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Audio Biblia Dramatizada NTV
by La asociación Luis Palau en alianza con la Fundación Grace and Mercy
Bienvenidos a La Audio Biblia Dramatizada NTV, una inmersión profunda en los relatos sagrados que forman la base de nuestra fe. A través de la poderosa narración dramatizada de la Nueva Traducción Viviente, exploraremos los misterios divinos y la revelación progresiva de Dios a lo largo del Antiguo Testamento. Desde la creación del universo hasta la alianza con Abraham, y desde el éxodo de Israel hasta los profetas que anunciaron la venida del Mesías, cada episodio nos invita a contemplar la grandeza de Dios.
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Apocalipsis
El nombre de este libro significa «revelación». Su autor se identifica como Juan, servidor de Jesucristo y hermano de quienes confían en él (1.1-2). Juan declara estar preso en la isla de Patmos y haber escrito lo que Jesucristo mismo le dio a conocer (1.9-10). Esta «revelación» fue escrita al final del primer siglo de la era cristiana, en tiempos de Domiciano, un emperador romano que persiguió con mucha crueldad a los cristianos de aquellos días. Seguramente debido a la persecución Juan escribió de manera misteriosa. Su lenguaje está lleno de símbolos, que en realidad son una clara acusación contra la maldad del Imperio Romano. El libro puede dividirse en tres partes (1.1—3.22; 4.1—20.15; 21.1—22.21). Los primeros tres capítulos presentan el mensaje de Jesucristo a las siete iglesias de la provincia romana de Asia (1.11), que es una manera de referirse «a toda la iglesia, donde quiera que se encuentre». La parte central del libro (4.1—20.15) habla del Cordero «que fue sacrificado», y que «merece recibir el poder y la riqueza, la sabiduría y la fuerza, el honor y la alabanza» (5.12). Los últimos dos capítulos hablan de la creación de un nuevo cielo y una nueva tierra, y de una nueva ciudad de Jerusalén, en donde Dios mismo vivirá con su pueblo (21.3). Mucho se ha dicho acerca de este libro, y mucho más podría decirse. Sin embargo, el mensaje claro que sobresale en él es que Jesucristo es el Mensaje mismo de Dios (19.13), «que vive, siempre ha vivido, y está por llegar» (1.8), y es también «el rey más poderoso de todo el universo» (19.16). Por eso invita a su iglesia a mantenerse fiel, a pesar de los ataques de los poderes de este mundo, pues al final la victoria será de Cristo y de su iglesia.
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Judas
Tal vez sea esta carta la más dura de todo el Nuevo Testamento, si se toma en cuenta su brevedad. El autor, que se identifica como Judas, «hermano de Santiago» (versículo 1), escribe a los cristianos «para pedirles que luchen y defiendan la enseñanza que Dios ha dado para siempre a su pueblo elegido» (versículo 3). Los problemas que busca corregir no los causaba gente de fuera de la iglesia, sino algunos que se identificaban como cristianos (versículo 4). Para señalar el problema, el autor compara a esta gente con los habitantes de Sodoma y Gomorra, ciudades conocidas por los grandes pecados que allí se cometieron. Para el autor, no había nadie peor que estos supuestos cristianos (vv. 8-10), a los que llama «nubes sin agua», «árboles que no dan fruto», «gente violenta» y «estrellas perdidas que están condenadas a viajar todo el tiempo en la más terrible oscuridad» (vv. 12-13). Termina el autor animando a los verdaderos cristianos a seguir confiando en Dios y a ayudarse unos a otros (vv. 20-22).
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III Juan
El tema del amor entre los cristianos, tratado en las dos cartas anteriores (véanse las Introducciones a 1 Juan y 2 Juan), se repite aquí, y una vez más el autor se identifica como el «líder y encargado de la iglesia». La carta va dirigida a un cristiano llamado Gayo, conocido por su buena disposición a recibir en su casa a cristianos de otros lugares (versículo 5). Por otra parte, el autor lamenta que otro cristiano, llamado Diótrefes, no solo no era hospitalario sino que tampoco permitía que otros cristianos lo fueran. Ante esto, el autor dice: «Amado hermano Gayo, no sigas el ejemplo de los que hacen el mal, sino el ejemplo de los buenos. El que hace lo bueno es parte de la familia de Dios» (1.11)
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II Juan
El autor de esta carta se identifica como «líder y encargado de la iglesia», y se dirige «a los hermanos que Dios ha elegido» (versículo 1). La iglesia cristiana siempre ha considerado que esta carta es parte de los escritos de Juan, y que iba dirigida a una comunidad cercana a la ciudad de Éfeso. A pesar de ser muy breve, esta carta repite los mismos temas de la llamada «primera carta de Juan» (véase 1 Juan, Introducción), es decir, cumplir con el mandamiento de amarse siempre «los unos a los otros» (vv. 5-6), y no dejarse engañar por «el Enemigo de Cristo» (1.7)
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I Juan
Esta carta tiene mucho en común con el evangelio de Juan. Su autor no se identifica, pero la iglesia cristiana siempre la ha considerado como parte de los escritos de Juan. Sus temas son: Dios es luz (1.5), amor (4.8) y verdad (4.6), y nos demuestra su amor a través de Jesucristo, su Hijo (4.9); además, se afirma que amar a Dios y a Jesucristo es amar también a los hermanos (4.11-12), y que creer en Jesucristo es vivir en la luz (1.7) y no pecar ni mentir (2.3-6). El autor cree firmemente que Jesucristo es la Palabra de vida, la cual existía desde antes de la creación del mundo (1.1-4), pero se muestra preocupado por la aparición de falsos maestros, que no creían que Jesucristo «vino al mundo como verdadero hombre» (4.2). Sin embargo, confía en que los verdaderos cristianos pueden distinguir entre los maestros falsos y los maestros verdaderos, porque «si alguien dice que esto no es cierto, es porque no tiene el Espíritu de Dios» (4.3). La carta comunica seguridad a los cristianos, y los anima a mantenerse unidos a Jesucristo. Con firmeza declara que «si vivimos unidos al Hijo de Dios tenemos vida eterna» (5.12-13). Esa unión con Cristo debe demostrarse con hechos (3.11,18; 5.3). Claramente afirma el autor: «Nosotros demostramos que amamos a Dios cuando obedecemos sus mandamientos» (5.3)
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II Pedro
En esta carta el autor se identifica como «Simón Pedro» (1.1), y no se dirige a una iglesia específica sino a los cristianos en general. El contenido de la carta puede resumirse en dos temas principales: las falsas enseñanzas (1.12-21) y el regreso de Cristo (3.1-13). En aquellos días del Imperio Romano, los cristianos eran perseguidos y, además, falsos maestros los confundían con enseñanzas que contradecían la verdad del evangelio. Pedro les recuerda que las enseñanzas de la Biblia no pueden explicarse según el gusto de cada uno. Con toda claridad declara: «Ningún profeta habló por su propia cuenta. Al contrario, todos ellos hablaron de parte de Dios y fueron guiados por el Espíritu Santo» (1.21). Pedro también les aconseja poner todo su esfuerzo en: «Afirmar su confianza en Dios, esforzarse por hacer el bien, procurar conocer mejor a Dios, y dominar sus malos deseos. Además, deben ser pacientes, entregar su vida a Dios, estimar a sus hermanos en Cristo y sobre todo, amar a todos por igual»
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I Pedro
Los primeros cristianos fueron perseguidos por quienes no creían en Jesucristo. Por esa causa se encontraban dispersos por todo el Imperio Romano. El apóstol Pedro dirige esta carta a esos cristianos, los cuales vivían «como extranjeros en las regiones de Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia» (1.1-2). Las condiciones en que vivían estos cristianos explican el tono de la carta. Pedro los anima a no dejar de alabar a Dios, «que por medio de la resurrección de Jesucristo ha cambiado totalmente nuestra vida» (1.3). Este cambio deberá manifestarse en alegría, a pesar de los problemas y las dificultades (1.6-9), y en apartarse del mal (1.15-16), pues los cristianos son «miembros de la familia de Dios, son sacerdotes al servicio del Rey» (2.9). Toda la carta está llena de recomendaciones de cómo vivir la vida cristiana. Como los cristianos eran perseguidos por las autoridades romanas, Pedro insiste en que ellos debían obedecer a esas autoridades y «al emperador romano, pues él tiene la máxima autoridad en el imperio» (2.13-15). Para los cristianos de aquellos días, el fin del mundo estaba cerca (4.7). Por eso Pedro les recomienda amarse unos a otros, recibir a otros cristianos en sus casas, y alegrarse de sufrir «por ser cristiano» (4.8-9,12-16). Posiblemente esta carta la escribió Pedro en la ciudad de Roma, con la ayuda de Silvano, también conocido como Silas, y que era un antiguo compañero del apóstol Pablo (5.12-13; véanse Hechos 15.22,40; 2 Corintios 1.19).
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Santiago
A diferencia del apóstol Pablo, que escribía a determinadas iglesias o personas, el autor de esta carta se dirige «a los cristianos que viven en todo el mundo» (1.1). El autor considera que la iglesia cristiana es el nuevo pueblo de Israel. Esta visión tan amplia de la iglesia ha hecho que esta carta, y las de los apóstoles Pedro y Juan, sean llamadas «cartas universales» (véanse Introducciones a 1 y 2 Pedro, y 1, 2 y 3 Juan). Las enseñanzas en esta carta son más prácticas que doctrinales. El autor insiste en que los cristianos no deben hacer diferencia entre ricos y pobres, sino obedecer «el mandamiento más importante que Dios nos ha dado», y que es el de «amar a su prójimo como se ama a sí mismo» (2.8). En seguida pasa a aclarar que confiar en Dios no es suficiente, sino que también debemos hacer lo que Dios quiere. Pone entonces el ejemplo de Abraham, que demostró su confianza en Dios «con todo lo que hizo, y por medio de todo lo que hizo» (2.22). La lengua puede ser motivo de grandes problemas. Por lo tanto, el autor recomienda a los cristianos que aprendan a dominarla (3.2-12). También les recuerda que las guerras vienen por causa del egoísmo y la envidia, y por lo tanto los anima a ser humildes y amar a Dios (4.1-10). A los ricos les advierte que no deben amontonar riquezas quedándose con el salario que deben pagar a sus trabajadores, porque ese dinero «los acusará delante de Dios» (5.1-4). Finalmente, anima a todos los cristianos a confesar sus pecados unos a otros, y a dejar de pecar, para que Dios los salve.
