EPISODE · Sep 12, 2017 · 8 MIN
CAPITULO 7. LOS REGALOS DEL REINO. VI. De la vigilancia a la Paz
from CAPÍTULO 7. LOS REGALOS DEL REINO
Es imposible ver a alguien culpable de algo y no ver a Dios culpable de nuestro aparente infortunio. Somos una totalidad y, aunque la percepción parezca que puede estar fragmentada y ser selectiva, es sólo una ilusión. El Amor no se puede fragmentar, ni cambiar, por lo que perdemos la conciencia de lo que somos cuando intentamos ver de forma individual y distinta del resto. El ego o la falsa identidad que inventamos para sustituir a la que compartimos con todos, nos dice que podemos deshacernos de la culpa proyectándola, aunque para ello tengamos que creer que podemos renunciar al poder que tenemos por ser Quien Somos. Al hacerlo, parece que estamos a expensas de lo que nosotros mismos hemos fabricado, pues, además, el ego, en última instancia, nos dice que no somos dignos de Ser Quien verdaderamente Somos. La mente tiene, entonces, un miedo atroz al Creador pues, al identificarnos con la condena del ego, no podemos recurrir a Él en busca de ayuda. Pero el Espíritu Santo fue creado para sacarnos de toda duda, pues Él nos ofrece la salida a esta confusión mental en la que ahora nos encontramos pues hemos dado por válidas tanto las acusaciones del ego o creencias falsas, como al recuerdo de la divinidad que no puede dejar de estar siempre presente. El entendimiento que el Espíritu Santo nos ofrece no acarrea dudas de ningún tipo, pero requiere que, mientras tenga alguna duda de lo que todavía me interesa, me mantenga alerta sólo en favor de los Pensamientos amorosos De Dios. Se requiere un compromiso firme en favor de la Verdad para que pueda dejar de estar alerta. Cuando este momento llega, nuestra Identidad y poder verdaderos se vuelven evidentes, pues nuestro Ser es el Conocimiento De Dios. Conocer a nuestro Padre supone no querer interferir es Su Plan para reinstaurar en nosotros La conciencia de que estamos listos para aceptar nuestra Identidad, pues podemos negar lo que somos, pero no podemos cambiarlo. El ego no es nada, no tiene sentido y no existe! No hace falta tratar de entenderlo, sino que tan solo hay que estar dispuesto a no recurrir a él como interprete adecuado de lo que parece ocurrir. Cuando ya no creamos en la posibilidad de dos maestros , estaremos reconociendo que sólo tenemos una función que es la de Amar y extender el Reino como Dios lo hace. Nunca fue posible la separación y tan solo hay que reconocer su imposibilidad para que deje de ser cierta para nosotros. Somos Uno y lo mismo!
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CAPITULO 7. LOS REGALOS DEL REINO. VI. De la vigilancia a la Paz
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