EPISODE · Jul 5, 2026 · 6 MIN
1368 - Evangelios. La parábola de lo que contamina. Mt 15:10-11
from Descansando en Dios · host Francisco Atencio
1368 – Mt 15:10-11 – La parábola de lo que contamina. Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. El Señor luego de confrontar a los legalistas religiosos escribas y fariseos por seguir tradiciones humanas para evitar contaminarse con la comida, aprovecha para enseñar lo que verdaderamente contamina al ser humano. Dios se preocupa por la contaminación en toda su creación, pero en especial por la corrupción del ser humano, quien está hecho a su imagen, y de manera más especial por la contaminación de sus propios hijos redimidos. Santiago amonesta a los cristianos a mantener “la religión pura y sin mácula” (Stg 1:27), y Pablo advierte contra las conciencias que son débiles y contaminadas (1Co 8:7). Es un asunto muy serio que los cristianos se contaminen, porque sus cuerpos son templos del Espíritu Santo (1Co 3:16-17; 6:19-20). El Señor elogia a la iglesia en Sardis por no haber manchado o contaminado sus vestiduras (Ap 3:4). En el reino celestial eterno no habrá objeto o persona que estén contaminados (Ap 14:4; 21-27). Cristo viene a buscar una iglesia santa y sin mancha porque en la nueva Jerusalén celestial “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.” (Ef 5:27; Ap 21:27). Por lo cual, debemos crecer en la semejanza de nuestro Señor Jesucristo, quien es “santo, inocente, sin mancha” (Ef 4:13; He 7:26). Al igual que el Hijo de Dios, su pueblo debe ser limpio, puro, santo, sin mancha, e irreprensible (2Co 11:2; Ef 5:27; 2Pe 3:14). El corazón del problema (Mt 15:10-11). Jesús explica el problema con una parábola “Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.” La razón porque las cosas externas tienen influencia en nosotros es porque el problema, la corrupción, lo que contamina, ya está dentro de nosotros, en el corazón. “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (Lc 6:45). El problema no es: El esposo desconsiderado que te hace anhelar con todas las fuerzas de tu corazón quedarte viuda. El problema amada hermana es que tienes un corazón homicida. No es el internet que te hace ver la pornografía, es la lujuria de tu corazón. No es el chisme, la murmuración que te gusta, la razón es porque tu corazón es orgulloso, envidioso, y cruel. No es la idolatría, es nuestro corazón idolatra, que nos lleva a idolatrar al hombre, cosas. Dice Paul Tripp en su podcast: “El corazón del problema es el corazón”. Por eso, Jeremías afirma. “Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo? Dios responde: “Yo, el SEÑOR, sondeo el corazón y examino los pensamientos, para darle a cada uno según sus acciones y según el fruto de sus obras.” (Jer 17:9-10). NVI. ¿Cuál es el remedio al corazón perverso? Descansar por fe en Dios (Mt 15:15-18). Los discípulos pidieron a Jesús que le explicara la parábola de lo que contamina. “El les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos. Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.” (Mr 7:18-23).
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