Iglesia de Cristo en Constituyentes.

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Iglesia de Cristo en Constituyentes.

La iglesia de Cristo en Juárez le invita a sus actividades en la calle Juan J. Méndez 7744, Colonia Constituyentes, en Ciudad Juárez, Chihuahua, México. Domingos 10 de la mañana.

  1. 92

    ¿Por qué adoramos a Jehová? (Nehemías 9:4-15)

    En nuestro mensaje anterior contemplamos uno de los cultos de adoración a Jehová más solemnes registrados en la Escritura. El pueblo de Jerusalén había permanecido buscando al Señor con una intensidad poco común. No se trataba de una emoción pasajera ni de una reunión aislada. Durante veinticuatro días consecutivos habían estado oyendo la Palabra, confesando sus pecados, humillándose delante de Dios y respondiendo a su presencia.Ahora, en Nehemías 9:4-15, el pueblo continúa en esa atmósfera de renovación espiritual. El pasaje forma parte de una oración extensa, una oración nacida de la memoria, de la gratitud y de la adoración. Los levitas levantan la voz y llaman al pueblo a bendecir el nombre de Jehová, reconociendo quién es Dios y lo que ha hecho por ellos.Al leer este pasaje, debemos recordar que servimos al mismo Dios. Nosotros vivimos en otra época, bajo otras circunstancias y en otra cultura, pero el carácter de Dios no ha cambiado. Él sigue siendo glorioso, único, poderoso, creador, sustentador y lleno de gracia. Si aquel pueblo tenía motivos para adorarlo, nosotros también los tenemos. Y quizá más, porque hemos visto con mayor claridad la plenitud de su gracia en Jesucristo.Por eso, consideremos esta primera parte de la oración bajo el tema ¿Por qué adoramos a Jehová?

  2. 91

    La receta para el avivamiento (Nehemías 9:1-3)

    Al avanzar en el libro de Nehemías, el lector llega a un momento de gran densidad espiritual. Los capítulos anteriores han mostrado a un pueblo ocupado en la reconstrucción de los muros, resistiendo oposición, enfrentando conflictos internos y aprendiendo a reorganizar su vida comunitaria. Sin embargo, el relato no se conforma con la restauración visible de la ciudad. Una vez levantadas las defensas externas, emerge con claridad una necesidad más profunda. Jerusalén requería una renovación interior. La ciudad había comenzado a recobrar su forma, pero el pueblo aún necesitaba ser despertado en su relación con Dios.Los capítulos ocho al diez registran precisamente ese proceso de renovación espiritual. Dentro de esa sección, Nehemías 9:1–3 ofrece una escena breve, pero extraordinariamente rica. En pocos versículos se condensan elementos fundamentales de un verdadero avivamiento. No se trata de una agitación superficial ni de una emoción colectiva desconectada de la verdad. Se trata de un movimiento de Dios en el corazón de su pueblo, producido en un contexto de escucha, convicción, humillación y obediencia.La vida religiosa suele conformarse con actividades, reuniones y expresiones externas que, aunque valiosas en ciertos contextos, no garantizan profundidad espiritual. El pasaje que aquí consideramos obliga a mirar más adentro. Muestra que el avivamiento tiene condiciones morales y espirituales concretas, y que la restauración del pueblo de Dios sigue un camino reconocible. El texto permite hablar, con propiedad, de una verdadera receta para el avivamiento. No en el sentido mecánico de una fórmula controlable, sino como una descripción de los elementos que Dios honra cuando decide renovar a su pueblo. ¿Qué elementos son esos?

  3. 90

    La genealoíga en Jerusalén 2 (Nehemías 7:5-35)

    En nuestro mensaje anterior comenzamos a examinar la genealogía de Jerusalén que Nehemías estaba considerando. Para el lector casual, este podría parecer un pasaje poco interesante, uno de esos textos que muchos se sienten tentados a saltar rápidamente para llegar a secciones más narrativas de la Escritura. Debo admitir que, humanamente hablando, estos pasajes no suelen ser los favoritos de muchos lectores de la Biblia. Sin embargo, cuando nos detenemos a examinarlos con atención, descubrimos que contienen verdades profundas y aplicaciones muy prácticas para nuestra vida espiritual.Hasta ahora ya hemos considerado dos aspectos importantes de esta genealogía.Primero vimos la mención de la genealogía, donde observamos cómo Dios puso en el corazón de Nehemías reunir al pueblo y registrar su linaje. Allí aprendimos acerca de la dirección del Señor y la importancia de obedecer incluso en tareas que parecen sencillas o poco llamativas.Luego vimos el asombro de la genealogía, donde descubrimos varias realidades acerca del pueblo de Judá. Observamos su dedicación, su dispersión y la dirección que habían recibido de líderes que Dios había levantado para guiarlos.Hoy continuaremos considerando las lecciones prácticas que se revelan en este registro bíblico al observar un tercer aspecto.

  4. 89

    La genealogía en Jeruslén (Hechos 7:5-37)

    Esta mañana llegamos a otro registro en el libro de Nehemías, uno que a primera vista podría parecer árido o carente de interés, pero que en realidad está cargado de significado espiritual. Se trata del registro genealógico del pueblo que habitaba en Jerusalén en aquel tiempo.Este registro es, en muchos sentidos, casi una copia exacta del que encontramos en Esdras capítulo dos. Con excepción de algunas variaciones menores en ciertos nombres, ambas listas son esencialmente las mismas. Para el escéptico, esto podría parecer motivo de sospecha. Para el creyente informado, sin embargo, es una confirmación de la confiabilidad y fidelidad de la Palabra de Dios. Lejos de debilitar la inspiración bíblica, esta coincidencia la fortalece. Tenemos un testimonio histórico sólido de quiénes fueron contados entre los habitantes de Jerusalén en ese momento específico de la historia redentora.Ya hemos tratado anteriormente listas extensas de nombres, particularmente en Nehemías capítulo tres, y allí aprendimos una lección importante. Aun en los registros genealógicos hay verdad que debe ser considerada y aplicada. Toda la Escritura es provechosa, incluso las genealogías. Cuando Dios registra nombres, también nos permite vislumbrar vidas, sacrificios, fidelidades y fracasos. En esos detalles hay sabiduría y dirección para nuestra vida cristiana hoy.No dedicaremos aquí el mismo tiempo que en el capítulo tres, pero sí deseo que examinemos cuidadosamente estos versículos, buscando las lecciones prácticas que revelan, bajo el título, “La genealogía en Jerusalén.”

  5. 88

    Estableciendo orden en medio del caos (Nehemías 7:1-4)

    Hermanos, en nuestro recorrido por el libro de Nehemías, llegamos hoy a un punto crucial, uno que suele pasar desapercibido porque no tiene el dramatismo de la oposición abierta ni la emoción inmediata de la victoria visible. El muro ya está terminado. Las piedras están en su lugar. Las puertas han sido colocadas. El peligro externo parece, al menos en apariencia, haber sido contenido.Y precisamente ahí surge una tentación peligrosa. La tentación de pensar que el trabajo ya terminó. La tentación de relajarse. La tentación de asumir que, una vez alcanzado el objetivo principal, ya no queda nada más por hacer.Nehemías no cayó en ese error.El texto nos muestra a un líder que entiende algo fundamental. La obra de Dios no termina cuando se concluye una fase visible. De hecho, muchas veces el verdadero trabajo comienza después. Reconstruir muros es importante, pero establecer orden es indispensable. Levantar defensas es necesario, pero organizar la vida del pueblo es vital si esa ciudad ha de sobrevivir.Jerusalén había pasado de la ruina al orden estructural. Pero ahora debía pasar del orden físico al orden espiritual, administrativo y comunitario. El caos no desaparece solo porque las paredes estén en pie. El caos se controla cuando hay autoridad, vigilancia, servicio y responsabilidad compartida.Con ese trasfondo, quiero que consideremos este pasaje bajo el tema Estableciendo orden en medio del caos.

  6. 87

    La celebración y la contienda (Nehemías 6:15-19)

    Llegamos hoy a un momento que el pueblo de Dios había esperado con ansia, con sudor, con temor y con fe. Después de semanas de trabajo agotador, de noches de vigilancia, de oposición externa, conflictos internos y ataques constantes del enemigo, finalmente el muro de Jerusalén quedó terminado.Nehemías registra este hecho con sobriedad, sin adornos emocionales exagerados, pero con una carga histórica y espiritual inmensa. Lo que había comenzado como una noticia dolorosa en Susa, cuando Nehemías oyó que Jerusalén estaba en ruinas (Nehemías 1:3), ahora culmina con una ciudad nuevamente cercada, protegida y restaurada.El muro no era solo piedra. Era identidad. Era dignidad. Era testimonio. Era obediencia. Y, sin embargo, el texto nos enseña algo que a veces preferimos ignorar, es decir, que el cumplimiento de la obra de Dios no elimina automáticamente la oposición. De hecho, muchas veces se intensifica. Por eso, el pasaje que hoy estaremos meditando, puede resumirse en el título de nuestro sermón: La celebración y la contienda.

  7. 86

    La traición desde dentro (Nehemías 6:10-14)

    No todas las heridas vienen del enemigo declarado. Algunas, las más dolorosas, provienen de manos que alguna vez estrechamos con confianza.Hay ataques que uno espera, porque vienen de fuera, de quienes nunca han ocultado su oposición. Pero hay otros que llegan desde dentro, envueltos en palabras piadosas, en gestos religiosos, en aparente preocupación espiritual. Y esos ataques suelen ser los más devastadores.Nehemías vivía tiempos turbulentos. Desde su llegada a Jerusalén, la obra de reconstrucción había estado bajo constante presión. Primero vinieron las burlas. Luego las amenazas. Después las distracciones repetidas, cuatro veces rechazadas con firmeza. Más tarde, las acusaciones públicas de traición y ambición política. Y, sin embargo, Nehemías permaneció firme. El enemigo externo no logró detenerlo.Pero el adversario no se rinde fácilmente. Al ver que sus ataques frontales habían fracasado, Sanbalat diseñó un plan más oscuro, más refinado, más peligroso. Esta vez no usaría enemigos extranjeros, sino a alguien del propio pueblo. Alguien que Nehemías tenía razones para confiar. Alguien con apariencia de piedad, con credenciales espirituales, con acceso al templo. El ataque ahora vendría desde dentro. La Escritura no a no oculta esta realidad. El dolor de la traición interna recorre toda la historia bíblica, desde José vendido por sus hermanos, hasta David traicionado por Ahitofel, y culmina en Judas entregando al Señor con un beso. Nada hiere más profundamente que la traición revestida de cercanía.

