Meditaciones Litúrgicas

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Meditaciones Litúrgicas

Meditaciones de La Liturgia de todos los días de la Primera Lectura, Salmo y Evangelio.

  1. 20

    Mi apostolado

    Me siento entre «la tristeza y la esperanza». En la tristeza de que no puedo escribir y grabar lo que yo tanto amo: Las Meditaciones de La Liturgia del día. Este apostolado me demandaba cerca de 4 horas al día. Fui con mi esposa a visitar a mi director espiritual a quien recién he conocido y me dijo que con que vaya a La Santa Misa todos los días y rece El Santo Rosario era suficiente. Por más que le dije que en mi negocio me estaba yendo algo regular y que no veía yo impedimento para seguir haciendo Las Meditaciones, él insistió en que no lo haga. Obedecí, y en pocos días he tenido dos problemas: Mi negocio necesitaba más trabajo porque comenzó a deteriorarse económicamente, y mi salud estaba comenzando con un poco de estrés, por lo que al acudir a un doctor, me recomendó un trabajo más disipado. Me siento muy triste por una parte, por no hacer Las Meditaciones y hasta reducir el tiempo de oraciones, pero por otra parte, veo que bueno es Dios que me pone a Su ungido, mi Director Espiritual, en mi camino para que días después me diera cuenta que tenía que hacer lo que es bueno para mí, mi salud y mi trabajo. En esto debemos ver que como yo me puse un poco fastidiado cuando mi Director Espiritual me dijo que no hiciera más Las Meditaciones, muchos se ponen peor, como niñitos con rabieta que quieren seguir haciendo lo que les da la gana. Yo no me creo un intachable, pero cumplí con «obediencia» cuanto me pidió el Sacerdote. Esto me da la certeza de que Dios habla a través de Sus Ungidos, y después de ello, pasa el tiempo y las cosas se van dando, yo no quería dejar Las Meditaciones, pero Dios me avisaba que me ocupara de mi negocio y de mi salud, porque además el Sacerdote que es mi Director Espiritual me recomendó hacer deporte que tiempo que no hago, tema que es necesario para combatir el estrés. El doctor que pidió comida más sana, deporte y bajar el ritmo de trabajo. Ahora me queda «la esperanza» de estar seguro que finalmente Dios está conmigo, y le pido fuerzas para que yo nunca lo deje. Él estará, pero yo soy un costal de miserias, y consciente de ello le pido tenga piedad y misericordia de mi alma, y me conceda la gracia que necesito para caminar siempre en su voluntad. Me encantaría vivir como «Misionero Remunerado», para vivir haciendo lo que más me gusta, trabajar predicando y enseñando La Palabra de Dios. Estudiando Teología según La Sagrada Doctrina de La Iglesia y morir con Las Sagradas Escrituras en mi pecho. Pero esto no depende de mí, depende de a quien o quienes quieran que yo les sea útil. Ellos: La comunidad donde voy u otra, o varias que quieran y vean esta posibilidad lo pueden hacer. No sé si ahora o después, o nunca se hará. Yo solo le pido a Dios que no me deje morir sin trabajar en lo que tanto, pero tanto me gusta: Ser Su misionero. Esto me ha dejado siempre una reflexión cuando muchos dicen que El Sacerdote puede y debe como todo hombre tener una familia. Yo les digo, que Dios en el Sacramento del Orden, da la gracia para que El Sacerdote goce de la castidad hasta el fin de su vida. Ellos, los Sacerdotes, han tenido 10 años de estudios en seminarios, y otros años más en discernimiento sobre su vocación, tiempo suficiente para saber a qué se atenían. Por otro lado, en ocasiones he tenido que ver mi negocio y asistir a mi esposa en diferentes demandas antes que mi apostolado. Me daba mucha pena no poder trabajar en mi apostolado, pero primero era mi «Vocación de Matrimonio» y mi trabajo del que depende mi matrimonio. Eso es lo que le ocurriría al Sacerdote si tuviera que casarse, ver por su mujer y por sus hijos, lo que le quitaría muchísimo tiempo para ayudar a la feligresía encargada ¿Cuántas almas se hubiesen dejado de salvar por atender a sus familias? Sintiéndome indigno de comparación con un Sacerdote y de necesidad para mi apostolado, pero también preguntaría lo mismo ¿Cuántas almas se dejarán de salvar por atender a mi pequeño negocio? Y así mucha gente recrimina que un misionero deba ser remunerado, y más aún un Sacerdote tenga que recibir un sueldo. Si de ello dependen para sus condiciones básicas. Yo necesito cubrir mis gastos de manutención, y si no trabajo y no recibo un ingreso ¿De qué vivo? ¿Cómo pago mis servicios de luz, agua, teléfono, casa, alimento y vestido? ¿De material para el apostolado como lo son libros, computadora, movilidad, seminarios, etc.? Todo esto necesario para la misma gente que necesita de los conocimientos que yo pueda impartir, pero muchos quieren todo gratis, como si a ellos les dieran todo gratis; a nosotros nadie nos da gratis tampoco. Entonces, se debe tener conciencia de los aportes a La Parroquia y a los pobres, y a los hombres que están encaminados a querer ser misioneros para que Dios por medio de ellos, se puedan salvar a muchos que tienen hambre de Dios y otros que pueden estar extraviados. El mundo tiene que tener misericordia especialmente de estos que pueden ganar una condena dolorosísima ¿Dónde está la misericordia del hombre Dios mío? ¿Cómo puede haber gente sin amor que no le interesa si su hermano muere? ¿Qué no hay pena en el hombre? ¿Por qué el hombre no quiere conocerte más? No sé qué es lo que me espera, solo sé que estoy en la voluntad de Dios, pero Dios también espera la voluntad del hombre, y todo retraso para Dios por el querer del hombre es la victoria del Demonio. Dios tenga misericordia de nosotros porque cuentas nos pedirán por nuestras acciones.

  2. 19

    Obispado-Primado de Pedro encargado por Jesús

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: En nuestra vida diaria cuando tenemos ocasiones de conversar acerca del Evangelio, La Sagrada Doctrina de La Iglesia, la vida de algún santo o algo relacionado a nuestra religiosidad, muchos de nuestros oyentes tienen una actitud de indiferencia hacia ello tal como son las palabras del tribuno Festo que dice: «se trataba sólo de ciertas discusiones acerca de su religión y de un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo» Este tipo de expresiones como: «se trataba solo de ciertas discusiones» son producto de algunas cuestiones a saber: 1. La ignorancia. 2. La dureza de corazón. 3. El corazón frio. 1. La ignorancia. En cuanto que el hombre no ha sido instruido desde su niñez catequéticamente, o no se ha dejado instruir por su propio querer aún cuando se le haya propuesto, o porque tiene la ignorancia invencible cuando se da en casos de inadvertencia, olvido o cuando el hombre pone todo su empeño para lograr comprender, pero no puede aún cuando lo hace con buena diligencia moral, por lo que no debe haber en este caso preocupación, ya que se puede poco a poco con sus propias fuerzas y principalmente con la gracia de Dios lograr el aprendizaje. 2. La dureza de corazón. Cuando se ha heredado de padres que también tenían esta dificultad, porque ellos también no fueron educados en nuestra religiosidad porque a su vez también tuvieron otros padres de escaza educación de nuestra religiosidad. Pero la dureza de corazón puede ser también porque habiendo los padres educado a sus hijos, estos por propia voluntad dejaron de educarse y mantenerse en la perseverancia de la fe, lo que hace que poco a poco el corazón se endurezca. 3. El corazón frio. De quien habiendo llegado a una madurez, y aún cuando mantienen una religiosidad externa y de actitudes rutinarias como la oración, ir a La Santa Misa, realizar alguna obra de caridad, etc. y más aún cuando esta persona pudiera ser un religioso o laico consagrado, todo cuanto hace lo hace por rutina u obligación, pero no por amor a Dios y a sus hermanos; pues, por diversos motivos ha llegado a esa instancia de la frialdad de sus corazones. Cuales quiera que fueran las circunstancias además de las mencionadas en cualquiera de estos tres puntos que se han expuesto, el hombre que actúa en consecuencia con «indiferencia» hacia nuestra religiosidad, debe ser asistido con toda la caridad posible para lograr llevarlo nuevamente al Sagrado Corazón de Jesús Eucarístico y logre su salvación y cante lo que nos entona el salmo de hoy: «Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios» En Jesús hay una necesidad de los hijos que se van perdiendo, como es el caso que hemos expuesto: El ignorante, el de corazón duro y el de corazón frio. El Señor Jesús busca en el Primado de Pedro que estos hermanos e hijos de Dios sean pastoreados, principalmente los corderos que son los de condición «menor» que no solamente son los menores de edad a quienes debemos procurarle todos los cuidados porque de sus infancias dependen sus futuros, cosa que es muy importantísimo, sino, también quienes son unos infantes en su camino hacia El Señor. Estos son los corderos, el rebaño infante que Jesús desea que el Papa los apaciente, es decir, que los instruya, y de ahí la necesidad de que los niños tengan una religiosidad producto de la enseñanza de La Iglesia y de los padres que deben afanarse. El pastoreo no solo indica que los infantes deben ser instruidos, es decir, no solo los corderos. El Señor Jesús pide que también lo haga con Sus ovejas – pide primero por los corderos, que son los que son más tiernos y luego las ovejas –; que siendo los más instruidos, pero que no dejan de tener la concupiscencia no lleguen a perderse tampoco; pues la necesidad del pastoreo la tienen infantes y adultos, porque todos llevamos la herencia del pecado y sus consecuencias, y por tanto, nadie puede decir ser salvo, ya que solo se salva el que persevere hasta el final. La tristeza de Pedro podríamos decir que «manifestaría» que lo hizo a razón de que fue «tres» veces que Jesús le pregunta Pedro ¿me quieres?, con las «tres» negaciones de Pedro a Jesús, como que Jesús haya querido recordarle las tres negaciones no por reproche, sino, para que Pedro tenga en cuenta su debilidad humana, y que pese a todo Jesús con Su Amor de Dios, igual le encarga Su Iglesia – pastorea mis ovejas –, porque finalmente no solo es Pedro quien dirigirá Su Iglesia, sino, que lo hará con la ayuda del Espíritu Santo. Recordemos también que la Tradición de La Iglesia nos manifiesta que Pedro después de las negaciones lloró al punto que sus lágrimas marcaron surcos en sus mejías y le dejaron esas huellas en su rostro, por lo que el arrepentimiento fue desde lo más profundo de su corazón. Así Jesús no se equivocó en delegar Su Iglesia a quien tenía El Espíritu Santo de Dios y que manifestara: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo» Y luego Jesús le encargara Su Iglesia: «Tú eres Pedro» Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  3. 18

    Oración Sacerdotal de Jesús III

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: El Apóstol Pablo hace una sola manifestación: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, y me juzgan porque espero la resurrección de los muertos»… y se causa una revuelta y su protección por parte del tribuno que lo lleva al cuartel. El Señor Jesús se le presenta y lo anima, además de ser testigo de Él así como lo hizo en Jesrusalém para que lo haga en Roma. El Salmo alienta a los cristianos: «Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con Él a mi derecha no vacilaré» "Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti" La guía del Espíritu Santo en la boca del Apóstol, es signo de que Dios no abandona a Sus hijos, más aún les concede mayor gracia a Sus ungidos, y Pablo es prueba de ello. Él, al hablar de la Resurrección da testimonio no porque haya visto al Resucitado como lo vieron los apóstoles, sino, que por manifestación del Señor Jesús y por su fe, Pablo anuncia El Evangelio y al Resucitado. El CIC 989 nos dice: Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos (los santos, los que han pasado de la vida de pecado a la vida de gracia) después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día (cf. Jn 6, 39-40). Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad: «Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros (Rm 8, 11; cf. 1 Ts 4, 14; 1 Co 6, 14; 2 Co 4, 14; Flp 3, 10-11). El Espíritu de Aquél Es El Espíritu Santo de Dios, que resucitó al Mismo Jesús. Si Ése Espíritu Santo habita en nosotros; es decir, si Dios habita en nosotros, porque donde está El Espíritu Santo está La Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo; por tanto al decir que si El Espíritu Santo está en nosotros, equivale a decir que si Dios está en nosotros nosotros resucitaremos. Pero para que Dios habite «en» nosotros nuestra garantía está en el «estado de gracia», porque solo quien está en estado de gracia puede tomar a Cristo Eucaristía. Y bien si Cristo está en nosotros, es porque Su Espíritu Santo también lo está, y no puede estar en un alma que no está en estado de gracia, porque Dios no puede habitar en un alma manchada, empecatada y profanada de pecados donde está habitando sigilosa pero verdaderamente el Demonio. Por tanto, habitemos en Dios, queriendo tener con mucho énfasis el «estado de gracia» para que El Espíritu Santo habite en nosotros, pues, en cualquier momento podemos dejar este mundo; ya en 100 años, ya en 50 años, ya en 10 años, ya mañana o ya hoy mismo; y como no sabemos en qué momento ocurrirá, pues, con mayor razón debemos urgirnos por asegurarnos el estado de gracia, y de ahí el gran hábito que debemos de tener de asistir a La Santa Misa indefectiblemente todos los domingos y fiestas de guardar, y con mayor garantía de mantener el estado de gracia; es decir, de asegurar nuestra vida de santidad es asistiendo a La Santa Misa todos los días. Que ¿no hay tiempo? Hermanos y hermanas, a mí me dio la gracia el Señor de poder asistir hasta ahora a La Santa Misa todos los días, y además trabajo y hago éste apostolado y me ocupo de mi matrimonio. Me propusieron empleos que triplican mi sueldo actual, pero decidí vivir con mayor austeridad, con pobreza evangélica: Austeridad, estética y funcionalidad; pero siempre cumpliendo con mis obligaciones, y sin que el trabajo en el que esté vaya en contra de mi asistencia a La Santa Misa. No es un mandamiento de La Santa Madre Iglesia, pero me lo hago mi mandamiento. Y se lo he pedido al Señor con lágrimas que no deje La Santa Misa diaria, que no lo deje de tomar en La Eucaristía todos los días, que tenga piedad de mí, que quiero amarlo más, que Él Es la garantía, se lo pedí desde lo más profundo de mis entrañas continuamente y me lo concedió. No sé si se logrará lo propio con todos, o que todos tengan esa gracia, es cuestión que lo pidan y sigan una necesaria asesoría espiritual con santo un sacerdote y vayan dicerniendo cómo lograr los caminos que Dios quiere para cada quien. Para que tomando el Cuerpo de Cristo tengamos Vida Eterna, porque «Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales» El CIC 990 nos dice: El término "carne" (Resurrección de la carne) designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad (cf. Gn 6, 3; Sal 56, 5; Is 40, 6). La "resurrección de la carne" significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros "cuerpos mortales" (Rm 8, 11) volverán a tener vida. "Mas no ruego sólo por ellos, sino también por aquellos que, mediante la palabra de ellos, crean en Mí» Son las palabras del Divino Redentor que ruega no solo por los Apóstoles, sino, también por nosotros que hemos creido en Cristo por la palabra que los Apóstoles han manifestado del El Evangelio y La Sagrada Doctrina de La Iglesia. Y no solo por nosotros, también pide por los que escucharán, es decir, por los que aún falta predicarles a Cristo. Y de ahí la importancia de predicar El Evangelio, hablar de Cristo para que crean en Él, y creyendo en Él podrán lograr sus salvaciones, porque creyendo en Cristo, creerán en Su Iglesia que Es Sacramento de Salvación y que principalmente nos trae a Cristo en La Eucaristía. «A fin de que todos sean uno, como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti» Donde Cristo nos pide la unidad de Iglesia y no las divisiones de iglesias protestantes que no son una, sino, más de 24,000 iglesias protestantes. La Unidad como lo es La Santísima Trinidad, y así lo manifiesta El Señor Jesús: «Como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti» CIC 814: Desde el principio, esta Iglesia una se presenta, no obstante, con una gran diversidad que procede a la vez de la variedad de los dones de Dios y de la multiplicidad de las personas que los reciben. En la unidad del Pueblo de Dios se reúnen los diferentes pueblos y culturas. Entre los miembros de la Iglesia existe una diversidad de dones, cargos, condiciones y modos de vida; "dentro de la comunión eclesial, existen legítimamente las Iglesias particulares con sus propias tradiciones" (LG 13). Por tanto la necesidad de aceptar los diversos movimientos de La Iglesia y familias de La Iglesia que si La Santa Sede con el Sello de Pedro, es decir, El Papa; lo han aprobado dándoles la bendición de Dios; es decir, es Dios Mismo Quien ha bendecido a esos movimientos y a las nuevas familias de La Iglesia ¿Quiénes somos nosotros para juzgarlos? La gran riqueza de esta diversidad no se opone a la unidad de la Iglesia. No obstante, el pecado y el peso de sus consecuencias amenazan sin cesar el don de la unidad. También el apóstol debe exhortar a "guardar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz" (Ef 4, 3). Por ello continúa El Divino Maestro: «A fin de que también ellos sean en Nosotros, para que el mundo crea que eres Tú el que me enviaste» Es El Señor que nos pide unidad para que seamos uno en Ellos, en La Santísima Trinidad, así, unidos en Una Sola Iglesia, como dice El Apóstol: «Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza… Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Hay un solo Dios y Padre de todos» Ef. 4, 4-5. Esa unidad es posible al Espíritu Santo que se manifiesta en plenitud en La Iglesia Católica, porque esa plenitud es posible a que Dios lo pueda hacer en cada sacramento instituido por Cristo y por El Padre, especialmente en La Eucaristía, donde está Dios Mismo. Por tanto al tomar a Cristo Eucaristía tenemos la plenitud del Espíritu Santo que se irá manifestando según quiera, por ello dice: «Y la gloria que Tú me diste, Yo se la he dado a ellos, para que sean uno como nosotros somos Uno: Yo en ellos y Tú en Mí, a fin de que sean perfectamente uno» «Y los amaste a ellos como me amaste a Mí» La predestinación del Padre, Quien ama a Sus hijos obedientes hasta el final como obediente hasta la Cruz fue El Hijo. «Padre, aquellos que Tú me diste quiero que estén conmigo en donde Yo esté» Si Cristo está en Dios, El Señor está pidiendo al Padre para que nosotros estemos en el convivio eterno con El Padre. Jesús rogando para que nos salvemos, lo hace en un momento de intensa oración y de despedida para consagrarnos al Padre y logremos La Vida Eterna contemplemos La Omnipotencia que El Padre le ha heredado al Hijo; es decir, cuando logremos ver a Dios tal Cual Es, podremos ver toda Su plenitud, algo totalmente imposible ahora para el hombre, pero posible para él si logra la perseverancia final. Así dice El Señor: «para que vean la gloria mía, que Tú me diste, porque me amabas antes de la creación del mundo» Y ese antes de la creación, es antes de todos los tiempos, es decir, desde siempre, desde toda la eternidad de Dios. Es decir, que El Padre amó a Su Hijo desde siempre, lo engendró – no lo creó – y le dio toda la naturaleza divina que gozaba El Padre y El Hijo que Es Dios, y por tanto, desde siempre tuvo la gloria, que El Padre le dio cuando lo engendró. «Padre Justo, si el mundo no te ha conocido, te conozco Yo, y éstos – los Apóstoles – han conocido que eres Tú el que me enviaste» Nuevamente se manifiesta la unidad y en consecuencia la separación de los hijos de Dios de los hijos del mundo; así como el consuelo que le da Jesús a Su Padre: «Padre Justo, si el mundo no te ha conocido, te conozco Yo» Es decir, que si puede haber tristeza en El Padre por la desobediencia y los pecados de los hombres, Cristo consuela al Padre para decirle: Ellos no quisieron conocerte, desobedecieron, pecaron y murieron en pecado hacia la condena. No llores por ellos, porque conociéndote Yo, que también Soy Dios, puedo cubrir toda tristeza que tu tienes – Pues, la tristeza que El Padre pudo y sigue sintiendo por los pecados, es una tristeza eterna, pues, Dios Es Eterno – Por tanto la única manera en que se puede cubrir la deuda de la tristeza del Padre es con el consuelo del Hijo, porque el Hijo al Ser Dios, consuela al Padre Eternamente, desde y hasta siempre; las nuestras no lo logran, porque no somos Dios. «Yo les hice conocer tu nombre, y se lo haré conocer» Es decir, que El Señor Jesús les dio a conocer a Sus Apóstoles las enseñanzas del Padre, y con ello, conocer mejor el nombre de Dios, de lo que significa Dios para el hombre, pero había más por conocer, porque dice: «y se lo haré conocer» Es decir, que todo lo que había revelado El Señor dando asentimiento y plenitud a todo lo que dice El Antiguo Testamento, tiene que ser más conocido para conocer mejor el nombre del Padre. De ahí que La Sagrada Doctrina de La Iglesia nos haya enseñado más los misterios de Dios en cada una de sus doctrinas y Santos Dogmas que nos han ayudado a dar mayor gloria a Dios, porque ha sido más y mejor conocido. Somos una fe con doctrina creciente y evolutiva, por más que conocer de Dios. Nuestra doctrina no es estática, porque Dios no es estático. Dios se sigue dando a conocer, porque Dios Es Eterno, y solo en la eternidad veremos toda la gloria de Dios, porque lo veremos Tal Cual Es. Y es que así termina el Divino Maestro: «para que el amor con que me has amado sea en ellos y Yo en ellos» Es decir, que viviendo Dios – Jesús – en nosotros obtendremos Su Amor, que Es El Amor del Padre. Así todos los que logren la perseverancia final tengan la plenitud del Amor de Dios, Su Santo Espíritu, que Es el Amor del Padre que le entregó a Su Hijo y que nos lo va a dar para vivir amándole eternamente. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  4. 17

    Oración Sacerdotal de Jesús II

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Desde el inicio de La Iglesia hubo siempre alguien que estuvo en contra de Cristo y de Su Iglesia, comenzando por Judas que vende a Jesucristo y se crea un caos que termina con la muerte de nuestro Señor. Desde ahí se nos hace ver claramente que hay y en consecuencia habrá siempre quienes vayan en contra de Cristo y de Su Iglesia, pues, Judas, al vender a Cristo, le hizo daño a Él y a Su Iglesia porque, en efecto, se vio mermada, pero no destruida, algo que hasta ahora no ocurre ni ocurrirá porque las puertas del infierno no prevalecerán, dice El Señor. Así, en Las Sagradas Escrituras se nos ha manifestado que ha habido ocasiones de discusiones en La Iglesia, pero siempre se ha mantenido la Unidad por El Espíritu Santo. Las herejías y demás posturas en contra de Cristo y de Su Iglesia han seguido ocurriendo, y así exhorta el Apóstol: «Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos. ¡Por eso, estad alerta!» Es el caso de la primera herejía en La Iglesia, que es la herejía de Arrio que negaba la divinidad de Jesucristo y su consustancialidad con el Padre, por lo que se desarrollo el Concilio de Nicea (año 325). Convocado por la autoridad del Papa San Silvestre. Formuló el "símbolo niceno" o Credo. Luego el Concilio Primero de Constantinopla (año 381). En tiempo del Papa San Dámaso, se ocupó de las herejías de los mecedonianos, eunomianos o anomeos. Por lo que se perfeccionó el símbolo niceno, que por esto lo llamamos el credo "niceno-constantinopolitano". Concilio de Éfeso (año 431). Convocado por el Papa San Celestino I y presidido por el Patriarca Cirilo de Alejandría, ese Concilio condenó la herejía cristológica y mariológica de Nestorio, que enseñaba la existencia de dos personas separadas en Cristo encarnado: una divina (el Hijo de Dios); otra humana (el hijo de María), cuando la verdad que enseña La Iglesia es que Cristo en Una sola persona con dos naturalezas: Divina y Humana. Por lo que el concilio proclamó la maternidad divina de María, La Theotokos: Madre de Dios (en griego). Y El símbolo de Efeso precisa que las dos naturalezas, humana y divina de Cristo, están unidas sin confusión y por lo tanto María es verdaderamente “Madre de Dios”. Y pasando por los demás concilios veamos el Concilio de Trento (año 1545-1563). Este Concilio fue inicialmente convocado por Pablo III para tratar el problema de la escisión de la Iglesia por la pseudo reforma protestante. Se ocupó de innumerables temas doctrinales, morales, disciplinares, de acuerdo con la problemática presentada por el protestantismo. Por lo tanto, a lo largo de la historia de La Iglesia ha habido quienes se han manifestado en contra de Cristo y de Su Iglesia, y que hasta ahora lo siguen haciendo porque la lucha continuará hasta el fin del mundo. San Pablo hace una advertencia en La Primera Lectura: «Tened cuidado de vosotros y del rebaño» Es decir, que pide que tengamos cuidado de nosotros mismos, de nuestras actitudes que pueden llevar consigo a consecuencias a favor o en contra de nosotros y del rebaño encomendado. Y es que el día de hoy podemos ver que existen algunos pastores en La Iglesia que van llevando al rebaño por caminos errados, contrarios al Evangelio y a La Sagrada Doctrina de La Iglesia. Religiosos, religiosas y laicos que creen tener más autoridad que todos los concilios que ha iluminado Dios Mismo con Su Espíritu Santo, y mayor autoridad que todos los Santos Padres y del actual sucesor de Pedro: Benedicto XVI. A ellos debemos de decirle lo mismo: Ten cuidado con tu alma y el alma del rebaño que se te ha encargado, por que no es tuyo, es de Dios, que como dice El Apóstol: «que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que Él adquirió con su propia sangre». Asi que tengan cuidado queridos padres, religiosos, religiosas y laicos consagrados; y aún los que no son consagrados y tienen el encargo de enseñar alguna materia de fe en las Parroquias u otros lugares, todos ustedes como yo, tenemos gente que nos escucha pero que quiere escuchar a Cristo en Su Evangelio y La Sagrada Doctrina de La Iglesia, y no nuestra posición personal que se oponga, porque mucho se nos ha dado y mucho se nos pedirá. Por eso continúa el Apóstol: «Ya sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño» Así de duro es el corazón de quienes han entrado a La Iglesia de Dios y prometiendo obediencia han desobedecido, tienen un corazón tan duro, que no les interesa que el rebaño se pierda y los corazones de estos se endurezcan tanto que terminen condenándose. Y añade: «Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos. ¡Por eso, estad alerta!» Las Sagradas Escrituras fueron escritas por La Iglesia, y los libros seleccionados y ordenados para que se tengan a disposición tal como lo tenemos ahora y de la que tuvieron los protestantes, pero a diferencia que ellos cambiaron palabras a sus antojos y conveniencias para deformar la doctrina de Jesucristo y de Su Iglesia. Porque Las Sagradas Escrituras es doctrina de Jesucristo y no de cualquiera que quiera hacer con ella lo que le de la gana. En Ella, en La Biblia, se manifiesta que La Iglesia de Dios es la que está conferida para adoctrinar, atar y desatar en la tierra y que ello ocurrirá también en El Cielo, como lo dice El Mismo Jesús en la famosa Confesión de Pedro. Luego el Apóstol dice: «Ahora os dejo en manos de Dios y de su palabra de gracia, que tiene poder para construiros y daros parte en la herencia de los santos» Y Su Palabra de Gracia es La Santa Biblia y Su interpretación que la hace El Magisterio de La Iglesia guiado por El Mismo Dios a través de Su Espíritu Santo. Fortalezcamos nuestra fe con lo que nos canta el salmo: «Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor, que avanza por los cielos, los cielos antiquísimos, que lanza su voz, su voz poderosa: "Reconoced el poder de Dios» Su voz poderosa y su poder que ha combatido a todo aquél que se ha opuesto a Él y a Su Iglesia, porque los enemigos de Dios perecen pero Dios se mantiene vigente, Él Es El Mismo, ayer, que hoy y para siempre. Y El Sagrado Evangelio sigue revelando con toda Su riqueza cuando dice El Señor Jesús: «Por tu nombre, que Tú me diste» El nombre del Padre es Dios y si ése nombre se lo dio El Padre al Hijo, es porque Jesucristo también Es Dios, revelación que ha sido enseñada categóricamente por La Iglesia desde antiguo. Y añade insistiendo: «para que sean uno como somos nosotros» Es decir, que El Hijo y El Padre Son Uno, Un Solo Dios con El Espíritu Santo. Y Jesús manifiesta el querer del Padre, que nosotros también seamos uno, pide la unidad de La Iglesia y la unidad en El Cuerpo Místico. En cuanto a La Unidad de La Iglesia: Dice El CIC 813: La Iglesia es una debido a su origen: "El modelo y principio supremo de este misterio es la unidad de un solo Dios Padre e Hijo en el Espíritu Santo, en la Trinidad de personas" (Decreto Unitatis Redintegratio No. 2). La Iglesia es una debido a su Fundador: "Pues el mismo Hijo encarnado [...] por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios [...] restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo" (Constitución Dogmática Gaudium et Spes 78, 3). La Iglesia es una debido a su "alma": "El Espíritu Santo que habita en los creyentes y llena y gobierna a toda la Iglesia, realiza esa admirable comunión de fieles y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el Principio de la unidad de la Iglesia" «¡Qué sorprendente misterio! Hay un solo Padre del universo, un solo Logos (Especialista: Dios) del universo y también un solo Espíritu Santo, idéntico en todas partes; hay también una sola Virgen hecha madre, y me gusta llamarla Iglesia» (Clemente de Alejandría, Paedagogus 1, 6, 42)… Y a muchos como a mí (DC) también nos gusta llamar una sola Virgen hecha Madre a Santa María. «Yo los conservé, y ninguno de ellos se perdió sino el hijo de perdición» Es decir, que Dios ha conservado a todos los que le da la gracia, porque ellos (todos los que mueran en Cristo) así lo han decidido por propia voluntad. El Señor Jesús conservó a todos los Apóstoles, y que lo hacía porque Él le entregaba las gracias para ello, pero cada Apóstol como cada uno de nosotros somos libres de mantenernos en la gracia de Dios, es así que ninguno se puede perder, y solo será posible si es que cada uno de nosotros como Judas se quiso perder, por eso Jesús lo llama el hijo de la perdición, así como llamará a los que quieran perderse por sus propias voluntades, aunque Dios siempre está llamando. Así, para quienes queden y ya desde sus conversiones y en sus constantes perseverancias tengan la alegría de la salvación, por ello dice: «Para que ellos tengan en sí mismos el gozo cumplido que tengo Yo» Es decir, que Cristo teniendo el gozo por el que cumplió lo encomendado por El Padre, de conservar a los once, y que ahora lo tiene por quienes han dejado este mundo en Su gracia, quiere que los Apóstoles y todos nosotros tengamos ése gozo de la salvación en que podamos contemplarlo eternamente. «Yo les he dado tu palabra y el mundo les ha tomado odio» Dice El Señor, es decir, que nosotros al conocer y ejercer La Palabra de Dios en el mundo, quienes son del mundo y no gustan del Evangelio del Señor Jesús, nos odiarán, así como han odiado a La Iglesia que no les ha dado sus caprichos a los católicos engreídos, protestantes, cismáticos, herejes, réprobos y apóstatas, y así como seguimos siendo signo de contradicción como lo fue El Señor Jesús y que también lo somos nosotros, y de ahí que cuando hablemos de Su Evangelio y de La Sagrada Doctrina de La Iglesia, tengamos serias discusiones con quienes se crucen con nosotros que en ocasiones son nuestros mismos familiares. Así como también los fundamentalistas y extemistas de alugnas religiones como los musulmanes que han dejado desolación y muerte convirtiendo Mártires a muchos hermanos en todo el mundo y a través de la historia: «El mundo les ha tomado odio». «No ruego para que los quites del mundo, sino para que los preserves del Maligno» No somos del mundo, pero estamos en el mundo; y Cristo ruega para que El Padre nos preserve del Maligno que es del mundo y que con sus tentaciones y ofertas desenfrenadas y desordenadas nos quiere arrastrar hasta llegar a faltas en materia grave, es decir, al pecado mortal. Por tanto, estamos en el mundo, pero no le pertenecemos al mundo, sino, que estamos en el mundo (en el ambiente anticristiano) para evangelizar a quienes han sido arrastrados por el mundo (por el ambiente anticristiano) y en donde están nuestros hermanos que llevan sus almas profanadas hacia la condena, por ello añade: «Como Tú me enviaste a Mí al mundo, también Yo los he enviado a ellos al mundo» Es nuestro deber estar en el mundo pero no contaminarnos con el mundo. Y Dios está con nosotros para que nos preserve del Maligno que arrastra al mundo. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  5. 16

    Oración Sacerdotal de Jesús

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Siendo la humildad la virtud moral por la que el hombre reconoce que de si mismo solo tiene la nada y el pecado, es necesario, pues, trabajar al servicio de Dios con humildad, ya que todo es un don de Dios de Quien todos dependemos y a Quien se debe toda la gloria. Por tanto, al servir a Dios con humildad no nos vanagloriaremos, porque la soberbia no está en nosotros, porque la humildad es contraria a la soberbia. El hombre humilde no aspira a la grandeza personal que el mundo admira, sino, que los elementos que encontramos en el mundo: los estudios el trabajo, y los logros que podemos encontrar en ellos deben significar para nosotros el medio para lograr nuestra salvación, porque es lo que va a durar eternamente en nosotros, y todo por la grande misericordia de Dios. El hombre actúa así, porque ha descubierto que ser hijo de Dios es un valor muy superior, porque el serlo, implica que Dios es su fin último y máximo, conformarse con Dios. Conformarse en cuanto que solo debo porque quiero tenerlo a Él por encima de todas las cosas, y para ello debo lograr mi salvación. En consecuencia si Él Es el centro de mi vida, no puedo estar lejos del centro, lejos de Dios, y para ello, para estar «en Dios», debo estar «en la gracia de Dios», asistiendo a La Confesión y tomando a Cristo Eucaristía. El hombre humilde, es así, libre para estimarse en su justa medida y estimar a sus hermanos, dedicarse al amor y al servicio sin desviarse en juicios que no le pertenecen. Más aún cuando «no nos pertenerce» no entremos en el prejucio, porque «prejuiciar» es adelantarse al «juicio», y el juicio le corresponde a Dios. Es decir, que si no debemos juzgar ¿Qué hacemos prejuiciando? Es decir ¿Adelantándanos al juicio? Si ni el juicio nos corresponde. Por tanto, no juzguemos, ni menos prejuzguemos. Por el contrario «el sano juicio» es la crítica cuando es positiva y constructiva, es buena, porque ahí «si nos pertenece»; es decir que lo podemos hacer, porque está en nosotros poder expresar algún comentario, porque «nos pertenece» manifestar alguna aprobación que ayuda y edifica a nosotros mismos y a nuestro prójimo, esto ya no entra en un prejuicio ni en un juicio de condena. Y cuando se critica en ocasiones con dureza, si se hace en plena conciencia para ayudar a alguien a enmendar su vida, es necesario hacerlo, y hacerlo con dureza, con acidéz y aún con alguna ironía mientras sea con caridad y sin que brote de nuestros corazones el odio o menosprecio hacia la otra persona, mientras ello no nos dañe, ni dañe al prójimo, podemos criticar para ayudar y construir a nosotros mismos y al prójimo. Por tanto, el prejuicio y el juicio que son con malas intensiones, no los confundamos con la crítica constructiva y el sano juicio. Servir así al Señor, con humildad y ayudando a nuestro prójimo, como dice el Apóstol en La Primera Lectura: «en las penas y pruebas» nos ayuda a reconfortarnos, porque en la dureza nos fortalecemos por la fe y la esperanza de lograr la corona de la gloria. Nuestra misión es de hacerlo a tiempo y destiempo y como lo dice San Pablo: «predicado y enseñado en público y en privado». Por tanto hermanos y hermanas, nos corresponde manifestar a Cristo y Su Evangelio en todo lugar y en todo momento, y no quedarnos con las enseñanzas porque mucho se nos ha dado y mucho se nos pedirá, es por ello que no debemos quedarnos con lo que sabemos, antes bien debemos expresarlo con caridad y fortaleza al mundo para que muchos puedan ser salvados. No nos preocupemos por el mañana que tiene su propio afán, dice El Señor, y luego el Apóstol: «El Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas» Contra esto, el Apóstol manifiesta seguridad pese a todo contratiempo que el hombre procura no tener, porque a nadie le gusta estar en sosobra y contrariedades, ya que propio de la naturaleza del hombre es estar con tranquilidad y vivir egoístamente para él, mientras a él (al hombre) no le ocurra nada, él no se mete con nadie, ni para bien ni para mal. Actitud egoísta, porque somos signo de contradicción porque dice: «Puesto está para caída y levantamiento de muchos en Israel y para signo de contradicción. Lc. 2, 34», y Hch. 28, 22. Ése es el cristiano, que no escapa a la oportunidad de predicar a Cristo y Su Sagrado Evangelio aunque aguarden cárceles y luchas. Animémonos con lo que nos dice el salmista: «Bendito el Señor cada día, Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación. Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte» Y añade El Apóstol Pablo: «Pero a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios» y luego categóricamente dice: «Nunca me he reservado nada». Ahondando en El Evangelio de hoy, El Señor Jesús pide al Padre: «Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a Ti» Siendo la gloria majestad, esplendor y magnificencia, El Señor Jesús pide esta gloria, no en vanagloria, sino en sentidio que todos los dones, virtudes y frutos del Espírtu Santo, es decir, que la plenitud de Dios se manifieste en Él en ése momento para que llegada su próxima hora de Su Pasión y Muerte, Él, Cristo, pueda lograr derrotar al Demonio contra las incidias que lo pueden dejar de cumplir El Plan de Dios: La Cruz. Por tanto, con El Espíritu Santo en la plenitud de Cristo se garantiza la derrota del enemigo, no porque Cristo no lo podía hacer, porque en Su naturaleza Divina es Dios y no necesitaba ser glorificado, pero Su naturaleza humana así como fue creciendo en gracia, estatura y sabiduría, necesitaba crecer en todos los dones, virtudes y frutos que le ayudaran al grande sacrificio de soportar todo lo que pasó. Para que Cristo soporte el ultraje del hombre era necesario tener a brote todo El Espíritu Santo manifestado en ése momento para que El Hijo venciendo al Demonio pueda retribuirle la gloria a Su Padre, porque no hacerlo es quedarse con la gloria con una actitud egoísta y soberbia, que es todo lo contrario a lo que hace El Señor Jesús, por ello dice: «Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a Ti» Por tanto, El Padre alaba a Su Hijo dándole gloria, es decir, ensalsándolo por encima de todo dándole majestad con El Espíritu Santo, para que una vez obtenida la victoria el Hijo glorifique al Padre ¿Cómo? Resarciendo la ofensa que todos los hombres le hiceran, hacen y harán hasta el fin del mundo. Y que no se confunda el concepto bíblico de la palabra gloria, que es tomar a Dios en serio en toda la vida." Para el hebreo la gloria no significa -como para el griego o el francés- la fama o el renombre, sino el valor real, el peso de la gloria que es estar en Dios" (Vocabulaire de theologie biblique). Y estando en Dios es gozar de Su Espíritu Santo que nos concede lo que necesitamos para nuestra salvación. Así, la gloria es El Mismo Espíritu Santo, porque dice: «Y ahora Tú, Padre, glorifícame a Mí junto a Ti mismo, con aquella gloria que en Ti tuve antes que el mundo existiese» ¿Qué es pues, esa gloria que tenían Padre e Hijo antes que el mundo existiese sino El Espíritu Santo? Éste Espíritu Santo que va a habitar en nosotros en la medida que estemos en la gracia de Dios, en la gracia de Cristo que en Su gloria, es decir, en Su majestad, significa como dice El Evangelio: «conforme al señorío que le conferiste sobre todo el género humano» Esa es Su majestad, Su gloria, Su reconocimiento, es decir, Su Señorío sobre todos los hombres por todo el bien que le ha hecho a la humanidad y a Su Padre resarciéndolo de las ofensas mismas del hombre. Por tanto existe la gloria que Es El Espíritu Santo y la gloria que es la majestad que se alcanza por reconocimiento a la obediencia en Cristo que goza del Señorío sobre todo el género humano, y la gloria que contiene El Espíritu Santo que manifestándose plenamente con todos sus favores en Cristo para vencer en La Cruz, y esa gloria que Es El Espíritu Santo que se entrega también al hombre para que logre la meta: Su santidad en La Vida Eterna. Y la gloria del Señor Jesús no queda ahí, sino que añade: «dando vida eterna a todos los que Tú le has dado» Es decir, que la gloria de Dios no solo queda en El Padre y El Hijo, sino que está asociada a todos los hombres que anhelen y logren La Vida Eterna, que como añade: «es que te conozcan a Ti, solo Dios verdadero, y a Jesucristo Enviado tuyo» En lo que una vez más se manifiesta la unión estrechísima entre Cristo y Su Iglesia como Un solo Cuerpo. El Padre engendró al Hijo y goza de la totalidad del Padre, en ése instante eterno que lo engendra (no lo crea), por ello dice: «han conocido verdaderamente que Yo salí de Ti» Luego, El Hijo hereda todo lo del Padre, entre ello, a todos nosotros, pues dice: «Eran tuyos, y Tú me los diste, y ellos han conservado tu palabra» Es decir, que si conservamos hasta el final La Palabra de Dios seremos de Cristo. Así añade: «en ellos he sido glorificado» Es decir, que Cristo es glorificado en quienes logren su salvación, pues, solo los que lograron su salvación son dignos de que dentro de ellos Cristo haya sido glorificado, y sigue: «Por ellos ruego; no por el mundo, sino por los que Tú me diste, porque son tuyos» Es decir, que quienes no murieron en Cristo y ahora no están «en Cristo» son del mundo hijos del Demonio. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  6. 15

    Dios preparó a La Virgen Maria para su Divina Maternidad.

