PODCAST · religion
CAPÍTULO 7. LOS REGALOS DEL REINO
by SOLO EL AMOR ES REAL UCDM
Audios de lecturas y lecturas comentadas de los distintos epígrafes que componen el capitulo para uso del estudiante como material de apoyo
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CAPÍTULO 7. XI. Hilda. El estado de gracia.
Realmente merece la pena estudiar la parte de texto correspondiente para el día de hoy, pues recordar que nuestro estado natural es el estado de gracia, de dicha, de goce,... de que no tenemos nada que temer pues seguimos estando perfectamente unidos a Dios y a toda la Creación, hará que todas nuestras acciones y palabras, al venir de dicho estado mental, sean totalmente inspiradoras también para todos aquellos hermanos con los que interactuemos y nos vengan a la mente, pues, recordemos que no hay encuentros casuales y que en cada encuentro nos encontramos con Dios o nos demoramos en la ilusión! Gracias por hacer de nuestro día un día verdaderamente significativo de Su Mano!
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CAPÍTULO 7. XI. El estado de gracia
La Voluntad De Dios para todos es perfecta felicidad y Su Voz nos lo recuerda. Seguir a Su Voz es fácil pues nos muestra un propósito unificado. Nuestro estado natural es un estado de gracia y tan sólo así podemos vivir en paz aquí, pues hacer real el mundo de ilusiones no reporta dicha sino miedo. Vivimos y nos movemos únicamente en Dios, sólo está idea nos puede brindar felicidad, pues fuera del Reino estamos en el infierno. Ahora podemos escuchar al Espíritu Santo y dejar de juzgar que sí que podemos fabricar un mundo por nuestra cuenta, pues, aunque sea levemente, reconocemos que todos nuestros intentos de inventarnos un mundo de diferencias, grados y categorías distintas al puro Amor, ha sido infructuoso. Ahora podemos reconocer la percepción sana que nos brida Él, pues nos lleva a ver con la Visión de Cristo y ver así la Verdad de la Creación reflejada en este mundo ahora perdonado. Poder ver a Dios en todo lo que vemos hace que no nos sintamos amenazados por lo que es lo mismo. Nos salvamos con nuestros hermanos, pues, o nos salvamos todos o seguimos creyendo que la separación es posible. Habíamos preferido olvidar nuestro poder Creador que reconocer que nos lo estábamos haciendo todo a nosotros mismos. Pero ahora podemos compartir el Ser con todo lo creado y, así, dejar de querer excluir y separar para recordar la Unidad de la Filiación y el estado de perfecta igualdad con todo lo que Es! Gracias, Amado Creador, porque nuestro estado natural sea el estado de gracia!
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CAPÍTULO 7. X. La confusión entre dicha y dolor.
Desear el sistema de pensamiento del ego es consecuencia de que no llegamos a ver, con un solo pensamiento falso, la totalidad de lo que estamos eligiendo, pues lo que elegimos es la muerte. Un solo pensamiento de juicio acarrea la separación de Dios y, por lo tanto, nuestra pérdida de Identidad, pues sólo existimos en completa Unidad con el Padre. Negar que nuestra voluntad sea la De Dios es una locura, pues es negar que nuestra voluntad sea ser felices. Lo que a nosotros, como seres individuales, nos hace felices, es la muerte de nuestra Verdadera Identidad. Hemos creído que hacer lo opuesto a ser felices y amar sin condiciones nos iba a reportar algún beneficio, pero ahora podemos decidir hacerle caso al Espíritu Santo Quien nos recuerda dónde está nuestra verdadera fortaleza sin perder nada, pues no hay nada que perder. Habíamos elegido seguir al ego porque creíamos que ganábamos algo con ello, pero ahora vemos que el único resultado de ello es el miedo. Dios no ha cambiado de parecer con respecto a nosotros que somos Su Voluntad, por ello El confía en nosotros y nos brinda todo Su apoyo a través de Su Voz. Su Voluntad es que no nos hagamos más daño, confundiendo el placer con el dolor, buscando la felicidad en la nada. Los milagros nos enseñan a recordar que es la dicha. Todo lo que se puede compartir es real, pues nos recuerdan el estado de perfecta Unidad, en el que todo lo que damos es a nosotros mismos a quien se lo damos, por lo que no podemos sacrificar nada. Perdonemos hoy, llevemos a cabo nuestro recién recordado propósito, para seguir siendo La Luz que Dios Creó!
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CAPÍTULO 7. X. Hilda-La confusión entre dicha y dolor.