  8. 85

    Desafiados por falsas acusaciones (Nehemías 6:5-9)

    Hay heridas que no dejan marca en la piel, pero se instalan profundamente en el alma. Las palabras falsas son de ese tipo. No golpean el cuerpo, pero golpean la reputación, la conciencia y, en ocasiones, la fe. Pocos dolores son tan persistentes como el de ser acusado injustamente, especialmente cuando uno solo intenta obedecer a Dios.La mayoría de nosotros conoce esa experiencia. En algún momento hemos hecho lo correcto, hemos buscado agradar al Señor, y aun así nos hemos encontrado con oposición, sospechas, insinuaciones maliciosas o acusaciones abiertas. Y lo más desconcertante es que esas acusaciones suelen venir precisamente cuando la obra de Dios avanza.Vivimos en una época que tolera muchas cosas, excepto la fidelidad cristiana. El creyente que se mantiene firme es etiquetado como intolerante, retrógrado o peligroso. No es raro que hoy se presenten caricaturas del cristiano fiel como si fuera un enemigo social. El mensaje es claro: cede, calla, adáptate… o prepárate para ser señalado.Nada de esto es nuevo.Nehemías se enfrentó a ese mismo espíritu. No era un agitador político, ni un ambicioso disfrazado de líder espiritual. Era un hombre llamado por Dios para restaurar lo que había sido destruido. Sin embargo, el progreso despertó odio. Y cuando la burla no funcionó, cuando la distracción falló, el enemigo recurrió a su arma favorita: la calumnia.Este pasaje nos muestra no solo las falsas acusaciones, sino también cómo responder a ellas sin perder la fe, el rumbo ni el carácter.

  9. 84

    ¿Por qué habría de cesar la obra? (Nehemías 6:1-4)

    El pasaje que hemos escuchado nos abre una ventana a un momento de triunfo espiritual en medio de condiciones extremas. El pueblo de Israel había pasado setenta años en cautiverio, y finalmente se le permitió volver a Jerusalén. Pero al regresar, encontraron la ciudad derribada y reducida a cenizas, donde solo se podían ver muros destruidos, puertas quemadas, hogares en ruinas, prácticamente una identidad dispersa.La tarea era inmensa, prácticamente imposible a primera vista. Sin embargo, Nehemías y aquellos que regresaron con él decidieron enfrentar lo imposible. Levantaron manos, hombros y corazones para restaurar lo que el enemigo había devastado. Y mientras progresaban, la oposición se presentó con rostro firme y determinación oscura.Vivimos tiempos parecidos. La fe es desafiada, las convicciones son puestas a prueba, y la iglesia parece avanzar por temporadas para luego sufrir el embate del adversario. Y es que no se puede vivir de las bendiciones de ayer. Es necesario recordar con gratitud, sí, pero también avanzar con vigilancia. La fidelidad no es un monumento estático; es una marcha continua.Quisiera que, al meditar en este texto, permitamos que la pregunta de Nehemías se quede en lo más profundo de nuestra conciencia: “¿Por qué habría de cesar la obra?” Hay demasiado en juego. Es imprescindible permanecer en el muro, en el llamado, en la brecha.

  10. 83

    El testimonio de un carácter compasivo (Nehemías 6:14-19)

    Hoy abrimos las Escrituras en el libro de Nehemías, capítulo cinco, versos del catorce al diecinueve. En estos versículos encontramos un retrato hermoso y desafiante del corazón de un siervo fiel. No es solo un pasaje histórico; es un espejo, un llamado, una invitación divina a vivir con un carácter profundamente compasivo en medio de un mundo endurecido por la indiferencia y la codicia.Hemos estado viendo que, mientras Jerusalén intentaba levantarse de entre sus ruinas, surgió un problema que no venía del exterior, sino del interior. Ya no eran los enemigos los que detenían la obra; ahora eran los mismos judíos, explotando a sus hermanos, aprovechándose de la necesidad, convirtiendo el dolor ajeno en ganancia propia. Y justo aquí, en medio de esta crisis moral, Dios levanta la figura de Nehemías, un hombre que no solo dirigió la reconstrucción de los muros… sino a la reconstrucción del corazón del pueblo.

  11. 82

    La valentía frente a la iniquidad (Nehemías 5:6-13)

    Hermanos, hemos visto en nuestros mensajes que Nehemías fue un líder que no se rindió ante la oposición. Cuando los enemigos atacaban desde afuera, él respondía con oración y trabajo. Pero en esta ocasión, el enemigo ya no estaba afuera… estaba dentro del pueblo. Los judíos más ricos estaban oprimiendo a los más pobres. Los poderosos prestaban dinero con intereses abusivos, confiscaban tierras, y convertían en siervos a los hijos de sus propios hermanos. El clamor de los oprimidos llenó la ciudad. Y Nehemías tuvo que detener la obra para enfrentar el pecado que amenazaba con destruirlo todo desde adentro. La codicia había creado desigualdad, y la injusticia estaba manchando el testimonio del pueblo de Dios. Así que Nehemías, con valor y discernimiento, decidió enfrentar la iniquidad cara a cara. Y eso, mis hermanos, es lo que necesitamos aprender hoy: cómo mantener la valentía frente al pecado, incluso cuando duele confrontarlo. La valentía frente a la iniquidad.

  12. 81

    Muros fuertes y corazones rotos (Nehemías 5:1-5)

    En tiempos de Nehemías, los enemigos de afuera no habían podido destruir la obra. Sambalat, Tobías y Gesem el árabe habían intentado burlarse, intimidar, amenazar. Pero todo había fallado. Jerusalén seguía levantando sus muros. El enemigo no logró vencerlos por la fuerza. Así que el peligro vino de adentro.Mientras los hombres trabajaban con una mano en la espada y otra en la mezcla, dentro del pueblo crecía una herida más peligrosa que cualquier ejército. La injusticia entre hermanos. El capítulo cinco de Nehemías abre con una frase desgarradora: “Hubo gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos judíos.” No eran los filisteos ni los samaritanos los que los oprimían. Eran los suyos. Y eso, en el corazón de Dios, es una afrenta mucho más grave. Porque cuando el pueblo redimido oprime a su propio pueblo, el muro más alto que se derrumba no es el de piedra, sino el de la fraternidad.

  13. 80

    Manteniéndose en la obra (Nehemías 4:15-23)

    Las cosas eran muy distintas para Nehemías hace apenas unos meses, rodeado de las comodidades del palacio. Ahora había hecho el largo viaje a Jerusalén y comenzado el gran esfuerzo de reconstruir los muros de la ciudad. Aunque se benefició del decreto del rey Artajerjes, eso no lo libró de enfrentar problemas. Su trabajo fue recibido con resistencia inmediata, y parecía que en cada paso la oposición venía de un ángulo diferente.En nuestro mensaje anterior descubrimos que el pesimismo había comenzado a invadir a la tribu de Judá. El trabajo era arduo y demandante, y parecía que algunos empezaban a cuestionar si realmente podrían completar una tarea tan ambiciosa. Pero, como hemos visto ya en la vida de Nehemías, él se levanta ante el desafío y guía al pueblo a continuar en la obra.Al estudiar el libro de Nehemías descubrimos que la adversidad es constante. Mientras el pueblo trabajaba en el muro, surgía un obstáculo tras otro. En cuanto a eso, hay muchas similitudes con nuestras propias vidas: también enfrentamos oposición y la tentación de abandonar la obra. Ante eso, necesitamos el mismo deseo y compromiso que tuvo Nehemías. Así que, una vez que hemos leído lo que dice aquí la Biblia, consideremos las disciplinas del compromiso, mientras consideramos el tema. Manteniéndose en la obra.

  14. 79

    Disensión, duda o determinación (Nehemías 4:7-14)

    Al llevar a cabo la lectura de este texto bíblico, notamos algo interesante: este pasaje comienza con la frase, “Pero aconteció…”. Este tipo de expresiones es común en toda la toda la Biblia. Ahora, cada vez que leo una declaración como esa, me encuentro con una variedad de lecciones para nuestra vida. En este caso, esta frase introduce tres cosas importantes en la historia de Nehemías:La obra debía continuar; no había lugar para detenerse ni para abandonar el trabajo.La oposición seguía presente. Y es que, mientras vivamos en este mundo con el deseo de servir a Dios, siempre habrá adversidad.Nehemías y los demás eran atacados, pero Dios los había sostenido; todavía estaban ahí, trabajando en el muro. Esto nos recuerda que, aunque las tormentas se hagan presentes, afortunadamente no duran para siempre.Este pasaje es rico en enseñanzas. Sanbalat, Tobías y muchos más se opusieron a la obra de los judíos. Pero, aun dentro del mismo pueblo, comenzó a crecer una actitud pesimista. Sin embargo, frente a tantos obstáculos, Nehemías se mantuvo firme en su propósito de cumplir la tarea que Dios le había encomendado. Cuando meditamos en estos eventos, nos encontramos con tres actitudes que estarán presentes en aquellos que sirven a Dios. Dos son malas, y una es buena. Estas actitudes son la “disensión”, la “duda” y la “determinación”. ¿Qué nos dice el texto bíblico acerca de ellas? ¿Qué circunstancias provocan dichas actitudes?Eso es lo que vamos a estar considerando en esta ocasión; pero sobre todo, será importante que usted identifique cuál de ellas es parte de su vida como cristiano.

  15. 78

    Nuestra respuesta a la oposición y a la burla (Nehemías 4:1-6)

    Esta mañana vemos que Nehemías y los demás han comenzado su noble obra de reparar los muros de la ciudad. Están comprometidos y son sinceros en sus esfuerzos, pero no pasa mucho tiempo antes de que aparezca la oposición. Conocimos por primera vez a Sanbalat y a Tobías en el capítulo 2, y pronto quedó claro que se oponían a la obra que Nehemías y los demás buscaban realizar.Nehemías 2:10, dice, “Pero oyéndolo Sanbalat horonita y Tobías el siervo amonita, les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel”. En el versículo 19, también leemos: “Pero cuando lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey?”Sanbalat era gobernador de Samaria. Su nombre significa literalmente “fuerza.” A menudo la oposición que enfrentamos al servir al Señor es fuerte y difícil de superar. Ahora, este hombre estaba estrechamente asociado con Tobías, el siervo amonita. Algunos eruditos creen que Tobías pudo haber sido gobernador de Amón, los cuales fueron descendientes de las relaciones incestuosas de Lot. Irónicamente, su nombre significa “Jehová es bueno.” Hay una gran verdad en su nombre, pero también nos recuerda que no todo es lo que parece, pues muchos de los que vienen en el nombre del Señor no tienen Sus caminos en el corazón. Algunos buscan ser vistos como santos y comprometidos con la obra de Dios, pero bajo esa fachada de rectitud, esconden agendas de engaño y rebelión.Este pasaje revela grandes verdades acerca de nuestra lucha por mantener la justicia y un fundamento piadoso en la sociedad. Muchas de las dificultades que enfrentó Nehemías siguen presentes en nuestros días. Ante eso, hoy vamos a estar considerando el tema: Nuestra respuesta a la oposición y la burla.

  16. 77

    ¿A qué voz escucharemos? (Nehemías 4:1-3; 10-12; 14)

    Nehemías es uno de los libros y personajes menos conocidos de la Biblia y, sin embargo, el relato de su vida y logros constituye un gran desafío y testimonio para todos los creyentes. Estos eventos ocurren después del cautiverio en Babilonia. El primer grupo ya había regresado a Jerusalén bajo la dirección de Zorobabel. Unos 80 años más tarde, Esdras condujo otro grupo de regreso, y durante esa campaña uno de los hermanos de Nehemías volvió con noticias desesperadas de Jerusalén. Esto conmovió el corazón de Nehemías y lo impulsó a regresar él mismo.Debemos entender que Nehemías tenía un cargo alto y prestigioso como copero del rey Artajerjes de Persia. Era amado y estimado por el rey. Le hubiera sido fácil desear quedarse en Persia en vez de arriesgar su vida en los esfuerzos por Jerusalén.Cuando Nehemías llega a Jerusalén y observa la necesidad, encuentra gran devastación y oposición. Sin duda, no sería una tarea sencilla. En nuestro texto, Nehemías enfrenta voces de oposición y voces de desaliento. Parecía que todos tenían una perspectiva sobre la obra.Pero Nehemías tenía una visión diferente a la de los demás. Al considerar estos tres puntos de vista, descubrimos cómo nuestra perspectiva determina nuestro futuro. El pasaje nos enseña principios sobre cómo nuestro enfoque afecta nuestro porvenir.