    Vamos a dar inicio a éste Estudio saludando en primer lugar a Rosario por La Vida en su Segundo Aniversario, por sus autoridades y por todos los que la conforman. + M Oración de entrada: En el nombre del Padre,… + Ven, Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, tu Amadísima Esposa. (3 veces) Ven, Espíritu Santo, y llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor. V./ Envía Señor tu Espíritu y serán creadas las cosas. R./ Y renovarás la faz de la tierra. Oremos: Oh! Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo; concédenos saber que está bien según el mismo Espíritu y gozar por siempre de Sus consuelos. V/. Por Jesucristo nuestro Señor. R./ Amén. 1 Padre Nuestro, 1 Ave María, 1 Gloria, V/. Santa María Trono de La Sabiduría. R/. Ruega por nosotros. V/. Ave María Purísima R/. Sin pecado Concebida En el nombre del Padre,… + + M DE LA PREPRARACIÓN DE LA VIRGEN MARIA PARA SU DIVINA MATERNIDAD Nexo: Como la elección de María para ser Madre de Cristo y de los hombres había de llevarse a cabo infaliblemente en el tiempo, nos es lícito suponer que Dios habría extremado sus cuidados para prepararla convenientísimamente, tanto en lo que se refiere a Su alma como en lo que se refiere a Su cuerpo, de tal manera que fuera digna Madre de Dios; no era decoroso que Dios procediera de otra forma. § I. – SI DIOS LA PREPARÓ EN LO QUE SE REFIERE A SU ALMA. En lo que se refiere a Su alma: Dios la preparó de dos maneras, a saber: negativa y positivamente; Negativamente: En cuanto la preservó de la mancha del pecado original y sus consecuencias. Positivamente: En cuanto que la enriqueció con sus dones: a) De la preservación del pecado original. b) De la santificación por medio de Sus gracias. Explicación del término Negativamente (Daniel Cueva): Dios Sapientísimo «no» quiso que La Virgen María tuviese pecado original y sus consecuencias. “Y no es que exista algo negativo o en contra De Dios para con La Virgen María” §§ I. – SI DIOS PREPARÓ A LA VIRGEN MARÍA PRESERVÁNDOLA DE LA MANCHA DEL PECADO ORIGINAL Y DE SUS CONSECUENCIAS 1. Tesis: La Bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano (Doctrina de fe divina católica solemnemente definida) Dos cosas igualmente fundamentales a tenerse en cuenta en este lugar, a saber: a) Que todos los hombres que descienden de Adán por vía de generación natural deben contraer la mancha del pecado original, de manera que la contraigan de hecho, a no ser que por un privilegio singular de Dios se vean eximidos de su actual forma de contraer el pecado original (La estrechez del pecado de Adán para con todos los hombres) o de la obligación a contraerla. Pero esta exención, dispensa o privilegio, no puede presuponerse, reconocerse o admitirse, si no que más bien debe probarse; se presupone pues la contracción mientras no se pruebe lo contrario, ya que el pecado original es universal. b) Que Cristo ha sido Redentor de todos, absolutamente de todos los hombres, y que a todos, sin excepción alguna los redimió con el precio de su sangre; pero téngase en cuenta que aquella será la más excelente de todas con la que un determinado individuo no solamente sea liberado del pecado ya contraído, sino que también sea preservado de contraerlo, y más aún de la ley de su contracción (La estrechez del pecado de Adán para con todos los hombres); la redención, pues de Cristo es también universal. Explicación de términos: Fue preservada, es decir, fue ciertamente redimida por la sangre de Cristo, pero no con una redención liberativa, que es común a todos los hombres que son redimidos, si no, con una redención preservativa, que es singular y privilegiada. • La redención liberativa consiste en que un determinado individuo «sea librado» del pecado original ya contraído. • La redención preservativa, por el contrario consiste en que ese individuo «sea impedido» para que de hecho no caiga en él. De toda mancha de la culpa original: Es decir, que María no contrajo el pecado original, y como en este orden de la providencia la preservación del pecado original se hace por la infusión de la gracia santificante, lo mismo se dice cuando se afirma que María estuvo adornada con la gracia santificante. En el primer instante de su concepción, desde aquel instante en que la materia, preparada y dispuesta por los padres (San Joaquín y Santa Ana), se vio informada (tuvo forma) por el alma racional, ya tuviera lugar en la misma fecundación, ya más tarde. El alma de María fue, pues, al mismo tiempo creada por Dios, unida al cuerpo y preservada a la mancha del pecado original. Por su singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, es decir, esta preservación no fue por los méritos de María, si no, por la gracia de Dios omnipotente; fue también un privilegio singular, o porque a Ella solo se le ha concedido, o porque es el mayor de todos los privilegios. En atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, es decir, esta gracia se le concedió a María por los méritos previstos de Cristo; puesto que Dios, para quien todas las cosas están presentes, aplicó a María los méritos futuros de Cristo muerto en La Cruz, de la misma manera que se aplicaron a Adán penitente y a las almas de los justos del Antiguo Testamento. Es decir, que Dios se valió de los méritos que tendría Jesús en La Cruz, para otorgarle la gracia que se le concedió a María. Y aún siendo que Cristo muriera después que a María se le concediera la gracia de no contraer el pecado original, porque se le concedió esta gracia en el momento en que sus padres la concibieran, ya que en Dios todo tiempo es un tiempo presente; así que Dios tomó de los méritos futuros de Cristo en La Cruz, y de ahí tomó la gracia para otorgársela a María. 2. Se prueba la tesis: a) POR EL MAGISTERIO ECLESIÁSTICO: Pues además de varios documentos dados en el correr de los tiempos a favor de este dogma (Del libro EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA de Enrique Denzinger, números 734, 735, 792, 1073, 1100). Lo declara y afirma Pio IX (En el libro EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA de Enrique Denzinger, número 1641) define que ha sido revelada por Dios y, por consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles la doctrina que sostiene que La Bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano. Esta doctrina está contenida en la revelación. El Concilio Vaticano II se expresa así: “Redimida de un modo eminente, en atención a los futuros méritos de Su Hijo y a Él unida con estrecho e indisoluble vínculo, está enriquecida con esta suma prerrogativa y dignidad: Ser La Madre de Dios y, por tanto, La Hija predilecta del Padre y El Sagrario del Espíritu Santo…” (Constitución Dogmática sobre La Iglesia, n. 53) b) POR LA SAGRADA ESCRITURA, a’) Del Antiguo Testamento: Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la tuya. Este te aplastará la cabeza, y tu le acecharás a él el calcañar (Gen. 3, 15) en este pasaje se nos presenta a María luchando juntamente con Su Hijo(Cristo) en contra del demonio y consiguiendo sobre él una señalada victoria; esta lucha y esta victoria se refiere al pecado original y a sus consecuencias. «Ahora bien – son palabras de Pio XII en la Encíclica «Fulgens Corona » - , si La Virgen María por estar manchada en el instante de Su concepción con el pecado original, hubiera quedado privada de la divina gracia en algún momento, en este mismo, aunque brevísimo espacio de tiempo, no hubiera reinado entre ella y la serpiente aquella sempiterna enemistad de que se habla desde la tradición primitiva hasta la definición solemne de La Inmaculada Concepción, si no, que más bien hubiera habido una servidumbre». (DocMar., BAC 128, N. 850) – Una servidumbre del pecado de La Virgen hacia la serpiente; es decir, que La Virgen no le hubiese pisado la cabeza a la serpiente, cosa que no se dio, porque Gen. 3, 15 manifiesta lo contrario: Te aplastará la cabeza. Luego se ha de decir que La Virgen María estuvo inmune ya desde el primer instante de Su concepción, de la mancha del pecado original. b’) Del Nuevo Testamento: «Dios te salve, llena de gracia, El Señor es contigo…, bendita Tú entre las mujeres (Lc. 1, 28 y 42), con estas palabras tal como La Tradición Católica las ha entendido siempre «Se indica, nos dice nuevamente Pio XII en el mismo lugar – que con este singular y solemne saludo, nunca jamás oído, se demuestra que La Virgen María fue La Sede de todas las gracias divinas, adornada con todos los dones del Espíritu Santo, y más aún, tesoro casi infinito y abismos inagotable de esos mismos dones, de modo que nunca ha sido sometida a esa maldición». (DocMar., BAC 128, N. 850). Apoyándonos pues, en La Tradición, tal como ha interpretado siempre este pasaje, podemos argumentar así: En este saludo llama El Ángel a María como por antonomasia La Llena de gracia, y ciertamente en orden a la maternidad divina que le anuncia. Ahora bien, para esto era necesario que María no solamente estuviera llena de gracia si nada más que por un instante hubiese estado bajo la mancha del pecado original, y, por tanto, apartada de Dios y bajo la servidumbre del demonio. Luego esta plenitud de gracia implica la inmunidad de toda mancha del pecado original. c) POR LA RAZÓN TEOLÓGICA: Pues era sumamente conveniente que María gozara de tanta inmunidad del pecado original, cuanto Dios omnipotente pudiera otorgarle. Ahora bien, La Virgen María podía conseguir la inmunidad del pecado original, y Dios también se la podía otorgar. Luego María la tuvo. En efecto: Dios podía, en atención a los méritos futuros de Cristo, preservar el alma de María, sin que por eso padeciera de menoscabo ni la universalidad del pecado, por una parte, ni de la redención por otra; bastaba para esto que María, por ser hija de Adán, debiera contraer el pecado original; y que, por ser preservada en atención a los méritos futuros de Cristo, no lo contrajera. Luego, dice a este propósito Pío XII: «Dios podía ciertamente, en previsión de los méritos del Redentor, adornarla de este singularísimo privilegio; no cabe, pues, pensar que no lo haya hecho. Convenía, en efecto, que la Madre del Redentor fuese lo más digna posible de Él; más no hubiera sido tal si contaminándose con la mancha de la culpa original, aunque solo fuera en un instante de Su concepción, hubiera estado al triste dominio de Satanás» (DocMar., BAC 128, N. 852) *** Hermanos y hermanas: Aquí es necesario recordar el Plan Salvífico de Dios: DE LA VIRGEN MARIA, MADRE DE LA IGLESIA, por tanto es incongruente e irrazonable que María Santísima haya tenido que contaminarse con la mancha de la culpa original, aunque solo fuera en un instante de Su concepción, hubiera estado al triste dominio de Satanás. La Voluntad Salvífica de Dios: Se puso de manifiesto en los principios del género humano, cuando Dios dijo a la serpiente: “Por haber hecho esto…, pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo; éste te aplastará la cabeza, y tú le acecharás el talón”. (Gen. 3, 15), con estas palabras no solo se anuncia un Salvador, sino que también entra en escena una Mujer, Su Madre, la cual debe conseguir juntamente con Su Hijo, una insigne victoria sobre el enemigo común. No siendo, pues, esta mujer, otra que La Virgen María, con toda razón se ha de decir que Ella, ya desde el principio estuvo unida con lazo indisoluble al Salvador Cristo Jesús, a fin de destruir la obra del demonio. En los libros de La Sagrada Escritura, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento y en La Venerable Tradición, se va aclarando día a día esta Voluntad Salvífica de Dios – dice el concilio Vaticano II -, y en ellos se prepara paso a paso el advenimiento de Cristo y se ilumina la figura de La Mujer Madre del Redentor; Ésta es insinuada proféticamente en promesa de la victoria de la serpiente, dada a nuestros primeros padres caídos en pecado (Gen. 3, 15) Constitución dogmática, n. 55). Comentarios del Suscrito: 1. Pongo enemistad entre ti y la mujer: Entre el demonio y La Virgen. La Biblia no menciona explícitamente…, como tampoco menciona explícitamente muchas otras doctrinas que la Iglesia recibió de los Apóstoles. La palabra "Trinidad", por ejemplo, no aparece en la Biblia. Pero por ejemplo La Inmaculada Concepción se deduce de la Biblia cuando ésta se interpreta correctamente a la luz de la Tradición Apostólica. 2. Entre tu linaje y el Suyo: Entre la totalidad de los demonios (y aquí también está incluida la serpiente, Lucifer, él no queda excluido, ya que se debe tomar en sentido totalitario: Entre Lucifer con su legión de ángeles caídos) y María y Jesucristo – María por ser Madre de Jesucristo; es decir que de Ella nace la nueva descendencia, pero sujeta a Cristo, pues, de Él pende toda gracia que pudo derrotar al Demonio –, conjuntamente con nosotros, todos los que mueran en Cristo (1 Tes. 4, 16), los que son miembros de La Iglesia, donde Cristo es La Cabeza: Colosenses 1:17-18: “Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten; y Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia” Y también en Romanos 12:4-5: “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”. *** I. CÓMO FUE REDIMIDA LA VIRGEN MARÍA María Santísima fue redimida de la manera más sublime y de la manera más perfecta y de la manera más eminente, y que era más pura que los mismos ángeles. Pío XII en La Bulla «Fullgens corona» DocMar., BAC 128, N. 852), y el Concilio Vaticano II en «La Constitución Dogmática de La Iglesia» cap. 8 n. 53. Debido a que La Virgen María en virtud de un decreto Eterno y por razón de Su misma existencia, antes estuvo asociada a Cristo hombre, como Madre de Cristo y de los hombres, que unida a Adán pecador… Explicación de términos Daniel Cueva: Dios desde Su Eternidad predestina a María asociada a Cristo hombre; entonces, en ese momento eterno de Dios, María aún no existe. Por tanto, María Santísima no podía contraer el pecado original porque aún no existía, solo estaba asociada a Cristo hombre por Decreto Eterno del Padre. Y en cuanto que estaba asociada a Cristo hombre era porque como Madre de Él, era, pues, necesario que no existiera pecado en Ella. Por tanto, por predestinación (Dicho de Dios: Destinar y elegir ab aeterno a quienes por medio de su gracia han de lograr la gloria) María sería Madre de Dios antes que unida a Adán pecador de quien se hereda el pecado original, y por tanto María no lo heredó de Adán. … Por lo cual no era conveniente que la asociación de La Virgen María con Cristo se subordinara a la unión que tenía con Adán, si no, que al contrario, como fácilmente se puede ver. Por lo cual como Dios previera que Adán debiera de pecar, debió, ipso facto, excluir a su Madre de que éste – Adán – la representara moralmente, en lo cual consiste la redención preservativa: en que un individuo sea impedido para que de hecho no caiga en el pecado original. II. SI LA VIRGEN MARÍA TUVO EL «FOMES PECATTI», O SEA, LA CONCUPISCENCIA Concupiscencia (Del lat. concupiscent?a). Inclinación al mal. Es el apetito del bien sensible, o sea, la tendencia al bien aprehendido por los sentidos. Deseo de bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos. Como La Virgen María no contrajo el pecado original, se deduce fácilmente que tampoco sufrió las consecuencias, entre los cuales ocupa el primer lugar el «fomes» del pecado o la concupiscencia. Pero se objetará diciendo que María sufrió algunas consecuencias del pecado original, como, por ejemplo, la pasibilidad (que es pasible, o sea, que puede y es capaz de padecer), la necesidad de morir. Respondemos que estos efectos los tuvo La Virgen María, no como penales (de la pena del pecado, de lo cual Ella estaba libre), si no como naturales (que se produce por solas las fuerzas de la naturaleza) en el cuerpo, y que pudo tenerlos, porque no implican ninguna imperfección moral; lo cual no puede decirse del fomes del pecado o la concupiscencia, ya que esta procede del pecado y esta inclina, y además no se compagina con la perfecta santidad de María, ni tampoco la hacía más apta para su oficio de Corredentora. Del mismo modo se diría que Cristo también hubiera tenido el pecado original, toda vez que Él nació y creció y que por tanto podía, sino en La Cruz, por vejez, morir también, porque contrajo el pecado original, cosa a todas luces totalmente falso. III. SI LA VIRGEN MARÍA FUE INMUNE DE TODO PECADO VENIAL PERSONAL: Pío IX y Pío XII nos enseñan esta misma doctrina, cuando dicen que La Virgen María estuvo inmune aún de toda mancha de la culpa original, y: que estuvo libre de toda mancha personal y original, y unida siempre estrechísimamente a Su Hijo (DocMar., BAC 128, N. 712) Esta doctrina también está contenida en Gen. 3, 15 y Lc. 1, 28: en el primero porque ahí se anuncia un triunfo pleno contra el demonio, y en el segundo, porque se le llama La Llena de gracia, y ni uno ni lo otro serían verdad si La Virgen María hubiera estado alguna vez sometida al pecado venial. Por último, esto mismo nos lo atestigua la razón teológica, puesto que: a aquellos a quienes Dios elige para alguna cosa, de tal manera los prepara y los dispone para aquello para lo cual son elegidos, que se encuentren idóneos… La Virgen María fue elegida por Dios, para ser Madre de Dios… Y no sería idónea Madre de Dios si alguna vez pecara. Por tanto se ha de pensar que La Virgen María no cometió jamás ningún pecado mortal ni venial. IV. SI LA VIRGEN MARÍA FUE IMPECABLE: Se ha de responder en sentido afirmativo; así como Cristo fue impecable por razón de la unión hipostática (cuerpo material y del alma espiritual unidos sustancialmente, o sea, unidos en esas dos sustancias: cuerpo material y el alma espiritual), así también La Virgen María, fue impecable a razón de Su divina maternidad, y esto desde el primer instante de Su existencia. Todos los teólogos admiten en el día de hoy el hecho de la impecabilidad después de la definición de La Inmaculada Concepción; en cuanto al modo de explicarlo, ha de decirse que es una consecuencia de que en María, por una parte, no existió el fomes del pecado, y, por otra, de que tuvo una protección divina especial, tanto interna como externa. §§ I. – SI DIOS PREPARÓ A LA VIRGEN MARÍA ENRIQUECIÉNDOLA CON SUS DONES DE GRACIA 1. Tesis: La Virgen María, ya desde el primer instante de Su Concepción, estuvo llena de toda gracia santificante. a. Definición de La Gracia.- Don sobrenatural concedido gratuitamente a la criatura racional, en orden a la consecución de La Vida Eterna. Es decir, que la gracia se concede para que el hombre logre La Vida Eterna. La gracia santificante es un don personal sobrenatural y gratuito, que nos hace verdaderos hijos de Dios y herederos del cielo. La gracia santificante es una cualidad que hace subir de categoría al hombre dándole como una segunda naturaleza superior. Es como una semilla de Dios. La comparación es de San Juan (1 Jn. 3, 9). Desarrollándose en el alma produce una vida en cierto modo divina, como si nos pusieran en las venas una inyección de sangre divina. La gracia santificante es la vida sobrenatural del alma (Antonio Royo Marín: Hijos de Dios). Se llama también gracia de Dios. La gracia de Dios es lo que más vale en este mundo. Nos hace participantes de la naturaleza divina (2 Pe 1, 4). a.1. La gracia está en el alma por su propia esencia. Ahora bien, según expone San Agustín en XII Super Gen. ad litt., todo aquello que se encuentra en el alma por su propia esencia lo conocemos con certeza absoluta. Luego el que posee la gracia lo puede saber con toda certeza. a.2. La gracia es un don de Dios al igual que la ciencia (El saber o erudición – amplio conocimiento). Pero aquel a quien Dios concede la ciencia sabe que la tiene, según aquello de Sab 7,17: El Señor me dio la ciencia verdadera de las cosas que existen… Luego, por la misma razón, quien recibe de Dios la gracia sabe que la tiene. a.3. La luz es más fácil de conocer que las tinieblas, ya que, según dice el Apóstol en Ef 5,13, todo lo que se manifiesta es luz. Pero el pecado, que es una tiniebla espiritual, es conocido con certeza por el que lo comete. Luego con mucha más razón se conoce la gracia, que es una luz espiritual. a.4. Hemos recibido, dice el Apóstol en 1 Cor 2,12, no el espíritu de este mundo, sino el espíritu de Dios, para que conozcamos los dones que Dios nos ha concedido. Pero la gracia es el principal de estos dones de Dios. Luego el hombre que recibe la gracia por obra del Espíritu Santo sabe por el mismo Espíritu que le ha sido dada. a.5. Según Gén 22,12 se le dice a Abraham en nombre del Señor: Ahora conocí que temes al Señor, es decir: Te lo hice conocer. Más aquí se trata de un temor santo, que no se da sin la gracia. Luego el hombre puede conocer que está en gracia. (Fuente: Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino) Gracia Santificante y gracia «Gratis Dada», según que primariamente y por si misma se ordene a la utilidad propia espiritual del que la recibe, o a la utilidad de los demás. • Gracia Santificante: Cualidad sobrenatural, inherente – unido e inseparable – a nuestra alma, que nos hace partícipes real, formal, pero accidentalmente – es decir, que la gracia santificante es una cualidad o estado que aparece en nuestra alma, sin que haya sido parte de ella –, de la naturaleza y de la vida divina. La gracia santificante es un don habitual, una disposición estable y sobrenatural que perfecciona al alma para hacerla capaz de vivir con Dios, de obrar por su amor; la gracia habitual es disposición permanente para vivir y obrar según la vocación divina. Un autor contemporáneo, para expresar la idea de que la gracia es una vida nueva, la compara a un injerto divino introducido en el tronco silvestre de nuestra naturaleza, y que se junta y combina con nuestra alma para constituir un principio vital nuevo, y, por ende, una vida de orden mucho más elevado. Mas, así como el injerto no comunica al tronco silvestre toda la vida de la esencia o sustancia de donde la tomó, sino solamente algunas de sus propiedades vitales; tampoco la gracia santificante nos da toda la naturaleza de Dios, sino solamente alguna cosa de su vida que para nosotros constituye una vida nueva; participamos de la vida divina, pero no la poseemos por entero. Esta divina semejanza prepara al alma para una unión muy íntima con la Santísima Trinidad que en ella mora. • Gracia «Gratis Dada»: Para definir el objetivo de las gracias "gratis datae", santo Tomás se refiere a la afirmación de I Cor 12,7: "A cada cual se le da la manifestación del Espíritu para la utilidad"; completándola, sin embargo, en el sentido de la utilidad de los demás: "ad utilitatem, scilicet, aliorum" : La gracia gratis dada es una gracia "mediante la cual un hombre ayuda a otro a volver a Dios" (I-II, q. 111,a. 1, responden; a. 4 responden). Esta opinión se ha hecho tradicional y los traductores la introducen en el texto de I Cor 12,7, donde hablan de utilidad común. Pero Pablo no escribió "común", y la forma con que luego se expresa a propósito de la glosolalia (Capacidad de hablar en lenguas o que es ininteligible) demuestra que la utilidad de ciertos dones puede muy bien no ser muy común, sino sólo personal: "El que habla en lenguas extrañas se aprovecha a sí mismo...; si yo fuera a veros y os hablara en lenguas extrañas, ¿qué os aprovecharía?" (I Cor 14,4-6). Pablo manifiesta un gran aprecio por el don de la glosolalia (14,5.18), pero no la considera de utilidad común; por eso no admite su manifestación en las asambleas cristianas, a no ser que haya un intérprete que pueda revelar su sentido (14,27-28). Para ser fieles a la enseñanza paulina hay que renunciar, por tanto, a la precisión restrictiva que limita a la utilidad de los demás la importancia de las gracias gratis dadas o de los carismas. En efecto, son frecuentes los carismas útiles a la oración personal o al progreso personal en la virtud. (Fuente: www.mercaba.org) 2. Nexo: Hemos visto en la tesis anterior como La Virgen María fue preservada de toda mancha del pecado original y del fomes del pecado; como en este orden de la providencia no se quita ningún pecado sino por la infusión de la gracia santificante, el recto orden de las cuestiones exige que estudiemos este nuevo elemento positivo. 3. Estado de Cuestión: Se trata, pues, de saber aquí como fue la santificación de La Virgen María por medio de la infusión de la gracia santificante, y de los demás dones sobrenaturales que la acompañan; respondemos diciendo que La Virgen María fue llena de gracia, y esto ya desde el primer instante de Su Concepción. 4. Explicación de Términos: Ya desde el primer instante; es decir, no solamente desde el momento en que fue hecha Madre de Dios, sino desde el mismo momento que fue concebida, pues estaba destinada para ser Madre de Dios y de los hombres. Estuvo Llena, es decir, tuvo tanta gracia santificante cuanto requería su elección para Madre de Dios y de los hombres; no se trata, pues, en la tesis de una plenitud absoluta – La cual es propia de solo Cristo -, sino de una plenitud relativa, por la que una persona está suficientemente dispuesta para desempeñar el oficio para la cual ha sido elegida por Dios. ************ Explicación de términos, Daniel Cueva: 1. La plenitud absoluta de la gracia es propia de Cristo: Gracia que lo abarca completa y totalmente todo; porque, Cristo al Ser Dios, Es Todo, Es Absoluto, y lo que Él lleva o tiene también es absoluto; luego, si Cristo tiene gracia santificante, esta la tiene de una plenitud absoluta, total, que lo abarca todo. 2. La plenitud relativa de la gracia se le concede a La Virgen María: Gracia que es en condición no absoluta; sino, relativa; o sea, que está en relación a Ella; pero a Ella se le concede de Dios La gracia santificante que la llene completamente, de una manera especialísima, en relación a que tenía que tener tanta gracia santificante cuanto requería su elección para Madre de Dios y de los hombres. Ya que para ser Madre de Dios, Ella tenía que estar dotada totalmente de gracia; o sea, Llena de Gracia, porque era digno para Dios Omnipotente. Y si ya con ser Madre de Dios necesitaba estar Llena de gracia, también tenía que estarlo para ser Madre de los hombres, pero de todos los hombres, desde Adán hasta el último hombre nacido en el fin del mundo. ************* Continúa el texto anterior a la Explicación de términos, Daniel Cueva: Esta plenitud relativa es mayor o menor, según que el estado, al que cada uno es destinado por Dios, sea más o menos elevado; por tanto, como La Virgen María fue elegida para Ser Madre de Dios y de los hombres, cuya dignidad es la más grande de todas cuantas pueden darse, se comprende fácilmente que la plenitud de gracia de María aventaje con creces a toda la plenitud de los santos. De toda gracia santificante; es decir, tanto de la gracia santificante habitual, que es como una nueva naturaleza participada en el hombre, como de las virtudes infusas del Espíritu Santo, que son ciertos hábitos naturales, con los cuales el alma del justo queda perfeccionada en orden a recibir los impulsos del Espíritu y seguirlos con más facilidad y prontitud; tratamos, pues de estos solamente y no de las virtudes y gracias gratis dadas. 5. Se prueba La Tesis: a) POR EL MAGISTERIO ECLESIÁSTICO, pues Pío IX nos enseña esta doctrina cuando dice: a’) Que Dios, en tanto grado, La amó por encima de todas las criaturas que con Ella sola se complació con señaladísima complacencia. b’) Que tan maravillosamente la colmó de la abundancia de todos los celestiales carismas…, muy por encima de todos los ángeles y santos, que Ella, absolutamente libre siempre de toda mancha de pecado, y toda hermosa y perfecta manifestase tal plenitud de inocencia y santidad, que no concibe en modo alguno mayor después de Dios y nadie puede imaginar fuera de Dios. Y León XIII, cuando pide que La Virgen María, viniendo a nosotros en nuestro auxilio: «nos haga partícipes de la plenitud de la gracia de Dios, que recibió desde el principio para ser Su Madre. Esta abundancia de la gracia… la eleva sobre todos los hombres y sobre todos los ángeles, aproximándola a Cristo más que todas las criaturas» (DocMar BAC 128, n. 391) Y Pío XII, cuando dice: «cuya alma santísima fue más que las demás creadas por Dios, llena del Espíritu divino de Jesucristo…» (DocMar BAC 128, n. 713) Y el Concilio Vaticano II: Con un don de gracia tan eximia, antecede con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas (Constitución Dogmática, cap. VIII, n. 53) b) POR LA SAGRADA ESCRITURA: Pues La Virgen es saludada por el Ángel como por antonomasía la llena de gracia (Lc. 1, 28) con las cuales palabras se indica que María, no solamente en aquel momento, sino también siempre, estuvo llena de la gracia santificante sobre todas las criaturas. c) POR LA TRADICIÓN: Pues los Santos Padres unánimemente ensalzaron a María sobre todos los hombres y sobre todos los Ángeles y Arcángeles, Tronos y Dominaciones, Virtudes y Principados, Querubines y Serafines: «A nadie como a Ti se le ha concedido la plenitud de La Gracia. Y con razón, pues nadie estuvo más cerca de Dios… A todos vences, a todos aventajas…» (San Sofrionio, PG 86, 3237) d) POR LA RAZÓN TEOLÓGICA: Pues por tres motivos debió tener María la plenitud de la gracia: 1°. Porque fue predestinada para ser Madre de Dios y de los hombres. 2°. Porque fue más querida de Dios que todas las criaturas. 3°. Porque fue asociada a Cristo hombre como mediadora de todo el género humano. 6. Cuestiones Complementarias: I. DEL AUMENTO DE LA GRACIA EN LA VIRGEN MARÍA. Como la plenitud de la gracia de La Virgen María no fue absoluta, sino solamente relativa, es evidente que pudo crecer más y más, tanto porque Ella era la vía hacia Cristo, como porque Sus obras, que procedían de la más ardiente caridad, podían merecer mayor aumento de gracia y de gloria. Creció pues la gracia en María no solo ex opere operato (basado en que los sacramentos son signos externos, instituidos por Jesucristo para comunicar la gracia) mediante la recepción que María tuviese en La Eucaristía después de la muerte de Cristo; es decir, que María hubiese incrementado Su gracia por tomar del Cuerpo de Cristo; sino también ex opere operantis (Ex opere operantis significa 'en virtud del que obra', lo cual se puede referir tanto al sujeto que recibe el sacramento como a quien lo administra); es decir, que en virtud a que María al recibir del Cuerpo de Cristo, obrara acciones de caridad y ello le incrementara las gracias. Así mismo, Su gracia se incrementó en Ella en una medida tal que nosotros no podemos ni sospechar; creció indudablemente su gracia cuando llevaba en Su seno virginal al Niño Dios hecho Hijo Suyo, y cuando le daba su pecho y lo alimentaba y lo tenía en Sus brazos; si, pues, cuanto más cerca está uno de la fuente, tanto más participa de Su influjo ¿Qué habrá de decir de María, que estuvo cercanísima a Cristo, cuya humanidad recibida de Ella, era instrumento de santidad y de gracia? Teniendo, pues, presente todos estos antecedentes, los teólogos han llegado a las siguientes conclusiones: 1° Que la gracia inicial de La Virgen María aventaje a la gracia inicial de cualquier hombre, es doctrina teológicamente cierta. 2° Que la gracia inicial de La Virgen María aventaje a la gracia final de cualquier santo o ángel, es doctrina común. 3° Que la gracia inicial de La Virgen María aventaje a la gracia final de todos los ángeles y todos los hombres juntos, es doctrina probable. 7. II. SI LA VIRGEN MARÍA, MERECIÓ EL AUMENTO DE LA GRACIA EN TODOS LOS ACTOS DE SU VIDA, NO SOLAMENTE DESDE EL PRINCIPIO DE SU CONCEPCION, SINO TAMBIÉN DURANTE EL SUEÑO (pues, no murió, adormeció). A lo que respondemos: a’) Que La Virgen María merecía desde el primer momento de Su Concepción, depende si desde el primer instante de su existencia tuvo o no tuvo uso de razón y libre albedrío. La mayor parte de los teólogos lo admite. b’) Que La Virgen María no solamente despierta; es decir, en vida, sino también durante el sueño (pues, no murió, adormeció) mereciera con sus actos el aumento de la gracia: lo sostienen algunos teólogos, pero hay quienes también lo niegan; empero, la sentencia afirmativa sostiene que La Virgen María tuvo ciencia infusa permanente. Ciencia: Es un conocimiento insigne, excelente, extraordinario, de las cosas naturales. Ciencia Infusa: Se puede adquirir con el discurso propio y la experiencia propia, pero de hecho la da Dios; así, por ejemplo, el don de lenguas concedido a los Apóstoles. + M Oración de salida: En el nombre del Padre,… + Te damos gracias Señor por todos los beneficios que hemos recibido de tu gran bondad, Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. 1 Padre Nuestro, 1 Ave María, 1 Gloria, V/. Ave María Purísima R/. Sin pecado Concebida En el nombre del Padre,… + + M

  7. 14

    Los hijos de La Virgen María y los hijos del Demonio

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: El cristiano debe actuar con mansedumbre, con amabilidad y con actitud de servicio, y esto es posible por la humildad que se adquiere por la caridad. La actitud revanchista de los judíos con Pablo manifiesta una falta de caridad y tolerancia hacia el prójimo, esta es la actitud de quienes no tienen a Cristo como modelo y no hacen de su vida una vida cristiana. En efecto, el hombre que no ha conocido a Cristo actúa como los judíos que tampoco conocieron a Cristo (Su Evangelio) ya que mataron al Mismo Cristo y luego se ve lo propio con Pablo porque predicaba a Cristo. La revancha es una actitud vengativa que desea el mal del prójimo por una ofensa, daño o derrota. Es pagar el mal con mal; mientras que la caridad implica amor sin condición, y por tanto se ama a quien nos agrede respondiéndole con caridad ante cualquier ofensa, daño o derrota que se nos hiciese. Miremos a Cristo, Su Amor y Su perdón, Él, que en efecto, enmudeció ante sus enemigos y fue llevado como oveja al esquilador, no profirió insultos, ni respondió con mal el mal que le acometían. Si El Señor Jesús levantaba la mano para ordenar que el ejército celestial bajara para que se citiara el mundo y no se blasfemara e irrespetara contra Él, porque se hartó de tanta ofensiva, hubiese cometido venganza, la ira se hubiese apoderado de Él, y con ello se hubiese demostrado que no es Dios, pues, en Dios no se encuentra pecado. Por el contrario se dejó matar para luego recuperar su vida, para enseñarnos como debemos amar hasta el extremo, para que el mal sea combatido con el bien, para que Dios venza al Demonio, para que nosotros que estamos en Dios venzamos a los que están en el Demonio, para que la estirpe de La Santísima Virgen María le pise la cabeza al Demonio y su estirpe, contando a todos los hombres hasta el fin del mundo. Así se divide la humanidad, entre los hijos de Dios y los hijos del Demonio, no interesa si al final queda un puñado de católicos fieles contra miles de millones infieles, porque ese puñado de católicos son parte toda la estirpe de María y miembros del Cuerpo Místico de La Iglesia y herederos del Reino de Dios. Así el salmo se pone a tono con toda La Liturgia y nos dice: «Dios es el Rey del mundo. Él nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones; Él nos escogió por heredad suya: gloria de Jacob, su amado» Por tanto queridos hermanos vayamos con valor a predicar El Evangelio de Cristo para henchir al mundo del Amor de Dios, comentándoles cuanto ama Dios a los hombres, y rezando por nuestros hermanos, por su salvación, y es que así nos anima El Divino Redentor: "No temas, sigue hablando y no te calles, que Yo estoy contigo, y nadie se atreverá a hacerte daño; muchos de esta ciudad son pueblo mío." Algunos necios dirán: Hay muchos que siendo fieles católicos han muerto por sus antagonistas, por lo que Dios no está con ellos y todo es una farza, porque Dios mintió. A ello respondemos, que la promesa de Dios es para heredar La Vida Eterna, que Dios nos promete según nuestras decisiones, – sumergidos en la humildad – la gracia de la perseverancia final, por ello, nadie nos hará daño espiritual, es una sentencia asegurada para con los hijos de Dios, por aquello que dice el Apóstol: «Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio». Ef. 6, 12 Y en El sagrado Evangelio, El Señor Jesús nos manifiesta la continuidad de la cruz que debemos seguir a lo largo de nuestra vida, pues, bien dice: «La mujer, en el momento de dar a luz, tiene tristeza, porque su hora ha llegado», lo mismo que nos dice el Apóstol: «Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto» Rm. 8, 22. Luego añade El Señor: «pero, cuando su hijo ha nacido, no se acuerda más de su dolor, por el gozo de que ha nacido un hombre al mundo» Y es que el hombre en el vientre de La Santísima Virgen María como Su estirpe prometida por Dios en el protoevangelio del Génesis, llega a su realización total de hijo de Dios cuando deja este mundo en estado de gracia y ha heredado La Vida Eterna, solo hasta ese momento el hombre tiene la garantía de haber sido salvado, y en consecuencia, ya no es un hombre caduco, se vuelve a la eternidad del gozo de Dios; ya no está en el vientre de María, porque Ella lo ha dado a luz para Dios, totalmente salvado como ofrenda agradable de La Madre hacia El Padre por medio de Su Hijo Jesucristo. Por ello dice El Señor: «el gozo de que ha nacido un hombre al mundo» Así también complementa el salmo de hoy: «Dios es El Rey del mundo» es decir, de todo lo creado, de todo el cosmos, y no confundamos éste mundo del salmo y del que nos dice El Señor Jesús con el mundo del Demonio, que son las miserias que tiene por tentación para la perdición del hombre. Por tanto queridos hermanos y hermanas, tengamos esperanza y fortaleza para saber que nos espera un Cielo en el que contemplaremos la belleza de Dios. Así nos anima el Divino Redentor: «Así también vosotros, tenéis ahora tristeza, pero Yo volveré a veros, y entonces vuestro corazón se alegrará y nadie os podrá quitar vuestro gozo» Donde la tristeza es cambiada por la recompensa del gozo y gozo eterno, por ello dice: «nadie os podrá quitar vuestro gozo». Y que si bien el pasaje corresponde a la esperada resurrección de Cristo para que vuelva a ver a Sus Apóstoles, también es referida para los que dejan este mundo en gracia de Dios, y vean a Jesús en el Primer Juicio y escuchen decir de sus labios redentores: «Ven a Mí bendito de Mi Padre, y toma herencia del Reino que está prometido» Cuando se le haya dicho esto al último hijo de Dios en el fin del mundo, en ése momento se habrá conformado todo el Cuerpo Místico de La Iglesia, que teniendo a Cristo por Cabeza se forma la creación entera de Dios que ha gemido con María los dolores de parto; es decir, que ha gemido los tormentos de La Cruz, y que luego María a dado a luz a esta criatura. Así toda la creatura; es decir, toda La Iglesia como «Su hija ha nacido» para Dios, porque se ha salvado, pues, en efecto, en Su hija es triunfante y ahí ya no hay ningún malvado que le haga daño, por ello, ya «no se acuerda más de su dolor, por el gozo de que ha nacido un hombre al mundo»… al mundo de Dios que es todo lo creado y todo lo que el hombre necesita que es El Paraíso prometido. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  8. 13

    Evangelización con Amor

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Nuestro celo por la salvación de las almas debe estar siempre encendido, porque este celo proviene de la caridad que es El Amor de Dios que impregna en nuestros corazones para que podamos en esta caridad, amar a nuestros hermanos, porque los queremos bautizados o que hayan recurrido a cualquier sacramento que les faltara. En efecto, el celo por ver el alma de nuestro hermano, hermoseada por la redención misericordiosa de Dios en cada sacramento, nos debe llevar siempre a ver a nuestro hermano como si fuera de nuestra propia sangre; aunque sabemos que por nuestra naturaleza humana y la costumbre de haber vivido con nuestros familiares, sintamos más aprecio por ellos y menos aprecio que por cualquier amigo, conocido y menos aún por un desconocido. Pero aún sabiendo ello, cuando el hombre se ejercita en la vida de piedad con oraciones, ayunos y limosnas, y todas estas se ejerzan cada vez con mayor intensidad, la gracia de Dios inundará más nuestros corazones principalmente con la caridad, pues, de ella se desprende y mana todos los dones y virtudes que el hombre necesita para la salvación de su alma, la de sus hermanos y mayor gloria de Dios. Así nos da el ejemplo El Apóstol en La Primera Lectura: «Todos los sábados discutía en la sinagoga, esforzándose por convencer a judíos y griegos»… Esta práctica de «esforzarse por convencer», en efecto, no es un comportamiento fariseo o testarudo que no entiende de razones y se cierra en la necedad de quien debe predicar La Palabra de Dios, sino, que ejerce por encima de todo «La Caridad: Amor de Dios» Luego de que se sabe uno mismo con este don de la caridad, en efecto, lo que el hombre haga lo hará con amor, y cuando el hombre vea que no está correspondiendo a la caridad para con su semejante, debe recordar que tampoco le está correspondiendo a Dios con sus actos, porque si amamos a Dios, debemos amar lo que Él ama, y Él ama a nuestros hermanos incondicionalmente y nosotros debemos esforzarnos por imitar a Cristo que nos amó hasta el extremo. Si por el contrario, el hermano se cierra en no querer ser evangelizado, pese a tus manifiestos de ímpetu y de caridad, nos debemos a la oración por ellos, pues, en ése momento seguimos amando para que ésa alma se salve. Ése debe seguir siendo nuestra caridad, pensar en que si no se salva aquél hermano puede sufrir el cruel tormento eterno, porque el infierno es ausencia de Dios, es decir, que el hombre no sentirá el amor ni por él mismo, ni por sus hijos, ni padres, ni ningún familiar ni amigo, ni menos hacia cualquier prójimo, porque el alma del hombre ya no tiene amor, solo odio y amargura por él mismo y por todo ser vivo, porque en el infierno no está Dios, y si Él no está ahí, tampoco hay absolutamente nada de él ahí y por supuesto tampoco Su Amor. Por tanto saber de nuestros hermanos que sufrirán eternamente nos debe condoler hasta las más profundas entrañas, imaginarlos en sufrimiento eterno, en donde estarán miles de millones de años y más hacia la eternidad y seguirán sufriendo y teniendo solo en el alma odio y amargura por ellos mismos y por todos, y Dios no estará en sus vidas… Reflexión. Las palabras del Divino Redentor que manifestaba Su Resurrección cuando dice: "Un poco de tiempo y ya no me veréis: y de nuevo un poco, y me volveréis a ver, porque me voy al Padre". Pero para no verlo tenía que pasar por su amarga y dolorosa Pasión y Muerte, y es así que dice: «Vosotros vais a llorar y gemir, mientras que el mundo se va a regocijar»… pues, en efecto, esto es lo que pasó, mientras ellos lloraron Su Pasión y Muerte, el mundo, es decir, quienes lo sentenciaron y ejecutaron, ya que ellos, que no aceptaron al Mesías como lo manifestaban Las Escrituras y los profetas, llevaban en sus corazones las opresiones que el mundo ejercía sobre ellos y por tanto vivían con corazones endurecidos; por eso es que dice El Señor: «el mundo se va a regocijar»… Recordemos, pues, que el Demonio poseedor del Espíritu del mal, es llamado también «Príncipe de este mundo» (Jn 14, 30; 16, 11; Ef 6, 12). El mundo, en este sentido desfavorable, sigue significando parte de la humanidad que rechaza la luz de Cristo, que vive en el pecado (Rm 5, 12-13), es decir, después de Cristo todos los que lo rechazan son del mundo, de las miserias del mundo, de las miserias que el Demonio invita y que el hombre acepta apegándose a estos placeres desmedidos o que los cambia por ejemplo por la asistencia dominical de La Eucaristía. Efectivamente, los hombres que rechazan a Cristo conciben la vida presente con criterios contrarios a la ley de Dios, a la fe, al Evangelio que dice en 1 Jn 2, 15-17: No amen al mundo ni las cosas mundanas. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo (en el ambiente anticristiano) es concupiscencia de la carne, codicia de los ojos y ostentación de riqueza. Todo esto no viene del Padre, sino del mundo; pero el mundo pasa, y con él, su concupiscencia (inclinación al mal). En cambio, el que cumple la voluntad de Dios permanece eternamente. Por tanto, el hombre vive con amarguras y gozos. Amarguras por causa del Demonio y gozos por causa de Dios. Amarguras porque el Demonio nos incita y caemos, e incita a otros a que caigan y cayendo ellos en ocasiones también es para impedir nuestros gozos que son la salvación de nuestras almas y las de nuestros hermanos. En efecto, el Demonio no solo se encarga de nosotros, sino, que ataca a otros para que ellos nos impidan nuestros crecimientos o el cumplimiento de nuestros apostolados que ayudan a nuestros hermanos, y como éste enemigo no quiere que nadie se salve, va hurgando por todos lados para hacernos la vida imposible. Por ello es que El Divino Redentor nos dice: «Estaréis contristados», y luego añade: «pero vuestra tristeza se convertirá en gozo» porque después de la cruz hay resurrección. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  9. 12

    La Sabiduría de Dios en La Iglesia, Madre y Maestra

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: El apóstol Pablo con gran entereza y guiado por El Espíritu Santo de Dios revela y evangeliza a los gentiles, que entre los judíos, se dice de un gentil a la persona o comunidad que profesa otra religión. Así, Pablo lleva La Palabra de Dios a los atenienses que eran muy esmerados en lo religioso, al punto de tener de entre los diversos dioses que tenían también a un «dios desconocido». Pablo anuncia al Único y Verdadero Dios, y les dice: «El Dios que hizo el mundo y lo que contiene, Él es Señor de cielo y tierra»… Con estas palabras el Apóstol manifiesta y confirma que hay Un Solo Dios, porque Uno Solo es el que hizo el mundo y lo que contiene, partiendo que en aquellos tiempos se consideraba al mundo como lo único explorable, y más aún es enfático, porque dice que «Él es Señor de cielo y tierra»… teniendo por cielo al lugar donde Dios habita y la tierra el lugar de los hombres, y en consecuencia no hay más nada para lo que se viva, y si Dios Es El Señor de ambas cosas: Cielo y tierra, quiere decir que nuestro Dios Es El Único y que lo es tanto para el cielo como para la tierra, es decir, para todo lo creado, y si lo es para todo es que todos son para Él. Por ello añade: «Quería que lo buscasen a Él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban» Es decir, Dios creando todo y luego del pecado de nuestros primeros padres, el hombre, en efecto, al perder la gracia deja de tener intimidad sensitiva con Dios, pero por la misericordia de Dios, Él, en efecto, siguió manifestándose para que Sus hijos logren su salvación y logren nuevamente la gracia de tener la intimidad sensitiva con Dios, porque, en efecto, añade La Escritura: «aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en Él vivimos, nos movemos y existimos». Es decir, que mientras estemos necesariamente «en su gracia»: 1. Es que «vivimos dentro de Él», y vivimos en gracia para alcanzar La Vida Eterna. Luego, nos movemos «dentro de Él», es decir, que estando en Su gracia nos movemos o bien para que aun haciendo nuestra voluntad pero según Sus mandamientos logremos la salvación; y haciendo Su divina voluntad – que es mejor – y cumplimos Sus mandamientos y Su querer tanto como Él lo haya designado, porque ello es garantía de nuestra salvación y mayor gloria de Él. 2. En cuanto «nos movemos dentro de Él» es porque todo cuanto realizamos lo hacemos porque dependemos de Dios para poder movernos, pues, todo cuanto hace el hombre por propios movimientos es posible por Dios, comenzando desde el hombre mismo, pues, el hombre tiene la capacidad de pensar y hacer según sus cualidades y máximos talentos porque Dios se lo dio, y así no se puede vanagloriar de nada, porque todo viene de Dios como un don gratuito de Su grande misericordia. 3. Y en cuanto «existimos dentro de Él» no es lo mismo que vivir «dentro de Él» porque vivir supone estar en gracia para nuestra salvación, y existir implica «ser», es decir, que Él nos haya creado para poder ser, para poder existir, y en efecto, lo seguimos haciendo corporalmente hasta que Él lo determine, o hasta que nosotros por nuestras necedades queramos, como lo es en efecto, quienes mueren por exceso de algún consumo que deteriore la salud, o por arriesgar la vida con algún medio de transporte, etc, que en éste caso, no fue la voluntad de Dios, fue el hombre quien provocó su partida de éste mundo, y de ahí la importancia de vivir «dentro de la gracia de Dios» pero en Su voluntad. Luego el Apóstol tiene una desavenencia cuando los atenienses, dice, La Lectura: «Al oír "resurrección de muertos", unos lo tomaban a broma, otros dijeron: "De esto te oiremos hablar en otra ocasión."»… Y así como a él, a muchos nos ocurre que cuando evangelizamos a algunas personas y éstas no están necesitadas de Dios, o por soberbia, o por apatía, o por ignorancia invencible, etc., se sonríen, o de alguna manera buscan que retirarse de la conversación. Pero el cristiano tiene una tarea encomendada en este mundo: Anunciar de palabra y obra la evangelización a todos sus hermanos con quienes se crucen en su camino, y si algunos no se muestran favorables, otros si lo harán, por ello añade La Lectura: «Algunos se le juntaron y creyeron» Y todos cantaremos las alabanzas al Señor como nos invita el salmo de hoy: «"Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria." Alabad al Señor en el cielo, alabad al Señor en lo alto. Alabadlo, todos sus ángeles; alabadlo, todos sus ejércitos.» Luego El Divino Maestro nos va enseñando como es que El Espíritu Santo se va mostrando a Sus Apóstoles y en consecuencia a Su Iglesia desde la primitiva hasta nuestras fechas. El Señor Jesús, en efecto, manifiesta una realidad que ha acontecido en la historia de La Iglesia, y es básicamente su maestría, pues, alguien debía enseñar al respecto, y obviamente al deceso del primer Pontífice tenía que haber alguien quien siga conduciendo a La Iglesia, porque no podía quedar a la deriva esta Iglesia que tanto sufrimiento y muerte le costó al Señor. Imagínense pues, que El Señor Jesús haya tenido que instituir Su Iglesia y que desaparezca luego del deceso de los doce, sería incongruente para Quien Es El Divino Maestro, Dios Mismo, Jesucristo nuestro Señor. Y que no se diga que La Iglesia tenía que seguir a La Luz del Espíritu Santo sin líder que la dirigiese porque el sucesor de Pedro es Lino y todos los antiguos registros de los obispos romanos, que nos han sido transmitidos por San Ireneo, Padre de La Iglesia nacido en el año 130 dC, así como Julius Africanus, San Hipólito, Eusebio, también el catálogo Liberiano del 354, colocan el nombre de Lino (Que reinó en su pontificado entre los años 67 y 76 aprox.) directamente después del Príncipe de los Apóstoles, San Pedro. Estos registros se trazan en una lista de los Obispos Romanos que existieron en el tiempo del Papa Eleuterio (cerca del 174-189). La lista romana en Irenaeus tiene reclamos más grandes hacia la autoridad histórica. Este autor – San Ireneo – reclama que el Papa Lino, es el Lino mencionado por S. Pablo en 2 Timoteo 4, 21. Es por ello que El Señor Jesús manifiesta con sabia claridad: «Tengo todavía mucho que deciros, pero no podéis soportarlo ahora»… en relación a que todo lo que ha ido revelando El Señor a través de la historia de La Iglesia en sus documentos pontificios, Dogmas, Encíclicas y un larguísimo etc. es una revelación que era necesaria hacerla después de la partida del Señor; y que todos estos documentos, sobre todo los Dogmas no podían revelarse en un tiempo tan corto como lo fue la vida del Señor Jesús; además, que era necesario que pasara el tiempo para lograr la necesidad de esas revelaciones y la maduración del Magisterio de La Iglesia, es decir, del conocimiento cada vez mayor de La Iglesia, lo mismo que un niño va aprendiendo poco a poco cuando va alcanzando su madurez y que ocurrió, efectivamente como lo dice San Lucas 2, 52: «Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres»… Y añade por ello: «Cuando venga Aquél, el Espíritu de verdad, Él os conducirá a toda la verdad; porque Él no hablará por Sí mismo, sino que dirá lo que habrá oído, y os anunciará las cosas por venir»… Él me glorificará, porque tomará de lo mío, y os (lo) declarará. Dice El Señor. Lo glorificará, porque por Sus enseñanzas al Magisterio de La Iglesia, el hombre conoce más y da gloria a Dios por ello, así como por esa enseñanza se logra la evangelización de los hombres quienes logrando sus conversiones dan gloria a Dios porque, en efecto, muchos se salvaron, como lo registran la historia de los santos que de antiguo algunos aún no se convertían, sino, hasta las enseñanzas de las autoridades de La Iglesia, como es el caso de san Agustín, convertido por san Ambrosio, Obispo de Milán. Es así que tenemos una enseñanza no estática, sino, evolutiva y creciente en La Iglesia. Nosotros, en efecto, conocemos más que los antiguos Papas, doctores de La Iglesia, santos y demás, porque ahora hay más dogmas y demás documentos pontificios que años antes. La Lectura prosigue y añade: «Tomará de lo mío» (El Espíritu Santo) ¿Qué es de Dios y se aplica a éste pasaje bíblico? Su Sabiduría ¿El hombre la necesita? Sí. ¿Por qué? Porque la sabiduría es la luz que se recibe de lo alto; es decir, que es una participación especial en ese conocimiento misterioso y sumo, que es propio de Dios. Por tanto, si el hombre necesita de la sabiduría de Dios, y El Señor Jesús manifiesta que El Espíritu Santo tomará de lo que es del Señor Jesús, es porque se está refiriendo a la sabiduría, porque añade en La Escritura: «os (lo) declarará». Esta sabiduría superior es la raíz de un «conocimiento nuevo», un conocimiento impregnado por la caridad – El Amor de Dios –, gracias al cual el alma adquiere familiaridad con las cosas divinas. Por ello es que por El Amor de Dios se nos da la sabiduría, y no por la sabiduría de Dios se nos da Su Amor, porque Dios amándote primero te da la sabiduría para que conozcas de Él, siempre que tú quieras aceptar Su bendito llamado. Luego si esa sabiduría se nos da a todos, cuanto más se lo ha podido delegar a los Doce, y luego con tanta necesidad a los Sucesores de Pedro para el bien del pueblo de Dios. De ahí la necesidad de que el hombre se deje guiar por La Santa Madre Iglesia que es Maestra también. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  10. 11

    El pecado, La Justicia y El Juicio

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: El paso a la gloria es consecuencia de la adversidad que padece el hombre, así nos muestran en distintos lados Las Sagradas Escrituras y así nos lo ha prometido El Señor Jesús. Él, en efecto, es prueba de ello con Su gloriosa Resurrección, pues, con ella, el hombre ha sido fiel testigo de lo que nos espera después de la adversidad que padecemos. Él padeció y resucitó, nosotros padecemos y Él nos resucitará; pero ello, en efecto, sucederá en cuanto nos mantengamos unidos a Él, y la unión garantizada hacia Él es con Él Mismo porque se quiso dejar estar en La Santa Eucaristía. Así, el hombre al tomar de Cristo Eucaristía logra la unión mística con el Cuerpo Místico de La Iglesia cuya Cabeza es Cristo, y unidos en esa comunión santa nos anima a perseverar en esa misma santidad hasta el final. Después de que los Apóstoles recibieran cruel tormento porque los apalearon; ellos, dice La Escritura: «Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los otros presos escuchaban»… y luego añade: «Las puertas se abrieron de golpe, y a todos se les soltaron las cadenas»… Es decir, que después de la adversidad, los Apóstoles nos animan a seguir afincados en Dios en la oración con la esperanza de la liberación. De ello dan cuenta las innumerables sanaciones, conversiones y también santificaciones en vida como en el lecho de la muerte misma, pues, quien deja este mundo en oración, afincado en Dios con los santos sacramentos de El óleo de los enfermos y más que nada La Santa Eucaristía. El mismo salmo nos alienta a un recital: «Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. "Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia"… Es el pasaje bíblico utilizado por muchos protestantes, quienes creyendo en única y exclusivamente en lo que dicen Las Sagradas Escrituras, y leyendo cualquiera de los pasajes de Ella, saliendo fuera del contexto, de todo lo que dice el capítulo del pasaje meditado, por éste pasaje: "Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia"… los protestantes piensan que basta la conversión de uno solo de la familia para que todos se conviertan y se salven. Pregunto: Si un miembro de la familia nuclear se convierte y su hermano, padre o madre muere «sin arrepentirse» porque estaba en pecado mortal (era delincuente, asesino, prostituta, narcotraficante, etc.) ¿A caso se habrá salvado? Ciertamente nadie puede decir que si o que no, porque nadie está en el momento del primer juicio para saber la decisión que tomó El Justo Juez, Jesucristo Señor nuestro. Pero bien sabemos que existe un Cielo y un infierno, y por tanto hay un infierno para quienes obraron el mal con gravedad y no se arrepintieron, porque la víctima no puede estar con su asesino sentados ambos en el banquete de La Vida Eterna, si ello nos parece injusto a nosotros que somos humanos ¿Cuánto más le será injusto al Justo Juez? Por tanto querido hermano y hermana, Las Sagradas Escrituras tienen que ser entendidas en todo su contexto, en lo que refiere en todo el Capítulo, y «no solo es», sino, que además debe estar enseñada por El Magisterio de La Iglesia que Cristo ha instituido, pues, en el contexto de La Primera Lectura continúa: «y se bautizó en seguida con todos los suyos»… Es decir, que su familia se salvaría porque inician su vida cristiana con El Bautismo, pero en otro lado dice El Divino Redentor: «El que persevera hasta el final, ése salvará»… además de las condiciones que conlleva esta perseverancia de la cual nos enseña sabiamente La Santa Madre Iglesia. La Santa Madre Iglesia nos ha enseñado con santidad todo lo que El Espíritu Santo de Dios ha ido tejiendo en toda la historia de La Iglesia. Los dogmas, encíclicas, cartas post sinodales, etc. Todo a la luz del Espíritu Santo, pues, luego del Pentecostés La Iglesia de Cristo ha surgido y la tierra se ha visto henchida de La Palabra de Dios que tiene que ser aún llevada hasta los confines del mundo como El Mismo Cristo nos lo ha pedido. Pidamos al Espíritu Santo que siempre nos acompañe en nuestra vida, para que nuestra vida sea una vida de testimonio como lo ha sido con La Iglesia, pues, le dijo a los doce: «Os conviene que me vaya; porque, si Yo no me voy, el Intercesor no vendrá a vosotros; mas si me voy, os lo enviaré» Añade en El Sagrado Evangelio de hoy: «Y cuando Él venga, presentará querella al mundo»… Ya que El Espíritu Santo actuará como el fiscal ante El Justo Juez contra quienes son responsables de delito ¿Qué delito cometí? Preguntarán aquél día: La respuesta: Cada pecado tuyo armaron los clavos de Cristo en La Cruz. ¿Cuáles pecados preguntarás? Respuesta: Todos aquellos que son mandamientos de Dios y de Su Iglesia y que van contrarias a lo que el Demonio te ofrece por nuestras ambiciones y deseos de poseer algo. Ser reycitos sobre alguien o alguna cosa. Que nos postremos ante el Demonio, por medio de la idolatría de alguna persona a quien creamos más que Dios, aunque muchos digan: ¡Yo amo solo a Dios! pero con sus actos de dedicar más tiempo a alguien o a algo: deporte, dinero, juegos de azar, etc. y no recogerse por una hora en La Santa Misa y dejar aquellas apetencias, que si son desordenadas y pasan el límite de lo permisible, ciertamente se está llegando a la gravedad del pecado, lo cual significa desobedecer a Dios, y éste no goza de Dios. La querella que ya hay en el mundo y que se aplicará a quienes vayan dejando este mundo y que también se hará en el juicio final dice El Señor es: «Por resolución de pecado, porque no han creído en Mí» Pues, creer implica admitir como cierto las verdades reveladas por Dios, y estas verdades están en efecto, en Las Sagradas Escrituras que van siendo entendidas por El Magisterio de La Iglesia. Pues La Iglesia es quien nos ha transmitido La Palabra de Dios desde el inicio como Iglesia Primitiva. Por tanto no creer en Dios y en Su Iglesia a pesar de haber sido instruido o no querer dejarse instruir que Jesús Es Dios y que Él nos da la salvación por medio de Su Iglesia que es Sacramento de Salvación, y luego que el hombre no crea, se le tomará como querella, es decir, como acto reprochable por el que se ejercerá ante Dios, por no haber creído en Él, ni en Su Iglesia que es Cuerpo Místico y que teniendo unido indisolublemente a Cristo por Cabeza, hace de que no creer en La Iglesia es no creer en Dios. Entonces esto es «Por resolución de pecado, porque no han creído en Mí» «Por resolución de justicia, porque Yo me voy a mi Padre, y vosotros no me veréis más» Pues La Iglesia a lo largo de la historia con la guía del Espíritu Santo que El Señor, como lo dice El Evangelio de hoy, se la prometió y la entregó. Y es La Iglesia quien desde su inicio ha sabido aprender y enseñar la justicia al mundo; pues, la justicia es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido (CIC 1807) Por tanto, una vez adoctrinado el hombre con el conocimiento real de lo que es la justicia, la conciencia del hombre está apta para ser sometida ante Dios, ya que se le enseñó lo que está bien y lo que está mal y hasta en materia grave que lleva a la condena. Entonces esto es «Por resolución de justicia, porque Yo me voy a mi Padre, y vosotros no me veréis más» Por resolución de juicio, porque el príncipe de este mundo está juzgado. Serán conducidos por el Paráclito al cumplimiento de toda justicia, con lo cual su vida será un reproche constante para el mundo pecador. El Espíritu Santo que enseña la justicia dará contra el espíritu mundano este tremendo testimonio: La Vida del Evangelio de Jesucristo que será un tremendo reproche para el mundo pecador, es decir, que la justicia está anunciada en su plenitud en El Sagrado Evangelio, de Él se despliega todo conocimiento de verdadera justicia basada en la caridad que es El Amor de Dios, y todo este conocimiento del Evangelio explicado por Su Iglesia Católica ha ayudado a enseñar a los hombres para que salgan del pecado, y así, el Demonio ha sido juzgado y sigue siendo juzgado en el comportamiento de toda la vida del hombre. Por ello, dice Mons. Straubinger, el reproche de La Vida de Cristo en Su Evangelio consiste en demostrar que, no obstante las virtudes que suele pregonar el espíritu mundano, tiene como rector al mismo Satanás. Y así quedará también evidenciada, para los hijos de la sabiduría humana, la condenación de la causa de Satanás. 1041 El mensaje del Juicio final llama a la conversión mientras Dios da a los hombres todavía "el tiempo favorable, el tiempo de salvación" (2 Co 6, 2). Inspira el santo temor de Dios. Compromete para la justicia del Reino de Dios. Anuncia la "bienaventurada esperanza" (Tt 2, 13) de la vuelta del Señor que "vendrá para ser glorificado en sus santos y admirado en todos los que hayan creído" (2 Ts 1, 10). 1022 La retribución inmediata después de la muerte de cada uno como consecuencia de sus obras y de su fe. La parábola del pobre Lázaro (cf. Lc 16, 22) y la palabra de Cristo en la Cruz al buen ladrón (cf. Lc 23, 43), así como otros textos del Nuevo Testamento (cf. 2 Co 5,8; Flp 1, 23; Hb 9, 27; 12, 23) hablan de un último destino del alma (cf. Mt 16, 26) que puede ser diferente para unos y para otros. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  11. 10