Desear el sistema de pensamiento del ego es consecuencia de que no llegamos a ver, con un solo pensamiento falso, la totalidad de lo que estamos eligiendo, pues lo que elegimos es la muerte. Un solo pensamiento de juicio acarrea la separación de Dios y, por lo tanto, nuestra pérdida de Identidad, pues sólo existimos en completa Unidad con el Padre. Negar que nuestra voluntad sea la De Dios es una locura, pues es negar que nuestra voluntad sea ser felices. Lo que a nosotros, como seres individuales, nos hace felices, es la muerte de nuestra Verdadera Identidad. Hemos creído que hacer lo opuesto a ser felices y amar sin condiciones nos iba a reportar algún beneficio, pero ahora podemos decidir hacerle caso al Espíritu Santo Quien nos recuerda dónde está nuestra verdadera fortaleza sin perder nada, pues no hay nada que perder. Habíamos elegido seguir al ego porque creíamos que ganábamos algo con ello, pero ahora vemos que el único resultado de ello es el miedo. Dios no ha cambiado de parecer con respecto a nosotros que somos Su Voluntad, por ello El confía en nosotros y nos brinda todo Su apoyo a través de Su Voz. Su Voluntad es que no nos hagamos más daño, confundiendo el placer con el dolor, buscando la felicidad en la nada. Los milagros nos enseñan a recordar que es la dicha. Todo lo que se puede compartir es real, pues nos recuerdan el estado de perfecta Unidad, en el que todo lo que damos es a nosotros mismos a quien se lo damos, por lo que no podemos sacrificar nada. Perdonemos hoy, llevemos a cabo nuestro recién recordado propósito, para seguir siendo La Luz que Dios Creó!
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CAPÍTULO 7. VIII. Hilda. La creencia increíble
La ley fundamental del compartir es lo que hizo que pensáramos, en un estado de locura, que podíamos deshacernos de la culpa dándola, pues en el Reino estábamos acostumbrados a dar para poder tener. Siempre estamos dando, pues siempre estamos compartiendo algo, por lo que sí damos la idea de la plenitud que somos, extendemos, pero si damos la idea de la escasez, proyectamos lo que hemos fabricado desde la loca idea de la separación, el principio de escasez. No podemos perder, pero hemos creído que podíamos compartir lo que no es nada y ese intento descabellado es lo que hace que parezcamos estar aquí, en un mundo donde todo parece que se perpetúa mediante los juicios que seguimos usando intentando seleccionar y separar lo que queremos que nos haga felices de lo que creemos que nos daña, como si pudiéramos distinguir, desde este punto individualista, lo que es "bueno" de lo que es "malo". No sabemos nada, pero como este mundo es una ilusión no puede hacernos nada, y tampoco podemos conseguir nada en él para hacernos daño. Tan solo el Espíritu Santo puede hacernos ver que nuestras proyecciones son solo ilusiones que no tienen ningún poder en sí mismas. El ego es el intento de perpetuar una identidad por contraste con el resto, que sea valiosa por la culpabilidad que buscamos encontrar fuera para no verla dentro. La mejor noticia de todas es que la culpabilidad no existe y ahora podemos hacernos responsables de deshacer el ego, pues tan solo tenemos que permitir que el Espíritu nos muestre que es una creencia increíble, ya que implica la creencia de que podamos existir de forma independiente De Dios, nuestra Fuente, nuestro Creador. Tan solo tenemos que aceptar la Expiación para nosotros mismos para reconocer que no podemos estar solos y permitir así que se desvanezca la idea de la separación.
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CAPÍTULO 7. VIII. La creencia increíble.
La ley fundamental del compartir es lo que hizo que pensáramos, en un estado de locura, que podíamos deshacernos de la culpa dándola, pues en el Reino estábamos acostumbrados a dar para poder tener. Siempre estamos dando, pues siempre estamos compartiendo algo, por lo que sí damos la idea de la plenitud que somos, extendemos, pero si damos la idea de la escasez, proyectamos lo que hemos fabricado desde la loca idea de la separación, el principio de escasez. No podemos perder, pero hemos creído que podíamos compartir lo que no es nada y ese intento descabellado es lo que hace que parezcamos estar aquí, en un mundo donde todo parece que se perpetúa mediante los juicios que seguimos usando intentando seleccionar y separar lo que queremos que nos haga felices de lo que creemos que nos daña, como si pudiéramos distinguir, desde este punto individualista, lo que es "bueno" de lo que es "malo". No sabemos nada, pero como este mundo es una ilusión no puede hacernos nada, y tampoco podemos conseguir nada en él para hacernos daño. Tan solo el Espíritu Santo puede hacernos ver que nuestras proyecciones son solo ilusiones que no tienen ningún poder en sí mismas. El ego es el intento de perpetuar una identidad por contraste con el resto, que sea valiosa por la culpabilidad que buscamos encontrar fuera para no verla dentro. La mejor noticia de todas es que la culpabilidad no existe y ahora podemos hacernos responsables de deshacer el ego, pues tan solo tenemos que permitir que el Espíritu nos muestre que es una creencia increíble, ya que implica la creencia de que podamos existir de forma independiente De Dios, nuestra Fuente, nuestro Creador. Tan solo tenemos que aceptar la Expiación para nosotros mismos para reconocer que no podemos estar solos y permitir así que se desvanezca la idea de la separación
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CAPÍTULO 7. IX. La extensión del Reino
