PODCAST · religion
El Oyente de la Palabra
by Padre Luis M Flores Alva
Este podcast, el Oyente de la Palabra, surge de la convicción de que el Ser Humano solo alcanzará históricamente su realización al cimentar toda su existencia en la Palabra que le motiva e ilumina.
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208
No los dejaré desamparados...
El Evangelio de este VI Domingo de Pascua nos sitúa en el corazón de una de las grandes promesas de Jesús: “No los dejaré desamparados.” La Pascua inaugura una nueva forma de presencia. Cristo resucitado continúa viviendo y actuando en medio de su pueblo por el Espíritu Santo. El Señor promete “otro Consolador”, el Espíritu de la verdad, que habita entre nosotros y estará en nosotros. El Espíritu Santo no es una idea abstracta ni una fuerza impersonal, sino la presencia viva de Dios derramada sobre la Iglesia, haciendo posible que la vida de Cristo continúe tocando el mundo.La primera lectura nos muestra precisamente esta expansión de la vida pascual. Felipe baja a Samaria y predica a Cristo. Los enfermos son curados, los espíritus inmundos salen y la gente escucha la Palabra con atención. El relato concluye con una frase profundamente significativa: “Esto despertó gran alegría en aquella ciudad.” La Resurrección ya no permanece encerrada en Jerusalén; la vida nueva comienza a extenderse hacia territorios considerados lejanos o incluso sospechosos. Los samaritanos eran vistos con desconfianza por muchos judíos, y sin embargo el Espíritu Santo también desciende sobre ellos. La Pascua rompe fronteras.
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207
Acérquense al Señor Jesús, la piedra viva!
Jesús dice hoy:“En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones.”No está hablando solo de un lugar lejano después de la muerte.Está revelando algo más profundo:Dios quiere habitar con nosotros.Toda la historia de la salvación puede leerse como el deseo de Dios de morar en medio de su pueblo. Este deseo que nos remite el jardín del Edén, donde Dios habitaba con nuestros primeros padres. Podríamos decir que, en cierto sentido, quien fue “desterrado” de ese jardín no fue el hombre, sino Dios mismo, cuyo lugar quedo vacío en el corazón de la creación.En la historia de Israel, el templo era el signo visible de esa presencia.Pero ahora Jesús revela que Él mismo es el verdadero lugar donde Dios habita.Por eso le dice a Felipe:“Quien me ve a mí, ve al Padre.”En Jesús, Dios se deja ver.En Jesús, Dios se hace cercano.En Jesús, Dios prepara una casa para nosotros.Pero la Pascua da un paso más:Cristo resucitado no solo habita entre nosotros;quiere habitar en nosotrosy hacer de su Iglesia un templo vivo.
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206
“¿Qué tenemos que hacer?”
La primera lectura nos presenta uno de los momentos más poderosos del tiempo pascual. Pedro, lleno del Espíritu Santo, se pone de pie y proclama con valentía: “Sepa todo Israel con absoluta certeza que Dios ha constituido Señor y Mesías al mismo Jesús a quien ustedes crucificaron.” Hay un detalle muy importante en el texto: después de escuchar la predicación de Pedro, la multitud experimenta una profunda conmoción interior. El texto dice: “Estas palabras les llegaron al corazón.” La Palabra de Dios no se queda en la superficie; penetra el corazón y provoca una pregunta decisiva: “¿Qué tenemos que hacer?”Esa pregunta sigue resonando en toda vida cristiana auténtica. Surge cuando el Evangelio deja de ser una idea abstracta y comienza a tocar concretamente la existencia. ¿Qué debemos hacer cuando Cristo irrumpe verdaderamente en nuestra vida? ¿Cómo responder cuando su gracia nos confronta? La respuesta de Pedro es clara: “Arrepiéntanse y bautícense… y recibirán el Espíritu Santo.” Antes de hablar de acciones concretas, Pedro invita a una transformación más profunda: una conversión del corazón y una apertura a la vida nueva del Espíritu. La tradición cristiana ha expresado esta lógica con una intuición muy profunda: agere sequitur esse —el obrar sigue al ser. Antes de cambiar lo que hacemos, Dios transforma quiénes somos...
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205
[Jesús] les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él
Podemos imaginar que, comenzando por Moisés y los profetas, Jesús les ayudó a releer toda la historia de la salvación. Tal vez recordó a Adán, en quien la humanidad perdió la vida, pero en Cristo la vida es restaurada. Tal vez recordó a Noé, salvado a través de las aguas, imagen de la nueva creación que Dios inaugura. Tal vez habló de Abraham, que confió en la promesa aun cuando todo parecía imposible. Tal vez recordaron a Isaac, el hijo ofrecido, figura del Hijo amado que entrega su vida por la salvación del mundo. Tal vez pensaron en Moisés y en el cordero pascual, cuya sangre liberó al pueblo de la esclavitud. Tal vez escucharon nuevamente las palabras del profeta Isaías sobre el Siervo sufriente que carga con nuestros pecados.Los discípulos tenían los textos, pero no comprendían el significado. Tenían los acontecimientos, pero no podían ver el designio de Dios. Es Cristo quien les da la clave de lectura.
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204
La paz esté con ustedes.
El Evangelio nos sitúa nuevamente en el primer día de la semana.Los discípulos están reunidos, pero las puertas están cerradas.El Evangelio dice claramente: están cerradas por miedo.La Resurrección ya ha sucedido, pero el miedo permanece.Los discípulos han escuchado el anuncio de la Pascua, algunos, Pedro y Juan, han sido testigos de la tumba vicia, pero todavía no saben cómo vivir esta vida nueva.Es el encuentro con el Resucitado que fue crucificado lo que posibilita que los discípulos descubran esta nueva realidad de la Resurrección.Jesús se hace presente en medio de sus miedos.No los reprende.No los juzga.No les pregunta por qué lo abandonaron.Simplemente dice: “La paz esté con ustedes.”La primera palabra del Resucitado es paz.
