EPISODE · Sep 30, 2026 · 11 MIN
Capítulo 7 perdonar no significa olvidar
¡Vótame en los Premios iVoox 2026! CUANDO PERDONAR NO SIGNIFICA RECORDAR Hay heridas que no se ven, pero que permanecen dentro de nosotros durante mucho tiempo. Algunas nacieron de una palabra que nunca olvidamos, de una traición, de una mentira, de una despedida, de alguien que nos abandonó cuando más lo necesitábamos o de una persona en quien confiamos y que terminó lastimándonos. Con el paso del tiempo podemos escuchar una frase que parece sencilla: “Tienes que perdonar”. Pero, ¿qué significa realmente perdonar? ¿Significa olvidar? ¿Significa hacer como si nada hubiera pasado? ¿Significa regresar a la vida de quien nos hizo daño? ¿Significa aceptar nuevamente aquello que nos lastimó? No. Perdonar no significa borrar nuestra historia. Tampoco significa negar lo que sentimos ni decir que aquello que sucedió estuvo bien. Perdonar puede significar algo mucho más profundo: dejar de permitir que aquello que ocurrió siga teniendo el control de nuestra vida. PERDONAR NO ES OLVIDAR Hay acontecimientos que forman parte de nuestra historia y que probablemente nunca desaparecerán completamente de nuestra memoria. Podemos recordar una fecha, un lugar, una conversación o incluso las palabras exactas que alguien nos dijo. Y eso no significa que no hayamos perdonado. Recordar es una función de nuestra memoria. Perdonar es una decisión sobre lo que hacemos con aquello que recordamos. Puedes recordar una herida sin vivir dentro de ella. Puedes recordar a una persona sin seguir odiándola. Puedes recordar lo que sucedió sin permitir que aquello determine quién eres hoy. Imagina a una persona que durante años cargó con el recuerdo de una traición. Cada vez que pensaba en aquello sentía enojo. Volvía a imaginar la escena, repetía mentalmente las conversaciones y se preguntaba por qué había sucedido. La persona que la lastimó quizá ya había continuado con su vida. Pero quien había sido herido seguía viviendo aquella situación una y otra vez. El pasado ya había ocurrido. Sin embargo, seguía ocupando espacio en su presente. Perdonar, en ese caso, no significa decir: “Nunca pasó”. Significa poder decir: “Sí pasó. Me dolió. Cambió muchas cosas en mí. Pero ya no quiero seguir viviendo alrededor de aquello”. Eso es diferente. PERDONAR NO SIGNIFICA JUSTIFICAR Existe una confusión muy común: pensar que si perdonamos a alguien estamos diciendo que lo que hizo estuvo bien. No es así. Puedes reconocer que una persona te hizo daño y al mismo tiempo decidir no vivir lleno de odio hacia ella. Puedes decir: “Lo que hiciste estuvo mal”. Y también: “Ya no quiero cargar con esto toda mi vida”. Ambas cosas pueden existir al mismo tiempo. Perdonar tampoco elimina las consecuencias. Si alguien rompió tu confianza, puedes perdonarlo y decidir no volver a confiar de la misma manera. Si alguien te maltrató, puedes perdonarlo y mantener distancia. Si alguien te traicionó, puedes perdonarlo y decidir que ya no formará parte de tu vida. Perdonar no significa abrir nuevamente una puerta que aprendiste a cerrar para protegerte. A VECES TENEMOS QUE PERDONAR SIN RECIBIR UNA DISCULPA Una de las partes más difíciles del perdón aparece cuando esperamos que la otra persona reconozca el daño. Queremos escuchar: “Perdóname”. “Sé que te hice daño”. “Me equivoqué”. “Lo siento”. Pero algunas personas nunca dicen esas palabras. Algunas no reconocen lo que hicieron. Otras piensan que no hicieron nada malo. Y otras simplemente ya no están en nuestra vida. Entonces aparece una pregunta dolorosa: “¿Cómo voy a cerrar una historia si la otra persona nunca pidió perdón?” Tal vez la respuesta esté en comprender que nuestro proceso no siempre puede depender de la voluntad de otra persona. Podemos esperar durante años una disculpa que nunca llegará. Mientras esperamos, seguimos atados al pasado. Por eso, en algunos