  17. 76

    Restaurando las torres y los monumentos (Nehemías 3:1-32)

    Una vez más estamos en el capítulo 3 esta mañana y espero concluir este mensaje tan esclarecedor que ha tratado con los obreros en el muro, el trabajo que realizaron en un esfuerzo por restaurar los muros de Jerusalén y las propias puertas. En el mensaje anterior sobre este pasaje, pasamos un tiempo considerando las puertas individuales y cómo se relacionan con nuestras vidas hoy. Es asombroso cómo las puertas de una ciudad antigua tienen aplicación para nuestro mundo moderno. Este tercer capítulo de Nehemías es un ejemplo claro del tesoro que es la Palabra de Dios. Una lectura superficial de este capítulo pasaría por alto la vasta verdad que hemos podido considerar y aplicar a nuestras vidas. Esto es otra confirmación de 2 Timoteo 3:16: Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia. La Palabra de Dios tiene mucho que decir si estamos dispuestos a dedicar tiempo y esfuerzo para buscar Su sabiduría y dirección.Tenemos bastante que abordar esta mañana, así que quiero entrar de lleno en nuestra lección mientras seguimos considerando los atributos asociados con la restauración de las torres. En el mensaje anterior, aprendimos sobre las puertas de la Ciudad. No voy a repasar cada una de ellas, pero si desean escuchar ese mensaje, está publicado en el sitio web de la iglesia.

  18. 75

    Elementos esenciales para la obra (Nehemías 3:1-32)

    En nuestro anterior mensaje de este poderoso y esclarecedor capítulo consideramos a los obreros del muro. Escondidos en la lista de los que trabajaron, descubrimos su compromiso, su coraje, su confianza y su cooperación. Se trataba de un grupo que se enfrentaba a una tarea monumental y, sin embargo, no se dejaron intimidar por el reto que tenían por delante. Se levantaron juntos y abrazaron el trabajo que se les había encomendado.¡Es un gran desafío el que encontramos al considerar a aquellos que trabajaban incansablemente, codo a codo, sobre el muro! Si hemos de tener éxito y llevar a cabo la obra que se nos ha encomendado, nosotros también debemos estar dispuestos a unirnos como lo hicieron ellos y compartir la misma actitud y compromiso que era tan evidente en sus vidas.Esta mañana quiero que sigamos meditando en este mismo capítulo, pero nos vamos a ubicar en una perspectiva diferente. Hemos considerado a los obreros del muro; pero ahora vamos a dedicar nuestra atención al trabajo mismo.Vamos a ver, sobre todo, los elementos que fueron esenciales para llevar a cabo esa obra. Confío en que al tener en cuenta lo que estos versículos nos dicen sobre el trabajo, seremos motivados y desafiados a continuar en la tarea celestial en la que estamos comprometidos. Sobre todo, quiero que, mientras nos involucramos en la obra del Señor, podamos alcanzar los logros que estos hombres alcanzaron. Y para eso, es importante conocer los elementos esenciales de la obra.

  19. 74

    Los obreros del muro (Nehemías 3:1-32).

    Nos hemos familiarizado con Nehemías en las últimas semanas. El copero judío que servía al rey Artajerjes en el palacio de Susa había recibido la noticia de la devastación en Jerusalén y se sintió profundamente oprimido por las necesidades de la gran ciudad. Obtuvo el encargo del rey de hacer el largo viaje a Jerusalén con el fin de supervisar los esfuerzos de reconstrucción. Después de inspeccionar los daños y crear un plan para la reconstrucción, Nehemías guía al pueblo de Jerusalén en este enorme esfuerzo. Nuestro texto de hoy, entonces, revela el comienzo de la restauración bajo la guía de Nehemías.Ahora, este es un pasaje que muchos mirarían y pasarían de largo. Admito que la mayoría de los nombres registrados en este capítulo han sido difíciles de pronunciar. A menudo nos sentimos tentados a asumir que pasajes como este, que enumeran un resumen de nombres, no tendrán ningún beneficio o aplicación real para nuestra vida diaria. Sin embargo, considero que sería una tragedia en nuestras lecciones de Nehemías pasar por alto este gran pasaje. Porque, escondido entre los nombres que son difíciles de pronunciar hay una abundancia de verdad y grandes desafíos para nuestra vida. De hecho, vamos a dedicar varias lecciones relacionadas con este capítulo.Esta mañana quiero comenzar con el primer mensaje de este capítulo, mirándolo desde la perspectiva de aquellos que realmente trabajaron en los esfuerzos de reconstrucción. Puede que el tiempo haya olvidado a estos siervos devotos, pero la Palabra de Dios ha registrado sus esfuerzos por toda la eternidad. Eso en sí mismo es una tremenda lección. Es posible que el mundo e incluso los que nos rodean no reconozcan nuestros nombres ni aprecien nuestros esfuerzos en la obra del Señor, pero estamos comprometidos en una noble tarea a la que el Señor nos ha llamado y tenemos la seguridad de que Él lleva un registro de nuestra labor. Quiero comenzar esta mañana examinando las características de estos hombres al considerar: Los obreros del Muro.

  20. 73

    Examinando los daños 2 (Nehemías 2:11-20)

    La semana pasada comenzamos a considerar las realidades a las que se enfrentó Nehemías cuando comenzó a evaluar el daño en la ciudad de Jerusalén. Él ha hecho un largo viaje de regreso a casa y estoy seguro de que sus pensamientos estaban consumidos, por aquello que encontraría cuando llegara a Jerusalén. Debemos tener en cuenta que Nehemías nunca había visto Jerusalén. Habían pasado más de 150 años desde que los judíos fueron llevados como esclavos a Babilonia. Se dirige, entonces, a una tierra que nunca ha visto, enfrentándose a una tarea enorme de la que realmente no tiene detalles, y, sin embargo, está decidido a reconstruir la muralla de la ciudad y restaurar la devastación de Jerusalén.Seguramente estaríamos de acuerdo en que Nehemías no era el judío promedio. Ocupaba una posición de prominencia en Susa y muy probablemente podría haber estado allí con una vida relativamente sencilla y feliz. Sin embargo, Nehemías buscó servir al Señor y conocía la importancia de Jerusalén y la necesidad de que el pueblo de Dios habitara la tierra y adorara allí.Necesitamos santos como Nehemías en nuestros días. Es cierto que tenemos vidas muy diferentes a la que él vivió, pero necesitamos a aquellos que estén dispuestos a hacer los sacrificios necesarios por el bien de la iglesia y la gloria de Dios. Necesitamos a aquellos que dejarán a un lado la preferencia y ganancia personal para restaurar lo que se ha perdido en nuestra generación.Esta mañana quiero retomar lo que dejamos la semana pasada con respecto a los desafíos que Nehemías enfrentó al inspeccionar los daños. Repasemos rápidamente lo que meditamos la semana pasada. Nos ocupamos de la inspección de la ciudad (v. 11-16). Estos versículos revelan cómo Nehemías inspeccionó el estado de la ciudad, y considerar así la tarea que tenía por delante. Este ejercicio le permitió tener en cuenta varios procedimientos y realidades. Una inspección privada (v. 12a, 16). Una inspección motivada por Dios (v. 12). Una inspección cuidadosa o precisa (v. 13-15). ¿Qué más nos dice aquí la Palabra de Dios con respecto al examen que ha hecho Nehemías de los daños?

  21. 72

    Examinando los daños (Nehemías 2:11-20).

    ¿Se imaginan la emoción y la anticipación que Nehemías debió de sentir en este momento de su vida? Dios había depositado en su corazón una carga inmensa por las necesidades de Jerusalén. La ciudad estaba en ruinas, y ante él se alzaba una tarea monumental. Aunque ocupaba un lugar de prominencia en la corte, no tenía certeza de cómo reaccionaría el rey ante su petición. ¿Mostraría simpatía por la causa de Jerusalén y por el anhelo que consumía a Nehemías? ¿Estaría dispuesto a permitir que un siervo tan valioso y confiable abandonara el reino para embarcarse en una misión tan arriesgada?Muchas veces soñamos con oportunidades así; las anhelamos, las imaginamos… pero rara vez se concretan. Debemos recordar que Nehemías no buscaba un proyecto personal ni una aventura elegida por gusto. Seguía el llamado, la guía y el impulso del Señor. Fue Dios quien encendió su corazón con esa carga santa, y quien allanó el camino para su regreso a Jerusalén y el inicio de la reconstrucción de sus murallas devastadas.Nuestro texto nos sitúa ya en Jerusalén. Nehemías ha completado el largo y arduo viaje desde Susa, y está a punto de emprender la obra que Dios le ha encomendado. Solo el hecho de llegar hasta allí fue un reto formidable: muchos estudiosos coinciden en que el viaje debió tomar aproximadamente tres meses.Ahora que ha llegado, se dispone a inspeccionar la ciudad, a percibir con sus propios ojos la magnitud del desastre y a trazar un plan estratégico para la reconstrucción.Al acercarnos al texto de hoy, queremos detenernos en los desafíos que Nehemías enfrentó al disponerse a: Inspeccionar el daño. Y en primer lugar, debemos tener presente lo siguiente:

  22. 71

    La trieza de Nehemías (Nehemías 2:1-10)

    El primer capítulo nos abrió la escena con Nehemías, recibiendo desde lejos las tristes nuevas de Jerusalén. Aunque la distancia lo separaba de los muros derribados y las puertas quemadas, su corazón ardía con un fuego santo. No pudo mirar hacia otro lado. La herida de su pueblo se convirtió en su herida, y esa carga lo llevó de rodillas, a derramar ante Dios una oración humilde, quebrantada y sincera.En el texto en que meditamos hoy, el tiempo ha pasado, pero no así la carga. Aquellas noticias no se esfumaron con los días; al contrario, se afianzaron en el alma de Nehemías como un llamado divino. Su compasión se ha vuelto determinación. Su oración, lejos de perderse en el viento, ha sido escuchada por el Dios que ve en lo secreto. Y ahora, ese mismo Dios está por abrirle el camino: una puerta se entreabre en el palacio, y con ella, la posibilidad de volver a Jerusalén y levantar lo caído, restaurar lo arruinado, cumplir el propósito que el Señor ha sembrado en su corazón.Las murallas de la gran ciudad yacían en ruinas desde hacía unos ciento cincuenta años. Piedra sobre piedra, la historia se había desmoronado, pero el pacto de Dios con su pueblo jamás había sido olvidado. El reloj del cielo marcaba ahora la hora de la restauración. El tiempo de reedificar había llegado, y Dios ya tenía a su hombre. Nehemías estaba a punto de recibir el encargo divino que le daría autoridad, dirección y propósito para emprender la inmensa tarea de levantar nuevamente los muros caídos.Y al contemplar la angustiosa situación del pueblo de Dios en aquellos días, y la carga ardiente que pesaba sobre el corazón de Nehemías, no podemos evitar ver un reflejo de nuestro propio tiempo. Hoy, no son los muros de piedra los que claman por ser restaurados, sino los muros invisibles y sagrados del espíritu. Los cimientos morales y espirituales de nuestra tierra están en ruinas, y parece que son pocos los que sienten la urgencia de reconstruirlos. Pero no nos engañemos: esto no agrada al Señor. Él sigue buscando hombres y mujeres que se levanten en medio de la ruina, que escuchen el clamor del cielo, y acepten el llamado a restaurar lo que ha sido quebrantado.¿Quién dirá “aquí estoy”? ¿Quién pondrá manos al arado y corazón al propósito? ¿Quién se atreverá a edificar, confiando en el Dios que aún llama, aún envía, y aún reconstruye? Este pensamiento concuerda con lo que el profeta dijo: “Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar” (Isaías 58:12).Meditemos, entonces, en el pasaje que hoy hemos leído. Consideremos las lecciones espirituales y prácticas que serán de mucha bendición para nuestras vidas. Meditemos en la “tristeza de Nehemías”.