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203
Dios resucitó a Jesús al tercer día.
El Evangelio nos sitúa en la mañana de Pascua: “Estaba todavía oscuro”.María Magdalena llega al sepulcro y encuentra la piedra removida.Pedro y el discípulo amado corren.Ven los lienzos en el suelo.El sepulcro está vacío.El Evangelio nos dice algo muy sencillo: “Vio y creyó”.La Resurrección no fue evidente desde el principio.Fue un camino.Un paso de la oscuridad hacia la luz.Un paso del miedo hacia la fe.Durante la Cuaresma hemos recorrido ese mismo camino.Cristo nos ha mostrado que Él es el agua viva que sacia nuestra sed, la luz que abre nuestros ojos, la vida que vence la muerte.Hoy contemplamos el cumplimiento de todo: Cristo ha resucitado.La piedra ha sido removida.La muerte no tiene la última palabra.
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202
Domingo de Ramos de la Pasión del Señor
Hoy hemos comenzado la celebración con alegría: “Hosanna… bendito el que viene en nombre del Señor.”Hemos caminado con palmas en nuestras manos, acompañando a Cristo en su entrada a Jerusalén.Pero la liturgia nos ha conducido inmediatamente a otro lugar: al Cenáculo, al Getsemaní, al Calvario.En pocos minutos hemos escuchado toda la historia de la Pasión.La Iglesia quiere que entremos en la Semana Santa con una mirada profunda: el mismo Jesús que es aclamado como Rey es el Siervo que entrega su vida.El profeta Isaías nos lo había anunciado: “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban… no aparté mi rostro de los insultos.”Cristo no huye del sufrimiento.Cristo lo atraviesa con amor.
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201
¡Lázaro, sal de allí!
La primera lectura nos regala una imagen muy fuerte: “Yo mismo abriré sus sepulcros… los haré salir de ellos.”El profeta Ezequiel hablaba a un pueblo que había perdido la esperanza. Se sentían como un pueblo muerto, sin futuro, sin vida. Y en medio de esa situación, Dios hace una promesa sorprendente: “Les infundiré mi espíritu y vivirán.”Dios no abandona a su pueblo en el sepulcro.Dios entra en el lugar de la muerte para abrir un camino nuevo.El Evangelio nos presenta esa misma promesa hecha realidad en la persona de Jesús.Lázaro, el amigo de Jesús, ha muerto.Y el Evangelio repite un detalle: llevaba cuatro días en el sepulcro.No hay duda.No hay esperanza humana.La muerte parece tener la última palabra.Marta y María expresan el dolor que todos conocemos: “Señor, si hubieras estado aquí…”Es la oración que nace cuando no entendemos.Cuando Dios parece haber llegado tarde.Cuando la vida nos confronta con el misterio del sufrimiento y de la muerte.Y el Evangelio nos regala uno de los versículos más breves y más profundos de toda la Escritura: “Jesús lloró.”Dios no es indiferente ante nuestro dolor.Dios no se mantiene distante.En Cristo, Dios llora con nosotros.
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200
La luz que nos hace ver
La primera lectura nos presenta una escena sencilla, pero profundamente reveladora. Samuel llega a la casa de Jesé para ungir al nuevo rey de Israel. Cuando ve al hijo mayor, piensa inmediatamente: “Éste debe ser el elegido.” Pero el Señor le corrige:“No te dejes impresionar por su aspecto ni por su gran estatura, pues yo lo he descartado, porque yo no juzgo como juzga el hombre. El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones”.Esta frase nos introduce en el camino espiritual de la Cuaresma. Nosotros solemos mirar desde fuera: las apariencias, la fuerza, el éxito. Pero Dios mira el corazón.Samuel pasa uno por uno a los hijos de Jesé. Siete veces piensa que alguno de ellos será el elegido. Y siete veces se equivoca. Finalmente pregunta al padre: ¿Son éstos todos tus hijos?” Jesé responde: “Falta el más pequeño, que está cuidando el rebaño”. La Escritura dice: “El muchacho era rubio, de ojos vivos y buena presencia.” Ese pequeño, el que ni siquiera había sido llamado al principio, es el elegido de Dios.El elegido de Dios no es el que parece más fuerte, sino el que está disponible para Él. Y dice la Escritura: “A partir de aquel día, el espíritu del Señor estuvo con David.”En el Evangelio encontramos otra forma de ceguera. Jesús ve a un hombre ciego de nacimiento, y los discípulos preguntan: “¿Quién pecó para que naciera ciego?”Buscan culpables. Pero Jesús cambia completamente la perspectiva. No se trata de explicar el pasado, sino de revelar lo que Dios quiere hacer ahora.Y entonces Jesús pronuncia una frase decisiva: “Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo.”