Somos el poderoso Hijo De Dios, pero nos hemos limitado sólo para no reconocer nuestra responsabilidad en la fabricación de este mundo. El Espíritu Santo nos recuerda que no tenemos nada que temer, pues Dios no nos quiere castigar, sino que sigamos creando y no le probemos a El de Su Creación y a nosotros de las nuestras. Toda totalidad incluye a Dios y es extendido compartiéndose, dándose. Su Voluntad es extender Su Ser y esa es la Voluntad De lo que Somos, puro espíritu inmortal. No darse es obstaculizar la conciencia de lo que Somos, pues somos pura dicha, felicidad, paz, goce,... Si intentamos excluir a una parte del Reino nos quedamos sin nada, pues la mente que cree estar dividida no puede concebir su plenitud y se vuelve temerosa. Nuestras creaciones están protegidas pues el Espíritu Santo las conoce y las conserva para cuando decidamos recordarlas. Son compartidas, pues en la Verdad todo es de todos, ya que Somos Uno. Nuestra plenitud y esplendor es tal cuando lo reconocemos, que solo podemos Ser lo que Somos, perfecta dicha. Los milagros nos unen al compartir nuestro Ser y extenderlo a la totalidad! Gracias, amados obradores de milagros, por querer recordar la Verdad
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CAPÍTULO 7. IX. Hilda. La extensión del Reino
Somos el poderoso Hijo De Dios, pero nos hemos limitado sólo para no reconocer nuestra responsabilidad en la fabricación de este mundo. El Espíritu Santo nos recuerda que no tenemos nada que temer, pues Dios no nos quiere castigar, sino que sigamos creando y no le probemos a El de Su Creación y a nosotros de las nuestras. Toda totalidad incluye a Dios y es extendido compartiéndose, dándose. Su Voluntad es extender Su Ser y esa es la Voluntad De lo que Somos, puro espíritu inmortal. No darse es obstaculizar la conciencia de lo que Somos, pues somos pura dicha, felicidad, paz, goce,... Si intentamos excluir a una parte del Reino nos quedamos sin nada, pues la mente que cree estar dividida no puede concebir su plenitud y se vuelve temerosa. Nuestras creaciones están protegidas pues el Espíritu Santo las conoce y las conserva para cuando decidamos recordarlas. Son compartidas, pues en la Verdad todo es de todos, ya que Somos Uno. Nuestra plenitud y esplendor es tal cuando lo reconocemos, que solo podemos Ser lo que Somos, perfecta dicha. Los milagros nos unen al compartir nuestro Ser y extenderlo a la totalidad! Gracias, amados obradores de milagros, por querer recordar la Verdad
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CAPÍTULO 7. IX. La extensión del Reino 2/3/17 (2)
Somos el poderoso Hijo De Dios, pero nos hemos limitado sólo para no reconocer nuestra responsabilidad en la fabricación de este mundo. El Espíritu Santo nos recuerda que no tenemos nada que temer, pues Dios no nos quiere castigar, sino que sigamos creando y no le probemos a El de Su Creación y a nosotros de las nuestras. Toda totalidad incluye a Dios y es extendido compartiéndose, dándose. Su Voluntad es extender Su Ser y esa es la Voluntad De lo que Somos, puro espíritu inmortal. No darse es obstaculizar la conciencia de lo que Somos, pues somos pura dicha, felicidad, paz, goce,... Si intentamos excluir a una parte del Reino nos quedamos sin nada, pues la mente que cree estar dividida no puede concebir su plenitud y se vuelve temerosa. Nuestras creaciones están protegidas pues el Espíritu Santo las conoce y las conserva para cuando decidamos recordarlas. Son compartidas, pues en la Verdad todo es de todos, ya que Somos Uno. Nuestra plenitud y esplendor es tal cuando lo reconocemos, que solo podemos Ser lo que Somos, perfecta dicha. Los milagros nos unen al compartir nuestro Ser y extenderlo a la totalidad! Gracias, amados obradores de milagros, por querer recordar la Verdad!
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CAPÍTULO 7. IX. La extensión del Reino 2/3/17 (3)
Somos el poderoso Hijo De Dios, pero nos hemos limitado sólo para no reconocer nuestra responsabilidad en la fabricación de este mundo. El Espíritu Santo nos recuerda que no tenemos nada que temer, pues Dios no nos quiere castigar, sino que sigamos creando y no le probemos a El de Su Creación y a nosotros de las nuestras. Toda totalidad incluye a Dios y es extendido compartiéndose, dándose. Su Voluntad es extender Su Ser y esa es la Voluntad De lo que Somos, puro espíritu inmortal. No darse es obstaculizar la conciencia de lo que Somos, pues somos pura dicha, felicidad, paz, goce,... Si intentamos excluir a una parte del Reino nos quedamos sin nada, pues la mente que cree estar dividida no puede concebir su plenitud y se vuelve temerosa. Nuestras creaciones están protegidas pues el Espíritu Santo las conoce y las conserva para cuando decidamos recordarlas. Son compartidas, pues en la Verdad todo es de todos, ya que Somos Uno. Nuestra plenitud y esplendor es tal cuando lo reconocemos, que solo podemos Ser lo que Somos, perfecta dicha. Los milagros nos unen al compartir nuestro Ser y extenderlo a la totalidad! Gracias, amados obradores de milagros, por querer recordar la Verdad!
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CAPÍTULO 7. IX. La extensión del Reino 2/3/17 (1)
Somos el poderoso Hijo De Dios, pero nos hemos limitado sólo para no reconocer nuestra responsabilidad en la fabricación de este mundo. El Espíritu Santo nos recuerda que no tenemos nada que temer, pues Dios no nos quiere castigar, sino que sigamos creando y no le probemos a El de Su Creación y a nosotros de las nuestras. Toda totalidad incluye a Dios y es extendido compartiéndose, dándose. Su Voluntad es extender Su Ser y esa es la Voluntad De lo que Somos, puro espíritu inmortal. No darse es obstaculizar la conciencia de lo que Somos, pues somos pura dicha, felicidad, paz, goce,... Si intentamos excluir a una parte del Reino nos quedamos sin nada, pues la mente que cree estar dividida no puede concebir su plenitud y se vuelve temerosa. Nuestras creaciones están protegidas pues el Espíritu Santo las conoce y las conserva para cuando decidamos recordarlas. Son compartidas, pues en la Verdad todo es de todos, ya que Somos Uno. Nuestra plenitud y esplendor es tal cuando lo reconocemos, que solo podemos Ser lo que Somos, perfecta dicha. Los milagros nos unen al compartir nuestro Ser y extenderlo a la totalidad! Gracias, amados obradores de milagros, por querer recordar la Verdad!