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Hebreos
Esta carta comienza por afirmar que Dios ha buscado siempre comunicarse con la humanidad entera, y que finalmente «nos ha dado su mensaje por medio de su Hijo», Jesucristo (1.2). En un breve repaso de las enseñanzas del Antiguo Testamento, el autor demuestra que Jesús es superior a los ángeles (1.4—2.9), superior a Moisés (3.3), superior a Josué (4.8), superior a Aarón, el jefe de los sacerdotes (5.1-10; 7.20—8.6), y superior al antiguo pacto (8.7-13). Además, Jesús es superior a todos los sacrificios, porque «le ofreció a Dios un solo sacrificio para siempre, y así nos perdonó nuestros pecados» (10.12). Luego de establecer la superioridad de Jesucristo, el autor pasa a dar enseñanzas prácticas a los cristianos. De todas ellas, tal vez la más importante en el libro sea la confianza en Dios. Acerca de esto, dice: «Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando no podamos verlo» (11.1). Enseguida, hace también un repaso histórico de todos los hombres y mujeres que siempre confiaron en Dios, a pesar de no haber recibido lo que Dios había prometido (11.4-39). Desde un principio puede verse que el autor conocía bien el Antiguo Testamento. Su lenguaje es preciso y elegante, y una y otra vez insiste en la obra perfecta de Jesucristo. Esto se nota claramente en la repetida frase «una sola vez y para siempre» (7.27; 9.12,26; 10.10). Termina la carta con saludos para «todos los hermanos que forman el pueblo santo de Dios» (13.24).
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Filemón
En esta carta el apóstol Pablo se dirige a un cristiano llamado Filemón. Como podrá verse, este es un buen ejemplo de que el apóstol Pablo sabía escribir cartas, y sabía cómo pedir un favor. Filemón había tenido un esclavo llamado Onésimo, que tiempo atrás se había escapado. Tiempo después, Pablo conoció a Onésimo en la cárcel, le habló de Jesucristo, y Onésimo llegó a ser cristiano (versículo 10) y se convirtió en un compañero muy útil para el apóstol Pablo (versículo 11). Sin embargo, como cristiano, Onésimo tenía que volver con su antiguo amo, quien según la costumbre de entonces lo castigaría por haber huido. Pero Pablo le hace ver a Filemón que ahora Onésimo no es un esclavo más sino un hermano en Cristo (vv. 15-16), y que debe tratarlo con amor. La carta está escrita con mucha delicadeza. Pablo podría exigir a Filemón recibir bien a Onésimo, pero prefiere pedírselo como un favor, y añade: «Pero no lo hagas por mí sino por tu amor al Señor» (versículo 20). Es interesante notar el juego de palabras en el idioma original griego: Onésimo significa «útil», y Filemón, «amoroso». Con gran sutileza, Pablo parece decir que si Filemón es cristiano, le haga honor a su nombre (vv. 16, 20), y que espera que Onésimo le haga honor al suyo (versículo 11).
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Tito
Otro de los colaboradores del apóstol Pablo fue un joven llamado Tito. Lo que sabemos de él, lo sabemos por esta carta, y porque su nombre se menciona en otros escritos (véanse 2 Corintios 2.13; 7.6-16; 8.23; Gálatas 2.1-3). Según esta carta, Pablo dejó a Tito en la isla de Creta para organizar las diferentes iglesias que allí había (1.5). Las recomendaciones a Tito son muy semejantes a las que se dan a Timoteo: los jóvenes y los ancianos deben llevar una vida ejemplar (2.1-7), los esclavos deben ser honestos y obedecer a sus amos (2.9-10), y todos los cristianos deben «obedecer a los gobernantes y a las autoridades del país» (3.1). El autor se despide enviando saludos de parte de todos los que están con él, y pidiendo a Tito que salude de su parte a todos sus amigos (3.15).
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II Timoteo
Esta carta está escrita en el mismo tono que la primera: ante el desarrollo de falsas enseñanzas dentro de la iglesia, el autor da mayores instrucciones al joven Timoteo en cuanto a lo que él debe enseñar. Le recomienda no avergonzarse de la buena noticia de Jesucristo, sino estar dispuesto a sufrir por anunciarla, «como buen soldado de Jesucristo» (1.6-9; 2.3). En aquel tiempo había preocupación acerca del fin del mundo. El autor le hace notar a Timoteo que mucha gente se volverá egoísta y desobediente, y no tendrá más interés que el de ganar dinero. Por eso le recomienda no hacer amistad con esa clase de gente (3.1-5). Aparece también en esta carta un breve himno, o pequeña confesión de fe, que recalca la fidelidad de Cristo: «Si morimos por Cristo, también viviremos con él. Si soportamos los sufrimientos, compartiremos su reinado. Si decimos que no lo conocemos, también él dirá que no nos conoce. Y aunque no seamos fieles, Cristo permanece fiel porque él jamás rompe su promesa.» (2.11-13) El autor parece presentir que su muerte está cerca (4.6), por lo que se despide enviando saludos personales a los cristianos de la iglesia, que estaban al cuidado de Timoteo.
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I Timoteo
En sus diferentes viajes misioneros, el apóstol Pablo contó con varios compañeros de viaje. Uno de ellos fue el joven Timoteo, hijo de madre judía y de padre griego (véanse Hechos 16.1-3; Romanos 16.21; 2 Corintios 1.1; Filipenses 1.1). Según esta carta (1.3), Pablo pidió a Timoteo que se quedara en la ciudad de Éfeso para corregir las falsas enseñanzas que empezaban a circular en la iglesia (1.6-7; 4.1-5). El mensaje de la carta señala que la buena noticia es para todo el mundo. Pablo le recomienda a Timoteo que se ore a Dios «por todo el mundo», incluyendo a «los gobernantes» y a «todas las autoridades», y esto «para que podamos vivir en paz y tranquilos, obedeciendo a Dios y llevándonos bien con los demás» (2.1-2). Se nota ya un resumen de las enseñanzas cristianas, en forma de confesiones de fe (2.5-6; 3.16). También se puede apreciar cierta organización en la iglesia, pues se habla de las cualidades que deben tener quienes la dirigen y quienes en ella sirven (3.1-13). Entre las muchas recomendaciones que el autor de la carta hace a Timoteo, sobresale la siguiente, que bien puede aplicarse a todo joven: «No permitas que nadie te desprecie por ser joven. Al contrario, trata de ser un ejemplo para los demás cristianos» (4.12) } Y también: «Imita al deportista que se esfuerza por ganar la competencia: haz todo lo posible por ser un buen discípulo de Jesucristo, y recibirás el premio de la vida eterna» (6.12)
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II Tesalonicenses
En su primera carta a los cristianos de Tesalónica, el apóstol Pablo tocó el tema del regreso de Cristo. En esta segunda carta, vuelve a tratar el tema, pero ahora con mayores detalles. Aparentemente algunos cristianos estaban enseñando que Cristo ya había vuelto (2.1-3). Tal enseñanza no era verdadera, y por eso Pablo escribió a los tesalonicenses para corregir el error. Para ello, Pablo les recuerda que antes del regreso de Cristo habrá otras señales claras: los enemigos de Dios se rebelarán contra él, y aparecerá un malvado, que engañará a muchos y afirmará ser Dios, pero que finalmente será destruido (2.3-12). Por eso Pablo anima a los tesalonicenses a dejar esas enseñanzas y seguir «confiando en Dios», sin olvidarse de «las enseñanzas que, personalmente o por carta» les había dado (2.15). Otro problema que Pablo trata de corregir es que algunos cristianos ya no querían trabajar, y se aprovechaban de la bondad de los hermanos, que compartían con ellos todo lo que tenían. Entonces Pablo les recuerda que él siempre trabajó, para no depender de nadie. Por eso les dice con firmeza: «Quien no quiera trabajar tampoco tiene derecho a comer» (3.6-12). Aquí y en su carta a los gálatas, Pablo asegura que la firma y la letra son suyas (3.17; véase Gálatas 6.11).
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I Tesalonicenses
En su segundo viaje misionero, el apóstol Pabló visitó la ciudad de Tesalónica y fundó allí una iglesia (Hechos 17.1-8). Esta ciudad era la capital de una provincia griega llamada Macedonia. Tiempo después, Pablo quiso visitar a los cristianos de esa ciudad, pues sabía que su conducta cristiana era ejemplar (1.2-4). Como no pudo visitarlos, decidió escribirles esta carta, que es el escrito más antiguo de todo el Nuevo Testamento. Pablo comienza por saludarlos, dando gracias a Dios por ellos, porque anunciaban el mensaje de Jesucristo en muchas partes (1.8), y porque lo habían aceptado «como de parte de Dios y no de un ser humano» (2.13). Pablo reconoce que los tesalonicenses llevan una vida agradable a Dios. Por eso los anima a seguir adelante, y les da instrucciones prácticas para seguir viviendo así (4.1-12). Como tema central de esta carta, Pablo expresa su alegría por la manifestación del poder del evangelio en Tesalónica en medio de grandes dificultades. Los cristianos de Tesalónica creían que Cristo había muerto y resucitado, y ahora esperaban, como todos los cristianos, que Cristo volviera. Pablo alienta su esperanza en el regreso de Cristo, pero les recuerda que nadie sabe cuándo será ese día, pues «regresará en el día menos esperado, como un ladrón en la noche» (5.2). Por eso los anima a mantenerse «alerta, viviendo correctamente, y no tan despreocupados como viven algunos» (5.6). Pablo se despide invitando a los tesalonicenses a estar «siempre contentos», y a orar «en todo momento» (5.16-17).
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Colosenses
En la ciudad de Colosas se desarrolló una de las primeras comunidades cristianas de origen no judío. Su fundador fue Epafras, un habitante de esa ciudad (1.7). Al principio los colosenses recibieron la buena noticia con gran alegría, pero más tarde comenzaron a apartarse de las enseñanzas recibidas. Por eso el apóstol Pablo considera necesario recordarles que: «Por medio de Cristo, Dios hizo que todo el universo volviera a estar en paz con él. Y esto lo hizo posible por medio de la muerte de su Hijo en la cruz» (1.20). Algunos enseñaban que hay espíritus que tienen mucho poder. Pero Pablo les pide a los colosenses no prestar atención a tales engaños, porque «Cristo es completamente igual a Dios, y reina sobre todos los espíritus» (2.9-10). También les pide no dejarse engañar por quienes insistían en ciertas prácticas religiosas, y afirma: «Lo real y verdadero es Cristo» (2.16-17). Esta carta se caracteriza por sus enseñanzas de la vida nueva en Cristo. Pablo insiste en que los colosenses, y con ellos todos los cristianos, «ya han muerto para el mundo, y ahora, por medio de Cristo, Dios les ha dado la verdadera vida» (3.3-4). «Por eso ya no importa si alguien es judío» o de otra nación o pueblo. Lo que importa es que «Cristo lo es todo, y está en todos» (3.11). Como de costumbre, Pablo se despide enviando saludos a toda la iglesia, de parte de los cristianos que están con él, y les pide que compartan su carta con los hermanos de la iglesia que estaba en la ciudad de Laodicea (4.16).