casos, perdonar significa dejar de esperar que la persona que nos lastimó sea quien nos dé la tranquilidad que necesitamos. No necesitamos que alguien reconozca nuestro dolor para aceptar que nuestro dolor existió. PERDONARSE A UNO MISMO Existe otro perdón que muchas veces olvidamos: el perdón hacia nosotros mismos. Hay personas que no pueden dejar atrás algo porque siguen castigándose por lo que hicieron, por lo que permitieron o por lo que no hicieron. “¿Cómo pude confiar?” “¿Por qué no me fui antes?” “¿Por qué permití que me trataran así?” “¿Por qué no dije nada?” “¿Cómo pude equivocarme de esa manera?” Estas preguntas pueden convertirse en una forma silenciosa de castigarnos. Pero debemos recordar algo: Tomamos decisiones con la información, las emociones y las circunstancias que teníamos en ese momento. Hoy sabemos cosas que quizá entonces no sabíamos. Hoy vemos señales que en aquel momento no pudimos ver. Hoy tenemos una experiencia que antes no teníamos. Perdonarte no significa decir que nunca cometiste errores. Significa reconocerlos sin convertirlos en una condena para el resto de tu vida. Puedes decir: “Me equivoqué”. “Permití cosas que hoy no permitiría”. “No supe defenderme”. “No supe poner límites”. “Confié en quien no debía”. Y después agregar: “Pero estoy aprendiendo”. EL PERDÓN NO SIEMPRE ES UN MOMENTO; A VECES ES UN CAMINO Muchas veces creemos que un día despertaremos y simplemente dejaremos de sentir dolor. No siempre ocurre así. A veces el perdón es gradual. Un día puedes sentir mucho enojo. Otro día puedes sentir tristeza. Después puedes sentir indiferencia. Y quizá algún día recuerdes aquello y descubras que ya no duele de la misma manera. Eso también es avanzar. No tienes que obligarte a sentir algo que todavía no sientes. Decirte “ya debería haberlo superado” puede aumentar la presión. Cada persona tiene su propio tiempo. Lo importante es no confundir sanar con olvidar. Porque quizá nunca olvides. Pero sí puedes dejar de sangrar por la misma herida. EJEMPLO: LA TRAICIÓN Imagina que una persona descubre que alguien a quien amaba le fue infiel. Durante meses piensa: “¿Qué tenía esa persona que yo no tenía?” “¿Qué hice mal?” “¿Por qué me mintió?” “¿Cómo pude no darme cuenta?” Si esa persona decide perdonar, no significa que tenga que volver a la relación. Puede significar: “Reconozco que me lastimaste. No voy a negar lo ocurrido. Pero tampoco voy a permitir que tu decisión destruya mi capacidad de volver a confiar en la vida”. El perdón puede convertirse entonces en una forma de recuperar la propia vida. EJEMPLO: UNA HERIDA DE LA INFANCIA Un niño puede crecer sintiendo que nunca fue suficientemente importante para sus padres. Tal vez recibió pocas palabras de cariño. Tal vez escuchó constantemente críticas. Tal vez tuvo que aprender a crecer demasiado rápido. Cuando llega a la edad adulta, puede continuar buscando desesperadamente la aprobación de los demás. En algún momento puede comprender: “Lo que me faltó cuando era niño no fue culpa mía”. Esa comprensión puede ser profundamente liberadora. Perdonar a quienes nos hicieron daño durante la infancia no significa negar las carencias que vivimos. Significa dejar de responsabilizarnos por aquello que nunca estuvo en nuestras manos controlar. EJERCICIO 1: ESCRIBE LA VERDAD Busca una hoja y completa estas frases: “Lo que ocurrió fue…” “Lo que más me dolió fue…” “Lo que nunca pude decir fue…” “Lo que hubiera necesitado en ese momento era…” “Lo que aprendí de aquella experiencia fue…” “No puedo cambiar…” “Pero sí puedo decidir…” No escribas para que alguien más lo lea. Escribe para ser completamente sincero contigo. Al terminar, lee lo que escribiste lentamente. No intentes corregir tus sentimientos. Primero reconoce lo que realmente existe dentro de ti. EJERCICIO 2: LA CARTA QUE NO NECESITAS ENVIAR Escribe una carta dirigida a la persona que te lastimó. Dile todo. Lo