  23. 70

    Cuando abandonamos el muro (Nehemías 6:1-4)

    Cuando abrimos el libro de Nehemías y nos sumergimos en su historia, no solo encontramos un relato antiguo sobre reconstrucción de muros, sino un testimonio vivo de lo que significa estar comprometido con la obra de Dios frente a la oposición constante.Nehemías no era un constructor profesional ni un líder militar. Era un copero del rey, un hombre con una vida cómoda en la corte de Persia. Sin embargo, cuando supo que los muros de Jerusalén estaban en ruinas y que su pueblo vivía en desgracia, su corazón se quebrantó. No podía quedarse de brazos cruzados. Fue entonces cuando Dios lo llamó, no solo a observar, sino a actuar. Y Nehemías respondió al llamado de Dios.No obstante, desde el mismo momento en que puso un pie en Jerusalén, comenzaron los ataques. Sambalat, Tobías y otros enemigos hicieron todo lo posible por detener la obra. Burla, intimidación, amenazas, incluso planes de asesinato, nada parecía estar fuera de sus tácticas. Y, sin embargo, Nehemías no se detuvo. No dejó el muro. No se bajó. Su enfoque y su fidelidad fueron su escudo.Este hombre, que bien pudo haberse rendido o desviado por la presión, decidió que la obra de Dios valía más que su comodidad, su reputación o incluso su vida. Y es allí donde vemos el retrato de un verdadero siervo de Dios: alguien que, a pesar de la oposición, sigue construyendo.Pero, ¿qué sucede cuando nosotros, los que hoy somos llamados a servir, decidimos abandonar el muro? ¿Qué ocurre cuando dejamos de hacer lo que Dios nos ha encomendado? Este alejamiento comienza con lo más sutil: una distracción, una queja, una duda, una necesidad o un miedo. Sea cual sea la razón por la cual usted se ha alejado del muro, hoy quiero que pensemos y meditemos juntos, sobre lo que sucede cuando abandonamos el muro. 

  24. 69

    Cuando construimos el muro (Nehemías 1:1-23)

    El pueblo estaba reconstruyendo las murallas de la ciudad de Jerusalén. Esto fue una tarea difícil y agotadora para los involucrados, pero era necesaria para estar a salvo de los ataques de sus enemigos y para adorar a Dios como la ley les mandaba. Mientras trabajaban para construir las murallas, enfrentaron una oposición constante. Se cansaron y se desanimaron, pero nunca detuvieron su trabajo. Finalmente, completaron la tarea y vencieron a sus atacantes.En cierto sentido, esta mañana, usted y yo también somos constructores de muros. Construimos muros entre el mundo y las cosas de Dios. Construimos muros que separan nuestras vidas de la impiedad que nos rodea por todas partes. Construimos muros diseñados para proteger a las personas y las cosas que amamos de los ataques y la destrucción externas.Siendo esto cierto, ¿estaría de acuerdo en que a veces también tendemos a desanimarnos? A veces nos cansamos en la lucha por construir y ser todo lo que Dios quiere que seamos. Creo que este pasaje contiene algunas verdades que pueden ayudarnos a mantenernos fuertes, fieles y activos en la lucha por construir los muros necesarios de la vida. Este pasaje enseña tres principios fundamentales que son una verdad bíblica que todo constructor de muros debe conocer.

  25. 68

    Necesitamos santos con visión (Nehemías 1:1-11)

    El pueblo de Judá y la ciudad de Jerusalén se encontraban en una situación terrible. Más de 150 años antes, Nabucodonosor y los ejércitos de Babilonia habían invadido Israel y se habían llevado a muchos de ellos como esclavos. Los judíos necesitaban desesperadamente a alguien con la visión necesaria para restaurar Jerusalén e Israel a su antigua gloria. Necesitaban a alguien diferente. Necesitaban a alguien que hubiera sido cautivado por Dios y que su Espíritu lo hubiera encendido. Necesitaban a una persona con visión si querían ver un cambio en su situación. Afortunadamente, ¡Dios tenía a un hombre así! Su nombre era Nehemías y Dios lo estaba preparando como instrumento para ser usado de manera grandiosa en la reconstrucción de la ciudad de Jerusalén y para la restauración de la nación de Israel.Puede que usted y yo estemos a miles de años de la época de Nehemías, pero también vivimos en medio de naciones que necesitan desesperadamente personas con visión. Vivimos en una época en la que los muros de la moralidad y la virtud en la sociedad han sido derribados y las puertas de la decencia están en llamas. Es evidente para todos que la iglesia de nuestros días es solo una sombra de lo que fue. Los muros que separaban a la iglesia del mundo han sido derribados. Las puertas de la gloria que identificaban a la iglesia como la casa de Dios han sido quemadas por las llamas del pecado y manchadas por la plaga de la apatía.¡Necesitamos santos con visión! Lo maravilloso del asunto, es que ¡podemos convertirnos en santos con visión! ¡Podemos convertirnos en las personas que Dios usa para su gloria en estos días para marcar la diferencia por amor a su nombre! Al analizar estos versículos esta mañana, se presentan tres hechos sencillos que nos enseñan cómo convertirnos en santos con visión. Analicemos estos hechos mientras estoy sobre la necesidad de santos con visión.

  26. 67

    Los jóvenes gritaban mientras los ancianos lloraban (Esdras 3:10-13)

    Debido a la negativa de Israel a abandonar sus ídolos y adorar al único Dios verdadero, fueron castigados por el Señor y fueron llevados al cautiverio por los babilonios.  Este cautiverio había de durar 70 años (cf. Jeremías 25:11-12).  Este período de 70 años comenzó en el año 605 a. C., cuando el rey babilonio Nabucodonosor invadió y subyugó a Israel.  Más tarde, en el año 586 a. C., después de que Israel se rebeló contra él, Nabucodonosor destruyó completamente Jerusalén, el templo y todo el mobiliario del templo.  También se llevó todos los tesoros del templo en ese momento.  Durante los siguientes 70 años, Israel vivió en cautiverio, sin un templo y sin las fiestas, sacrificios y rituales prescritos por la Ley.  Ciro, el persa, derrocó a los babilonios en el año 539 a. C. y en el 538 a. C. dio permiso para que los judíos regresaran a su tierra natal.  Casi 50.000 judíos abandonaron Babilonia y regresaron a Palestina.  Tres años más tarde, en el año 535 a. C., pusieron los cimientos de un nuevo templo, poniendo así fin a los 70 años de su cautiverio.Nuestro texto registra para nosotros la colocación de los cimientos de este nuevo templo.  Para muchos de los judíos presentes ese día, fue un momento de gran alegría. La Biblia dice que gritaron de alegría (v. 12).  Pero, otros que estaban allí ese día no podían gritar sobre lo que estaban viendo.  En cambio, dice la Biblia, “lloraban en alta voz” (v. 12).  ¿Por qué es que un grupo está tan emocionado y está alabando al Señor, mientras que el otro grupo está triste y llorando?  Creo que la Biblia tiene la respuesta a esa pregunta.  También creo que al responder a esa pregunta, también descubriremos algunas verdades muy valiosas para nosotros.  Hoy, mientras el Señor nos concede libertad, quiero predicar este sermón que lleva por título: “Los jóvenes gritaban mientras los ancianos lloraban”.  Dios tiene algo aquí para nosotros, si estamos dispuestos a recibirlo.

  27. 66

    Y nosotros callamos (2 Reyes 7:1-11)

    Este pasaje se desarrolla en el contexto de una situación desesperada. La ciudad de Samaria estaba rodeada por el ejército sirio. La gente dentro de los muros de la ciudad estaba literalmente muriendo de hambre. Observe las condiciones del día en 2 Reyes 6:25-29. Entonces, un día, un mensaje de esperanza llegó de una fuente muy inesperada. Cuatro mensajeros extraños trajeron un mensaje extraño a la puerta de la ciudad que cambió todo para aquellos atrapados dentro de la ciudad.Este mensaje era un mensaje de vida y esperanza, pero ¡era un mensaje que casi nunca se decía! Veamos los detalles de este mensaje y de los hombres que lo transmitieron y pensemos durante unos minutos en el tema: “Y nosotros callamos”.Este pasaje tiene mucho que decirnos a usted y a mí esta noche. Verás, también tenemos un mensaje de esperanza y vida que necesita ser compartido con un mundo que está atrapado en el pecado y la oscuridad. Ellos no tienen esperanza, y nosotros nos quedamos callados. Ellos no tienen salida, y nosotros nos quedamos callados. Mi oración es que veamos que los días de sentarnos en silencio mientras el mundo perece han terminado para siempre. Ruego que veamos que necesitamos compartir el mensaje que se nos ha dado. Observemos los detalles de este texto y veamos lo que tiene que decirnos esta noche.

  28. 65

    ¿Cómo recuperar el filo? (2 Reyes 6:1-7)

    La compañía de los profetas había crecido hasta el punto de que necesitaban tener nuevas instalaciones. Mientras estaban en el proceso de talar árboles para construir su nuevo hogar, uno de los profetas perdió el hacha en el río Jordán. Se sintió angustiado porque la había tomado prestada. Clamó a Eliseo, y el gran profeta obró un milagro, y el hacha flotó hasta la superficie, y el hombre extendió su mano y la recogió. Ahora bien, para no ser demasiado duros con este pobre hombre que perdió el hacha, recordemos que estaba involucrado en una gran obra. ¡Está ocupado! Sin embargo, si hay una falla en su actividad, se encuentra en esto: estaba trabajando, ¡pero no estaba mirando! Como consecuencia, perdió el hacha y no pudo continuar su trabajo.   Había perdido el filo. Podemos ver esta historia y preguntarnos si hay algo aquí para la iglesia moderna. Creo que hay mucho aquí para que aprendamos. Miren, ¡la cabeza del hacha representa el poder para hacer el trabajo! ¡Ningún hombre puede cortar árboles golpeándolos con el mango de un hacha!   Se necesita el poder afilado y el cortante de la cabeza del hacha para cortar la madera y derribar el árbol. En la iglesia, debemos darnos cuenta de que, sin nuestro filo, es decir, el poder de Dios, nunca podremos servir al Señor adecuadamente, ni podremos dejar una mella en este mundo.   Necesitamos a Dios y su poder para hacer el trabajo, para su gloria.   Lamentablemente, en la iglesia moderna, los miembros están tan distraídos en sus asuntos, negocios y pecados, que se ha perdido el filo.   Como resultado, no hay poder en la iglesia, no hay poder en las vidas de los santos, ni en nada de lo que hacemos. ¡Hemos perdido el filo! ¡La mayor parte de lo que hacemos en la iglesia se puede hacer sin la agencia o el poder de Dios! Somos tan buenos en lo que hacemos que podemos operar en el poder de la carne y nadie nota la ausencia de Dios. Sin embargo, aunque podamos operar nuestras iglesias, nuestros programas y nuestras vidas separados del poder de Dios, nunca lograremos incursionar en el mundo separados del poder de Dios.  ¡Nunca podremos servir al Señor de manera efectiva hasta que realicemos ese servicio solo en y por su poder! Si dedicamos unos minutos a analizar cómo se manejó esta situación ese día, podemos aprender algunas lecciones valiosas sobre cómo la iglesia debe manejar la situación en la que se encuentra. Dios nos ayude a recuperar la vanguardia. ¡Este pasaje nos dice cómo! Observe los pasos necesarios para recuperar el filo.

