EPISODE · Sep 9, 2026 · 7 MIN
Carta de Amaya Forch sobre violación, aborto y maternidad (Lee Fernanda Paz)
from Epistolar · host Antología de lo íntimo
Algunas cartas -y en Epistolar grabamos muchas de ellas- cuentan algo que ocurrió. Otras tantas se atreven a preguntar qué habría pasado si las cosas hubieran sido de otra forma. En una carta publicada en el diario El Mercurio, la actriz y cantante chilena Amaya Forch cuenta que hace 30 años fue víctima de una violación. Pero no cuenta solo eso. Lanza preguntas sin respuestas, profundamente incómodas, que todavía hoy interpelan a la sociedad chilena. ¿Qué habría pasado si esa noche hubiera quedado embarazada? ¿Habría podido llevar adelante ese embarazo? ¿Habría reído o llorado al momento de parir? ¿Habría podido contarle algún día a ese hijo quién era su padre? ¿Y qué habría significado para ese niño saber que era hijo de un violador? También recuerda que entonces vivía en Londres y que allí encontró un respaldo legal y humano que le permitió atravesar aquel momento. Y que, al regresar a Chile, sintió que ese respaldo no existía de la misma manera. Su carta habla de una violación, de un posible embarazo, del aborto, de la culpa, de la maternidad. Y también dialoga con una iniciativa presentada este año por parlamentarios chilenos, que propone que las mujeres escuchen los latidos del embrión antes de interrumpir el embarazo. Lee la actriz Fernanda Paz. *** Señor Director: Quisiera invitarlo a escuchar mi corazón y el de demasiadas mujeres. Hace 30 años viví un infierno en manos de un hombre cuyo rostro decidí olvidar. Con los años aprendí a convivir con el dolor, volví a confiar y he sido feliz. No obstante, hay preguntas que hoy vuelven a aparecer. Esa noche pude haber quedado embarazada. ¿Habría sido capaz de soportarlo? ¿Habría reído o llorado en el parto? ¿Mis constantes lágrimas habrían marcado a mi hijo? ¿Me habría sentido culpable como madre? ¿Qué cruz habría cargado mi niño al saberse hijo de un violador? ¿Habría podido ocultarle la verdad? ¿Estaría condenada a mentirle a mi propio hijo para protegerlo desu origen? ¿Se parecería a su padre? ¿Vería la cara de esemonstruo en los ojos de mi niño? ¿Habría abortado? Vivía en Londres y ya en esa época en Inglaterra se entendía que el trauma de una mujer o niña por un embarazo por violación era mayor que el de un aborto. Ese respaldo humano y legal me daba algo de calma entre tanta angustia. No sé si lo habría hecho. Por suerte nunca lo sabré. No tuve que tomar esa decisión tan difícil en medio del tormento. Regresé a Chile. Necesitaba la contención de mi familia para seguir viviendo. Pero, ¿y si hubiese estado embarazada? No habría regresado. No a un país donde la moral castigadora era más fuerte que el dolor de tantas mujeres y niñas. No donde me tratarían de asesina cuando me estaba aferrando a la poca vida que sentía me quedaba. Hoy la violación es una de las tres causales que permiten que en nuestro país sí se pueda terminar un embarazo de manera legal. Paradójicamente hoy existe un proyecto de ley que quiere obligar a la mujer a escuchar el latido del corazón del embrión para así hacerla sentir culpable y ojalá lograr que desista de abortar. “Escucha su corazón” se presenta como un acto de amor a la vida, pero no es más que un acto cruel de desprecio hacia la mujer. De solo pensarlo se me parte el alma. ¿Qué moralina retrógrada es esa que pretende calificar nuestro sufrimiento y decirnos cómo debemos lidiar con el espanto vivido? Espanto de sociedad que pretenden construir. El tiempo es un aliado en la sanación. Los señores diputados podrían usar el suyo para crear leyes que nos den más seguridad a las mujeres, leyes que nos hagan sentir protegidas, no atacadas. No más de lo que ya somos.
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