    El Primer Papa y El Primer Magisterio de La Iglesia

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Existe como ya lo hemos conocido El Magisterio que es la autoridad de la Iglesia investida a los obispos, como sucesores de los Apóstoles, para enseñar la fe bajo la autoridad del Sumo Pontífice, sucesor de Pedro. Esto está referido en La Lectura de hoy que dice: «Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo»… dicen los doce Apóstoles, y antes se manifiesta la autoridad del Sumo Pontífice, pues, dice: «después de una fuerte discusión, se levantó Pedro y dijo a los apóstoles y a los presbíteros: Hermanos, desde los primeros días, como sabéis, «Dios me escogió entre vosotros» para que los gentiles «oyeran de mi boca» el mensaje del Evangelio, y creyeran» Es decir, que claramente que dentro de los doce Apóstoles, es Pedro, el primer Sumo Pontífice, el que se dirige a los otros, es quien toma el liderazgo y hace énfasis en ello, no por vanagloria, sino, por decisión divina de Jesús: «Tú eres Pedro», y luego: « Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Es por estas palabras decisivas y de designio divino por la que nuestro primer Papa se pone en pie en una necesidad de de respuesta a la evangelización de los pueblos, y así dice: «Dios me escogió entre vosotros» porque le había dicho: «Tú eres Pedro» y ya no Simón; porque recordemos hermanos y hermanas que Dios cuando hace un cambio de nombre en un personaje principal lo hace porque va a realizar un cambio en la historia de la humanidad. Así nuestro padre Abran, que significa padre ejemplar le fue cambiado el nombre por Abrahán, que significa padre de las muchedumbres, por el designio que Dios le prometió: Haré de tu descendencia más grande que las estrellas del cielo. Así con Pedro sucedió que se iba hacer sobre él la edificación de La Iglesia de Dios: «y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia» Es El Mismo Cristo el que escogió a los doce y a Pedro como cabeza de La Iglesia instituida por El Señor, que quiere que las decisiones y la guía de La Iglesia a través de sus enseñanzas perdure hasta los confines del mundo y hasta el fin de los tiempos en que esperamos la gloriosa venida del Señor. Así es como Cristo lo quiso, instituir Su Iglesia, que ésta enseñe con su Magisterio y la guía del Espíritu Santo, porque dice: «vuestro fruto permanezca; para que el Padre os dé todo lo que le pidáis en Mi nombre» En cuanto que dice que «permanezca», es porque es necesario que el fruto de las enseñanzas de La Iglesia permanezcan para las gentes, y pidiendo todo en nombre del Señor Jesús, es como lo ha desarrollado La Iglesia, con el Papa, el Magisterio y la guía del Espíritu Santo. Pedro, en efecto, fue encomendado para edificar La Iglesia de Dios porque él mismo dice en La Primera Lectura de hoy: «para que los gentiles «oyeran de mi boca» el mensaje del Evangelio, y creyeran» Es decir, que se pronuncia él como Sumo Pontífice por designio de Dios, y luego la necesaria Sucesión Apostólica: Lino, Cleto, Clemente, etc. pues, al deceso de la primera piedra le debe seguir la segunda, porque de lo contrario ni se continúa con la edificación de La Iglesia, ni se tiene quién la dirija porque no existiría una jurisprudencia que es el conjunto de sentencias, y doctrina que contienen las instituciones, como lo es La Iglesia instituida por Dios, Jesucristo Señor nuestro. En efecto, sin esta jurisprudencia, todos harían lo que se les venga en gana. Por tanto, tenemos la gracia de contar con un Sumo Pontífice que quiso Dios que dirigiera Su Iglesia por medio del Espíritu Santo, porque dice continuada la Lectura: «Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros» Donde «nosotros», es en efecto, el primer Magisterio de La Iglesia Primitiva, así como es lo que dice El Señor en El Evangelio: «os he llamado amigos, porque todo lo que aprendí de mi Padre, os lo he dado a conocer» Pues, ellos, los Apóstoles, conociendo todo lo que El Señor Jesús les había enseñado, gozaban del conocimiento del Sagrado Evangelio, el cual debían ponerlo en práctica, con Pedro como primer Papa a la cabeza y con «el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen» Hch. 5, 32. Así nos anima y anima al Santo Padre el salmo de hoy que dice: «Te daré gracias ante los pueblos, Señor; tocaré para ti ante las naciones»… Es la voz del profeta que manifiesta el querer de Dios, que se lleve El Sagrado Evangelio a todas las naciones, y todo por la grande misericordia de Un Dios que quiere que Sus hijos se salven, porque añade: «por tu bondad, que es más grande que los cielos; por tu fidelidad, que alcanza a las nubes. Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llene la tierra de tu gloria.» La gloria de Dios que en días postreros será sumergida en toda la tierra cuando seamos un solo rebaño y Un Solo Pastor. Para que toda esta amorosa sentencia, que es una promesa del Dios Vivo, sea realidad, el hombre debe de dar su sacrificio por amor de Dios y de sus hermanos, entregando su vida a imitación de Cristo que nos dice en El Sagrado Evangelio de hoy: «Nadie puede tener amor más grande que dar la vida por sus amigos» Así lo hicieron los primeros Papas que llegaron al martirio como San Pedro que murió también crucificado, luego el Papa San Clemente, exiliado por el emperador Trajano del Ponto, fue arrojado en el mar con un áncora al cuello en el año 97 dC. Efectivamente, así siguieron los mártires que hasta hoy dan la vida por sus hermanos, pues, no niegan a Cristo a pesar de la condena de martirio y con sus muertes logran más cristianos como nos dice Tertuliano: «La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos» Y aunque es duro el mandamiento del señor Jesús que dice: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis esto que os mando», el cristiano tiene la ventaja de la gracia concedida para que pueda con aplomo seguir el camino indicado por Dios, Quien esperando nuestro «hágase-fiat», nosotros por obediencia y sometimiento de nuestra propia voluntad podemos obtener del Señor la garantía de La Vida Eterna, pues, una vez sometidos a Él, solo Él dirige, y cuanto Él dirige es certeramente garantizado todo. ¿Qué más podemos pedir si con Cristo estamos asegurados? Así, el hombre, sumergido en la misericordiosa y divina voluntad de Dios, está en el Corazón de Cristo, y estando anclado ahí, en efecto, el hombre puede amar más a sus hermanos, y es que Dios nos dice: «Estas cosas os mando, para que os améis unos a otros» Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  12. 9

    Permanecer en Cristo para dar fruto

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: La misericordia de Dios penetra los corazones de los hombres, cuando decimos todos los hombres, hablamos de todas las razas y todos los idiomas, que aunque tengan otros credos, ya muchos de ellos han convertido sus corazones a Dios y ya son parte de La Iglesia Católica. Así lo mandó desde el inicio, ya así los dice La Primera Lectura cuando Pedro dice: «Dios me escogió entre vosotros para que los gentiles oyeran de mi boca el mensaje del Evangelio, y creyeran.» En efecto, Dios quiso un pueblo santo y consagrado a Él, numeroso como las estrellas del cielo, le dijo a Abrahám, para ello era necesario que se les predicara El Sagrado Evangelio, pues, de lo contrario ¿cómo podían saberlo? Dice San Agustín: «Dame, Señor, a conocer y entender qué es primero, si invocarte o alabarte, o si es antes conocerte que invocarte. Mas ¿quién habrá que te invoque si antes no te conoce? Porque, no conociéndote, fácilmente podrá invocar una cosa por otra. ¿Acaso, más bien, no habrás de ser invocado para ser conocido? Pero ¿y cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán si no se les predica? Ciertamente, alabarán al Señor los que le buscan, porque los que le buscan le hallan y los que le hallan le alabarán. «Que yo, Señor, te busque invocándote y te invoque creyendo en ti, pues me has sido predicado.» Por tanto, queridos hermanos y hermanas: Prediquemos La Palabra de Dios a todo hombre en todas las naciones, no pongamos trabas para la predicación, para la salvación de nuestros hermanos, que nuestras limitaciones se abran por la misericordia de Dios que quiere abrazar a otros hijos Suyos, porque dice: «Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor» Jn. 10, 16. Dios misericordioso reconstruyó al hombre dándole nueva vida por medio de Su Hijo Jesucristo, Señor nuestro. Él restituyó nuestros cuerpos glorificándolo al Padre con Su Cuerpo Resucitado. Por tanto hay dos regeneraciones, la del alma a la que le es arrancada la mancha del pecado, y la regeneración del cuerpo que resucitará al último día y glorificado ya no vuelve a morir, porque vivirá en la unidad de lo que somos como ser: alma, cuerpo y espíritu. (1 Tes. 5, 23). Así mismo lo dice La Primera Lectura: «Después volveré para levantar de nuevo la choza caída de David; levantaré sus ruinas y la pondré en pie» Así nos acompaña el salmo de hoy que pide un nuevo cantar, tanto al cristiano converso, como al pagano converso, ellos deben unir sus voces con nuevos cantos que sus labios no lo han hecho con El Amor de Dios que ha convertido sus corazones, pues, así dice el salmo: «Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre.» Así como la semilla tiene que morir para caer en tierra fértil y dar fruto; del mismo modo, El Señor Jesús se dejó morir para caer Su Cuerpo en éste mundo e inundarlo de misericordia en las almas fértiles que darán fruto; esto es, ayudando a otros a que logren La Vida Eterna. Yo Soy La Vid, dice El Señor. En efecto, Él siendo La Vid, se dejó crucificar en el áspero madero para que pueda emular más exactamente al árbol de la vid. Sus brazos abiertos de par en par son como las ramas frondosas de la vid, porque Él unido en el árbol de la cruz por los clavos que son los pecados de los hombres, como si se transformase Él Mismo con el madero en el árbol de La Cruz, de Él manó Su Sangre como el vino de las uvas de la vid. Ése vino que es Su Sangre por la que Él Mismo dijo: «Esta es Mi Sangre que será derramada por muchos». Y ciertamente es Y ciertamente es «por muchos» y no «por todos»; pues no todos gozarán de La Vida Eterna, porque hay muchos que yacen en La Condena Eterna. Aunque La Sangre de Cristo si haya sido derramada para reparar el daño del pecado de «todos» los hombres: los del infierno, los del Paraíso y de los que aún perseveramos en esta vida. Pero La Sangre de Cristo no es derramada para la salvación de «todos» porque no todos se salvarán porque hay un infierno, y en consecuencia, La Sangre de Cristo fue derramada para la salvación de «muchos». Al hombre le toca permanecer en Cristo, lo mismo que las ramas permanecen en el árbol de la vid para beber de la sabia que brota del Divino Redentor, pues, nos dice El Sagrado Evangelio de hoy: «Como mi Padre me amó, así Yo os he amado: permaneced en mi amor.» También nos dice San Juan de Ávila: "Aunque no hubiese infierno que amenazase, ni Paraíso que convidase, ni mandamiento que constriñese (obligara), obraría el justo por sólo el amor de Dios lo que obra." Porque quien permanece en La Vid que Es Cristo, va a tomar del Amor de Dios, y Ése Amor de Dios es el que enseña que el hombre no necesita de que se le recuerde el tormento del infierno para que ame a Dios y a sus hermanos, ni el mismo Paraíso, ni el mismo mandamiento dado por Dios; Es Dios quien mueve al hombre a amarlo y que ame incondicionalmente a sus hermanos también. Más el que aún no sabe amar a sus enemigos, es porque aún no tiene sumergido fuertemente su corazón en El Corazón de Dios. Así mismo, en la Santa Misa, San Juan de Ávila centraba toda la evangelización y vida sacerdotal. La celebraba empleando largo tiempo, con lágrimas por sus pecados. Sobre la Eucaristía jamás le faltó materia para predicar, especialmente en la fiesta y octava del Corpus Christie. “Trátalo bien, que es hijo de buen Padre”, dijo a un sacerdote de Montilla que celebraba con poca reverencia; la corrección tuvo como efecto conquistar un nuevo discípulo. Ya enfermo en Montilla, quiso ir a celebrar misa a una ermita; por el camino se sintió imposibilitado; el Señor, en figura de peregrino, se le apareció y le animó a llegar hasta la meta. Abracemos La Eucaristía, centro de La Vida Cristiana que da al hombre la garantía de La Vida Eterna, y de Ella encontraremos los frutos necesarios para la evangelización hasta los confines del mundo como lo ha pedido El Señor Jesús. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  13. 8

    La Vid y los sarmientos

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Antes de Cristo y después de Cristo. Hay un antes y un después en la vida del hombre, y Cristo es el centro de la vida del hombre. El hombre, efectivamente, inicia su vida como hijo de Dios con el Bautismo. Mientras que la circuncisión manifestaba un cumplimiento de La Ley desde Abrahám y su descendencia, hasta los tiempos del Redentor; el Bautismo, en cambio, es ley para todos los pueblos y para todos los hombres, hasta el fin del mundo. La circuncisión era una señal «corporal», por ende una señal externa, que daba derecho a los bienes corporales y terrenos; el Bautismo, en cambio, no consiste solo en un signo externo sino que encierra en sí la gracia, imprime al alma un carácter indeleble y comunica bienes muchos más elevados, espirituales y celestiales. Mons. Straubering. Si bien La Primera Lectura manifiesta un caldeado ánimo entre algunos con los discípulos Pablo y Bernabé, finalmente se contrapone el espíritu de obediencia y de lealtad hacia La Iglesia, porque dice: «se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia» Éste será el inicio de la primera discusión de un Concilio en La Iglesia, el conocido Concilio de Jerusalén. Cabe, pues, destacar la importancia de que La Iglesia Primitiva tiene un orden hacia una jerarquía: Apóstoles y presbíteros con Pedro como cabeza de La Iglesia, que dirigido por El Espíritu Santo va llevando el querer de Dios para la salvación de los hombres. Hermanos y hermanas: Cantemos el salmo que cantan los recién bautizados: ¡Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Señor" Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. Es el alma del hombre que se regocija de saber que va a entrar en la morada, en el Corazón de Dios por el sello del Bautismo. Si se ha recibido el Bautismo hemos recibido nueva vida, la vida de perseverancia, pues el Bautismo es un ingresar a la vida en Cristo, estamos llamados a perseverar para gozar de la otra vida La Vida Eterna. Dice el CIC 1213: El Bautismo es el fundamento de la vida cristiana y es el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión ("El bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra": Catecismo Romano 2, 2, 5) Por el Agua es por El Espíritu Santo que tenemos el nuevo nacimiento, y por la palabra, por la que recibimos instrucción de La Iglesia de lo que tiene que hacer todo cristiano para que bien guiado, transite durante toda su vida por los Sacramentos de salvación que La Iglesia administra, y el hombre llegue a buen puerto, La Casa del Padre. Toda la vida del cristiano es un caminar de la mano de La Iglesia que le dota de La Palabra de Dios en donde se encuentran todos los Sacramentos instituidos por Dios para la salvación del hombre. Cuando El Señor nos dice: «Todo sarmiento que lleva fruto, lo limpia, para que lleve todavía más fruto» Nos está diciendo que todos los sarmientos son los cristianos, en efecto, que se mantienen en la gracia de Dios; por eso dice: «Todo sarmiento que, estando en Mí»… por los Sacramentos donde se encuentra Dios Vivo, lleva fruto por el Sacramento que se le ha administrado, y éste fruto: dones y virtudes va limpiando y desenterrado toda impureza en el alma del hombre, y lo hace por El Espíritu Santo, porque dice: «Todo sarmiento que lleva fruto, lo limpia»… para que sean de utilidad para nuevos cristianos; es decir, a nuevos sarmientos, y es que así dice: «para que lleve todavía más fruto»… y que a su vez los cristianos o los que aún no eran cristianos, son limpiados por los mismos Sacramentos que habían sido olvidados y desechados, ya por inconsciencia, ya por consciencia del hombre. «Vosotros estáis ya limpios»… es decir, quienes han recibido los Sacramentos, y añade: «gracias a la palabra que Yo os he hablado»… porque todo cuanto nos ha revelado El Divino Maestro ha sido necesario para nuestra salvación. Por tanto, si permanecemos en obediencia a La Palabra de Dios y El Magisterio de Su Iglesia permaneceremos a salvo. Apartados de La Iglesia no hay vida porque dice: «Así como el sarmiento no puede por sí mismo llevar fruto, si no permanece en la vid» Dirán los necios: La vid es El Señor Jesús, no La Iglesia Católica. Y nosotros respondemos: Si, La Vid Es El Señor Jesús, pero El Señor Jesús está en los Sacramentos que La Iglesia administra, por ello La Iglesia es Sacramento de Salvación. Así como lo Es El Santísimo Sacramento, La Santa Eucaristía, Él, Cristo Eucaristía, está en La Iglesia Católica, y por La Eucaristía el hombre tiene salvación. Quien no come del Cuerpo de Cristo no se salva. Si el hombre no toma de los Sacramentos que Dios ha instituido no desea su salvación; pues, El Mismo Señor Jesús dice: «Si alguno no permanece en Mí, es arrojado fuera como los sarmientos, y se seca»… Bien sabemos que un alma fresca y viva es como las ramas verdes y frondosas que sirven para dar frutos; más el alma seca al igual que el leño seco, como dice El Señor Jesús: «después los recogen y los echan al fuego, y se queman»… y en otro lado dice: «Si así tratan al árbol verde ¿Qué pasará con el seco?»… Demos gloria a Dios con nuestros actos, trabajando para ayudar a que nuestros hermanos se salven, todos tenemos parte en este trabajo que nos está encomendando El Divino Maestro, porque dice: «En esto es glorificado mi Padre: que llevéis mucho fruto, y seréis discípulos míos» Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  14. 7

    El Hijo Dios, engendrado, no creado

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: La recompensa divina se nos manifiesta «en parte» en esta vida a manera de gracia; aunque la recompensa total la veremos en la otra vida. En esta vida se ganan las gracias de Dios, si es para el bien de nuestras almas y mayor gloria de Dios. De ello podemos dar cuenta de los muchísimos milagros que han acontecido en la historia de La Iglesia, y de los muchos favores que Dios les da a Sus fieles. En efecto, éste es el caso de Pablo que habiendo sido apedreado por los judíos de Antioquía e Icónio, dice La Sagrada Escritura: «Después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y de ganar bastantes discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía» Es decir, que Pablo recibió odio y maltrato y a cambio Dios dio la gracia de ganar bastantes discípulos. Del mismo modo nos dice Tertuliano: «La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos». Por Cristo, efectivamente, hemos obtenido un nuevo régimen de gracia, en donde Cristo, por Su Sangre preciosa, nos ha procurado la ganancia divina. Él, que yacía en el áspero madero, convirtió el sufrimiento en ganancia; pues, su sufrimiento y su muerte conforman el total de la entrega hacia El Padre para nuestra salvación, aunque como dice Santo Tomás de Aquino: «Una sola gota de la Sangre Santísima de Jesús, derramada en el Calvario, hubiera bastado» El Señor Jesús, Santo dentro de los santos, Inmáculo por Su condición divina, en efecto, no tuvo de qué purificarse, lo sufrido por Él fue un reparo hacia el Padre por la ofensa que el hombre le hiciera. Ése mismo sufrimiento sirvió para la purificación de nuestras almas, pero ese sufrimiento del Señor Jesús debe ser sumada e imitada por nuestra vida penitencial y de sufrimientos que si son asociados a La Cruz de Cristo y conservamos el estado de gracia, nos sirven de reparo por nuestras ofensas cometidas. La Cruz de Cristo es marcada en la vida del cristiano que debe asumirla con fe y esperanza ante la eminente realidad de sufrimientos que podamos pasar. No negamos que nuestra naturaleza humana siempre demandará un sufrimiento y con ello nos venga la desesperanza, pero ésta deberá ser combatida con la oración, que más efectiva se hace con la oración comunitaria y la sublime y blanca oración de los niños, a quienes debemos recurrir, ya que ellos en su inocencia, son almas más puras que piden a Dios con sencillez, humildad, ternura y sinceridad; ya que estos dones son de mayor agrado a Dios porque son más compatibles a Él. Por tanto, las oraciones nos dan la esperanza de sabernos liberados de los momentos de tormenta por el que pasaremos los cristianos; así como nos queda la exhortación a la perseverancia en la fe que nos pide La Lectura de hoy. Si a eso nos concientizamos, que La Cruz es continua, y lo recordamos en esos momentos de tormento, sabremos asumir más tranquilamente con fe y esperanza los sufrimientos por los que debemos pasar, ya que será un vivir una amargura de la cual anticipadamente se nos ha hablado. Así nos dice La Primera Lectura: «Animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios.» El Salmo de hoy nos invita a meditar en que El Reino de Dios, como dice San Agustín, ya está en nosotros. Éste Reino, En efecto, se puede dar también cuando el hombre en gracia de Dios desarrolla una buena obra, y cuando lo aquejan los pesares; pues, en la ganancia que le deparan los pesares, el hombre estará incrementando su gracia, y si así ocurre en cada hombre, El Reino de Dios va aquilatándose, y ello ha ido ocurriendo a través de los años. Así nos dice el salmo: Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado… Donde las hazañas de Dios son manifestadas en los hombres; pues, así dice La Primera Lectura: «Les contaron lo que Dios había hecho “por medio de ellos” y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe» Y luego el salmo añade: «Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad» Que es El Reinado de Dios en los corazones de los hombres, quienes a imitación de Cristo seguimos sus pasos y juntos construimos El Reino de Dios, que, de en edad en edad, es decir de generación en generación se va generando la perpetuidad del Reino de Dios. El Divino Maestro nos enseña a mantener siempre la esperanza a través de la paz cuando nos dice en El Evangelio de hoy: «Os dejo la paz, os doy la paz mía»… Dándonos una paz que viene de Dios encontramos una paz de amor y lleno de virtudes que aprovechan para nuestra vida en el mundo. En efecto, esa paz con El Amor de Dios llega a un corazón que no está acostumbrado a la paz que viene del Amor constante e inmenso porque viene de Dios. No confundamos la tranquilidad, el tiempo de inactividad o del paseo por el campo con la paz de Dios. Menos la confundamos con diversiones efímeras y pecaminosas que en nada aprovechan para nuestra alma y que son pasatiempos que el mundo da, porque El Mismo Señor nos dice: «[la paz] no os doy Yo como da el mundo.» «El Padre es más grande que Yo» Dice El Señor en El Evangelio de hoy. Para lograr comprender esta relación de respeto comprendamos primero lo que nos dice El CIC 264 "El Espíritu Santo procede principalmente del Padre, y por concesión del Padre, sin intervalo de tiempo procede de los dos como de un principio común" (S. Agustín, De Trinitate, 15, 26, 47). Es decir, que no hay espacios de tiempos en el momento que El Padre nos concede a Su Espíritu Santo, y desde el momento en que procede del Padre, pero El Espíritu Santo es concedido y originado principalmente desde El Padre. Y se dice principalmente, en sentido que procede del Padre. Así también, no se considera que El Padre nos otorgue Su Espíritu Santo en un tiempo determinado, porque El Espíritu Santo también Es Dios, y al Serlo, no tiene principio ni fin, por lo tanto, El Espíritu Santo no procede del Padre en tiempo alguno, sino, que procede desde toda La Eternidad; pues, recordemos que El Espíritu Santo es producto del Amor entre El Padre y El Hijo, y si El Hijo y El Padre existieron siempre, es porque siempre se amaron, y si se amaron siempre, siempre también existió El Espíritu Santo, que Es El Amor de Dios, pues, de Éste Espíritu Bendito, Dios nos ha manifestado Su Amor creándonos y creando todo lo que necesitamos para vivir en éste mundo y para vivir Eternamente. Nos dice el primer Concilio Ecuménico de Nicea que el Hijo es "consubstancial" (de la misma sustancia, naturaleza indivisible y esencia) al Padre nacido del Padre antes de todos los siglos, [Es decir, desde siempre] Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado (CIC 242) El Hijo es engendrado por El Padre, porque Jesús Es Su Hijo; pues, dice en un lado: es Verdadero, en su Hijo Jesucristo. (1 Jn. 5, 20) Por tanto, es Hijo Verdadero, engendrado, pero no creado, porque crearlo hubiese requerido producir al Hijo desde la nada; es decir, que El Hijo necesariamente hubiese requerido tener principio, y no es así, porque El Hijo Es Dios y siempre existió. Luego, también hay una connotación con El Padre según dice: Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió (Jn. 6, 44); es decir, que si El Padre envió al Hijo, es porque hay un querer del Padre como Persona, un querer que El Hijo acepta, porque el Padre engendró al Hijo, por eso dice: porque el Padre es más grande que Yo, dice El Señor Jesús. En efecto, esto es así, nos dice Mons. Straubinger, porque el Padre es el origen y el Hijo la derivación; El Hijo deriva del Padre que lo engendró. Y como dice S. Hilario, el Padre no es mayor que el Hijo en poder, eternidad o grandeza, sino en razón de que El Padre es principio del Hijo. Y si El Padre es el principio, y El Padre Es Eterno, es porque desde La Eternidad de Dios fue engendrado El Hijo; es decir, que fue engendrado desde siempre, porque El Hijo salió del Padre, así lo dice El Divino Redentor: «porque Yo he salido de Dios y vengo de Él» Jn. 8, 42. El Padre nada recibe de otro alguno, mas El Hijo recibe su naturaleza divina del Padre por «eterna generación»; es decir, que El Padre engendró al Hijo desde La Eternidad de Dios; es decir, que lo engendró desde siempre, y no en un tiempo específico, y al engendrarlo, El Padre le dio su naturaleza divina, se lo dio desde siempre, y El Hijo fue engendrado adquiriendo la divinidad, por así decirlo desde el flujo de Dios de donde mana la divinidad El Padre sacó esa naturaleza divina y la entregó al Hijo engendrándolo y El Hijo asumió la divinidad en Su Persona como Dios Hijo. Qué hermoso ese momento eterno en el que El Padre engendra al Hijo, como Dios Hijo y El hijo goza de la misma plenitud divina de Dios Padre. Sin que el hecho de que El Padre haya engendrado al Hijo tenga que implicar imperfección en el Hijo, porque El Hijo Es Dios como El Padre también Es Dios. De ahí la inmensa gratitud de Jesús y su constante obediencia y adoración del Padre. Un buen hijo, aunque sea adulto y tan poderoso como su padre, siempre lo mirará como a superior. Por otro lado, el príncipe del mundo: Satanás, se nos manifiesta en El Evangelio de hoy; de esto decimos que es el tiempo del Señor Jesús en Quien la causa de Su envío por parte del Padre, además fue para que el Demonio haya sido derrotado, ya que desde siempre era sabido por El Padre y El Hijo, y así nos dice en un lado: «Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera.» Aquí El Señor Jesús está hablando con conocimiento de lo que ocurrirá en el futuro, lo habla como Profeta, pero también lo habla como Dios conocedor de todo, desde todos los tiempos; es decir, que lo sabe desde siempre. Y hoy El Sagrado Evangelio dice: «Ya no hablaré mucho con vosotros, viene el príncipe del mundo. No es que tenga derecho contra Mí, pero es para que el mundo conozca que Yo amo al Padre» Es decir, que si El Señor Jesús no hablaría más con Sus discípulos, es porque iba a dejar este mundo y no porque el Demonio tenga derecho sobre El Señor Jesús; pues, Él derrotó al príncipe del mundo: al Demonio, porque amó al Padre obedeciéndolo con Su muerte en Cruz. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  15. 6

    La Revelación tiene que ser revelada

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Hay una dependencia en el hombre, en el que está sujeto al egocentrismo, que es la exagerada exaltación de la propia personalidad del hombre, hasta considerar esta personalidad como centro de la atención de quienes lo rodean, así como también todas las actividades generales que el hombre desarrolla, son consideradas para el egocéntrico como el centro de atención. En efecto, mientras que el hombre viva en ése afán desmedido de soberbia, no podrá encontrar el Amor de Dios, que está sumergido totalmente en la humildad. Estas dos contraposiciones, la soberbia y la humildad; en efecto, no pueden adherirse y hacerse una sola cosa, porque es El Señor que nos quiere en un matrimonio donde no existen separaciones. Éste matrimonio entre Él y Su Esposa que es La Iglesia que la conformamos todos, se mantiene siempre adherido por el amor recíproco; porque, efectivamente, cuando el Amor no encuentra Amor, no tiene como unirse, porque solo El Amor se puede unir con el Amor; es decir, que El Amor de Dios se puede unir con el amor del hombre. Pero para que ello ocurra, el hombre tiene que dar el paso, tiene que manifestar amor por Dios, aunque en ese primer instante de conversión, de mirada hacia Dios, sea del hombre una minúscula entrega de amor, porque, en efecto, el hombre aún no sabe amar integralmente, porque no ha conocido más a Dios como ya muchos santos de La Iglesia lo han amado. Así, pues, el lisiado de Listra que nos narra Los Hechos de Los Apóstoles, dice: «Escuchaba las palabras de Pablo»… Éste es el primer instante de acercamiento del hombre hacia Dios, que en este caso tiene por intermediario al Apóstol Pablo; el hombre, en efecto, quiso escuchar lo que se decía de Dios. El hombre se deja atraer por Su Creador, tiene hambre de Dios, tiene hambre de Eterno. Esa manifestación del hombre tiene respuesta de su Dios, por ello añade: «y Pablo, viendo (al lisiado de Listra) que tenía una fe capaz de curarlo, le gritó, mirándolo: "Levántate, ponte derecho.» Y se manifiesta la misericordia de Dios en el hombre, por la propia voluntad del hombre que quiso acercarse a Dios, aunque sin saberlo en ese momento el hombre, Dios estaba primero; porque Dios siempre está al lado del hombre sustentándolo para que viva. El Amor Total de Dios está entregado al hombre, Dios lo ha manifestado con la muerte y resurrección de Su Hijo; pues, Él como Padre con Su Hijo y El Espíritu Santo son indisolubles. Por tanto, El Padre donando a Su Hijo hace Su donación de Dios Uno y Trino, una donación total, que se hará total en el corazón del hombre en la medida que éste abra más su corazón, tanto en el momento del inicio de su conversión y en cada momento de su vida después de éste inicio hasta que deje éste mundo. Todo momento de vida del converso es un proceso de aprendizaje del Amor de Dios. Y es en la humildad, en la que el hombre manifiesta más amor por Dios, sabe amar más cuando es más humilde, sino, escuchemos lo que nos dice el salmista: «No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu Nombre da la gloria» Estas son las palabras que Dios quiere que nosotros Sus hijos pronunciemos, no porque Él lo necesite, sino, porque nosotros necesitamos hacernos siempre humildes cada vez más, para imitar la humildad incomparable y magnánima que tuvo Dios para con nosotros, por ello el hombre añade el salmo: «por tu bondad, por tu lealtad.» Así mismo, El Sagrado Evangelio nos habla del Amor de Dios, que quiere que el hombre acepte Su Amor para que habiendo correspondido el hombre a las insinuaciones del Señor, el hombre sea amado por Dios, pues, así dice: «El que me ama guardará mi palabra»… es decir, quien ama a Dios cree en Dios, en Su Palabra, en Las Sagradas Escrituras inspiradas por Dios hacia el hombre, y no solo cree, sino que éste la guardará, la conservará, observará y cumplirá los mandamientos de Dios. Y añade: «y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.» Para que el hombre sea correspondido en El Amor de Dios. Y Dios habitando en el hombre pueda manifestar todo cuanto quiera revelar hasta el fin de los tiempos. Estas revelaciones posteriores a La Revelación máxima que son Las Sagradas Escrituras, son revelaciones entregadas por Dios a Su Iglesia, y que está contenida en La Sagrada Tradición y La Sagrada Doctrina de La Iglesia que han manifestado a La Luz del Espíritu Santo, la conducción y salvación de Su Iglesia que somos todos nosotros; pues, así dice: «El Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.» La revelación proclama otra revelación cuando dice: «El Espíritu Santo, será quien os lo enseñe todo» Porque cuando dice «todo», quiere decir, que no todo está revelado. Aunque Las Sagradas Escrituras son «toda» la revelación que Dios nos ha entregado, es una revelación que necesita ser instruida y revelada por una autoridad: La Iglesia que Dios fundo. Es decir, «La Revelación tiene que ser revelada», tiene que ser enseñada por una jurisprudencia, porque de lo contrario todos harían lo que les da la gana. Esta jurisprudencia está en «El Magisterio de La Iglesia», siendo el Magisterio la autoridad de la Iglesia investida a los obispos, como sucesores de los Apóstoles, para enseñar la fe bajo la autoridad del Sumo Pontífice, sucesor de Pedro, Vicario de Cristo y cabeza visible de la Iglesia Católica. El magisterio incluye la enseñanza de la doctrina, la moral y las costumbres. Así nos confirma La Tradición de La Iglesia con «Didaché» o «Didajé» o «Didakhé», que es sino, el primer documento que enseña la revelación de Las Sagradas Escrituras. En efecto, Didajé, que significa Enseñanza de Los Apóstoles, y que es contemporánea a Los Sagrados Evangelios, ya que tuvieron su origen en los años 70 después de Cristo. Y «La Tradición» es toda la revelación, desde el comienzo de la historia hasta el final de la era Apostólica, transmitida por los fieles de generación en generación y preservada por la guía divina del Espíritu en la Iglesia instituida por Cristo. La Sagrada Tradición, más técnicamente, se refiere, dentro de la revelación, a aquella parte que no está contenida en las Sagradas Escrituras porque no se escribió hasta más tarde. El depósito de la fe, de la revelación, está compuesto por las Sagradas Escrituras y la Tradición Apostólica. El depósito de la fe fue revelado por Jesús a los Apóstoles y confiado a la Iglesia. Por ello El Señor Jesús nos dice hoy: «El Espíritu Santo será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.» Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  16. 5

    Dios solo sabe amar como Dios

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: La obediencia y la humildad son necesarias para ir de la mano de Dios. La desobediencia trajo consigo la caída de Luzbel quien por soberbia quiso ser igual o más que Dios. Luego éste, al ser egoísta de la gracia en la que sí contaban Adán y Eva, quiso arrebatárselos a Dios, los tentó y ellos también desobedecieron, porque por soberbia quisieron ser como Dios. Así mismo, los profetas anunciaron al Mesías y pedían al pueblo judío y sus gobernantes que se volvieran a Dios y no sean un pueblo de dura cerviz. Vino El Señor Jesús, Quien obró milagros y se manifestó tanto como dijeron Las Sagradas Escrituras, desde Su venida hasta Su muerte en Cruz y gloriosa Resurrección, pero los judíos por desobediencia a Dios por lo dicho en Las Sagradas Escrituras; las autoridades judías, desobedecieron por soberbia también, porque anhelaban seguir gozando de los privilegios que tenían a costas del pueblo, se creyeron dioses que jamás abdicarían o cederían el puesto a un humilde dentro de los humildes, al Señor Jesús, que Siendo Dios se encarnó y se hizo esclavo en el Seno de Una Virgen y esclavo también en un cuerpo mortal al que inmortalizó. Así estaban escritas Las Sagradas Escrituras en sus profecías sobre El Divino Redentor, pero el corazón endurecido de los judíos, que aún no conocían el Amor de Dios, ni cuanto menos lo que podemos conocer ahora nosotros por la obra de Dios a través de Su Iglesia, ellos, los judíos, por extrañeza de las palabras del Evangelio que manifestó El Señor Jesús, le fue difícil de entender, más aún hicieron clara sus extrañezas para con El Evangelio en Juan Capítulo 6: El Pan de Vida y La Eucaristía, en donde El Señor Jesús pide que coman de Su Cuerpo y beban de Su Sangre para que tengan vida eterna. Así mismo, en la historia de La Iglesia se han manifestado diferentes desobediencias, como es el caso de las herejes, réprobos, cismáticos y apóstatas; todos estos hermanos que han convulsionado y causado una herida profunda en La Iglesia no han obedecido al Vicario de Dios, al Papa; y lo hicieron por soberbia, porque la soberbia supone una estima de sí mismo, o amor propio indebido, que busca la atención y el honor y se pone uno en antagonismo con Dios (CIC 1866) Es un pecado Capital. Y San Gregorio entiende que la soberbia «es esa estructura mental en la que un hombre, a través del amor a la propia valía; es decir, a su propio valor, aspira a alejarse de la sujeción a Dios Todopoderoso, y no hace caso de las órdenes de los superiores.» Por tanto, la soberbia es el pecado rey de todos los vicios, y pone en su lugar la vanagloria como uno de los pecados capitales, dice Santo Tomás de Aquino confirmando a San Gregorio, y por ello, la soberbia es la que toca a todos los hombres, porque siempre estará hasta el fin de la vida del hombre, donde éste va a tener un pequeño sentimiento de orgullo por el que quiera el hombre hacerse respetar ante una agresión, aunque sea mínima, cuanto menos en el pensamiento cuando ya se haya neutralizado las respuestas de palabra, obra y omisión. 1. De pensamiento: Cuando se responde agresivamente desde la conciencia y queda en tu pensamiento. 2. De palabra: Respuesta con insultos o cualquier otra manifestación que agrede a quien te agredió. 3. De obra: Respuesta de agresión física a quien te agredió. 4. De omisión: Respuesta inactiva pero ofensiva. Inactiva: porque se omite manifestarse a favor de alguien quien te agredió, y esa omisión se torna indiferencia para que aquél no se beneficie, por lo que la respuesta se convierte en Ofensiva: porque tiene una respuesta de venganza de quien omitió ayudar al que lo agredió. Se agredió al prójimo con la indiferencia y venganza, porque no se le ayudó en lo que éste necesitaba. *En el caso del pensamiento, cuando llega la idea a tu mente, pero desechas el mal sentimiento contra otra persona, y no lo deseas, no es pecado, porque ha sido una tentación del Demonio a la que le has dicho no, por lo que no estuvo en tu corazón, no tuviste malos sentimientos en tu corazón, solo llegó a tu mente como una tentación, la que desechaste, y por lo tanto tu alma no se manchó. Por tanto, la soberbia es la enfermedad del alma, es el peor pecado, muy duro de desterrar de nuestras vidas. Es la soberbia la que estuvo arraigada en el hombre en tiempos pasados, y que El Señor Jesús nos enseñó a combatirla. En efecto, mientras los judíos pensaban en que se deshacían del Señor Jesús matándolo, más fuertemente se cimentaba El Reinado de Él, porque cuanto más era despreciado y llegado a culmen su vida en la cruz, más fuertemente se afirmaban las profecías del Antiguo Testamento. Así lo clama el salmo de hoy: «Tú eres Mi Hijo: Yo te he engendrado hoy»… Estas palabras que también la manifiesta El Apóstol Pablo en La Primera Lectura de hoy, las manifiesta en sentido en que a la muerte del Señor Jesús, El Padre engendra un nuevo tiempo para el hombre: El Reinado del Señor Jesús, El Padre lo engendra como Rey, por ello es que el salmo luego añade: «Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra» Esta afirmación del Padre en la boca del salmista da asentimiento de su querer que lo manifiesta El Hijo que le dice a Felipe: «Yo Soy en el Padre, y el Padre en Mí» Es decir, que El Señor Jesús en éste conocido «Supremo Discurso de Jesús» manifiesta primero Su condición divina porque dice: «Yo Soy», que es lo que dijera El Padre al Patriarca Moisés: «Yo Soy el que Soy». Y añade: «en El Padre»; es decir, dentro del Padre, en el que manifiesta la unidad indisoluble con El Padre, porque la frase es: «Yo Soy en El Padre» Es decir, que si El Señor Jesús, El Hijo, Es «Yo Soy» y Yo Soy es Dios; por tanto El Señor Jesús Es Dios. Además, si El Padre también es Dios, y El Hijo está en el Padre, dentro del Padre, Es decir que El Hijo está dentro de Dios, Pero si El Hijo Es Dios y El Padre también es Dios, por tanto Dios está dentro de Dios; Dios Hijo está dentro de Dios Padre. Además, Dios Padre también está dentro de Dios Hijo, Porque dice: «y el Padre en Mí»; Es decir, El Padre dentro de Mí. Es decir, «Dios en Dios», o sea, Un Solo Dios, porque Dios Siendo Uno solo, en efecto, La Unidad Total del Hijo puede ser absorbida totalmente por El Padre y al Padre no faltarle nada, porque El Hijo puede otorgarle al Padre todo lo que El Padre necesita, toda su infinitud, porque El Hijo Es Dios, y El Padre también Es Dios, así como lo Es también El Espíritu Santo porque El Espíritu Santo Es El Creador y Consolador, todo lo que ha creado ha sido por Amor y cuanto ha consolado lo ha hecho por Amor; pues, habiendo siempre existido El Padre y El Hijo, y en Ellos siempre existiera El Amor que nace del Espíritu Santo, es porque El Espíritu Santo también existió siempre, porque Dios siempre tuvo Amor, desde los siglos de los siglos antiguos, hasta por los siglos de los siglos. El Hijo Es Dios, también porque dice: «Felipe le dijo: "Señor, muéstranos al Padre, y esto nos basta". Respondióle Jesús: "Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, ¿y tú no me has conocido, Felipe? Es decir, que Felipe quería conocer al Padre y Jesús responde: «¿Tú no me has conocido?» Y luego añade: «El que me ha visto, ha visto a mi Padre… ¿No crees que Yo Soy en el Padre, y el Padre en Mí?» y luego «El Padre, que mora en Mí, hace Él mismo sus obras.» Es decir, que todo lo que ha querido hacer y revelar El Padre lo ha hecho por medio de Su Hijo Jesucristo. Es pues, el querer de Un solo Dios que se haya manifestado La Revelación de Un Dios Trinitario, de un Padre que entrega Su Amor Total al hombre porque ha entregado a Su Hijo Único, como nadie lo ha hecho, porque Dios solo sabe amar como Dios, porque cuando El Padre envió a Su Hijo se donó Él también como Padre y con El Espíritu Santo por la unión indisoluble que hay en El Dios Trinitario. En efecto, Dios solo sabe amar como Dios, no sabe amar como los hombres, el amor de los hombres es terminable, y El Amor de Dios es Infinito, porque la infinitud es un atributo de Dios. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  17. 4

    Jesús, Legado Divino

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: En estos tiempos de pascuas mantenemos la alegría en el cuerpo y en el alma, dando gracias a Dios por la regeneración de nuestra vida y recibir un nuevo régimen de gracia que nos procura el convivio eterno en La Casa del Padre: Su Corazón, Su Amor. A la vez que hemos reducido las penitencias por estos tiempos de felicidad, no obstante, tengamos la prudencia y la buena gana de disponernos al ayuno y a la oración en momentos importantes de cualquier obra de misericordia, más aún en las prédicas, donde El Espíritu Santo va a dignarse en morar en nosotros para expresar la voluntad de Dios. Tengamos en cuenta, pues, que nada está escrito en piedra y que debemos tener buenos criterios para la obra de Dios. Pon conciencia y no dejes que te guíe la pereza, ni la disipación; porque eres un instrumento de Dios, Quien te ha dado talentos para que lo pongas a Su servicio, ayudando a tus hermanos que te necesitan y más necesitan de Dios. Dispón, pues, la diligencia y la caridad para con Dios, tus hermanos y para ti que te debes salvar ejercitándote y trabajando en el Plan que Dios ha preparado. A eso has venido al mundo, no para que seas del mundo, sino, para que estando en el mundo cumplas tu misión encomendada por Dios. ¿Cómo lo sabré? ¿Qué pasos debo seguir? Ponte en oración y si es muy importante tu gestión, ayuna además, porque la oración sumada al ayuno, sube como el incienso, como una ofrenda agradable a los Cielos, a La Casa de Dios, para Dios, para que Él Sea glorificado y te envíe Su Santo Espíritu y te pongas por obra a mantener y hacer grande tu santidad y la de tus hermanos, para que sean salvados y gocen eternamente de La Presencia de Dios. Ahora que sabes para que Dios te ha elegido, no seas gravemente dañoso y perjudicial para tu alma y la de tus hermanos, ambos necesitan salvarse y servir a Dios que los ha creado. Mira que tan importante es la oración a la que nos exhorta JPII: «Es necesario estar dispuestos a renunciar a cualquier cosa legítima con vistas a un bien superior. Sobre todo hay que ser conscientes de que todo se puede obtener de Dios con la oración». Juan Pablo II, 1-IV-2003. Es decir, que renunciando a las vaguedades que ofrece el mundo podemos estar dispuestos a hacer un bien superior, nuestra salvación, esta que podemos lograrla con la oración que le hagamos a Dios, pues, Dios quiere que nos salvemos, y de Él la obtendremos con la oración, que es el medio con el que nos comunicamos con Dios. San Alfonso María de Ligorio: «Nos disteis con el gran medio de la oración la llave de todos vuestros tesoros; y nosotros, por empeñarnos en no rezar, vivimos siempre en la más grande miseria espiritual» ... Porque Dios tiene infinitas gracias, que son tesoros del Reino de Los Cielos que Dios nos quiere dar, pero no nos la da porque no pedimos, y si no pedimos no tenemos los tesoros, y si no tenemos los tesoros, ciertamente que somos pobres y andamos en la miseria. Y luego para caer en la cuenta de que anterior a la obra es necesaria la oración también dice San Alfonso: «¿de qué sirven las prédicas, las meditaciones y todos los otros medios que dan los maestros de la vida espiritual sin la oración, cuando el Señor ha dicho que no quiere conceder sus gracias sino al que reza? Pedid y recibiréis»… Y también: «Sin oración, según los planes ordinarios de la providencia, inútiles serán las meditaciones, nuestros propósitos y nuestras promesas» El salmo así mismo nos exhorta: «Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra?... Pues, el hombre cantando a Dios, lo que hace es rezar más intensamente que cuando solo reza, porque dice San Agustín: «el que canta reza dos veces» Así, cantando a Dios elevamos el potencial de nuestras súplicas, y Dios conmovido por la intensidad nuestra dirige nuestras vidas, gobernando Él el mundo por medio de nosotros. Por su parte El Divino Redentor asumió la carne mortal para enseñarnos hablar con El Padre de la manera más íntima, pues, comienza diciendo lo primero: «Padre», y luego dice «nuestro»; es decir, la dirección total y primera al Padre, pues, Él Es el centro de nuestra vida, por ello dice «nuestro», porque Dios es para nosotros, porque en nadie se ha interesado como en nosotros, y nos lo ha demostrado dándonos la salvación por medio de Su Hijo Jesucristo, Quien es la marca del Ser del Padre; pues, es en Cristo en Quien encontramos al Padre, ya que Él Mismo nos dice en El Evangelio de hoy: «El que cree en Mí, no cree en Mí, sino en Aquel que me envió; y el que me ve, ve al que me envió» La revelación Dios nos la ha dado para nuestra salvación ¿Se ha escuchado de alguien que se haya salvado sin cumplir lo que Dios manda? Es, pues, necesario ser adiestrado para que conociendo Los Mandatos de Dios el ignorante se instruya. Y si el ignorante no lo desea por propia voluntad y sin mayores reparos, y sin importarle nada su salvación, despreciando La Palabra de Dios que lo revela perfectamente Su Iglesia, éste pobre hombre se condena, porque bien dice El Divino Maestro: «Si alguno oye mis palabras y no las observa, Yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvarlo» Pero si en otro lado dice que Es El Justo Juez, ¿cómo es que aquí dice que Él no juzga? Pues, El Señor Jesús se manifiesta en tiempo presente, en ése instante en que enseñaba este pasaje de La Sagrada Escritura; es decir, que vino a enseñar y no a juzgar en ese momento de Su primera venida; pero ciertamente que después de su estancia en este mundo y cuando ya todo había sido revelado, sí asumió Su rol de Justo Juez, por ello dice seguidamente: «El que me rechaza y no acepta mi palabra, ya tiene quien lo juzgará: la palabra que Yo he hablado, ella será la que lo condenará, en el último día» Es decir, que La Palabra que Es Él, El Verbo que se hizo carne ya ha hablado, antes de Su venida y luego, en Su venida: Antiguo y Nuevo Testamento; todo cuando tuvo que revelar El Padre, ya lo ha hablado Su Hijo, y Su Iglesia le ha dado orden por orden de Él; es decir, que La Palabra de Dios fue agrupada en lo que llamamos hoy Las Sagradas Escrituras. Esta, en efecto, es la Verdad revelada que nos salva por medio de Su Iglesia que es Sacramento de Salvación, pues, de ella obtenemos todos los Sacramentos que el hombre necesita para que se salve. Ya que si no te confiesas, no puedes comulgar, y si no comulgas tomando El Cuerpo de Cristo no te salvas. Así mismo en el sacramento del matrimonio, el cual es necesario para que te juntes en el débito conyugal con la persona que amas, pues, no tomando este sacramento, ciertamente tienes el alma muerta. Mira pues, la importancia de La Iglesia en nuestras vidas, nos da los Sacramentos instituidos por Dios, nos confecciona oraciones para hablar santa y exactamente lo que le tienes que decir a Dios, y nos ha armado toda La Santa Biblia, y más aún, nos la interpreta por orden del Justo Juez. Por tanto La Verdad Revelada, La Santa Biblia, Es La Palabra de Dios, El Verbo de Dios, El Mismo Jesús, El Justo Juez; porque si Él Es El Verbo, La Palabra de Dios, Él juzgará, por ello dice: «El que me rechaza y no acepta Mi palabra, (Es decir, a Él Mismo) ya tiene quien lo juzgará: la palabra (Es decir, Él Mismo) que Yo he hablado, ella (Es decir La Palabra, Él Mismo) será la que lo condenará, en el último día» Es así que quien no cumple Los Mandamientos de Dios, rechaza a Dios, y rechaza todo lo que Él nos ha revelado; así también, está incluido en Su revelación, en Su Palabra, la institución de Su Iglesia y la de todos los sacramentos que La Iglesia conserva y otorga para que el hombre se salve; y así quienes obedezcan La Palabra de Dios por medio de Su Iglesia se salvará, porque dice El Mismo Señor Jesús: «El Padre, que me envió, me prescribió lo que debo decir y enseñar; y sé que su precepto es vida eterna» Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

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    El Buen Pastor

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. 1 Tim 2, 4. En efecto, Dios que ha creado a todos los hombres, quiere que todos los hombres conozcan lo que tanto le ha costado: Enviar a Su Hijo Único, Jesucristo nuestro Señor, para que El Sagrado Evangelio sea llevado a todos los hombres, porque dice: «serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra». Hch. 1, 8. Es decir, que así como El Padre eligió al Pueblo Judío para que sea Su grey de donde vendría El Salvador, así, habiendo los judíos no aceptado al Salvador, era, pues, necesario que se eligieran doce y luego a más judíos que creyeron en El Evangelio, es decir, que todos estos judíos y demás judíos que abrazaran El Evangelio son los que Jesús quería cuando dice: «Serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea». Queriendo, pues, El Señor Jesús que se empiece por el mismo pueblo Judío pues, ahí eligió a los doce y luego a más. Luego la extensión de La Iglesia ha sido posible hasta los confines de la tierra, porque dice Los Hechos de Los Apóstoles: «hasta los confines de la tierra»; es decir, que ello compromete a todos los hombres de toda raza en todo el mundo. Ello se manifiesta desde antiguo al Patriarca Abraham, a quien Yahvé le promete la descendencia numerosa como las estrellas del cielo. Y luego en La Iglesia Primitiva era una necesidad para el surgimiento y crecimiento de La Iglesia, y ello lo manifiesta Pedro en la visión que dice: «algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí». Es decir, que el gran lienzo es el cosmos en el que Dios pinta a toda la creación en donde nos encontramos todos los hombres, Sus hijos a quienes nos quiere salvar; y ello da más asentimiento cuando manifiesta: «por las cuatro puntas era bajado del cielo»… es decir, que el número cuatro en la Biblia simboliza el cosmos, el mundo, ya que son 4 los puntos cardinales. Cuando se dice que en el Paraíso había 4 ríos (Gn. 4, 10) significa que todo el cosmos era un Paraíso antes del pecado de Adán y Eva. O sea, no se trata de un sitio determinado, aunque algunos continúen buscando dónde estaba. Ez 37, 9 Ap. 4, 6. Por tanto las cuatro puntas del lienzo que vio Pedro es el cosmos, todo lo creado, que como dice era bajado del cielo, es decir, que del Cielo, por Dios fue creado. Luego dice: Mata y come, a todos los animales, que Pedro decía que era inmundo, en donde todos los animales, es la representación de todo lo que Dios ha creado, es necesario para el hombre, con lo que se tira abajo toda la ley judaica llena de normas, que de suyo propio, los fariseos cumplían al pie de la letra de la manera más exagerada. La norma es buena, pero nada está escrito en piedra, no todo tiene que ser estricto, pero se debe tener discernimiento para pasar de solo la ley, a la ley y al uso de la razón con tolerancias. Y es que quienes no estaban circuncidados como los judíos, no eran vistos como aceptables para que siguieran El Evangelio. Luego dice: «Lo que Dios limpió, no lo llames tú manchado». Es decir, que lo que Dios ha limpiado con La Sangre de Su Hijo, el hombre, en efecto no es nadie para despreciarlo, por lo que tanto judíos y todo hombre en el orbe es llamado por Dios a la salvación. Y es que Jesucristo nos justificó ante El Padre con Su Sangre, pero nuestra reconciliación también depende de nosotros, de dejar la vida disipada y llevar una vida como Dios quiere. Además, el hombre tiene impregnado en su corazón, en lo más profundo de su alma la búsqueda del Único y Verdadero Dios, por ello dice el salmo de hoy: «Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a Ti, Dios mío». Y es que habiendo esta búsqueda de Dios por parte del hombre, es, pues, necesario que nosotros como Iglesia vayamos en pos de estos nuestros hermanos dispersos por doquier que necesitan de Dios a través de Su Iglesia. Y es así, que El Sagrado Evangelio nos dice: «Quien no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es un ladrón y un salteador». Es decir, que el aprisco es La Iglesia que resguarda al rebaño de la intemperie del mundo en el que se puede contaminar; así el ladrón que no entra por la puerta que Es Dios, ése es el Diablo, que roba en los despoblados, donde están las ovejas sin pastor, es decir, donde aún La Iglesia no ha llegado, o donde hay hombres que conocen del Señor Jesús y de Su Iglesia pero que necesitan de un pastoreo continuo, y el Diablo con sus insidias se afana por llevar a la condena a estas pobres ovejas. Es por ello la gran necesidad de seguir a los pastores de La Iglesia, y la necesidad más aún de pastores santos que no engañan, roban y degüellan a los hijos de Dios, para destruir La Iglesia. Los pastores son los que en La Persona de Cristo llaman a los hijos de Dios, los llama a cada uno por su nombre, en sus corazones, ellos escuchan su voz y dejan el mundo, porque El Señor los hace salir de sus vidas disipadas y de error, siguen a Jesús, a Su Evangelio, a Su Iglesia con Su Santa Doctrina. Sus ovejas, en efecto, siguen al Señor no solo una vez, sino, constantemente hasta el fin de sus vidas cuando ya están fuera del mundo y alcanzaron la gloria de La Salvación. Entremos por la puerta que Es Cristo, pues, Él nos dice: «Yo Soy la puerta, si alguno entra por Mí, será salvo; podrá ir y venir y hallará pastos» es decir, que si caminamos en la presencia de Dios y de Su Iglesia en donde Ella está unida y amalgamada a Él por El Espíritu Santo, se salvará, y podrá estar por doquier ya sin contaminarse, porque el hombre está sumergido en Dios que Es Jesús, y Él a través de Su Iglesia le dará «pastos», es decir, «los Sacramentos» que Dios instituyó para la salvación del hombre. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

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    El Pan de Vida y La Eucaristía