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199
El Agua Viva
La liturgia de este domingo comienza en el desierto. El pueblo de Israel tiene sed. Y en medio de la sed surge la duda:“¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?”La sed física revela algo más profundo: el corazón humano que busca, que pregunta, que necesita algo que el mundo no puede darle y, en medio de todo, no aprende a confiar. Por eso el salmo nos advierte con tanta fuerza:“No endurezcan su corazón.”El problema no es solo la falta de agua. El problema es el corazón que se endurece cuando la vida se vuelve difícil.En el Evangelio encontramos otra escena de sed. Jesús llega a Samaria y se sienta junto al pozo de Jacob. El evangelista añade un detalle muy significativo:Era cerca del mediodía.No es solo un dato de horario. En el Evangelio de Juan, el mediodía es la hora en que el sol está en lo más alto, la hora en que todo queda expuesto a la luz. Es también la hora del cansancio, del calor, de la vulnerabilidad.Jesús está cansado del camino. Tiene sed. Y comienza la conversación con una frase sorprendente:“Dame de beber.”Dios pide.Dios mendiga.El Prefacio de la misa de hoy lo expresa de forma bellísima: Cristo tenía sed de la fe de aquella mujer.No solo nosotros tenemos sed de Dios.Dios también tiene sed de nosotros.
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198
Ahí se transfiguró en su presencia...
El domingo pasado contemplábamos el desierto como lugar de combate. Hoy la Iglesia nos lleva a un monte. Pero no son realidades opuestas. Como recuerda Benedicto XVI, los montes de la vida de Jesús forman una unidad: el monte de la tentación, el monte del Sermón, el monte de la oración, el monte de la Transfiguración, el monte de la agonía, el monte de la cruz y, finalmente, el monte de la ascensión.El monte es el lugar de la máxima cercanía de Dios. Es el espacio donde se revela quién es Jesús y cuál es su misión.Después del combate en el desierto, Jesús sube con tres discípulos a un monte alto. La Cuaresma tiene este ritmo: primero la purificación, luego la luz. No es casualidad que el Evangelio de la Transfiguración se proclame siempre en el segundo domingo. Antes de avanzar hacia la cruz, necesitamos ver quién es realmente el que camina hacia ella.La primera lectura nos presenta a Abram. Todo comienza con una palabra:“Deja tu país… y vete a la tierra que yo te mostraré.”Abram no sabe a dónde va. No tiene mapa. No tiene garantías. Solo tiene una promesa. Y parte. La fe comienza así: no con una explicación completa, sino con una confianza.La Transfiguración es también promesa: una anticipación de lo que será revelado plenamente en la Pascua.Jesús “toma consigo” a Pedro, Santiago y Juan y los hace subir a un monte alto. La fe siempre implica un movimiento: salir de lo conocido, subir, dejar el nivel ordinario para entrar en la perspectiva de Dios.Y allí ocurre algo sorprendente: Jesús se transfigura. Su rostro resplandece, sus vestiduras se vuelven blancas. No es que Jesús cambie. Es que por un momento se manifiesta lo que siempre ha sido.
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197
El Desierto como lugar de la Verdad
Génesis 2–3 · Salmo 50 · Romanos 5 · Mateo 4El desierto como lugar de verdadNo es difícil unir lo que hoy escuchamos con lo que estamos viviendo: Jesús pasa cuarenta días en el desierto, y la Iglesia nos introduce cuarenta días de Cuaresma. Pero no es solo un “recordatorio” espiritual. Es más profundo: Cristo mismo está presente y obrando en su Iglesia durante este tiempo santo. No caminamos solos: entramos, de algún modo misterioso, en el desierto con Él.El desierto es el lugar donde caen las máscaras. Allí aparecen las tentaciones con su lógica antigua, casi siempre repetida, pero siempre peligrosa. El demonio no inventa cosas nuevas; distorsiona la misión, tuerce la identidad, siembra sospecha: “Si tú eres el Hijo de Dios…”Y fíjense qué “joyas” aparecen en estas tres tentaciones, como si Satanás estuviera recorriendo toda la historia:Primero, lo tienta como tentó a tantos reyes de Israel: usar el poder para sí mismo, para resolverlo todo desde la fuerza: “Convierte estas piedras en pan.”Luego, lo tienta como tentó a Israel en el desierto: dudar del Padre y ponerlo a prueba, exigir señales, condicionar la confianza: “Échate para abajo… que te sostengan los ángeles.”Finalmente, lo tienta como tentó a Adán y Eva: la sed de poder, la falsa promesa de “ser como Dios” pero sin Dios: “Te daré todo… si me adoras.”
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196
No he venido a abolir la Ley sino a darle plenitud.
El Evangelio de hoy puede incomodarnos.Jesús no suaviza la ley; al contrario, la lleva más adentro.“No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud.”Jesús no se conforma con un cumplimiento externo.No basta con no matar.No basta con no cometer adulterio.No basta con no mentir.Porque el problema no comienza en las manos,ni en los labios,ni siquiera en las acciones.El problema —y también la salvación— comienza en el corazón.Por eso Jesús va al origen:al enojo que se guarda,a la mirada que posee,a la palabra ambigua,al “sí” que no es del todo síy al “no” que no es del todo no.Aquí Jesús nos revela algo esencial:la vida cristiana no es una lista de prohibiciones,es una transformación interior.
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195
Ustedes son la Luz del Mundo
Jesús hoy no dice: “intenten ser luz.”Dice algo mas fuerte: “Ustedes son la luz del mundo.” “Ustedes son la sal de la tierra”Y añade una advertencia inquietante: la luz puede esconderse,la sal puede perder su sabor.Eso significa que no basta con llamarnos cristianos.Podemos llevar el nombre…y haber perdido el brillo.Vivimos en un tiempo extraño: muchos creen en Dios,pero a veces les da vergüenza decir que son cristianos.No por Cristo, sino por la imagen que otros tienen del cristianismo: un cristianismo que juzga, que pelea, que excluye,que parece más político que evangélico, más duro que misericordioso.Y aquí está el drama: no es que Cristo haya dejado de ser luz, es que sus discípulos a veces han dejado de transparentarlo.