  29. 64

    Dios es Dios también en el valle (1 Reyes 20:22-29)

    En este contexto, estamos frente a tiempos traicioneros para el pueblo de Israel. Su malvado rey, Acab, había sido culpable de llevar al pueblo a adorar al dios cananeo Baal, en lugar de al Señor Dios Jehová. Como resultado, la maldad llenó la tierra de Israel y se encaminaban hacia un rumbo de colisión con el juicio de Dios. Sin embargo, en medio de sus pecados, Dios todavía amaba a su pueblo. ¡Gracias a Dios, porque su amor nunca falla! (cf. Jeremías 31:3). Durante este tiempo, Israel fue atacado por el vecino del este, Siria. Cuando se libró esta batalla, Dios permitió que Acab y el pueblo de Israel derrotaran a los sirios y se adjudicaran la victoria. Sin embargo, se le notifica a Acab que los sirios no planean aceptar la derrota tan fácilmente (v. 22). Se le dice que volverán a luchar de nuevo. Es esta segunda batalla la que queremos examinar ahora. Aquí se enseñan verdades que nos ayudarán a cada uno de nosotros en nuestro peregrinar por el camino del Señor en estos días. Solo quiero decir que en el ejército sirio veo una imagen de nuestros adversarios. Cuando el Señor nos permite obtener una victoria contra ellos, podemos contar con que volverán a pelear otro día. Su deseo es vernos derrotados de una manera u otra. Si no ganan en un área de nuestra vida, cambiarán la dirección de su ataque y vendrán por nosotros nuevamente (cf. 1 Pedro 5:8). Y esto es precisamente lo que el ejército sirio intentó hacer contra Israel. Sin embargo, así como los sirios fueron derrotados e Israel caminó en victoria, ¡usted y yo también podemos caminar en victoria! Observemos algunas verdades simples de este pasaje que nos permiten saber que Dios sigue siendo Dios, en cualquier valle de la vida.

  30. 63

    Recibiendo una nueva oportunidad (1 Reyes 19:15-21)

    En este capítulo 19 del libro de 1 Reyes, hemos estado observando cómo se desarrollan algunos eventos en la vida de este hombre llamado Elías. Vimos cómo cayó en el orgullo, se desanimó y se derrotó a sí mismo. Lo vimos cuando corrió al desierto e hizo una oración para morir. Lo vimos emprender un viaje al monte Horeb para buscar una palabra del Señor. Vimos al Señor confrontar a Elías y mostrarle que la raíz de su problema era que había permitido que las circunstancias de su vida eclipsaran el rostro de Dios. En los primeros versículos de este capítulo 19, vemos al profeta en la boca de una cueva en el monte Horeb, envuelto en su manto, respondiendo a las preguntas de Dios. Cuando dejamos a Elías en esa montaña, todavía estaba derrotado, desanimado, quejándose con Dios por el lío en el que se encontraba (v. 14). A medida que estos acontecimientos continúan desarrollándose en los versículos finales de este capítulo, se nos permite ver el hecho de que Dios aún no ha terminado con Elías. Hubo un día en que este profeta había caminado en victoria; pero, como muchos otros, tropezó y quedó herido, sin aliento para continuar. Todos los eventos de este capítulo han estado conduciendo a lo que sucede en los versículos que hoy vamos a considerar. Aquí, gracias a la misericordia de Dios, vamos a ver a Elías caminando en victoria otra vez. Sí, Dios lo saca de su valle y lo pone de nuevo en medio de la batalla. Mis hermanos, ¡Dios quiere hacer lo mismo en nuestras vidas! Aprendamos cómo podemos volver cuando hemos caído, mientras Elías recibe una nueva oportunidad. Pero antes de eso, consideremos el contexto de nuestros versículos, para poder comprender mejor la cuestión que nos ocupa hoy. En los versículos 1 al 4, se nos presenta la miseria del profeta. Ahí vemos al profeta Elías huyendo (v. 1-3a). Vemos al profeta alejándose ante las amenazas de Jezabel (v. 3b-4a). Y lo vemos orando con agonía, mientras dice: “Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres” (v. 4b). En los versículos 5 al 14, vemos la obra de Dios para con Elías. Esta es una obra de consideración (v. 5-8). Es una obra de compasión (v. 5-9, 13). Y también es una obra de confrontación (v. 9-14). En los versículos 15-21, tenemos la restauración del profeta, recibiendo una nueva oportunidad.

  31. 62

    La obra de un siervo de Dios nunca termina (1 Reyes 18:41-48)

    El profeta Elías acaba de ser usado por el Señor para realizar un gran milagro. Él acaba de hacer una oración sencilla, y Dios ha abierto los cielos y ha hecho descender fuego, demostrando ser el Señor de todo. Elías acaba de ver al pueblo de Israel inclinarse ante Dios y proclamar su fe y lealtad a Él. Elías acaba de matar a los 450 profetas de Baal. Su día ha estado muy ajetreado, por decir lo menos. La mayoría de nosotros habríamos estado buscando un sillón para poder descansar. ¡Pero no Elías! Miren, la tierra de Israel ha estado languideciendo bajo una sequía de tres años y medio. Debido a la sequía, la gente se muere de hambre, decenas de miles han muerto y la nación se encuentra en una situación desesperada. Por supuesto, no ha llovido debido a la idolatría del pueblo. Pero ahora, se han arrepentido, los sacerdotes de Baal están muertos y es hora de que Dios abra los cielos y envíe la lluvia tan necesaria. Entonces, en lugar de caminar hacia la puesta del sol para saborear su victoria sobre el mal, Elías se pone a trabajar nuevamente para ver que la lluvia llegue como Dios prometió que vendría. Él nos enseña la lección en este pasaje de que no hay lugar para dejar de obrar. Nunca llegará un día en nuestro caminar con Dios en el que tengamos la oportunidad de sentarnos y no hacer nada. Muchos están haciendo precisamente eso, pero no es porque no haya nada que hacer. Tampoco es porque el Señor les está permitiendo quedarse sin hacer nada. Se sientan porque, a diferencia de Elías, ¡nunca han aprendido la verdad de que la obra de un hijo de Dios nunca termina! Todos hemos escuchado el viejo dicho: “Un hombre puede trabajar de sol a sol, pero el trabajo de una mujer nunca termina.” ¡Ese es un dicho verdadero para muchas mujeres! Lo mismo puede decirse de una sierva del Señor también. Cuando una persona ha llegado al lugar donde está totalmente entregada a la voluntad de Dios para su vida, nunca la dejará. Dejaremos de servir hasta que él nos llame a casa. Unámonos a Elías después de su gran victoria en el Carmelo y aprendamos una lección importante y sumamente relacionada con la que llevan a cabo los hombres de Dios, es decir, que nunca termina. Hay tres características mostradas por Elías en estos versículos que nos enseñan cómo podemos estar ocupados en la obra del Señor todo el tiempo.

  32. 61

    El tipo de iglesia que Dios usa (Apocalipsis 3:7-13)

    De las siete cartas de nuestro Señor a las iglesias de Asia Menor, solo dos no recibieron ningún tipo de corrección o reprensión. Una fue la carta a la iglesia de Esmirna (Apocalipsis 2:8-11) y la otra es esta carta a la iglesia de Filadelfia. Mientras que la carta a la iglesia de Esmirna es un desafío para que permanezcan fieles hasta la muerte, esta carta está llena de elogios. Las otras cinco cartas contienen palabras de queja y corrección, pero esta iglesia no recibe nada más que elogios del Señor Jesucristo. Al leer esta carta, se dará cuenta rápidamente de que esta es una iglesia que el Señor está usando para su gloria. De hecho, a lo largo de la historia, las iglesias que Dios ha usado con más frecuencia encajan en el molde de Filadelfia. Mis hermanos, ¿lo anhelan ser una iglesia que Dios pueda usar? Yo quiero que el Señor nos mire y diga: “Aquí hay una iglesia con la que puedo hacer algo para mi gloria”. Me gustaría que encajáramos en este molde de Filadelfia. Creo que valdría la pena dedicar nuestro tiempo esta mañana para leer este pasaje y examinar por nosotros mismos las características del tipo de iglesia que Dios usa. Luego hagamos un juicio de nosotros mismos para saber si encajamos o no en el molde. Si encajamos, ¡alabado sea Dios! ¡Sigamos adelante! Pero, si no encajamos, entonces no perdamos nuestro tiempo tratando de cambiar el molde. ¡Cambiemos nosotros para que encajemos en el molde! Entonces, ¿qué tipo de iglesia usa Dios?

  33. 60

    El enfrentamiento en el monte Carmelo (1 Reyes 18:17-39)

    Este pasaje se desarrolla en un momento en que la marea espiritual de Israel se encuentra en un punto extremadamente bajo. La mayoría del pueblo le ha dado la espalda al Señor y se ha ido en pos del dios cananeo Baal. Es en este contexto de apostasía e idolatría que el profeta Elías aparece en escena. Se nos presenta en 1 Reyes 17:1. Cuando aparece, trae un mensaje del Señor. Es un llamado claro al arrepentimiento y a una renovación de la lealtad a Jehová. En el pasaje que hoy hemos leído, las cosas llegan a un punto crítico. Por un lado, están Acab, Jezabel, los profetas y sacerdotes de Baal y una nación entera, menos 7.000 personas de Dios (cf. 1 Reyes 19:18). Por otro lado, están Elías y Jehová. Las probabilidades pueden parecer a favor del mal, pero Elías está a punto de experimentar la verdad de que uno más Dios es mayoría. Mientras pasamos unos minutos analizando este gran pasaje, quiero que vean las cumbres espirituales que sobresalen de las nubes de este oscuro entorno. Entre esas nubes se puede ver: La gran necesidad desesperada de héroes espirituales que se opongan a la marea de la herejía y la apostasía. La necesidad de que el pueblo de Dios evalúe su lealtad al Señor y determine dónde se encuentra realmente cuando se trata de estar del lado del Señor. La necesidad de una voluntad por huir del mal que nos rodea y ser un pueblo apartado para la gloria del Señor. La necesidad de una voluntad de renovar nuestro compromiso con el Señor y colocarlo por encima de todas las demás actividades, intereses y lealtades. Con estas verdades claramente expuestas en el texto que tenemos ante nosotros, examinemos más de cerca ese gran día en el que se produjo el enfrentamiento en el Monte Carmelo. Al examinar este pasaje, tomémonos el tiempo para permitir que el Señor hable a nuestro corazón y revele cosas que podrían no ser como deberían ser, ya sea en nuestra vida personal y privada, o en la vida de nuestra congregación. Después de eso, veremos rápidamente que para aquellos que están dispuestos a obedecer al Señor y seguirlo con determinación, existe la gran promesa de Su presencia, poder y ministerio personal en y a través de nuestras vidas. Con todo esto en mente, unámonos a Elías y consideremos el enfrentamiento en el Monte Carmelo.

