, y que ahora nosdispensa, con su amor maternal, a cada uno de nosotros.
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Lunes IX Tiempo Ordinario - 08.06
LUNES IXTIEMPO ORDINARIOsanMarcos 12, 1-1Lajusticia de los “buenos” Eldesconcierto al que estamos sometidos, a causa del ambiente social que nosrodea, nos lleva, en tantas ocasiones, a perder el rumbo del verdadero criteriode las cosas. Ésta sería la clave para aquellos que quieren justificar susacciones por el mal comportamiento de terceros. La actuación de nuestrospolíticos, el ejercicio del poder de nuestros superiores, o la falta decomprensión de los que tenemos cerca, son estupendas excusas para que nuestrodesánimo o desgana se apodere de nosotros. Pero, ¿dónde se encuentra laresponsabilidad personal?, ¿por qué son los otros los culpables, y nosotrospermanecemos en una cierta autocompasión permanente? San Pedro, por su parte,nos aconseja algo bien distinto: “Poned todo empeño en añadir a vuestra fe lahonradez, a la honradez el criterio, al criterio el dominio propio, al dominiopropio la constancia, a la constancia la piedad, a la piedad el cariñofraterno, al cariño fraterno el amor”.“Éste esel heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia”. Uno de los mayoresmales que se puede ejercer en este mundo es la justicia de los “buenos”. Sonaquellos que, tomándose la justicia por su cuenta, creen actuar en nombre delos divino, cuando en realidad lo que se esconde en esos corazones no es otracosa que el rencor, la envidia… o el odio. Cuando intentamos apropiarnos de loque no es nuestro, entonces el corazón se endurece y, dejando atrás lacoherencia y la verdad, buscamos cualquier justificación para adueñarnos odestruir lo que no es obra nuestra. Resulta mucho más “gratificante” ver eldolor ajeno que examinar la culpa propia.Parareconocer los errores es necesaria mucha humildad. Y este requisito no sólo seadquiere cuando uno recibe “palos”, sino, que encontrándonos en franca ventajaante los ojos del mundo, somos capaces de buscar la verdad, aunque ello nosacarree descubrir nuestra propia vergüenza. Ser coherentes, por otra parte, esser fieles a la verdad, y dar testimonio de ella, sin miedo y sin “mediastintas”.“Intentaronecharle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a lagente, y, dejándolo allí, se marcharon”. La mentira, tarde o temprano, sedesenmascara, y descubrimos su vaciedad. Los que perseguían a Jesús no actuabanen nombre de la verdad, sino de sí mismos y de sus engaños. La VirgenMaría, por ser la llena de gracia, era capaz de reconocer en los detalles máspequeños la verdad de Dios, y nunca actuó amenazada por el miedo. EnPentecostés, la vimos en medio de aquellos discípulos miedosos, y fue la fuerzade aquellos corazones en donde se germinaba la Iglesia.
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Domingo IX Tiempo Ordinario - 07.06
DOMINGOIX TIEMPO ORDINARIO. LA SANTÍSIMA TRINIDADsan Juan3, 16-18Laintimidad de Dios Todossentimos cierto reparo en mostrar nuestra intimidad. Es lógico. Hay un pudorconnatural, que nos acompaña siempre, y que ha de respetarse, pues cada serhumano tiene el derecho (y el deber) de protegerla. Para algunos, sin embargo,esto puede sonarles a “chino”, ya que van imponiéndose en nuestros ambientesotros “talantes” que muestran las vergüenzas del prójimo (físicas y morales)sin medida alguna ... ¡y así nos va! Da la impresión de haber violado elcarácter sagrado que hay en todo hombre, lo que, precisamente, le haceasemejarse a su Creador. Esa dignidad, cuando es violentada, queda ensombrecidao aniquilada en el fango de la indiferencia y del más puro relativismo. “Lagracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santoesté siempre con todos vosotros”. Hoy celebramos una gran fiesta en la Iglesia:la Santísima Trinidad. ¡Qué distinta es la pedagogía de Dios respecto alcomportamiento del hombre! Mientras que éste, en un abrir y cerrar de ojos,puede echar por tierra su propia dignidad, Dios “ha necesitado” de miles deaños para dar a conocer su intimidad. Si leemos con atención algunos libros delAntiguo Testamento, iremos descubriendo algunas pistas que nos hablan de lo másíntimo de Él. Así, al comienzo del Génesis, se nos presenta ese Espíritu(“Ruah”), que aleteaba sobre la creación, como dando su conformidad a lo queDios había realizado. Posteriormente, tres personajes “extranjeros” sepresentan ante Abraham para profetizarle que iba a tener descendencia... y así,una tras otra, las comparencias de Dios, dando a conocer quién es, van dejandounas huellas precisas, que culminan en la manifestación del Mesías, el VerboEncarnado, el Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad.“Tantoamó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno delos que creen en él, sino que tengan vida eterna”. Siempre se nos ha dicho queel misterio trinitario de Dios (una sola esencia y tres personas) era de losmás arduos y difíciles para la comprensión humana. Sin embargo, Jesucristo noslo ha hecho mucho más fácil. Para ello, sólo ha empleado el lenguaje del amor.Tú y yo no somos otra cosa, sino el fruto del amor de Dios. Algo que,aparentemente, pudiera resultar tan sencillo como es hablar del amor, seconvierte en un verdadero misterio (o más bien en escándalo o necedad) cuandovemos a ese Hijo de Dios clavado en una Cruz. Esa fue la entrega que hizo DiosPadre a todos los hombres, que aceptó voluntariamente el Hijo, y que propicióla llegada del Espíritu Santo, Señor y dador de Vida, para nuestrasantificación personal. Aprendamosde La Virgen a decir “sí” a Dios, y pocas cosas (por no decir ninguna) nosharán falta entonces... Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de DiosEspíritu Santo, Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad.
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Cada día el Evangelio ofrece una nueva forma de mirar la vida. En este espacio encontrarás un comentario diario, una breve reflexión pensada para ofrecer un momento de pausa en medio del ritmo cotidiano. El Comentario del día nace como un lugar tranquilo donde detenerse a leer, pensar y conectar el mensaje del Evangelio, buscando conectar con la vida real: con lo que nos pasa, con lo que sentimos, con las preguntas que a veces no sabemos muy bien cómo formular.
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