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194
Bienaventurados los pobres de espíritu...
El Evangelio de hoy nos presenta uno de los textos más conocidos… y al mismo tiempo más desconcertantes: “Bienaventurados los pobres de espíritu… los que lloran… los mansos… los perseguidos…”Si escuchamos con honestidad, esta lista no coincide con lo que el mundo llama felicidad.El mundo dice:feliz el que tiene,feliz el que controla,feliz el que no sufre,feliz el que se asegura el futuro.Jesús dice otra cosa.Y no lo dice para provocar, sino porque conoce el corazón humano mejor que nosotros mismos.San Pablo lo confirma hoy con palabras fuertes:“Dios eligió lo necio del mundo para confundir a los sabios;lo débil para confundir a lo fuerte;lo que no cuenta para reducir a nada lo que cuenta.”No porque Dios desprecie lo humano,sino porque sabe que cuando ponemos nuestra seguridad en lo que poseemos,en lo que controlamos,en lo que podemos garantizar,el corazón se vuelve pequeño, temeroso y cerrado.
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193
Jesus... vio a dos hermanos
La Palabra de Dios hoy nos habla de un pueblo que caminaba en tinieblas y que, de pronto, ve una gran luz.No es una luz cualquiera.Es una luz que no solo ilumina el camino, sino que despierta el corazón.Ese pueblo somos nosotros.Todos hemos conocido momentos de oscuridad: confusión, cansancio, miedo, pecado, rutina.Y, sin embargo, Dios no se queda lejos.Dios entra en nuestra historia y pronuncia un nombre: Jesús.El Evangelio nos muestra cómo actúa esa luz.Jesús camina junto al mar.No entra al templo, no convoca multitudes, no pronuncia discursos largos.Mira a unos hombres que están trabajando, echando redes, remendando su barca, haciendo lo de siempre.Y allí, en medio de lo ordinario, pronuncia una palabra extraordinaria: “Síganme.”
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192
Éste es el Cordero de Dios...
Todavía seguimos contemplando la manifestación del Señor.En Navidad lo vimos nacer.En la Epifanía fue revelado a las naciones.En el Bautismo descendió a nuestras aguas.Y hoy, Juan el Bautista pone palabras a ese misterio y nos dice quién es Jesús: “Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo.”No dice: el juez del mundo.No dice: el poderoso que castiga.No dice: el héroe que aplasta a sus enemigos.Dice: el Cordero.Esta palabra no es dulce ni decorativa.Es una palabra cargada de historia, de sangre, de sacrificio.Remite al cordero pascual,al sacrificio que salva al pueblo,al inocente que carga con lo que no le pertenece.Y esto es lo desconcertante del Evangelio de hoy:Dios se manifiesta no con violencia,sino con mansedumbre;no imponiéndose,sino entregándose.
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191
"Este es mi Hijo muy amado"
El Evangelio de hoy nos presenta una escena desconcertante.Jesús se acerca a Juan y le pide ser bautizado.El Santo entra en el agua de los pecadores.El Inocente se coloca en la fila de quienes necesitan conversión.Juan se resiste:“Yo soy quien debe ser bautizado por ti.”Pero Jesús insiste.No viene a separarse de nosotros,viene a unirse a nosotros.Aquí está ya revelado el corazón de Dios.Isaías lo había anunciado con palabras suaves, casi silenciosas:“Miren a mi siervo… no gritará, no clamará, no quebrará la caña resquebrajada.”No es un Dios que se impone desde arriba.No es un Dios que se mantiene a distancia de lo frágil.Es un Dios que desciende,que entra en nuestras aguas turbias,que no tiene miedo de tocar lo herido.
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190
Y sobre todas estas virtudes, tengan amor...
Hoy la Palabra nos revela algo esencial de Dios a través de su nacimiento en la carne: Dios es comunión, Dios es familia, y entra en nuestra historia en una familia concreta.No llega como héroe solitario, ni como maestro aislado: vino a aprender, a crecer, a escuchar y a obedecer entre José y María, a hacerse verdaderamente humano.El Evangelio de hoy nos muestra a José en una tarea que toca toda vida familiar: discernir qué hacer cuando no todo está claro.Herodes amenaza, el peligro es real, el futuro incierto.Y en medio de eso, José no actúa desde sus impulsos ni desde el miedo, sino desde la escucha obediente.Tres veces escucha en sueños; tres veces se levanta; tres veces acoge la voluntad de Dios.En la Sagrada Familia —tan normal, tan silenciosa, tan cotidiana— vemos el modelo de la vida familiar cristiana: no una vida que lo resuelve todo, sino una vida que escucha a Dios y obedece; una vida donde la presencia de Dios invita a mirar hacia adelante y prepararlo con amor.
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189
Un Dios que nunca deja de Amar
La genealogía que hemos escuchado esta noche puede parecernos larga y repetitiva… pero es como si la Palabra nos susurrara: Dios nunca se cansó de nosotros.Un nombre tras otro, generación tras generación, hay fidelidad y hay pecado, hay reyes buenos y reyes malos, hay momentos de gloria y momentos oscuros… y sin embargo, la historia avanza hacia una sola meta: Jesús.Si miráramos esa lista como un retrato de familia, veríamos heridas y gracias, vergüenzas y maravillas, y al final —solo al final— comprenderíamos:Dios es más fiel que nuestra infidelidad,más paciente que nuestra lentitud,más constante que nuestras caídas.La genealogía es una historia de misericordia obstinada.