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Filipenses
Filipos era una importante ciudad del Imperio Romano. El apóstol Pablo llegó allí en su segundo viaje misionero (Hechos 16.12-40), y fundó una iglesia que merecía ser alabada por su generosidad. Pablo mismo reconoce haber recibido ofrendas de ellos, y por eso les da las gracias (4.10-18). En el momento de escribir esta carta, Pablo se hallaba preso (1.7-17), aunque no se sabe dónde, ya que estuvo preso varias veces y en diferentes lugares (Hechos 24.27; 28.16-31; 2 Corintios 11.23). A pesar de estar en tan triste situación, Pablo mantuvo firme su fe en Jesucristo y no dejó de estar alegre; al contrario, en su carta invita a los cristianos de Filipos a vivir «con alegría su vida cristiana» (4.4). La carta está llena de expresiones afectivas. Por ejemplo, Pablo les dice a los filipenses que los quiere mucho y los extraña (1.7-8; 4.1), y que espera volver a verlos (1.26). También los anima a mantenerse fieles al Señor Jesucristo y a vivir «en armonía y amándose unos a otros» (2.3). Este es justamente el tema central de la carta: «Solo les pido que vivan dignamente, como lo enseña la buena noticia de Cristo. Porque, ya sea que vaya a verlos o no, quiero estar seguro de que todos ustedes viven muy unidos y se ponen de acuerdo en todo, y que luchan unidos por anunciar la buena noticia» (1.27) Termina la carta con saludos para todos los hermanos, de parte de los cristianos que lo acompañaban y que, con toda seguridad, también estaban presos (4.21-22).
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Gálatas
Esta carta del apóstol Pablo a los cristianos de la región de Galacia ha llegado a conocerse como la carta de la libertad cristiana. Durante su segundo viaje misionero, Pablo había anunciado la buena noticia acerca de Jesucristo en esa región (véase Hechos 16.6). Muchos gálatas no judíos habían reconocido al Señor Jesucristo como el Salvador. Pero aparentemente, después llegaron a esa región otros cristianos judíos, y les enseñaron a los cristianos gálatas que, además de creer en Jesús, debían también cumplir los mandamientos de Moisés (1.6-9). Por eso Pablo los reprende, porque los gálatas parecían no haber entendido las enseñanzas cristianas que él mismo les había dado (3.1-5). Pablo explica a los gálatas el significado de la buena noticia acerca de Jesucristo, haciendo un breve repaso del pacto de Dios con Abraham. Les hace ver que la ley es buena y no está en contra de la fe (3.21), sino que es como un maestro que nos guía a la fe en Jesucristo (3.24). En esa vida de fe, todos somos uno, sin importar que seamos judíos o griegos, esclavos o libres, hombres o mujeres (3.28). Por lo tanto, no es obligatorio cumplir con los requisitos de la ley. Pero Pablo se da cuenta de que esa libertad puede ser mal entendida. Por eso les aclara que no deben usarla «como pretexto para hacer lo malo» (5.13), sino permitir que el Espíritu de Dios los lleve a actuar como se espera que actúen. Después de señalar las características de un verdadero cristiano (5.22-24), Pablo afirma: «Si el Espíritu ha cambiado nuestra manera de vivir, debemos obedecerlo en todo» (5.25).
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II Corintios
Después de escribir su primera carta a los cristianos de la ciudad de Corinto, las relaciones del apóstol Pablo con los corintios parecen haberse visto afectadas. Tal vez por eso esta segunda carta tiene un tono muy personal y emotivo. Pablo comienza por disculparse con los corintios, pues había pensado visitarlos, pero finalmente cambió de planes (1.12-24). Aunque Pablo había sido ofendido por un hermano de esa iglesia, expresa su disposición para perdonarlo, y pide a los corintios que hagan lo mismo (2.5-11). En seguida, Pablo les habla de la libertad en Cristo. Menciona el velo con que Moisés se cubría la cara (Éxodo 34.29-35) para aclararles que, en la vida cristiana, todo se hace al descubierto, lo que permite a los cristianos hablar con toda libertad (3.12-15). La comparación que hace luego, de nuestro cuerpo como una frágil tienda de campaña, le permite afirmar que «en el cielo tenemos una casa permanente, construida por Dios y no por humanos» (5.1). Como algunos cuestionaban sus derechos de apóstol, Pablo dedica la parte final de su carta a hablar de la generosidad de otros cristianos, como los de la iglesia de Macedonia, y les recuerda a los corintios que «el que da poco, recibe poco; el que da mucho, recibe mucho» (9.6). Termina su carta pidiendo a Dios que los corintios «sean cada vez mejores seguidores de Cristo» (13.9), y se pongan de acuerdo y vivan tranquilos y alegres (13.11).
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I Corintios
El apóstol Pablo escribió esta primera carta a los cristianos de la ciudad de Corinto, en respuesta a una pregunta que ellos le habían hecho acerca del matrimonio (7.1). Pero los problemas que había en esa iglesia eran otros, y Pablo va tratándolos uno por uno, comenzando por el problema de las divisiones que había entre los hermanos de esa iglesia (1.10-17). La ciudad de Corinto era famosa en aquellos tiempos por su inmoralidad. ¡Hasta se había inventado el verbo «corintear» para hablar de cometer los peores pecados! Uno de esos pecados lo estaba cometiendo un creyente, que había tomado como esposa a su propia madrastra (5.1). Pablo hace ver a los cristianos de Corinto que eso, ni siquiera los no cristianos lo hacían. Otro problema consistía en llevar ante las autoridades no cristianas problemas que podrían ser resueltos dentro de la iglesia. Pablo les llama la atención, y les dice que no era necesario hacer eso, pues había en la iglesia gente capaz para resolverlos. Por eso les aclara: «¡Si vamos a juzgar a los mismos ángeles, con mayor razón podemos juzgar los problemas de esta vida!» (6.3). Algunos pensaban que no era bueno casarse, pero Pablo les demuestra que eso no es cierto. Sin embargo, después de una larga explicación, deja a cada creyente en libertad para hacer lo que le parezca más conveniente, y concluye que «quien se casa hace bien, y quien no se casa, hace mejor» (7.38). Había también quienes comenzaban a dudar de la resurrección (15.12). Otros, preocupados porque sus antepasados no habían conocido a Jesucristo, se bautizaban por ellos (15.29). Pablo les recuerda que Jesús realmente resucitó (15.3-8), y que eso prueba que los que creen en él también volverán a vivir (15.20). Un capítulo sobresale en esta carta, y es el llamado «Himno del amor» (13.1-13). Después de hablar de la semejanza de la iglesia cristiana con el cuerpo humano (12.12-30), Pablo les enseña a los corintios que de nada sirve saber mucho, ni hablar muchos idiomas, ni tener mucha fe, si no se tiene amor. Y concluye que «hay tres cosas que son permanentes: la confianza en Dios, la seguridad de que él cumplirá sus promesas, y el amor. De estas tres cosas, la más importante es el amor» (13.13).
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Romanos
Al apóstol Pablo le gustaba escribir cartas a las iglesias cristianas de su tiempo. Tal vez la más famosa sea esta carta, escrita y dirigida a sus «queridos hermanos de la iglesia de Roma» (1.1). Esta frase y otras similares parecen indicar que, cuando Pablo escribía, tal vez no pensaba en escribir libros de teología sino solo en mantenerse en contacto con sus hermanos cristianos. Sin embargo, su amor por Dios y por ellos, y su amplio conocimiento de la Biblia, hicieron que sus cartas resultaran profundos documentos de enseñanza cristiana. La mejor muestra de ello es esta carta a los Romanos. En ella la iglesia cristiana de todos los tiempos ha encontrado sabias y claras enseñanzas acerca de la fe en Jesucristo. La más notable de ellas es que «la buena noticia nos enseña que Dios acepta a los que creen en Jesús», y que «aquellos a quienes Dios ha aceptado y confían en él, vivirán para siempre» (1.17). Pablo era judío, y por lo tanto habla como judío, pero se dirige a una comunidad compuesta por cristianos judíos y de otras naciones. Pero les habla como un judío cristiano. Con la Biblia en la mano les enseña que el amor de Dios alcanza también a los que no son judíos, pero aclara que esto es posible por medio de la fe en Jesucristo, y no solo por cumplir con la ley de Moisés (2.17—3.31). Tomando a Abraham como ejemplo de fe, Pablo enseña que el pecado de Adán nos trajo la muerte (5.12-14), pero que la fe en Jesucristo nos da nueva vida (5.15—6.14). Partiendo de esta enseñanza de la nueva vida en Cristo, el apóstol Pablo pasa a enseñar a los cristianos cómo deben vivir esta nueva vida (12.1—15.6). Cada línea, cada frase, cada palabra en la carta es importante; pero el capítulo 12 merece ser destacado por la sencillez de su vocabulario y por lo práctico de sus enseñanzas. Termina Pablo esta carta saludando por nombre a varios hermanos cristianos, y despidiéndose de ellos con esta oración: «Y ahora, por medio de Jesucristo, alabemos por siempre al único y sabio Dios. Amén» (16.27).
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44
Hechos
El evangelista Lucas es el autor de este libro y, al igual que su evangelio, también se lo dedicó a su amigo Teófilo, seguramente por su interés de contarle todo acerca de Jesucristo (1.1; véase Lucas 1.1-4). Desde el principio mismo, Lucas hace mención del Espíritu Santo. Lo hace para recordarles a los discípulos la promesa de Jesús: Dios enviaría al Espíritu Santo y los llenaría de poder (1.5-8). Por eso puede afirmarse que el personaje central de este libro es el Espíritu Santo. En el día de Pentecostés, viene el Espíritu y convierte a unos discípulos miedosos en valientes proclamadores de la resurrección de Jesús (2.1-47). Al mismo tiempo, les da poder para sanar (3.1-10; 5.12-16), los lleva a desafiar a las autoridades antes que desobedecer a Dios (4.1-20; 7.1-53), y les hace castigar la mentira (5.1-10). Además, el Espíritu Santo hace entender a los discípulos algo muy importante: el evangelio de Jesucristo no es solo para los judíos, sino para todo hombre y toda mujer en este mundo, sean judíos o no (10.1-48; véanse especialmente los vv. 34-36). La acción del Espíritu Santo se ve más claramente en el caso de Saulo de Tarso, un judío que conocía bien su Biblia pero que no había conocido a Jesús. Cuando los primeros cristianos comenzaron a extenderse por toda Jerusalén y sus alrededores, Saulo creyó que su deber como judío era perseguir a los cristianos y acabar con ellos (8.1-2; 9.1-2). Pero un día, cuando se dirigía a la ciudad de Damasco, tuvo una experiencia maravillosa: ¡se encontró con Jesús mismo! (9.3-6). A partir de ese momento, la vida de Saulo, y hasta su nombre, cambiaron por completo: dejó de llamarse Saulo para convertirse en el apóstol Pablo, quien sin duda fue el misionero más importante en la historia de la iglesia cristiana. Pablo hizo cuatro viajes por muchas ciudades del Imperio Romano, incluyendo Roma, la ciudad capital. En estos viajes lo acompañaron su gran amigo Bernabé y un joven llamado Timoteo. Es posible que también lo haya acompañado el evangelista Lucas, autor de este libro, pues en ocasiones habla no solo de Pablo y de otros, sino que se incluye en el relato (16.10-17; 20.5-16; 21.1-18; 27.1—28.15). Este libro termina hablando de la vida de Pablo en la ciudad de Roma, y diciendo de él que «nunca tuvo miedo de hablar del reino de Dios, ni de enseñar acerca del Señor Jesús, el Mesías, ni nadie se atrevió a impedírselo» (28.31).
