EPISODE · Feb 18, 2020 · 1H 29M
Filósofos españoles: María Zambrano 2
from Devenir
Seguimos con esta gran intelectual ahora de la mano de Amparo Jessica Herrera, que nos hace una exposición del pensamiento y de la biografía de María Zambrano así como su análisis de la crisis del mundo y del hombre occidental, haciendo especial hincapié en el ámbito de lo ético-político... María Zambrano Zambrano nació en Vélez Málaga, en 1904, en el seno de una familia de maestros, muriendo en Madrid en 1991. A partir de 1909 vivió con su familia en Segovia, ciudad en la que se desarrolló la amistad de su padre, Blas Zambrano, con Antonio Machado, una vivencia que dejaría una profunda huella en su alma adolescente. En 1927 empezó a estudiar filosofía con Ortega y Zubiri en la Universidad Central de Madrid. Fue profesora de instituto, también en una Residencia de Señoritas de Madrid, y auxiliar de la cátedra de metafísica en la Universidad Central. En 1939 se exilió a Hispanoamérica, ejerciendo de profesora de filosofía en Cuba, México y Puerto Rico. En 1946 paso cerca de 3 años en París. Después de una nueva estancia en Cuba vivió en Roma, y en 1984, regreso definitivamente a España. En contra de una versión muy extendida no fue ni marxista ni comunista. Aparte de su republicanismo y su liberalismo, sus inclinaciones ideológicas se inclinaban más bien hacia el tipo de socialismo ético de Julián Besteiro y hacia el anarquismo no doctrinario, en el que veía, no sin razón, una manifestación del estoicismo y el misticismo español de los que tan cerca se sentía. Su vinculación al pueblo llano explica que no compartirse la teoría de su maestro Ortega sobre las minorías selectas y las masas. La raíz de la obra de María Zambrano no es la lógica formal, sino la razón poética. Es siempre sin abstracción, es siempre sin fundamentación, sin principios, como nuestra más honda verdad se revela. No por la pura razón, sino por la razón poética. La unidad con que sueña el filósofo solamente se da en la poesía. La poesía es todo, el pensar escinde a la persona, mientras el poeta es siempre uno. ¿es de extrañar que el amor haya preferido casi siempre el derrotero poético al filosófico? La razón poética estás presente también en su prosa, tan alejada del discurso epistemológico habitual y, sin embargo, tan misteriosamente pletórica de profundidad. De ahí que la razón no le baste, y menos la razón abstracta de la modernidad. Partiendo de la primacía de lo poético sobre lo filosófico, es lógico que rechace el racionalismo cartesiano y el panlogismo hegeliano, bajo cuyo imperio de absolutismo racionalista, el hombre resulta un desconocido. De ahí que manifieste su predilección por pensadores que, como kierkegaard, parten no de ideas abstractas, sino de la existencia concreta del hombre. Por su concepción poética de la verdad, tiene más afinidades electivas con Unamuno que con su maestro Ortega. El rasgo sobresaliente de su labor creadora son las grandes intuiciones y visiones, unidas a un trasfondo místico siempre presente, explícita o implícitamente. Su preocupación constante es lo sagrado. Ante todo el amor y la paz, un estado de cosas en el que, a diferencia de la violencia y el odio que han imperado comúnmente en la historia, sea posible una historia sin vencedores ni vencidos, en que todos los hombres sean iguales. La condición previa para alcanzar este ideal es la Amistad. Si por su espíritu religioso se siente unida al cristianismo, como pedagoga admira la filosofía griega, que para ella es sinónimo de Educación o paideia, también de universalidad. Pero la concepción del mundo que está en el centro de sus reflexiones es el estoicismo senequista, en el que ve, con razón, una de las expresiones más genuinas del alma española: "cuando el español no ha vivido dentro de una religión, ha venido a ser fatalmente estoico. Estoicismo y cristianismo se disputan el alma del español, su pensamiento" María Zambrano a vivido en su propia carne la dimensión inhumana de España, pero no por ello deja de amarla y de ver en ella una expresión original de la cultura universal, una actitud menos próxima a la de Ortega y Gasset que a la de Unamuno y Ganivet. Y en contra de Ortega no comparte la beatería europeista, sobre todo la beatería de la Europa racionalista de la Edad Moderna, que identifica con la soberbia. Reivindica el realismo español, uno de cuyos signos distintivos es su raíz popular y su antiintelectualismo. En ninguna otra cultura la conexión íntima entre el más alto saber y el saber popular, ha sido más estrecha y sobre todo más coherente. Pero a este realismo pertenece paradójicamente también el concebir lo imposible como único posible horizonte. Y si esta manera de ser fracasa es precisamente en razón de su misma nobleza y de su insobornable integridad. El fracaso histórico del español explica su melancolía, alma gemela a su vez de la esperanza, que es su prolongación en sentido contrario. Melancolía y no angustia, es lo que late en el fondo de la vida española. María Zambrano era una alma antigua con una profunda nostalgia por un modelo de vida y de pensamiento basado en la unidad de la poesía, filosofía y la religión, de ahí su admiración por el panteísmo de Spinoza y, sobre todo, por la mística de Plotino, para ella el alma mejor de la antigüedad y profeta de la universalidad de una religión de la luz. Heleno Saña.
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