que te dolió. Lo que nunca dijiste. Lo que esperabas. Lo que perdiste. Lo que te hubiera gustado recibir. No necesitas ser amable. No necesitas cuidar sus sentimientos. Este ejercicio no es para atacar a nadie. Es para sacar de tu interior palabras que quizá llevas demasiado tiempo guardando. Al final puedes escribir: “Reconozco lo que sucedió. Reconozco que me dolió. No puedo cambiar el pasado. Pero decido comenzar a soltar aquello que ya no quiero seguir cargando”. La carta no necesita ser enviada. Puede quedarse contigo. Y después puedes guardarla, romperla o destruirla como un símbolo personal de cierre. EJERCICIO 3: DIFERENCIA ENTRE RECORDAR Y SUFRIR Cuando aparezca un recuerdo doloroso, pregúntate: “¿Estoy recordando lo que ocurrió o estoy viviendo nuevamente aquella situación?” Porque recordar es decir: “Esto sucedió”. Revivir constantemente puede convertirse en: “Esto está sucediendo otra vez”. El pasado no está ocurriendo nuevamente. Está en nuestra memoria. Cuando aparezca un recuerdo, respira profundamente y dite: “Eso ocurrió entonces. Hoy estoy aquí. Hoy tengo opciones que antes no tenía. Hoy puedo decidir qué hacer con mi vida”. EJERCICIO 4: LO QUE YA NO QUIERO CARGAR Haz dos columnas. En la primera escribe: “Lo que me hicieron”. En la segunda: “Lo que decido hacer con mi vida ahora”. Por ejemplo: “Me rechazaron” → “Voy a aprender a reconocer mi propio valor”. “Me traicionaron” → “Voy a aprender a poner límites”. “Me abandonaron” → “Voy a dejar de abandonarme a mí mismo”. “Me humillaron” → “Voy a recuperar mi dignidad”. “No me escucharon” → “Voy a aprender a escucharme”. Aquí aparece una diferencia importante: No podemos cambiar lo que alguien hizo. Pero podemos trabajar en lo que hacemos a partir de ahora. PERDONAR TAMBIÉN PUEDE SIGNIFICAR PONER LÍMITES Hay ocasiones en las que la forma más sana de perdonar consiste precisamente en establecer distancia. Un límite puede decir: “Te perdono, pero no permitiré que vuelvas a tratarme de esa manera”. “Te deseo bienestar, pero no quiero continuar esta relación”. “Ya no estoy dispuesto a participar en esta situación”. “Lo que ocurrió forma parte de mi historia, pero no voy a permitir que vuelva a ocurrir”. Eso no es odio. Es cuidado personal. Perdonar no significa convertirnos nuevamente en víctimas de la misma situación. CUANDO EL RECUERDO YA NO MANDA Quizá llegue un día en que recuerdes aquello y puedas decir: “Sí, ocurrió”. Pero ya no necesites discutir mentalmente con aquella persona. Ya no necesites imaginar qué le hubieras dicho. Ya no necesites demostrar que tenías razón. Ya no necesites que todos sepan quién tuvo la culpa. Simplemente reconocerás: “Eso fue parte de mi historia, pero no es toda mi historia”. Y entonces algo cambia. La herida puede seguir siendo parte de tu pasado, pero deja de dirigir tu presente. PARA REFLEXIONAR Tal vez perdonar no sea olvidar. Tal vez perdonar sea recordar sin destruirte. Tal vez sea aceptar que hubo cosas que no pudiste cambiar. Tal vez sea dejar de esperar una disculpa. Tal vez sea aprender a poner límites. Tal vez sea dejar de culparte. Tal vez sea permitirte continuar. Y quizá una de las formas más profundas de perdón sea poder mirar hacia atrás y decir: “Lo que me pasó explica una parte de mi historia, pero no tiene derecho a decidir quién voy a ser”. No necesitas negar tu pasado para construir un futuro. No necesitas olvidar para avanzar. No necesitas reconciliarte con quien te hizo daño para encontrar paz. Y no necesitas decir que estuvo bien. Puedes simplemente elegir algo diferente: “Ya no quiero seguir viviendo alrededor de aquello que me lastimó”. Porque al final, perdonar no siempre significa liberar a otra persona. A veces significa comenzar a liberarte tú.
Embed this episode
Ready to play
Capítulo 7 perdonar no significa olvidar
No transcript for this episode yet
Similar Episodes
No similar episodes found.