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188
Emmanuel: Dios entra en nuestra historia
Estamos a las puertas de la Navidad y la liturgia nos conduce, no al pesebre todavía, sino al corazón del misterio:Dios cumple su promesa entrando en la historia humana.En la primera lectura, el profeta Isaías habla a un rey concreto, Ajaz, en un momento de miedo e inseguridad. El rey se niega a pedir un signo, pero Dios no se retira. Al contrario, Dios insiste en salvar:“El Señor mismo les dará por eso una señal:He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo,y le pondrán el nombre Emmanuel.”Aquella palabra tenía un sentido inmediato para aquel momento histórico, pero —como nos enseña la Iglesia— el Espíritu Santo la había cargado de un sentido mucho más grande.Lo que fue promesa en el siglo VIII antes de Cristo se despliega ahora en plenitud: el Hijo de Dios se hace carne en María.
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187
Él los bautizará en el Espíritu Santo...
La espera activa del Adviento hoy toma forma: conversión.La semana pasada Jesús nos dijo: “Estén preparados”.Hoy la Palabra nos dice qué significa estar preparados: convertirse.No basta con esperar… hay que dejar que Dios nos transforme.Isaías describe al Mesías con una belleza que estremece:“Sobre él se posará el espíritu del Señor,espíritu de sabiduría e inteligencia,espíritu de consejo y fortaleza,espíritu de piedad y temor de Dios.” (Is 11).Este no es un Mesías débil ni decorativo.Es el único capaz de transformar lo que los hombres no pueden:– transformar la violencia en mansedumbre,– la enemistad en convivencia,– la creación herida en un mundo reconciliado.Por eso Isaías anuncia lo “imposible”:el lobo y el cordero juntos,el niño jugando junto a la guarida de la víbora.No es fantasía poética: es la naturaleza elevada por la gracia.Lo que Isaías describe en la creación —lobos y corderos reconciliados— Dios quiere realizarlo primero en nuestro interior, allí donde aún conviven el miedo y la violencia, la herida y el deseo de paz. La conversión comienza en ese corazón dividido que solo la gracia puede unificar.
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186
Despierten del sueño... [la] salvación está mas cerca!
Comenzamos el Adviento con palabras fuertes, no suaves:“Estén preparados, porque no saben qué día vendrá su Señor” (Mt 24,42).La liturgia no empieza hablando del Niño en Belén, sino del Hijo del Hombre que vendrá en gloria. Es una sacudida espiritual para despertarnos.Las lecturas de hoy nos enseñan una verdad central:no se puede recibir al Señor sin aprender a esperar.Isaías lo anuncia con imágenes grandiosas:“En los días futuros, el monte de la casa del Señor será elevado en la cima de los montes… y hacia él confluirán todas las naciones.” (Is 2,2).Ese “al final de los días” no es prisa; es promesa.Es Dios diciendo: Mi obra tiene tiempos. No la aceleres. Déjame actuar.
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185
¡Jesucristo es mi Rey!
Al cerrar el año litúrgico, proclamamos la verdad más decisiva: Jesucristo es Rey.En la Biblia, un rey tenía, al menos, tres misiones: defender al pueblo, alimentarlo y conservarle la paz. Y el pueblo respondía con su fidelidad al rey.Jesús cumple todo esto en la Cruz: No baja de ella porque defiende a su pueblo venciendo al pecado y a la muerte. Desde su Pasión y en cada Misa nos alimenta con su Cuerpo. Por la sangre de su Cruz nos da la paz que el mundo no puede dar.Por eso el Buen Ladrón puede decir: “Acuérdate de mí”, y el Rey responde: “Hoy estarás conmigo en el paraíso.”
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184
No caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes...
Al acercarnos al final del año litúrgico, la Iglesia nos ofrece palabras fuertes de Jesús. No para asustarnos, sino para despertarnos. Mientras algunos admiran la belleza del templo, Jesús anuncia: “Días vendrán en que de todo lo que están viendo no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.”No es un mensaje de terror; es un llamado a mirar más allá de lo visible y a anclar nuestra vida en lo que no pasa.La liturgia de hoy no quiere que vivamos con miedo al “fin del mundo.” Quiere que vivamos con esperanza. Nos prepara para la gran fiesta de Cristo Rey, donde confesamos que solo su Reino permanece.
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183
Ustedes son el templo de Dios ...
Hoy la Iglesia nos saca del ciclo ordinario para mirar una basílica concreta: San Juan de Letrán, la catedral del Papa, “madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad y del mundo.”Podría parecer una fiesta “romana,” lejana. Pero no se trata solo de un edificio famoso, sino de lo que ese edificio significa: el lugar donde Dios es alabado como es debido, el signo visible de que Cristo quiere una casa, un pueblo, un cuerpo donde habitar.Y la Palabra de hoy nos lleva de la mano: del templo de la visión de Ezequiel, al templo que es la Iglesia, hasta el verdadero Templo que es Cristo, de cuyo costado abierto brota la fuente de la vida.
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182
Los Fieles Difuntos *RIP
Las lecturas de hoy nos abren una puerta a la esperanza.El libro de la Sabiduría proclama:“Las almas de los justos están en las manos de Dios, y no las tocará tormento alguno.”No se trata de negar el dolor ante la muerte, sino de mirarla con los ojos de la fe.Dios no abandona a los suyos. Aun cuando pasen por el fuego del dolor o la purificación, ese fuego no destruye, sino que purifica, porque el amor de Dios es más fuerte que la muerte.Por eso cantamos con el salmista:“El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace descansar. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.”San Pablo, en su carta a los Romanos, nos recuerda que en Cristo, la muerte ya no tiene la última palabra:“Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él.”Y Jesús, en el Evangelio, pronuncia una de las promesas más consoladoras:“Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en Él tenga vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día.”Esa es la verdad que celebramos hoy: los que amamos y hemos despedido no están perdidos; están en camino hacia la plenitud de Dios. Y nosotros, desde aquí, los acompañamos con la fe, la esperanza y la oración.