  34. 59

    El vocabulario de la alabanza (Romanos 16:24-27)

    Al concluir su carta a Roma, Pablo se llena de alabanzas al Señor por sus bendiciones, hasta el punto de prorrumpir en una “doxología”. Ahora, hoy en día, algunas iglesias cantan el himno que se conoce como, “La Doxología”. Dice así: “A Dios el Padre Celestial. Al Hijo nuestro redentor, y al eternal consolador, unidos todos alabad”. Las iglesias cantan la Doxología y esa es prácticamente toda la alabanza que le dan al Señor. La cantan como parte del ritual de su adoración. Ahora bien, no hay nada de malo en cantar esa canción. ¡La pueden cantar todos los domingos si así lo desean! Pero, la verdadera alabanza surge del corazón. Brota dentro del adorador y estalla para gloria de Dios. La Biblia está llena de este tipo de alabanza y adoración. Por ejemplo, cada libro de los Salmos termina con una doxología (cf. Salmo 41:13; 72:18-19; 89:52; 106:48; 150:1-6). El Nuevo Testamento también contiene muchos himnos espontáneos de alabanza (cf. Lucas 2:13-14; 19:37-38; Mateo 6:13; Romanos 11:33-36; Efesios 3:20-21; Hebreos 13:20-21; Apocalipsis 5:8-11; 19:1-2). ¿Entienden la idea? Muchas veces, en la Palabra de Dios, los autores bíblicos estaban tan abrumados por el amor hacia su Señor que simplemente tenían que alabarlo. Esto parece ser lo que está sucediendo aquí. Según el versículo 22, de Romanos 16, fue Tercio quien escribió la carta, siendo dictada por Pablo. Sin embargo, es muy probable que estos últimos versículos hayan sido directamente escritos por el apóstol. Quiero que meditemos en esta doxología esta mañana. Mientras lo hacemos, hay tres palabras que Pablo usó y que quiero señalar. Estas palabras forman el vocabulario de alabanza del apóstol Pablo. Estas tres palabras también nos dan una razón suficiente para alabar al Señor por nosotros mismos. Así que, con la ayuda de Pablo, aprendamos el vocabulario de alabanza y luego decidamos usarlo para su gloria mientras pasamos por este mundo

  35. 58

    Los que provocan divisiones y obstáculos contra la doctrina (Romanos 16:17-20))

    Desde que la iglesia se formó, ha estado plagada de alborotadores. Estas personas han deseado ver a la iglesia destruida o verla moldeada a su propia voluntad. Esto no debe ser una sorpresa, después de todo, Jesús mismo predijo el surgimiento de falsos maestros en la iglesia, Mateo 7:15, “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”. Incluso en los primeros días de la iglesia, el apóstol Pablo dijo: “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.” (Hechos 20:29-30). Bueno, hermanos, después de tantos años, los alborotadores todavía están con nosotros. Así es, todavía hay quienes dentro y fuera de la iglesia trabajan en contra del plan de Dios y buscan moldear la iglesia a su voluntad. Ahora, para que no se preocupen, este mensaje está diseñado para prevenir. Hasta donde sé, no hay alborotadores aquí. Sin embargo, ¡la mejor ofensiva es una buena defensa! Por lo tanto, nos hará bien esta mañana, escuchar lo que dice la Biblia sobre los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina del Señor. Para que, cuando surjan, podamos identificarlos y asestarles un golpe mortal antes de que se produzcan daños graves en la congregación. Otro beneficio de analizar un tema como este, es que podemos evitar que nuestra concupiscencia nos arrastre a causar problemas en la casa de Dios. Veamos lo que Pablo tiene que decir sobre los que provocan tropiezos en contra de la doctrina de Cristo.

  36. 57

    El amor de Pablo por los santos (Romanos 16:5-13, 21-23).

    Al llegar al final del libro de Romanos, Pablo concluye con una lista de nombres bastante larga. De hecho, en estos versículos se mencionan 35 nombres. También se dirige a dos hogares diferentes y al menos a tres iglesias. Muchas personas podrían leer esta lista y concluir que no contiene nada de valor. Pero la verdad es muy diferente. Lo que tenemos aquí es al gran apóstol Pablo haciendo un esfuerzo por agradecer a quienes han tenido un impacto en su vida y ministerio. ¡Qué bendición es cuando recordamos a quienes han hecho una diferencia en nuestras vidas! Creo que sería una gran idea si todos hiciéramos una lista de aquellos que nos han ayudado a lo largo del camino. Luego, sentarnos para escribirles una nota para agradecerles por su contribución a nuestras vidas. Tal vez podríamos tomar el teléfono y llamarlos. ¡O tal vez deberíamos simplemente levantarse y caminar hacia ellos y decirles gracias! Lo que Pablo está haciendo se resume en el versículo 15. Envía saludos a “todos los santos que están con ellos”. No quiere dejar a nadie fuera, pero quiere enviar un agradecimiento especial a cada santo que ha sido una bendición para él. Ahora, solo como recordatorio, un santo no es una persona que murió hace mucho tiempo y que hizo mucho bien mientras estuvo en el mundo. Un santo no es una persona que vive una vida extraespecial. Un santo es una persona que ha sido salva por gracia y está en la familia de Dios. Cada persona que ha obedecido el evangelio de Cristo es un santo de Dios. Tomemos unos minutos para revisar esta lista de nombres. Al hacerlo, descubriremos que detrás de cada nombre hay una historia especial. En cada vida hay algo que hace que esa persona sea grande en el reino de Dios. Por cierto, ¡lo mismo podría decirse de usted! Cuando el Señor le salvó, le hizo especial. ¡No hay nadie más en la familia de Dios que sea como usted! Como tal, mereces un saludo especial esta mañana. Veamos estos versículos juntos y pensemos durante unos minutos sobre el amor de Pablo por los santos.

  37. 56

    Una familia de fe (Romanos 16:3-5)

    Una persona no puede leer la Biblia sin encontrarse con varias familias maravillosas mencionadas en sus páginas. Encontramos esa pequeña familia en Betania formada por Lázaro y sus hermanas María y Marta. Ellos fueron una gran bendición para el Señor Jesús. Está la madre y la abuela de Timoteo, Eunice y Loida, y el gran impacto que tuvieron en el joven Timoteo. Está la familia de María y José, donde el Señor Jesús creció y vivió sus primeros años. ¡Qué familia debe haber sido aquella! En el texto que hemos leído hoy, se nos invita a examinar otra gran familia. Hasta donde sabemos, esta familia estaba formada únicamente por marido y mujer. Sus nombres eran Aquila y Priscila. Esta pareja es una de las familias más grandes registradas en la Palabra de Dios. Se menciona a estos miembros 6 veces, en 4 libros de la Biblia. Cada vez, son mencionados por el propio Pablo, lo que indica que fueron especiales para su vida y ministerio. Si nos tomamos el tiempo de investigar los pasajes dedicados a esta familia especial, veremos los atributos que los hacen destacar entre las familias de su tiempo. Esta mañana quiero predicar sobre ellos, sobre “Una familia de fe”. Quiero tomar las experiencias y el testimonio de la Biblia acerca de Aquila y Priscila, y mostrar los atributos que ellos poseían y que los hacen sobresalir como una familia de distinción. ¿Qué nos dice la Biblia sobre ellos? ¿Qué clase de familia son?

  38. 55

    Les presento a una mujer piadosa (Romanos 16:1-2)

    Las páginas de la Biblia están llenas de los nombres de muchas grandes mujeres. Por ejemplo, está María, la madre del Señor Jesús. Están Eunice y Loida, quienes enseñaron al joven Timoteo el camino de la salvación. Está Lidia, la comerciante de Tiatira, quien se convirtió bajo el ministerio de Pablo y fue muy utilizada por el Señor. El libro de los Hechos habla de una mujer llamada Dorcas. Ella era una mujer talentosa que atendió las necesidades de la iglesia y fue resucitada de entre los muertos por Pedro. Luego, en este capítulo de Romanos, se nos presenta a una mujer llamada Febe. Ella es una mujer especial, que demuestra los atributos de santidad, servicio y dedicación que deben distinguir a todas las verdaderas mujeres del Señor. Esta mujer fue una gran sierva de la iglesia primitiva. Hay una declaración en algunas Biblias (King James 1611 Y Biblia del Oso) después del versículo 27 que dice lo siguiente: “Escrita a los Romanos desde Corinto, y enviada por Febe, sierva de la iglesia de Cencrea”. Cuando dejó a Pablo en Corinto para ir a Roma, llevaba en los pliegues de su manto la más grande declaración de doctrina que el mundo jamás había presenciado. Evidentemente, era una sierva muy estimada y de mucha confianza en la iglesia primitiva. Lo que tenemos en estos dos primeros versículos es una carta de recomendación. La palabra “recomendar” significa “presentar o recomendar a otro”. Pablo se toma el tiempo de presentar a Febe a los creyentes de Roma. Quiere que sepan que ella es muy especial y que será una bendición para ellos. Parece que, en aquellos días, cuando una persona dejaba una iglesia para ir a otra, llevaba consigo una carta de recomendación de la iglesia de origen. Todavía lo hacemos hoy, hasta cierto punto. Aunque no lo hacemos tan bien como deberíamos. Cuando alguien deja esta congregación para ir a otra, ¡debemos decirle a la iglesia a la que fue la verdad sobre él! De esa manera, se podrían presentar buenos hermanos e identificar a los alborotadores e infieles. Eso podría reducir muchos problemas y terribles cambios que se están dando en muchas iglesias. De aquí algunos se han ido a otras congregaciones, o a comenzar una congregación nueva; pero no se han ido con nuestra recomendación. De hecho, algunos todavía tienen su membresía aquí, mientras se reúnen en otra congregación. Otros se han ido cortados de comunión y, sin embargo, las iglesias así los reciben y comulgan con ellos, lo cual es pecado. La Biblia dice, “ni participéis en pecados ajenos” (1 Timoteo 5:22). Es cierto que habrá circunstancias por las cuales tengamos que cambiar nuestra membresía a otra congregación; pero, dichos cambios deben ser necesarios y con toda honestidad. En tal caso, la iglesia siempre recomendará a los tales, como hizo Pablo con la hermana Febe. Así que, esta mañana nos centraremos en la brillante carta que lleva Febe. Pablo la presenta a la iglesia de Roma y es esa presentación la que quiero analizar hoy. En estos dos versículos, veo un retrato de una mujer piadosa. Observaremos tres palabras que se utilizan para describir a Febe en estos versículos. Acompáñenme a meditar en tales palabras, mientras “Les presento a una mujer piadosa”.