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: La conversión del hombre es una manifestación de la misericordia de Dios Quien quiere que el hombre se salve. En efecto, cuando el hombre dice con asentimiento: FIAT – Hágase, Dios que ha sido respetuoso de la decisión del hombre, solo hasta éste momento envuelve con Su Santo Espíritu al hombre y lo deja protegido, por ello dice en La Primera Lectura con respecto a Saulo: «Una luz celeste lo envolvió con su resplandor»… Dios, efectivamente, mantiene al hombre en ese momento en estado de gracia para que pueda lograr su salvación. El hombre ha sido sumergido en la misericordia de Dios y está apto para un nuevo régimen de vida, tanto cuanto él quiera mantenerse en el estado de gracia. El hombre que vive apartado de la gracia salvadora de Dios, no puede ver los dones y virtudes del Espíritu Santo, porque el pecado nubla la acción de Dios en el hombre pecador; tanto en signos externos, porque el hombre no puede actuar como medio para Dios porque Dios no puede habitar plenamente en quien está manchado, aunque hemos sido testigos de casos muy distanciados en que ha sido posible, pero justamente no es una constante en la vida de La Iglesia. Igualmente en los signos internos, como la intimidad de Dios en el corazón del hombre pecador no se puede dar a plenitud, porque justamente el hombre ha decidió no tener intimidad con Dios, alejándose del estado de gracia y viviendo en pecado. La gracia de Dios santifica al hombre y lo regenera, cuando el hombre acepta total y voluntariamente someterse íntegramente a Dios, cuando el hombre acepta que Dios convierta su corazón errante al Corazón Divino lleno de amor de Dios. Mientras tanto, el hombre no puede ver, aunque ve; es decir, que ve todo lo que puede por naturaleza propia de la vista, pero no ve la acción sobrenatural de Dios, así como no puede ver, es decir, no puede entender lo que Dios quiere, Su Palabra, Sus Mandamientos, Sus Sacramentos y todo instrumento de salvación que Dios ha puesto para que el hombre se salve, y es que así nos dice La Primera Lectura: «Los ojos abiertos pero no veía»… y es que debemos tener en cuenta que Dios pudo hablar a Saulo, pero Saulo no podía ver porque aún no se había convertido al Amor de Dios, Saulo aún no daba el FIAT – Hágase. Saulo, en efecto, tuvo que pasar por una etapa por la que pasa todo convertido: oración y ayuno, y más aun en tres días, donde podemos ver en el número tres a Las Tres Personas de La Santísima Trinidad. Además, el Apóstol tuvo que recibir la acción de Amor, de conversión del Espíritu Santo a través de la imposición de las manos. «Yo Soy Jesús a Quien tú persigues»… es El Señor Jesús el que habla a Saulo en quien se refleja el accionar de los perseguidores de Su Iglesia. En efecto, cuando alguien persigue a los discípulos de Jesús, a Su Vicario o a alguno de los fieles de La Iglesia, está persiguiendo y atacando a Jesús, porque todos somos miembros del Cuerpo Místico de La Iglesia, donde Cristo Es La Cabeza, y es más, Cristo que habita en cada uno de nosotros, es El Todo en todos, por ello, cuando se persigue, «se respiran amenazas y muerte contra los discípulos de Jesús», es decir, si se ataca a un solo miembro de La Iglesia, Dios responde: «Yo Soy Jesús a Quien tú persigues» Es necesario el sufrimiento para purificar los pecados, ya que El Mismo Señor le dice a Ananías que Saulo va a «Sufrir en nombre de Jesús» y va a ser «un instrumento elegido por Mí» Es decir, que Dios no promete los grandes momentos en esta vida, sino en la postrera, a costa de los sufrimientos que tengamos, y que van a la par de nuestra conversión. Así ha ocurrido en toda la historia de La Iglesia, porque estamos unidos a Cristo, La Víctima y Mártir; y esa unión con Jesús es la que nos hereda La Cruz del martirio y el sufrimiento en nuestras vidas, pero así como La Cruz trajo consigo la gloria de La Vida Eterna, del mismo modo la heredaremos nosotros. ¡Ánimo hermanos, la gloria es la recompensa! Dios nos ha dado El Alimento de Vida Eterna, Él ha querido quedarse en La Eucaristía para que el hombre se salve comiendo del Cuerpo de Cristo. En efecto, nosotros nos unimos al Cuerpo Místico de Cristo y al Mismo Cristo comiendo Su Cuerpo. Él nos dice: «Porque la carne Mía verdaderamente es comida y la sangre Mía verdaderamente es bebida» La verdad es la conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa, y si Cristo, daba conformidad de lo que decía, es porque era así, era la verdad pura, Él Es La Verdad y La Vida, y como Él Mismo dice: «Yo digo lo que he visto junto a mi Padre» Jn. 8, 38. Por tanto, si Él ha dicho todo lo que ha visto junto a Su Padre, es porque es verdad que Su Carne es verdadera comida y Su Sangre verdadera bebida. Y luego añade en El Evangelio de hoy: «El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, en Mí permanece y Yo en él»… Es decir, que Dios quiere que el hombre dé el primer paso para que se acerque a Él, porque Dios respeta su voluntad, si el hombre quiere se salvará porque se acercó al llamado que Dios le va haciendo en todo momento. Dios quiere que el hombre acepte Su llamado y luego Dios le responde con Su gracia salvadora, el hombre se arrepiente y Dios lo salva _ en Mí permanece, es decir que el hombre se acerque a Dios, y luego dice y Yo en él; es decir, que luego que el hombre dio el paso, el Sí, Dios lo envuelve con Su espíritu Santo. El Señor Jesús en esta frase hace mención de la unidad en Su Cuerpo, de una manera en la que comiendo verdaderamente de Él, de una manera tangible de Su Cuerpo Divino, el hombre, en efecto, se divinice, porque si tomamos de La Carne Divina del Mismo Dios, ello nos garantiza una mayor y arraigada unidad en Dios, tomar tangiblemente de Él Mismo. Además Dios, al conocer perfectamente al hombre de su necesidad de lo tangible para que se fortalezca su fe, no se quiebre y no se condene, es que generosamente ha manifestado portentosos milagros en toda la historia de la humanidad. Y es así que quiso hacer el más grande milagro de nuestra historia, hacerse un pedazo de Pan para nuestra salvación. Jesús por ello manifiesta la necesidad del hombre en lo tangible en el Maná con referencia a Él, Pan Eucarístico: «Éste es el Pan bajado del cielo, no como aquel que comieron sus padres, los cuales murieron» Es decir, que los judíos comieron porque pedían comida y pedían a Moisés señales de milagros en el desierto, del mismo modo lo hacen en ese momento con Jesús cuando le preguntan los judíos: «¿Qué milagro haces Tú, para que viéndolo creamos en Ti? ¿Qué obra haces?» Responde Jesús: «Es Mi Padre el que les da el verdadero Pan del Cielo» Es decir, que Moisés fue el que les dio el pan, el Maná; Dios lo dio pero por un intercesor: Moisés. En este caso, Dios da al Mismo Jesús como Pan del Cielo, queriéndonos decir El Señor Jesús, que Él Es El Pan de Vida que El Padre quiere dar porque dice Él: «Yo digo lo que he visto junto a mi Padre» Jn. 8, 38. Por ello añade: «Yo, enviado por el Padre viviente» Es decir, Dios da al Mismo Jesús como Pan del Cielo. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

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    La humildad para predicar El Evangelio

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: En la carta del Apóstol San Pedro se nos menciona la humildad y sumisión, dones importantes para ser un verdadero hijo de Dios. La humildad, en efecto, derrota a la soberbia, es su contrariedad; pues, manteniéndose en humildad se mantiene la sobriedad y la vigilancia de nuestras actitudes y no caer en el pecado que nos aleja de Dios. Ya que la humildad consiste en el conocimiento de nuestras propias limitaciones y debilidades y obramos conociendo nuestras dolencias, es que no entramos en soberbia, porque el humilde de corazón, es sumiso y se rinde ante su realidad y ante Dios en Quien se abandona, porque sabe que Dios se interesa por nosotros. El Diablo también se interesa por nosotros, pero lo hace para devorarnos, pues, como dice La Escritura: «vuestro enemigo, el Diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar.» Y luego añade: «Resistidle firmes en la fe»… Es decir, que nosotros por fe sabemos que existe el Diablo, enemigo de Dios y nuestro también, y que con la fe lo resistimos ¿Cómo? Teniendo fe que la humildad lo derrotará. Hermanos y hermanas: No confundamos la humildad con ser zonzo, taciturno y callado, porque la humildad no se contrapone con la verdad, y la verdad tampoco está reñida con el carácter, es decir, con el tono de voz enérgico; o sea, que la humildad tampoco tiene que estar reñida con decir la verdad con tono enérgico cuando se requiere, pues, muchos padres dejan que sus hijos se posen en sus cabezas, y hasta los dejen defecar en ellos, con el consentimiento, sonrisa zonza y mala crianza que hacen que los hijos crezcan como soberbios y orgullosos, como niños mimados que creen que todo se lo merecen. Por ello es necesario que el cristiano deba ser humilde pero con carácter para los momentos necesarios, porque si dejamos que hablen en contra de nuestra fe, o actúen en contra de la verdad, o si dejamos que otros hagan lo que no es correcto, porque nosotros hablamos con tono bajo, creyendo que somos humildes, porque el humilde no grita, estamos equivocados. Somos humildes pero enérgicos y exigentes cuando se va en contra de Dios, Su Madre, los seres que amamos, en contra del Sagrado Evangelio y nuestra amada Iglesia; así como todo aquello que se opone a la verdad y que nos daña. Todas estas son formas de resistir con fe al Demonio, porque no dejamos que él se salga con la suya, que es que yo peque de omisión y que mi hermano crea que está en la verdad cuando el Demonio lo está arrastrando. No nos preocupemos por las desavenencias que tengamos en nuestros sufrimientos, porque Dios se preocupa por nosotros, Él Mismo dice: Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo… para que después no lleve a Su Reino de gloria. Y San Pedro nos alienta hoy diciéndonos que nos mantengamos en la gracia. Esta gracia bendita queridos hermanos y hermanas es la que nos regenera con Dios, porque Él nos regenera con Su gracia, dándonos un nuevo ser a nuestras almas que hemos degenerado, Dios nos mejora y nos destierra todas nuestras imperfecciones, por ello dice: os restablecerá, os afianzará, os robustecerá… dice hoy El Apóstol Pedro. Así, Dios hace que abandonemos nuestras malas conductas o hábitos reprobables para llevar una vida moral y físicamente ordenada. ¿Con qué se logra todo esto que Dios nos promete? Con amor, para que teniéndola encontremos entre hermanos la paz. «Más que el cielo has afianzado tu fidelidad»… Es la respuesta que añade el salmo de hoy, porque, en efecto, en lo alto, en donde habita Dios, en Su estancia, en el lugar donde solo Él puede estar, ahí sostuvo Su fidelidad; es decir, que la promesa de Dios la hizo Él dentro de Él, en Sí Mismo, porque viene de Él, y si nadie ni nada puede contener a Dios excepto Su Espíritu, es porque en Su Espíritu Santo es que nace toda promesa de Dios, ahí donde habita Dios, en su Espíritu, en Su Amor, ahí hizo su promesa, ahí sostuvo Su fidelidad: «Os restablecerá, os afianzará, os robustecerá» Animados con esta promesa de Dios, podemos ser testigos de Él, pues, si Él nos ha dado Su promesa con asentimiento, El Espíritu de Dios estará en nosotros con asentimiento, pero esperando que nosotros actuemos para que se manifieste la verdad que Cristo y El Padre nos han prometido, que nos enviará El Paráclito para vivir conforme a lo que Dios nos ha enseñado, pues, viviendo así predicamos El Evangelio, además de proclamarlo de viva voz también. Proclamemos a Cristo, hablemos de Él sin temor, sin ningún tipo de vergüenzas, así nos lo pide Él: «Id por el mundo entero, predicad el Evangelio a toda la creación.» En el nombre de Dios manifestemos que somos Sus hijos, y los demonios huirán de nosotros, de nuestras almas y de las almas de aquellos a quienes le prediquemos, pues, conociendo la verdad, y permaneciendo ellos en la verdad, el Demonio ya no estará en sus vidas, así se expulsan también los demonios en el nombre de Dios, así se harán todo tipo de prodigios y en todo enfermo del cuerpo y del alma «pondrán sus manos y sanarán.» Dice El Señor. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

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    Amor hasta hacerse Pan de Vida

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: El servicio es un don que se hace con amor, pues, servimos a Dios porque Dios que nos ha amado nos ha entregado Su Amor. Por tanto, si he recibido Amor, tengo Amor, y el Amor hace posible que pueda hacer todo lo que es bueno para el hombre, empezando por retribuir el verdadero Amor a Dios Quien nos lo dio. ¿Cómo? Sirviéndolo. ¿Y qué postura tienes para servirle? Doblando el espinazo con alegría y gratitud por la gran misericordia que Dios nos ha tenido, primero porque nos dio a Su Hijo, y dándonos a Su Hijo, se entregaba Él como Padre con Su Espíritu Santo; es decir, La Santísima Trinidad en pleno se entregó a nosotros por Su indisolubilidad, pero el rostro lopuso El Hijo Encarnado. Luego amamos a Dios porque nos creó. Sí hermanos, era la nada absoluta al lado de Dios, del otro lado todo lo demás estaba creado, y de la nada te creó, y hoy por la grande misericordia de Dios sigues vivo, Él te da el aire que respiras y todo lo que está en el mundo para que puedas vivir, todo Él lo sostiene para que tú sigas viviendo. Mira y escucha al salmista que clama con amor y reconocimiento a su Dios: Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. Qué es el hombre para que te acuerdes de él; el ser humano, para darle poder… Así como el salmista ha caído en la cuenta de Quien Es su Criador y quién es el criado, tú tienes que hacer lo propio. Por tanto si tú sabes que eres criado, es porque eres alimentado y nutrido por Dios, tanto corporal como espiritualmente; ya que en lo corporal, todo lo que deglutes viene de Dios, así en el pan, la harina viene del trigo que Él lo creó, es más Él hizo posible que el trigo existiera por todos los componentes que Él lo creó: El oxígeno, el agua, la tierra, etc. Todo es un don de Dios. Y en cuanto a lo espiritual tienes el alimento de Sus oraciones, Su Palabra y Sus Sacramentos, especialmente el de La Santa Eucaristía. Así Él Es Criador y tu criado; es decir, El Criador que te cría desde antes del vientre de tu madre hasta ahora con todo lo necesario para que existas. ¿Qué te queda a ti por hacer? Pues, si eres criado, es porque has recibido de Dios la primera crianza, alimento y educación; pues, te crió con la hartura de Sus manos benditas dándote alimento. Y educándote escribió por medio de Sus santos profetas y principalmente te instruyó con asentimiento enviando a Su propio y Único Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Si tenemos todos estos fundamentos, caemos en la cuenta de que debemos retribuir con Amor al que Es Amor, a Quien nos dio Amor para vivir amando y amando durmiendo en Él, en donde ése dormir es cerrar los ojos un segundo y abrirlos para vivir en Ése mismo Amor pero ya eternamente. El mismo salmo de hoy invita a la reflexión de tener a Dios como respaldo de una vida mejor cuando dice: En tus manos encomiendo mi espíritu… porque el hombre confiado en Dios, sabe que lo apartará de todo mal diciendo: Tú, el Dios leal, me librarás; yo confío en el Señor… tanto en la vida presente como en la futura, el hombre se confía en Dios esperando todo de Dios: Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. Para lograr esa confianza que nos alcanza Dios, vivir en estado de gracia nos da la posibilidad. La gracia, en efecto, nos mantiene en la posibilidad de comer del Cuerpo y Sangre de Jesucristo: «El pan de Dios es Aquel que desciende del cielo y da la vida al mundo.»… Éste Jesucristo, Hijo de Dios y verdadero Dios Hijo se quiso quedar en un pedazo de pan, para que nos enseñara que no solo se abajó con excelsa humildad a la condición humana; es decir, que Siendo Dios Todopoderoso y Eterno, en un misterio insondable, se hace hombre, El Eterno se hace caduco, el Inmortal se hace mortal; para que caducos y mortales nos hagamos eternos e inmortales, porque Dios se hizo hombre, para hacer al hombre Dios; Dios se humanizó para que el hombre se divinice, porque el hombre se había corrompido y de tal forma que sus corazones eran de piedra, muy lejos de aquella perfecta creación reflejada en Adán inocente, libre de pecado. Y ya que caímos en la cuenta de que Quien Es Criador y quien es el criado, es certero decir que somos servidores de Dios, pues, si Él nos sirvió primero, al igual que nos amó primero y con ello tenemos el verdadero Amor en nuestros corazones, estamos dispuestos a servir, primero a Dios y luego a quienes Dios crió también, a nuestros hermanos hijos del mismo Padre; porque si no amo a los otros criados, no amo lo que Dios ama, y si eso es así, entonces no amo a Dios. Por tanto, debo amar a Dios y a todo lo que Él ama, eso es lo que habían desterrado de sus corazones los judíos que «como un solo hombre», dice La Escritura, «se abalanzaron sobre él»… es decir, que como un solo espíritu, el del mal, el del Demonio, que los tenía arraigados en ella, todos a una, matan a Esteban. Maldad tras maldad ignorando el precepto que asentían: Amar a Dios con todas sus fuerzas, con toda su alma y con todo su ser, y a tu prójimo como a ti mismo. Ello lo sabían, pero estaban cegados con corazones endurecidos pero conscientes de lo que hacían, mataban un hermano, pero por otro lado, exclama Esteban: «Señor, no le tengas en cuenta éste pecado»… y Jesús antes: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen»; es decir, porque si no saben lo que hacen, no se les debe tener en cuenta el pecado; muy difícil de entender. Porque ¿Cómo perdonar tanta crueldad? ¿Qué el hombre no sabe que es matar? Ahora sí, antes también, pero tenían una ley de sus propios corazones errantes y endurecidos, ya amalgamados de odio y de pecados que se olvidaron de la verdadera Ley de Dios: Amar. Y Jesús pide al Padre que les perdone porque no saben los judíos que Jesús Es El Mesías, El Hijo de Dios y que también Es Dios, pues, mataron a todos los profetas y dieron cuenta de Jesús también como sólo profeta que se hizo Dios, eso los enfureció, además de pensar que perderían al pueblo que los sostenía económicamente. Ignorancia por no saber distinguir al Mesías prometido (no saben lo que hacen) y soberbia porque serían despojados de sus tronos terrenales. Pero realmente si sabían lo que hacían, aunque no a Quien se lo hacían. Sabían que mataban pero no a Quien. Lo mismo pasa a quienes cometen un pecado mortal, y no los educaron en La Iglesia, tienen el corazón amargo por la maldad que hicieron, pero no saben que ello los condena eternamente (No saben lo que hacen). Pero que no suene a excusa, porque también puede ser usado ya no como excusa si no como a sentencia y preocupación: ¡Pobre hombre! ¡No sabe lo que hace, no sabe en lo que se ha metido! Así era necesario que El Divino Maestro enseñara para que el hombre sepa lo que hace, y sabiendo se salve, por ello dijo: «Soy Yo el Pan de vida»… Vayamos, pues, a la fuente inagotable de Amor y de Vida, al Pan de Vida Eterna que Es Jesús Eucaristía. Éste es el milagro que hace El Señor, la obra de Sus manos, para que viéndole creamos en Él. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54)

  22. -1

    El Sacerdocio por la gracia del Espiritu Santo.

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: La Primera Lectura nos habla sobre Esteban y su nueva vida, la guía del Espíritu Santo que hace todo lo que es necesario para extender El Reino de Dios a través del Sagrado Evangelio. En efecto, Esteban, dice La Escritura: «lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos»… Y en cuanto a la gracia decimos que es referido al Espíritu Santo que da la gracia al hombre para que éste manifieste los dones y virtudes para la obra de Dios. La gracia, efectivamente, se recibe cuando el hombre es absuelto de sus pecados y se ha regenerado ante Dios por medio de La Confesión Sacramental; es así como se manifiesta Esteban, además de estar lleno de poder; que en cuanto al poder, decimos que el poder es la autoridad y la fuerza que se tiene para poder gobernar; así lo manifiesta El Mismo Jesús que dice en un lado: «y el poder del infierno no prevalecerá contra ella. Mat. 16, 18»… es decir, que si el infierno no tiene poder sobre La Iglesia, La Iglesia es la que tiene el poder en la tierra y sobre el infierno, y por ello es que La Iglesia que está figurada en Esteban y que a su vez es parte de La Iglesia, éste Apóstol tiene poder, el poder conferido por Dios. Es El Espíritu Santo Quien se manifiesta en la vida de La Iglesia para que el sacerdocio puesto en los Apóstoles se manifieste grandemente para que se abran los surcos de Vida Eterna que Está en La Palabra de Dios. Así nos refiere san Beda el Venerable, presbítero, sobre los Hechos de los apóstoles: El Espíritu Santo os ha constituido como pastores de la Iglesia de Dios que Él adquirió con la sangre de Su Hijo. Así, pues, por la sangre de nuestro Redentor hemos sido hechos pueblo adquirido, como lo era en otro tiempo el pueblo de Israel, redimido de Egipto por la sangre del cordero… es decir, que por la sangre de Cristo y luego por El Espíritu Santo el sacerdocio regio de Jesucristo se logra en sus elegidos, sus pastores; así se manifiesta éste poder de Dios en Esteban, quien con Espíritu Santo no lograban hacerle frente sus adversarios. Del mismo modo, nosotros que formamos el pueblo adquirido por Dios, por La Sangre de Su Hijo, El Cordero Inmaculado, debemos ser fieles testigos de Cristo, pues, también por el bautismo, alcanzamos el sacerdocio, es el sacerdocio bautismal, y con ello se nos confiere el don de Jesucristo, pues, pasamos también a ser como Él: Sacerdote, Profeta y Rey. Reconocemos, pues, la doctrina del sacerdocio de todos los fieles, como dice la Escritura: Pero vosotros sois "linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido," para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz -I Pedro 2, 9. Un sacerdocio común como lo tenía Israel en el A.T.: "seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa." Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel. Exodo 19, 6. Pero, ¿cómo podemos ser todos sacerdotes si Jesús es el Único sacerdote? Todos los bautizados están unidos a Cristo y participan incluso de su sacerdocio. La mayoría de los protestantes creen, como los católicos, en el sacerdocio universal de los fieles en cuanto a que todos los creyentes ofrecen a Dios oraciones y alabanzas unidos a Cristo. Sin embargo la fe católica enseña una realidad más completa sobre el sacerdocio de los fieles: Todos los bautizados somos sacerdotes porque, por la gracia, formamos parte del Cuerpo Místico de Cristo (edificio espiritual). Pues como dice El Apóstol: « ¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría.»… Por tanto, si también dice el Apóstol que Cristo Es La Cabeza de La Iglesia, y también que todos somos miembros de La Iglesia, por tanto, si Cristo Es Sacerdote, Profeta y Rey, nosotros, todos los bautizados también lo somos. Alcanzamos, en efecto, estos dones por herencia que nos ganó Jesucristo que nos hizo coherederos con Él, del reino del Padre, pero además, porque formamos parte de La Iglesia, del Cuerpo Místico de Cristo, compactados en santidad por la gracia que Dios nos da. Y así es que del mismo modo que los primeros sacerdotes de Jesucristo y hasta hoy sus actuales pastores anuncian El Sagrado Evangelio, así también nosotros laicos comunes como cualquier otro estamos llamados a evangelizar, a profetizar, a realizar signos y prodigios, con sabiduría, porque estamos con Dios porque hemos alcanzado el estado de gracia, post reconciliación, y con la gracia y poder, llenos del Espíritu Santo como Esteban, nuestros adversarios no nos hagan frente. Así nos arenga el salmo 118 de hoy: "Dichoso el que camina en la voluntad del Señor." Apártame del camino falso, y dame la gracia de Tu voluntad; escogí el camino verdadero, deseé Tus mandamientos… ¿Cómo no caminar en santidad si se camina en La Voluntad de Dios? Con esta entrega nos hemos sometido libre y voluntariamente a Dios, y él Todopoderoso, nos aparta de los falsos porque estamos bajo el régimen de Su gracia, porque estamos en estado de gracia. Si camino sobre seguro y mis pecados son solo veniales, estoy en buen rumbo, escogí bien, escogí el camino de Dios que Es La Verdad, un camino de Vida Eterna. El cristiano que desea los mandamientos de Dios, acepta amorosamente cumplir lo que se le manda, porque sale desde su interior y anhela con vehemencia lo que le place: Cumplir los mandamientos de Dios. Así como los judíos, hoy podemos preguntarnos: "¿Qué haremos, pues, para hacer las obras de Dios?" Jesús, les respondió y dijo: "La obra de Dios es que creáis en Aquel a quien Él envió"… Hermanos y hermanas: creyendo en Jesús, creemos en su Evangelio, y creyendo El Evangelio, creemos en quienes lo escribieron, quienes a su vez escribieron y ordenaron a muchos más de lo que ya no aparece en El Sagrado Evangelio, pero que, en efecto, es verdad y está conforme a lo que escribieron; pues, así escribieron ellos en el año 70 aprox. inmediatamente después de Cristo en el documento preclaro de la Didajé que significa Enseñanza de Los Doce Apóstoles: «Reunidos cada día del Señor, romped el pan y dad gracias, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro.» cf 1Cor. 11, 29: porque si come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación. El cristiano no solo vive por la fe, sino, por las obras, pero las obras son movidas por la fe; pues, por la fe Los Doce siguieron predicando El Evangelio de Dios. Por tanto, fe y obras son necesarias. Por la fe hagamos todo lo que está bien, todo lo que está en La Verdad, en Jesús, en Dios y haremos lo que hicieron posteriormente Los Doce: Seguir anunciando El Evangelio, respetando lo que ellos dijeron, así obedecieron quienes los seguían, y la obediencia ha permanecido siglos tras siglos hasta nuestros tiempos. Por la obediencia se mantiene la gracia, y por la gracia se mantiene vivo El Sacerdocio Regio de Jesucristo en quienes son verdaderos hijos de Dios, quienes estamos llamados a profetizar hablando El Sagrado Evangelio porque creemos en Jesús, hablemos de Él sin miedo, sin conveniencias personales y egoístas. Trabajemos por las cosas del Cielo teniendo solo como medios a las cosas de la tierra. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En el Nombre del Padre, etc.

  23. -2

    La multiplicación de los dones y virtudes

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Las puertas del infierno no prevalecerán sobre La Iglesia de Dios, es la promesa y sentencia del Divino Redentor. Entendemos que las puertas del infierno son las ofensivas que vienen del demonio, son las malas acciones de los hombres que quieren atentar contra las buenas acciones de La Iglesia, y es así que desde el principio La Iglesia Primitiva tuvo serios problemas para la tarea encomendada por Jesús, pero las ofensivas no prevalecieron, no prevalecen y «no prevalecerán sobre Ella», porque efectivamente, es una sentencia de Dios. Si hay algo en que también debemos ampararnos es en La Providencia Divina, el sano juicio y el buen corazón de los hombres, y es así que se manifiesta en Gamaliel, según nos dice La Primera Lectura: «Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se dispersarán; pero, si es cosa de Dios, no lograréis dispersarlos, y os expondríais a luchar contra Dios.» En efecto, así como hasta ahora se ha corroborado que la actividad salvífica de Dios se desarrolla en la actividad santificadora de La Iglesia, el hombre de hoy está llamado a revisar que las doctrinas temporales que se han suscitado a lo largo de la historia, han quedado en la historia, y así ya hasta hace pocos años otras que aparecieron en décadas pasadas, tampoco existen hoy, porque no es cosa de Dios, más en cambio a La Iglesia no la han podido dispersar, porque quien lo ha querido hacer se ha expuesto a luchar contra Dios. Los apóstoles salieron jubilosos de haber sido maltratados por las puertas del infierno e iban anunciando el Evangelio de Jesucristo. Esto nos debe llevar a la conclusión de que el cristiano no debe tener miedo a lo que ocurra cuando sus adversarios intenten darles un duro revés tanto en insultos como en maltratos físicos, finalmente Dios está con nosotros y aquellos maltratos, Dios los transforma en dones y virtudes para seguir proclamando con más ahínco El Evangelio de Jesucristo. ¡Cristianos: Cobren vigor, El Espíritu Santo está en nosotros! Así nos apoya el salmo de hoy: «El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?... Cristiano: ¡Confía en Dios, no temas, Dios está contigo! Proclama con valentía El Evangelio de Jesús como lo hizo Él, como lo hicieron los Apóstoles, como lo hace La Iglesia que confía en Dios, porque Dios está con nosotros. «Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.» Y Así como en El Sagrado Evangelio de hoy, Jesús pone a prueba a Felipe hoy también lo hace con nosotros, esperando que nuestra fe nos de la fortaleza que necesitamos para que Dios pueda multiplicar Su Palabra por medio de nosotros, porque así como Jesús se valió de un niño y unos cuantos peces y panes que sumaban siete (significado de perfección), del mismo modo, Dios se valió de la inocencia y pequeñez de los Apóstoles, y hoy de los pequeños de corazón, es decir, de los inocentes y de pocos para realizar Su Plan de Salvación. La hartura del comer y beber que Dios nos da comienza con la sentencia del Padre, porque en un lado nos dice: «Dáselo a la gente para que coman, replicó él, porque así habla el Señor: Comerán y sobrará». 2 Re 4, 43. Luego El Espíritu Santo revela una profecía cf. Is. 55, 1: ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche de balde… Dios, en efecto, nos proclama y promete hartura de Sus manos, del alimento que el hombre tangiblemente puede ver y degustar, como un anticipo a lo que es necesario para La Vida Eterna: El Mismo Espíritu Santo de Dios. En efecto, luego de lo manifestado en los libros del Antiguo Testamento, aunque ya se nos profetiza La Vida Eterna con comida y bebida en abundancia y de sobra. Jesús hace lo propio que hizo El Padre en la multiplicación de los panes, pues, en un lado dice: «Yo hago siempre lo que le agrada. Yo digo lo que he visto junto a mi Padre.» Jn. 4, 29. 38… Tengamos en cuenta que tan difícil era en aquellos tiempos que el hombre pudiera tener a disposición inmediata: pan, leche, vino y peces; todos estos alimentos tenían una buena demanda de tiempo para que el hombre lo tenga a disposición y no como la tenemos ahora que podemos tener la industrialización, procesadoras, congeladoras, etc. todo lo necesario que tiene el hombre ahora para una dispensa inmediata de los alimentos, por ello, todo lo que manifiesta el Antiguo Testamento era una promesa ostentosa para el hombre que no podía tener rápidamente todo esto hasta de sobra. Es así que Dios manifiesta la generosidad de Su Divina Providencia en pan, leche y vino, lo más selecto, básico y agradable para el paladar de la muchedumbre. Porque así, el hombre, puede palpar la promesa de Dios y su fe pueda robustecerse. Ahí por ejemplo está el Maná que Yahvé dio en el desierto, no obstante de haber partido en dos el Mar Rojo, prueba de que el hombre necesitaba y sigue necesitando de lo tangible para creer. Para que el hombre crea, en efecto, Jesús le da pan y pescado, lo tangible para que el hombre creyendo pueda creer en lo intangible: El Espíritu Santo. Por ello Jesús nos dice: «Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo?» Jn. 3, 12… Y es que era primero necesario que el hombre se convenza por las obras para luego creer en El Espíritu, así mismo nos dice en otro lado: «crean en las obras, aunque no me crean a mí. Jn. 10, 38 y luego: Créanlo, al menos, por las obras. Jn. 14, 11. Porque después de las obras viene El Espíritu, El Abogado, El Consolador para regir La Iglesia. Así El Divino Maestro en otro lado dice: «El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en Mí». Como dice la Escritura: "De su seno brotarán manantiales de agua viva" Jn. 7, 37-38… Así mismo en La Iglesia reflejada en Juan dice: Al que tiene sed, Yo le daré de beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida. (Ap. 21, 6) "Recoged los trozos que sobraron, para que nada se pierda"… dice Jesús en El Sagrado Evangelio de hoy. Hermanos y hermanas, debemos recoger todos los dones y virtudes que Dios nos ha dado para que nada se pierda, pues, perdiéndose es en vano el esfuerzo de Dios, Quien nos ha dado los talentos que el mundo necesita para su salvación. Recojamos y fructifiquemos para que podamos construir El Reino de Dios en nuestras vidas, preparándolas para El Reino Eterno del Padre. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En el Nombre del Padre, etc.

  24. -3

    La Revelación Máxima

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: La palabra de Dios nos pide que seamos consecuentes con nuestra profesión de fe. Debemos ser testigos de Cristo, debemos dar testimonio de Él, porque presenciamos y adquirimos directo y verdadero conocimiento del Sagrado Evangelio a la luz del Magisterio de Su Iglesia Católica. Por tanto, si somos fieles testigos que los verdaderos seguidores de Cristo viven y proclaman La Buena Noticia, ¿por qué nosotros debemos de quedarnos callados? «"Id al templo y explicadle allí al pueblo íntegramente este modo de vida."»… es lo que anuncia el Ángel de Dios a los apóstoles y ellos en suma obediencia, aún cuando han sido encarcelados como lo hicieron con Jesús, y pasando por sus mentes que podían ser muertos como el Mismo Jesús, no claudicaron, antes bien, anunciaron con mayor vigor El Sagrado Evangelio. Debemos ser condescendientes con Dios que nos entregó a Su Hijo muy amado, y nos debe conmover hasta las entrañas la sangre que Jesús derramó, debemos tener compunción de corazón, debe dolernos el alma de saber que El Salvador tuvo que pender de una Cruz para que nosotros no quedémonos viendo solamente, sino, que debemos actuar proclamando a Cristo Resucitado. No nos avergoncemos, ni sintamos temor de hablar de Cristo, preparémonos en estudios teológicos, bíblicos, catequéticos, de espiritualidad y otros que sean necesarios para hacer sólida nuestra enseñanza y para que sin titubeos podamos defender nuestra fe, nuestra Iglesia, ayudando a los que no saben, respondiendo a los que insultan a nuestra Iglesia y a todos en cuanto creemos y amamos. Está en nuestras manos que muchos se salven y podamos dar cuenta de nuestras obras a Dios en el día postrero. El mismo salmo de hoy nos exhorta a ser valientes servidores de Dios, pues, así dice: «Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre.»… En este salmo, se denota la integridad, la unidad que debemos tener todos como Iglesia que somos, porque dice: «ensalcemos juntos su nombre.»… y no que solo algunos ensalcemos su nombre, porque el espíritu de Unidad está en Dios Uno y Trino y de Él somos hijos unidos también en Su Hijo Jesús, Quien como Dios nos ha unido al Padre desde que asumió la carne humana y terminó la unión con el sello de Su Sangre Preciosísima. Hermanos ¿qué nos queda si perdemos la fe? Nos queda la nada absoluta, estaremos en tiniebla. Es por tanto, muy necesario vivir creyendo, porque ¿cómo se puede salvar un cuadrapléjico si no puede realizar obras? Se salvará por su fe, creyendo que esta vida pronto se acaba y llega La Vida Eterna que nos la entregó por Su Cruz Jesucristo nuestro Señor. Así, pues, si tus obras comienzan a disminuir no esperes a que solo tengas fe para que pienses en salvarte, por el contrario, debes intensificar tu oración, pues por la fe crees que la oración te rendirá los frutos que necesitas para que te pongas por obra y recapitalizar el tiempo que dedicabas a las obras. Fe y obras son necesarias para la salvación, porque el que obra y no desea creer en Dios de nada le sirve, pues, sin amar a Dios, justamente lo que falta es El Amor, pues, bien dice el Apóstol a los Corintos: «Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.»… y es que queridos hermanos, El Amor de Dios está en creer en Él, y si creemos en Él, debemos creer que Él nos perdona, y con ése perdón ganamos el gran Amor de Dios, por lo que dice El Sagrado Evangelio de hoy: «Porque así amó Dios al mundo: hasta dar su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga Vida Eterna.»… Por tanto, al creer que al confesar nuestros pecados, Dios verdaderamente nos perdona, ganamos lo que El Hijo nos mereció: La reconciliación con El Padre. En efecto, la reconciliación con El Padre, es la primera etapa de nuestra salvación, pues, con el corazón dispuesto pedimos con dolor de corazón perdón a Dios por todos nuestros crímenes, y Él como amoroso Padre recibe nuestras súplicas acongojadas y por medio de La Confesión Sacramental recibimos «El Estado de Gracia» que nos es necesaria para ganar La Vida Eterna. Es así que aunque toda gracia constituye un don excelsamente libre de la bondad divina, entendemos por «gracia gratis data: Gracia gratis entregada» en sentido estricto — basándonos en Mt 10, 8: Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente… ; aquella que se concede a algunas personas para salvación de otras. Tales son los dones extraordinarios de l? gracia (los carismas; v.g.: por ejemlo: profecía, don de obrar milagros, don de lenguas; cf. 1 Cor 12, 8 ss). Es así que un consagrado o un hombre que vive en constante estado de gracia, viviendo una religiosidad como Dios nos pide, puede ganar ciertos dones y cada vez de mayor grado aún, propios de la gracia que gratis Dios le ha entregado al hombre. Dios nos procura una constante reconciliación con Él, pues quiere que todos Sus hijos se salven, ése es El Amor de Dios, ya que en vano no iba a entregar a Su Hijo único, porque de Su Cruz grandes frutos nos ha logrado, de ello da cuenta la historia de todos los santos de la historia y los grandes milagros realizados directamente por El Mismo Dios, y hasta ahora se sigue manifestando El Amor de Dios, para que el hombre constantemente se mantenga vivo en la fe que lo lleve a las obras de salvación. Por tanto, si el hombre ve en los milagros El Amor de Dios, y con ello la invitación a creer en Dios, ya no hay más pretextos para no creer, porque no creer con semejantes prodigios que Dios nos da, nos lleva a la oscuridad, por ello nos dice El Evangelio de hoy: «Quien cree en Él, no es juzgado, más quien no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios»… Si no hay predisposición del hombre para que se reconcilie con Dios, por más que se le haya hablado y se le haya mostrado los evidentísimos portentosos milagros que Dios en Su infinita misericordia nos ha entregado, solo queda que el hombre por su propia voluntad y esperando que no sea demasiado tarde se acerque a Dios y deje toda obra de maldad, pues, bien dice: «todo el que obra mal, odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprobadas.»… porque hay tanto placer en lo malo que el alma empecatada está adherida a la oscuridad que no quiere ir a la luz por vergüenza de su desnudez, la desnudez de sus maldades que se manifiestan en plenitud cuando Dios quita el barro de los ojos del hombre, y éste ve sus vergüenzas que han crucificado a Dios en el madero del Gólgota. «Al contrario, el que pone en práctica la verdad, es decir, el que practica EL Evangelio de Cristo, Quien Es La Verdad y La Vida, viene a la luz, para que se vea que sus obras están hechas en Dios.»… Y éste es el juicio: que la luz [Que es Cristo] ha venido al mundo, y los hombres han amado más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  25. -4

    La Unidad y El Amor de La Iglesia

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: La Unidad de La Iglesia ya querida y sellada por las palabras del Salvador, hacen eco en los apóstoles, pues, nos dice La Primera Lectura de hoy: «todos pensaban y sentían lo mismo»… Es decir, que había un espíritu de meditación, de reflexión sobre El Sagrado Evangelio que nos dejó El Señor Jesús. Y la manera más próxima es viviendo en El Amor de Dios transmitida hacia nuestros hermanos, por eso añade luego de que «todos pensaban», también todos sentían lo mismo»… Reflexión para que El Espíritu Santo anide en el corazón del hombre y sienta lo mismo que Dios: Amor. Pues, El Espíritu Santo Es Amor, anida en el hombre que reflexiona con corazón abierto y humilde, y con ello da disposición para que habite El Espíritu Santo, el hombre se haga comunión con Dios y acto seguido tiene que sentir lo que ha ingresado a su corazón: El Amor. Es así que nos dice La Primera Lectura: «daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor»… Es decir, que reflexionando las palabras de Jesús y Su exhortación a evangelizar hasta los confines del mundo, no solo lo hicieron textualmente, sino, que son movidos por El Amor de Dios que se nos entrega también a nosotros con Su Espíritu Santo, que además con Él nos entrega valor, coraje y la fortaleza para que seamos testimonio de Cristo en nuestras vidas. La Unidad de La Iglesia está sumergida en El Amor del Espíritu Santo de Dios para poder reflexionar El Sagrado Evangelio y con valor lo anunciemos teniendo un mismo sentir, el sentir de Dios. Así mismo nos exhorta el CIC en el 813: La Iglesia es una debido a su origen: "El modelo y principio supremo de este misterio es la unidad de un solo Dios Padre e Hijo en el Espíritu Santo, en la Trinidad de personas"… Es decir que la esencia de Dios es La Unidad, eso es lo más importante: Su naturaleza Divina que de Dios es La Unidad indisoluble: Dios Uno y Trino. Y si de Él hemos venido por El Espíritu Santo de Dios y por el que gozamos del espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ¡Abba!, es decir, ¡Padre! (Rom. 8, 15) Y así mismo continúa el CIC 813: La Iglesia es una debido a su Fundador: "Pues el mismo Hijo encarnado [...] por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios [...] restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo" Así, pues, queridos hermanos y hermanas, la Unidad de La Iglesia por medio del Espíritu Santo, el querer del Padre en la Unidad con El Hijo que sella ese querer del Padre, hace que ésa misma espiritualidad se manifieste en los fieles de La Iglesia: El sentido de tenerlo «todo en común»… como lo manifestaba La Iglesia Primitiva, y después añade: «traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles»… Es esta la misma manera en la que nosotros debemos manifestar esa misma espiritualidad entre nosotros que somos Iglesia, y a los mismos Apóstoles de hoy que son los Sacerdotes y Obispos, quienes a lo largo de la historia y hasta hoy es la administradora del Amor de todos nosotros y que va extendiendo las misericordias de Dios en Sacramentos y ayuda humanitaria. El Salmo de hoy manifiesta la herencia que nos transmite Dios: Su santidad, aquella que es necesaria para vivir en El Espíritu Santo, por ello lee y escucha bien lo que dice: «Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término»… Y ¿Cuál es el mandato Supremo de Dios? Amarlo a Él y a nuestros hermanos, y ello lo hacemos cuando somos generosos desde lo más profundo de nuestros corazones y todo lo tenemos en común. Luego nos habla de la santidad, ésta que está unida a nosotros y que El Divino Maestro nos pide sacar de nuestro interior: «Sean perfectos como el Padre del Cielo lo es»… ¿Por cuánto tiempo? R: «por días sin término»… dice el salmo. «El viento sopla donde quiere; tú oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene, ni adónde va»… 1. En tanto que El viento sopla donde quiere, es porque La Iglesia se hace extensiva hasta los confines del mundo por la guía del Espíritu Santo que sopla donde quiere hasta cubrir todo el orbe según el mandato del Padre en Abrahám y luego sentenciada por El Hijo antes de Su gloriosa Asunción. De esto da testimonio también los innumerables carismas y ordenes suscitados en La Iglesia. 2. En tanto que «tú oyes su sonido»… es porque oímos el llamado de Dios para comprometernos a trabajar en Su Plan de salvación para el hombre, un trabajo diario y en el que seguimos de continuo escuchando la voz de Dios. 3. En tanto que no sabemos de dónde viene: Es porque siendo Dios Omnipresente, está en todas partes, y por ello el viento de Su Espíritu Santo, no tiene una dirección específica de donde venga, porque Dios está eternamente en todos lados. 4. Y en tan que no sabemos a dónde va: Es porque no sabemos a dónde vamos a dirigirnos, pues, solo nos movemos por la guía del Espíritu Santo a Quien nos confiamos según La Divina Voluntad de Dios, de esto han dado cuenta los numerosos santos de la historia, que finalmente llegaron a puerto seguro, pero que nunca supieron que llegarían ahí a ese lugar, a no ser por un vaticinio, el cual no es una regularidad en nuestras vidas. Por tanto querido hermano y hermana démonos unos a otros El Amor de Dios que radica en Su Espíritu Santo, y que Es El Eje de La Unidad de La Iglesia. Y demos gracias a Dios porque somos Uno en Cristo y somos coherederos de los bienes eternos, porque hemos sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  26. -5

    La Piedra Angular y Su Costado

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Tengamos en cuenta que la piedra Angular es la primera piedra en la construcción de una base de una cimentación de albañilería, importante, ya que todas las otras piedras se establecerán en referencia a esta piedra, lo que determina la posición de toda la estructura. Cristo, así mismo, Es La Piedra Angular, La Primera Piedra de la construcción del cosmos, Él, en efecto, Es El Alfa y El Omega, El Principio y El Fin; en Él y para Él se edificó el universo entero para que sea sometido bajo Sus pies. Por aquello que dice: Dijo el Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, mientras yo pongo a tus enemigos como estrado de tus pies». Y en otro lado: Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor». Aleluya, Aleluya, Aleluya. En Cristo se ensambla perfectamente el cosmos, pues, Él como Dios, con El Padre y el Espíritu Santo, dan la perfección a toda la creación. En Cristo, el cosmos está sostenido, pues, Dios lo tiene en la palma de Su Bendita Mano. Y después de haber creado todo el universo, hizo Su morada entre nosotros para construir Su Iglesia, de aquella que habla hoy El Primer Papa San Pedro, y como estaba profetizado en el Salmo 118, 22: «La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos»… En Cristo se edifica La Iglesia Católica, La Iglesia de Dios, La Iglesia que el pueblo judío no quiso construir de La Mano Bendita de Jesús, porque lo desecharon, triturado y muerto en Cruz a razón de sus corazones endurecidos. En Cristo está ensamblada La Iglesia con todo el poder de Dios que nos ha unido a Su Hijo Jesucristo nuestro Señor. Cristo, en efecto, Es La Piedra Angular de donde nos sostenemos todos nosotros para lograr nuestra salvación, ya que todas las otras piedras que somos nosotros nos establecemos como en un edificio, en referencia a esta piedra, La Piedra Angular, lo que determina la posición de toda la estructura de La Iglesia Católica. Jesús en la parábola de los viñadores homicidas (Mat. 21, 33-43) anuncia ya su pasión y muerte, pero gloriosa resurrección. Y Pedro lleno del Espíritu Santo dice: «Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular»… Ya que en cuanto fue desechado, fue triturado y muerto; y en cuanto que se ha convertido en Piedra Angular, es porque con Su Gloriosa Resurrección lo ha logrado, pues, nos afirma la resurrección de todos Sus hijos, la glorificación de nuestros cuerpos para La Vida Eterna. San Cirilo de Jerusalén comenta: "Afirmamos que el Señor Jesucristo es uno solo, para que la filiación sea única; afirmamos que es uno solo, para que no pienses que existe otro (...). En efecto, le llamamos piedra, no inanimada ni cortada por manos humanas, sino «piedra angular», porque quien crea en ella no quedará defraudado" (Le Catechesi, Roma 1993, pp. 312-313). El mismo Salmo de hoy nos dice: Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor… Es decir, que hace mención líneas arriba de La Piedra Angular, y luego nos dice que Bendito Es el que viene: Por Jesucristo Mismo que ya lo refieren como Piedra Angular, y luego cuando añade: os bendecimos desde la casa del Señor… nos dice que Dios nos bendice desde Su casa en El Cielo y desde La Iglesia donde mora El Espíritu Santo sobre El Papa y donde reside Eternamente también Cristo Eucaristía en todos los sagrarios del mundo. Es desde La Iglesia manifestada como La Barca que está en el Tiberiades que nos dice El Evangelio, desde donde se realiza la pesca de hombres, que crean en El Evangelio y se bauticen en el nombre de Dios. Aquí Pedro toma la iniciativa como Vicario y manifiesta la necesidad de pescar, y le siguen los demás, suben a la barca, nos dice el Texto Sagrado, es decir, que es desde La Iglesia es desde donde se siguen las formas para lograr la pesca de hombres necesitados de Jesús, Quien dice: "Muchachos, ¿tenéis algo para comer?"… Ahora podemos preguntarnos, ¿tenemos en nuestras manos hombres que entregar a Dios? También podemos concluir que después que los apóstoles «Le respondieron: "No".»… es que el hombre y La Iglesia por sus propios medios no pueden lograr nada, necesitan de Dios para ello, porque continúan Las Sagradas Escrituras: «Díjoles entonces: "Echad la red al lado derecho de la barca, y encontraréis, y obtuvieron una multitud de peces»… Con lo que nos queda claro que Es Dios Quien va dirigiendo Su Iglesia representada aquí en la barca, pero que obviamente necesita de un representante en la tierra, y ése es El Papa. «Oyendo que era el Señor, Simón Pedro se ciñó la túnica - porque estaba desnudo - y se echó al mar.»… es decir, que el hombre ve su naturaleza pecadora cuando reconoce a Dios, y que El Vicario reconoce su flaqueza humana y el poder de Dios que Es el que gobierna verdaderamente Su Iglesia, justamente porque es Suya. Pedro se ciñó la túnica; así como el cíngulo, que es el cordón que el sacerdote celebrante de La Eucaristía se ciñe como significado de su castidad, esta práctica viene como referencia ante la desnudez en la que se ve Pedro y se ciñe la túnica con el cordón. El Mismo Cristo Es Quien les da de comer, porque dice: Venid y almorzad. Ya estaba la brasa puesta, el pescado y el pan; es decir: El Espíritu Santo como Fuego Abrasador, el pescado que son los hombres: los hijos de Dios, y El Pan: Cristo Eucaristía, de Quien se nutre el Pueblo de Dios para que logre La Vida Eterna. El hombre, en efecto, se nutre del Espíritu Santo, de Cristo Eucaristía, y también se alimenta de los hombres (pescado) en cuanto que por ayudar a sus hermanos, el hombre se alimenta el alma de la conversión de sus hermanos. Y nótese que dice que el pescado estaba encima de la brasa: es decir, que El Espíritu Santo está santificando al hombre y logrando su perfección cristiana para que esté apto para El Banquete Eterno. Por tanto Cristo Es La Piedra Angular en Quien La Iglesia descansa y tiene su fortaleza y toda su futura existencia; La Iglesia necesita de Su Vicario que está ceñido en la cintura para glorificar a Dios con su vida hasta su muerte por la tarea encomendada; y son los fieles que necesitan de Dios y de Su Iglesia de donde manan los Sacramentos que Cristo instituyó para la salvación del hombre, así como tuvo que mostrarles que tenían que pescar al lado derecho de La Barca; es decir, que La Iglesia Es El Cuerpo Místico de La Iglesia donde Cristo Es La Cabeza, y del lado derecho de La Barca, es decir, de La Iglesia se encontraron los peces que son los hombres que se salvan, pero a raíz de los Sacramentos que manan del costado abierto de Cristo Crucificado, y que hasta ahora resucitado y glorificado lo mantiene abierto para que mostrando las llagas al Padre tenga misericordia de nuestras maldades, y sigan brotando Sus sacramentos para nuestra salvación. (1 Jn. 5, 5-11 y otros) Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  27. -6

