EPISODE · Mar 27, 2012 · 16 MIN
Cuando ustedes levanten al Hijo del hombre, sabrán que "Yo Soy"
Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Un pueblo que se le da el favor de Dios, en quienes Dios ha puesto Su especial mirada, y en quienes los favores de Dios han actuado sin mesura y constantemente, y por en cambio el pueblo reniega de su Dios en los momentos de dificultad, es así como el pueblo judío el hombre hasta el día de hoy, que envilecido por su soberbia, ante la adversidad voltea insolentemente su rostro y se aparta de Dios para construir su propia vida, no sin antes renegar de Dios y tentarlo a que haga Sus portentos en favor de él. Es, pues, el hombre soberbio que siendo minúsculo como la parte más pequeña de un grano de arena se enfrenta a Dios y le exige o condiciona para seguir a Su lado. No es Dios el que necesita de nosotros, nosotros somos los que necesitamos de Dios. El hombre humilde, en efecto, se da cuenta de su pequeñez ante El Todopoderoso y agachando la cabeza como el publicano espera la salvación de Dios, que en ocasiones no llega por factores externos e internos a nosotros mismos, como son nuestras propias miserias que obstaculizan un camino de paz y la construcción de La Voluntad de Dios. Y externamente, muchos complotan contra la vida del hombre que sigue a Dios, y Dios que no manipula el corazón del hombre malvado, sin embargo siempre lo llama para su reivindicación, y éste cuando no escucha el llamado de Dios, actúa libremente en contra de sus hermanos. Al final, Dios sabrá recompensar a quien sufrió y sabrá juzgar al pecador, pero La Justicia Divina siempre estará presente, y esto es lo que el hombre debe siempre tener en cuenta y perseverar a pesar de las injusticias de los hombres, porque La Justicia de Dios siempre llegará para nuestra recompensa y salvación eterna. El pueblo judío dice en La Primera Lectura de Los Números: [Este pan miserable]: Así habla un pueblo que comía el maná, el pan celestial, el «pan angélico» como lo llama el salmista (Sal. 77, 25). Les parece insípido porque lo reciben gratis diariamente y no piensan en el Autor de ese don, ni dan gracias. San Pablo los trata, por eso, como tentadores de Dios (1 Cor. 10, 9), porque despreciar un don es despreciar al donante. (Mons. Straubinger). Así el hombre que desprecia su vida desprecia el don, y despreciando el don de la vida desprecia a Dios donante ¿Cómo, pues, puedes atreverte a despreciar a Dios? El hombre que lo hace, es porque carece de vida espiritual verdadera y constante La serpiente de bronce, remedio contra las mordeduras de las serpientes, era como dice Jesús a Nicodemo, figura de la Redención, símbolo del alzamiento de Cristo en La Cruz, y recibió su virtud solamente por Aquel que se dejó elevar en La Cruz para salvarnos de la mordedura de la antigua serpiente (cf. Jn. 3, 14 y s). En efecto, Jesús manifiesta la figura de la serpiente de bronce que cura a los israelitas pecadores que renegaron contra Dios como que Él será elevado para la Redención de los pecadores. Y cuando Jesús dice: Y moriréis por vuestro pecado: Se refiere, en singular, al pecado por excelencia de la Sinagoga, que es el de incredulidad frente al Mesías – Jn. 16, 8. 9: Y cuando Él (El Paráclito) venga, probará al mundo dónde está el pecado. El pecado está en no haber creído en Mí. Pues era necesario que pasara el tiempo después de La Muerte y Resurrección de Jesús, y con El Pentecostés, en donde se manifiesta El Espíritu Santo se revelara las últimas palabras de Dios y la extensión de La Iglesia en el mundo hasta nuestros días. Es el Espíritu Santo el que prueba constantemente al mundo, lo demanda y manifiesta al hombre ante Dios la acción penal contra quienes se estiman responsables de un delito, pues, el hombre que cae constantemente en delitos contra