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181
La oración... atraviesa las nubes!
La Palabra de Dios hoy nos muestra el rostro de una fe verdadera: no la que presume de sus obras, sino la que se arrodilla para recibir misericordia.El Sirácides proclama: “La oración del humilde atraviesa las nubes.”Y el Evangelio nos lleva al templo, donde dos hombres oran: un fariseo satisfecho y un publicano arrepentido.El primero habla consigo mismo; el segundo, con Dios.El fariseo se justifica; el publicano es justificado.Así, Jesús nos enseña que el camino al cielo no se recorre con méritos, sino con humildad.
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180
Orar siempre y sin desfallecer
Jesús “enseñó a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer” (Lc 18,1). Lo hace con una imagen sorprendente: una viuda frágil, pero incansable, y un juez poderoso, pero indiferente.Esa mujer sin recursos humanos logra, con su insistencia, doblegar al juez injusto. Con esta parábola, el Señor nos muestra el corazón de la verdadera fe: una confianza perseverante que no se rinde, una oración que lucha aun cuando Dios parece callar.“Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lc 18,8). Esa pregunta es el examen de cada creyente: ¿sigo orando cuando no veo resultados? ¿Sigo creyendo cuando el silencio se alarga?
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Tu fe te ha salvado
Hoy la Palabra de Dios nos muestra el poder transformador de la fe que sana y agradece. En Naamán —extranjero, leproso y orgulloso— la fe comienza como una semilla que apenas quiere obedecer… y termina como confesión: “Ahora sé que no hay en toda la tierra otro Dios más que el de Israel” (2 Re 5,15). En el Evangelio, diez leprosos son curados por la obediencia de la fe; pero solo uno —un samaritano— regresa a adorar y agradecer, y escucha de Jesús: “Levántate y vete; tu fe te ha salvado” (Lc 17,19). Este domingo, el Señor nos enseña que la fe auténtica no se queda en pedir; regresa a agradecer.
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Auméntanos la Fe
“¿Hasta cuándo, Señor?”: con ese grito comienza hoy la Palabra.Habacuc clama frente a la violencia y la injusticia; y Dios responde con una promesa que pide paciencia: “Si se tarda, espéralo… el justo vivirá por su fe.”El salmo suplica: “Señor, que no seamos sordos a tu voz.”Y el Evangelio recoge el mismo clamor, esta vez en los labios de los apóstoles: “Auméntanos la fe.”
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Tú, como hombre de Dios, lleva una vida de rectitud.
El domingo pasado el salmo cantaba la promesa de Dios: “Él levanta del polvo al desvalido y saca al indigente del estiércol para hacerlo sentar entre los grandes” (Sal 112,7-8). Hoy esa promesa se despliega en plenitud en la parábola de Jesús: el pobre Lázaro, humillado en la tierra, es levantado por Dios y sentado junto a Abraham.La Palabra nos muestra con fuerza que la historia no termina en este mundo, y que lo decisivo no es lo que poseemos, sino en quién confiamos.
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Gánense amigos que los reciban en el cielo!
La Palabra de Dios hoy nos pregunta a quién servimos: ¿al Dios vivo que se inclina por el pobre, o al dinero que se vuelve un amo cruel? Jesús concluye el Evangelio con una sentencia que corta como espada: “No hay criado que pueda servir a dos amos… En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.” (Lc 16,13). No se trata solo de buena administración. Se trata de algo más profundo: la fidelidad a Dios se prueba en cómo tratamos al pobre y en cómo usamos los bienes que se nos confían.1. Jesús narra la parábola de un administrador que, aun siendo injusto, fue hábil. Y enseña: “Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo.” (Lc 16) No es un elogio de la trampa, sino una sacudida: si los “hijos de este mundo” son hábiles para asegurar su futuro terreno, ¿cómo no seremos nosotros diligentes para asegurar lo eterno, usando los bienes en favor de los pobres?
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175
Tanto amó Dios al mundo...!
La Cruz no es solo un madero: es el signo donde se juega el destino del mundo. Un objeto de vergüenza que, en Cristo, se convierte en fuente de gloria. Hoy la liturgia nos invita a levantar los ojos: primero al desierto con Moisés, luego al Calvario con Jesús, y finalmente al altar en cada Misa. Y todo con una actitud: mirar con fe, porque una mirada de fe lo cambia todo.
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"Enséñanos a ver lo que es la vida"
Si miramos sólo el Evangelio, parece extraño que Jesús quiera atraer más discípulos con palabras tan exigentes. Pero el Espíritu, fuente de sabiduría, nos conduce a comprender hacia dónde quiere llevarnos el Señor. El teólogo N. T. Wright sugiere que Jesús no busca espantar seguidores, sino que habla como un jefe de expedición en un paso de montaña peligroso para llevar ayuda médica urgente: “si seguimos, hay que soltar peso; habrá riesgos; algunos no volverán.” Dicho así, tiene sentido: no es capricho, es realismo de camino.Sin embargo, Evangelio va más alto aún: no es solo una travesía arriesgada sin más, sino de una operación de rescate. Cristo no nos lleva a una aventura cualquiera, sino a liberar cautivos de las manos del enemigo, salvar a los que no pueden salvarse solos. Por eso la renuncia tiene sentido, incluso cuando exige “preferir a Cristo sobre todo” y cargar la cruz.