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CAPÍTULO 7. VII. La totalidad del Reino.
Lectura narrada del epígrafe señalado para uso del estudiante como material de apoyo
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CAPÍTULO 7. VII. Hilda. La totalidad del Reino
Lectura comentada del epígrafe señalado para uso del estudiante como material de apoyo
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CAPITULO 7. LOS REGALOS DEL REINO. VI. De la vigilancia a la Paz
Es imposible ver a alguien culpable de algo y no ver a Dios culpable de nuestro aparente infortunio. Somos una totalidad y, aunque la percepción parezca que puede estar fragmentada y ser selectiva, es sólo una ilusión. El Amor no se puede fragmentar, ni cambiar, por lo que perdemos la conciencia de lo que somos cuando intentamos ver de forma individual y distinta del resto. El ego o la falsa identidad que inventamos para sustituir a la que compartimos con todos, nos dice que podemos deshacernos de la culpa proyectándola, aunque para ello tengamos que creer que podemos renunciar al poder que tenemos por ser Quien Somos. Al hacerlo, parece que estamos a expensas de lo que nosotros mismos hemos fabricado, pues, además, el ego, en última instancia, nos dice que no somos dignos de Ser Quien verdaderamente Somos. La mente tiene, entonces, un miedo atroz al Creador pues, al identificarnos con la condena del ego, no podemos recurrir a Él en busca de ayuda. Pero el Espíritu Santo fue creado para sacarnos de toda duda, pues Él nos ofrece la salida a esta confusión mental en la que ahora nos encontramos pues hemos dado por válidas tanto las acusaciones del ego o creencias falsas, como al recuerdo de la divinidad que no puede dejar de estar siempre presente. El entendimiento que el Espíritu Santo nos ofrece no acarrea dudas de ningún tipo, pero requiere que, mientras tenga alguna duda de lo que todavía me interesa, me mantenga alerta sólo en favor de los Pensamientos amorosos De Dios. Se requiere un compromiso firme en favor de la Verdad para que pueda dejar de estar alerta. Cuando este momento llega, nuestra Identidad y poder verdaderos se vuelven evidentes, pues nuestro Ser es el Conocimiento De Dios. Conocer a nuestro Padre supone no querer interferir es Su Plan para reinstaurar en nosotros La conciencia de que estamos listos para aceptar nuestra Identidad, pues podemos negar lo que somos, pero no podemos cambiarlo. El ego no es nada, no tiene sentido y no existe! No hace falta tratar de entenderlo, sino que tan solo hay que estar dispuesto a no recurrir a él como interprete adecuado de lo que parece ocurrir. Cuando ya no creamos en la posibilidad de dos maestros , estaremos reconociendo que sólo tenemos una función que es la de Amar y extender el Reino como Dios lo hace. Nunca fue posible la separación y tan solo hay que reconocer su imposibilidad para que deje de ser cierta para nosotros. Somos Uno y lo mismo!
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CAPÍTULO 7. LOS REGALOS DEL REINO. VI. De la vigilancia a la Paz- Narrada
Es imposible ver a alguien culpable de algo y no ver a Dios culpable de nuestro aparente infortunio. Somos una totalidad y, aunque la percepción parezca que puede estar fragmentada y ser selectiva, es sólo una ilusión. El Amor no se puede fragmentar, ni cambiar, por lo que perdemos la conciencia de lo que somos cuando intentamos ver de forma individual y distinta del resto. El ego o la falsa identidad que inventamos para sustituir a la que compartimos con todos, nos dice que podemos deshacernos de la culpa proyectándola, aunque para ello tengamos que creer que podemos renunciar al poder que tenemos por ser Quien Somos. Al hacerlo, parece que estamos a expensas de lo que nosotros mismos hemos fabricado, pues, además, el ego, en última instancia, nos dice que no somos dignos de Ser Quien verdaderamente Somos. La mente tiene, entonces, un miedo atroz al Creador pues, al identificarnos con la condena del ego, no podemos recurrir a Él en busca de ayuda. Pero el Espíritu Santo fue creado para sacarnos de toda duda, pues Él nos ofrece la salida a esta confusión mental en la que ahora nos encontramos pues hemos dado por válidas tanto las acusaciones del ego o creencias falsas, como al recuerdo de la divinidad que no puede dejar de estar siempre presente. El entendimiento que el Espíritu Santo nos ofrece no acarrea dudas de ningún tipo, pero requiere que, mientras tenga alguna duda de lo que todavía me interesa, me mantenga alerta sólo en favor de los Pensamientos amorosos De Dios. Se requiere un compromiso firme en favor de la Verdad para que pueda dejar de estar alerta. Cuando este momento llega, nuestra Identidad y poder verdaderos se vuelven evidentes, pues nuestro Ser es el Conocimiento De Dios. Conocer a nuestro Padre supone no querer interferir es Su Plan para reinstaurar en nosotros La conciencia de que estamos listos para aceptar nuestra Identidad, pues podemos negar lo que somos, pero no podemos cambiarlo. El ego no es nada, no tiene sentido y no existe! No hace falta tratar de entenderlo, sino que tan solo hay que estar dispuesto a no recurrir a él como interprete adecuado de lo que parece ocurrir. Cuando ya no creamos en la posibilidad de dos maestros , estaremos reconociendo que sólo tenemos una función que es la de Amar y extender el Reino como Dios lo hace. Nunca fue posible la separación y tan solo hay que reconocer su imposibilidad para que deje de ser cierta para nosotros. Somos Uno y lo mismo!