  39. 54

    Reflexiones a los efectos de la ignorancia (Oseas 4:6)

    Una meditación sobre los efectos de la ignorancia de Dios por parte del Pueblo de Israel.

  40. 53

    Una petición de oración (Romanos 15:30-33)

    Pablo fue sin duda uno de los más grandes, si no el más grande cristiano que jamás haya vivido. Fue un hombre de poder que fue utilizado por Dios de maneras magníficas. Vio al Señor obrar más milagros y salvar más almas de las que usted y yo probablemente veríamos en varias vidas. Uno pensaría que un hombre de su estatura no habría necesitado a nadie, ni a nada. Sin embargo, ese no es el caso. Varias veces, en los escritos de Pablo (cf. 1 Tesalonicenses 5:25; 2 Tesalonicenses 3:1; Hebreos 13:18), se le encuentra pidiendo al pueblo de Dios que ore por él. Aquí tenemos a un hombre que está en la cima, espiritualmente hablando, pero siente la necesidad de que los hijos de Dios luchen por él en oración. Sin embargo, aquí tenemos a un hombre que es profundamente consciente del beneficio de que los santos de Dios lo levanten en oración. Cuando Pablo pide que oren por él, nos está mostrando uno de los mayores privilegios que tenemos como cristianos. Tenemos el privilegio de ser parte del ministerio y la obra de otros. Cuando oramos por ellos y los llevamos a ellos y sus necesidades ante el Señor, tenemos parte en su ministerio. Así que, mientras Pablo pide que la gente lo apoye, también los invita a unirse a él mientras sirve al Señor. En la iglesia del Señor se han levantado hombres sumamente valiosos para la obra de Dios; sin embargo, detrás de cada uno de ellos hubo personas que oraron y tocaron el cielo en su nombre. Puede que no recordemos los nombres de los compañeros de oración, pero cuando se entreguen las recompensas en el Tribunal de Cristo, aquellos que trabajaron en secreto recibirán tanto como aquellos que trabajaron en el campo. Veamos la súplica final de Pablo a los cristianos romanos. ¡Es posible que este mensaje nos recuerde la importancia de la oración intercesora y que nos pongamos a orar por las necesidades de las vidas de quienes nos rodean! Vemos entonces, lo que nos dice la Escritura mientras meditamos en el tema, “una petición de oración”.

  41. 52

    ¿Cómo reconocer a un predicador del evangelio? (Romanos 15:18-21)

    Ya hemos visto en este capítulo que Pablo era un ganador de almas. Tenía un corazón para los perdidos e hizo todo lo que pudo para alcanzarlos para Jesús. En este pasaje, Pablo se describe a sí mismo como un predicador del evangelio. Hay un sentido en el que estas palabras son intercambiables. Sin embargo, hay otro sentido en el que no lo son. En este segundo sentido, un ganador de almas es alguien que alcanza a los perdidos donde vive, en su comunidad, en su familia, en su lugar de trabajo. Un predicador, por otro lado, es alguien que ha sido enviado por el Señor a un círculo diferente al que comúnmente vive. Ahora bien, para que una iglesia sea considerada una verdadera iglesia del Nuevo Testamento, esa iglesia debe estar comprometida con la tarea de llevar a cabo la Gran Comisión. Esto implica que demos testimonio donde estemos y, desde allí, alcancemos a todo el mundo. Debemos participar activamente en la predicación del evangelio donde estemos, y aunque abarque a todo el mundo. Este es el mandato del Señor Jesús (cf. Hechos 1:8). Así que, ya sea que estemos en casa, en el trabajo, en otra colonia, en otra ciudad o en otro país, debemos ser ganadores de almas, debemos predicar el evangelio. Este era el corazón de Pablo y es el corazón que debe estar dentro de cada uno de nosotros. Quiero tomarme unos minutos para mirar este pasaje y decirles cómo reconocer a un predicador del evangelio. Pablo nos dice los rasgos por los cuales se reconoce a un predicador genuino del Nuevo Testamento. Así que, mientras oímos las verdades que Pablo nos comparte aquí, examinemos nuestros corazones y veamos si estos rasgos son ciertos en nuestro caso también.

  42. 51

    El ganador de almas (Romanos 15:14-17)

    Estamos entrando en la sección final del libro de Romanos. A lo largo de este gran libro, Pablo ha estado tratando los grandes temas doctrinales de la fe. Ha tocado una nota tan clara y tan poderosa que no se puede discutir su lógica ni dudar de sus conclusiones. Ahora, a medida que se acerca el final de su carta, comienza a hablar de cosas que son de naturaleza personal. Antes de terminar, Pablo quiere compartir su corazón y sus motivos para el servicio con los creyentes en Roma. Una de las grandes cosas que queda clara acerca de este hombre en este pasaje, es el hecho de que tiene un corazón para los perdidos. Pablo fue un gran predicador, de eso no hay duda. Pablo fue un escritor prolífico. Después de todo, su pluma nos dio 14 de los 27 libros del Nuevo Testamento. Pablo fue un evangelista pionero. Viajó de un lugar a otro iniciando iglesias y alimentando las ovejas del Señor. Sin embargo, a través de todo esto estaba el hecho de que Pablo tenía un deseo profundo y ardiente de ver a los hombres salvos. A dondequiera que este hombre viajó, habló a la gente acerca de Jesús. Cuando fue encadenado como prisionero de Roma, Pablo estaba hablando a los hombres acerca de Jesús. Cuando estuvo ante reyes y gobernantes del mundo, les habló de Jesús. Cuando se encontró con un grupo de mujeres orando junto a un río (cf. Hechos 16), les habló de Jesús. El corazón de Pablo estaba encendido con el mensaje del Evangelio. Quería que los hombres conocieran al mismo Jesús que él mismo conocía tan bien. En los versículos que hemos leído, el corazón de Pablo se vuelve un ganador de almas y se vuelve muy claro. Mientras comparte sus pensamientos personales con nosotros, también pinta un retrato de lo que es un ganador de almas. Nos dice cómo reconocer a un ganador de almas. Ahora bien, puedo estar equivocado, pero creo que dentro del corazón de cada persona que es salva por gracia, ¡está el deseo de ver a los hombres salvos! ¡Sé que eso es lo que quiero! Creo que eso es lo que usted también quiere. Si ese es el caso, entonces miremos dentro del corazón del gran Apóstol y aprendamos cómo reconocer a un ganador de almas. Veamos si somos el tipo de personas que Dios puede usar para ser personas útiles en la obra de Dios.

  43. 50

    Bendiciones para una vida abundante (Romanos 15:8-13)

    Leí una historia que tenía que ver con dos pueblos que estaban ubicados en una montaña. Uno de estos pueblos obtenía agua de un manantial que descendía de la montaña. Lamentablemente, en los meses de verano, cuando el clima era muy seco, el agua menguaba hasta que apenas llegaba un hilo de agua para el pueblo. El agua es tan escasa que apenas alcanza para mantener viva al pueblo hasta que llegan los días húmedos. En el centro del otro pueblo hay una fuente de la que siempre brota agua suficiente para calmar la sed y sustentar la vida. Se trata de un pozo artesanal, de donde sigue brotando agua por muy secos que puedan llegar a ser los meses de verano. Este pueblo siempre tiene agua en abundancia para todas sus necesidades, que alcanza incluso para otros que no son de ese pueblo. Estos dos pueblos representan una parábola para nosotros. Estos pueblos representan dos tipos de vida. Una es la vida de algunos que, como el pueblo arriba en la montaña, viven con un pequeño arroyo que mengua y gotea, y que apenas da evidencia de su existencia. Otros viven una vida que rebosa de bendiciones espirituales, tales como paz, alegría y poder. ¿Cuál de esos dos pueblos representa su propia vida? Cuando Jesús estuvo aquí en la tierra, dijo que vino a darnos vida, y “vida en abundancia” (Juan 10:10). Esta es una vida que rebosa de todas las bendiciones del Espíritu de Dios. Nos dice que cuando confiemos en Él, seremos como ese pozo artesanal. Nuestra vida literalmente brotará con el desbordamiento de Su obra dentro de nosotros (cf. Juan 4:14). ¿Qué escena representa con mayor precisión el tipo de vida que estamos viviendo? El cristiano muerto y seco es una contradicción por su propia naturaleza. Jesús no nos salvó para que seamos apáticos, secos, aburridos y apenas nos aferremos a la vida espiritual. Él nos salvó para ser llenos de su gloria, su paz y su gozo. Él nos salvó para que sobreabundemos en generosidad espiritual (cf. Efesios 1:3). Según ese texto, Él ya nos ha dado todo lo que necesitamos para disfrutar abundantemente de la vida en Cristo. Lo que debemos hacer es aprender a apropiarnos de lo que el Señor ya nos ha dado. Algunos ejemplos de este tipo de vida son los Apóstoles de nuestro Señor. Antes de ser llenos del Espíritu, eran propensos al fracaso, a los celos mezquinos y a otros pecados de la carne. Sin embargo, después de Pentecostés, ¡fueron hombres transformados! Estaban llenos de poder y gozo. Incluso en las horas más oscuras, pudieron descansar en su fe en el Señor (cf. Hechos 12:6). Estos fueron hombres que tuvieron gozo a pesar de la persecución. Vivieron una vida de abundantes bendiciones espirituales. Esa es una vida que está disponible para cada uno de los hijos de Dios.   ¡Sí, incluso para usted! Nuestro texto en Romanos 15:8-13, nos dice algo acerca de cómo recibir esa vida abundante. Se nos dice que hay dos bendiciones realizadas en nuestro nombre que hacen posible la vida abundante.

  44. 49

    La tolerancia del cristiano (Romanos 15:1-7)

    A partir del capítulo 13 de Romanos, Pablo ha estado hablando de que debemos relacionarnos con los creyentes que nos rodean. Hemos aprendido que, como creyentes, debemos amarnos unos a otros, ayudarnos unos a otros y aceptarnos unos a otros. Esta sección sirve como clímax de esos pensamientos. Aquí aprendemos que debemos tener un espíritu de tolerancia hacia nuestros hermanos en Cristo. No sé si lo ha notado o no, pero todos somos diferentes. Venimos de diferentes lugares, con diferentes orígenes y diferentes tipos de educación. Si no tenemos cuidado, podemos permitir que las diferencias que hemos tenido se conviertan en un problema en la confraternidad. Podemos mirar a un hermano que tiene ideas diferentes a las nuestras y podemos concluir que simplemente no tendremos comunión con ellos porque nos parecen extraños. Sin embargo, son nuestras diferencias las que hacen posible la iglesia. Si todos fuéramos iguales, este sería un lugar aburrido, pero el hecho de que seamos diferentes permite que la iglesia sea un lugar donde personalidades únicas se encuentran y producen una dinámica que no se puede encontrar en ningún otro lugar del mundo. Tomemos como ejemplo una banda. En esa banda hay todo tipo de instrumentos, suenan diferentes, se ven diferentes y todos se tocan de diferente manera. También tenemos todo tipo de músicos, que tienen todo tipo de hábitos distintos de interpretación. Sin embargo, cuando todo esto se junta, y todos siguen al líder y permanecen juntos, pueden producir una música que sea agradable o hermosa. Este es el deseo del Señor para la iglesia. Cuando permitimos que el Espíritu del Señor opere en la iglesia, nos amaremos, respetaremos y toleraremos unos a otros, y produciremos una sinfonía de armonía que el mundo no puede duplicar. Pero, eso solamente será posible cuando todos amemos al Señor como debemos. Cuando se le permite liderar, como debería, habrá paz, armonía y poder en la iglesia. Hoy en día se habla mucho en el mundo de la tolerancia. Significa que debemos respetar y tolerar a otras personas independientemente de lo que hagan en la vida. Por ejemplo, si una persona es abiertamente homosexual, se supone que el resto del mundo debe honrarla y fomentar su estilo de vida. Eso es lo que el mundo entiende por tolerancia. Bueno, mis estimados hermanos y amigos, como hijos de Dios, ¡hay algunas cosas que simplemente no podemos tolerar! Lo que estoy predicando esta mañana, es una actitud dentro de la iglesia que acepta las diferencias personales de nuestro hermano en Cristo. Una actitud que los ama tal como son, incluso cuando no estamos de acuerdo, ¡o incluso cuando se equivocan! Quizás no podamos apoyar su punto de vista, ¡pero, aun así, podemos practicar el amor hacia ellos! Ese es el tema de este pasaje. Tomemos unos minutos esta mañana para examinar estos siete versículos y analizar El cristiano tolerante. ¡Esto es algo importante, ya que nos enseñará cómo vivir unos con otros!