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"Amigo, acércate a la cabecera"
En el Evangelio, Jesús observa cómo los invitados a un banquete buscan los primeros puestos. Entonces cuenta una parábola sencilla, pero profunda; y no se trata solo de un consejo de etiqueta para una fiesta; ni de una recomendación social. Jesús está hablando del Reino de Dios.Al final, el Señor revela el sentido de la parábola, lo que en las parábolas judías se llamaba el nimshal, “la clave”: “Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”. Ese es el centro del mensaje: en el Reino, la verdadera grandeza no se mide por el prestigio, sino por la capacidad de hacerse pequeño.Esto conecta con lo que escuchamos en la primera lectura del libro del Sirácida: “Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad, y te amarán más que al hombre dadivoso.” El humilde, el que no busca exaltarse, es aquel que sabe que todo lo que tiene es don de Dios. Y ese camino no es solo una recomendación ética, sino el camino de Cristo mismo. El Hijo eterno eligió el último lugar: el pesebre, el trabajo sencillo, el rechazo, la cruz. Y precisamente por hacerse el último, el Padre lo exaltó sobre todo nombre.
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¿Serán pocos los que se salven?
La respuesta de Jesús es clara y directa: “Esfuércense en entrar por la puerta estrecha, porque muchos intentarán entrar y no podrán.” No responde con estadísticas. Jesús no alimenta la curiosidad, sino que nos confronta personalmente: la pregunta no es si otros se salvarán, sino si yo camino con decisión hacia la salvación.Y luego abre el horizonte: “Vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios.” Con estas palabras, cita al profeta Isaías (66, 18-21), anunciando que Dios reunirá a todas las naciones en el gran banquete del Reino. Jesús revela así la voluntad del Padre: la salvación no es automática ni exclusiva. Requiere conversión, pero está abierta para todos. Es exigente, pero profundamente inclusiva.
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171
He venido a traer fuego a la tierra...
Hoy escuchamos a Jesús decir: “He venido a traer fuego a la tierra… tengo que recibir un bautismo… ¿piensan que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.”Estas palabras pueden escandalizarnos. ¿Cómo Jesús, el Príncipe de la paz, habla de fuego, bautismo y división?Aquí nos ayuda la profecía de Miqueas 7. En ella, el profeta anunciaba que antes de llegar el tiempo de la salvación, habría un tiempo de prueba y división incluso dentro de las familias: “El hijo desprecia al padre, la hija se levanta contra su madre” (Mi 7,6). Jesús cita directamente estas palabras para mostrarnos que su venida cumple lo que los profetas anunciaron: el Reino de Dios no llega sin purificación, sin lucha espiritual, sin decisiones firmes que dividen caminos.
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170
Por su fe, Abraham se dispuso a sacrificar a Isaac, su hijo único
En la Biblia, confiar no es solo una actitud optimista. Confiar es creer en alguien; es recordar el amor que vive en esa persona, recordar las promesas y los pactos sellados con fidelidad. Es arriesgarse. ¿Podemos tú o yo esperar, confiar de esta manera? Se nos dice que Abraham sí lo hizo. Y esa fue la escuela que Dios eligió para enseñarle a confiar.
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169
"Todo es Vanidad"
Todas las cosas, absolutamente todas, son una ilusión pasajera. “Vanidad de vanidades, todo es vanidad,” proclama el Eclesiastés. San Jerónimo, al leer este pasaje, se siente inquieto y plantea la pregunta: “Si todo lo creado por Dios es muy bueno, ¿en qué sentido puede considerarse vanidad, y no solo vanidad, sino la vanidad de las vanidades?” Así, se sumerge en la Escritura para indagar su significado. Comenta que, así como en el Cantar de los Cantares se habla de “un cántico sobre todos los cánticos,” en el Eclesiastés la expresión “vanidad de vanidades” resalta la magnitud de esta condición efímera. Esta idea resuena también en un Salmo: “Sin embargo, todo ser viviente es pura vanidad.” Si la vida es vanidad, ¿qué será entonces la muerte? “La vanidad de las vanidades.”
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¡Señor, enséñanos a Orar!
“La oración interior incesante es una aspiración continua y un anhelo del espíritu humano hacia Dios. Para tener éxito en este dulce ejercicio, es necesario pedirle a Dios con frecuencia que nos enseñe a orar continuamente. Ora con frecuencia y fervor, y la oración misma te revelará este misterio: el cómo es posible que se pueda orar sin cesar, pero requiere tiempo.”
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Una sola es necesaria...
Marta ha recibido a Jesús en su casa, pero María lo ha recibido en su corazón. María no es la dueña de la casa, sino su hermana Marta. María aparece sentada a los pies de Jesús, escuchando sus palabras, mientras tanto, Marta se afanaba en diversos quehaceres. María, la hermana, le ofrece su pobreza, se presenta ante Jesús con las manos y el corazón vacíos para ser llenados por él. Pero no podemos leer esta actitud como un romanticismo piadoso, sino todo lo contrario. María encarna a la persona discípula que se despoja de todo para ganarlo todo. María vive una pobreza que le ayuda a centrarse en lo único necesario: el Reino. Para conseguir el Reino, hay que venderlo todo y seguir a Jesús. (Cf. Lc 18: 22).
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166
Se compadeció de él...
La parábola del “buen samaritano” nos invita a mirar de frente una tentación que atraviesa la historia de todas las religiones, incluso al cristianismo: separar el amor a Dios del amor al prójimo, vivirlos como si fueran realidades independientes, desconectadas o incluso opuestas.San Juan ya lo advertía al inicio del cristianismo: “El que dice: «Amo a Dios», y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?” (1 Jn 4:20).