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CAPÍTULO 7. V. La curación y la inmutabilidad de la mente (HILDA narrada)
El cuerpo sirvió para desarrollar capacidades, pues partíamos de la base de la escasez, pero ahora, de la Mano del Espíritu Santo, estas capacidades pueden ser puestas al servicio de la mente. El cuerpo no puede crear, pero el ego pretende hacernos creer que así es y mientras lo creamos lo usaremos de forma inadecuada. El cuerpo se puede usar ahora, no para atacar, como pretendía el ego, sino para comunicarnos con otras mentes y recordarnos que somos la Misma. El uso inadecuado del poder creativo de la mente, la magia, es debilitante por no ser una curación definitiva. Si curamos o vemos correctamente, lo estaremos haciendo por medio del Espíritu Santo, pues toda curación viene, a través Suyo, De Dios. Una mente en conflicto creerá que cura ella y por lo tanto no será eficaz, será magia. Sólo lo que procede De Dios es real y sólo nuestra mente recta es consistente en su manera de ver, pues evoca el conocimiento. Cuando vemos con la Visión de Cristo, sanamos nosotros al corregir nuestra percepción. Nuestra gratitud será infinita, al comprender que sanamos al sanar a otros, pues al dar recibimos. El ego no aprende y no hace nada realmente, por lo que al ver a nuestros hermanos correctamente y verlos tal como Dios nos Creó, nos comprendemos y se abandona todo atisbo de individualidad, pues estamos recordando el Verdadero estado de comunicación plena sin interferencias de ningún tipo. Acordémonos de Jesús continuamente y veámosle en todos nuestros hermanos tal como Él ve a Dios en todos nosotros! Compartamos La Luz que somos y permitamos que el entendimiento de nuestra Unidad se haga evidente! Demos gracias a Dios, porque Su Creación sea inalterable y contemplémosla así, inmutable y perfecta!
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CAPÍTULO 7. V. La curación y la inmutabilidad de la mente.
El cuerpo sirvió para desarrollar capacidades, pues partíamos de la base de la escasez, pero ahora, de la Mano del Espíritu Santo, estas capacidades pueden ser puestas al servicio de la mente. El cuerpo no puede crear, pero el ego pretende hacernos creer que así es y mientras lo creamos lo usaremos de forma inadecuada. El cuerpo se puede usar ahora, no para atacar, como pretendía el ego, sino para comunicarnos con otras mentes y recordarnos que somos la Misma. El uso inadecuado del poder creativo de la mente, la magia, es debilitante por no ser una curación definitiva. Si curamos o vemos correctamente, lo estaremos haciendo por medio del Espíritu Santo, pues toda curación viene, a través Suyo, De Dios. Una mente en conflicto creerá que cura ella y por lo tanto no será eficaz, será magia. Sólo lo que procede De Dios es real y sólo nuestra mente recta es consistente en su manera de ver, pues evoca el conocimiento. Cuando vemos con la Visión de Cristo, sanamos nosotros al corregir nuestra percepción. Nuestra gratitud será infinita, al comprender que sanamos al sanar a otros, pues al dar recibimos. El ego no aprende y no hace nada realmente, por lo que al ver a nuestros hermanos correctamente y verlos tal como Dios nos Creó, nos comprendemos y se abandona todo atisbo de individualidad, pues estamos recordando el Verdadero estado de comunicación plena sin interferencias de ningún tipo. Acordémonos de Jesús continuamente y veámosle en todos nuestros hermanos tal como Él ve a Dios en todos nosotros! Compartamos La Luz que somos y permitamos que el entendimiento de nuestra Unidad se haga evidente! Demos gracias a Dios, porque Su Creación sea inalterable y contemplémosla así, inmutable y perfecta!