  45. 48

    Nuestra libertad en Cristo (Romanos 14:13-23)

    Hay un versículo en el Nuevo Testamento que es una bendición para cada cristiano. Gálatas 5:1 y dice: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”. Básicamente, este versículo nos dice que estamos libres de la esclavitud de la Ley. Como cristianos, no debemos permitir que nos obliguen a vivir bajo un conjunto de reglas ideadas por los hombres. Esta es una clara condena del legalismo. Significa que cuando llegamos a la fe en Cristo, fuimos libres (cf. Juan 8:36). Nadie tiene derecho a imponer sus reglas en nuestras vidas. Somos libres de vivir para Dios según nos guíe el Espíritu del Señor. En otras palabras, no hay lugar para el legalismo en la iglesia de Jesucristo. En Jesús tenemos libertad perfecta y absoluta. La libertad se define como La condición de estar libre de restricción o control. El derecho y el poder de actuar, creer o expresarse de la manera que uno elija. Hay quienes escuchan eso y piensan que tienen derecho a vivir como quieran. Y tienen razón, dentro de lo razonable. Esto es lo que Pablo dijo sobre el asunto: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero yo no me dejaré dominar de ninguna. ” (cf. 1 Corintios 6:12). En pocas palabras, Pablo dice que uno puede hacer lo que quiera, pero que debe evitar aquellas cosas que tienen el potencial de controlar su vida. Esto se referiría a cosas como el alcohol, las drogas y las adicciones sexuales. En otro pasaje dice esto: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica” (1 Corintios 10:23). Nuevamente, Pablo hace la declaración de que puede hacer lo que quiera, pero que debe evitar aquellas cosas que no “edifican”. Esta palabra significa “edificar o promover el crecimiento en Cristo“.   La idea de Pablo es que tenemos libertad y podemos hacer lo que queramos, pero esa libertad debe estar bajo el poder de Jesucristo. Si bien somos libres de vivir para el Señor, sin las restricciones de la Ley o de las reglas y regulaciones creadas por el hombre, solo somos libres de hacer aquellas cosas que edifican a los demás o que no nos quitan la libertad. Este es el mensaje que Pablo intenta transmitir en estos versículos. Él quiere que sepamos que somos libres, pero que tenemos un deber para con nuestro hermano en la fe. Mientras vivimos nuestras vidas, siempre tenemos a nuestros hermanos y hermanas en nuestros corazones. Debemos recordar que somos una piedra de tropiezo o un trampolín para quienes nos rodean. Todo lo cual depende de cómo vivamos nuestra vida ante los demás. Nuevamente, en Gálatas 5, Pablo hace la siguiente declaración: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (v. 13-14). Entonces podemos ver que somos libres en Cristo. Gracias a Dios que ni la Ley ni ninguna regla hecha por hombres tienen autoridad sobre nosotros esta mañana. ¡Alabado sea Dios! Debemos regocijarnos en esa libertad. Sin embargo, al mismo tiempo, nunca debemos olvidar que, si bien somos libres, nuestra libertad está condicionada por cómo afecta a quienes nos rodean. Con eso en mente, dirijamos nuestra atención a estos versículos y hablemos por un momento sobre “nuestra libertad en Cristo”.

  46. 47

    ¿A qué hermanos podemos recibir?

    En Romanos 14:1-12, el apóstol Pablo aborda una cuestión que estaba provocando conflictos entre cristianos judíos y gentiles. Estas cuestiones tenían que ver con ciertos alimentos, y con guardar o no guardar ciertos días de la semana para la gloria de Dios. Sin embargo, desde un inicio, Pablo les dice que estas cosas son cuestiones de opinión. Una vez identificando el fondo del asunto, Pablo insta a los cristianos a recibir mutuamente a aquellos que tienen diferentes opiniones sobre ciertos asuntos no esenciales de la fe. Él advierte contra el juicio y la condenación hacia los demás, recordando que todos los creyentes son siervos de Dios y serán juzgados solo por Él. Pablo enfatiza la importancia de vivir en paz y armonía, evitando causar tropiezo o dolor a otros por cuestiones que son indiferentes para Dios. En última instancia, cada individuo rendirá cuentas a Dios, y Él es el único juez justo. Por lo tanto, Pablo insta a los creyentes a concentrarse en vivir para agradar a Dios y a buscar la paz y la edificación mutua. Sin embargo, hoy vamos a considerar algunas verdades importantes que nos involucran a nosotros. Ciertamente que entre nosotros no tenemos problemas con respecto a comidas o días de la semana; pero, hay verdades que debemos tener presentes, aunque tales controversias no existan. Esto lo haremos, respondiendo la pregunta, “¿A qué hermanos podemos recibir?”

  47. 46

    El deber espiritual del cristiano (Romanos 13:11-14).

    Habiendo comenzado este capítulo hablando sobre el deber secular del creyente, Pablo ahora dirige su atención al deber espiritual del creyente mientras vive su vida diaria. Si bien el gobierno aprueba leyes diseñadas para proteger y controlar la sociedad, el cristiano todavía tiene el deber de vivir la vida de Cristo a su paso por este mundo. Ese es el énfasis de estos versículos. Si estuvo atento mientras leíamos el texto, notará que Pablo da la impresión de ir muy a prisa, dando a sus palabras un matiz de urgencia. Pablo nos está diciendo que los deberes mencionados aquí no deben posponerse para otro día, sino que deben cumplirse todos los días mientras el cristiano vive su vida en el mundo. Esta mañana, entonces, tomaremos unos minutos para considerar el deber espiritual del cristiano. Y aunque es posible que usted descubra que está cumpliendo bien con su deber, quizás también llegue a darse cuenta de que hay ciertas áreas de su vida que necesitan atención.

  48. 45

    El deber secular del cristiano (Romanos 13:1-10).

    Hay tres instituciones que han sido ordenadas por Dios en este mundo, cada una con niveles de sujeción y autoridad. Estas tres instituciones son: 1. La Familia: Es una pequeña comunidad de personas relacionadas que tienen como interés el cuidado mutuo unos de otros. Entre ellos hay compañerismo, trabajo y provisión. También hay sujeción y autoridad. Dios ha designado al marido como cabeza de familia, y la esposa debe sujetarse a él. Los hijos, a su vez, deben estar sujetos a los padres. Esto contribuye a un hogar feliz. Cuando las cosas están fuera de lugar, se produce confusión y agitación en la familia. 2. La iglesia local: Esta es una pequeña comunidad de creyentes en el Señor Jesucristo, cuyo interés es la adoración y el servicio a Dios, así como el cuidado mutuo unos de otros. La cabeza de la iglesia es el Señor Jesucristo, y toda la iglesia debe someterse a su liderazgo. Bajo Él se encuentran los pastores, los diáconos y los demás miembros de la congregación (cf. Filipenses 1:1). Cuando se mantiene el orden de Dios en la iglesia, hay bendición y armonía; cuando se viola ese orden, surge la división y el dolor. 3. El Gobierno: Es una comunidad más amplia de personas reunidas bajo un liderazgo central, con el interés del bienestar mutuo de todos los ciudadanos. La sujeción de los ciudadanos a las autoridades del gobierno producirá una sociedad tranquila. Es la última de estas tres instituciones la que se tiene en cuenta en estos versículos. Dado que somos parte de una sociedad secular, tenemos ciertas responsabilidades hacia esa sociedad. En el capítulo 12, Pablo habló extensamente de nuestros deberes a nivel espiritual y social. En este capítulo, centra su atención en cuestiones seculares. Se enfoca en cómo nos relacionamos con aquellos que están fuera de la iglesia, especialmente aquellos que nos gobiernan en la sociedad, lo cual es un asunto muy importante. Esta mañana tomemos unos minutos para analizar el deber secular del cristiano.

  49. 44

    Considerando a los hermanos (Romanos 12:9-21).

    Todo este capítulo es un ruego para que los creyentes vivan vidas que agraden al Señor. Los versículos 1 y 2 tratan de tener en consideración al creyente. Debemos considerar nuestra propia vida y llevarla a donde realmente necesita estar. Los versículos 3-8 tratan de pensar en el cuerpo. Tienen que ver con nuestro lugar, en todo el cuerpo de Cristo. Son un desafío para que cumplamos el papel que Dios nos ha asignado de ser aquello para lo que el Señor nos ha salvado. Los versículos 9-21 continúan el tema que Pablo aborda en este capítulo. Ahora va a hablar un momento sobre considerar a los hermanos. Estos versículos están llenos de desafíos para que los hijos de Dios vivan juntos, ante el Señor y el mundo, como una familia que honra a Dios. Estos versículos, si se les presta atención y se practican, revolucionarán la vida de todo cristiano. Hay tres pensamientos básicos a la vista cuando consideramos a nuestros hermanos.

  50. 43

    Tengamos cuidado en el cuerpo de Cristo (Romanos 12:3-8).

    Pablo comenzó sus pensamientos en el capítulo 12 tratando con el individuo. Comenzó pensando en el creyente. El énfasis de Pablo allí era lograr que los creyentes entendieran que tenían la obligación para con el Señor de darle lo mejor de su servicio y sacrificio. El resto de este capítulo está dedicado al deber individual del creyente, hacia y a su lugar en todo el cuerpo de Cristo. Al considerar las palabras de Pablo en nuestro texto, encontramos que hay tres observaciones que todo creyente debe hacer con respecto a dónde encaja en el plan de Dios para el cuerpo de Cristo. Permítanme compartir con ustedes esas tres observaciones, mientras consideramos el tema, “tengamos cuidado en el cuerpo de Cristo”.

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La iglesia de Cristo en Juárez le invita a sus actividades en la calle Juan J. Méndez 7744, Colonia Constituyentes, en Ciudad Juárez, Chihuahua, México. Domingos 10 de la mañana.

HOSTED BY

Lorenzo Luévano

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