EPISODE · Jul 1, 2026 · 7 MIN
1365 - Evangelios. La adoración del Hijo de Dios. Mt 14:33
from Descansando en Dios · host Francisco Atencio
1365 – Mt 14:33 – La adoración del Hijo de Dios. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios. En este pasaje de Mt 14:22-33 es la primera vez que los discípulos llegan a reconocer la deidad de Jesús diciendo “Verdaderamente eres Hijo de Dios.” (Mt 14:33). Dios Padre lo había dicho en el bautismo de Jesús: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” (Mt 3:17). Los demonios en Gadara se habían dirigido a Él preguntando ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? (Mt 8:29). Pero los discípulos con todas las demostraciones de poder vistas en los milagros hechos por Jesús no habían concluido ni confesado que su Maestro era el Hijo de Dios. Los discípulos llegan a concluir y confesar que Jesús era verdaderamente el Hijo de Dios porque en Mt 14:22-33 fueron testigos de por lo menos cinco demostraciones o pruebas de la deidad de Jesús. En pocas horas los discípulos fueron testigos de la autoridad divina, el conocimiento divino, la protección divina, el amor divino, y el poder divino de Jesús. Prueba 1: La autoridad divina de Jesús (Mt 14:22-23). “En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de Él a la otra ribera, entre tanto que Él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo.” “En seguida”. Muestra la idea de rapidez, prisa, urgencia. Mateo usa expresión de urgencia y de impulso. Jesús con Su autoridad divina hizo, forzó, constriñó, obligó a los discípulos subir inmediatamente a la barca e iniciar la travesía a la orilla opuesta. ¿Por qué la urgencia? ¿Por qué despedir a las multitudes de esa manera? Podemos tener varias respuestas como que allí no habían podido tener el descanso por la cual Jesús se había apartado a un lugar solitario en el desierto, otra puede ser que no era un lugar adecuado para dormir. Juan nos da la respuesta correcta. La multitud al presenciar el milagro de la alimentación llegó a la conclusión que: “Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.” (Jn 6:14-15). La autoridad de Jesús es sobre toda persona y su juicio final (Jn 5:22). Sobre Satanás y los demonios (ángeles caídos) (Mr 1:27). Sobre ángeles buenos para servirle (Mt 26:53). Enseñando la Palabra de Dios (Mt 7:29). Sobre toda enfermedad (Mt 10:1). Y esta autoridad de Jesús fue otorgada a la iglesia (Mt 10:7-8). Prueba 2: El conocimiento divino de Jesús (Mt 14:24-25).” Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.” Los discípulos ya se encontraban confundidos, frustrados, desilusionados y decepcionados de que Jesús los despidiera. Ahora pasan con temor casi toda la noche por la tormenta que azotaba su barca. Jesús conocía la situación de los discípulos antes que sucediera y no dejo la oración para salir corriendo a ayudarlos. Jesús esperó el tiempo necesario, hasta la cuarta vigilia, tres horas antes del amanecer, demostrando su conocimiento y poder divino. Entonces Jesús movido a misericordia fue en su ayuda “andando sobre el mar”. El Señor conoce nuestras necesidades antes que pidamos (Mt 6:32). Prueba 3: La protección divina de Jesús (Mt 14:26-27). “Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”. Otro temor adicional embargó a los discípulos “dieron voces de miedo”. Pero la presencia y voz de Dios quitó todo temor al usar su nombre divino: “Yo soy“. El nombre de Jesús es sobre todo nombre y tormenta (Ex 3:14; Fil 2:9-11). Somos protegidos con “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Fil 4:7).
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