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43
Juan
De los cuatro evangelios que tenemos en la Biblia, el de Juan es el que pone más énfasis en el origen divino y eterno de Jesucristo. Comienza por afirmar que «antes de que todo comenzara ya existía aquel que es la Palabra» (1.1), y añade que «aquel que es la Palabra habitó entre nosotros y fue como uno de nosotros» (1.14). Con un lenguaje sencillo, pero con mucho significado, el autor pasa inmediatamente a identificar a «aquel que es la Palabra» con Jesús, «el Hijo de Dios y el Rey de Israel» (1.43-49). A partir de esta confesión de fe, el autor dedica los siguientes once capítulos a demostrar el poder de Jesús para realizar milagros: convierte el agua en vino (2.1-11), sana al hijo de un oficial romano (4.43-54), hace caminar a un paralítico (5.1-18), da de comer a más de cinco mil personas (6.1-14), camina sobre el agua (6.16-20), perdona pecados (8.2-11), hace que un ciego pueda ver (9.1-11), y también hace que un muerto vuelva a la vida (11.1-44). En los siguientes cinco capítulos, el autor muestra a Jesús hablando con sus discípulos y dándose a conocer. Ya no los trata como discípulos sino como amigos (15.15), y por lo tanto les habla con toda claridad (16.25-30), y pide a Dios el Padre que los cuide y los mantenga unidos, como unidos están Dios y Jesús (17.1-26). Una de las características de este evangelio es la identificación que Jesús hace de sí mismo. Él es «el pan que da vida» (6.35), «la luz que alumbra a todos los que viven en este mundo» (8.12), «el buen pastor» (10.11), «el que da la vida y el que hace que los muertos vuelvan a vivir» (11.25), «el camino, la verdad y la vida» (14.6), y «la vid verdadera» (15.1). El evangelio de Juan contiene estas y otras grandes verdades acerca de Jesucristo, las cuales bien pueden resumirse en sus propias palabras: «Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna» (3.16). Esto fue lo que llevó al autor de este evangelio a dejarnos por escrito esta gran verdad, para que creamos «que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios», y así recibamos «la vida eterna» (20.31).
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42
Lucas
El evangelista Lucas comienza por dedicar su evangelio a un amigo suyo, llamado Teófilo, para que este llegue a conocer bien «la verdad» acerca de Jesús (1.1-4). Aunque Lucas comparte con Mateo y Marcos muchos detalles de la vida de Jesús, también presenta otros que le dan a su evangelio un toque de originalidad. Por ejemplo, Lucas nos dice más que Mateo acerca del nacimiento de Jesús (capítulos 1 y 2), el cual se presenta junto con el nacimiento de Juan el Bautista. Además, al hablar de los antepasados de Jesús, Lucas hace notar que Jesús, como Adán, era hijo de Dios (3.38), aunque la gente creía que era hijo de José (3.23). Hay algunas enseñanzas de Jesús que solo aparecen en este evangelio. De ellas, las más notables son el ejemplo del padre amoroso (15.11-32) y el de un extranjero compasivo (10.25-37). Lucas se muestra interesado en señalar que Dios ama también a la gente de otros pueblos, y que muchas veces los extranjeros son los más agradecidos (17.11-18). Un detalle interesante es que Lucas dedica gran parte de su evangelio para hablar del viaje de Jesús a Jerusalén (9.51—19.27). Para Lucas, la vida de Jesús consistió en caminar siempre cuesta arriba, como si desde un principio hubiera estado subiendo al cerro donde fue crucificado (23.33). Pero también hace notar que Jesús «decidió ir hacia Jerusalén» porque «ya se acercaba el tiempo en que Jesús debía subir al cielo» (9.51). En efecto, así es como Lucas termina su evangelio: después de que Jesús fue crucificado, y murió y resucitó, «fue llevado al cielo» (24.51).
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41
Marcos
Poco es lo que sabemos del evangelista llamado Marcos, pero es mucho y muy importante lo que nos cuenta en su evangelio. Ya en sus primeras palabras, Marcos nos anuncia la buena noticia de que Jesús es «el Mesías, el Hijo de Dios» (1.1; véase introducción a Mateo), y en seguida presenta a Juan el Bautista como el que habría de prepararle el camino (1.2-3). En el resto de su evangelio, Marcos deja ver cierta urgencia por anunciar a todo el mundo quién realmente es Jesús. Algo muy importante del evangelio de Marcos es el hecho, hoy día ampliamente reconocido, de que lo que él nos cuenta sirvió de base para los evangelios de Mateo y de Lucas. Por eso estos tres evangelios se conocen como Sinópticos. Puede afirmarse que Marcos pone mucho interés en mostrarnos a Jesús como hombre de acción, para que sean sus propias acciones las que demuestren quién es él. Tal vez por eso no habla mucho acerca de su nacimiento, sino que pasa en seguida a hablar de sus hechos a partir de su bautismo (1.9-13). Para Marcos, la vida y la muerte de Jesús son la prueba de que él vino «para servir a los demás» y «para liberar a la gente que es esclava del pecado», aun cuando hacerlo así le costara la vida (10.45). En el curso de su evangelio, Marcos nos muestra que, a pesar de las muchas pruebas que da Jesús a los de su pueblo, no son ellos sino un extranjero, un soldado romano, el que declara abiertamente: «En verdad este hombre era el Hijo de Dios» (15.39).
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40
Mateo
Muchos años antes del nacimiento de Jesucristo, el pueblo de Israel había sido gobernado por el rey David. El pueblo de Israel recordaba a David como el mejor rey que había tenido, y esperaba que se cumpliera la promesa de Dios, de que un día un descendiente de David reinaría sobre ellos y devolvería al pueblo su antigua grandeza. Ese descendiente que habría de venir era conocido como el Mesías, o Cristo, palabras que en los idiomas hebreo y griego podrían traducirse como «el rey elegido por Dios». En este evangelio, se da al pueblo de Israel la buena noticia de que el Mesías ha nacido (capítulos 1 y 2), y que es nada menos que Jesús de Nazaret, el hijo del carpintero José y de su esposa María (13.55). En efecto, de principio a fin Mateo insiste en que Jesús cumple todas las promesas de Dios, tal como aparecen en la ley de Moisés y en los escritos de los Profetas. Esto puede verse en las frases que constantemente repite Mateo en todo su evangelio: «Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que Dios había dicho por…» (1.22-25; 21.4); «…porque así lo anunció el profeta…» (2.5); y «Así se cumplió lo que Dios había dicho por medio de…» (2.15,17,23; 4.14; 12.17; 27.9). Además de reconocer a Jesús como el Mesías prometido, Mateo también lo presenta como un gran Maestro. Entre las muchas enseñanzas de Jesús se destacan el gran discurso conocido como el «sermón de la montaña» (capítulos 5—7), los siete ejemplos (capítulo 13), y sus discursos finales (capítulos 23—25). Pero la verdad central del evangelio de Mateo es la respuesta de Pedro, el pescador. Jesús preguntó a sus discípulos: «Y ustedes, ¿qué opinan? ¿Quién soy yo?» Y la respuesta de Pedro fue una confesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios que vive y da vida» (16.15-16). Uno de los nombres de Jesús, con el que se cumple lo anunciado por el profeta Isaías, es Emanuel, que quiere decir «Dios está con nosotros» (1.22-25). Mateo nos dice que Jesús mismo nos asegura esto cuando al despedirse de sus discípulos dice: «Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo» (28.20).
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39
Malaquías
¿QUIÉN? Es poco lo que sabemos de Malaquías. El nombre de este libro significa «Mi mensajero». Si bien algunos consideran que este es un mensaje anónimo, es también posible considerar al término Malaquías como un nombre propio. Sin duda el autor del libro era un reformador. El método que él utilizaba para proclamar el mensaje de Dios era el de «pregunta-respuesta». ¿DÓNDE? El mensajero de Dios aparece en escena en Jerusalén, capital de la provincia de Judá. Su mensaje se dirige particularmente a los habitantes de esa provincia. No obstante, también desde allí predica contra la nación de Edom. ¿CUÁNDO? Este mensajero de Dios fue contemporáneo del gobernador Nehemías (Nehemías 10.1). Se considera que proclamó su mensaje alrededor del año 433 antes de Cristo. ¿QUÉ? En primer lugar, Malaquías le recuerda al pueblo de Israel que Dios los ama de verdad y desea bendecirlos. En segundo lugar, Malaquías denuncia a los sacerdotes por no cumplir con sus responsabilidades. Ellos debían enseñarle al pueblo la ley de Dios. Pero no estaban cumpliendo su papel de maestros. En tercer lugar Malaquías señala que la gente del pueblo está desobedeciendo a Dios al casarse con personas de otras naciones. No se trata de racismo ni de cultura; se trata de casarse con personas que no adoran al Dios verdadero. ¿ALGO NUEVO? Hacia el final del mensaje de Malaquías, encontramos que Dios le ruega al pueblo que recuerde, es decir, que obedezca la ley de Moisés. Luego Dios le hace una promesa al pueblo. Le dice que ha de mandar al profeta Elías. Es interesante notar que Jesús identifica a este profeta con Juan el Bautista (Mateo 11.14). Es probable que la intención sea la de prometer que en el futuro vendría alguien con el poder y el espíritu que caracterizaba al profeta Elías.
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38
Zacarías
¿QUIÉN? Zacarías proclamó la palabra de Dios al mismo tiempo que Hageo. Por lo tanto su mensaje tiene que ver con un pueblo que ha vuelto de Babilonia, donde vivió una esclavitud terrible. Su nombre significa «Dios ha recordado». ¿DÓNDE? Zacarías proclamó su mensaje en Jerusalén, ciudad capital de la provincia de Judá. En ese momento la ciudad estaba siendo reconstruida, ya que había sido destruida por los babilonios unos 70 años antes. ¿CUÁNDO? Zacarías, al igual que Hageo, afirma que Dios le habló durante el segundo año del reinado de Darío el Persa. Por lo tanto, Zacarías también predicó durante el año 520 antes de Cristo. ¿QUÉ? Al principio, Zacarías predica que es necesario que el pueblo, que ha vuelto a su tierra, se arrepienta y vuelva a obedecer a Dios. El libro presenta una serie de ocho visiones, que son muy alentadoras para el pueblo de Dios. En ellas, Zacarías recibe el mensaje de que las condiciones políticas y económicas son muy buenas para que el pueblo de Dios reconstruya tanto el templo como la ciudad de Jerusalén. Zacarías le da este mensaje al pueblo para motivarlo a cumplir con su responsabilidad. ¿ALGO NUEVO? Un detalle interesante que presenta Zacarías es la mención de un pago de 30 monedas de plata. Más tarde, el evangelista Mateo asociará este comentario con el pago que recibió Judas por traicionar a Jesús.
