EPISODE · Dec 20, 2016 · 18 MIN
06 EOC 126 seg 6 el cascanueces y el rey de los ratones
from Entre Otras Cosas
El cascanueces y el rey de los ratones (en alemán: Nussknacker und Mausekönig) es un cuento escrito por Ernst Theodor Amadeus Hoffmann en 1816. La historia trata sobre el nuevo juguete de la joven Marie Stahlbaum, el Cascanueces, recibido la noche de Navidad que cobra vida y, después de derrotar al Rey Ratón tras una dura batalla, la lleva a un reino mágico poblado por muñecos. En 1892 el compositor ruso Pyotr Ilyich Chaikovsky y los coreógrafos Marius Petipa y Lev Ivanov, basándose en una adaptación titulada El cuento del cascanueces que había escrito Alejandro Dumas, convirtieron esa historia en el ballet El Cascanueces , que se ha convertido quizá en el más popular de todos los ballets. Su autor Ernst Theodor Amadeus Hoffmann (Königsberg,1 24 de enero de 17761 - Berlín, 25 de junio de 18222 ), escritor, jurista, dibujante y caricaturista, pintor, cantante (tenor) y compositor musical prusiano, que participó activamente en el movimiento romántico de la literatura alemanaNació en Königsberg, en la Prusia Oriental (actualmente Kaliningrado, en Rusia), en una familia de origen polaco y húngaro.1Tras la separación de sus padres1 en 1778 se crio con la pietista familia de su madre, una mujer enferma y neurótica, integrada por sus dos hermanas y un hermano, su tío, persona dominante con el que no se llevó nada bien y a quien llamaba "Dios mío".. Pese a haber mostrado una precoz disposición para la pintura y la música, al ser hijo y sobrino de juristas Hoffmann se vio obligado por su familia a continuar la tradición y estudiar Derechode ya con treinta años se replanteó su vida y retomó su vocación artística primeriza, viviendo una época de intensa actividad en este campo: creó una orquesta, organizó conciertos y compuso bastante música, aunque se emborrachaba escandalosamente y sus caricaturas le daban algún que otro problema con la autoridad; hubo un breve interludio provocado por la invasión napoleónica de 180622 Su fama se debe más a su obra como escritor que a sus composiciones. Adscrito al Romanticismo, donde más destacó su gran personalidad fue en sus cuentos fantásticos, en los que se mezclan el misterio y el horror, y que han alcanzado fama universal. En ellos crea una atmósfera en ocasiones de pesadilla alucinante, y aborda temas como el desdoblamiento de la personalidad, la locura y el mundo de los sueños, que ejercieron gran influencia en escritores como Victor Hugo, Edgar Allan Poe y el primer Dostoievski. A partir de 1814, año en que aparece su Fantasiestüche, empieza a consagrarse como autor y al tiempo que estrena Undine en Berlín (Provincia de Brandeburgo) acepta el cargo de consejero de justicia del tribunal de la administración prusiana de esa misma ciudad. Escribe su novela gótica más oscura y célebre, Los elixires del diablo. Papeles póstumos del hermano Medardo, un capuchino (1815 1.ª parte; 1816 la 2.ª). Le llega entonces el triunfo y, esclavo de su excesiva sensibilidad, se entrega a una vida desordenada que destruye su salud (enferma de alcoholismo y sífilis) y lo acerca a la locura, aunque siguió ejerciendo como jurista hasta su muerte y no se resintió toda la ingente producción literaria que desarrolló en estos últimos años; incluso, atacado por la parálisis el mismo año de su muerte, 1822, dicta sus obras a secretarios o a su esposa.3 Sus amigos intentan alejarlo del abismo, pero enfrentado a los oficiales prusianos y a la censura y abrumado por la desaparición de su gato "Mürr", se agrava definitivamente su sífilis y deja de escribir. La muerte le sobreviene el 25 de junio de 1822. as historias de Hoffmann son «siniestras», en el sentido que dio Freud a esta expresión: el efecto de horror y extrañamiento que produce la repentina realización en el mundo real de los temores supersticiosos o infantiles. Muchas de sus novelas cortas más famosas fueron reunidas en dos volúmenes bajo el título de Piezas fantásticas (1814-1815), que también contienen una colección de crítica musical y sus propias ilustraciones. El cariz fantástico de la mayor parte de estas obras atestigua la viva imaginación del autor, que se apoya en sus grandes y sutiles dotes de observación. Sueño y realidad se confunden en el espíritu del autor que percibe -como él mismo dejó dicho- las cosas «invisibles para los ojos terrenos». "El Cascanueces y el rey de los ratones"se publicó por primera vez en 1816 y de Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann, dicen cambió su tercer nombre, "Wilhelm", por "Amadeus" en honor a Mozart y de ahí su firma como escritor. La novela infantil tiene 14 capítulos y la subiré por partes. Espero que les guste :D Capítulo I La Nochebuena El día 24 de diciembre los niños del consejero de Sanidad, Stahlbaum, no pudieron entrar en todo el día en el hall y mucho menos en el salón contiguo. Refugiados en una habitación interior estaban Federico y María; la noche se venía encima, y les fastidiaba mucho que —cosa corriente en días como aquél— no se ocuparan de ponerles luz. Federico descubrió, diciéndoselo muy callandito a su hermana menor —de apenas tenía siete años—, que desde la mañana muy temprano había sentido ruido de pasos y unos golpecitos en la habitación prohibida. Hacía poco también que se había deslizado por el vestíbulo un hombrecillo con una gran caja debajo del brazo, que no era otro sino el padrino Drosselmeier. María palmoteó alegremente, exclamando: —¿Qué nos habrá hecho el padrino Drosselmeier? El magistrado Drosselmeier no era precisamente un hombre guapo; bajito y delgado, tenía muchas arrugas en el rostro; en el lugar del ojo derecho llevaba un gran parche negro, y disfrutaba de una enorme calva, por lo cual llevaba una hermosa peluca, que era de cristal y una verdadera obra maestra. Era además el padrino más habilidoso; entendía mucho de relojes de casa: el de Stahlbaum se descomponía y no daba la hora ni marchaba, se presentaba el padrino Drosselmeir, se quitaba la peluca y el gabán amarillo, se anudaba un delantal azul y comenzaba a pinchar el reloj con instrumentos puntiagudos que a la pequeña María le solían producir dolor, pero que no se lo hacían al reloj, sino que le daban vida, y a poco comenzaba a marchar y a sonar, con gran alegría de todos. Siempre que iba llevaba cosas bonitas para los niños en el bolsillo: ya un hombrecito que movía los ojos y hacía reverencias muy cómicas, ya una cajita de la que salía un pajarito, ya otra cosa. Pero en Navidad siempre preparaba algo artístico que le había costado mucho trabajo, por lo cual, en cuanto lo veían los niños, lo guardaban cuidadosamente los padres. —¿Qué nos habrá hecho el padrino Drosselmeier? —repitió María. Federico opinaba que no debía de ser otra cosa que una fortaleza en la cual pudiesen marchar y maniobrar muchos soldados, y luego vendrían otros que querrían entrar en la fortaleza, y los de dentro los rechazarían con los cañones armando mucho estrépito. —No, no —interrumpía María a su hermano—: el padrino me ha hablado de un hermoso jardín con un lago en el que nadaban blancos cisnes con cintas doradas en el cuello, los cuales cantaban las más lindas canciones. Y luego venía una niñita, que llega al estanque y llamaba la atención de los cisnes y les daba mazapán.
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