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CAPÍTULO 7. IV. La curación como reconocimiento de la Verdad (HILDA)
La mentalidad recta es salud. En ella mora la Verdad que es inspirada por el Espíritu Santo y refleja, en la percepción, el estado celestial. El Espíritu Santo, sí se lo permitimos obrará a través nuestro para que vayamos siendo conscientes de que somos Parte De Dios. Cuando le permitimos al Espíritu Santo curar a través nuestro, sanamos nosotros, pues nuestra mente se le devuelve a Dios y ya no hay interrupción en la comunicación entre lo que fue creado Uno. Padre e Hijo son Uno en el Reino de los Cielos y, gracias a que ahora, reconocemos que no queremos otra Voluntad que la Suya, le entregamos todas nuestras capacidades al Espíritu Santo para que, aunando esfuerzos y objetivo, les dará ahora un uso correcto a nuestra descabellada invención de creación sustitutoria. La percepción correcta tiene el poder De Dios Mismo, pues ya no hay elementos, ídolos,o ilusiones conflictivas en ella. Curar es hacer feliz, pues cuando vemos correctamente desde nuestra mente recta, estamos reflejando el Reino de los Cielos aquí y viendo a nuestros hermanos como los vería Dios si Dios estuviera en el sueño. El ego fue nuestro intento ilusorio de crear una imagen propia frente a nuestra verdadera Identidad, por ello, toda curación pasa por reconocer que no tiene sentido seguir deseando la individualidad frente a la Unidad. El Amor, que es lo que Somos con Dios y en Él, nos hace libres! Elijamos ahora al Espíritu Santo, para que éste mundo deje de ser un valle de lágrimas y refleje la alternativa perceptiva que Él dispone para nosotros!
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CAPÍTULO 7. IV. La curación como reconocimiento de la Verdad (HILDA comentarios)
La mentalidad recta es salud. En ella mora la Verdad que es inspirada por el Espíritu Santo y refleja, en la percepción, el estado celestial. El Espíritu Santo, sí se lo permitimos obrará a través nuestro para que vayamos siendo conscientes de que somos Parte De Dios. Cuando le permitimos al Espíritu Santo curar a través nuestro, sanamos nosotros, pues nuestra mente se le devuelve a Dios y ya no hay interrupción en la comunicación entre lo que fue creado Uno. Padre e Hijo son Uno en el Reino de los Cielos y, gracias a que ahora, reconocemos que no queremos otra Voluntad que la Suya, le entregamos todas nuestras capacidades al Espíritu Santo para que, aunando esfuerzos y objetivo, les dará ahora un uso correcto a nuestra descabellada invención de creación sustitutoria. La percepción correcta tiene el poder De Dios Mismo, pues ya no hay elementos, ídolos,o ilusiones conflictivas en ella. Curar es hacer feliz, pues cuando vemos correctamente desde nuestra mente recta, estamos reflejando el Reino de los Cielos aquí y viendo a nuestros hermanos como los vería Dios si Dios estuviera en el sueño. El ego fue nuestro intento ilusorio de crear una imagen propia frente a nuestra verdadera Identidad, por ello, toda curación pasa por reconocer que no tiene sentido seguir deseando la individualidad frente a la Unidad. El Amor, que es lo que Somos con Dios y en Él, nos hace libres! Elijamos ahora al Espíritu Santo, para que éste mundo deje de ser un valle de lágrimas y refleje la alternativa perceptiva que Él dispone para nosotros!
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CAPÍTULO 7. LOS REGALOS DEL REINO. IV. La curación como reconocimiento de la Verdad
La mentalidad recta es salud. En ella mora la Verdad que es inspirada por el Espíritu Santo y refleja, en la percepción, el estado celestial. El Espíritu Santo, sí se lo permitimos obrará a través nuestro para que vayamos siendo conscientes de que somos Parte De Dios. Cuando le permitimos al Espíritu Santo curar a través nuestro, sanamos nosotros, pues nuestra mente se le devuelve a Dios y ya no hay interrupción en la comunicación entre lo que fue creado Uno. Padre e Hijo son Uno en el Reino de los Cielos y, gracias a que ahora, reconocemos que no queremos otra Voluntad que la Suya, le entregamos todas nuestras capacidades al Espíritu Santo para que, aunando esfuerzos y objetivo, les dará ahora un uso correcto a nuestra descabellada invención de creación sustitutoria. La percepción correcta tiene el poder De Dios Mismo, pues ya no hay elementos, ídolos,o ilusiones conflictivas en ella. Curar es hacer feliz, pues cuando vemos correctamente desde nuestra mente recta, estamos reflejando el Reino de los Cielos aquí y viendo a nuestros hermanos como los vería Dios si Dios estuviera en el sueño. El ego fue nuestro intento ilusorio de crear una imagen propia frente a nuestra verdadera Identidad, por ello, toda curación pasa por reconocer que no tiene sentido seguir deseando la individualidad frente a la Unidad. El Amor, que es lo que Somos con Dios y en Él, nos hace libres! Elijamos ahora al Espíritu Santo, para que éste mundo deje de ser un valle de lágrimas y refleje la alternativa perceptiva que Él dispone para nosotros!
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CAPÍTULO 7. LOS REGALOS DEL REINO. III. La Realidad del Reino ( ampliados comentarios)
Sólo hay un error, la creencia en la separación, por ello no hay grados de dificultad en los milagros, por qué aunque cambie aparentemente la forma del error, representa siempre el mismo. Pero, ahora, tenemos el poder De Dios para elegir una interpretación correcta a todo lo que parezca ocurrir. Todo puede ser ahora significativo, pues nosotros mismos somos el significado. El ego nos enseña que no somos lo que somos, pero, Jesús, sí así lo decidimos, estará siempre tomándonos de la mano literalmente si esa es nuestra voluntad ahora. Siempre estamos enseñando quién es nuestro Maestro, pero no podemos seguir a dos amos que suponen sistemas de pensamiento mutuamente excluyentes. Si no percibimos a nuestros hermanos como totalmente iguales a nosotros, creeremos en la posibilidad de sentirnos amenazado por lo que es lo mismo que nosotros. Las apariencias nos engañarán hasta que ese sea nuestro deseo. Es la mente la que necesita iluminación, pues se dejó engañar por ilusiones, pero cuando dejamos que sólo los Pensamientos amorosos vengan a nuestra mente, ésta se ilumina de nuevo, se convierte en nuestra mente recta y se acaba toda duda, pues el conocimiento aflora en ella y recuperamos la certeza de los que verdaderamente somos. Somos Amor y nada más! Qué bendición! Gracias, amado Jesús por tu perfecta Guía es este viaje sin distancia hacia el recuerdo de nuestra verdadera Identidad que nunca perdimos!