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37
Hageo
¿QUIÉN? Hageo es un hombre que predica a través de sus acciones. Fue uno de los mensajeros de Dios que más respaldó sus palabras con sus hechos. ¿DÓNDE? Hageo proclamó la palabra de Dios en Judá, particularmente en la ciudad de Jerusalén. El pueblo de Dios había vuelto de Babilonia, y ya no era un pueblo esclavo. Sin embargo, tenía mucho que hacer, ya que al volver a su tierra todo lo encontró destruido. ¿CUÁNDO? Según lo que nos dice su mensaje, Hageo proclamó la palabra de Dios en el año 520 antes de Cristo. Este fue el segundo año del reinado de Darío I, rey de Persia. ¿QUÉ? Hageo se preocupa porque su pueblo no muestra entusiasmo para reconstruir el templo de Dios. Se interesan más por reconstruir sus propias casas. ¿ALGO NUEVO? Hageo es un mensajero de Dios que tiene como misión motivar al pueblo que ha vuelto de la esclavitud en Babilonia. Critica la falta de compromiso de la gente con el templo de Dios. A su vez, anima al pueblo a que tenga paciencia y valentía. El templo no se ha de reconstruir de un día para otro. Hageo sabe también que muchos se van a oponer a esta misión. Por esa razón, llama al pueblo a que tenga el coraje necesario para cumplir la tarea.
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36
Sofonías
¿QUIÉN? El mensajero de Dios llamado Sofonías no nos dejó mucha información acerca de su persona. Sabemos que su nombre significa «Dios lo ha escondido». Esto puede referirse al hecho de que Dios lo protegió durante la época en que reinó Manasés. Este rey de Judá era muy corrupto y violento. Sofonías incluye en su mensaje escrito una larga lista de sus antepasados, tal vez para establecer la relación que tenía con la familia del rey. También podemos decir que era un hombre que conocía muy bien la ciudad de Jerusalén. Sus descripciones de lugares específicos nos indican que esta era la ciudad donde él se movía con confianza. ¿DÓNDE? Sofonías le predicó al pueblo de Dios que había quedado en el reino del sur, conocido como el reino de Judá. Ya para cuando él proclama la palabra de Dios, los asirios habían destruido el reino del norte y su ciudad capital Samaria. Por lo tanto, su campo de acción estaba en Jerusalén y la región de Judá. ¿CUÁNDO? Aparte del hecho de que Sofonías menciona al rey Josías (640 a 609 antes de Cristo), no podemos precisar fechas exactas para su ministerio. Esto nos permite sugerir que Sofonías predicó durante el mismo tiempo que el profeta Jeremías. ¿QUÉ? Durante casi 50 años nadie pudo proclamar la palabra de Dios con libertad porque un rey muy malvado, llamado Manasés, tenía a todos amenazados de muerte. Sofonías, como mensajero de Dios, rompe ese silencio de 50 años y se arriesga a predicar. Sofonías hizo suyas las preocupaciones y denuncias de los profetas del siglo VIII antes de Cristo, y las explicó a los que vivían en Judá a fines del siglo VII antes de Cristo. Sofonías aplicó el mensaje de Dios a la turbulenta situación que vivían tanto Judá como las naciones vecinas. Su mensaje era de condena y castigo, tanto para Jerusalén como para todas las naciones del mundo. Pero, Sofonías aclara que el propósito era corregir, restaurar y finalmente formar un pueblo fiel a Dios. ¿ALGO NUEVO? Sofonías, como mensajero de Dios, estaba muy preocupado por la paz y bienestar de la ciudad de Jerusalén. El lujo de detalles con que describe la ciudad nos muestra su gran cariño e interés por ella. Es por esto que Sofonías, cuando habla de un ataque enemigo, plantea que el enemigo vendrá por el norte de la ciudad, que era la parte menos protegida. De esta manera intentó prevenir al pueblo
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Habacuc
¿QUIÉN? De Habacuc sabemos muy poco. Posiblemente predicó al mismo tiempo que lo hicieron Sofonías, Jeremías y Nahúm. En dos lugares del libro se lo llama «profeta» (1.1 y 3.1). ¿DÓNDE? Habacuc proclamó el mensaje de Dios al pueblo de Judá, conocido como el reino del sur. Podemos suponer que predicó en la ciudad de Jerusalén, donde vivían los líderes de esta pequeña nación. ¿CUÁNDO? De acuerdo al libro, el profeta predica cuando aparece el nuevo imperio babilónico, luego de derrotar a los asirios. Este gran imperio surge a partir del año 626 ó 625 antes de Cristo, y su primer rey es Nabopolasar. Por lo tanto, Habacuc proclamó la palabra de Dios durante los años 626 a 605 antes de Cristo. En el año 605 antes de Cristo los babilonios derrotaron a los egipcios en la famosa batalla de Carquemis. Esta victoria permitió a los babilonios avanzar contra Judá. ¿QUÉ? Habacuc pide que Dios condene y castigue la maldad de los que viven en Judá. A él le preocupa que el nombre de Dios no sea respetado ni honrado. Pero al mismo tiempo, Habacuc cuestiona a Dios; no entiende por qué ha de castigar a Judá usando a los babilonios. El problema de Habacuc era que los babilonios eran más malvados que los de Judá. Además, estos extranjeros no adoraban a Dios. Fabricaban figuras con sus propias manos y luego las adoraban. ¿ALGO NUEVO? Habacuc proclama la palabra de Dios por medio de preguntas que Dios mismo le contesta. En una de esas respuestas, Dios le dice algo novedoso: la persona honrada, justa, buena, y que es fiel a Dios, podrá vivir una vida realmente especial.
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34
Nahúm
¿QUIÉN? Nahúm vivía en una ciudad llamada Elcós. Hasta el día de hoy se desconoce la ubicación de esta ciudad. El nombre Nahúm puede significar «consolado por Dios». Nahúm fue un poeta excepcional. Su capacidad para expresar la palabra de Dios a través de la poesía es realmente admirable. ¿DÓNDE? Nahúm predicó desde el reino del sur, o sea el reino de Judá. Su preocupación mayor fue enviarle un mensaje de advertencia a Nínive, la ciudad capital del gran Imperio Asirio. ¿CUÁNDO? En su predicación poética, el profeta Nahúm menciona dos acontecimientos importantes: 1) la derrota de la ciudad de Tebas a manos del rey asirio Asurbanipal, que ocurrió en el año 663 antes de Cristo; y 2) la derrota de la ciudad de Nínive, que ocurrió en el año 612 antes de Cristo. Eso nos permite sugerir que Nahúm proclamó la palabra de Dios durante esos años. Sin embargo, dado que el mensaje tiene una intensidad y urgencia muy marcadas, pensamos que Nahúm predicó pocos años antes de la derrota y destrucción de Nínive. ¿QUÉ? Nahúm se muestra muy enojado ante la violencia y maldad de los asirios. Este imperio era muy poderoso y hacía sufrir a mucha gente. Por causa de esto, Nahúm predica en contra de las prácticas crueles de los asirios. Les anuncia que Dios los castigaría porque él es un Dios justo, que no admite que se maltrate a los seres humanos con tanta violencia. ¿ALGO NUEVO? Resulta sorprendente que este profeta judío no mencione los pecados que cometía su propio pueblo. Solo él y el profeta Abdías predican exclusivamente contra naciones extranjeras y denuncian sus maldades. Dada la situación tan crítica en Asiria, pensamos que Nahúm dejó de lado a Judá y dirigió toda su energía y todo su enojo contra esta nación extranjera. Asiria fue derrotada y conquistada en el año 612 antes de Cristo, tal como lo había anunciado Nahúm
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33
Miqueas
¿QUIÉN? Miqueas fue un mensajero de Dios. Venía de un pueblo llamado Moréset-gat. Este pueblo estaba a unos 40 kilómetros al suroeste de Jerusalén, la ciudad capital. No tenemos mucha información acerca de Miqueas. No sabemos cómo recibió el llamado de Dios, ni tampoco qué hacía antes de dedicarse a proclamar su mensaje. Suponemos que era un hombre de campo, o quizá un artesano. ¿DÓNDE? El profeta Miqueas anuncia la destrucción de Samaria, capital del reino del norte (1.6-7). Sin embargo, su mensaje va mayormente dirigido a los líderes corruptos del reino del sur, conocido como el reino de Judá. Seguramente por esto Miqueas pasa la mayor parte del tiempo predicando en la ciudad de Jerusalén, que era la capital de este reino. Al hacer esto, Miqueas denuncia constantemente a los líderes políticos, a los profetas falsos y a los sacerdotes de Jerusalén. ¿CUÁNDO? Miqueas predicó durante el mismo tiempo que su colega Isaías. Es muy probable que haya anunciado el mensaje de Dios entre los años 742 y 687 antes de Cristo. Esto significa que él mismo vio cómo se cumplía su advertencia, ya que efectivamente, en el año 722 ó 721 antes de Cristo Samaria fue destruida por el Imperio Asirio. ¿QUÉ? Cuando Miqueas predica el mensaje de Dios, lo hace con mucho valor y entusiasmo. No les tiene miedo a los líderes poderosos del pueblo; al contrario, les exige que se arrepientan y cambien de actitud. A Miqueas le preocupa mucho el hecho de que los poderosos traten mal a la gente pobre. También le preocupa que muchos del pueblo adoren a otros dioses y no sean fieles al único Dios verdadero. Finalmente, Miqueas se enfrenta a sus propios colegas. Durante esta época son varios los que se creen profetas, pero que en realidad eran unos charlatanes. Cuando Miqueas los enfrenta les dice, que a diferencia de ellos, él está «lleno del poder de Dios» (3.8). ¿ALGO NUEVO? Este mensajero de Dios proclama de manera muy especial lo que se puede llamar la «regla de oro» del mensaje profético. Cuando Miqueas le está reclamando al pueblo de Judá que se arrepienta de su pecado, le explica con mucha claridad y brevedad lo que Dios quiere que haga: «Dios quiere que sean justos los unos con los otros, que sean bondadosos con los más débiles, y que lo adoren como su único Dios» (6.8).