    El Resucitado para el arrepentimiento y perdón de nuestros pecados

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Existe en el hombre una terquedad en la que se pone en evidencia su arrogancia y todo el desenfreno de su cólera, es un corazón de piedra que no se ennoblece ante las más extremas muestras de misericordia. ¿Cómo no apiadarse de un hombre cruelmente flagelado y coronado de espinas? Más aún, pidieron que lo crucifiquen, ante la atónita mirada de Pilato. Ya triturado por nuestros pecados, iba a ser soltado por Pilato, pero el hombre decidió matarlo. Esto que pasa en nuestras vidas está en la vivencia de cada uno de nosotros cuando pensamos en negar la caridad a quienes más lo necesitan, y ponemos pretextos para no obrar con caridad ¿Qué no ves que en el necesitado está el rostro de Cristo doliente y humillado, triturado y ensangrentado? Cuando le das el revés de tu rostro a tu hermano que te necesita, estás crucificando al Autor de la vida. En efecto, al pobre lo desamparas, no das ni un centavo o si le das, le das lo que te sobra y él muere crucificado de hambre; ¿eso es amor? Al ignorante de nuestra fe le muestras indiferencia, me preguntarás ¿cómo? Te respondo: No queriéndote adiestrar por las enseñanzas de La Iglesia: Catecismo, Teología, Biblia, etc. Repreguntas ¿Y de qué me sirve? Te respondo: Para que adiestres a otros tal como te adiestraron, y con ello, ambos salgan de la ignorancia y crean más firmemente en el Autor de La Vida, y ustedes no pierdan La Vida Eterna que Dios ha preparado para ustedes también. Así nos dice el Apóstol Pedro en La Primera Lectura de hoy: «Sé que lo hicisteis por ignorancia, y vuestras autoridades lo mismo. Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados.» Hay una verdad revelada, y sigue Yahvé hablando a través de Pedro para dar a conocer una Divinidad Trinitaria, una promesa Mesiánica, ya que manifiesta lo que dice el Deuteronomio: Moisés dijo: «El Señor Dios sacará de entre vosotros un profeta como Yo»… ¿Quién es, pues, profeta como Dios? ¿Quién Es como Él? Jesucristo nuestro Señor. Por tanto hay una manifestación de igualdad con el Profeta y El Padre, esto en cuanto a la cuestión Divina por la igualdad Divina con la del Padre. Y en cuanto al Vaticinio Mesiánico, pues, de Él hablan Las Escrituras, ya con Moisés, y desde Samuel, todos los profetas anunciaron también al Mesías prometido. Al igual que los judíos son descendencia de Abrahám, nosotros somos del linaje de Jesucristo, ambos constituimos el Pueblo de Dios. A ellos se les promete: "Tu descendencia será la bendición de todas las razas de la tierra." Pero hay una necesidad de caridad en Cristo Resucitado con lo que nos añade: Dios resucitó a Su siervo y os lo envía en primer lugar a vosotros, para que os traiga la bendición, si os apartáis de vuestros pecados… es decir, que es necesario apartarnos de nuestros pecados para ser considerados bendecidos por Dios, esta es la necesidad del hombre para que encuentre el acercamiento del Santo y Puro que Es Dios, pues, Dios Purísimo, se acerca a quien quiere ser puro, porque Dios no anida en el alma manchada, no por inmisericorde, sino, que no conviene y no es prudente que Dios Purísimo habite en el impuro, en el alma empecatada, sucia de tantos horrores. ¿Qué pues, hermanos, a caso ustedes dejarían a un borracho, sucio y mal trajeado a que entre en las bodas de sus hijos o en tu boda? Pues, del mismo modo para entrar a Las Bodas del Cordero, un alma debe acercarse en la pureza en la que fue creada. El hombre, en efecto, tiene que reconocer al Autor de La Vida y cantar lo que nos propone el Salmo de hoy: "Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!"… Éste acto de reconocimiento y de ensalce al nombre de Dios, pone al hombre en un estado de humildad donde reconoce que Dios Es su dueño, que tiene dominio o señorío sobre él, que Es El Amo de la Casa Celestial, respecto de él, del hombre que es su criado. Y así el hombre puede proclamar con fe y reconocer lo que añade El Salmo: Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad… Aquí el hombre haya su lugar, poco inferior a los ángeles, solo poco, es decir, que hay proximidad a la divinidad y para que logre la plenitud en ella, ahondarse en El Resucitado lo va a llevar a la gloria y dignidad de Dios, cuando deje este mundo, en efecto, logrará la divinización en La Patria Eterna. Hay necesidad de fe en el hombre, siempre está a la búsqueda de lo esencial para su vida, busca y no encuentra; siempre hay fatigas y desconsuelos, puede tener todos los bienes pero no encuentra la felicidad que necesita para apaciguar sus inquietudes. El hombre se altera y siente temor y será una constante en su vida, al igual que los apóstoles que vieron resucitado por primera vez a Jesús, se turbaron y se atemorizaron creyendo que era un espíritu. Era la manifestación divina, la prueba de La Vida Eterna, de la resurrección y la glorificación de los cuerpos para glorificar exaltados a Dios por tanto amor que nos ha dado en Su Hijo. A nosotros que no vemos al Resucitado, nos mueve la fe que excede infinitamente todo poder humano, pues, todos los poderes que puede tener un hombre, no podrá retirar lo que tenemos en el fondo de nuestros corazones, porque es un intangible que ningún poder puede quitar porque no se puede tocar. Un cuerpo glorificado, el de Jesús, del mismo modo nosotros seremos resucitados y glorificados; pero en ése instante Era El Mismo Jesús que resucitado y glorificado estaba Divinizado y por tanto ¿Cuál habría sido el asombro de los apóstoles que lo creyeron por espíritu? ¿Cuál habría sido el aspecto de Jesús que no fue reconocido por Sus propios apóstoles que habían convivido con Él tres años y no lo reconocen? ¿Y que ni antes de muy cerca no lo reconoció María Magdalena? Él da pruebas de que era Él y pide comer, pide que lo toquen en las manos y los pies para una prueba más tangible de Su existencia. Nuestra fe nos mueve a creer en Cristo resucitado, y el hombre lo encuentra cuando «se predicase, en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados» Lc. 24, 47… en efecto, cuando el hombre experimenta el arrepentimiento y el perdón de sus pecados, el corazón de piedra es retirado del hombre y es colocado un corazón de carne, y es «testigo de estas cosas.» Lc. 24, 48. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobre abundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  28. -7

    Milagros post Resurrección

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: En la hora de nona que es la hora del sacrificio vespertino según nos dice el Salmo 140, es cuando por la providencia divina, Pedro y Juan suben al Templo; es decir, que sube el Vicario y el discípulo amado, La Cabeza de La Iglesia y La Iglesia, toda una representación necesaria para que se deje ver por la muchedumbre. El sacrificio de oración la pone en mesa el tullido y la eleva Pedro hacia Dios, ya como Sumo Pontífice a quien se le concede la gracia de sanar al tullido, y de manera grandiosa, no solo se levanta el tullido, sino, que camina y salta, da de brincos para el asombro de muchos. No sin antes pasan otros escenarios: El milagro se desarrolla ad portas del pórtico de Salomón, en el mismo donde El Señor Jesús manifiesta Su Misión Mesiánica y su Filiación Divina cuando dice: Yo y Mi Padre somos Uno. Es decir, que en este escenario se han congregado momentos excelsos de la historia: El Pórtico de Salomón, es decir, el Templo que David su padre había diseñado, pero que Salomón erigió y donde se ofrecieron las primicias a Yahvé; donde Cristo se proclama Dios ante la atónita y rabiosa mirada de los judíos y ahora el primer discurso de Pedro era abordado por una antesala de una milagro de Dios por medio de Su Vicario. Es decir, se nos manifiesta: El Antiguo Testamento con Salomón, El Sagrado Evangelio con la voz de Cristo y Los Hechos de Los Apóstoles como la voz de Su Vicario y a la vez como la voz de La Iglesia, por ello es que estaba Juan al lado, como la representación de La Iglesia. Más aún podemos ahondar: En el Pórtico de Salomón como Antiguo Testamento Está El Padre, En El Sagrado Evangelio Está Jesús, El Hijo; y en Su Vicario y La Iglesia Está El Espíritu Santo. La Trinidad haciendo un compendio de La Revelación de Dios. No sin antes, Pedro le dice al tullido: «Dirige tu mirada hacia nosotros»… esta es la espera de Dios y de Su Iglesia por todos aquellos que quieren un milagro en sus vidas, y es que Dios se los dará, pero es necesario mirar a Dios de frente, es decir, con el corazón dispuesto, abierto y humilde para que Dios se digne en sanar los corazones y las vidas de Sus hijos que claman por Él. Así también nos canta el Salmo 104 de hoy que nos dice: «Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.»… "Que se alegren los que buscan al Señor."… Es, pues, nuevamente impresionante ver como se consolidan tanto el Antiguo Testamento con El Nuevo Testamento; La Primera Lectura con El Salmo y El Sagrado Evangelio en La Liturgia de cada día, siempre con una consonancia que atrae a los hijos de Dios, que ven la regularidad y la empatía de sus corazones con la propuesta de Dios por medio de Su Iglesia. El mismo Sagrado Evangelio nos remite a la consonancia y nos dice: «Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.»… así, muchos hijos de Dios no son capaces de reconocer a su Creador, Él se les acerca y ellos no tienen capacidad de reconocer a La Divinidad, pues, la suciedad del pecado que embarga el corazón del hombre, hace que su visión espiritual de ver a Dios sea estéril, y si hay esterilidad, es, pues, necesario la irrigación. Ésta, en efecto, se logra con la partición del Pan y el Vino entregado como verdadera bebida, pero no es que el celebrante lo haga y el hombre cambie a una vida más espiritual y de intimidad necesaria con Dios de una manera súbita, sino, que es necesario que el hombre se aproxime a tomar a Cristo Eucaristía con todo Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad realmente presente en La Santa Forma. Obviamente es necesario que el hombre, antes, háyase movido al Sacramento de La Penitencia, tal como lo hizo el tullido en La Primera Lectura: «Él estuvo atento, esperando recibir algo»… Esa atención es la que debe esperar de corazón el hombre que busca a Dios, esperar atento a recibir la gracia de Dios que transforma los corazones de los hombres para la vida de un nuevo régimen de gracia: Una convivencia de intimidad que acapara todo el ser del hombre y lo traslada a una dimensión de divinidad. Es Dios que con Su Amor transforma al hombre y encuentra en él todas sus flaquezas que quiere ir extirpando para blanquearlo y que sea digno hijo Suyo. Así, pues, de la misma manera que Salomón en El Pórtico del Templo ofrecía sacrificios en la hora de la tarde, y del mismo modo que en una hora crucial, Jesús dijo: Yo Soy Dios, Su Vicario y primer Papa rondaba para dar el discurso y se manifiesta la antesala del primer milagro de sanación para el hombre: milagro post resurrección, pues, del mismo modo, en el Templo, y más aún en el altar: El Sacerdote In Persona Christie: En La Persona de Cristo realiza la oblación pura, casta y agradable a Dios Padre Todopoderoso, y es cuando el hombre debe acercarse, ya preparado para recibir a su Salvación: Jesucristo nuestro Señor. El hombre, en efecto, experimentará lo que dice: Entonces los ojos de ellos fueron abiertos y lo reconocieron; más Él desapareció de su vista… es decir, que el hombre toma a Cristo, Él hace morada en el corazón del hombre, pero La Eucaristía se consume y ya no está a la vista del hombre, pero el hombre tiene consigo a Dios porque dirá: Es verdad que nuestro corazón está ardiendo dentro de mí. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  29. -8

    El Resucitado visitó primero a Su Madre

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: El tiempo de Pascua ha comenzado y nos interroga. Si Jesús ha muerto por nuestros pecados y hemos crucificado a Cristo, nuestra alegría está traducida en la resurrección gloriosa del Señor, pero no en nuestras flaquezas, y es que el tiempo de pascua también requiere un tiempo de continua conversión, porque toda nuestra vida, desde que dimos un paso adelante para acudir al llamado de Dios es una conversión constante que llega a su culmen cuando dejamos este mundo. Esta no es mi exhortación, es una exhortación del mismo Señor Jesús que dijo en un lado: Solo se salvará el que persevere hasta el final. Ahora en este tiempo en que esperamos el ardoroso pentecostés, nos animamos a una previa que es la de proclamar la resurrección gloriosa de Jesús pero con el ejemplo en cada día de nuestra vida, pues, así mismo nos invita San Pedro cuando hoy nos dice en La Primera Lectura: “Convertíos” y más adelante: la promesa vale para vosotros y para todos aunque estén lejos… Por tanto queridos hermanos, la conversión nos llama a vivir una vida distinguida, una vida en la que podamos ver las diferencias entre una vida de sequedad como es la vida del mundo: infructuosa, y veamos en la otra mano la vida de conversión, que debe ser una vida con frutos exquisitos. Así nos anima el Apóstol Pedro y nos dice: Escapad de esta generación perversa… porque la vida sin Dios es perversa. Esa generación que nos habla el Apóstol Pedro es la que tiene su inicio desde el origen del pecado en el Génesis y que sigue hasta ahora y que no se ha afincado en Jesús que Es La Verdad y La Vida. Tengamos siempre en nuestros pensamientos que Dios siempre está viéndonos paternalmente con ojos de misericordia, esperando a algunos y ayudando a otros en sus perseverancias, en un tiempo de pascua, en que el hombre no debe perder su horizonte, en algunos se absuelve la penitencia para mirar con agrado y espíritu festivo la gloria de La Resurrección de Jesús, otros han visto en el resucitado sus conversiones, pero todos están bajo la mirada de Dios, ya que así nos dice el salmista: Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia… María Magdalena es la afortunada en ver en primera instancia a Jesús, esta es la percepción que nos deja El Sangrado Evangelio, pero es realmente la primera del linaje, pero era necesario que Cristo venido de Santa María, y que de ellos viene el linaje del Pueblo de Dios, sea, pues, oportuno que a Ella se le haya manifestado primero El Señor Jesús. En efecto, convenía que Jesús haya visto primero a Su Madre antes que a María Magdalena, pues, en María Dios había llenado de prerrogativas que nadie había alcanzado. Además, ¿qué un hijo que se va de su casa no busca primero a sus padres? Más aún ¿a la madre? A caso el niño inocente ante algún imprevisto no exclama ¡Ay Mamá! Y La Inocencia Encarnada Cristo Jesús ¿no haría lo mismo, tener presente ante todo a Su Madre? El Hijo visita a Su Madre para anunciarle Su gloria y ella humanamente se vea envuelta de más esperanza, porque acongojada Ella, espera la visita de Su Hijo, El Hijo le corresponde visitándola a Ella por sobre cualquier persona. En efecto, Jesús primero visitó a María en Su vientre y se encarnó, Él resucitado y glorificado visita también primero a Su Madre a Quien después divinizó. Ella le manifestó de Su carne y sangre, Él le manifestó de su gloria y divinidad. Ella es la primera que cae de rodillas apesadumbrada por la responsabilidad de La Encarnación, Ella tenía que ser la primera consolada por la gloria de La Resurrección. Ella padeció primero que todos y más, después, en La Piedad; Ella tenía que ver la gloria primero que todos en Su Hijo. Ella primero fue la que abrazó la pena de la muerte de Su Hijo con Su Hijo, Ella primero fue la que abrazó la alegría de la gloria de Su Hijo con Su Hijo recién Resucitado. María Magdalena es el animoso esperar en fe que tiene el hombre: tocar la eternidad. Así como La Magdalena tuvo el viso del milagro de La Resurrección, el hombre convertido y en santificación tiene la dicha de tocar la eternidad con las manifestaciones del Señor en cada momento providencial de su vida, ya en favores, ya en milagros, ya en frutos y dones del Espíritu Santo. Pues, en efecto, el hombre se puede alimentarse de la eternidad cuando da el paso de la conversión y animoso se desgasta por El Sagrado Evangelio. Es cuando el hombre comienza a tener el primer favor de Dios seguido del perdón: la visión espiritual de su vida que ha cambiado por el amor al Resucitado. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  30. -9

    La humildad profetizada en Cristo

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: La Cruz de Cristo es siempre vista como señal de victoria, y no solo porque sabemos que con ella nos ha dado un nuevo régimen de gracia, sino, que cada vez que Él ha sido afrentado, golpeado y humillado, se iban perdonando nuestros delitos. Su Pasión y Su muerte son el costo de la factura de todos los pecados que el hombre ha cometido y seguirá cometiendo. Así mismo, el profeta Isaías recuerda: Mi Señor me ayudaba, por eso no me quedaba confundido, por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado. Es decir, que Cristo, cuanto más era afrentado, golpeado y humillado, no era porque El Padre no lo libraba porque no estaba con Él, sino, que el favor de Dios más lo sostenía en sentido que Cristo, Siendo Dios también, aceptara la voluntad del Padre: Morir por Sus hermanos para que ellos se salven. Es, pues, la tentación la que se manifiesta en lo largo de la vida del hombre, así mismo, el Diablo tentó a Jesús, no solo en el desierto, sino, que también hasta el final de Su vida, pues, como Verdadero Hombre, Cristo podía sentir que el Diablo lo tentaba, pero Él no caía; pues, si hubiese caído, se hubiera manifestado osado y soberbio para responder a Sus enemigos con un solo gesto Suyo. En efecto, como Dios, Jesús pudo solo con un gesto pedir que viniera la milicia celestial, por aquello que dice: « ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre? Él pondría inmediatamente a mi disposición más de doce legiones de ángeles… Por tanto, es la aceptación de Cristo la que cobra vigor para que se cumpla La Voluntad del Padre, porque El Padre también lo llena de vigor para que no caiga en la tentación de la soberbia, pues, si Cristo respondía con soberbia, pecaba, y si pecaba no era Dios, porque en Dios no hay pecado, por ello dice: Guardé silencio resignado no hablé con ligereza. Sal. 38… Así es que Cristo acepta La Voluntad del Padre, que escrito estaba. Escucha que El Mismo Divino Redentor nos dice: Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales debe suceder así?». Mat. 26, 53-54. Del mismo modo, nosotros no hemos sido derrotados en las afrentas de nuestros enemigos, sino, que ellos han cavado más hondo su fosa para la condena, y quienes hemos recibido el maltrato sin que nosotros tengamos recriminación, por esa humildad el hombre, en efecto, gana mayor gracia de Dios para que se fortalezcan nuestras debilidades más míseras, se compacten más nuestras fortalezas y ayudemos a otros hermanos a que soporten sus ultrajes. Y así mismo nos invita hoy el salmista: Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y vivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos. Y El Sagrado Evangelio nos dice: «Ellos le asignaron treinta monedas de plata»… esto se cumplió, por aquello que dice: Ellos pesaron mi salario: treinta siclos de plata. Za. 11, 13… Todo estaba vaticinado, pues, Dios sabiendo que el malvado no se arrepentiría de sus pecados, Dios se adelanta a través del profeta y sentencia lo que ocurrirá. Y así mismo dice: «Hasta mi amigo más íntimo, en quien yo confiaba, el que comió mi pan, se puso contra Mí.» confrontado con: "El que conmigo pone la mano en el plato, ese me entregará." Tú lo has dicho: Jesús pronunció estas palabras en voz baja, de modo que los otros discípulos no las entendieron, como se ve en Juan 13, 28-29. La traición de Judas no es solamente fruto de su avaricia, sino también de la falsa idea que tenía del Mesías. Para él un Mesías humilde y doliente era un absurdo, porque no comprendía que Jesús quiso poner a prueba la fe de sus discípulos, con su humildad como está precedida en líneas anteriores y que también estaba anunciada por los profetas: al que es despreciado, al abominado de la gente, al esclavo de los déspotas: Al verte, los reyes se pondrán de pie, los príncipes se postrarán, a causa del Señor, que es fiel, y del Santo de Israel, que te eligió. Is. 49, 7… Y es que cuando el hombre ve al Crucificado y la gracia de Dios actúa sobre el corazón humilde, al hombre solo le queda doblar las rodillas, sin importar condición, pobres o ricos, todos se postran y reconocen al Único Dios. Y en otro lado dice: Él creció como un retoño en su presencia, como una raíz que brota de una tierra árida. Despreciado, desechado por los hombres… lo tuvimos por nada. Por tanto, las profecías se dieron en su conjunto en Cristo, Él Es El Mesías prometido, en Él se dan todas las promesas del Padre y en Él debemos buscar nuestra santidad, imitándole, no abriendo la boca ante las afrentas de nuestros enemigos y apelando a la humildad en la que ganamos nuestra salvación. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  31. -10

    La Fuerza es del Señor

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: El sentido universal que pide El Padre a través del profeta Isaías, es una necesidad para el hombre, para que todos los hombres conozcan al Único y Verdadero Dios. Ya desde antiguo, los patriarcas fueron escogidos para que se llevara a cabo el Plan Divino; en efecto, Abrán pasa a llamarse Abraham: Padre de las muchedumbres, porque Dios que Es Padre de todos los que viven, quiere que todos se salven. Para ello, El Plan magnífico y de entrañable misericordia del Padre es que Su Hijo lleve a término el inicio de éste plan, una vez que Adán y Eva pecadores, reciben el auxilio Divino porque dice: Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón. La enemistad y La Victoria del Hijo y de La Madre se manifiesta en este verso del protoevangelio, y ahora El Padre nuevamente a través del profeta Isaías nos dice: te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra… En el protoevangelio se manifiestan los linajes del Demonio y los linajes de Jesús y de María, en estos dos linajes se dan a conocer todos los hombres que existirán en toda la historia de la humanidad: El bien y el mal en todos ellos; esto, en efecto, alcanza todo el orbe; y con Isaías El Divino Redentor es vaticinado como salvación que alcanza el confín de la tierra. El Sagrado Evangelio, es manifestación del Padre a través del Hijo, es el llamado de Dios para todos Sus hijos a quienes ha creado con indecible amor, porque no había iniciado la creación del mundo y Dios ya nos había salvado, Dios no había si quiera pensado en compartir Su gloria y ya la tenía compartida con muchos que se la ganaron hoy. Las Sagradas Escrituras, en efecto, son penetrantes en el alma del hombre, cuando el hombre manifiesta humildad; pues, El Señor ha preparado palabras específicas para la conversión de cada uno de los hombres, por ello dice: Hizo de mi boca una espada afilada… Mira lo que dice el salmista del Mismo Divino Redentor: Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación… ya hace el presagio de la llegada del Señor Jesús que anhela jubiloso que llegue la hora del Fiat de María y canta al oído del profeta que hace un salmo de alabanza y esperanza para el Pueblo de Dios, la necesidad de la salvación del hombre que cuente el auxilio de Dios, éste auxilio, efectivamente, Es El Sagrado Evangelio, porque La Palabra de Dios es necesaria para la salvación del hombre, de ahí Dios ha querido que Su Iglesia enseñe la doctrina de salvación, la institución de los sacramentos y todo cuanto se ha manifestado para que el hombre alcance la santidad y llegue a puerto de Divino. Queridos hermanos y hermanas, es, pues, como mantequilla el alma del hombre cuando se dispone a Dios, entonces, ya no es la espada afilada, ni la espada de dos filos, es la humildad del hombre que ablanda el alma para que Dios que Es muy respetuoso del hombre, una vez que éste ha decidido voluntariamente abrir su corazón, Dios ingrese sublimemente y suavemente, y el hombre cene con Él, en un manjar continuo, con algunas espinas que pone el mismo hombre, pero que finalmente, al quitar todo tipo de impurezas a lo largo de su vida, el hombre, en efecto, ya se preparó para el gran festín, El Banquete Celestial, Las Bodas Eternas con El Cordero, que quitó el pecado del mundo y el hombre saboree de una vez y para siempre El Deleite Eterno. Así clama el salmista la existencia ya desde siempre del Mesías prometido por Dios, escucha que dice: Porque Tú, Dios mío, fuiste… mi confianza, Señor, desde mi juventud. / En el vientre materno ya me apoyaba en Ti, / en el seno, Tú me sostenías. Y luego: Dios mío, me instruiste desde mi juventud, / y hasta hoy relato tus maravillas… Así, El Señor Jesús esperaba con ansias en la pascua para que se llevara a cabo su pasión que lleva a la salvación, Él Mismo propone que se ejecute Su Pasión de una buena vez, porque dice: Y mojando un bocado, lo tomó y se lo dio a Judas Iscariote… es decir, que si bien es cierto, el hombre es el que es tentado por el Demonio, Dios también sabe ponernos a prueba, en efecto, Judas, y nosotros cuando somos Judas somos puestos a prueba, y tenemos libertad de aceptar o no el pecado, el mismo Judas pudo cambiar la historia, pero el toma el bocado, es decir, él sabía que iba a pecar porque ya había un complot, Dios se lo hace saber, y él no se retracta por su propia voluntad, por ello añade: Y tras el bocado, en ese momento, entró en él Satanás. Todo estaba consumado, Cristo sabía que Él Solo iba a sufrir y morir, Él Es Dios y en Su conocimiento total, sabía que nadie más estaría en La Cruz, nadie más sería crucificado, y bien le dice a Pedro y a todos los que manifestamos el querer de una dura penitencia inalcanzable, o la negación de un pecado que nos sobrepasa por nuestras propias pequeñas fuerzas; Es Dios Quien nos hace fuertes y ello lo lograremos paso a paso, escalón por escalón, y es que así le dice a Su Vicario: "Adonde Yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más tarde me seguirás"… y más adelante: "¿Tú darás tu vida por Mí?" es decir, que solo Cristo tenía que llevar a cabo la inmolación ante El Padre, ya que el ladrón bueno, aunque se haya arrepentido, en efecto, y por eso mismo, es que logra salvarse, pues, él no estaba al lado de Cristo por ser su seguidor, sino, por ladrón, que ahí logre su arrepentimiento, es otra historia. Por tanto, nos es de mucha necesidad la lectura de La Palabra de Dios, antes abrir nuestros corazones con espíritu humilde, quitar toda ocasión de pecado en nuestras vidas, pedir el auxilio divino cuando no podemos por nuestras propias fuerzas y no prometer lo que no podemos, y ni si quiera si sé que lo voy a poder cumplir. La fuerza Es del Señor, en Ti Señor me abandono. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  32. -11

    La fragancia del Espíritu Santo

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: El Espíritu de Dios está en Cristo como nos narra la Primera Lectura, esta es la manifestación de La Santísima Trinidad en todos estos tiempos de Cuaresma y ahora también en el inicio de La Semana Santa, pues, Es Dios Quien nos manifiesta con más ahínco Su presencia Real en Sus Tres personas: El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo. En donde El Padre promete que ha puesto Su Espíritu Santo sobre Su Siervo, Jesucristo nuestro Señor, que como Hijo a voluntad del Padre asume la condición de siervo para llevar a cabo la obra de La Salvación para el hombre. La justicia viene del justiciero, del Justo Juez que sabe retribuir a los buenos con la herencia del Reino. De Él mana La Salvación que el hombre había perdido, hace que la luz de la esperanza se haya tornado en luz de sol de medio día, pues, Él Es El Sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte. Lc. 1, 78-79… así mismo, se confrontan estas palabras con las de La Primera Lectura: La caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará… te he hecho luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas… Es Cristo Quien viene a liberar a los pecadores con La Luz del Espíritu Santo para que quienes van por el camino del error y propician su vida a La Condena Eterna, puedan ver El Amor de Dios que es posible con el arrepentimiento profundo de sus corazones, reciban la absolución del Sacerdote y el perdón de Dios por medio de los Sacerdotes. Es cuando el hombre comienza a experimentar las gracias de Dios, que son las nuevas muestras de amor que antes el hombre no conocía, pues, en efecto, con la gracia de Dios, el hombre sabe perdonar, sabe amar, sabe pedir perdón y sabe pedir amor, sobre todo el de Dios que hace al hombre un hombre nuevo. Así, el corazón del hombre se renueva y conoce lo que está bien y lo que está mal, ya no pone como pretexto su mala conducta y su soberbia la reconoce, no alza el rostro, sino , que agacha la cabeza humildemente como Cristo que muriendo en La Cruz agacha la cabeza, no porque es derrota, sino, que con la humildad ha logrado la victoria: Su obediencia y nuestra salvación. Y es así como dice La Primera Lectura: hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas… esta, en efecto es una sentencia que profetiza que el hombre conoce la verdadera justicia, el verdadero derecho que se implanta en la tierra, es decir, en el corazón del hombre y no solo a los que somos cristianos, sino, que tiene que ser llevada a las islas, es decir, a los lugares apartados de Dios, a los hijos de Dios que se han apartado de Su presencia soberana y han decidido llevar una vida a sus antojos. Éstos, en efecto, también son los hijos que Dios ha creado y que no conocen a Cristo porque des son paganos, tienen otras creencias, son de otras religiones, pero están invitados a recibir a Cristo y pertenecer a Su Iglesia Católica. Estamos invitados a vivir en presencia de Dios y buscar su protección con la esperanza de su Palabra, por ello dice: Si un ejército acampa contra mí, / mi corazón no tiembla; / si me declaran la guerra, / me siento tranquilo… Con esta fe, quien sigue a Cristo no tiene miedo a nada, el futuro lo espera con aliento, ya nada pesa sobre él, porque reconoce y conoce mejor a su Dios en Quien se tiene la victoria asegurada. Todo lo contrario pasa con quien está lejos de Jesús, pues, bien dice El Divino Redentor: A los pobres los tenéis siempre con vosotros, mas a Mí no siempre me tenéis… Es decir, que las miserias que tenemos que nos hacen pobres, pues, estamos lejos del Reino de los Cielos; las tenemos de constantes por nuestras muchas miserias, y a Cristo no siempre lo tenemos. Negamos la limosna al pobre y negamos el embellecimiento de La Casa de Dios y lo necesario para recibir a Cristo Eucaristía, Quien debe ser recibido en el metal más precioso como el oro; pero el hombre tacaño y miserable no quiere ni una cosa ni la otra, ni ayudar a sus hermanos y si lo hace, entrega sus sobras, y cuando se trata de Dios tampoco. Duro será su pesar cuando le pasen la factura por todos aquellos que se pudieron salvar en el alma y en las enfermedades del cuerpo de aquellos pobres que pudieron ser asistidos, pero la indiferencia de sus hermanos los mató. Esta es la manera de actuar en la que muchos no quieren embellecer La Iglesia de Dios, cuando el Mismo Cristo aceptó que una fragancia carísima sea usada para Él y no vendida para los pobres, no porque faltase dinero para los pobres, pues, abunda el dinero pero falta la generosidad de los hombres; sino, que era necesario que se vaya preparando la unción de Jesús como manifestación de Su inmolación, Su sacrificio como Víctima en La Cruz. Ése perfume era para la sepultura de Cristo, y se manifiesta como un adelanto. Invitemos, pues, a morir a nuestras miserias, porque la fragancia el Espíritu Santo viene a morar en nosotros como símbolo de santidad y de las gracias de Dios que nos quiere salvar.

  33. -12

    Misión Mesiánica y Filiación Divina de Jesús

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: La actitud honorable y de valentía de Jesucristo de que a pesar que puede ser apedreado y muerto en varias ocasiones por declarar que Es Dios, nos anima a mantener la fidelidad entorno al Sagrado Evangelio; pues, si Cristo confirma lo que El Padre le ha revelado ¿Cuánto más nosotros debemos confirmar lo que Cristo que Es Dios también nos ha revelado? Esta es la vida del cristiano, recibir El Sacramento de La Confirmación para confirmar El Sagrado Evangelio, para dar paso a La Palabra de Dios que actúa grandemente en la historia de la humanidad como Luz entre las tinieblas, para dar esperanza a quienes la necesitan y abrir los corazones endurecidos que aún se niegan a conocer al Amor de los amores. Esta es nuestra fe, la de la esperanza también, de aquella que nos recuerda Jeremías hoy cuando dice: «El Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo»… Esa afirmación es la que llena de fe hace que la esperanza sea nuestra compañera y nos de la seguridad que necesitamos en los momentos difíciles, por ello debemos decir: «está», tiempo presente y afirmativo: «El Señor está conmigo»… y no solo basta esta, sino que prosigue el salmista refiriéndose a que el hombre que se abandona con fe firme en Dios no verá el triunfo de los que atentan contra él, porque dice: «mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Y más adelante: Porque a ti encomendé mi causa.»… Una fe inquebrantable que hasta el fin manifiesta que si el hombre se acoge a Dios, no verá derrota alguna en él, pero debe ser una fe fortísima y llena de entereza, no solo en la vida terrenal, sino, en la vida espiritual también, porque en esta es donde es mejor cumplida la promesa, ya que en la vida terrenal con fe se puede lograr casi todo, y lo que no se puede lograr es por la libre voluntad del hombre, de aquél malvado que aunque Dios le toca la puerta para que cambie, éste no lo acepta y atenta contra sus hermanos y por ello es que aún el pecado degenera la creación. Más en cambio, en la vida espiritual, el hombre que actúa con fe, dependerá de él y de la gracia que Dios le dé para que pueda triunfar contra los espíritus del mal que lo quieren llevar al infierno. En esta batalla se asegura la victoria, pues, teniendo a Dios de nuestro lado, solo nuestra voluntad es la que nos puede traicionar y nadie: ninguna otra persona puede ir en contra de nosotros para que cometamos algún pecado, esta batalla no tiene hombres que te maten el alma, son los espíritus, son los demonios los que atentan contra tu alma, y estos si pueden ser repelidos por la gracia de Dios que por intermedio de María Santísima obtenemos para nuestra perseverancia hasta nuestra salvación. Esta gracia llega a nosotros y nosotros luchamos contra nuestras miserias y los demonios que quieren tentarnos para nuestra caída, a ellos si los detenemos y Dios también los puede detener, al hombre no se le puede detener del todo, en ocasiones si, y en ocasiones no. Y si se puede detener al hombre en ocasiones porque el hombre que quiso atentar contra nosotros pudo arrepentirse, o porque simplemente Dios que Es Todopoderoso, así lo quiere, y ante el nombre de Jesucristo, toda rodilla se doble, en El Cielo, en la tierra y en el infierno, para gloria de Dios Padre, dice El Señor. Por tanto, la fe nos debe confirmar en las virtudes necesarias para salir airosos de nuestras miserias y de quienes quieren atentar contra nuestras vidas, sobretodo la vida del alma. Así lo hizo Jesús que saliendo airoso de manos de los judíos que querían apedrearlo, sin más resolvió seguir su proclamación divina y mesiánica, y dio duro golpe a sus enemigos, diciendo: «El Padre es en Mí, y que Yo Soy en el Padre»… Es la clara unificación del Padre y del Hijo en El Misterio de La Santísima Trinidad: 1. El Padre «ES» en Mi, queriendo decirnos Cristo que la palabra «ES» da el significado de que: «El Padre existe y Es lo que Es dentro de Mi», 2. Y luego cuando dice: «y que Yo Soy en El Padre»; es decir, que la palabra «Yo Soy», da el significado a toda la frase de que: «Jesucristo existe y Es lo que Es dentro del Padre». 3. Por tanto, El Padre Existe en Cristo y Cristo Existe en El Padre. 4. El Padre Está dentro de Cristo y Cristo Está dentro del Padre. 5. El Padre Está dentro de Cristo: Si el Padre Es Dios y Dios no puede ser contenido por nadie, porque Dios Es Incontenible porque Es Infinito, solo Quien puede contenerlo lo hará porque también Es Dios que puede contener hasta lo incontenible para cualquiera, y Ése que lo puede hacer Es El Hijo, Jesucristo nuestro Señor, Quien dice: «El Padre «ES» en Mí.» Siguiendo la tradición apostólica, la Iglesia confesó en el año 325 en el primer Concilio Ecuménico de Nicea que el Hijo es "consubstancial" al Padre (Símbolo Niceno: DS 125), es decir, un solo Dios con Él. CIC 245. Por otro lado, El sagrado Evangelio de hoy nos narra que Jesucristo también afirma no solo Su filiación Divina, sino, Su misión Mesiánica cuando dice: «Aquel que el Padre consagró y envió al mundo»… El Mesías debía ser ungido por el Espíritu del Señor. cf. Is 11, 2: «Sobre Él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Seño». Su eterna consagración mesiánica fue revelada en el tiempo de su vida terrena, en el momento de su bautismo, por Juan cuando "Dios le ungió con el Espíritu Santo y con poder" (Hch 10, 38) "para que Él fuese manifestado a Israel" (Jn 1, 31) como su Mesías. CIC 438. A la vez debía ser ungido como rey y sacerdote. cf. Za 4, 14; 6, 13: «Son los dos Ungidos que están de pie junto al Señor de toda la tierra». Pero también ungido como profeta (cf. Is 61, 1; Lc 4, 16-21). Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey. En donde Isaías dice: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. El me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  34. -13

    Jesucristo Es Dios: Yo Soy

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Jesucristo de linaje de reyes, y estos reyes del linaje de Abrahám, Es la promesa del Padre, la cual se manifiesta desde el patriarca para que la misericordia de Dios se dé a conocer a la humanidad. Abran que quiere decir padre excelso, pasa a ser llamado Abrahám que quiere decir padre de las muchedumbres, o quizás no solo de los israelitas, sino, también de los árabes (descendientes de Ismael, hijo de Abrahám), los idumeos, medianitas y otros. Hoy también hay diversos pueblos que no conocen ni reconocen a Cristo, pero que están invitados, y a quienes se les espera con los brazos abiertos para que a imitación de muchos de distintas religiones como los musulmanes, judíos y otros que hasta nuestros tiempos ya atravesaron la puerta del bautismo, sean descendientes del sacerdocio regio de Jesucristo, y la promesa del Padre a Abrahán se siga cumpliendo: Te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré crecer sin medida… El Santo Padre dijo en Cuba: La obediencia en la fe es la verdadera libertad, la auténtica redención, que nos permite unirnos al amor de Jesús en su esfuerzo por conformarse a la voluntad del Padre… Así como Abrahám obediente en la fe pudo alcanzar el favor de Dios, y de esa obediencia, Dios se manifestó grandemente para preservar su misericordia, del mismo modo Dios nos espera, para que comprendamos sus designios. Él, en efecto, como Un Padre prudentísimo, conoce nuestras limitaciones y nuestras imperfecciones, pero nosotros sabemos cuando abrimos el corazón y cuando lo cerramos con nuestras soberbias y ponemos trabas al Plan de Dios que es salvar a Sus hijos. Así, por la fe encontramos la verdadera libertad, esa libertad, es que por fe digamos «sí» a Dios y demos el paso adelante para que salgamos de la opresión de nuestras soberbias y nuestros delitos, y dejando esas cadenas, seamos hombres libres, ésta que en efecto, se logra con la gracia de Dios, cuando nos arrepentimos profundamente de nuestras miserias. Esta gracia que El Hijo nos ha procurado en La Cruz bendita inicia la redención del hombre, la misma que concluye cuando dejamos esta vida en estado de gracia, y todo lo debemos por Jesús y que a imitación de Él nos unimos a Su «Sí» y al «Sí» de María. Por ello El Santo Padre continúa: La redención es siempre este proceso de llevar la voluntad humana a la plena comunión con la voluntad divina (cf. Lectio divina con el clero de Roma, 18 febrero 2010)… El mismo salmo de hoy, es una invitación del Padre que a través del Verbo que aún no habitaba entre nosotros, para que podamos recordar que Él está siempre a la espera de nuestra aceptación libre que se deposita a una sujeción Divina, para que como Él solo sabe hacerlo, nos lleve por el camino de la santidad hasta el final y lograr la ansiada Vida Eterna. Por tanto, nosotros debemos de buscar a Dios, porque Él ya está desde el inicio de nuestros días al lado nuestro esperando nuestra respuesta; por ello dice hoy el salmista: Recurrid al Señor y a su poder, / buscad continuamente su rostro. / Recordad las maravillas que hizo, / sus prodigios, las sentencias de su boca… Si alguno guardare mi palabra, no verá jamás la muerte… es el llamado de Jesucristo en El Sagrado Evangelio de hoy, porque es necesario el cumplimiento integro de Su Palabra, donde Él quiere que seamos santos; y la manera más fiel es en cuanto por la obediencia seamos fieles a lo que Él ha revelado, proclamado e instituido. En cuanto que revelado por La Palabra del Padre, ya desde antiguo; en cuanto que ha proclamado, porque lo hizo mejor aún encarnado y anunció La Buena Noticia; en cuanto que instituyó, lo hizo iniciando Su Iglesia con Pedro y se haga extensiva hasta los confines del mundo y hasta el fin del mundo. Ya así nos habla La Iglesia con suma verdad: Tiene, últimamente, este pueblo de Dios como fin la dilatación del reino de Dios, procesado a juicio por el mismo Dios en la tierra, hasta que sea consumado por Él mismo al fin de los tiempos, cuando se manifieste Cristo, nuestra vida, y la creación misma se vea liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios... De la Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano segundo. (Núm. 9) LA IGLESIA, SACRAMENTO VISIBLE DE LA UNIDAD SALUTÍFERA. Queridos hermanos y hermanas: La eternidad se logra cuando se deja este mundo, así nos revela hoy El Sagrado Evangelio cuando dice: «Abrahán, vuestro padre, exultó por ver mi día; y lo vio y se llenó de gozo.»… pues, Abrahám dejando este mundo en olor a santidad, aunque no estaban aún abiertas las puertas del Cielo, pasó de dejar este mundo, a la intensidad expiatoria, para que una vez blanqueada su alma en una intensidad purificante, logre La Vida Eterna. En esa Vida Eterna, al lograrse la eternidad, el hombre pasa a verlo todo en el tiempo «siempre» presente, pues, el hombre uniéndose Al Todo; es decir a Dios, comienza a vivir el tiempo eterno, el tiempo siempre presente de Dios. Así, Abraham, aún muriendo antes que Cristo, y aunque Éste le abriera las puertas del Cielo en un tiempo después para nosotros, Abrahám contempló la gloria de Dios, exultó y se llenó de gozo porque Abrahám ya estaba en la eternidad, que la alcanza el momento en que Cristo le abre las puertas del Cielo; por tanto, si ya estaba en la eternidad después de Cristo, podía haber exultado de gozo, y al exultar, no exulta solo para ese momento nuestro, momento en el que Cristo asciende gloriosamente a los Cielos, sino, que exulta en la eternidad, pues vive en la eternidad. Por tanto, Abrahám pudo exultar de gozo en un tiempo «siempre» presente, aunque para la humanidad, en ese instante en que Cristo hablaba con los judíos, Él, en efecto aún no abría las puertas del Cielo, pues, Él estaba en nuestro tiempo, un tiempo perecible a comparación del tiempo «siempre» presente de Dios Eterno. El Mismo Cristo habla de Sí y dice: "Antes que Abrahán existiera, Yo Soy"… es decir, que Él Es Dios, y Dios Siendo Eterno, vivía antes de los tiempos, así es como lo dice en otro lado: «Ahora, Padre, glorifícame junto a Ti, con la gloria que Yo tenía Contigo antes que el mundo existiera.» Jn. 17, 5. Jesucristo Es Dios, El La Segunda Persona de La Santísima Trinidad, Es Dios Hijo y El Hijo del Padre, Éste Padre que también Es Dios, El Dios Trinitario con El Espíritu Santo que vive y reina en unidad indisoluble por los siglos de los siglos. Amén. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.

  35. -14

    Cuando ustedes levanten al Hijo del hombre, sabrán que "Yo Soy"

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Un pueblo que se le da el favor de Dios, en quienes Dios ha puesto Su especial mirada, y en quienes los favores de Dios han actuado sin mesura y constantemente, y por en cambio el pueblo reniega de su Dios en los momentos de dificultad, es así como el pueblo judío el hombre hasta el día de hoy, que envilecido por su soberbia, ante la adversidad voltea insolentemente su rostro y se aparta de Dios para construir su propia vida, no sin antes renegar de Dios y tentarlo a que haga Sus portentos en favor de él. Es, pues, el hombre soberbio que siendo minúsculo como la parte más pequeña de un grano de arena se enfrenta a Dios y le exige o condiciona para seguir a Su lado. No es Dios el que necesita de nosotros, nosotros somos los que necesitamos de Dios. El hombre humilde, en efecto, se da cuenta de su pequeñez ante El Todopoderoso y agachando la cabeza como el publicano espera la salvación de Dios, que en ocasiones no llega por factores externos e internos a nosotros mismos, como son nuestras propias miserias que obstaculizan un camino de paz y la construcción de La Voluntad de Dios. Y externamente, muchos complotan contra la vida del hombre que sigue a Dios, y Dios que no manipula el corazón del hombre malvado, sin embargo siempre lo llama para su reivindicación, y éste cuando no escucha el llamado de Dios, actúa libremente en contra de sus hermanos. Al final, Dios sabrá recompensar a quien sufrió y sabrá juzgar al pecador, pero La Justicia Divina siempre estará presente, y esto es lo que el hombre debe siempre tener en cuenta y perseverar a pesar de las injusticias de los hombres, porque La Justicia de Dios siempre llegará para nuestra recompensa y salvación eterna. El pueblo judío dice en La Primera Lectura de Los Números: [Este pan miserable]: Así habla un pueblo que comía el maná, el pan celestial, el «pan angélico» como lo llama el salmista (Sal. 77, 25). Les parece insípido porque lo reciben gratis diariamente y no piensan en el Autor de ese don, ni dan gracias. San Pablo los trata, por eso, como tentadores de Dios (1 Cor. 10, 9), porque despreciar un don es despreciar al donante. (Mons. Straubinger). Así el hombre que desprecia su vida desprecia el don, y despreciando el don de la vida desprecia a Dios donante ¿Cómo, pues, puedes atreverte a despreciar a Dios? El hombre que lo hace, es porque carece de vida espiritual verdadera y constante La serpiente de bronce, remedio contra las mordeduras de las serpientes, era como dice Jesús a Nicodemo, figura de la Redención, símbolo del alzamiento de Cristo en La Cruz, y recibió su virtud solamente por Aquel que se dejó elevar en La Cruz para salvarnos de la mordedura de la antigua serpiente (cf. Jn. 3, 14 y s). En efecto, Jesús manifiesta la figura de la serpiente de bronce que cura a los israelitas pecadores que renegaron contra Dios como que Él será elevado para la Redención de los pecadores. Y cuando Jesús dice: Y moriréis por vuestro pecado: Se refiere, en singular, al pecado por excelencia de la Sinagoga, que es el de incredulidad frente al Mesías – Jn. 16, 8. 9: Y cuando Él (El Paráclito) venga, probará al mundo dónde está el pecado. El pecado está en no haber creído en Mí. Pues era necesario que pasara el tiempo después de La Muerte y Resurrección de Jesús, y con El Pentecostés, en donde se manifiesta El Espíritu Santo se revelara las últimas palabras de Dios y la extensión de La Iglesia en el mundo hasta nuestros días. Es el Espíritu Santo el que prueba constantemente al mundo, lo demanda y manifiesta al hombre ante Dios la acción penal contra quienes se estiman responsables de un delito, pues, el hombre que cae constantemente en delitos contra la misma humanidad, es más, contra el mismo, es trasladado al tribunal de Dios que ejerce La Justicia Divina y que va tomando nota de todo cuanto acontece en el mundo. Pero Dios no queda inerte ante los delitos del hombre y constantemente lo llama para condonar todos sus delitos si el hombre manifiesta un verdadero y profundo arrepentimiento, sobre todo el de creer en Dios con fe integral; es decir, creer en Dios y creer en Su Palabra, Sus Mandamientos y creer Su Iglesia que Él fundó. Es, pues, el tiempo del hombre que debe mirar al Crucificado y contemplar La Verdad: La muerte de Cristo que salva al mundo de sus pecados mortales. Así, pues queridos hermanos y hermanas, de la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él tengan Vida eterna. Jn. 3, 14-15… y también adjuntamos: Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que Yo Soy, dice El Sagrado Evangelio de hoy, y así se ha cumplido, que después de la muerte de Cristo, el mundo ha tenido una transformación de sus corazones y se ha renovado por La Voluntad de Dios Padre por medio de Dios Espíritu Santo y la acción viva de Dios Hijo, Jesucristo nuestro Señor. El Misterio de La Santísima Trinidad se pone de manifiesto en éste pasaje bíblico, pues, se dice también del Padre: «hablo como el Padre me ha enseñado»… y si El Padre le ha enseñado, es porque Cristo había estado con El Padre, y si eso hacía, lo hacía desde siempre, porque Dios Es Siempre, Es Eterno, por ello dice en el libro del Éxodo: Yo Soy el que Soy (Todo lo dice en tiempo presente: Yo Soy el que Soy), y el mismo Cristo nos dice en El Sagrado Evangelio de hoy: «si no creéis que Yo Soy, moriréis por vuestros pecados.»… y luego: «Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que Yo Soy»… con lo que hay una autoproclamación mesiánica y cumplimiento profético de La Palabra de Dios en Las Palabras de Cristo, pues, era necesario que Él muera para que se cumpliera La Escritura y se de la oblación suprema: Dios Hijo, El Hijo de Dios, muerto por nuestros pecados, y restituidas nuestras almas y desterrados nuestros caprichos y pecados por La Cruz de Cristo y con la cruz que nos toca, podamos también por nuestra fe en Jesús lograr nuestra salvación. Esta salvación es una constante con el Pan Eucarístico, no como el pan que comieron vuestros padres… ese pan del que Dios le diera al pueblo de Israel y le dio un cólico por su gula, dice el Salmo; y también La Primera Lectura de hoy: nos da náusea ese pan miserable… y murieron muchos israelitas por la mordida de la serpiente. Hoy, del mismo modo, quien no come del Cuerpo y Sangre de Cristo en El Pan Eucarístico, y reniega de solo Ese alimento, y desea otro alimento del mundo como preferencia, porque no se satisface de Cristo Eucaristía, Pan Vivo que ha bajado del Cielo, también es muerto por la serpiente que es el demonio. Creamos, pues, que Jesús Es Dios, pues, el dice: «no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado»… es decir, todo es Voluntad del Padre y obediencia del Hijo, Acción del Hijo y obediencia del hombre. Se tienden los puentes: La Divinidad se aloja en la carne mortal para hacer al mortal divino. Cristo muere para que el hombre viva: Un intercambio que tiene su apreciación y la conclusión de la salvación en la obediencia, cuando el hombre muere a sí mismo en sus debilidades y sus ansias superfluas y transitorias, y muere corporalmente para vivir espiritualmente junto con sus cuerpos resucitados, donde Cristo por Su Resurrección como precursor nos ha abierto El hermoso don de La Vida Eterna. Amén. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En El Nombre del Padre, etc.

  36. -15

    La Anunciación del Señor

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: En tiempos de Isaías, los sirios iban a Jerusalén para atentar contra Judá, pero El Señor a través del profeta Isaías aniquila las pretensiones de los sirios. Y es que El Plan de Dios es uno y el plan de los hombres otro. El profeta Isaías por orden de Dios va al encuentro de Acaz hijo de Johatán, y éste hijo de Ocías quien era Rey de Judá para que se manifieste la misericordia de Dios, y le dice a Acaz pidiera a Yahvé una señal de victoria sobre sus enemigos que atentaban contra Judá, pero la humildad de Acaz se fijó en no tentar a Dios pidiendo una señal, pues, pedir una señal, es sinónimo de desconfianza en Dios que Es Todopoderoso, y si el mismo profeta Isaías habla por Dios pidiendo una señal, es porque, contrariamente el hombre no necesita de señal alguna, pues, Dios Mismo si bien es cierto lo está pidiendo, Es El Mismo Dios Quien Todo lo puede y no es necesario que se le pida señal alguna, porque hacerlo, es negar que Dios pueda hacer cuanto quiere. Y prueba de que Dios no necesitaba que le pidan una señal, es porque ya lo había prometido renglones antes, pues dice: Eso no se realizará, eso no sucederá Is. 7, 7. Y el mismo Acaz dice: "No la pido, no quiero tentar al Señor." Is. 7, 12. Por tanto Acaz no quiere tentar a Dios a que realice alguna señal a causa su incredulidad. Por ello, a través de la voz del Profeta Isaías, Dios dijo: "Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios?... pues, si el pueblo quiere cansar a Dios, es a causa de su incredulidad, ya que el pueblo judío, siempre se ha caracterizado por su incredulidad y su perfidia. Y añade: Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros"… Ése Dios con nosotros, es la promesa de Dios, la que da cuenta en líneas anteriores: Efraím será destrozado, y no será más un pueblo–. Si ustedes no creen, no subsistirán… donde se manifiesta la necesidad de la fe en el Emmanuel, en El Hijo de Dios, que viene de la Virgen que está en cinta. La salvación por el Enmanuel: Porque Dios está con nosotros (El Enmanuel, el niño nacido de La Virgen que está en cinta). El Enmanuel, Jesucristo, Es El Señor, piedra de tropiezo para Israel. Is. 8, 10… para los incrédulos que niegan a Cristo como El Mesías prometido. Y en otro lado se anuncia El Reino universal del Señor Jesús que se extiende a otras naciones: pero en el futuro llenará de gloria la ruta del mar, el otro lado del Jordán, el distrito de los paganos. Is. 8, 23. El profeta Isaías después del anuncio del nacimiento de Jesucristo, El Enmanuel, El Dios con nosotros, tiene que seguir vaticinando todo cuanto fuera necesario para que el incrédulo pueblo judío diera cuenta de las profecías y creyera en Dios, en su acción misericordiosa que liberará a su pueblo. Pero de ése pueblo nace María, la llena de gracia y sin pecado que fue concebida en el vientre de su madre Santa Ana. Ella, La Virgen María, acepta obediente La Voluntad de Dios, pues, ya está profetizado en el salmo que nos recuerda hoy: "-Como está escrito en mi libro- / para hacer Tu voluntad." / Dios mío, lo quiero, / y llevo Tu ley en las entrañas. "Aquí estoy, Señor, para hacer Tu voluntad."… La profecía del Salmo dijo: Para hacer Tu Voluntad: y La Virgen dice: Hágase en Mí según Tu Palabra… La profecía del Salmo dijo: Y llevo Tu ley en las entrañas; y el Ángel le dice a La Virgen: concebirás y darás a Luz un hijo. La Segunda Lectura nos regala la conformidad del Hágase del Hijo del Padre cuando ya desde antiguo decía: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo»… Es decir, que Dios, ya había predestinado la venida de Su Hijo, que era eminente, porque Dios iba a preparar un Cuerpo para que habitara Su Hijo en el mundo y nos diera la salvación, por ello añade: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad»… pues, Dios «no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias.»… La Única Víctima expiatoria por nuestros pecados, «una vez y para siempre»… Es El Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, ya elevado en La Cruz, ya elevado en La Santa Eucaristía. En La Cruz una sola vez y para siempre, ya en La Santa Eucaristía que Él la hizo una sola vez y para siempre, y que Sus Apóstoles hasta hoy lo hacen continuamente por mandato divino: «Hagan esto en Mi memoria»; y que a su vez se renueva mística y sacramentalmente el sacrificio de Jesucristo en la Cruz. Por tanto, la celebración de La Eucaristía es Una Sola, renovada constante y necesariamente en nuestro tiempo perecedero y perennizado en lo eterno en El Eterno. La Virgen efecto dijo: "Aquí está la esclava del Señor; hágase en Mí según tu palabra."… Es la fidelidad y la fe, para que se manifestara El Hijo de Dios en la vida del hombre. La fidelidad de Una Virgen consagrada a Dios y que acepta ser madre siguiendo intacta y Virgen hasta su gloriosa Asunción y por siempre; ello, en efecto, lo realiza por la fe puesta en Dios, ya que en ningún momento niega ni duda, porque dice: "¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?"… Es la inocencia y no la incredulidad, pues, por inocente se pregunta cómo será ello posible ¿Yo Virgen y concebiré un hijo? Y no solo eso, sino que: Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin… ¿Todo eso en Mí, Yo seré La Madre de Quien Dios quiere que sea grande y Yo tan pequeña? Él Hijo del Altísimo y Yo Su Madre: ¿Madre del Altísimo?; Tendrá el trono de David, es decir, será Rey, entonces, ¿Yo Seré Reina? Reinará para siempre, su reino será eterno, Rey Eterno ¿Y Yo Su Madre, Reina hacia la eternidad?... Dime Ángel que me anuncias ¿Cómo será eso, pues, no conozco varón?... ¿cómo sucederá todo esto, si Yo Soy Virgen? No es que no crea, es que no sé cómo es que pasará algo parecido en una virgen como Yo. ¿Cómo sucederá esto, que para Mí será un milagro?... "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra… es decir, que El Espíritu Santo vendrá encima de Ti, con dominio y superioridad; te dominará, te sujetará, te hará Suyo, dispondrá de Ti porque Eres Suya, porque tiene poder sobre Ti… La fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra… es decir, que toda la capacidad de Dios se manifestará en cubrirte totalmente, pues, en Ti habitará Su Hijo, en Quien reside la gloria del Padre de Quien la tiene desde antes de los tiempos, es decir, desde siempre. [Por aquello que dice: «Ahora, Padre, glorifícame junto a Ti, con la gloria que Yo tenía Contigo antes que el mundo existiera.»] En Ti María se hará lo que en ninguna mujer se hará, porque Dios solo vendrá una sola vez encarnado por medio de Una Mujer para dar victoria y redimir a Su pueblo, porque ya está profetizado en Las Sagradas Escrituras: «La Virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".» Por eso, El Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios, porque El Espíritu Santo de Dios se posará sobre Ti, y Dios te cubrirá con Su sombra. Es decir, queridos hermanos, que el Ángel está hablando en tiempo presente, porque Dios Siendo Eterno todo es tiempo presente para Él, esto es una profecía, es decir se cumplirá, y se cumplió parte ya después del Sí de María y se sigue cumpliendo El Reinado de Dios en nuestros días. Esta es la fe y la obediencia que debemos tener para con Dios y La Misma Virgen María que dice: "Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según Tu palabra." Es decir, tiempo de discernimiento cuando Dios te pone al descubierto Su Plan de Salvación, la parte de todo El Plan de Dios, aquella pequeña parte que te toca. Cuando Dios te va abriendo las puertas, o te va dando señales, o se manifiesta de una manera especial y específica, es, pues, necesario que analices todos los conceptos y manifestaciones de tu vida, para saber cómo se está desarrollando todo, para saber si es La Voluntad de Dios, o de pronto son solo sugerencias tuyas o de otros producto de meras circunstancias. Y ¿cómo es que puedes afirmar que tal o cual cosa es La Voluntad de Dios? Por todo lo antes dicho y cuando justamente disciernes que todo cuanto ocurre tiene significado, es verdad, tiene peso, tiene autoridad, tiene fundamento y tiene todo lo que es necesario para ayudar al Plan de Dios, que es, santificar tu vida, la de tu matrimonio, la de tu familia y la de tus hermanos; es decir, cuando todo lo que haces tiene como resultado fructificación constante de obras corporales y espirituales de misericordia para todo tu entorno, entonces estás cumpliendo La Voluntad del Padre; por ello dice: Y la dejó el ángel; es decir, que habiendo aceptado todo cuanto era necesario para que se cumpliese El Plan de Salvación de Dios, el Ángel te deja, pero solo te deja de hablar, ya que Dios siempre está a tu lado, y es que el Ángel solo te deja en sentido de que ya no tiene más que decirte, todo está listo para que tú ejerzas El Plan de Dios que tiene para ti. Que el anuncio del Ángel siga en nuestras vidas en cada momento, porque siempre necesitamos preguntar si estamos yendo por el camino de La Voluntad de Dios; pues, el hombre torpe necesita orientación, y le basta la orientación divina para ser encauzado nuevamente hasta el fin de su vida donde encuentra puerto seguro: Su salvación. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En El Nombre del Padre, etc.