la misma humanidad, es más, contra el mismo, es trasladado al tribunal de Dios que ejerce La Justicia Divina y que va tomando nota de todo cuanto acontece en el mundo. Pero Dios no queda inerte ante los delitos del hombre y constantemente lo llama para condonar todos sus delitos si el hombre manifiesta un verdadero y profundo arrepentimiento, sobre todo el de creer en Dios con fe integral; es decir, creer en Dios y creer en Su Palabra, Sus Mandamientos y creer Su Iglesia que Él fundó. Es, pues, el tiempo del hombre que debe mirar al Crucificado y contemplar La Verdad: La muerte de Cristo que salva al mundo de sus pecados mortales. Así, pues queridos hermanos y hermanas, de la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él tengan Vida eterna. Jn. 3, 14-15… y también adjuntamos: Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que Yo Soy, dice El Sagrado Evangelio de hoy, y así se ha cumplido, que después de la muerte de Cristo, el mundo ha tenido una transformación de sus corazones y se ha renovado por La Voluntad de Dios Padre por medio de Dios Espíritu Santo y la acción viva de Dios Hijo, Jesucristo nuestro Señor. El Misterio de La Santísima Trinidad se pone de manifiesto en éste pasaje bíblico, pues, se dice también del Padre: «hablo como el Padre me ha enseñado»… y si El Padre le ha enseñado, es porque Cristo había estado con El Padre, y si eso hacía, lo hacía desde siempre, porque Dios Es Siempre, Es Eterno, por ello dice en el libro del Éxodo: Yo Soy el que Soy (Todo lo dice en tiempo presente: Yo Soy el que Soy), y el mismo Cristo nos dice en El Sagrado Evangelio de hoy: «si no creéis que Yo Soy, moriréis por vuestros pecados.»… y luego: «Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que Yo Soy»… con lo que hay una autoproclamación mesiánica y cumplimiento profético de La Palabra de Dios en Las Palabras de Cristo, pues, era necesario que Él muera para que se cumpliera La Escritura y se de la oblación suprema: Dios Hijo, El Hijo de Dios, muerto por nuestros pecados, y restituidas nuestras almas y desterrados nuestros caprichos y pecados por La Cruz de Cristo y con la cruz que nos toca, podamos también por nuestra fe en Jesús lograr nuestra salvación. Esta salvación es una constante con el Pan Eucarístico, no como el pan que comieron vuestros padres… ese pan del que Dios le diera al pueblo de Israel y le dio un cólico por su gula, dice el Salmo; y también La Primera Lectura de hoy: nos da náusea ese pan miserable… y murieron muchos israelitas por la mordida de la serpiente. Hoy, del mismo modo, quien no come del Cuerpo y Sangre de Cristo en El Pan Eucarístico, y reniega de solo Ese alimento, y desea otro alimento del mundo como preferencia, porque no se satisface de Cristo Eucaristía, Pan Vivo que ha bajado del Cielo, también es muerto por la serpiente que es el demonio. Creamos, pues, que Jesús Es Dios, pues, el dice: «no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado»… es decir, todo es Voluntad del Padre y obediencia del Hijo, Acción del Hijo y obediencia del hombre. Se tienden los puentes: La Divinidad se aloja en la carne mortal para hacer al mortal divino. Cristo muere para que el hombre viva: Un intercambio que tiene su apreciación y la conclusión de la salvación en la obediencia, cuando el hombre muere a sí mismo en sus debilidades y sus ansias superfluas y transitorias, y muere corporalmente para vivir espiritualmente junto con sus cuerpos resucitados, donde Cristo por Su Resurrección como precursor nos ha abierto El hermoso don de La Vida Eterna. Amén. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En El Nombre del Padre, etc.
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Cuando ustedes levanten al Hijo del hombre, sabrán que "Yo Soy"
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