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¡Me glorío solo de la Cruz!
Hoy hemos escuchado el final de la carta que Pablo escribe a los Gálatas. A lo largo de ella podemos leer el gran amor que tiene por esa comunidad y con todas sus fuerzas los trata de animar a permanecer siendo discípulos de Cristo. El problema que ve Pablo en esta comunidad es que se dejan confundir muy fácilmente por otras doctrinas. Entonces, él les exhorta, les corrige, los regaña incluso usando palabras fuertes. Su manera de escribir a esta comunidad de Galicia es como la de un verdadero padre que ama a sus hijos, pero los sabe vulnerables ante los peligros que tiene el mundo. Pablo sabe que, el mismo mundo que les invita a sus placeres, ese mismo mundo les va a juzgar. “Yo los envío como corderos en medio de lobos” en los labios de Jesús.
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Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia...
El padre Josh Jonhson cuenta en su libro Broken + Blessed una anécdota ha cautivado mi atención. Él cuenta que invitó a su amigo sacerdote una bebida a un bar con motivo de su cumpleaños. Y los dos fueron en ropa clerical. Entonces un señor, ya entrado en años se les acercó y le preguntó: Disculpe, ¿eres realmente un sacerdote católico? Él pensó que era una pregunta más ya que le preguntan frecuentemente esto pues solo tenía 30 anos de edad. Entonces, el respondió con alegría, ¡sí, señor, sí lo soy! El hombre continuó con tono brusco: Solo quería decirle que la Iglesia Católica es la institución más corrupta sobre la faz de la tierra… y los sacerdotes son los individuos más corruptos en el mundo. Después de decirlo, se quedó en silencio sosteniéndole la mirada. Era claro, comenta el padre, que por su lenguaje corporal no estaba bromeando. Dice el padre Josh que antes de responder, aunque solo le tomo unos segundos, oró al Espíritu Santo, entonces le respondió: Señor, solo le quiero decirle que estoy de acuerdo con usted el 100 %. La Iglesia Católica es en verdad la institución más corrupta sobre la faz de la tierra y que los sacerdotes somos los individuos más corruptos del mundo. Y quiero que sepa que usted está frente al sacerdote más imperfecto y roto que pueda existir.
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Denles ustedes de comer
En el evangelio vemos la prefiguración, el anticipo de lo que llevaría a su plenitud en la Ultima Cena. “Denles ustedes de comer” Jesús les dice a los doce apóstoles y aunque seguimos con pocos sacerdotes en la actualidad, domingo tras domingo los apóstoles siguen sentando a la gente para alimentarles con el Cuerpo y Sangre de su Señor. Hoy que celebramos este no solo milagro, sino sobre todo acto de Amor del Dios trino, les invito evaluar nuestras actitudes ante tal misterio. ¿De verdad creo firmemente que es Jesús resucitado el que se hace presente en el Altar? ¿De verdad celebro en cada Misa su entrega en la Cruz? Simplemente estas dos preguntas si las respondemos afirmativamente puede revolucionar o desenmascarar nuestra actitud frente a ello.
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Cuando contemplo el Cielo...
Las personas que se saben amadas y que aman a quienes los aman tienen la sensación de estar envueltas o atrapadas en un misterio que no pueden explicar por completo. Así como al amor no lo podemos explicar del todo, porque es una realidad que nos sobrepasa, así podemos acercarnos al Dios que es amor y fuente de Amor.Dios en su infinita libertad y sabiduría ha querido revelar al ser humano su propia esencia: el Dios Amor es trino. Esta no es una revelación en abstracto, o que solo llene la curiosidad del pensamiento, sino que es una invitación del mismo Dios a entrar en relación íntima con Él.
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¡Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra!
La unidad en la que se creó el mundo no fue bien recibida por Adán ni por quienes vinieron después. La historia de Babel y la dispersión de la humanidad pone de manifiesto la ruptura de la unidad causada por el pecado. El Espíritu es quien restablece la unidad de lo que se había dispersado, tal como estuvo presente y activo cuando el mundo fue creado en su unidad original.Nuestro mundo, nuestras realidades aun sufren de esta herida de falta de unidad y hoy la Iglesia, reunida en oración con María, la madre del Señor pide el avivamiento del Espíritu: Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra.
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"Amen... como Yo los he amado"
El problema de nuestra época es la falta de amor: ¿cómo recuperaremos la capacidad de amarnos a nosotros mismos y de amarnos los unos a los otros? En lo más profundo de nuestro ser hay un caos de frustración y miseria espiritual. Nos hemos dedicado tanto a las cosas materiales que hemos olvidado cultivar nuestro corazón. Podemos vivir tranquilos económicamente, teniendo, sino un poco de más, lo necesario para hoy y para los días que vienen, pero no vivimos en paz, no podemos estar en paz con los demás porque no estamos en paz con nosotros mismos, ni podemos estar en paz con nosotros mismos porque no estamos en paz con Dios.
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Mis ovejas escuchan mi voz...
Los seres humanos tenemos la tendencia de no escuchar al Buen pastor, más bien escuchamos demasiado nuestras conciencias inquisitorias. Y mejor decirlo, creemos más en nuestra miseria, la cual es más grande de la que pensamos, que de lo que creemos en el amor misericordioso de Dios. La confianza en su misericordia no es a pesar de nuestras miserias, sino a causa de ellas, ya que es nuestra miseria la que atrae Su misericordia.
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Este podcast, el Oyente de la Palabra, surge de la convicción de que el Ser Humano solo alcanzará históricamente su realización al cimentar toda su existencia en la Palabra que le motiva e ilumina.
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Padre Luis M Flores Alva
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