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32
Jonás
¿QUIÉN? Jonás, cuyo nombre significa «paloma», fue llamado por Dios para predicar un mensaje de arrepentimiento en la ciudad de Nínive, capital de Asiria. Sin embargo, Jonás rechazó este llamado y trató de escaparse de la misión que Dios le había propuesto. Finalmente, Jonás se sometió a la voluntad de Dios y de mala gana fue a Nínive a predicar. ¿DÓNDE? Jonás era de la región de Judá, probablemente de la ciudad de Jerusalén. Dios le pide que vaya a la ciudad de Nínive. Sin embargo, en lugar de ir a Nínive, va en dirección contraria y se dirige al puerto de Jope, para tomar un barco hacia Tarsis. No se sabe con exactitud la ubicación de esta ciudad, pero se cree que estaba en lo que ahora es España. ¿CUÁNDO? Se considera que este libro se escribió en una época cuando los israelitas odiaban a los asirios por la destrucción de Samaria. En esa ocasión el Imperio Asirio llevó a los israelitas como esclavos a otros países. ¿QUÉ? El contenido del libro de Jonás se puede apreciar mejor a través de la manera en que está redactado. A continuación el lector podrá ver la estructura literaria del libro: 1. Jonás rechaza el mandato de Dios (1.1-16) 2. Jonás se arrepiente (1.17—2.10) 1. Jonás acepta el mandato de Dios (3.1-10) 2. Jonás se queja (4.1-11) En esa estructura vemos a Jonás huyendo del mandato de Dios. Luego, Dios manda un gran pez que se traga a Jonás. En esa situación Jonás se arrepiente y luego acepta predicar la palabra de Dios en Nínive. Finalmente, cuando la palabra de Dios logra su cometido, Jonás se queja. Se puede ver cómo Dios muestra su poder sobre Israel, sobre el mar y sobre Asiria. Además, se enseña que Dios se preocupa no solamente por Israel, sino por todas las naciones del mundo. ¿ALGO NUEVO? Según el libro de Jonás, cuando el mensajero de Dios invita a que el pueblo de Nínive se arrepienta y obedezca a Dios, se produce un tremendo milagro. Entonces toda la gente de la ciudad se arrepiente y cree en el Dios verdadero.
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31
Abdías
¿QUIÉN? Poco es lo que sabemos del mensajero de Dios llamado Abdías. Fue un hombre que con pocas palabras logró predicar un mensaje poderoso. Su nombre significa «servidor de Dios». ¿DÓNDE? Es muy probable que Abdías haya predicado la palabra de Dios en Jerusalén y sus alrededores. ¿CUÁNDO? Existe mucha discusión acerca del tiempo en que Abdías presentó su mensaje. No obstante, se considera que este profeta anunció la palabra de Dios alrededor del año 586 antes de Cristo. Durante esta época la nación de Edom se había convertido en un enemigo temible del reino de Judá. ¿QUÉ? En su breve obra literaria, Abdías trata dos temas principales: la destrucción de la nación enemiga de Israel llamada Edom (1-14, 15b) y la restauración de la nación de Israel (15a, 16-21). ¿ALGO NUEVO? Abdías busca responder a algunas preguntas que se hacen los habitantes de Judá. En medio de su dolor se preguntan si en verdad algún día se cumplirán las promesas de Dios. A esta pregunta se añade la preocupación sobre la amenaza que representa la nación de Edom. El pueblo de Dios se pregunta también, si alguna vez Edom sería castigado por sus terribles pecados. Todo esto hace que Abdías proclame un mensaje que da seguridad al pueblo que vive en Judá. Proclama también que Dios se acordará de su pueblo y cumplirá sus promesas.
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30
Amós
¿QUIÉN? Amós era un ganadero del pueblo de Tecoa que está a unos 18 kilómetros al sur de Jerusalén. Además de ser ganadero se dedicaba a cosechar higos silvestres. Como hombre de campo, Dios lo llamó para ser profeta en el reino del norte. Esto fue un desafío muy grande para Amós. No era nada fácil para un campesino del sur entrar en la gran ciudad de Samaria en el reino del norte y denunciar a los líderes por su corrupción y su falta de compromiso con Dios. De hecho, se nos cuenta que un sacerdote intentó echarlo de allí con amenazas de muerte, y le gritó que se volviera a su lugar de origen. ¿DÓNDE? A pesar de que Amós era de la región del sur, Dios lo llamó para proclamar un mensaje de condena y castigo contra el reino del norte. Por eso Amós emprendió el largo viaje hacia Samaria. En el camino proclamó el mensaje de Dios en Betel. Pero también de allí lo echaron. Tanto los líderes como el pueblo del reino del norte eran muy orgullosos y no podían aceptar que un campesino del sur que no era profeta de profesión fuera a predicarles que debían cambiar de actitud y obedecer a Dios. ¿CUÁNDO? El profeta Amós predicó durante la primera mitad del siglo VIII antes de Cristo. Es muy difícil precisar con exactitud los años en que realizósu ministerio. Algunos sugieren que predicó desde el año 767 hasta el año 753 antes de Cristo. ¿QUÉ? Amós acusó a los líderes del reino del norte de favorecer a los ricos y maltratar a los pobres. Le preocupaba el hecho de que a mucha gente pobre la vendían para ser esclava. A su vez, Amós señaló la injusticia de los poderosos, que con dinero ejercían influencia sobre los jueces. En medio de esta situación de injusticia y maltrato a la gente común, Amós también criticó la adoración a los dioses falsos, y la adoración a Dios en los lugares prohibidos. Además de predicarle al reino del norte, Amós también se encarga de proclamar la palabra de Dios a las naciones vecinas. Declara que el Dios verdadero también juzga a las otras naciones. En última instancia, todas las naciones tendrán que rendirle cuentas al Dios que reina sobre los cielos y la tierra. ¿ALGO NUEVO? Amós es el primer profeta, después de Moisés, que proclama con fervor que el bienestar del pueblo depende muchísimo de su obediencia a Dios. Amós dice con claridad una y otra vez que si el pueblo quiere sobrevivir, y quiere seguir viviendo en el país donde está, tiene que obedecer la voluntad de Dios. No es cuestión de asistir al templo, ni de cumplir con los ritos. Es cuestión de ser fiel al Dios que los liberó de la esclavitud en Egipto.
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Joel
¿QUIÉN? Joel fue un mensajero de Dios que tenía una gran preocupación por la ciudad de Jerusalén y por el templo de Dios. Por esto pensamos que Joel era un hombre que trabajaba y servía en el templo como mensajero de Dios. ¿DÓNDE? Joel predicó mayormente en la ciudad de Jerusalén, que era la capital de Judá. ¿CUÁNDO? No podemos afirmar con toda seguridad las fechas en que Joel predicó su mensaje. Lo más probable es que lo haya proclamado alrededor del año 600 antes de Cristo. Esto significa que vivió en la misma época que Jeremías y Sofonías. ¿QUÉ? A través de la imagen de una plaga de langostas, Joel declara ante el pueblo de Israel que Dios es soberano sobre todo lo que existe y su poder no tiene límites. Joel también le habla a Israel acerca de lo que él llama «el día de Dios». Este día sería un día de castigo si el pueblo no se arrepiente. Por lo tanto, Joel le ruega al pueblo que se arrepienta para que no sufra el castigo en ese día. ¿ALGO NUEVO? Joel anuncia que el espíritu de Dios vendrá sobre todo su pueblo. Es interesante notar que, en el libro de los Hechos, Lucas menciona este mensaje en el día de Pentecostés.
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Oseas
¿QUIÉN? A Oseas lo conocemos principalmente por lo que escribió y por la manera en que lo expresó. Aunque sabemos que era del reino del norte, no estamos seguros dónde nació ni a qué se dedicaba. No obstante, podemos decir que fue un hombre con mucha capacidad para escribir poesía, y que tenía un corazón muy tierno. En este sentido se lo compara con el profeta Jeremías del Antiguo Testamento y con el evangelista Juan del Nuevo Testamento. También podemos suponer que Oseas venía de una familia de buena posición. Además, se caracterizaba por su conocimiento amplio de lo que estaba pasando a nivel internacional. ¿DÓNDE? A diferencia de Amós, Oseas le predica a su propia gente, es decir, al reino del norte, ya que lo conoce muy bien. La capital del reino del norte era Samaria. Esta ciudad se había enriquecido mucho, y la gente que vivía allí se había vuelto muy orgullosa. ¿CUÁNDO? Es muy difícil establecer con exactitud cuándo Oseas llevó a cabo su ministerio de predicación de la palabra de Dios. De acuerdo al primer versículo, podemos ubicarlo dentro del reinado de Jeroboam II, por lo que habría empezado a predicar alrededor del año 753 antes de Cristo. Y como no menciona la derrota y destrucción de Samaria, su ministerio habrá terminado antes del año 722 ó 721 antes de Cristo. Esto significa que Oseas habrá proclamado la palabra de Dios durante unos 30 años. ¿QUÉ? A Oseas le preocupaba mucho el hecho de que el pueblo no vivía de acuerdo a lo que Dios mandaba. Oseas le decía una y otra vez al pueblo que su desobediencia se debía a que no conocían a Dios. Oseas no se refería solamente a la cuestión de saber algo acerca de Dios, sino que apuntaba más a la necesidad de amarlo y obedecerlo. Además, les decía a los israelitas que eran muy desagradecidos. Dios los había liberado de la esclavitud y los había bendecido muchísimo. Sin embargo, el pueblo se olvidaba de todo esto y prefería adorar a otros dioses. En general, los mensajes de Oseas se dividen en tres partes muy claras. Primero Oseas acusaba, luego describía el castigo o juicio, y finalmente presentaba una palabra de esperanza. ¿ALGO NUEVO? Oseas fue el profeta que más entendió el sufrimiento de Dios, pues tuvo que casarse con una mujer que le fue infiel y lo abandonó. Esta experiencia tan difícil y triste lo llevó a entender cómo se siente Dios cuando la gente lo rechaza y no lo ama. De esta manera Oseas sintió la misma compasión que Dios sentía por el pueblo de Israel.