  37. -16

    El Reino de Los Cielos

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Para que llegue a nosotros El Reino de Dios, o mejor dicho aún, para que nosotros seamos merecedores del Reino de Dios, es necesaria la conversión, pues ¿Quién puede entrar a una fiesta si no se ha cambiado para la ocasión? Del mismo modo, para entrar a La Fiesta del Reino, es necesario mudar nuestras almas, de un alma empecatada a un alma en santidad. No es como muchos piensan hoy, que quien muere va directamente al Cielo sin más ni menos. ¿Es que alguien da por lógico que si en este mundo un hombre que no tiene una conducta de santidad y no cumple Los Mandamientos de Dios, si no vive una vida de piedad estará acostumbrado a ser piadoso en El Reino de Los Cielos? Por una cuestión de lógica quien no está acostumbrado a trabajar por mucho tiempo y de pronto se pone a trabajar esforzadamente, tendrá problemas para mantener la constancia del trabajo duro y hasta puede enfermar o morir. Del mismo modo si un hombre no ha tenido una vida piadosa, no estará acostumbrado a vivir en El Reino de Los Cielos donde hay gozos inconmensurables y vida piadosa. En tanto que hay gozos inconmensurables, es porque el que murió en gracia de Dios, hizo una vida de perseverancia y tiene el premio por justicia de gozar en Dios que Es Amor Inconmensurable, y a la vez tiene la costumbre de seguir una vida piadosa. Por tanto, no es justo ni lógico que quien no fue esforzado en vida en la actividad de penitencia perseverante, y dejó el mundo sin la gracia de Dios, tenga que gozar del Reino de Los Cielos, de lo contrario ¿Por qué el afán de muchos santos y vidas ejemplares en lo largo de la historia? ¿Por qué el martirio de tantas víctimas que se ofrecieron hasta la muerte por amor a Dios? ¿Es que quienes vivieron a sus anchas en el vergel de las borracheras, drogas y sexo libertino, tienen por justicia ganado El Reino de Los Cielos? ¿Será justicia esto? Si no lo es para el mundo que aplica una justicia humana ¿Cuánto más no lo será para La Justicia Divina? En consecuencia queridos hermanos y hermanas, nos es necesario dar dura lucha en este mundo para que haciendo poco en poco tiempo, ganemos mucho en tiempo eterno. Miremos La Cruz de Cristo y veamos cuanto sufrió Él por nosotros, y cuanto se esforzó para dejarnos un Plan de Salvación, El Plan del Padre, Ése Plan Es Amor de Dios. Un Amor que el hombre desconoce y solo quien tiene una verdadera vida de piedad en la gracia de Dios, por el momento puede tener solo vestigios de todo El Amor de Dios, aunque esos vestigios son suficientemente agradables y extraordinarios para que el hombre esté siempre animoso a perseverar en su vida religiosa. Imagínense queridísimos, si solo tenemos vestigios del Amor de Dios, y con ello nos basta en este mundo ¿Cuánto más será contemplar y tener el Amor total de Dios que se gana en La Vida Eterna? El hombre, en efecto, es llevado y transformado a una vida sobrenatural, en donde, o por purgación intensa o porque haya ganado El Cielo inmediatamente, pueda gozar del total Amor de Dios. Ya que en cuanto en el purgatorio el alma del hombre fue acrisolada para que purifique todo y cuanto sea necesario y que el mismo hombre por sí mismo no hizo. Es decir, que o bien purgamos nuestras faltas en nuestras vidas terrenas o lo hacemos dejando esta vida. La diferencia por justicia y lógica es que quien no se esforzó y no habiendo cometido pecado mortal, tiene que tener una mayor purificación – purificación intensa – de la que pudo haber llevado en el mundo, porque si no fuera así, todos esperarían a reparar sus faltas en el purgatorio y no en esta vida, con lo que el mundo fuera un caos y nadie acogería una vida de sobriedad y piedad, pues, pensando como insensato, finalmente todo se podría reparar en la misma medida que en El Purgatorio. Hombre sin piedad o de vida ligera, si encuentras tu tiempo de arrepentimiento, afánate a vivir en vida piadosa, y no seas ocioso dejando para luego llevando una vida disipada, porque la disipación de tu alma es más pagada con creces en un lugar de durísima perfección; pues, es justo que quien no se esforzó plenamente en una vida piadosa y justa en éste mundo, y a sabiendas que existe un purgatorio donde se acrisola el alma con el fuego del fundidor, tenga pues que tener una purificación intensa de su alma, ya que cuando aquél pobre hombre esté en ese momento ante El Justo Juez, habrá querido nacer nuevamente para hacer una verdadera vida de piedad. Pero es por la insensatez, la tibieza y la indiferencia inhumana del hombre que desechaba las súplicas de un Dios que lo necesitaba para ayudar a que muchos de sus hermanos que mueren de hambre y necesitan salvarse del infierno y del tormento del purgatorio, éste haya mostrado su desinterés por el sufrimiento ajeno del hermano y de Un Dios que por esos pecados ha muerto en La Cruz y es víctima de ofensas continuas hasta el día de hoy. Mas en cambio, la felicidad rebosante llega a los fieles que encuentran gozo en la vida religiosa y que se afanan por ganar a Cristo, haciendo todo tipo de actividades, en donde negándose a sí mismos están dispuestos a llevar La Cruz de la victoria con mansedumbre y humildad. Haciendo siempre la voluntad de Dios. Ellos que son pobres de corazón, tienen el favor de Dios: Bienaventurados los pobres de espíritu: porque de ellos es El Reino de los Cielos. Mat. 5, 3. Por ello es necesaria la conversión que Dios a través del profeta Oseas dice: "Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado." Es Dios que a través de la historia siempre ha querido que el hombre se mantenga en fidelidad para su salvación. Le hace ver su error, su tropiezo y lo desea nuevamente regenerarlo, tanto así que le manifiesta lo que tiene que decir, de qué manera se tiene que dirigir, pues, lo instruye como mejor le conviene al hombre y para mayor gloria de Él: Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: "Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios." Y Dios ansioso y lleno de amor espera la fidelidad de Sus hijos exclamando en el salmo de hoy, a través del profeta: ¡Ojalá me escuchase mi pueblo / y caminase Israel por mi camino!: / te alimentaría con flor de harina, / te saciaría con miel silvestre." Dios por Su parte corresponde al hombre, para que haya una recompensa en la voluntad del hombre que hace pronta su conversión: Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Acógete a la misericordia de Dios querido hermano y hermana, porque de Él mana todo cuanto necesites para salvarte: "porque Yo Soy como un ciprés frondoso: de Mí proceden tus frutos. " El camino para llegar al Reino de Dios es un camino de santidad, donde encontramos al Santo de los santos, al Dios Único y Verdadero, su querer es de rectitud y de justicia para lograr obtener El Verdadero Amor y la paz. "¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor. Y quien no va en el camino que Dios guía por Sus Mandamientos, va de tumbo en tumbo, porque no camina en la verdad, pues, la mentira finalmente logra el error, y éste el fracaso. El que es prudente está en la Verdad, el que hierra está en la mentira, al final La Verdad sale a la luz. La Verdad es el camino del Señor: los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos." Dios Es Amor, porque no necesitando del hombre lo creó, pues, si Él Es Todopoderoso, es porque no necesita de nadie, y si no necesita de nadie ¿para qué nos creó? Para compartir su gloria contigo, todo cuanto tiene quiere compartirlo, porque si no comparte algo de todo lo que tiene no sería bueno, pero Dios no es bueno, Es Buenísimo, prueba de ello es que te creó. Por tanto, si Dios te amó, corresponde que tú le ames también. Él te amó al extremo entregando a Su Hijo Único para darte Vida Eterna, tú le debes amar entregando todo de ti: «con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» Y no solo a Él lo amarás, sino que también en segundo lugar: "A tu prójimo como a ti mismo." ¿Y por qué? Por la lógica: Porque tu hermano es semejante a ti y tú semejante a Dios. Dios te ama a ti y a tu hemano, y tú debes amar lo que Dios ama. Si Dios ama a tus semejantes igual que a ti, tú también debes hacer lo que hace Dios. Dios te creó a ti y a tu hermano, y todos tienen los mismos derechos y deberes: Que él te ame a ti es tu derecho y su deber, y que tú le ames a él, es tu deber y su derecho. Si amas a tu hermano que no te ama, estás buscando la concordia en el mundo y estás construyendo La Ciudad de Dios que Es El Amor, pues, de todos los hermanos que no te aman alguien finalmente se integrará a La Ciudad de Dios correspondiendo a tu amor. Por la justicia: Se debe entregar lo que corresponde en su justa medida. Si Dios te amó creándote es justo que lo ames y ames lo que Él ama que son tus hermanos. Si tu hermano no te ama, es justo que lo ames aún, porque Dios te ama cuando tú no le amas, es decir, cuando tú caes en pecado, más aún si has llevado una vida de error. Amando a tu hermano que no te ama, imitas a Dios que ama al pecador. Será justo, pues, que Dios te ame también. Además Dios amó al mundo y se entregó en La Cruz para amar a los que estaban en error e iban con paradero fijo de la condena, entre ellos estabas tú. Justicia de Amor por la ignorancia del hombre. Dios aún los amó diciendo: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Así Es Dios de justo. Si amas a tu hermano que no te ama, estás buscando la concordia en el mundo y estás construyendo La Ciudad de Dios; justo será, pues, que Dios te premie por tu entrega en obediencia ante la adversidad de tu hermano que no te ama. Por tanto, si tu hermano te ofende, ámalo también, es ley divina que conviene que la cumplas porque es Voluntad de Dios y por la justicia favorable para ti, que Él aplica cuando cumples Sus Mandatos. San Agustín: Que nadie diga: «No sé qué amar». Ame al hermano y amará al amor mismo. En efecto, mejor conoce al amor con el que ama, que al hermano al que ama. Advierte que Dios te puede ser ya más conocido que tu hermano: más conocido porque te es más presente; más conocido porque es algo más íntimo; más conocido porque es algo más cierto. Abraza al Dios amor y abraza a Dios con el amor. Es el amor el que nos une con vínculo de santidad a todos los ángeles buenos y a todos los siervos de Dios; nos une entre nosotros y nos somete a Él. Cuanto más inmunizados estemos contra la hinchazón del orgullo, más llenos estaremos de amor. Y el que está lleno de amor, ¿de qué está lleno, sino de Dios? CIC 2094 Se puede pecar de diversas maneras contra el amor de Dios: La indiferencia descuida o rechaza la consideración de la caridad divina; desprecia su acción preveniente y niega su fuerza… pues, la indiferencia es un estado de ánimo en que no se siente inclinación por amar a una persona, y ni si quiera repugnancia hacia ella. Y si alguien se comporta así contra su hermano, da la espalda al Amor de Dios. Porque El Amor de Dios fue inclinarse hacia ti para salvarte, por la repugnancia de tus pecados; así, de esta manera, Dios no siente indiferencia por Sus hijos. Por tanto, el hombre que no ama a su hermano y lo trata con indiferencia sale del Corazón de Dios, pues, no está practicando El Amor, no está actuando con disposición, y niega la fuerza que tiene El Amor de Dios para el hombre; y por ello el hombre se distancia de Dios Mismo, porque Dios Es Amor, y Amor donado con pasión. Así, pues, querido hermano y hermana, Amar a Dios y a nuestros hermanos logran construir El Reino de Dios, pues, amándonos todos con el Amor que Dios nos amó, estamos viviendo lo que Él Mismo vivió, amarnos hasta la muerte. Y si alguien no quiere amar a Dios y a su hermano, no desea vivir en El Reino de Dios, es por su propia decisión de vivir en la amargura, porque finalmente El Reino de Dios existe y se seguirá construyendo para vivir En El Amor y Eternamente. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En el nombre del Padre, etc.

  38. -17

    La obediencia.

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: El orden es la colocación de las cosas en el lugar que les corresponde; es el concierto y buena disposición de las cosas entre sí. Y teniendo en cuenta esto, es, pues, necesario saber de dónde viene el orden. Éste, en efecto, tiene que venir de una autoridad, de un ente superior, para que los demás puedan obedecer. Pero este orden que se propone debe ser dictado en razón a la verdad, pues, puede ser un orden inmoral ajustado a la mentira la que se propone. Por tanto, obedecer el orden de las cosas, está sujeto a hacerlo en cuanto que el orden está establecido en honor a La Verdad Única y Universal. Si un líder lo propone así, su liderazgo y su tiempo de gobierno será duradero, pues, nadie puede negar lo que está en la verdad. Si la orden viene de un superior, es porque los subordinados la acatan; pero tenemos Un Ser Superior a todos que Es Dios, y Es a Quien seguimos, porque no hay mayor que Él, nadie es superior a Él, y Siendo Él Superior a todo, todos se inclinan hacia Él. Por tanto, la orden que viene de Él es irrevocable, Única y Universal, pues, no solo es porque Él Es Superior, sino, que Sus leyes vienen de Él que Es La Verdad. Ya que Sus Leyes siempre le han dado a la humanidad lo suficiente para que pueda mantenerse el orden y la regularidad de las cosas a lo largo de la historia. En La Primera Lectura el profeta Jeremías manifiesta el querer de Dios: "Ésta fue la orden que di a vuestros padres"…; es decir, que Dios ha dado una orden a seguir, esta orden fue manifestada a nuestros primeros padres, nuestros antepasados, para que el pueblo de Israel se pueda guiar en honor a La Verdad de Los Mandamientos de Dios; pues, si hay Un Solo Dios ¿por qué se debe tener otro dios que no Es el nuestro? Y si no se tiene otro dios, es porque aceptamos el nuestro, y si lo aceptamos, es porque aceptamos lo que Él nos pida. ¿Alguien puede haber en este mundo que diga: Yo reconozco a mi superior en mi empresa, él dice la verdad, pero yo no quiero hacer caso de sus políticas, solo porque no quiero? Por ello dice: «Pero no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente.» Si existe esa persona, es porque ella es desobediente por soberbia, pues, no quiere hacer caso a la verdad, es decir, que el desobediente está en la mentira, está en el error, y corre el riesgo de ser retirado de la empresa y con ello da mal ejemplo a sus hijos y hermanos, así como dice La Escritura: endurecieron la cerviz, fueron peores que sus padres. "Escuchad mi voz. Nos dice a continuación La Primera Lectura, porque Dios quiere que el hombre escuche a Su Dios, que se deje guiar por Él, pues, Él Es el centro de la humanidad, y ella debe dirigirse a La Verdad, pues, guiándose por La Verdad, el hombre tiene la garantía de vivir correctamente para su salvación, por ello dice: "Caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien." Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo… continúa La Voz de Dios, pidiendo la unidad entre Él y Su pueblo por la obediencia. Él se dona: Yo seré vuestro Dios, y pide al pueblo que se done: y vosotros seréis mi pueblo. Él en humildad se entrega como Dios y te elige para que tengas la dicha de tener un Dios: Yo Seré vuestro Dios. Tú en humildad recíproca debes entregarte porque Él se entregó primero y tengas la dicha de ser Su pueblo: Vosotros seréis mi pueblo. El mismo salmista dice hoy: Porque Él es nuestro Dios, / y nosotros su pueblo, / el rebaño que Él guía. Ireneo Hausherr SI - Jesuita: Creer en Dios es creer en alguien que tiene todo en sus manos, es decir, no solamente en alguien Todopoderoso que ha creado el cielo y la tierra, todas "las cosas visibles e invisibles" abandonándolas después a su propio destino o querer, sino en alguien sin cuya intervención no se hace nada de cuanto se ha hecho, se hace o se hará a través de los siglos… porque, hermanos y hermanas, Dios todo lo puede, por ello es que pensamos, queremos y debemos hacer y obedecer la orden que Dios nos dio, pues, Él teniendo todo en Su Manos, todo lo hará en abundancia y mejor . En Dios tenemos nuestras esperanzas, porque el interviene en todo lo que se ha hecho, hace y se hará eternamente. Por tanto, si Él tiene el poder para hacer todo y todo perfecto, y todo perfecto eternamente, es porque en Él debemos anclarnos obedeciendo lo que nos pida, para que lo que hagamos, lo hagamos según Su voluntad, pues, una vez que hacemos cuanto Él quiere, todo será perfecto, pues, Su voluntad es perfecta. Así es que el hombre en ello tiene su garantía de todo cuanto necesite en esta vida y que servirá de provecho en la otra, porque el hombre hace lo que Dios quiere y Dios dispone de hacer todo cuanto es bueno para el hombre porque Él Es Perfecto y ha tomado la obra obediente de Sus hijos, las cuales servirán para la salvación de cada uno de nosotros y que se cumpla El Plan de Salvación de Dios para la humanidad: Hágase Tu Voluntad en la tierra como en El Cielo ¿Qué más podemos querer si no que todo sea para nuestro bien? por ello dice: "Caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien." Ireneo Hausherr SI - Jesuita: En resumen, Dios-Caridad creó para hacer felices a otros, es decir, seres inteligentes que le hacen el honor de aceptar libremente su gran designio de alabanza, de la gloria de su gracia (Ef 1, 12, 14) perfectamente uno en sus dos aspectos: «glorificación del Creador por la beatificación de sus criaturas», "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad" (Le 2, 14)… Este gran resumen: «glorificación al Creador por la beatificación de sus criaturas»; quier decir, dar gloria a Dios, que Dios sea glorificado por nosotros, no porque Él lo necesite, sino, porque es consecuencia de que hemos sido salvados por Él, pues, si el hombre está alegre porque ha sido librado de la ignorancia y la condena eterna, y es porque se lo debe a Dios, por tanto el hombre debe corresponderle a Dios semejante favor glorificándolo: honrándolo, alabándolo, adorándolo con todo tu ser: espíritu, alma y cuerpo. Ya que tú salvándote eres beatificado; es decir, eres salvado y esa salvación te da la felicidad, y eres respetable y venerable por quienes pueden ver en ti el ejemplo de rectitud que Dios te pidió y tú obedeciste. En consecuencia: glorificas al Creador por tu beatificación, es el resumen y la consecuencia de la obediencia del creyente vista de parte de Dios. Así mismo dice el salmista hoy: Venid, aclamemos al Señor, / demos vítores a la Roca que nos salva; / entremos a Su presencia dándole gracias, / aclamándolo con cantos. Todo lo que Dios quiera hacer, el hombre debe obedecer. Porque obedeciéndole el hombre logra toda la felicidad, porque está logrando su perfección: Ser semejante a Dios que lo creó. Ese es el fin del hombre, lograr su perfección conforme al designio de Dios: que el hombre recupere la gracia perdida en Adán pecador, quien fuera regenerado por la gracia que manó de La Cruz redentora, más exactamente, del costado de Cristo. Para ello, el hombre debe aceptar todo lo que Dios hace, y que para el hombre aunque sea bueno o malo, debe seguir en obediencia, en cuanto que lo malo sirve para purificar el alma del hombre, ponerlo a prueba en la obediencia y elevarlo a un mejor y mayor convivir con Dios; todo lo que el hombre le pueda servir a Dios, en cuanto le pidiera su colaboración que Él vio por conveniente. Obedezcamos como El Hijo obedeció al Padre; pues, siendo Dios Hijo y sentado a la derecha, y a Quien El Padre todo puso bajo Sus pies, pues, hizo a Sus enemigos estrado de Sus pies; Él obedeció perfectísimamente La Voluntad del Padre: Para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad" (Heb 10, 5-7). Ireneo Hausherr SI - Jesuita: Este es el único motivo de la Encarnación, este es el programa completo de Cristo para la glorificación del Padre, para Su propia gloria y para la salvación del mundo, "que estaba perdido por falta de obediencia". Si también Satanás está en guerra civil, ¿Cómo mantendrá su reino?... nos dice El Sagrado Evangelio de hoy, en donde un mismo rey no puede entrar en guerra con su pueblo, porque dejaría de existir, es el caso de una guerra civil; pues lo mismo pasa con lo que dicen los judíos a Jesús: Hecha a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios… ¿Cómo puede Belzebú, príncipe de los demonios, atentar contra otro demonio? Si ello hace, está propiciando la destrucción de su reino, pues, está combatiendo contra sí mismo. Por tanto, esa afirmación de los judíos, es producto de sus soberbias que los hace sentir mal, porque no pueden hacer otra cosa. Los judíos, en efecto, solo han hablado porque les ha causado incomodidad que Jesucristo haya echado un demonio, pero entraron en contradicción, pues, nadie puede atentar contra sí mismo, porque se auto aniquilaría. Si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por parte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces… es decir, si los hijos de los judíos echaban demonios, tendría que ser por el poder de Dios, y si el poder de Dios estaba con ellos, ¿por qué seguía dominado el pueblo judío por el imperio romano? Y es que ninguno en el pueblo judío echaba demonios, no había poder para hacerlo, porque era un pueblo que se había apartado de Dios por sus infidelidades y sus injusticias que provenían tanto de sus jefes como del mismo pueblo. Por tanto, con un pueblo corrupto, los hijos cada vez serán más corruptos, y estos hijos son los que serán el claro juicio ante Dios para sus mismos padres que pervirtieron a generación tras generación. Y así dice El Divino Maestro: «Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.» El poder de echar a los demonios viene de Dios, y lo pone en Su Hijo Jesucristo, por ello dice: «si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.» Había llegado Jesucristo y dio señales de que Era El Mesías prometido, tal como lo dijeron los profetas. El Reino de Dios es manifestado por la misericordia de Dios que desea restaurar el orden de las cosas, lo que el hombre desordenó por el pecado y que producto de ello y la continua desobediencia del pueblo judío hacia Dios, muchos males acarreaban al pueblo. Esos males que El Divino Redentor estaba quitando al pueblo, no solo echando demonios, sino, con Su Sagrado Evangelio del Amor, para que los males del alma que son acechados por los demonios para la perdición del hombre, sean retirados y el hombre pueda gozar de La Luz que Cristo hace resplandecer para que el hombre no viva en tinieblas. Cuando Cristo echa a los demonios con el dedo de Dios, quiere decir, que con Ése mismo dedo con el que Dios escribió los Mandamientos de La Ley (Ex. 31, 18), con Ése mismo dedo, Cristo que Es Dios, estaba escribiendo El Reino del Padre en el mundo, para que el mundo lo contemple y se salve. El dedo de Dios con el que hizo a Adán y creó a la humanidad y hace todo cuanto existe, con Ése mismo dedo, Cristo nos ha enseñado La Revelación del Padre. Los judíos que creían aún ser elegidos a grandes cosas, tenían que dar el paso de la humildad y la obediencia, pero sus soberbias tenían a sus almas embotadas de odio y de rechazo a todo lo que viniera en contra suya, de sus propios intereses de dominio imperial. Por lo contrario, El Señor Jesús dice: Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros… queriendo decirnos que los judíos tenían sus propios tesoros de injusticia, soberbia, infidelidad, etc. y ése era el reinado que habían conseguido por sus desobediencias a Dios. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín… Ése Hombre más fuerte Es Jesús que quita demonios a los habitantes de Israel y vence al demonio, y vence a los soberbios de corazón, le quita las armas del pecado en el que estaba sometido el hombre; pecados que los judíos los tenían como armas de fiar para seguir construyendo una vida de error y de condena. Pero Cristo con el dedo de Dios, vence a los demonios, los saca de los poseídos, y reparte el botín que son los tesoros del Reino de Dios que hoy Cristo nos da con la gracia del Sacramento de La Confesión y que perdona todas nuestras faltas. Terminado el arrepentimiento, el hombre queda expedito para abrir las manos y pedir al Padre que le dé según Su voluntad las riquezas de Su Reino para lograr su salvación. Dios hace y el hombre es un ser hecho: Dios lo hace todo e hizo al hombre. Si Dios te hizo ¿Quién tiene más poder? ¿El que hizo o el que fue hecho? Si tú has sido hecho por Dios, a Él te le debes, porque le debes la vida. Por tanto, entrégale tu vida y obedece todo cuanto Él te pida para que Él haga de ti Su obra maestra, lleno de Amor y Sabiduría y puedas lograr tu salvación. De acuerdo con la ley aplicada en primer lugar a Cristo obediente hasta la muerte: "Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús doble la rodilla cuanto hay en los cielos y en la tierra y en los abismos y toda lengua confiese que Jesucristo Es El Señor, para gloria de Dios Padre" (Flp 2, 9-11). Y para el cristiano que obtiene la victoria de la fe y de la sumisión por obedecer: "Al vencedor Yo le haré columna en el templo de mi Dios y no saldrá ya jamás fuera de él y sobre él escribiré el nombre de Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios... y mi nombre nuevo" (Ap 3, 12-13; cfr. 2, 17; 3, 5.) Por eso, El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama." Dice El Señor. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En el nombre del Padre, etc.

  39. -18

    Los Mandamientos

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Los Mandamientos de La Ley de Dios es Su invitación a que participemos del estado de gracia. Y es que Dios habiendo sacado triunfantemente al pueblo israelita, a este pueblo judío, del yugo de Egipto, lo prepara para que en orden a Sus mandatos, el pueblo no se contaminara con los pueblos aledaños, quienes eran paganos y no adoraban al Único y Verdadero Dios. Por ello dice: Soy Un Dios celoso, porque así quiere hacer saber Él, que está unido de una manera mística al pueblo de Israel a quien castiga por sus infidelidades, pero también la defendió contra sus enemigos. La diferencia entre Los Mandamientos de Dios y los reglamentos de una empresa u organización son muy relacionados hoy, en cuanto que el hombre cree que puede como a una empresa, cumplir o no sus reglamentos que sin que lo sepan los jefes, no se reportan las infracciones cometidas y de ello no se rendirán cuentas; o que si el empleado no acepta los reglamentos, lo peor que puede pasar es que no siga trabajando y considere trabajar en otra empresa que pueda ajustarse a sus criterios. Por el contrario no ocurre lo mismo con Los Mandamientos que Dios nos ha dado; pues, si bien es cierto, el hombre, en efecto, puede cumplirlos o no; puede buscar otros mandamientos en otras creencias; o lo que es peor aún buscar los suyos propios, pues, haciendo cuanto quiere el hombre manifiesta su mayor soberbia: Que nadie le diga lo que tiene que hacer y por ello se autoproclama un diosecillo. La consecuencia de no cumplir Los Mandamientos de Dios cuando es en materia grave; es decir, en pecado mortal, es la consecuencia grave para el hombre, pues, el hombre pensando que puede hacer cuanto quiere, le está diciendo a Dios: No deseo lo que Tú me quieres mandar. Tú que Eres Dios Todopoderoso y que Eres más infinitamente grande que yo, pues, me creaste y creaste el cosmos, a Ti no te haré caso. ¿Qué nos parece esta respuesta de quien no quiere hacerle caso a Dios? Es la respuesta de un majadero, torpe y necio. Esta es la diferencia de Los Mandamientos de Dios y los reglamentos de una empresa, en que esta última la pueden o no cumplir los hombres y su vida sobrenatural no se altera, puede el hombre buscar otro trabajo y su vida natural-terrena puede mantenerla con regularidad; pero si Los Mandamientos de Dios no se aceptan, el hombre queda fuera de la gracia de Dios, aquella que se necesita para Vivir Eternamente. SS BXVI (Misa en el jubileo de los políticos, domingo 5 de noviembre) A propósito de lo que dice Dios en la boca de Moisés, "Escucha, Israel". Bxvi: La palabra de Dios, solemne y al mismo tiempo afectuosa, nos acaba de dirigir la invitación a "escuchar". A escuchar "hoy", "ahora"; y a hacerlo no de forma individual o privada, sino juntos: "Escucha, Israel". Y El CIC 2086: «En efecto, quien dice Dios, dice un Ser constante, inmutable, siempre El Mismo, fiel, perfectamente justo.» Por tanto querido hermano y hermana, Dios nos invita «siempre» a escuchar Sus Mandamientos, porque Dios Es Un Ser constante, siempre El Mismo, inmutable: es decir, no cambia; y por ello es que Sus Mandamientos siempre seguirán siendo los mismos. Que el hombre cambie sus posturas, ello no significa que Dios vaya a cambiar, si el hombre cambia a pesar de ser instruido en Los Mandamientos de Dios y de Su Iglesia, el hombre sabe cuáles son sus consecuencias, pero si permanece en lo que Dios manda, es porque el hombre se vuelve obediente, y alcanza lo que Dios quiere, que el hombre sea justo, y esto equivale a que pueda ser santo, porque Dios Es perfectamente Justo y quiere que seamos como Él: Santos (Lev. 19, 2; cf. Mat. 5, 48) Continúa el CIC: «De ahí se sigue que nosotros debemos necesariamente aceptar sus Palabras y tener en Él una fe y una confianza completas. Él Es Todopoderoso, clemente, infinitamente inclinado a hacer el bien. ¿Quién podría no poner en Él todas sus esperanzas? ¿Y quién podrá no amarlo contemplando todos los tesoros de bondad y de ternura que ha derramado en nosotros? De ahí esa fórmula que Dios emplea en la Sagrada Escritura tanto al comienzo como al final de sus preceptos: “Yo soy el Señor”» (Catecismo Romano, 3, 2, 4). Continua SS BXVI: ¿Qué respuesta espera Dios de nosotros? La indicación que acabamos de recibir en la proclamación del texto bíblico es apremiante: es preciso ante todo ponerse a la escucha. No una escucha pasiva e irresponsable. Los israelitas comprendieron bien que Dios esperaba de ellos una respuesta activa y responsable. Por eso prometieron a Moisés: "Nos dirás todo lo que el Señor nuestro Dios te haya dicho y nosotros lo escucharemos y lo pondremos en práctica" (Dt 5, 27). Por tanto querido hermano y hermana, es, pues, necesario escuchar siempre lo que Dios nos dice, a través de una autoridad como La Iglesia Católica que Dios fundó para saber cómo ponerla en práctica Sus Mandamientos, ya que la guía de los superiores y eruditos siendo de ayuda para la orientación en toda carrera profesional y laboral, ¿cuánto más no lo será para la vida espiritual, cuándo la instrucción viene de La Autoridad que Cristo delegó desde Pedro? Ya en El Antiguo Testamento dice: "Nos dirás todo lo que el Señor nuestro Dios te haya dicho y nosotros lo escucharemos y lo pondremos en práctica" (Dt 5, 27); es decir, que el pueblo es obediente porque quiere escuchar Los Mandamientos de Dios y no solo ello, sino, que lo va a poner en práctica, pues, Dios ya había decretado: Escucha Israel, y todo el pueblo respondió: Escucharemos y lo pondremos en práctica. Ya Moisés había dicho y lo escuchamos en La Primera Lectura: «para que los cumpláis en la tierra» Y luego: Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos»… pues, Los Mandamientos de Dios, cuando son cumplidos en su integridad, no chocan con los derechos de los demás cuando es interpretado en la verdad Única y Universal, por ello añade: que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: "Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente. Por eso es que Él pide en El Primer Mandamiento: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas." Esperando la respuesta del hombre, que si es que manifiesta que ama a Dios, es porque por su propia voluntad se somete a cumplir lo que Dios manda, y lo hará de la misma manera con que Dios le pide que lo ame, con todo tu corazón, es decir, con todo tu amor; con toda tu alma, que unida el alma y al cuerpo, el hombre, en efecto, se está entregando a Dios completamente, para que el alma que fue creada por Dios a Su imagen y semejanza, sea obediente a Sus Mandamientos; y que amando a Dios con todo el amor que tiene el hombre, con toda su alma, lo haga con todas sus fuerzas; es decir, que se entregue totalmente a Dios, como una donación gratuita; y producto de esa obediencia, Dios lo perfeccione, lo haga santo, y el hombre pueda por gracia unirse en La Eternidad a Su Dios Quien lo creó. El salmo de hoy reza muy concorde: Glorifica al Señor, Jerusalén; / alaba a tu Dios, Sión: / que ha reforzado los cerrojos de tus puertas; es decir, nos explica Olegario Gonzáles de Cardedal (Sacerdote, Teólogo): La gloria que es la Traducción de la palabra hebrea: Kabod. Kabod es sinónimo de peso, honra, alma, lo que da prestigio, lo que constituye a alguien en importante, la riqueza, la fuerza. La gloria por consiguiente «nada tiene que ver con la fama que tenemos o esperamos de los otros,» sino con el peso real, la interior entraña propia, la personal riqueza que podemos comunicar a los demás, revelar, hacer resplandecer, mostrar activa y transformadora en la historia. Y hablar de la gloria de Yahvé significa hablar de la realidad misma de Dios manifestándose al hombre en resplandor, bien mediante los fenómenos atmosféricos o bien mediante gestas históricas para ayudar y salvar a su pueblo. La gloria de Dios es por tanto el poder, la majestad, la riqueza y la vida de Dios que manifiesta al hombre, dándosele en su historia. Gloria que no se puede tocar y es indomesticable, porque es el resultado de la libertad absoluta de Dios, de su misteriosa elección de unos hombres y de su pueblo... Esa gloria de Dios, que es presencia, peso y esplendor a la vez, se deja sentir sobre todo en el acontecimiento histórico y en la vida personal de Cristo. Por tanto hermanos, si la gloria es el peso, honra, alma, lo que da prestigio, lo que constituye a alguien en importante, la riqueza, la fuerza. Es, pues, necesario que la gloria que el hombre tiene porque ha venido de Dios para el hombre, debe ser entregado a Dios, porque nos recuerda Él que lo amemos con todo nuestro corazón, alma y con toda tus fuerzas; es decir, que toda nuestra gloria que Dios nos va entregando por nuestra vida de santidad, toda nuestra riqueza, que todo lo que poseamos se lo entreguemos a Él ¿Cómo? Con el Segundo Mandamiento que Dios que Es Jesucristo nos dio: «Amar a nuestros hermanos como a nosotros mismos»; es decir, que nos entreguemos totalmente los unos a los otros; confrontado con lo que nos dice: «nadie tiene más amor que el que da la vida por sus hermanos»… y también: Ámense los unos a los otros como Yo los he amado. Y ¿Cómo nos amó Él? Él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta la muerte. Jn. 13, 1. Humillándose hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Ef. 2, 8. Y en otro lado: Ustedes son mis amigos si hacen lo que Yo les mando. (Jn. 15, 14) De esta manera, Dios nos quiere Suyos como dice el salmista: «ha bendecido a tus hijos dentro de ti.» es decir, dentro de Sión, que era La Morada de Dios, y ya que también nosotros somos La Morada del Señor, porque somos templos del Espíritu Santo. Y precede el salmista: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas; es decir, que Dios nos ha glorificado con los cerrojos de Sus Mandamientos y con Su Hijo Jesucristo para que se refuerce toda nuestra puerta, es decir, todo nuestro ser: alma y cuerpo, y sea de donación total para Dios. Del mismo modo, Cristo nos indica: "No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud." Y la dio al extremo, en su totalidad, hasta llenarlo todo por completo en el tiempo culminante y en su hora central: La Cruz. En consecuencia queridos hermanos y hermanas, Dios nos dio Mandamientos y Cristo los lleva a su plenitud, y Él Mismo exhorta: "El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. En donde si el hombre se salta uno solo de los preceptos y estos son de materia leve o en grado capital, será el menos importante para Dios, y si no es importante para Dios, puede aún y necesita ser importante para Dios, pasando por una etapa de Purgatorio, donde el alma purificada logra la semejanza a Dios, y así Dios puede verte con atracción e importancia y logres El Reino de Los Cielos. Pero quien se salte uno de los preceptos en materia grave; es decir, en pecado mortal, ése sí que no será importante «nunca» en El Reino de Los Cielos, pues, tendrá La Condena Eterna. Y añade: Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos." Porque hermanos y hermanas, afanándote en cumplir los preceptos de Dios, y más aún lo enseñes, por tu obediencia, humildad y mansedumbre, muestras tu amor a Dios y a tus hermanos, porque quieres que ellos se salven y Dios sea glorificado por ello, por lo que Las Puertas del Reino de Los Cielos estarán abiertas para que seas grande; es decir, que goces de La Grandeza de Dios que te otorga La Vida Eterna. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En el nombre del Padre, etc.

  40. -19

    El Perdón

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: El arrepentimiento tiene en sí el reconocimiento que el hombre ha estado en error y que necesita de Dios a quien se dirige pidiéndole una gracia; pues, ¿por qué más se debe arrepentir alguien? El hombre reconoce su mal proceder y pide perdón, luego es necesario que pida la gracia de poder evitar toda ocasión de pecado, porque el hombre, en efecto, que ha caído una y otra vez sabe que al haber estado sin Dios ha sido más frágil en su proceder, o bien se reconoce miserable pecador porque Dios le da vistas de su error, donde Dios lo puede hacer por Su propia determinación y misericordia, o solo por la oración de intercesión de muchos que piden por el pecador. Si el pecador no se arrepiente, no es que Dios no haya contestado la oración de intercesión, sino, que el pecador por su propia voluntad no se ha querido arrepentir. Pues, Dios siempre está tocando la puerta, pero es la soberbia del hombre que no quiere aceptar con humildad su error. Cuando el hombre se da cuenta de su error sabe que está necesitado, porque con Dios que Es Todopoderoso, el hombre, efectivamente, tiene el favor de Dios, y con ello logra el «adicional divino» para su vida, lo que muchos pueden llamar lo que en empresa se conoce como el valor agregado; pues, la vida de quien está en estado de gracia, es decir, en perseverancia de vida penitencial, tu vida tiene un valor adicional: La gracia de Dios, aquella que se pierde cuando el hombre entra en pecado mortal. Veamos, pues, como en La Primera Lectura reza Azarías: "Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. " Pues, los israelitas habían sido triturados por su imperio por El rey Nabucodonosor, un rey que fuera el más desalmado de la tierra y que el pueblo de Israel fuera sometido a su reino por las injusticias de los antiguos gobernantes del pueblo israelita y por las perversiones de sus habitantes. Dios dio el aviso con Jeremías, pero no hicieron caso. Dios les quitó Su gracia bendita y el pueblo israelita, éste pueblo judío en Quien Dios había tenido el privilegio de mirarlos como a Sus escogidos, ellos, no tuvieron reparo en desobedecer a Dios, por ello Dios les quitó la gracia y cayeron en poder de Nabucodonosor. Por ello dice antes La Primera Lectura de Daniel: «Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados.» El hombre puede haber caído en la peor ruina, pero puede alcanzar la misericordia de Dios con un corazón arrepentido y humillado, por ello dice La Primera Lectura: «En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia.» «Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde… Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados.» El hombre, efectivamente, sabe que necesita de Dios y busca Su piedad para que todo redunde en La Gloria del Padre, por ello añade: «Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor. Trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor.» Y el salmo continúa: El Señor es bueno y es recto, / y enseña el camino a los pecadores; / hace caminar a los humildes con rectitud, / enseña su camino a los humildes. / Señor, recuerda tu misericordia. Luego del arrepentimiento llega el perdón, ese don bendito de Dios que nos reconforta y nos hace llegar a Su presencia Real cada vez más de una manera más plena. Pero hay una lógica en el perdón, que hay que perdonar si me ofendieron, y Pedro hace abre una interrogante: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?" Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.» Es decir, que Pedro pregunta si el perdonar siete veces es suficiente, porque significa perdonar perfectamente a relación del número siete que significa perfección, por tanto nos quiere decir que perdonar siete veces es perdonar de corazón. Pero la respuesta del Señor Jesús va más allá de ello, quiere más de nosotros, es que se debe perdonar muchísimas veces más, es decir, cada vez que el hombre te ofenda, tienes que tener propósito de perdonar siempre que él te ofenda. Puede haber un contrasentido en la situación de no elevar un juicio ante las autoridades cuando se trata de una herencia o cualquier litigio. Lo que aquí se trata es de hacer prevalecer el orden y la justicia de las cosas, pues, el buen Dios nos ha dado en el mundo hombres con dones y virtudes respecto de las leyes para que nos ayuden a mantener el orden y la justicia. Además, proceder ante la justicia entablando una demanda, nos da la ocasión de que el hermano que está en error haciéndonos un daño u obrando de mala fe, tenga que ser reprendido por quienes aplican la justicia en el mundo. De esta manera, el hombre de mal proceder deberá tener su sanción y le servirá de ejemplo para que no vuelva a tomar decisiones equivocadas y de mal corazón, que lo que produce es la injusticia en los pueblos. Así que entablar una demanda, ayuda al que está en error y corresponde a una de las obras de misericordia que Dios nos pide y que la Santa Madre Iglesia nos exhorta: 1. Enseñar al que no sabe: Para que a través de la sentencia, el que no sabe aprenda. 2. Dar buen consejo: Porque antes de entablar el juicio se debe proceder con la corrección fraterna, aconsejando lo que está bien a quien está cometiendo una injusticia contra nosotros. 3. Corregir al que está en error: Pues el que te ofendió, antes, durante y después del juicio, estando en error, goce la corrección en cualquiera de los momentos: antes, durante y después. 4. Perdonar las injurias. Porque en todo momento, antes, durante y después del juicio, debemos ser tolerantes y perdonar cuantas veces nos injurie, ¿Cuántas veces? Responde El Divino Maestro: Hasta setenta veces siete. 5. Consolar al triste. Para que quien nos hizo mal, finalmente si reconoció su error y entró en razón de que estaba equivocado y que por ello se siente triste, pues, reconoció su error y está pronto a la conversión a Dios. Y por el perdón que le podamos expresar por el mal que nos hizo, escuche de nosotros nuestro consuelo. 6. Sufrir con paciencia las molestias de nuestro prójimo: Pues en todo momento de un juicio o un personal aclare de cuentas, debemos sufrir cuanto nos molestaron, del mismo modo que Dios sufre con paciencia hasta ahora los pecados del mundo, en donde también están nuestros pecados pasados que también lo hicieron sufrir. 7. Rogar a Dios por los vivos y por los muertos: Pues, es necesario que en todo el proceso de un juicio o de un aclare de cuentas, debemos pedir a Dios que no solo nos ayude, sino que debemos pedir para que el injusto logre su conversión, o encuentre la verdad si es que es converso pero su antagonismo con nosotros es producto de error, y Dios le de la gracia de que encuentre la verdad y también para que Dios nos de la gracia (a los que están en la verdad) a que encontremos soluciones que ayuden al problema suscitado. Por ello hermanos, nuestra limosna no solo debe ser de dinero, sino también del perdón, porque la limosna es lo que se da por amor a Dios para socorrer una necesidad, y que en este caso, el hombre, en efecto, debe dar el amor del perdón. Ya nos dice San Agustín: «Dad -dice- y se os dará. ¿Hay cosa más auténtica y más justa que quien se niega a dar, él mismo se defraude y no reciba nada? Si se comporta con desfachatez el agricultor que va a buscar la cosecha donde sabe que no sembró, ¡cuánto mayor no es la de quien busca la riqueza de Dios para que se la dé, después de no haber querido él escuchar al pobre que le pedía! Dios, que no sufre hambre, quiso, no obstante, ser alimentado en la persona del pobre.» SS Benedicto XVI (Carta Pastoral 2010 a Los Católicos de Irlanda): Os exhorto a examinar vuestra conciencia, a asumir la responsabilidad de los pecados que habéis cometido y a expresar con humildad vuestro pesar. El arrepentimiento sincero abre la puerta al perdón de Dios y a la gracia de la verdadera enmienda. Debéis tratar de expiar personalmente vuestras acciones ofreciendo oraciones y penitencias por aquellos a quienes habéis ofendido. El sacrificio redentor de Cristo tiene el poder de perdonar incluso el más grave de los pecados y de sacar el bien incluso del más terrible de los males. Al mismo tiempo, la justicia de Dios nos pide dar cuenta de nuestras acciones «sin ocultar nada.» Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia, pero «no desesperéis de la misericordia de Dios.» Queridos hermanos y hermanas: Examen de conciencia para reconocer con responsabilidad los pecados y miserias que están en nuestras almas que nos ponen a disposición de seguir cometiendo fatalidades contra Dios, nuestro prójimo y contra nosotros mismos. El arrepentimiento sincero abre la puerta al perdón de Dios y a la gracia de la verdadera enmienda… pues, si ya te arrepentiste de corazón, Dios que sondea tu corazón, en efecto, sabrá perdonarte y te dará la gracia para que corrijas tu vida, que puedas seguir reconociendo en todo momento de tu vida tus errores, para que en el momento de tu error, puedas por tu propia voluntad no cometer el mismo error; pero si aún lo cometiste, tengas la disposición de enmendar tu error buscando a tu hermano para pedirle perdón por tu error. Y así como para pedir el perdón de Dios por aquél error cometido. ¡Eso es saber enmendarse! La justicia de Dios nos pide dar cuenta de nuestras acciones sin ocultar nada… Pues, Dios que es El Único que sondea los corazones verá si le ocultas algo que le faltes decir. Por ello, el Sacerdote no escuchará lo que tú le ocultes en el confesionario, pero Dios si lo sabrá, y así tú digas engañe al Sacerdote, a Dios no lo engañaste. Y ¿cómo es que el Sacerdote te absuelve si él no conoce tu corazón? Dirán quienes no creen en La Confesión Sacramental. A ello respondemos: Que Jesucristo instituyó éste Sacramento: Jn. 20, 23: Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan». Jesucristo que Es Dios no se puede equivocar; Él Mismo eligió a doce pecadores: Uno lo traicionó, 11 se fueron corriendo y lo abandonaron, Su Vicario San Pedro lo negó aunque lloró amargamente, y uno solo, tan solo uno se quedó al pie de La Cruz, y no decía nada, porque si decía algo, ya no serían tres cruces, sino cuatro cruces, pero todo estaba escrito: Solo Cristo tenía que morir por nosotros. Por tanto, que el pecador esconda su pecado y no lo confiese en la Confesión Sacramental y el Sacerdote absuelva al pecador, no es error de Dios, es error del pecador que omite la confesión del pecado, pues éste se pone en mayor condena, porque nos dice el Apóstol: 1 Cor. 11, 27-31: Por eso, el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Que cada uno se examine a sí mismo antes de comer este pan y beber esta copa; porque si come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación. Por eso, entre ustedes hay muchos enfermos y débiles, y son muchos los que han muerto. Si nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos condenados. Bien nos dice San Pedro Crisólogo, Obispo, sobre la misericordia de Dios, cuando el hombre se dispone a entregar misericordia: El que ayuna que procure entender el sentido del ayuno: que se haga sensible al hambre de los demás, si quiere que Dios sea sensible a la suya; si espera alcanzar misericordia, que él también la tenga; si espera piedad, que él también la practique; si espera obtener favores de Dios, que él también sea dadivoso. Es un mal solicitante el que espera obtener para sí lo que él niega a los demás. Hombre, sé para ti mismo la medida de la misericordia; de este modo, alcanzarás misericordia del modo que quieras, en la medida que quieras, con la presteza que quieras; tan sólo es necesario que tú te compadezcas de los demás con la misma presteza y del mismo modo. Hagamos, por consiguiente, que la oración, la misericordia y el ayuno sean los tres juntos nuestro patrocinio ante Dios. Por tanto querido hermano y hermana, nos es de mucha conveniencia perdonar para ser perdonados, tener misericordia con los demás para que Dios tenga misericordia con nosotros, porque bien exhorta El Divino Maestro: Mat. 23, 25-26: Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo... Y confrontado con El Sagrado Evangelio de hoy: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano." … Ciertamente dan con la revelación de la existencia del purgatorio, donde se pagan los pecados cometidos sin haberlos confesado y reparados en una vida religiosidad sincera. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En el nombre del Padre, etc.