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CAPÍTULO 7. LOS REGALOS DEL REINO. III. La Realidad del Reino (comentada)
Sólo hay un error, la creencia en la separación, por ello no hay grados de dificultad en los milagros, por qué aunque cambie aparentemente la forma del error, representa siempre el mismo. Pero, ahora, tenemos el poder De Dios para elegir una interpretación correcta a todo lo que parezca ocurrir. Todo puede ser ahora significativo, pues nosotros mismos somos el significado. El ego nos enseña que no somos lo que somos, pero, Jesús, sí así lo decidimos, estará siempre tomándonos de la mano literalmente si esa es nuestra voluntad ahora. Siempre estamos enseñando quién es nuestro Maestro, pero no podemos seguir a dos amos que suponen sistemas de pensamiento mutuamente excluyentes. Si no percibimos a nuestros hermanos como totalmente iguales a nosotros, creeremos en la posibilidad de sentirnos amenazado por lo que es lo mismo que nosotros. Las apariencias nos engañarán hasta que ese sea nuestro deseo. Es la mente la que necesita iluminación, pues se dejó engañar por ilusiones, pero cuando dejamos que sólo los Pensamientos amorosos vengan a nuestra mente, ésta se ilumina de nuevo, se convierte en nuestra mente recta y se acaba toda duda, pues el conocimiento aflora en ella y recuperamos la certeza de los que verdaderamente somos. Somos Amor y nada más! Qué bendición! Gracias, amado Jesús por tu perfecta Guía es este viaje sin distancia hacia el recuerdo de nuestra verdadera Identidad que nunca perdimos!
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CAPÍTULO 7. LOS REGALOS DEL REINO. III. La Realidad del Reino
Sólo hay un error, la creencia en la separación, por ello no hay grados de dificultad en los milagros, por qué aunque cambie aparentemente la forma del error, representa siempre el mismo. Pero, ahora, tenemos el poder De Dios para elegir una interpretación correcta a todo lo que parezca ocurrir. Todo puede ser ahora significativo, pues nosotros mismos somos el significado. El ego nos enseña que no somos lo que somos, pero, Jesús, sí así lo decidimos, estará siempre tomándonos de la mano literalmente si esa es nuestra voluntad ahora. Siempre estamos enseñando quién es nuestro Maestro, pero no podemos seguir a dos amos que suponen sistemas de pensamiento mutuamente excluyentes. Si no percibimos a nuestros hermanos como totalmente iguales a nosotros, creeremos en la posibilidad de sentirnos amenazado por lo que es lo mismo que nosotros. Las apariencias nos engañarán hasta que ese sea nuestro deseo. Es la mente la que necesita iluminación, pues se dejó engañar por ilusiones, pero cuando dejamos que sólo los Pensamientos amorosos vengan a nuestra mente, ésta se ilumina de nuevo, se convierte en nuestra mente recta y se acaba toda duda, pues el conocimiento aflora en ella y recuperamos la certeza de los que verdaderamente somos. Somos Amor y nada más! Qué bendición! Gracias, amado Jesús por tu perfecta Guía es este viaje sin distancia hacia el recuerdo de nuestra verdadera Identidad que nunca perdimos!
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CAPÍTULO 7. LOS REGALOS DEL REINO. II.La ley del Reino ( Narrada)
Curar es hacer feliz, es ver correctamente la Creación De Dios. La enfermedad es una ilusión de incorrección, pero podemos sanarla viéndonos los unos a los otros tal como Él nos Creó y no con las imágenes fragmentadas e insustanciales que nosotros nos habíamos inventado. Las leyes de este mundo son ciertamente confusas pues reflejan el caos mental que supuso tener intereses distintos a los del Amor incondicional. Pero ahora podemos responder a la Verdad de nuestro Ser queriendo Amar como Dios ama! Los Pensamientos del Reino se reflejan aquí mediante la percepción corregida. La Ley del Reino es la ley del Amor o la ley De Dios. Aquí vemos el reflejo de la Verdad cuando pensamos desde nuestra mente recta que es la mente que ha sanado, pues ha perdonado el mundo y solo ve como Dios lo hace. Creemos en lo que proyectamos, pues lo vemos ahí fuera y para nosotros es real. Para que este mundo refleje la Verdad necesitamos escuchar a un solo Maestro, al Maestro cuerdo que sólo nos recuerda que lo único que importa es el Amor que está en nuestra mente, pues estamos en la Mente De Dios. Ahora podemos extender en lugar de proyectar, olvidando lo falsamente creado y recordando la Verdad de nuestra total inocencia. El Reino es consistente pues sólo obedece a la Ley De Dios y no a dos interpretes. Mostremos sólo Amor, pues eso es lo que somos!