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27
Daniel
¿QUIÉN? Daniel fue un hombre a quien Dios le dio capacidades especiales. Mientras era prisionero de los babilonios, se destacó por el hecho de que podía interpretar sueños. Hasta los reyes de Babilonia lo llamaron para que les interpretara los suyos. Tuvo visiones de parte de Dios, que sirvieron de advertencia a los babilonios. Tuvo también una vida personal muy disciplinada, que sirvió de ejemplo a todos los que lo rodeaban. ¿DÓNDE? Daniel fue llevado como prisionero a Babilonia en el año 605 antes de Cristo. Esto sucedió el mismo año en que los babilonios derrotaron a los egipcios en la batalla de Carquemis. En Babilonia Daniel se destacó por su disciplina y su conducta. Por sus capacidades naturales, el rey de ese país lo colocó en una posición de privilegio. ¿CUÁNDO? A partir del año 605 antes de Cristo. Daniel comienza su trabajo como mensajero de Dios en una nación extranjera. Su trabajo de proclamación y su vida ejemplar continúan por lo menos hasta el año 539 antes de Cristo. ¿QUÉ? En primer lugar, Daniel demostró su fidelidad a Dios negándose a vivir como los babilonios. Tuvo el coraje de enfrentarse al poderoso rey de Babilonia al no adoptar las costumbres de pueblos que no adoraban a Dios. En segundo lugar, Dios le dio la capacidad de interpretar los sueños del rey babilonio, algo que los magos de ese país no pudieron hacer. Fue así como el rey lo colocó en un lugar de privilegio. En tercer lugar, Daniel y tres amigos suyos se negaron a adorar una estatua de oro que el rey Nabucodonosor había mandado a hacer. Con esto, Daniel demostró su fidelidad y lealtad al Dios verdadero, pues no tuvo miedo de poner su vida en peligro. ¿ALGO NUEVO? Daniel, como mensajero de Dios, demuestra que uno puede enfrentarse a los grandes líderes políticos. Esto representa un riesgo y requiere mucho coraje. Pero el ejemplo de Daniel nos enseña que debemos oponernos a todo lo que vaya en contra de la voluntad de Dios
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26
Ezequiel
Ezequiel pertenecía a una familia de sacerdotes, y él mismo era sacerdote. Sabemos que era casado, pero que de manera sorpresiva su esposa murió. Esta muerte se convirtió en una señal de advertencia para el pueblo de Dios. Como su mensajero, Ezequiel fue marcado de manera especial por el espíritu de Dios. ¿DÓNDE? Ezequiel predicó la palabra de Dios en Babilonia. Una parte del pueblo de Judá había sido llevada allá como esclava, luego de que este imperio derrotó y destruyó a la ciudad de Jerusalén. Sin embargo, este mensajero de Dios, que también había sido llevado a Babilonia, tenía allí su propia casa, y en ella se juntaban los líderes del pueblo esclavo para recibir consejos. Algunos piensan que esto representa los comienzos de las sinagogas, centros de adoración del pueblo de Dios. ¿CUÁNDO? En el año 597 antes de Cristo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, tenía rodeada a la ciudad de Jerusalén. No la destruyó ese año, pero se llevó como esclavos a varios de los líderes del reino de Judá. Entre ellos estaba Ezequiel. Tenía 30 años cuando comenzó a predicar el mensaje de Dios a los judíos, que habían sido llevados como esclavos a Babilonia. Se piensa que predicó entre los años 593 y 571 antes de Cristo. ¿QUÉ? La predicación de Ezequiel va dirigida a un pueblo que ya no tiene tierra, ni libertad ni esperanza. Ezequiel predica a la gente que vive esclavizada lejos de su país. Dios lo anima con su espíritu de manera muy especial, y le exige que estudie la palabra de Dios y se empape de ella. Su responsabilidad mayor fue la de señalar la terrible maldad de la gente. También predicó que cada uno es responsable de su propia maldad, y que toda persona que siga pecando, morirá. ¿ALGO NUEVO? Ezequiel es quizá el primer predicador del exilio. Es el primer mensajero de Dios que proclama un mensaje al pueblo que vive como esclavo en Babilonia. Ya no tiene que advertir ni amenazar que vendrá un enemigo y destruirá a Jerusalén. Eso ya había sucedido. Por lo tanto, su mensaje debía presentar algo nuevo para una situación nueva. Asimismo, Ezequiel tiene una visión, en la que ve un valle con un montón de huesos secos. En esa visión, los huesos comienzan a juntarse y a cobrar nueva vida. Esta visión sirve de señal para el pueblo de Judá, que estaba atrapado en Babilonia. En el futuro, el pueblo volvería a su tierra y sería una nación libre con posibilidades de crecer. Ezequiel proclama a su pueblo esta nueva esperanza.
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Lamentaciones
La ciudad de Jerusalén fue atacada y destruida por el ejército babilonio entre los años 587 y 586 antes de Cristo. Tras la destrucción de Jerusalén, los israelitas fueron capturados y llevados prisioneros a Babilonia. Esta ciudad era la capital del imperio babilónico. Allí pasaron unos cincuenta años, hasta que el rey Ciro de Persia les permitió volver a su país. La terrible destrucción de Jerusalén quedó grabada para siempre en la memoria del pueblo israelita, y el libro de Lamentaciones relata esta gran tragedia. La profunda tristeza que comunica este libro no logra ocultar la belleza poética de su lenguaje. Tal belleza es aún más evidente en la forma acróstica de los primeros cuatro lamentos, donde el autor ha usado las veintidós consonantes del alfabeto hebreo. Cada letra marca el comienzo de una de las veintidós estrofas. La forma acróstica llega a su máxima expresión en el tercer lamento (capítulo 3), donde las tres líneas poéticas de cada estrofa comienzan con la misma letra. En esta versión se ha buscado reproducir la forma acróstica de los lamentos, supliendo las veintidós consonantes hebreas por una frase en español de veintidós letras. El lector se dará cuenta de tal intento en los primeros cuatro capítulos, donde podrá leer verticalmente «Pobrecita de ti, Jerusalén» (1; 2; 4) y «Yo soy el Siervo sufriente» (3).
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24
Jeremías
Jeremías nació en un pequeño pueblo llamado Anatot, que estaba cerca de Jerusalén. Su padre era sacerdote y seguramente Jeremías aprendió mucho de él. Todavía era muy joven cuando Dios le habló de una manera muy especial y lo envió a proclamar su mensaje a los israelitas. Fue así como Jeremías se dedicó a compartir todo lo que Dios le decía. Esto lo hizo por unos 40 años durante los cuales siempre fue obediente a Dios. Jeremías aprendió a servir a Dios con todas sus fuerzas, y por su dedicación completa a Dios, nunca se casó ni formó una familia. ¿DÓNDE? Jeremías anunció el mensaje de Dios en el reino de Judá, cuya capital era Jerusalén. En esa ciudad se encontraba el templo de Dios. El reino de Judá estaba en la parte sur de Palestina, y durante muchos años estuvo separado del reino de Israel que estaba en la parte norte. ¿CUÁNDO? Jeremías anunció el mensaje de Dios aproximadamente entre los años 626 y 586 antes de Cristo. Durante estos años, el reino de Judá estuvo amenazado por grandes naciones como Egipto y Babilonia. Estos dos países siempre buscaron derrotar a Judá y esclavizar al pueblo de Dios. ¿QUÉ? El pueblo de Dios en Judá no estaba viviendo de acuerdo a lo que Dios mandaba, sino que adoraba a dioses de otras naciones, desobedecía a Dios, y se mostraba muy rebelde. Por esta razón, Dios le pidió a Jeremías que ayudara al pueblo a darse cuenta de que estaba yendo por mal camino, y que tarde o temprano Dios los iba a castigar. Jeremías predicó muchos mensajes alentando al pueblo a obedecer y amar al Dios verdadero. No quería que los babilonios destruyeran la nación, ni que el pueblo sufriera el castigo de Dios. Pero finalmente Dios castigó al pueblo de Judá porque no le hizo caso a Jeremías. ¿ALGO NUEVO? Dios comunicó un mensaje diferente y nuevo a través de Jeremías, en el que le ofreció al pueblo una nueva manera de relacionarse con él. A esto Dios lo llama un «nuevo pacto», cuya validez será permanente (31.31-34). En este nuevo pacto Dios le promete al pueblo ayudarlo a ser obediente y a cambiar su conducta. Así el pueblo viviría para siempre en su tierra, disfrutando de paz y bienestar.
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23
Isaías
Isaías fue un hombre a quien Dios llamó para ser profeta en la tierra de Israel. Cierto día, Isaías estaba en el templo de Jerusalén y tuvo una visión muy especial (6.1-13). En esa visión Dios le dijo que debía predicarle a su pueblo. El pueblo no estaba viviendo como Dios quería y se estaba comportando muy mal. Por eso Dios llamó a Isaías para que fuera su mensajero aquí en la tierra. Isaías se casó con una profetisa y tuvo dos hijos. Como tenía acceso a la corte del rey, se piensa que pertenecía a una familia de la nobleza. Sin duda Isaías fue un hombre muy valiente, pues en varias ocasiones arriesgó su vida al denunciar y criticar a los poderosos. También Isaías era un gran escritor y un gran poeta, y conocía muy de cerca todo lo que sucedía en las naciones vecinas. Isaías predicó el mensaje de Dios en el reino de Judá, que estaba al sur de Israel. Durante el tiempo de Isaías, el reino de Judá sufrió mucho bajo la amenaza de Asiria, que era un imperio muy poderoso. A través de Tiglat-piléser III, uno de sus reyes más poderosos, Asiria había causado mucho temor entre todas las naciones vecinas. El reino de Judá, que estaba separado del reino del norte, no tenía posibilidades de enfrentarse a tal imperio. Los primeros 39 capítulos de Isaías se refieren a la situación que vivía el reino de Judá a fines del siglo ocho antes de Cristo; es decir, aproximadamente entre los años 742 y 700 antes de Cristo. Durante estos años el profeta proclama un mensaje de castigo y de juicio. Los capítulos 40—55 nos hablan de la situación difícil que vivió el pueblo de Judá cuando fue llevado como esclavo a Babilonia. Esto ocurrió entre los años 587 y 586 antes de Cristo. Los capítulos 56—66 contienen un mensaje de esperanza para aquellos que volvieron a Jerusalén después del exilio en Babilonia. El profeta Isaías proclama, en primer lugar, un mensaje de castigo contra los líderes de Judá. Ellos no estaban obedeciendo a Dios, y por eso Isaías los invita a arrepentirse y cambiar de actitud. Además de cometer actos de injusticia y de adorar a otros dioses, los líderes habían hecho alianzas con otras naciones para protegerse de sus enemigos. Pero Dios les había mandado que confiaran solamente en él, y que no hicieran alianzas con las naciones vecinas. Isaías declara que solo debían confiar en Dios, el «santo de Israel». Además, Isaías predica que también existe una esperanza real y verdadera. Si en verdad el pueblo se arrepiente y obedece a Dios, podrá evitar el castigo y disfrutar de una vida tranquila. Cuando el rey de Judá, llamado Acaz, temió por la posible invasión por parte de los enemigos, Dios mandó una señal a través de su profeta Isaías. En esa señal, Dios le comunicó a Acaz y a todo el pueblo que una joven iba a tener un hijo, y que ese hijo se llamaría «Emanuel». En hebreo, Emanuel significa «Dios con nosotros». Dios envió esta señal para que el pueblo confiara solamente en él, y tuviera esperanza. La verdadera esperanza se vive cuando nos damos cuenta de que Dios está con nosotros.