  41. -20

    "Jesús, no ha sido enviado únicamente a los judíos"

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: La Liturgia del día de hoy nos manifiesta la curación de una enfermedad en La Primera Lectura, la misma que es recordada por El Señor Jesús en El Sagrado Evangelio. Tenemos en cuenta, pues, que en tiempos de Jesús el pueblo Judío había sido asolado por una cantidad enorme de enfermedades: leprosos, ciegos, sordos, paralíticos, etc. y se tenía en cuenta en ese tiempo que el tener una enfermedad sería una consecuencia de un pecado cometido por el mismo enfermo o por los padres de éste. Por tanto, el hecho de que en tiempos de Jesús existan muchas enfermedades y por lo que nos dice El Divino Redentor: "Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra"… es porque los profetas siempre pedían la conversión de sus gobernantes y de su pueblo para que libraran del enojo de Yaveh, ya que nos dice: «cuando estuvo cerrado el cielo» es decir, que El Corazón de Dios estaba cerrado para el pueblo israelita por su alejamiento constante, y sus corazones endurecidos muy pocas veces escuchaban y enardecidos por sus soberbias por la voz de reclamo del profeta acerca de sus injusticias e impiedades, atentaban contra los profetas y a muchos los mataron. Y cuando habla de la viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón y de Naamán, el sirio, y sus respectivas curaciones, es porque al ver Dios la fe que ellos tenían hacia Él, aún siendo extranjeros, ellos, efectivamente, fueron más piadosos y creyentes que el mismo pueblo Judío. Es, pues, por éste motivo que los judíos se enardecen contra Jesús, ya que Él les da a entender a los judíos que son un pueblo de corazón extraviado y que no buscan realmente a Dios, ya que si lo hubiesen hecho, no habría la cantidad frecuente de enfermos que tenía el pueblo de Israel en ése entonces. La enfermedad del cuerpo en los judíos de entonces es exteriorizada de alguna manera por Dios, a manera de castigo divino por la enfermedad del alma. Era, efectivamente, una señal para que el hombre cambie de actitud, así como a la viuda de Sarepta y Naaman el sirio que creyeron en el Dios de Israel, aun siendo ellos mismos extranjeros. Cuanto más hubiese querido Dios sanar a Sus hijos, pero ellos no han cambiado sus corazones. En “ocasiones” Dios puede valerse de una enfermedad o de la pérdida de un ser querido para que el hombre busque a Dios, pues sin la calamidad, el hombre en “ocasiones” vive muy apartado de Dios. Por tanto, si Dios permite una enfermedad o no la cura aún cuando el hombre a las lágrimas lo pida, es porque efectivamente, Dios conocedor del futuro, sabe que el hombre después de sano se perderá y dejará su vida de arrepentimiento y de piedad. Y tengamos en cuenta que Dios no permite una enfermedad o algo parecido en represalia o porque necesita que el hombre se acerque a Él. Si nosotros no rezamos, no vamos a La Santa Misa, y no nos acercamos a Dios, Dios seguirá Siendo Dios; Él no necesita de nosotros para que siga existiendo, nosotros somos los que necesitamos de Dios para salvarnos. Por tanto, el hombre necesita de un cambio de dirección en su caminar para que pueda encontrar la razón de su vida, para qué está puesto en este mundo, que pueda reconocer que si no se acerca a Dios está llevando una vida errada, y ello ciertamente lo va ir arrastrando a una serie de imperfecciones que hagan de él un hombre indigno de la presencia de Dios, porque un pecado va arrastrando a otro. Así como quien no trabaja es porque ha calado en él la ociosidad, y de ella se desprenden los diferentes vicios como el robo y la estafa: porque el que no tiene dinero por trabajo, busca obtenerlo por otros medios fáciles. Así mismo la codicia, porque el hombre al no tener dinero o algo material de necesidad, anhela lo que otro si tiene por su esfuerzo. Lo propio con la gula, pues, el hombre al estar de ocioso busca que hacer algo tal como en la comida y se da en esta al exceso, porque está acostumbrado al exceso del descanso que es la ociosidad; es decir, se excede en estar de flojo y por la costumbre del exceso en lo malo, cuando ejerce otro mal hábito lo vuelve un vicio al excederse en ése mal hábito también. Y así todo vicio tendrá su fuente en la ociosidad, porque el hombre, en efecto se acostumbró al exceso de la pasividad y buscará en todo lo malo también llegar al exceso, pues, está acostumbrado al exceso de lo malo. Del mismo modo, el pueblo judío se apartó del Corazón de Dios y entró en ellos el vicio de muchos hábitos malos, en donde destaca la soberbia, ya que el solo hecho de escuchar la voz de ellos que les anunciara sus perversiones y sus próximos castigos si no cambiaban sus conductas, más aún que era Dios Quien les pedía estos cambios; era para ellos una ofensa, sobre todo a los reyes, quienes no aceptaban sus malos comportamientos que eran a todas luces pecados y ofensas como los maltratos a los pueblos y las adoraciones a otros dioses extranjeros. Era, pues, la soberbia que enceguecía sus corazones y a la vez por sus propias voluntades que no querían aceptar sus errores y el pedido de Dios a través de Sus profetas. Es Cristo Quien más adelante se pronunciará, por aquello que dice: ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste!... En éste pasaje nuestro Señor Jesucristo además de clamar lo que ya había ocurrido en la historia del pueblo de Israel que maltrataba a los profetas, manifiesta también de manera tácita que Él Es Dios, pues dice: ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos!... es decir, que Él quiso en más de una oportunidad reunir al pueblo de Israel porque estaba dividido entre quienes respetaban La Ley de Dios y quiénes no. Pero era Él el que quiso reunir al pueblo; es decir, que Él existía ya en ese tiempo y se manifestaba a través de Sus profetas. Ya en otro pasaje El Mismo Cristo dice: Antes que Moisés existiera, Yo Soy, dándose por declarado Él Mismo como Dios, y son innumerables las veces que El Señor Jesús es manifestado como Dios. El pueblo judío, pero más aún sus autoridades eran quienes se enfadaban con los profetas que Dios enviaba, y Cristo que además de Ser Dios, Es Profeta y Rey, como Profeta fue perseguido, porque dice Lc. 13, 34-35: «En ese momento se acercaron algunos fariseos que le dijeron: «Aléjate de aquí, porque Herodes quiere matarte»… debo seguir mi camino hoy, mañana y pasado, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén. Los profetas como Elías y Eliseo son mostrados como sanadores de enfermedades a personajes extranjeros quienes creían en otros dioses, pero por la fe que mostraban a Yahvé y siendo ésta más que la de su propio pueblo, ellos: La viuda de Sarepta y Naamán, el sirio, merecieron el favor de Dios. Y cuando Jesús manifiesta ello, le está diciendo al pueblo judío y sobre todo a sus autoridades que el pueblo judío tiene la cantidad de enfermos a causa de sus perversiones y sus injusticias, pues, el pueblo recibía la opresión de sus autoridades y a la vez enfermedades como castigos que Dios les había mandado por sus extravíos; además que da el mensaje que no solo el pueblo judío es el que debe gozar del favor de Dios, pues, ya se había manifestado así con los extranjeros Sarepta y Naamán. Y por ello El Reino de Dios debe ser instaurado en forma Universal, así mismo nos lo pidió El Señor Jesús antes y después de Su gloriosa Ascensión a Los Cielos cuando dice: serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra». Hch. 1, 8… En cuanto a los males del mundo que hoy nos aquejan, puede estar pasando hoy, que estando alejados de Dios, no es que recibimos castigos como consecuencia de sus alejamientos, sino, que por sus vidas fuera de «la gracia de Dios», no hay protección plena de Dios, porque justamente han apartado a Dios de sus vidas, y si lo has apartado por tu propia voluntad, Él ya no está para darte la sabiduría necesaria para saber tomar mejores decisiones y no caer en infortunios que los lleven a problemas. Además, la gracia permite que Dios pueda apartar los crímenes y maldades de quienes quieren atentar contra nosotros, a través de Sus Ángeles, Santos, nuestra Amadísima Señora y por el poder mismo de Dios, Quien con un simple gesto aniquila toda posibilidad de atentado contra ti. Y cuando aún ocurre un fatal suceso con quien permanece en a gracia de Dios y perseverante en el camino del Señor, es por dos motivos a según: 1. Porque Dios respeta la libre voluntad del hombre, que en este caso es la del malvado, que si va a proceder con alguna maldad, Dios puede neutralizar su maldad, simplemente porque Dios Es Dios y Él lo puede todo y así lo hará, pero esto no puede ser de manera general para con todos, pues, porque de lo contrario no habrían maldades en el mundo y el mundo dejaría de ser el mundo y no habrían delitos, ni guerras, ni nada malo sucedería, por lo que ya no sería el mundo, sino El Paraíso donde no hay maldad; pero no es así, el mundo sigue siendo el mundo y el hombre actúa con inclinación al mal y Dios respetando su libre voluntad, el hombre decide si se condena o se salva, aunque Dios siempre está dando toques de gracia hasta al pecador más empedernido, por aquello que dice: «donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia»… y como Dios no manipula el corazón del hombre para que solo haga el bien, porque de lo contrario sería el hombre un autómata y sin libre voluntad; por el contrario, Dios deja al hombre que tome su propia decisión, y si ella es hacer el daño a su prójimo, éste le rendirá cuentas el día que deje este mundo. 2. Porque Dios en ocasiones así lo quiere: Porque el hombre puede purificar su alma y la de sus hermanos con los dolores que le causaría ciertas injusticias de los impíos. Ya que el hombre al estar asociado a La Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo, pues, todos somos parte del Cuerpo Místico de La Iglesia donde Jesucristo Es La Cabeza y nosotros Sus miembros como dice El Apóstol, pues, si La Cabeza que Es Cristo Quien también sufrió, todos debemos sufrir, ya que el sufrimiento de Cristo sirvió para redimir: salvar a todos los hombres, y todos los hombres siendo parte del Cuerpo místico de La Iglesia donde Cristo Es La Cabeza, nosotros sentimos algún dolor que sintió Cristo, como lo fue la traición, las ofensas, los golpes, la emboscada, etc.; así como también de los gozos que Dios nos da, por aquello que dice El Apóstol: «¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría. Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo.» 1 Cor. 12, 26-27. Por tanto, siendo el dolor propósito de redención: A. Dios nos purifica de nuestros pecados pasados: Porque es a través del dolor que Dios nos redime purificando nuestras almas contaminadas aun de nuestros pecados de años pasados hasta en los que hayamos incurrido en días pasados. B. De los pecados que cometeremos después hasta antes que dejemos este mundo. Pues, el hombre pecador está pronto a caer en cualquier momento. O de tener alguna necesidad de gracia sobre alguna debilidad y sea el hombre fortalecido y santificado, viviendo una vida ejemplar cumpliendo más y mejor Los Mandamientos de Dios, para lo cual Dios lo podrá hacer por Su propio poder, pero también por los sacrificios y tribulaciones que pasa el hombre. C. Para darnos mayores gozos en La Vida Eterna: Pues a mayor martirio y penas en este mundo, mayor gozo de santidad en El Cielo, ya que así como La Condena Eterna tiene niveles de sufrimiento, porque un asesino en serie, no puede tener la misma intensidad de condena que quien asesinó a un solo hombre. O así como quien cometió cientos de pecados mortales a comparación de quien haya cometido algunos, pero gravísimos pecados. D. Para ayudar a otros hermanos pecadores u otras gestiones que Dios vea por conveniente: Pues Dios puede por cuenta propia y por Su propia gracia puede mover el corazón del pecador más empedernido, pero también es cierto que la oración de intercesión ayuda a que los malvados se regeneren, y de ello dan cuenta las madres angustiadas que piden a Dios clemencia por sus hijos pecadores, para que encuentren su salvación. O para que Dios determine qué hacer en la vida de los hombres según Su Plan de Salvación. O la gracia de algún suceso de santidad como lo son los milagros que han ocurrido en toda la historia de La Iglesia, donde estos milagros pueden manar solo del poder de Dios, sino, también de la vida penitente de los santos y de las tribulaciones de los hombres que sufren aún viviendo en estado de gracia, que puede ser el mismo santo o cualquier otro hombre que está en estado de gracia y también sufre. Por tanto querido hermano y hermana, Dios nos manda ayudas de diferentes tipos, antes con los profetas, y después de Cristo con todos aquellos que bautizados, ejercen las funciones de Cristo: Sacerdote, Profeta y Rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo" (LG 31). Ya exhorta El Divino Maestro: Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia… Es aquí donde El Señor Jesús manifiesta que aún siguiéndolo a Él, estamos llamados a la tribulación a causa de seguirlo. Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a Mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a Mi palabra, también serán fieles a la de ustedes… Dando por sentado que las palabras de Jesús tienen eco en Sus Apóstoles, cuando estos sean fieles a lo que Él les ha revelado, lo que está revelado en Las Sagradas Escrituras y Los Apóstoles eduquen a los cristianos, éstos serán fieles al Magisterio de La Iglesia Si yo no hubiera hecho entre ellos obras que ningún otro realizó, no tendrían pecado. Pero ahora las han visto, y sin embargo, me odian a Mí y a mi Padre, para que se cumpla lo que está escrito en la Ley: Me han odiado sin motivo… Como también odiaron a los profetas del Antiguo Testamento. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, Él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo… nos habla claramente de la función de Los Apóstoles después del Pentecostés y que sirve hasta hora a La Iglesia para que el Sucesor de Pedro: El Papa, así como La Jerarquía siga dirigiendo a La Iglesia por el mundo entero hasta el fin de los tiempos, por ello continúa: Él (El Espíritu Santo) me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes… Sigue anunciando al Espíritu Santo como Quien conduce a La Iglesia a través del Papa …Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: “Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes”… continúa la manifestación del auxilio del Espíritu Santo para La Iglesia. Y más adelante: Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre… De aquí que La Sagrada Tradición y La Sagrada Doctrina de La Iglesia es necesaria para guiar a los fieles ...Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo». Hay sufrimientos queridos hermanos, pero tranquilos, Él ha vencido al mundo. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En el nombre del Padre, etc…

  42. -21

    La Envidia II

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: "Así como el orín consume al hierro, así destruye la envidia a los que llega a poseer. (S. Basilio, de invidia, sent. 7, adié., Trie. T. 3, p. 38!.)" La corrosión del alma la puede producir de manera grave a aquél quien manifiesta envidia por su prójimo, pues, cuando se tiene llega a lograr el odio, que es la antipatía y aversión hacia un hermano, además de desearle el mal. La envidia encaja en el noveno mandamiento: No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo (Ex 20, 17). Tt. 1, 15: Todo es puro para los puros. En cambio, para los que están contaminados y para los incrédulos, nada es puro. Su espíritu y su conciencia están manchados… La pureza, en efecto, es necesaria cultivarla para que el alma del hombre se mantenga en legitimidad con su estado de gracia en la que también se mantiene la pureza, pues, un alma que manifestó impureza ejerciendo el odio, mancha su alma y la retira de la gracia de Dios. Debemos evitar todo tipo de ocasiones que nos acerquen a la provocación y a los altercados, porque en ellos, se es más propenso la discusión y el odio, de donde puede provenir la envidia, porque, cuando se sienten fastidios por una gresca, en ese momento de malas emociones encendidas, puede llegar la envidia, producto de que aquella persona pudo haber hecho o dicho algo que después brote de ti la envidia. Estas cuestiones si no tienen valor de discutirlas, es mejor dejarlas de paso, para que no entre al paso los malos sentimientos. Debemos ante todo tener un espíritu de amabilidad para soportar con paciencia las pruebas que se nos manifiesten, aunque como dice el Apóstol: Se debe reprender con dulzura a los adversarios, teniendo en cuenta que Dios puede concederles la conversión y llevarlos al conocimiento de la verdad, haciéndolos reaccionar y librándolos de la trampa del demonio que los tiene cautivos al servicio de su voluntad. 2 Tim 2, 25-26. (S. Greg. de Nisa, de cita moris, sent. 4, adic.. Trie. 4, 4, p. 357.): El envidioso no es infeliz por sus propios males, sino por los bienes ajenos: por el contrario, no cuenta por felicidad su propio bien, sino el ajeno mal. La infelicidad y los propios males que causa la envidia tienen como origen el bien del prójimo. La felicidad que manifiesta el hombre, causa a otro esa desazón de ver que no ocurre lo mismo con él, en ocasiones puede ser el mismo complejo de inferioridad o el mal momento por el que pasa, que contrastado con la felicidad de alguien, desea ese bienestar pero con un apetito desordenado. Se enciende la cólera contra el hermano, esperando su ruina, porque desea verlo en la misma miseria que él arrastra. Este tipo de sentimientos es lo que según los santos han revelado a su tiempo, que las almas en el infierno y los mismos demonios, desean con todas sus potencias que nosotros los hombres, caigamos en la condena eterna para que vivamos la misma amargura de los tormentos que ellos viven. Ese es el odio máximo que existe, porque sus malos sentimientos son eternos, ya son almas condenadas por donde no asoma ni un pequeño susurro de gracia, como si lo puede sentir si quiera, el más miserable pecador en este mundo, por aquello que dice en Ap. 22, 3: Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye Mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos. Y el pecador responde lo del Salmo 118, 20: «Esta es la puerta del Señor: sólo los justos entran por ella». (S. Juan Crisóst., Hum). 31, c. 12, sent. 31o, Trie. T. 6, p. 368.): El envidioso no puede tener entrada en el reino de los cielos: y aún en este mundo se puede decir que su vida no es verdadera vida, porque no roen tanto los gusanos, ni comen tanto un madero como la calentura que la envidia penetra, consume hasta la médula de los huesos. "Sola la infelicidad no tiene envidiosos. (S. Bern., Serm. 5, de verb. Isai.. senl. 131, Trie. T. 10, p. 330.)" "El mismo Santo Doctor, dice, que la envidia es la lepra del alma: destruye el buen sentido, quema las entrañas, agobia el espíritu de pesar, roe el corazón como un cáncer, aniquila todos los bienes con sus emponzoñados ardores. El envidioso cómele un pecado envidiando a los demás. ¡Oh envidiosos que codiciáis la felicidad ajena, no destruyáis la vuestra!: porque si la muerte espiritual acompaña siempre a la envidia, no podéis a un mismo tiempo envidiar y vivir. (Cant. VIII, 6, Barbier, T. 2, p. 125.)" Por Cristo, el hombre, en efecto, ha conocido el amor, porque Él ha crucificado en el madero el pecado del hombre, dio muerte al odio en Su carne. Ef. 2, 16. Y también dice. Pero ahora, Él los ha reconciliado en el cuerpo carnal de Su Hijo, entregándolo a la muerte, a fin de que ustedes pudieran presentarse delante de Él como una ofrenda santa, inmaculada e irreprochable. El salmo nos dice de la actitud del envidioso: Le trabaron los pies con grillos, / le metieron el cuello en la argolla. Pero la justicia de Dios se manifiesta: El rey lo mandó desatar, / el señor de pueblos le abrió la prisión, / lo nombró administrador de su casa, / señor de todas sus posesiones. Y El Señor pide al redimido: Recordad las maravillas que hizo el Señor. "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente" Esta es la obra de los malvados que no dan tregua a la santidad, porque ven en sus miserias el trastorno y la inmovilidad de sus mejorías, comparado al bienestar que muestran aquellos que se logran en el santo caminar que Cristo mostró. El corazón endurecido del judío de entonces no había conocido personalmente El Amor de Dios, por ello, es que manifestaban un reino discordante al Reino de Los Cielos que Dios quiere instaurar en medio de los hombres, y que ya se ha logrado con el excelso y santo ejemplo insuperable de Jesucristo nuestro Señor. Los arquitectos, los judíos antiguos que edificaban un reino injusto habían desechado La Piedra Angular que Es Cristo, pues, bien nos dice El Apóstol: Ustedes ya no son extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo. (Ef. 2, 21-22) De donde también conocemos que se inicia en Cristo el pontificado, donde Él Es El Sumo Pontífice, Quien después delega a Pedro como Su Representante, por ello dice: «Ustedes están edificados sobre los apóstoles». Éste es el nuevo Reino de Cristo, el que Él ha instaurado ya y que se descubre en el renacimiento de cada bautizado y cada convertido, para hacer nuestros corazones semejantes al de Él, Es nuestra Iglesia y más aún La Iglesia de Dios la que da los frutos que el mundo necesita para lograr un Reino en el que Cristo Rey gobierna en los corazones de los hombres. Un reino de Amor En La Verdad, y que ya no más seguiría con los judíos poseídos de corazones de piedra, pues, así mismo dice El Divino Redentor: "Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos." Este pueblo que produce frutos y que son frutos de santidad que el mundo necesita, este pueblo es El Pueblo de Dios: La Iglesia Católica. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En el nombre del Padre, etc…

  43. -22

    El Santo Abandono y El Infierno

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: El santo abandono requiere de una fe de mucho arraigo, de mucha entrega por el avance de la santidad en nuestras vidas y que es producto de la perseverancia constante y creciente, pues, con una vida espiritual de mucha entrega, Dios Buenísimo nos otorga la gracia que más necesitamos. Esta gracia, en efecto, será entregada por nuestras peticiones si es para el bien de nuestras almas y mayor gloria de Dios. El santo abandono es la renuncia “total” de ti mismo en la que entregas tu propio dominio o posesión de todos tus bienes para entregárselos a Dios. En cuanto que es una renuncia “total”, es referido a que tu destino con todo tu ser alma y cuerpo es donado a Dios. Aunque el hombre, en efecto, no pierde realmente todo su ser, pues, por propia voluntad actúa para sus menesteres en su vida cotidiana y va usando su inteligencia para desplazarse a hacer cuanto necesita, y ello desemboca en aciertos y desaciertos. En cuanto que tiene aciertos en el Santo Abandono decimos que el hombre puede tenerlos por propia voluntad y por su propia inteligencia y sabiduría que aunque Dios se la dio, el hombre por propia voluntad llevó a cabo un suceso, pero esta voluntad es la que está sometida a La Divina Voluntad, por lo que el hombre actúa según el querer de Dios, pero por la libre voluntad del hombre que ha deseado someterse a los designios que Dios tiene preparado para él. Si bien es cierto el hombre tiene su propia voluntad, y todo cuanto haga es su propio mérito, no es menos cierto que el hombre puede actuar mejor por la guía de Dios; es decir, que Dios le manifiesta las gracias que le hombre necesita en cada momento de su vida para que el hombre tome mejores decisiones y decisiones según el Plan que Dios tiene específicamente para él. Pues, teniendo Dios un Plan de Salvación – general – para la humanidad, lo hace específico para cada hombre; como si fuera una denominación en marketing del one to one: el uno a uno, en donde la empresa le da un servicio personalizado a cada cliente dentro de los más importantes, algo que no puede hacerlo con todos los consumidores. En cambio Dios que Es Todopoderoso ejerce este “one to one: el uno a uno de servicio personalizado con cada uno de Sus hijos que se lo pidan, con cada uno de los miles de millones de hombres que hay en el mundo. Ninguna empresa transnacional y ningún magnate lo podría hacer. Esto es lo maravilloso de Dios, ¡Todo Un Dios Omnipotente al servicio del minúsculo hombre! Y esto es lo que el hombre se pierde: Que pueda ser guiado por Dios. Nada más y nada menos que eso. Pero el hombre ensimismado en su arrogancia y orgullo, no apela a ello y se arroja al mundo a buscar sus propios e insignificantes designios. Ese es el atrevimiento del hombre que es por así decirlo: Como la minúscula parte de la millonésima de un grano de arena del mar. ¿Quién podría más, el hombre o esta minúscula parte de la arena? A todas luces que el hombre por su mayor capacidad, pero si la minúscula parte del grano de arena tuviera capacidad para hablar y dijera que puede más que el hombre, ¿qué podríamos pensar nosotros los hombres de ellas? Efectivamente, que ellas son orgullosas a más no poder. Así el hombre por soberbia ha apartado a Dios de su vida y piensa que todo lo puede afianzado en sí mismo y en la interrelación con los demás, que de algún modo le darán las satisfacciones efímeras de este mundo. Por ello dice hoy en La Primera Lectura el Profeta Jeremías: "Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor". En cuanto que maldición es la reprobación de Dios hacia el hombre, que en este caso solo confía en él y no en Dios. Y el hombre mismo se maldice porque se aparta de Dios por su soberbia, por lo que el hombre se convierte en ruin y miserable ante los ojos de Dios, porque ha perdido todo lo contrario que gana el hombre que se fía en Dios: Su bendición. Por tanto quien confía en sí mismo está maldito, es decir, es miserable porque se ha alejado de la gracia de Dios, y quien no está en gracia de Dios, ciertamente es un alma muerta y condenada; esto sin ánimo de dar un mensaje apocalíptico pero que es totalmente cierto. Aunque hay quienes dirán de nosotros que somos fanáticos y que exageramos con posturas de condena, como lo hacen muchos critianófobos y quienes se han alejado de Dios y en consecuencia no llevan una vida espiritual, y justamente porque no son perseverantes en la gracia, la pierden y pierden el carácter de la acción de Dios en nosotros... de la presencia activa de lo que es «más que nosotros», porque la gracia es un don gratuito y gozoso que Dios nos da. Por tanto, decimos de quienes nos tildan de exagerados y fanáticos, que ellos lo son, que son exagerados en no creer que deben vivir en la gracia de Dios, más aún, vivir en La Divina Voluntad que Dios ha preparado para ellos, y que ellos, efectivamente, son los fanáticos que hablan toda cosa contraria a lo que nosotros creemos. Más aún con quienes habiendo mantenido un caminar cerca a Dios y a La Iglesia Católica se han alejado, porque ellos pudiendo investigar a fondo su fe se han alejado sin más ni menos, y han preferido otras doctrinas y a éstas si estudiarlas a fondo, o lo que es peor aún, que sin estudiarla incisivamente creen tener fundamentos sólidos que solo se caen como un castillo de naipes. Estar fuera de la gracia de Dios es hacer del alma una execración, es decir, que el ser: el alma y cuerpo, pero sobre todo el alma pierde el carácter sagrado con el que fue creada, por una conducta de profanación, es decir, que trata el alma que es sagrada sin el debido respeto, y la aplica a usos profanos, que puede ser cualquier tipo de pecado mortal. Esa alma se ha logrado deslucir, desdorar, deshonrar, se ha prostituido en cualquier tipo de pecado que ofende gravemente a Dios. Así, un alma que se ha retirado de la presencia de Dios cometiendo un pecado grave está maldita si muere sin la reconciliación, algo que por cierto solo Dios podrá conocer, porque bien dice La Primera Lectura: "Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta, según el fruto de sus acciones." El CIC 154 No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por Él reveladas. Ya en las relaciones humanas no es contrario a nuestra propia dignidad creer lo que otras personas nos dicen sobre ellas mismas y sobre sus intenciones, y prestar confianza a sus promesas (como, por ejemplo, cuando un hombre y una mujer se casan), para entrar así en comunión mutua. Por ello, es todavía menos contrario a nuestra dignidad «presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela» (Concilio Vaticano I: DS 3008) y entrar así en comunión íntima con Él. (Santo Tomás de Aquino, S.Th., 2-2, q. 2 a. 9; cf. Concilio Vaticano I: DS 3010). En la fe, la inteligencia y la voluntad humanas cooperan con la gracia divina: «Creer es un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia». Por ello querido hermano y hermana, El santo abandono tiene sus frutos, porque recibe de Dios todo cuanto Dios Omnisciente vea por conveniente para Su hijo, y es que así nos dice el salmo hoy: "Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor." Será como un árbol / plantado al borde de la acequia: / da fruto en su sazón / y no se marchitan sus hojas; / y cuanto emprende tiene buen fin. Dice El Señor. Es, pues, el infierno, también aquello en que muchos no creen, porque quien ha perdido su fe, ha perdido la fe en toda revelación. El infierno es ausencia de Dios. "Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él" (1 Jn 3, 14-15). CIC 1033: Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra "infierno". "Gehenna" y el "fuego que nunca se apaga" (cf. Mt 5,22.29; 13,42.50; Mc 9,43-48) cf. Mt 10, 28: 28 No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. Jesús anuncia en términos graves que "enviará a sus ángeles [...] que recogerán a todos los autores de iniquidad, y los arrojarán al horno ardiendo" (Mt 13, 41-42: El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes), y que pronunciará la condenación:" ¡Alejaos de mí malditos al fuego eterno!" (Mt 25, 41). Hoy El Sagrado Evangelio nos dice sobre El rico Epulón y el Pobre Lázaro: Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Es decir, que al mendigo lo llevan al Cielo, y al rico impío (falto de piedad) cae en la fosa (lo enterraron), por aquello que dice en el salmo 94, 12-13: Feliz el que es educado por ti, Señor, aquel a quien instruyes con tu ley, para darle un descanso después de la adversidad, mientras se cava una fosa para el malvado. El rico Epulón dice: «manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.» Por este pasaje bíblico y los precedentes, se deja asentado en La Iglesia sobre el fuego que existe en el infierno: «Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Para que así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra mereceremos entrar con Él en la boda y ser contados entre los santos y no nos manden ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde "habrá llanto y rechinar de dientes"» (Constit. Dogm. LG 48). Pero Abrahán le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. En donde los bienes del mundo arrastraron al rico Epulón hacia la condena, al punto que no tuvo misericordia del pobre Lázaro que se alimentaba de las migajas que caían de la mesa del rico, e indolente, el rico, no hacía nada, aun cuando veía que al pobre los perros le lamían las heridas. No tuvo misericordia de alto grado, por lo que su pecado cae en materia grave. Si no se da una limosna y caridad siendo solo en materia leve, según el sentir el corazón del hombre y según Los Mandatos de Dios y de Su Iglesia, puede ser pecado venial o capital, pero es mejor no asomar si quiera a ellos, porque te arrastran al pecado mortal. Así mismo, los males que el hombre pueda recibir, pueden ser materia de purificación si es que se está en «estado de gracia» y se hace «el ofrecimiento de los males» a Dios, recordando que el cristiano lleva una vida de cruz por estar asociado a la pasión y muerte de Cristo, pues, todos formamos un solo Cuerpo que Es La Iglesia. Recordemos también que después de la tribulación existe la gloria, el dolor redime y purifica nuestra alma de los pecados cometidos, así es que el pobre Lázaro achacado de los males tuvo la recompensa del Cielo, mientras que el rico Epulón padece. «Entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.» Es la brecha marcada que hay entre los que están en el infierno y lo que están El Cielo, nadie puede estar en un lado y en otro. Esto en cuanto que debe haber un verdadero propósito de cambio y orden en nuestras vidas, porque de nada serviría las duras penitencias y faenas, así como el martirio de grandes santos de La Historia de La Iglesia. Nadie, pues, haría una vida de desorden con dos o más mujeres, robos, drogas, explotación, trata de blancas y niños peor aún, sexo libertino, estafa, etc. y luego sin más ni más tenga que ir al Cielo, versus quien en una vida espiritual se cansó de hacer obras corporales y espirituales de Misericordia: Ayudar a los pobres, rezar, instruir al que no sabe, etc. manteniendo el ansiado estado de gracia por encima de todo y afanándose por dejar todo lo que ayuda a la degeneración de la humanidad, todo lo que el mundo ofrece como tentación para la profanación y condena de su alma. En otras palabras, en El Cielo, el Santo no puede estar con el pecador empedernido, la víctima no puede estar con su asesino. Decir que si se puede y que no hay problema en tener un affaire, un desliz con otras mujeres de cuando en cuando y cualquier otro tipo de maldad y desorden en materia grave, y ganar El Cielo, es propio de aquél que ha perdido el sentido de la revelación y la enseñanza que Dios nos da, así como que ha perdido el camino de la vida espiritual por aferrarse a la vida terrenal: Dos caminos opuestos. «No harán caso ni aunque resucite un muerto.» Con estas palabras nos manifiesta pues, que ya hoy muchos no han creído en Cristo Resucitado, que ascendió a Los Cielos porque lo vieron 40,000 gentes, y está sentado a La Derecha del Padre. En estos incrédulos pesan sobre ellos las penas que no quisieron creer. Recordemos pues, que un hombre fue a decirle al Santo Padre Pío: Padre, no creo en el infierno, a lo que el Santo respondió: No te preocupes, cuando llegues creerás, cuando llegues creerás. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En el nombre del Padre, etc…

  44. -23

    La envidia y La Virtud de Servicio

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Una cierta manifestación de envidia es la que se manifiesta contra Jeremías, ya que el profeta al declarar la viva palabra de Dios, encoleriza a los hombres de mala fe, aquello que van en contra de lo que Dios manifiesta; pues, ven al profeta que canta sus maldades, todo es verdad y esta verdad cuando es expuesta causa furor, más aún cuando viene de alguien en donde reside la verdad y su comportamiento es decoroso ante los ojos de Dios. Aquí es donde se manifiesta la envidia, pues, ven en el otro la superioridad ante ellos. CIC 2539 La envidia es un pecado capital. Manifiesta el enojo experimentado ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea en forma indebida. Cuando desea al prójimo un mal grave es un pecado mortal. San Agustín veía en la envidia el “pecado diabólico por excelencia” (De disciplina christiana, 7, 7). “De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y el enojo causado por su prosperidad” (San Gregorio Magno, Moralia in Job, 31, 45). El odio siendo, pues, la antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea, precede a la envidia; es decir, el hombre siente y manifiesta la envidia, deseando el bien o propiedad de otra persona, luego, puede el hombre sentir y manifestar el odio por esa misma persona, porque tiene algún bien que él no tiene. En consecuencia, la envidia te lleva al pecado del odio. Una vez más, un pecado te lleva a otro pecado, y por ello la insistencia de que es de mucha importancia la vida de penitencia sin pensar que ello nos lleva a una vida de exclusividad clerical, pues, a lo largo de la historia y hasta nuestros días, se manifiestan vidas ejemplares y de santidad por muchos hombres y mujeres de vida regular: profesionales, estudiantes, amas de casa, etc. Así mismo, la envidia promueve la maledicencia, de donde el hombre se muestra pronto a hablar con malignidad en perjuicio de alguien, denigrándolo. De hecho, el hombre, después de sentir envidia puede llegar a proferir maldades en contra de su hermano, por la misma actitud de odio que se ha engendrado. Así como también de la envidia se logran la calumnia y la difamación, donde la calumnia es la acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño a alguien, esta, en efecto, se hace en presencia de la persona a quien se desea calumniar. En cambio la difamación es desacreditar a alguien, de palabra o por escrito, publicando algo contra su buena opinión y fama, es decir, quitar la buena fama que tiene una persona, además de hacerlo en ausencia de ella. Este pecado de difamar es más grave aún que la calumnia, pues, la persona a quien se difama no está presente para manifestar su inocencia, logrando un mal concepto que se tiene de esta persona ante la sociedad; es decir, todos sabían que Juan Pérez era una persona intachable pero la lengua mordaz de una mala persona difamó a Juan Pérez y éste ahora es mal visto por todos, o cuanto menos, algunos lo mirarán con cuidado, actitud que no se manifestaba antes de la difamación. Por tanto querido hermano y hermana, la envidia no es buena, mata el alma y la envenena, decía Gómez Bolaños. Para lograr apartar la envidia de nuestras vidas, es, pues, necesaria la práctica de la caridad que vence todo mal, ya que El CIC 2540 nos dice por el contrario que la envidia representa una de las formas de enojo y, por tanto, un rechazo de la caridad… Por que quien se enoja contra su hermano en sentido negativo, es porque no tiene caridad, no tiene amor. Recordando pues, que el sentido positivo del enojo, es cuando por preservar el orden de las cosas buenas, más aún de las santas, como la Eucaristía, el silencio en la Santa Misa, etc. para no cometer en algunos casos sacrilegios, optar por la amonestación enérgica es un sentido de enojo positivo, porque se está actuando positivamente a favor de la santidad y en contra del sacrilegio, así como del buen orden. Así la policía tiene que actuar con firmeza, autoridad y «carácter» para que el malhechor sienta con dureza que hay un orden y respeto. Lo propio se hace, aunque con más tolerancia, pero siempre imprimiendo el «carácter» de autoridad, para las cosas de santidad, como es el mismo hecho de reprender a alguien que porfiadamente está cometiendo errores. Finalmente se debe tener en el corazón de cada uno de nosotros y con todas nuestras potencias que a quien se corrija, pueda cambiar para su disciplina y su salvación en caso de materia grave. Por ello continúa el CIC diciendo: El bautizado debe luchar contra ella (la envidia) mediante la benevolencia. La envidia procede con frecuencia del orgullo; el bautizado ha de esforzarse por vivir en la humildad: (San Juan Crisóstomo, In epistulam ad Romanos, homilía 7, 5). «¿Querríais ver a Dios glorificado por vosotros? Pues bien, alegraos del progreso de vuestro hermano y con ello Dios será glorificado por vosotros. Dios será alabado —se dirá— porque su siervo ha sabido vencer la envidia poniendo su alegría en los méritos de otros» La envidia puede conducir a las peores fechorías (cf Gn 4, 3-7; 1 R 21, 1-29): El Señor le dijo (a Caín): “¿Por qué estás resentido y tienes la cabeza baja? Si obras bien podrás mantenerla erguida; si obras mal (por dar una ofrenda egoísta a Dios), el pecado está agazapado a la puerta y te acecha, «pero tú debes dominarlo»”... Es la envidia de Caín que se manifiesta porque Dios vio con buenos ojos la ofrenda de Abel, pero Dios como buen Padre invita a que el hombre pueda controlar sus impulsos, por ello le dice Dios a Caín: «pero tú debes dominarlo» Y en el libro de los Reyes: 1 R 21, 1-29: La riña y la maldad de Ajab a Nabot: Ajab se fue a su casa malhumorado y muy irritado por lo que le había dicho Nabot, el izreelita: “No te daré la herencia de mis padres”. Se tiró en su lecho, dio vuelta la cara y no quiso probar bocado… Posteriormente la esposa de Ajab preparó un complot contra Nabot y lo mandó matar. Todo por causa de la envidia que pone en el alma del hombre y que por ella se desencadena el odio y otros actos de maldad. La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo (cf Sb 2, 24). También lo dice el Apóstol. «Luchamos entre nosotros, y es la envidia la que nos arma unos contra otros [...] Si todos se afanan así por perturbar el Cuerpo de Cristo, ¿a dónde llegaremos? [...] Estamos debilitando el Cuerpo de Cristo [...] Nos declaramos miembros de un mismo organismo y nos devoramos como lo harían las fieras» (San Juan Crisóstomo, In epistulam II ad Corinthios, homilía 27, 3-4). La caridad divina ha transformado el corazón de la Virgen María antes y más que el de todos los santos. Después de la Anunciación, movida por quien llevaba en su seno, la Madre del Verbo encarnado se fue a visitar y a ayudar a su prima Isabel. Es decir, que María, aun cuando se sabe grávida, arriesga su propia vida y la de Su Hijo, todo por amor: La de ayudar a su prima anciana, que por propias fuerzas no podría llevar un embarazo regular, y para proclamar El Magnificat, que con ello, en efecto, María se convierte en La Primera Evangelizadora. Lleva la Buena Noticia antes que Juan Bautista, y precede grandiosamente a Jesucristo Su Hijo. JPII – Jorn. Mundial de la paz: La lógica del amor cristiano, que en el Evangelio es como el corazón palpitante del bien moral, llevado a sus últimas consecuencias, llega hasta el amor por los enemigos, pues dice: «Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber» (Rm 12,20). (San Ambrosio, De sacramentis, 5, 30). «El Señor que ha borrado vuestro pecado y perdonado vuestras faltas también os protege y os guarda contra las astucias del Diablo que os combate para que el enemigo, que tiene la costumbre de engendrar la falta, no os sorprenda. Quien confía en Dios, no tema al demonio. “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rm 8, 31)» Por eso el salmo canta lo que prosigue a San Ambrosio: Sálvame, Señor, por tu misericordia. Pero yo confío en ti, Señor, / te digo: "Tú eres mi Dios." / En tu mano están mis azares: / líbrame de los enemigos que me persiguen… en efecto, el hombre se confía en Dios, abandonándose en todas sus faenas. Pone a Dios como su amparo, su roca en quien confía; pues, de Él viene Su misericordia que es el atributo de Dios, en cuya virtud perdona los pecados y miserias de sus criaturas. Por otro lado y seguidamente, El Sagrado Evangelio muestran tres escenarios: 1. El anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. 2. El ansia de poder de los Apóstoles. 3. Jesús hace a Sus Apóstoles un pedido de humildad. En tanto que Jesús pide clemencia y solidaridad por parte de Sus Apóstoles, estos a oídos sordos solo atinan a la ansia de querer tener logros de posición en El Reino de Cristo, donde ellos pensaban que sería instaurado de manera terrenal y visible como los reinos de esa época. Cristo invita a beber el cáliz amargo de Su pasión y muerte, ellos aceptan voluntariamente, y ciertamente que lo harán, pues, el camino del cristiano es un camino de cruz. Pero los designios del Padre son inamovibles, en tanto que Cristo manifiesta la autoridad del Padre: no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó. Jn. 8, 8… y en otro lado: Porque yo no hablé por Mí Mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; y yo sé que su mandato es Vida Eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó» Jn. 12, 48-49. Y en el Consistorio Nuevos Cardenales PBXVI dice: Dominio y servicio, egoísmo y altruismo, posesión y don, interés y gratuidad: estas lógicas profundamente contrarias se enfrentan en todo tiempo y lugar. No hay ninguna duda sobre el camino escogido por Jesús: Él no se limita a señalarlo con palabras a los discípulos de entonces y de hoy, sino que lo vive en su misma carne. En efecto, explica: «Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por la multitud» (v.45). El servicio es dar a los demás y querer ser útil en la vida de los demás. Ayudar a los demás es una de las mejores maneras de servir a Dios. Tener una actitud de servicio significa buscar maneras de ayudar sin esperar a que los demás te lo pidan. Cuando hayas terminado tu trabajo, haz el de tu hermano, ayudándole, por Cristo, con tal delicadeza y naturalidad que ni el favorecido se dé cuenta de que estás haciendo más de lo que en justicia debes. —¡Eso sí que es fina virtud de hijo de Dios! Camino, n. 440. Sn. JME de Balaguer. Cuando quieras prestar servicios, observa a otras personas para ver qué ayuda necesitan. Luego, haz algo por ayudar. Busca pequeñas maneras de hacer más grata o más feliz la vida a los demás. En el Concilio Vaticano II nos dice en el Decreto PRESBYTERORUM ORDINIS SOBRE EL MINISTERIO Y LA VIDA DE LOS PRESBÍTEROS: Los presbíteros, por la ordenación sagrada y por la misión que reciben de los obispos, son promovidos para servir a Cristo Maestro, Sacerdote y Rey, de cuyo ministerio participan, por el que la Iglesia se constituye constantemente en este mundo Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. Por lo tanto lo que hace un sacerdote al servir al Pueblo de Dios, está ciertamente sirviendo al Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo; es decir, se está sirviendo a Dios a través del Pueblo de Dios: Lo que hagas con uno de estos a Mí me lo haces… dice El Señor. Y es por ello la necesaria corrección hacia aquellos que aún no lo han visto de esa forma y sus procederes se ponen en discordia con lo que nos pide Dios a través de Su Iglesia. No presuman de sabios. No devuelvan a nadie mal por mal. Procuren hacer el bien delante de todos los hombres. En cuanto dependa de ustedes, traten de vivir en paz con todos. Queridos míos, no hagan justicia por sus propias manos, antes bien, den lugar a la ira de Dios. Porque está escrito: Yo castigaré. Yo daré la retribución, dice el Señor. Rom. 12, 14-19. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En el nombre del Padre, etc…

  45. -24

    La idolatría y el hedonismo

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: La perversidad de un hombre, y más aun la de un pueblo hace que se corrompa las costumbres o el orden y estado habitual de las cosas, porque causa daño intencionadamente. El pueblo, en efecto, extraviado de las buenas costumbres y del bien hacer, desencadena de su corazón toda aquella perversidad que vaya contra el orden de las cosas. Así en el orden en que fueron dados Los Mandamientos, sirvieron para mantener en regla al hombre y que ponga siempre su corazón en rectitud y santidad como Dios siempre lo ha querido. Pero el hombre por propia voluntad aparta lo bueno de su corazón y se inclina a hacer daño a su prójimo y a sí mismo, aunque él no lo reconozca y aun reconociendo, el hombre, sumergido en el error del pecado porque se hizo constante en él, hace que su soberbia no quiera reconocer lo que es evidente para todos. Producto de la soberbia, el hombre permanece en el error y acrecienta error tras error, pecado tras pecado, lo que lo hace más falible y en consecuencia más indigno de Dios. Y es que la soberbia va encegueciendo al hombre de la imagen de Dios, pues, el hombre va manchando su alma, y su vida espiritual, es cada vez menor, porque va perdiendo la visibilidad de los bienes naturales: dones y virtudes que El Espíritu Santo manifiesta. Por tanto, el hombre se aleja de la vida de santidad, la que ha cambiado por la vida de condena. La soberbia, es pues, el acto en el que el hombre manifiesta el apetito desordenado de ser mayormente considerado a otros y lo aleja de Dios. Con la soberbia, el hombre comenzó a auto idolatrarse, porque ha creído ser mejor que Dios, en el sentido en que ha preferido seguir sus propios mandamientos que los que Dios le ha dado; es decir, que el hombre prefiere seguir sus criterios que la guía perfecta de Dios. Así, el hombre habiendo concebido la soberbia en su vida, sintiéndose más que Dios, prosigue con un pecado adicional: La desobediencia. Por la desobediencia comienza la idolatría, pues, el hombre al desobedecer, se está considerando por encima de Dios, porque no considera los mandamientos de Dios y si los suyos propios. Es decir, que el hombre dice: Los mandamientos de Dios no son necesarios, no los deseo cumplir y haré lo que yo considero mejor, según mis propios mandamientos, porque yo estoy por encima de Dios. Por tanto, el hombre hizo de sí mismo un ídolo, un dios, creyendo ser más que Dios. Cuando el profeta Isaías se refiere a Gomorra, es por la idolatría en que estaba sumergido el pueblo de Israel. Siendo pues la idolatría una traición a Dios, es el pecado más grave que el hombre puede cometer, porque deja a Dios no porque no cree en Él, sino, lo que es peor aún, cree en otro dios, haciendo que este nuevo dios esté por encima del Único y Verdadero Dios. Es además la infidelidad la ofensa que precede como lo más grave para el alma del hombre, lo que lo convierte en un pecado mortal, pues, el mismo hombre ha preferido estar lejos de Dios y con otro dios. Soberbia e infidelidad: Antagonismo con Dios y elección de otro dios: Mezcla muy fatal y grave. El texto bíblico completo del primer mandamiento (Ex/20/03-06), en comparación a la versión del libro del Deuteronomio sólo presenta ligeras diferencias no parece necesario transcribirlas (cfr. /Dt/05/07-10). La traducción más usual -...otros dioses «además de mí»- no consigue mostrar toda la intención del significado original. No pretende únicamente decir «además de mí», sino «contra mí». Dicho de otro modo: Cuando hayas comprendido lo que Yo significo para Mí Mismo, entonces no rezarás -contra Mí- a otros dioses, porque sabrás que otros dioses no harán otra cosa sino esclavizarte con respecto a Dt. 5, 6-7: Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud. No tendrás otros dioses delante de Mí. Ese es el significado de la idolatría y que dicho sea de paso, no es como lo interpretan – a su manera – los hermanos protestantes. Todas las idolatrías se reducen a tres factores: el poder, la propiedad y el placer como principales en el mundo actual. Pero nos dice además el CIC 2113: La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios. Trátese de dioses o de demonios (por ejemplo, el satanismo), de poder, de placer, de la raza, de los antepasados, del Estado, del dinero, etc. IDOLATRÍA En cuanto al poder: Por que el hombre tiene expedita la facultad o potencia de hacer algo; esto no es grave, pues, la gravedad está en que se haga pasando el límite de lo permisible, que hace del hombre un personaje soberbio que piensa que todo lo puede y no necesita de nadie, cuando El Único Todopoderoso Es Dios. El hombre se aparta de Dios y se auto idolatra. Por más que el hombre diga que sigue creyendo en Dios, no es cierto, porque ello lo debe mostrar con hechos y no solo palabras, la demostración de verdadero hijo de Dios está en la unión de las sinceras palabras que salen del corazón y en los hechos que se realizan con amor a Dios. En cuanto a la propiedad: El hombre tiene el derecho o facultad de poseer algo y poder disponer de ello dentro de los límites legales. La propiedad es alguna cosa que es objeto del dominio, sobre todo si es inmueble o raíz. La dificultad es cuando el hombre pasa lo límites legales divinos que Dios ha dado para que el hombre se mantenga en el justo centro y no caiga en el ansia y el placer desordenado de la tenencia de propiedades, lo que lo llevaría a la codicia. Peor aún es la idolatría en cuanto a la propiedad, que hace que el hombre no solo tenga desorden por el ansia de la propiedad, sino, que busca como su único fin en esta vida de hacerse de propiedades, por lo que deja a Dios de un lado y por debajo de las propiedades que el hombre codicia. Poner, pues, a las propiedades por encima de Dios, es ponerlas como ídolos o dioses de la propiedad. Por tanto, la idolatría de la propiedad se convierte en un pecado grave contra Dios. "No podéis servir a Dios y al dinero", dice Jesús (Mt 6:24). Numerosos mártires han muerto por no adorar a "la Bestia", negándose incluso a simular su culto. La idolatría rechaza el único Señorío de Dios; es, por tanto, incompatible con la comunión divina. En cuanto al placer: El hombre ha sido creado con los sentidos que le dan percepción de las cosas exteriores. Por lo que puede tener el goce y disfrute terrenal y espiritual. Así como la satisfacción o sensación agradable producida por la realización o recibir algo para sí mismo que le gusta o le complace. Pero la idolatría del placer, se manifiesta en el uso desmedido del placer en cualquiera de los sentidos: vista, olfato, etc. Pues, está dando paso a la necesidad frívola de querer sentir por mayor espacio de lo requerido aquello que le da placer, por lo que el exceso de placer se convierte en un vicio de lujuria o de gula, para lo cual la virtud de la templanza es un gran aliado. Así invita el Apóstol: Temperancia. Porque los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y sus malos deseos (Ga. 5, 22. 23) Por tanto, vivir para tener como fin el deseo carnal de la lujuria y el de la gula, los convierte en ídolos o dioses del placer, porque el cristiano solo pertenece a Cristo que Es Dios, y Él Es su fin, y nada puede estar por encima de Él; por ello, si el hombre pone a la lujuria y a la gula por encima de Dios, ciertamente las idolatra. Así nos dice La Primera Lectura: «Buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda.» Por que quien anda recto, sin torcerse a un lado ni a otro, ése es el hombre justo, que actúa con legitimidad, porque está dentro de lo cierto y razonable. Se conduce bajo los fundamentos de Dios que nos ha dado en Su Mandamientos. Si el hombre no se torciera en sus caprichos, no sería egoísta con su hermano, porque el tiempo y dinero que desaprovecha en sus perversiones lo puede aprovechar para ayudar a quienes más lo necesitan, en virtud de obras espirituales y corporales de misericordia. Por ello es que si el hombre no tiene misericordia ¿Porqué Dios tendría que tener misericordia aquél día cuando el hombre deje este mundo? Por eso dice el salmista: ¿Por qué recitas mis preceptos / y tienes siempre en la boca mi alianza, / tú que detestas mi enseñanza / y te echas a la espalda mis mandatos? Esto haces, ¿y me voy a callar? / ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara. Sal. 49. Por otro lado, El Sagrado Evangelio también nos habla de la humildad en la que debe estar asentada nuestra vida, y no como quienes por darse a notar hacen todo tipo de señas para que sean vistos y tomados en cuenta, esto va contrario a la humildad, pues, quien actúa para los demás, ciertamente actúa con soberbia. Más aún cuando piden rectitud y norman la piedad, pero hacen todo lo contrario, lo que los convierte en hipócritas, además de que valiéndose de sus cargos, dejan al pueblo en el sufrimiento y la carga del trabajo, para que fruto de ese esfuerzo del pueblo ellos se vean favorecidos. Esa es la maldad que hoy gobierna el mundo de los magnates, que enquistados en la opulencia y el desenfreno de sus placeres, aquilatan sobremanera la sentencia que se les aproxima en breves años. En referencia al título de Padre que El Divino Maestro nos exhorta, Padre, es un título dado a todos los sacerdotes. Puesto que el sacerdote es el ministro ordinario del sacramento del Bautismo, por el cual los cristianos renacen a la vida sobrenatural de la gracia, puede por ello llamárseles a los sacerdotes Padres Espirituales. Entrar en conflicto pidiendo a rajatabla que se cumpla La Sagrada Escritura, se cae en el pecado de soberbia, por no obedecer lo que manda La Iglesia que Cristo fundó. Se cae también en el fariseísmo de hacer lo que dice la ley sí o sí. Y es bien sabido que este tipo de comportamientos es propio de los hermanos protestantes. El contexto se ve claro que esta no es una prohibición absoluta de los títulos de Rabí, Maestro o Padre (todos los cuales están puestos en el mismo nivel), sino, que es una crítica a los fariseos, que buscaban estos títulos por motivos de orgullo. Aún San Pablo no titubeó en llamarse a sí mismo el padre espiritual de sus convertidos (1 Cor. 4, 15: Porque, aunque tengan diez mil preceptores en Cristo, no tienen muchos «padres: soy yo» el que los ha engendrado en Cristo Jesús, mediante la predicación de la Buena Noticia.) y habló de Timoteo y de Tito como sus hijos. Según Ef. 3, 14-15, toda paternidad toma su nombre de la paternidad universal de Dios: Por eso doblo mis rodillas delante del Padre, de Quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra. El hedonismo como una cultura de idolatría a las cosas terrenas, se presenta en nuestros tiempos en la satisfacción humana que se debe encontrar en la búsqueda y posesión del placer material y físico, sin ninguna restricción y como fin de nuestras vidas, pero para hacerlo viable para algunos, como panecillos para polluelos el hedonismo se manifiesta también como sobrio ya que el placer debe ser moderado, pero igual sigue siendo el fin del hombre, lo cual lo aleja de Dios, porque pone al placer y a las necesidades del mundo por encima de Dios. La fe católica se opone al hedonismo porque mina los valores espirituales de caridad, fe, justicia, sacrificio y las virtudes morales necesarias para el crecimiento de la persona en relación con Dios y el prójimo. P. Jordi Rivero. La vida humana se unifica en la adoración del Dios Único. El mandamiento de adorar al único Señor da unidad al hombre y lo salva de una dispersión infinita. La idolatría es una perversión del sentido religioso innato en el hombre. El idólatra es el que "aplica a cualquier cosa, en lugar de a Dios, la indestructible noción de Dios". CIC 2114. Que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja queridos hermanos y hermanas, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En el nombre del Padre, etc…

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    El arrepentimiento y el perdón «EN» El Amor