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CAPÍTULO 7. LOS REGALOS DEL REINO. II.La ley del Reino (HILDA)
Curar es hacer feliz, es ver correctamente la Creación De Dios. La enfermedad es una ilusión de incorrección, pero podemos sanarla viéndonos los unos a los otros tal como Él nos Creó y no con las imágenes fragmentadas e insustanciales que nosotros nos habíamos inventado. Las leyes de este mundo son ciertamente confusas pues reflejan el caos mental que supuso tener intereses distintos a los del Amor incondicional. Pero ahora podemos responder a la Verdad de nuestro Ser queriendo Amar como Dios ama! Los Pensamientos del Reino se reflejan aquí mediante la percepción corregida. La Ley del Reino es la ley del Amor o la ley De Dios. Aquí vemos el reflejo de la Verdad cuando pensamos desde nuestra mente recta que es la mente que ha sanado, pues ha perdonado el mundo y solo ve como Dios lo hace. Creemos en lo que proyectamos, pues lo vemos ahí fuera y para nosotros es real. Para que este mundo refleje la Verdad necesitamos escuchar a un solo Maestro, al Maestro cuerdo que sólo nos recuerda que lo único que importa es el Amor que está en nuestra mente, pues estamos en la Mente De Dios. Ahora podemos extender en lugar de proyectar, olvidando lo falsamente creado y recordando la Verdad de nuestra total inocencia. El Reino es consistente pues sólo obedece a la Ley De Dios y no a dos interpretes. Mostremos sólo Amor, pues eso es lo que somos!
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CAPÍTULO 7. LOS REGALOS DEL REINO. I. El último paso (narrada)
Nuestro poder Creador es el de nuestro Padre, en Él, por Ser Su Hijo! Nuestro Padre es nuestro Creador, pero intentar crearle a Él es una locura, lo mismo que lo es intentar crear sin Él. Él nos Creó para extender el Reino y por ello en Él somos co-creadores con Él y creamos a Su semejanza. Al aceptar nuestra capacidad creadora aceptamos nuestra responsabilidad sobre la fabricación de este mundo y decidimos de nuevo tan solo crear como Él Crea. Sólo podemos Crear desde la conciencia de plenitud, pues desde la creencia en la carencia y la pérdida simplemente nos habremos vuelto locos y situado en un estado mental que no existe. Sólo el Amor perfecto es real pues sólo podemos Ser y Crear como Dios Crea. Amar es Crear y sólo podemos crear verdaderamente cuando reconocemos que estamos en Dios y que sólo pensamos cuando pensamos como Él. Somos Uno, pues ya sólo acogemos en nuestra mente, que es la Suya, Sus pensamiento puros totales y todo abarcadores. El Espíritu Santo lo recicla todo y reinterpreta nuestras creaciones falsas para que ahora puedan ser reutilizadas en beneficio mutuo. Nuestras creaciones no abandonan nuestra mente , permitámosle entonces al Maestro Jesús, que elimine de ellas todo lo que no sea digno del Amor De Dios y quedémonos sólo con las creaciones reales, que sí son inspiradas por Él y que reflejan el Reino de los Cielos aquí en la percepción. El Maestro De Dios es todo aquel que decide no decidir por su cuenta. Seamos hoy Maestros De Dios y mostremos al mundo que no hay nada que temer pues seguimos estando en la Mente De Dios y seguimos siendo un Pensamiento amoroso Suyo
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CAPÍTULO 7. LOS REGALOS DEL REINO. I. El último paso
Nuestro poder Creador es el de nuestro Padre, en Él, por Ser Su Hijo! Nuestro Padre es nuestro Creador, pero intentar crearle a Él es una locura, lo mismo que lo es intentar crear sin Él. Él nos Creó para extender el Reino y por ello en Él somos co-creadores con Él y creamos a Su semejanza. Al aceptar nuestra capacidad creadora aceptamos nuestra responsabilidad sobre la fabricación de este mundo y decidimos de nuevo tan solo crear como Él Crea. Sólo podemos Crear desde la conciencia de plenitud, pues desde la creencia en la carencia y la pérdida simplemente nos habremos vuelto locos y situado en un estado mental que no existe. Sólo el Amor perfecto es real pues sólo podemos Ser y Crear como Dios Crea. Amar es Crear y sólo podemos crear verdaderamente cuando reconocemos que estamos en Dios y que sólo pensamos cuando pensamos como Él. Somos Uno, pues ya sólo acogemos en nuestra mente, que es la Suya, Sus pensamiento puros totales y todo abarcadores. El Espíritu Santo lo recicla todo y reinterpreta nuestras creaciones falsas para que ahora puedan ser reutilizadas en beneficio mutuo. Nuestras creaciones no abandonan nuestra mente , permitámosle entonces al Maestro Jesús, que elimine de ellas todo lo que no sea digno del Amor De Dios y quedémonos sólo con las creaciones reales, que sí son inspiradas por Él y que reflejan el Reino de los Cielos aquí en la percepción. El Maestro De Dios es todo aquel que decide no decidir por su cuenta. Seamos hoy Maestros De Dios y mostremos al mundo que no hay nada que temer pues seguimos estando en la Mente De Dios y seguimos siendo un Pensamiento amoroso Suyo!
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Audios de lecturas y lecturas comentadas de los distintos epígrafes que componen el capitulo para uso del estudiante como material de apoyo
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