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22
Cantares
El título de este libro refleja literalmente su nombre hebreo, que significa «la canción más hermosa». Su belleza consiste en que es un canto al amor, donde los personajes principales son dos jóvenes enamorados. La tradición ha dividido este libro en ocho capítulos, pero en realidad está formado por seis cantos de amor (1.2—2.7; 2.8—3.5; 3.6—5.1; 5.2—6.3; 6.4—8.4; 8.5-14). En ellos, los novios intercambian palabras de amor, y de vez en cuando los interrumpe un coro femenino (1.8; 3.6-11; 5.1,9; 6.1,10; 7.1; 8.5,8-9). El lenguaje empleado es poético, y abunda en imágenes amorosas. El novio ve a la novia como una paloma, como un jardín cerrado, como una fuente de los jardines; la novia, por su parte, ve al novio como un árbol de manzanas, como un venado, como un cabrito. Todas estas expresiones, dan a este libro el sabor que distingue a todo poema amoroso. Llena de entusiasmo, la novia llega a exclamar: «Yo soy de mi amado, y mi amado es mío.» (6.3) Estas claras expresiones de amor entre un hombre y una mujer hicieron que algunos se opusieran a que este poema formara parte de la Biblia. Sin embargo, hubo otros que vieron en todas estas imágenes la expresión del amor de Dios por su pueblo Israel. Más tarde, la tradición cristiana habría de ver en estas líneas el amor de Cristo por la Iglesia. Aun desde el punto de vista humano, este libro cumple bellamente con la exaltación del hombre y la mujer, a quienes en el principio Dios creó y bendijo (Génesis 1.27-28). Resulta, pues, natural escuchar que la novia pida a su amado: «¡Graba mi nombre en tu corazón! ¡Graba mi imagen en tu brazo! ¡Tan fuerte es el amor como la muerte, tan cierta es la pasión como la tumba! ¡El fuego del amor es una llama que Dios mismo ha encendido!»
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Eclesiastés
Todos nosotros nos hemos preguntado alguna vez por qué la gente malvada prospera, tiene éxito y se hace rica. Esta pregunta nos parece natural porque hemos aprendido que si hacemos lo bueno nos irá bien, y si hacemos lo malo nos irá mal. En pocas palabras, nos parece que la vida es injusta. Podría sorprendernos el saber que también los hombres de Dios han llegado a pensar así. Tal es el caso del autor de este libro, hombre sabio de Israel que se identifica como el Predicador (1.1,12), y que dedicó su vida y sabiduría a «tratar de entender lo que se hace en este mundo» (1.13). El Predicador nos cuenta su propia experiencia: todo lo estudió, todo lo probó, a todo se entregó, y hasta se atrevió a afirmar que no hubo en Israel nadie más sabio que él. A pesar de todo esto, al final tuvo que aceptar que «mientras más se sabe, más se sufre», y también que «Dios nos hizo perfectos, pero nosotros lo enredamos todo» (1.18; 7.29). Como todos los libros que tienen como tema central la sabiduría, este libro recoge en sus páginas los temas más variados. Todos ellos tienen que ver con la vida real y sus contradicciones. El Predicador ve la vida como una continua repetición, y donde «no hay nada nuevo» (1.9). Comienza por afirmar que «todo es una ilusión» (1.1), aunque luego reconoce que «hay un tiempo para todo» (3.1). Ante las injusticias de la vida el autor declara que «lo mejor que podemos hacer es comer y beber, y disfrutar de nuestro trabajo», porque «eso es un regalo de Dios» (2.24). El lenguaje y las afirmaciones del Predicador son tan humanos y directos, que hubo quienes llegaron a pensar que su libro no merecía estar en la Biblia. Pero Dios ha querido que estas enseñanzas formen parte de su Palabra, porque el Predicador también nos enseña que debemos acordarnos de nuestro Creador durante la juventud, y que «un día Dios nos llamará a cuentas por todo lo que hayamos hecho» (12.1,14).
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20
Proverbios
Además de profetas y sacerdotes, el pueblo de Israel tuvo también muchos sabios. Partiendo de experiencias individuales y comunitarias, estos sabios recogieron muchas enseñanzas para el bien de su pueblo. La mayoría de estas enseñanzas fueron transmitidas en forma oral, y de padres a hijos. Buena parte de ellas ha llegado hasta nosotros en forma escrita, en el libro de Proverbios. Los proverbios son enseñanzas breves, de no más de dos líneas poéticas, que resumen la experiencia diaria de un pueblo o comunidad. Con el paso de los años, y a fuerza de repetirlos, los proverbios adquieren el sabor típico del refrán. Por ejemplo, «El odio produce más odio; el amor todo lo perdona.» (10.12) En el libro de Proverbios encontramos varias colecciones de dichos. La primera colección es una serie de discursos, donde la sabiduría aparece como una mujer digna y respetuosa, y la necedad como una mujer desvergonzada (1.8—9.18). Tres colecciones de proverbios aparecen bajo el nombre de Salomón, rey de Israel que llegó a ser famoso por su sabiduría (1.1; 10.1; 25.1; véanse 1 Reyes 4.32-33; 10.23-24). Hay dos colecciones menores de otros sabios (22.17—24.22 y 24.23-34), y otras dos que aparecen bajo los nombres de Agur (30.1-33) y Lemuel (31.1-9). El libro termina con un poema en el que se alaba a la mujer ejemplar (31.10-31). Los proverbios no solamente nos enseñan a corregir nuestra conducta y respetar a nuestros padres, sino que en dos breves líneas resumen lo que todos debemos saber y practicar: «Todo el que quiera ser sabio debe empezar por obedecer a Dios.»
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19
Salmos
Orar es hablar con Dios. Es dialogar con Dios. También es cantar alabanzas a Dios. Oramos cuando estamos tristes, cuando estamos alegres, cuando estamos tranquilos, cuando estamos preocupados. De todo esto encontramos muchos ejemplos en el libro de los Salmos. Exactamente ciento cincuenta ejemplos. El pueblo de Israel entendió lo que es orar, y siempre se mantuvo en diálogo con Dios. Le pidió ayuda cuando estuvo en peligro, le reclamó su silencio cuando pensó que Dios no lo escuchaba, le dio gracias cuando Dios se hizo presente. Cada momento de la historia de Israel está representado en estos ciento cincuenta salmos. Como si fuera una sola persona, el pueblo de Israel oró, y escribió sus oraciones, y las guardó para dejarnos un testimonio de su fe en el Dios de la vida, en el Dios de la historia, en el Dios del universo. Tenemos aquí oraciones que nos hablan de las bendiciones que reciben los que obedecen a Dios, y del fin que les espera a quienes no le obedecen (1; 7; 14; 18; 37). Hay salmos que reflejan la angustia de quien ora a Dios y parece no tener respuesta (22; 42; 43; 55; 74). Hay salmos que son una confesión de pecados, y una súplica pidiendo el perdón de Dios (32; 51). Hay salmos que hacen historia de las acciones de Dios a favor de su pueblo (89; 107; 136). En otros salmos se reconoce la grandeza de Dios en la creación (8; 19; 24; 29; 104). En otros más se invita al pueblo de Dios, y al universo entero, a unirse al salmista en su alabanza a Dios (84; 103; 148; 150). El pueblo de Israel hizo de los Salmos su libro de cantos y oraciones. Lo mismo hizo la iglesia, y por lo tanto puede unirse a Israel en este canto de alabanza al Dios único, rey del universo y de la historia: «¡Alabemos a Dios, porque él es bueno! ¡Dios nunca deja de amarnos!»
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Job
El libro de Job nos presenta el dolor de un hombre bueno que sufre la pérdida de sus riquezas y la muerte de sus seres queridos. Todo esto le sucede sin que él pueda comprenderlo. En cada una de sus páginas, el libro nos plantea la pregunta: ¿Por qué a la gente buena le pasan cosas malas? Tal pregunta surge porque se nos ha enseñado que a los que hacen lo bueno siempre les va bien, y a los que hacen lo malo siempre les va mal. Este libro, sin embargo, nos enseña que Dios actúa de manera inesperada. Pero al final, descubrimos que siempre actúa para nuestro bien, aunque de momento nos resulte difícil comprenderlo. Este libro resulta más comprensible si prestamos atención a su estructura que mayormente es poética, pero que empieza y termina en prosa: 1. Introducción (1—2) 2. Primer diálogo entre Job y sus amigos (3—11) a. Job-Elifaz (3—5) b. Job-Bildad (6—8) c. Job-Zofar (9—11) 3. Segundo diálogo entre Job y sus amigos (12—20) a. Job-Elifaz (12—15) b. Job-Bildad (16—18) c. Job-Zofar (19—20) 4. Tercer diálogo entre Job y sus amigos (21—27) a. Job-Elifaz (21—22) b. Job-Bildad, con una breve interrupción de Zofar (23—26) c. Job-Zofar (27) 5. El canto de la Sabiduría (28) 6. Respuesta de Job (29—31) 7. Discursos del joven Elihú (32—37) 8. Dios responde a Job (38—41) 9. Job responde a Dios (42.1-6) 10. Conclusión (42.7-17) El problema del sufrimiento de la gente buena lo discuten primero los ancianos, y luego el joven Elihú da su opinión. Al final Dios da la respuesta en una serie de preguntas que nadie podría responder. A pesar de las dificultades que el libro de Job presenta para comprenderlo y traducirlo, encontramos la siguiente enseñanza: no importa cuán grande sea nuestro sufrimiento, al final nuestra vida en las manos de Dios siempre será mejor.
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Ester
Este libro presenta temas de mucha importancia para el día de hoy, tales como el uso y el abuso del poder y, de manera indirecta, el gobierno de Dios sobre las naciones. Ester 4.14 expresa bien este punto: «Si no te atreves a hablar en momentos como este, la liberación de los judíos vendrá de otra parte, pero tú y toda tu familia morirán. Yo creo que has llegado a ser reina para ayudar a tu pueblo en este momento». Otro de los temas que trata es el de la fiesta de «Purim». Es una fiesta que celebra la liberación de los judíos durante el período persa. En este libro se destacan tres personajes: Ester, bella y valiente joven judía que decidió arriesgar su propia vida para salvar a su pueblo; Mardoqueo, primo y protector de Ester, que descubre los planes en contra de los judíos; y Amán, el primer ministro persa y antihéroe de esta historia, el cual intentó por todos los medios destruir a la comunidad judía y deshacerse de Mardoqueo. Junto con los libros de Lamentaciones, Rut, Cantares y Eclesiastés, el libro de Ester es leído durante una de las fiestas más importantes del pueblo judío. Estos cinco libros se conocen como «Meguilot».
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ABOUT THIS SHOW
Bienvenidos a La Audio Biblia Dramatizada NTV, una inmersión profunda en los relatos sagrados que forman la base de nuestra fe. A través de la poderosa narración dramatizada de la Nueva Traducción Viviente, exploraremos los misterios divinos y la revelación progresiva de Dios a lo largo del Antiguo Testamento. Desde la creación del universo hasta la alianza con Abraham, y desde el éxodo de Israel hasta los profetas que anunciaron la venida del Mesías, cada episodio nos invita a contemplar la grandeza de Dios.
HOSTED BY
La asociación Luis Palau en alianza con la Fundación Grace and Mercy
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