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Para que el hombre logre el arrepentimiento de sus ofensas contra Dios, debe conocer lo que es la caridad. Ésta, en efecto, es una virtud relativa a la teología, es la virtud del amor que Dios da al hombre para que conozca y se incline a lo que es bueno según su propia libertad. Si bien es cierto, el hombre en el inicio «repentino» de su conversión, como lo experimentó San Pablo, puede lograr experimentar una apertura espontánea e inmensa de su arrepentimiento, es decir, experimenta un cambio brusco de su realidad, porque ha reconocido que ha ofendido a Dios, y cuando ello ocurre, es porque tiene la humildad suficiente para hacerlo; ya que sin la humildad, el reconocimiento aunque reconocido interiormente, el hombre por soberbia no lo da a reconocer públicamente. Pero es, pues, en la humildad que el hombre ya manifiesta la caridad: Que es El Amor. La humildad, en efecto, es el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento. Por tanto, quien obra con humildad, obra sabiendo cuál es su limitación y cuál es su debilidad, y en consecuencia reconoce que hay un ser superior, primero un hombre mejor que él, y luego al Ser Superior a todo hombre que Es Dios. Y es que cuando existe este reconocimiento, se está implicando que el hombre está sujeto a Dios Todopoderoso, y en la manifestación de ese respeto, ya está amando a Dios. Por tanto, el hombre que actúa con humildad, está amando a Dios, pero primero supo lo que Es El Verdadero Amor: Dios, Quién le insertó al hombre en su corazón El Amor y luego el hombre doble las rodillas porque con humildad reconoció sus limitaciones y debilidades que ofendieron a Dios. El hombre ha sido develado, y desnudada el alma y el pecado, el hombre, en efecto ve mejor lo que Es El Amor, por ello dice el Apóstol: Rom5, 5: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado… Y prueba máxima del Amor de Dios por nosotros es que tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo unigénito: Jn. 3,16 y Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo Jn. 13, 1. San Agustín: centra la caridad en la base de su doctrina espiritual y moral. «Caridad incipiente, es justicia y santidad incipiente, caridad proficiente es Santidad Creciente». JPII: Se puede afirmar que, en cierto sentido, el amor es el ADN de los hijos de Dios; es «la vocación santa» con que hemos sido llamados «en virtud de su propósito y de la gracia (la del Amor) que nos dio desde toda la eternidad en Cristo Jesús, y que se ha manifestado (El Amor) ahora con la aparición de nuestro Salvador, Jesucristo» (2 Tm 1, 9-10). Dios nos ha manifestado El Amor, porque no existía nada, era la nada absoluta y ¿por qué creó Dios el mundo? Para que en él habitara el hombre. Y ¿por qué creó al hombre si Dios Es Todopoderoso y no necesita de nadie para seguir existiendo? Dios creó al hombre para compartir Su gloria, es decir, Su valor real y también Su Espíritu Santo en donde está depositada La Gloria de Dios. Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia y prepara la redención del pueblo que Dios adquirió para Sí, para alabanza de Su gloria. Ef. 1, 14. Ya que con El Espíritu Santo, el hombre, en efecto, recibe todos los dones y virtudes necesarios, y en ellos se manifiesta parte de La Gloria Total de Dios, pues, comportándonos en consecuencia a los dones y virtudes que Dios nos da, en efecto, nos asemejamos a Dios, en La Gloria de Dios, porque los cristianos también han sido marcados con un sello por el Espíritu Santo prometido: Ef. 1, 13. Así, pues, aun cuando Dios no necesitaba a nada ni a nadie, Dios por Su Amor comparte lo que tiene creando al hombre, pues, no haciéndolo no tendría caridad en el compartir. Pero como Dios no actúa así, sino, que por el contrario, Él Mismo nos ha enseñado a compartir, compartiendo Su Gloria creándonos a cada uno de nosotros y un lugar donde podamos subsistir. Este es el inicio del Amor. Luego, Dios habiendo creado al hombre y sabiendo que el hombre caería producto del pecado, nos entregó a Su Hijo Único, en donde vemos nuevamente la donación por Caridad, es decir, por Amor a nosotros, para que tengamos Vida Eterna. Y esta Vida Eterna, es lograda con la misma eternidad que Es Dios; pues, Siendo El Hijo también Dios, Es El Único que encarnándose podía darnos La Vida Eterna. Él, en efecto, nos enseñó explícitamente lo que Es El Amor, donándose en el claustro del cuerpo de un hombre; que aunque Siendo Dios, no hay quien lo contenga; pero por ése mismo misterio de Dios que todo lo puede, habitó donde el entendimiento humano no puede comprender, pues, justamente es un misterio pero comprensible en cuanto Dios todo lo puede. Por tanto, El Amor también es donación: Dios donó el mundo, donó Su Espíritu Santo para crearlo y crear al hombre también, y donó a Su Hijo Único, Jesucristo nuestro Señor. Nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo Ef. 1, 3. Es decir, que en Cristo se manifiesta no solo la donación con Su venida primera y en La Cruz redentora, sino, que por medio de esa cruz, el hombre logra parte de todos los bienes que en El Cielo serán plenitud. Por ello es que el hombre en su arrepentimiento, en su inicio y permanente estado de conversión, va logrando su santidad, pues, ya conoce mejor lo que Es El Amor; pues, desde el principio de su conversión, el hombre grita lo que nos dice el Salmista hoy: Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: / con tu brazo poderoso, / salva a los condenados a muerte. Es tiempo de conversión, de claridad, de humildad y de Amor que Dios ha manifestado al hombre que por su libre voluntad abraza. La caridad sabe perdonar, por ello el Apóstol nos dice: «La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta» (1 Co 13, 4-7). La caridad, hace que el hombre logre la paz y con ella tiene paciencia para volcarse al servicio de su hermano, pues, perdonándolo, le sirve del Amor, le da el servicio manifiesto para que el hermano se nutra de ese mismo Amor. El hombre que perdona no es egoísta y perdonando se ofrece y no se guarda nada. Todo lo excusa, pues excusando disculpa una omisión, la omisión del Amor que el otro hermano le profirió. Todo lo soporta, porque soportando, el hombre lleno de fortaleza, de temple, de paz perdona esperando que su antagonista cambie por el ejemplo que él mismo le da con su donación de falta de venganza. Esto es el perdón en El Amor. (San Basilio Magno, Regulae fusius tractatae prol. 3). «O nos apartamos del mal por temor del castigo y estamos en la disposición del esclavo, o buscamos el incentivo de la recompensa y nos parecemos a mercenarios, o finalmente obedecemos por el bien mismo del amor del que manda [...] y entonces estamos en la disposición de hijos» Apartarse del mal, es buscar el perdón, pues, buscas el bien, buscas a Dios en donde encuentras el perdón de tus miserias, sometido a la obediencia, como esclavo de Cristo, esclavo del Amor, te haces al Amor por tu libre voluntad. Buscas perdón y perdonas, pues, en tanto des se te dará, ello busca La Divina Justicia que sabe equiparar todo cuando ha hecho el hombre, por ello querido hermano, es necesario el perdón y la reconciliación con Dios y con tu hermano «no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo». Lc. 12, 58-59. Benedicto XVI, 25 sept, 2005. Caridad no significa ante todo el acto o el sentimiento benéfico, sino el don espiritual, el amor de Dios que el Espíritu Santo infunde en el corazón humano y que lleva a entregarse a su vez al mismo Dios y al prójimo. I Juan 3,16: En esto hemos conocido lo que es amor: en que Él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Por tanto, si esto es cuanto nos ha pedido El Divino Redentor, es porque por virtud a la santa obediencia, el hombre debe hacer todo cuanto Dios le pide, porque obedeciendo cumplimos, y cumpliendo aquilatamos en el corazón El Amor que Dios nos da. Así, pues, perdonando damos de nosotros; es decir, nos donamos en Amor, negándonos a nuestras miserias que pudiendo ser venganzas y egoísmos, lo suplimos por perdón y entrega del Amor de Dios que está en nuestro corazón. Poniendo todo lo anterior en práctica nos ponemos a tiro con aquello que dice: «Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad.» I Juan 3,17-18. Es, pues, necesario que el hombre construya la civilización del Amor para lograr una sociedad más justa, pues amando y perdonando logramos atraer a la paz tan necesaria en el mundo actual, pues así nos manda El Divino Maestro: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial. -Mateo 5,43-48. Cf. Lc 6, 28. BXVI. Deus Caritas Est: 10. El amor apasionado de Dios por su pueblo, por el hombre, es a la vez un amor que perdona. Un amor tan grande que pone a Dios contra Sí Mismo, su amor contra su justicia. El cristiano ve perfilarse ya en esto, veladamente, el misterio de la Cruz: Dios ama tanto al hombre que, haciéndose hombre Él Mismo, lo acompaña incluso en la muerte y, de este modo, reconcilia la justicia y el amor. El hombre encuentra en Dios el modelo perfecto del perdón, porque habiendo amado Dios al hombre creándolo y volviéndolo soberano de todo lo creado, además le dio a Su Hijo Único, y con esta muestra suprema de Amor, Dios Mismo no puede hacer tanto para que el hombre muera por tan poco, aunque ese poco por ser considerado por el hombre por más que todo lo que Dios le dio, merece ciertamente todo el peso de La Ley de La Justicia Divina, a no ser que por el arrepentimiento perfecto del hombre y La Misericordia de Dios, el perdón sea otorgado por El Amor y aplaque La Justicia Divina. Por tanto, si Dios te ha perdonado, ¿por qué no vas a perdonar tú? ¿Es, pues, justo que Dios te perdone y que no perdones? Entonces ¿por qué rezas diciendo: Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden? Si tu rostro manifiesta la hipocresía, habrás sido perdonado antes pero no después cuando comparezcas ante El Justo Juez el día que dejes este mundo. Reconciliatio et Penitentia. JPII 9: La unidad debe ser el resultado de una verdadera conversión de todos, del perdón recíproco, del diálogo teológico y de las relaciones fraternas, de la oración, de la plena docilidad a la acción del Espíritu Santo, que es también Espíritu de reconciliación. Si anhelamos y necesitamos de una Iglesia Unida, es necesario el perdón de todos entre todos, para que a la vez seamos perdonados también, y es que todos estando propensos al pecado, luego pediremos perdón. Por tanto, no hay quien diga que no necesita ni necesitará perdón, pero no es esa consecuencia lógica la que nos debe obligar primero a perdonar, porque actuando así y poniendo primero nuestra conveniencia, estamos actuando por mero interés propio, es decir, somos egoístas pensando en que Dios me perdonará, pero no ha primado el perdón por Amor a Dios y a mi hermano, solo por amor a uno mismo, lo que lo califica de egoísta. Ese perdón, es, pues, necesario que sea adherido al Amor de Dios, para que el perdón sea sincero tal como nos pide el Divino Maestro en El Sagrado Evangelio de hoy: dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros. Si tu medida fue sin perdón no habrá perdón, si tu falta de perdón fue colmada en odio, venganza e ira, Él también la usará contigo. Sé justo y practica el perdón en El Amor y se usará igualmente contigo. Que Dios nos bendiga queridos hermanos y hermanas, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En el nombre del Padre, etc…

  47. -26

    La Reconciliación

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: El Padre llama a Sus hijos insistentemente, porque Él más que nadie quiere que viva. El Padre por ello, explica que la conversión da lugar a la regeneración, a Su perdón, para que el hombre haga un cambio en su estado de vida y consiga la reconciliación. Es decir, que El Padre, no solo pide que el hombre se convierta como parte de un mandato, sino, que Él como Padre, anhela que la decisión del hijo sea voluntaria y sincera, que se arrepienta de corazón y que busque Su perdón, que Él como Padre le hará llegar, porque Él Mismo le está tocando el corazón a Su hijo para que recapacite. Pero ahí está el respeto del Padre hacia Su criatura, que justamente le da vida y voluntad propia para que tome sus propias decisiones, tal como lo hacen los padres en este mundo, cuando sus hijos, cumplida su mayoría de edad, les es dada la libertad para que hagan de sus vidas según sus criterios. Aunque el padre siempre está al costado para darles sugerencias pero siempre les deja su autonomía, más aun, cuando los hijos han decidido emprender la retirada a otros lugares. Así, pues, El Padre siempre busca a Sus hijos para que se salven, porque el perdón de Dios les logra La Vida Eterna, porque el hombre, en efecto, ha iniciado por su propia voluntad acercarse a su Dios, que lo creó y lo crió. El pecador, tiene como gran ayuda para su conversión La Eucaristía, que "es el antídoto que nos libera de nuestras faltas cotidianas y nos preserva de pecados mortales" (Concilio de Trento: DS 1638). Pero para que sea el antídoto pleno y eficaz, el hombre debe acercarse a La Confesión Sacramental para tomar del antídoto. Aun cuando el hombre se siente muy distante de Dios y de hacer una acción de penitencia con La Confesión, el hombre, en efecto, puede acercarse a participar de La Celebración de La Eucaristía, y sin que participe de La Sagrada Comunión, un buen inicio es el ofrecimiento de La Eucaristía para lograr la reconciliación con Dios de manera plena en La Confesión. Es decir, que el hombre puede ir dando pasos al inicio de su conversión cuando ofrece lo que él mismo no puede ofrecer con sus máximas potencias, porque en La Eucaristía, Es Dios Mismo: Jesucristo nuestro Señor el que se ofrece al Padre como sacrificio inmaculado por los pecados de los hombres. Por tanto, el hombre, tiene la gran posibilidad de iniciar su proceso de conversión con la ayuda de Dios que nos ha dado en La Sagrada Eucaristía, pues, Ésta, en efecto, tiene un valor infinito por ser El Mismo Dios Infinito y Omnipotente el que se está ofreciendo al Padre. CIC 1470 En este sacramento (el de La Confesión), el pecador, confiándose al juicio misericordioso de Dios, anticipa en cierta manera el juicio al que será sometido al fin de esta vida terrena. Porque es ahora, en esta vida, cuando nos es ofrecida la elección entre la vida y la muerte, y sólo por el camino de la conversión podemos entrar en el Reino del que el pecado grave nos aparta (cf 1 Co 5, 11; Ga 5, 19-21; Ap 22,15). Convirtiéndose a Cristo por la penitencia y la fe, el pecador pasa de la muerte a la vida "y no incurre en juicio" (Jn 5, 24). Es decir, que el hombre que se convierte al Corazón de Cristo, es porque está pronto a recurrir a las penitencias que ayudan a un mejor y una mayor intimidad de convivio con Dios, ya que la oración y todo acto de penitencia, asemeja al hombre a Cristo orante y paciente. El hombre ha comenzado a vivir como vivió El Verbo del Padre que se encarnó para que hablándonos personalmente se establezca el diálogo íntimo entre Dios y el hombre. Es ahora, pues, que le toca al hombre acudir a Dios tal como Él acudió a nosotros para aproximarnos El Reino, ya que con Su venida, nos tendió las escaleras para “el ascenso”. Toca ahora al hombre poner el pie en las gradas y no parar de subir hasta llegar al término de La Escalera Divina donde está La Vida Eterna. La conversión es manifestada en Las Sagradas Escrituras: Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una «Vida nueva». (Rm 6, 4) Ap. 2, 16. 22: «Arrepiéntete, o iré en seguida para combatirlos con la espada de mi boca. Por eso, la arrojaré en un lecho de dolor, y someteré a sus compañeros de adulterio a una prueba terrible, si no se arrepienten de sus obras»… Sin que este pasaje tenga un significado de venganza de Dios, sino, que es consecuencia que brota de la naturaleza misma del pecado que ocasiona el reparo de la falta en un purgatorio, o el de la condena cuando la falta es grave. Además de que es el hombre el que ha decidido obtenerlas gratuitamente. Mi alma espera en el Señor, / espera en su palabra… reza el salmo de hoy, ya que quiere decir que cuando espera en su palabra, es porque Israel espera el cumplimiento de los oráculos del Señor, las profecías que manifiestan tiempos de justicia y prosperidad por la llegada del Mesías. … mi alma aguarda al Señor, / más que el centinela la aurora... Es el sentir del pueblo que espera con ansias la llegada del Señor, por ello añade: Porque del Señor viene la misericordia, / la redención copiosa; / y Él redimirá a Israel / de todos sus delitos. «La conversión exige el reconocimiento del pecado, supone el juicio interior de la propia conciencia, y éste, puesto que es la comprobación de la acción del Espíritu de la verdad en la intimidad del hombre, llega a ser al mismo tiempo el nuevo comienzo de la dádiva de la gracia y del amor: “Recibid el Espíritu Santo”. Así, pues, en este “convencer en lo referente al pecado” descubrimos una «doble dádiva»: el don de la verdad de la conciencia y el don de la certeza de la redención. El Espíritu de la verdad es el Paráclito» (Dominum et Vivificanten 31). El reconocimiento, en efecto, es la certeza que tiene Dios en el pecador, en que se ha arrepentido verazmente. El reconocimiento es la que El Padre toma del corazón del hombre que le ha entregado y que solo Dios puede conocer la sinceridad del arrepentimiento. Para lo que es necesario que el hombre haga un juicio interior de sus caprichos y defectos que lo han volcado al pecado. Este juicio tiene que ser ineludible y sin arbitrariedad, es decir, el hombre no debe proceder contrario a la justicia, la razón o las leyes, no debe ser dictado solo por la voluntad o el capricho, por el contrario debe haber un juicio con rectitud, pues, Dios Es el que evaluará si realmente el hombre está siendo sincero o no de su arrepentimiento. Estas manifestaciones: arrepentimiento y juicio interior, son las acciones del Espíritu Santo que ha penetrado en el corazón del hombre, y no de manera invasiva, sino, que el hombre por propia voluntad ha dejado que Dios lo ame, y Él le entrega Su Santo Espíritu que actúa dándole dolor de corazón, un arrepentimiento y seguidamente un juicio interior en la que el hombre reconocerá sus faltas y pedirá el perdón de sus pecados para lograr una vida nueva. La doble dádiva, la doble gratuidad del Espíritu Santo: 1. El don de la verdad de la conciencia: La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” (Constit. Pastoral Gaudium et Spes 16)… Y tener la verdad en la intimidad con Dios, es decirle todo a Dios sin dejar nada reservado, porque Dios conoce esa intimidad del hombre que no puede ocultársela, pues, Dios que Es Omnipresente, es decir, que está en todo lugar, también está en ese sagrario del hombre llamado conciencia. 2. Y el don de la certeza de la redención: Es la fe que el hombre ha recibido en el inicio de la conversión, porque el hombre cree en la salvación porque se ha arrepentido de todos sus pecados. Es un gran don que Dios da a los hombres que abren sus corazones para que puedan salvarse. Aun cuando el hombre no tiene el reparo para que inicie su conversión, Dios misericordiosísimo prepara caminos para enrumbar al hombre y dejarlo ad portas de la conversión, donde Dios y El Cielo expectantes esperan el «sí» del pecador y comience la fiesta en El Cielo por la regeneración de uno de Sus hijos. La reconciliación que nos pide El Divino Maestro en El Sagrado Evangelio de hoy nos manifiesta, es hacia el hermano con quien hemos discutido. El hombre está llamado a la reconciliación con el hermano, y en esta tarea, el hombre puede hacer un ejercicio de verdadero arrepentimiento, pues, tendrá que acercarse al hermano en discordia, y para ello es necesaria la humildad que hace que el hombre pueda dar el paso de inicio y estrechar la mano con quien se siente distante y con el corazón amargado. Es, pues, en este caso que el hombre toma la decisión por cuenta propia y da el paso, que aunque no siendo desde lo más profundo, es el inicio del proceso de la conversión del hombre, que puede ir adentrándose cada vez más según él mismo se lo permita. Por lo que es de conveniencia que acto seguido se continúe en la oración o cualquier otra penitencia ofrecida por esta intención. Así, Dios aceptará gustoso el sacrificio del hombre y Dios le retornará el don de la humildad y el amor que irá inscribiendo en su corazón para que el hombre pueda alcanzar la reconciliación plena. Ésta reconciliación que es un proceso de inicio para algunos, para otros no tiene procesos, pues, el inicio es inmediato porque tienen mayor humildad en sus corazones y pueden perdonar y desean ser perdonados por Dios y por sus hermanos para mantener la unidad de La Familia de La Iglesia. «Retorna a tu conciencia, interrógala. [...] Retornad, hermanos, al interior, y en todo lo que hagáis mirad al testigo, Dios» (San Agustín, In epistulam Ioannis ad Parthos tractatus 8, 9)… Ya que el hombre vive en un espacio en el que está fuera del interior de su conciencia, vive consciente, pero no en su interior, donde Dios le ha puesto el reconocimiento de la verdad, porque justamente ahí se encuentra Dios: En La Verdad, porque Él Es La Verdad. «Tranquilizaremos nuestra conciencia ante Él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo» (1 Jn 3, 19-20). CIC 1789 La caridad debe actuar siempre con respeto hacia el prójimo y hacia su conciencia: “Pecando así contra vuestros hermanos, hiriendo su conciencia..., pecáis contra Cristo” (1 Co 8, 12). “Lo bueno es [...] no hacer cosa que sea para tu hermano ocasión de caída, tropiezo o debilidad” (Rm 14, 21)… Por tanto querido hermano, la caridad está orientada hacia el prójimo, pero en él, nosotros debemos actuar hacia lo íntimo de él que es su conciencia; es decir, callando en ocasiones ante cualquier insinuación de «posible» error. Pero ese callar es el no emitir juicios a espaldas del hermano, ni difamando; pero si llevándolo con caridad a la corrección fraterna, encaminándolo a su conciencia, donde solo él y Dios saben sus intimidades. JPII: ¡El sufrimiento de tantos hermanos y hermanas no nos puede dejar indiferentes! Su pena clama a nuestra conciencia, santuario interior en el que nos encontramos cara a cara con nosotros mismos y con Dios. Y, ¿Cómo no reconocer que, de diversas maneras, todos estamos implicados en esta revisión de vida a la que Dios nos llama? Todos tenemos necesidad del perdón de Dios y del prójimo. Por tanto, todos debemos estar dispuestos a perdonar y a pedir perdón. Queridos hermanos y hermanas, la pena de nuestros hermanos con quienes estamos distanciados, no solo es el pesar de sus desavenencias y problemas cotidianos, sino, el pesar que tienen sus almas cuando no están reconciliadas con nosotros y con Dios. Por tanto si el hermano no se acerca a pedirte perdón, aun cuando él es el responsable de la separación entre ustedes, en ocasiones es necesario que tú te acerques a él para empezar con un simple gesto y una pequeña conversación, lo que será el inicio de una reconciliación y el amor que Dios nos pide que haya entre nosotros que somos hermanos. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En el nombre del Padre, etc…

  48. -27

    La Conversión y la gracia en El Amor

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: La Liturgia de hoy, en la Primera Lectura nos habla nuevamente de La conversión: Y decíamos que es la vuelta al Padre del que se había alejado por el pecado y también se aplica a los que descubren y entran en la Iglesia Católica. La conversión es convertir tu corazón extraviado, tu corazón pecaminoso-pecador, tu corazón lleno de imperfecciones al Sacratísimo Corazón de Dios, al Corazón lleno de Santidad, al Único Corazón del que brota el Verdadero Amor. Esta conversión tiene que ser desde lo más profundo de tu ser, es decir, con toda sinceridad y entrañable amor. La Iglesia siendo Santa y pecadora, necesita pues, de la renovación constante de la gracia de Dios, para que, en efecto, se renueve de la santidad que necesita y cuando cae en pecado, se renueve del perdón de Dios LG. 8: Pues mientras Cristo, «santo, inocente, inmaculado» (Hb 7, 26), no conoció el pecado (cf. 2 Co 5, 21), sino que vino únicamente a expiar los pecados del pueblo (cf. Hb 2,17), la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa (por ello santa y pecadora) y necesitada de purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación;… es decir, que con una purificación constante estamos logrando con la perseverancia el termino de nuestro proceso de conversión. San Ambrosio dice acerca de las dos conversiones que, «en la Iglesia, existen el agua y las lágrimas: el agua del Bautismo y las lágrimas de la Penitencia» (Epistula extra collectionem 1 [41], 12). El cristiano arrepentido tiene compunción de corazón, es decir, sentimiento o dolor de haber cometido un pecado. Esta conversión del corazón va acompañada de dolor y tristeza saludables que los Padres llamaron animi cruciatus (aflicción del espíritu), compunctio cordis (arrepentimiento del corazón) (cf Concilio de Trento: DS 1676-1678; 1705; Catecismo Romano, 2, 5, 4). La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a Él nuestros corazones: "Conviértenos, Señor, y nos convertiremos" (Lm 5, 21). CIC 1989 La primera obra de la gracia del Espíritu Santo es la conversión, que obra la justificación según el anuncio de Jesús al comienzo del Evangelio: “Convertíos porque el Reino de los cielos está cerca” (Mt 4, 17). Movido por la gracia, el hombre se vuelve a Dios y se aparta del pecado, acogiendo así el perdón y la justicia de lo alto. “La justificación no es solo remisión de los pecados, sino también santificación y renovación del interior del hombre” (Concilio de Trento: DS 1528). Por la gracia de Dios, el hombre se arrepintió, pues, Dios pone en el corazón del hombre el sentimiento de lo bueno y de lo malo, para que el hombre sepa conducirse y lleve un sano juicio, aunque en ocasiones es necesario que se lleve de consejos prudentes que La Iglesia sabe administrar y donar por medio de sus pastores. Así, Adán se arrepintió, Nínive, el rey David, etc. porque la gracia que viene de Dios, lo hace desde Su eternidad y desde La Cruz de Su Hijo, Quien lo ha justificado por la ofensa del hombre, pero esa justificación vale y va desde La Cruz que llega al pecado de Adán hasta los últimos pecados que se cometan en el mundo. Por la gracia, el hombre se vuelve a Dios y se aparta del pecado, en tanto que el hombre ha sido impregnado de esa gracia de Dios, que Es Amor, que mueve al hombre a conocer mejor El Verdadero Amor, Ese Amor de Dios que supo darnos a Su Hijo Único hasta la muerte de Cruz para que el hombre conociera lo que es verdaderamente amar hasta el extremo. Por ello es que con La Cruz, Jesucristo nuestro Señor vence al pecado y nos hace partícipes del nuevo régimen de gracia, la gracia que el hombre había perdido con el pecado, la gracia de La Vida Eterna. El Sagrado Evangelio nos habla de pedir y Tratad a los demás como queréis que ellos os traten, dice El Señor, porque Convertirse a Cristo, hacerse cristiano quiere decir recibir un corazón de carne, un corazón sensible a la pasión y al sufrimiento de los demás. Benedicto XVI. Viernes Santo 2007. En efecto, quien recibe a Cristo recibe un corazón de más amor, porque se está alimentando del Verdadero Amor, en cuanto que Él Es La Verdad y Es Amor, y Su Amor, en efecto, lo demostró en la donación en el áspero madero, agonizante, y muerto crucificado por Amor a nosotros, para que tengamos Vida Eterna reconciliándonos con El Padre. Por ello es que el hombre acoge el perdón de Dios y la justicia Divina, pues, en efecto, el hombre es remodelado, su corazón de piedra es transformado a un corazón de carne producto de la gracia de Dios. Siendo pues, la gracia el don o auxilio gratuito y sobrenatural de Dios por el que, respondiendo a su llamada, Él nos prepara para ser adoptados como hijos «en» su Hijo por el Bautismo, nos hace participar de su misma naturaleza y nos constituye en herederos de la vida eterna. Ya desde el bautismo recibimos la gracia porque este sacramento es llamado también “baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo” (Tt 3, 5), porque significa y realiza ese nacimiento del agua y del Espíritu sin el cual "nadie puede entrar en el Reino de Dios" (Jn 3, 5). Ya nos lo dice también San Pedro: Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías». Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?». Pedro les respondió: «Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar». La gracia santificante es una participación de la vida divina. Esta vida divina no le es natural al hombre, le es añadida a su naturaleza. La gracia nos hace semejantes a Dios. Es por ello que con la gracia constante, el hombre va cada vez más santo y con ello va teniendo mayor intimidad con Dios y en ocasiones dones sobrenaturales como en los santos de La Iglesia se han manifestado, porque la gracia, como decíamos, es un don de Dios, una participación de la vida divina. La gracia santificante hace que el alma sea capaz de conocer a Dios como Él se conoce, de amarle como Él se ama, de vivir su vida divina. ¡Miren cómo nos amó el Padre!... que nos ha amado dándonos vida, eso ya es amor, y no solo eso, sino que …quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente... Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos Tal Cual Es. 1 Jn. 3, 1-2. Por tanto, la gracia hace que podamos ver mejor El Amor de Dios, porque viendo El Amor, lo vemos a Él porque Él Es Amor, El Verdadero Amor, y no el sentimentalismo del que hemos sido partícipes antes de nuestras conversiones. La gracia, pues, va perfeccionando la vista espiritual del hombre para conocer mejor a Dios, pero de ello aquí en esta vida, solo tendremos vestigios de toda Su Omnipotencia, pero cuando se herede el Paraíso prometido, cuando Él se manifieste, como dice el Discípulo Amado Juan, seremos semejantes a Él, porque lo veremos Tal Cual Es. 1 Jn. 3, 2. Por ello así reza el salmista hoy: El Señor completará sus favores conmigo… ¿De qué manera? con la gracia que recibiremos por nuestras peticiones en nuestra vida cotidiana, una vida religiosa que implica la perseverancia en nuestra fe, y que en este caso se refiere al pedir a Dios nos de la gracia que necesitamos (cualquier favor terrenal o espiritual), y siempre debe añadirse: si es para el bien de mi alma y mayor gloria de Dios. Porque a veces no sabemos pedir y en otras sabiendo pedir, tampoco es el designio de Dios que ve qué es lo mejor para nosotros, del mismo modo que como un padre a su pequeño hijo le procura lo mejor. Señor, tu misericordia es eterna, / no abandones la obra de tus manos… continua el salmista. Pues, en efecto, el hombre siempre tiende a Dios, y pide que Él no se aleje, que no lo abandone, que tenga misericordia de Sus hijos y le siga dando las gracias, el don que necesitamos para que complete los favores que necesitamos cada uno de nosotros para lograr cumplir el plan que Dios nos ha dado en esta vida. CIC 162 La fe es un don gratuito que Dios hace al hombre. Este don inestimable podemos perderlo; san Pablo advierte de ello a Timoteo: «Combate el buen combate, conservando la fe y la conciencia recta; algunos, por haberla rechazado, naufragaron en la fe» (1 Tm 1, 18-19)… Por tanto queridos hermanos y hermanas, es necesario pedir ante todo la fe, porque perdiéndola podemos naufragar y morir ahogados. Y después de ser alimentados por la fe, pedimos ser alimentados con la gracia que necesitamos para seguir nuestro trabajo cotidiano; es decir, que la fe será el motor que nos anima a seguir con el Plan de Dios que nos ha puesto para cada uno, ya que perdiendo la fe, no creeremos en el Plan de Dios, y luego no pediremos ninguna gracia porque nuestra fe que se ha extinguido no considerará pedir algo a Dios, y es por ello que perdiéndola naufragamos. …Para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe debemos alimentarla con la Palabra de Dios; debemos pedir al Señor que nos la aumente (cf. Mc 9, 24; Lc 17, 5; 22,32); debe «actuar por la caridad» (Ga 5, 6; cf. St 2, 14-26), ser sostenida por la esperanza (cf. Rm 15, 13) y estar enraizada en la fe de la Iglesia… CIC Ga 5, 4-6: Si ustedes buscan la justicia por medio de la Ley, han roto con Cristo y quedan fuera del dominio de «la gracia.»… es decir, que quien sigue los preceptos humanos, han roto con Dios, porque se está creyendo solo en el raciocinio humano y se ha dejado la fe, y al dejar la fe, el hombre, en efecto, queda fuera del dominio de la gracia, porque sin fe se estanca y se diluye la vida sobrenatural, aquella en la que se cree por la fe. Por ello continúa el Apóstol: Porque a nosotros, el Espíritu, nos hace esperar por la fe los bienes de la justicia… es decir, que El Espíritu Santo es el dador de los dones de Dios, que en este caso es la fe, y en la fe se espera los bienes de la justicia, es decir, los demás dones y virtudes del Espíritu Santo para que La Justicia Divina se vuelque en nuestros corazones. Y continúa el Apóstol: En efecto, en Cristo Jesús, ya no cuenta la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que obra por medio del amor… es decir, que la fe suple a lo terrenal, al raciocinio del hombre que lo vuelve ateo o agnóstico, pues, en ello están unidos la circuncisión que manifestaba el pueblo judío, que aplicado a la ley, seguía ensimismado en que la ley y solo la ley había que cumplir a rajatabla, como el ateo que solo busca razones válidas según las leyes de la física que solo el hombre ha descubierto, pero que son impenetrables para la ley de Dios como por ejemplo los milagros, que existen pero son impenetrables para la ley del hombre porque es sobrenatural, pero igual siguen existiendo y ello no lo quita nadie y ninguna ley natural, es decir, ninguna ley del hombre, porque lo natural es arrasado por lo sobrenatural, de ello dan cuenta los mismos ateos que por sus incomprensiones naturales son arrasados por la acción sobrenatural de Dios. Por tanto queridos hermanos y hermanas, es muy necesario pedir a Dios nos conceda el aumento de nuestra fe para lograr cumplir siempre lo que Dios quiere de nosotros día a día, y nutridos con esa fe, podemos pedir los favores que necesitemos, porque por la fe ya creemos que se nos darán. Por último, si pedimos a Dios que nos conceda la gracia que necesitamos, es porque ella la volcaremos a hacer obras de bien, y en ello está lo que El Divino Maestro nos manda hoy: «Tratad a los demás como queréis que ellos os traten»… pues, ¿Qué a caso Dios no desea el bien para nosotros? Entonces, si Dios nos da la gracia que necesitamos, es porque debemos compartirla con nuestro prójimo, porque sin compartirla, Dios no nos dará más de la cuenta. Esto más en el sentido sobrenatural, pues, hay quienes teniendo dones y virtudes no lo comparten con el prójimo, y por ello siempre la llamada de Dios para que seamos generosos con lo que poseemos en nuestras manos: Enseñanza, asistencia, donación de bienes, y todas las obras espirituales y corporales de misericordia. Pues, tratándolos bien, construimos una sociedad más cohesionada en la caridad. Ya nos dice Juan: La señal de que «amamos» a los hijos de Dios es que «amamos» a Dios y «cumplimos» sus mandamientos. 1 Jn 5, 2. Y 2 Jn 3-5: También estarán con nosotros «la gracia», la misericordia y la paz de Dios Padre y de Su Hijo Jesucristo, «en la verdad y en el amor»… Y ahora te ruego: «amémonos los unos a los otros.» Con lo cual no te comunico un nuevo mandamiento, sino que el que tenemos desde el principio. Que Dios nos bendiga queridos hermanos y hermanas, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En el nombre del Padre, etc…

  49. -28

    La conversión

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: El Dios de La Eterna Misericordia, está siempre pronto para adelantarse en la vida de Sus hijos y darles alcances de la salvación de cada quien por su conversión; pues, Dios en ocasiones da oportunidades para que el hombre se arrepienta de su vida de error y logre su salvación. Y cuando no lo hace es a según: 1. Dios conoce que el hombre no se arrepentirá: Pues Dios Omnisciente, conocedor de todo tiempo, pasado, presente y futuro, puede conocer el corazón del hombre y saber que éste nunca se arrepentirá y para que su condena no se acreciente, lo llama a Su presencia. Ya que la suma de pecados, acrecienta la intensidad de condena y no acrecienta el tiempo, porque La Condena es Eterna, por lo que la intensidad es la que se logra por el incremento de los pecados a los dolores y sin sabores que el hombre podrá sentir en aquél momento de purgatorio o infierno. Además, que el pecador puede arrastrar a otros a la condena, pero Dios Misericordioso, aleja aquella posibilidad de unión del pecador con otros pecadores o conversos o ignorantes, para que los pecadores no incrementen sus condenas, el converso no caiga y los ignorantes no se arrastren a una vida de perversión; pues, el ignorante de las cosas de Dios tiene por ligera su vida, pero en el fondo de su corazón sabe cuánto es malo y cuanto es bueno, pero por su ignorancia da paso a su vida disipada y ve la comodidad en el pecado, que de alguna manera, según la intensidad del pecado (venial, capital o grave) que solo Dios puede saber, ya que sólo Él sondea los corazones de los hombres y por La Justicia Divina el hombre ignorante pero pecador puede merecer el purgatorio o el infierno. 2. Aun cuando Dios conoce que el hombre se arrepentirá: La paradoja se pone de manifiesto, y nace la duda del porqué Dios llamó al hombre a Su presencia. Cabe explicar que Dios Sapientísimo, sabe qué es lo mejor para el hombre, ya que el sacrificio de la muerte de éste hijo que estuvo por arrepentirse, Dios lo acepta sin que haya sucedido el arrepentimiento, porque es tomado como que ha sucedido, porque Dios sabiendo que el hombre se convertiría si o si, no era necesario que ello ocurra, iba a ser un hecho, pero Dios quiso usar el sufrimiento de éste hijo y el de todos sus familiares y amigos en tanto que el dolor redime, libera, purifica y salva a los hombres, y todo ello es usado para los familiares, amigos o cualquier pecador en cualquier parte del mundo, a quienes Dios ve por conveniente entregarle Sus gracias para sus conversiones, o de la manera como Dios desee distribuir Sus gracias por aquél sacrificio. La conversión: (Etim. Del Latín clásico converto, conversio, cambiar). Es la vuelta al Padre del que se había alejado por el pecado y también se aplica a los que descubren y entran en la Iglesia Católica. La conversión es convertir tu corazón extraviado, tu corazón pecaminoso-pecador, tu corazón lleno de imperfecciones al Sacratísimo Corazón de Dios, al Corazón lleno de Santidad, al Único Corazón del que brota el Verdadero Amor. Esta conversión tiene que ser desde lo más profundo de tu ser, es decir, con toda sinceridad y entrañable amor. Convertirse a Cristo, hacerse cristiano quiere decir recibir un corazón de carne, un corazón sensible a la pasión y al sufrimiento de los demás. Benedicto XVI. Viernes Santo 2007. "Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra Él y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella (La Iglesia) les mueve a la conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones" (LG 11). No olvidando pues, queridos hermanos y hermanas, que Iglesia somos todos y no solo la jerarquía en Roma y a lo largo del planeta, por tanto, si La Iglesia somos todos, porque significa congregación de fieles, entonces nuestra reconciliación es también con La Jerarquía, empezando por El Santo Padre, hasta nosotros los laicos regulares, trabajadores, estudiantes, niños, etc.; es decir, nos reconciliamos con todas las almas que llevan un caminar, que aunque con tropiezos, nos levantamos y seguimos en la lucha de amar a Dios hasta el final, es decir, buscando la perseverancia final. La conversión del hombre, efectivamente, es unirse a La Iglesia militante, es decir, aquella que aún milita en este mundo y que busca unirse a La Iglesia purgante, la que está en el purgatorio, y a La Iglesia Triunfante, ésta que está en El Cielo. Por tanto la reconciliación del hombre en su conversión es con toda La Iglesia: militante, purgante y triunfante. CIC 1425 "Habéis sido lavados [...] habéis sido santificados, [...] habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios" (1 Co 6,11). Es preciso darse cuenta de la grandeza del don de Dios que se nos hace en los sacramentos de la iniciación cristiana (en este caso de La Confesión Sacramental antes en el Bautismo) para comprender hasta qué punto el pecado es algo que no cabe en aquel que "se ha revestido de Cristo" (Ga 3,27). Pero el apóstol san Juan dice también: "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros" (1 Jn 1,8). Y el Señor Mismo nos enseñó a orar: "Perdona nuestras ofensas" (Lc 11,4) uniendo el perdón mutuo de nuestras ofensas al perdón que Dios concederá a nuestros pecados. Hermanos y hermanas, si estamos revestidos de Cristo, es porque estamos en Él y si estamos en Él es porque vivimos una vida de perseverancia continua, es decir, a toda hora, en cada momento de nuestra vida, a cada minuto, esa es la labor del cristiano que ha decidido seguir a Cristo, porque recibe a Cristo Eucaristía y haberlo recibido es haber optado por esforzarse en no caer en los mismos pecados anteriores, aun cuando estos lleguen por nuestra debilidad y falta de costumbre de una vida piadosa, nos volvemos a confesar de nuestras faltas pidiendo al Sacerdote nos ayude a combatir estas flaquezas, esta, en efecto, es una actividad necesaria en el confesionario, y no solo un rendir cuentas y pasar la lista de pecados cometidos, sino, que pidamos el consejo sabio de un Sacerdote en el confesionario, para que nos oriente en aquellas debilidades que no sabemos combatir y nos hace caer en cada momento. Así estaremos haciendo un perfeccionamiento de nuestro camino de conversión hasta la perseverancia final. Por ello hermanos, es que el CIC 1426 nos orienta igualmente diciendo: La conversión a Cristo, el nuevo nacimiento por el Bautismo, el don del Espíritu Santo, el Cuerpo y la Sangre de Cristo recibidos como alimento nos han hecho "santos e inmaculados ante Él" (Ef 1,4), como la Iglesia misma, esposa de Cristo, es "santa e inmaculada ante Él" (Ef 5,27). Sin embargo, la vida nueva recibida en la iniciación cristiana no suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado que la tradición llama concupiscencia, y que permanece en los bautizados a fin de que sirva de prueba en ellos en el combate de la vida cristiana ayudados por la gracia de Dios (cf DS 1515). Esta lucha es la de la conversión con miras a la santidad y la vida eterna a la que el Señor no cesa de llamarnos (cf DS 1545; LG 40). Por eso queridos hermanos y hermanas, el salmista nos dice en la voz del rey David: "Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias." Hermanos los invito a rezar el Salmo 50 de hoy: Misericordia, Dios mío, por tu bondad, / por tu inmensa compasión borra mi culpa; / lava del todo mi delito, / limpia mi pecado. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, / renuévame por dentro con espíritu firme; / no me arrojes lejos de tu rostro, / no me quites tu santo espíritu. La EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL VERBUM DOMINI DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI en su número 39 nos dice: En la escuela de la gran tradición de la Iglesia aprendemos a captar también la unidad de toda la Escritura en el paso de la letra al espíritu, ya que la Palabra de Dios que interpela nuestra vida y la llama constantemente a la conversión es una sola. Es decir, que toda La Iglesia está orientada por La Sagrada Tradición de la cual comprendemos Las Sagradas Escrituras, porque La Sagrada Tradición, en efecto, es aquella parte que no está contenida en las Sagradas Escrituras porque no se escribió hasta más tarde. Por tanto, el depósito de la fe, de la revelación de Dios, está compuesto por las Sagradas Escrituras (Biblia) y la Tradición Apostólica. El depósito de la fe fue revelado por Jesús a los Apóstoles y confiado a la Iglesia. Es así que aprendemos lo que nos dicen Las Sagradas Escrituras y la pasamos al espíritu, porque La Palabra de Dios que nos ruega, exige, exhorta, reclama, solicita, demanda y nos pide en nuestra vida lo que dice en Ella, en Las Sagradas Escrituras, y llama continuamente a nuestras vidas a la conversión son una sola: La Palabra de Dios y su llamado continuo, porque La Palabra de Dios siempre tiene esa centralidad en Cristo: El llamado al hombre a su regeneración por la conversión, que se llega a la plenitud del inicio con La Confesión Sacramental instituida por El Mismo Jesucristo y que acaba en la perseverancia final. No nos olvidemos de La Unción de los enfermos, en que «la fuerza sanadora de la Palabra de Dios es una llamada apremiante a una constante conversión personal del oyente mismo, o sea, del enfermo». Ya nos manifiesta a lo largo de Las Sagradas Escrituras las múltiples intervenciones de Dios para sanar a Sus hijos pues, El Mismo Cristo curó del alma y del cuerpo a muchos enfermos, donde estos encontraron su conversión por su arrepentimiento pleno y fe en Cristo. Y que Él desde el Bautismo asumió todas nuestras culpas, cargándolas en el madero en el que agonizante moriría crucificado, ha cargado con nuestros dolores y ha padecido por amor al hombre, dando así sentido a la enfermedad y a la muerte. Finalmente recordemos lo que nos dijo El Santo Padre en el mensaje de La Cuaresma de este año: Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien… Aquí El Santo Padre nos habla de los que no quieren anunciar El Evangelio con La Corrección Fraterna que Dios nos pide, y no lo hacen por respeto humano o por simple comodidad, que en cuanto al respeto humano, es el respeto a si en una autoridad jerárquica, económica o un adulto, etc. y la simple comodidad, es la que el cristiano tiene como que le es más fácil no corregir para no tener problemas, es decir, para ahorrarse el trabajo y el fastidio que pueda causar la corrección que se pueda interpelar. Sigue el santo Padre: Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros. Es por ello queridos hermanos, que la conversión va a depender de cada uno de nosotros, por el llamado de Dios, pero también será la responsabilidad de nosotros a ayudar a corregir del error a nuestros hermanos y puedan con ello dar un paso a la conversión o continuar en el proceso de la conversión, porque está el hombre que vive en el error y apartado del camino de Dios y el que también vive en el error aun cuando “está” en el camino de Dios, pero que hierra por ignorancia, por soberbia o por debilidad, y es pues, a todos ellos, encaminados y no, a los que tenemos que corregirlos para que logren su conversión y real conversión caminando hacia La Casa del Padre. Que Dios nos bendiga queridos hermanos y hermanas, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En el nombre del Padre, etc…

  50. -29

    La obediencia y La Divina Voluntad

    Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: Hoy El Padre manifiesta un querer incesante ya manifestado desde El Génesis: La obediencia, cuando dice: “Puedes comer de todos los árboles que hay en el jardín, exceptuando únicamente el árbol del conocimiento del bien y del mal. De él no deberás comer, porque el día que lo hagas quedarás sujeto a la muerte”. (Gen. 2, 16-17)… Existe pues, una autoridad que pide obediencia y por ello el respeto, ya que el que no obedece no respeta, porque el que pide obediencia tiene un título superior. Siendo, pues, Dios Omnipotente, es porque nadie puede más que Él, y por tanto Él no puede obedecer a nadie. Nosotros por en cambio estamos llamados a obedecerle, porque hay una promesa: La Vida Eterna, Aquella que el hombre perdió, por ello dice: «porque el día que lo hagas quedarás sujeto a la muerte»… es decir, que aquí claramente se demuestra que nuestro primer padre Adán tenía Vida Eterna, una Vida que todos hubiésemos podido tener y que ahora se nos otorga en El Pan Eucarístico: Jesucristo Eucaristía. «La obediencia evangélica, es pues, la sumisión libre del hombre alimentada de la humildad, dirigida hacia Dios para obedecer Su Divina Voluntad.» Él nos manda y nosotros obedecemos, porque el hombre sabe cuál es su lugar y cuál es el lugar de Dios, y es que cuando el hombre sabiendo que ello existe pero no lo hace, ciertamente cae en la desobediencia y con ello se aleja de La Vida Eterna. Por tanto, el hombre tiene interiorizado el sentir de la obediencia, sabe lo que está bien y lo que está mal, sabe cuando obedece o no, y cuando desobedece es producto de la soberbia que para derruirla siempre necesitamos de la gracia divina como auxilio para fortalecernos de esa debilidad: el pecado de la soberbia, la primera que entró en el mundo ya que «por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.» (Rom. 5, 12) La obediencia va de hijo a padre en una actitud que el hijo manifiesta confianza a su padre, y que por ello le da la certeza de que el padre solo le dará y dirá cosas buenas; pero esta oferta del padre al hijo debe tener como esencia la confianza manifestada en la verdad, para que el hijo la pueda acoger y con este acogimiento de la confianza ofertada, el hijo, en efecto, acogerá también la voluntad del padre. Así todo hombre escucha lo que dice El Divino Maestro: «Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan!» (Mat. 7, 11). La obediencia de la fe 144 Obedecer (ob-audire) en la fe es someterse libremente a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma. De esta obediencia, Abraham es el modelo que nos propone la Sagrada Escritura. La Virgen María es la realización más perfecta de la misma… «Por la fe, Abraham obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba» (Hb 11,8; cf. Gn 12,1-4) En la fe, María acogió el anuncio y la promesa que le traía el ángel Gabriel, creyendo que «nada es imposible para Dios» (Lc 1,37; cf. Gn 18,14) y dando su asentimiento: «He aquí la esclava del Señor; hágase en Mí según Tu palabra» (Lc 1,38). Isabel la saludó: «¡Dichosa la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1,45). Por esta fe todas las generaciones la proclamarán bienaventurada (cf. Lc 1,48). Es decir queridos hermanos y hermanas, para obedecer hay que tener fe, y por ello la confianza que los padres le dan a sus hijos, y esa confianza anclada en La Verdad, que Es Cristo. El Padre nos da la confianza en toda Su Palabra revelada, de ello dan cuenta la historia entera de la humanidad, y solo basta con ver la fe en la que se embarca un sin número de hijos a una verdadera vida religiosa: por la fe. Por tanto, para obedecer, debo tener fe, y para tener fe debo de rezar para pedir la gracia de tener la fe y teniéndola aumentándola. Con esa fe firme y sostenida que va dando pasos de obediencia, el hombre, en efecto, será dichoso porque será bendito por Dios, que vio en Su hijo la obediencia fortalecida en la fe que El Padre le dio y que el hijo la pidió. Pidamos más fe cada día queridos hermanos y hermanas y con ella pidamos la gracia de la humildad para lograr la obediencia. La obediencia va dando grandes pasos hasta encontrar el abandono en La Divina Voluntad. Escucha como se nos instruye en este abandono: “Consiste en una amorosa, entera y entrañable sumisión y concordia de nuestra voluntad con la de Dios en todo cuanto disponga o permita de nosotros. Cuando es perfecta se le conoce como Santo abandono.” (Padre Rollo Marín)… Es decir, que debe haber amor, y para que haya amor el hombre debe dar el paso de la obediencia, para que obedeciéndole le amemos. Tiene que ser un abandono entero: Todo tu ser, alma y cuerpo donado en la confianza totalmente a Dios, y para ello se necesita de la confianza, en la que Dios Perfectísimo y Todopoderoso podrá también aceptarte por completo. Entrañable sumisión, es el someterse desde el fondo de tu corazón a Dios que indaga hasta lo más íntimo de tu corazón. Así nuestra voluntad estará sometida libremente a La Voluntad de Dios que hará «todo», pero lo hará cuanto queramos disponer o permitir de nosotros, porque el abandono puede estar sujeto según cuanto cedamos para que Dios disponga. Es decir, que no solo basta decir: Acepto, o me abandono a Dios, sino, que se necesita la constancia de permitir a Dios que tome nuestras vidas, ¿Cómo? Aceptando cada día su Divina Voluntad, por más contraria que parezca ¿Y cómo sabemos si es Su Divina Voluntad? Pidiéndole todos los días que se haga Su Voluntad y no la nuestra, y que se nos manifieste por nuestros discernimientos y la dirección espiritual. San Ambrosio dice, "el que tiene por su porción a Dios, no debe tener otro cuidado que el de aplicarse a Él, y todo cuanto se emplea en otra cosa es un robo que se hace al servicio y culto que se le debe.”… Es decir queridos hermanos y hermanas, que lo que nos toca, nuestra parte, nuestra porción, es decir, todo lo que hacemos es parte del Plan de Salvación de Dios, ésta es la porción de la que nos habla San Ambrosio, porque el hombre debe ser una total donación a Dios, por ello cuando el hombre emplea su vida para otra cosa que no es lo que Dios nos ha pedido, es considerado un robo a los Planes Divinos, porque hicimos nuestra voluntad y no La Divina Voluntad del Padre, que teniendo planes perfectísimos nosotros quisimos hacer nuestros planes imperfectos; que siendo imperfectos robamos la perfección, robamos El Amor… El Amor que El Padre sabe más perfectamente a quienes entregar y de la manera como las quiera entregar. Por tanto si Dios tiene planes perfectos, ¿porqué insistir en nuestros planes imperfectos? Obstinarse, pues, en la realización de nuestros planes es robar El Amor de Dios, de Su Plan Misericordioso para dar paso a nuestras minúsculas pretensiones, eso es desobediencia. CIC 967 Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Por eso es "miembro supereminente y del todo singular de la Iglesia" (LG 53), incluso constituye "la figura" [typus] de la Iglesia… María, es pues, queridísimos hermanos ejemplo excelso de la obediencia filial, del abandono en Dios de una manera perfectísima, pues, aceptando que Su Hijo muera en La Cruz, aceptó todo cuanto El Padre dispuso. El mismo salmo de hoy propone la obediencia y el santo abandono, cuando grita: «Yo consulté al Señor, y me respondió, / me libró de todas mis ansias. Contempladlo, y quedaréis radiantes, / vuestro rostro no se avergonzará. / Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha / y lo salva de sus angustias.»… Y es que el hombre escucha la respuesta de Dios, alegre ve que en su vida Dios se ha manifestado, y no solo en la alegría y la prosperidad, sino, también en la tribulación, en tanto la solicitud del hombre esté en concordia con La Voluntad Divina, ya que en ocasiones el hombre debe pasar por unas purificaciones que aunque dolorosas ayudan a una perfección cristiana, porque el dolor purifica, redime y salva, si no, solo miremos al Crucificado para dar cuenta de ello. El Divino Redentor, Jesucristo nuestro Señor nos da una oración completísima en la que el hombre puede lograr su perfección cristiana: La oración del Padre nuestro, esta que está abocada en varios sentidos, pero lo que está por encima de todo es Amar a Dios por sobre todas las cosas y de una manera adherida amar al prójimo como a uno mismo, para lograr ambos preceptos ineludibles es, pues, necesario que el hombre logre cumplir La Divina Voluntad del Padre para que todas la demás peticiones del Padre nuestro y de toda nuestra vida se logren, empezando desde dirigirnos a Dios diciendo: Padre nuestro que estás en El Cielo… porque si nos dirigimos a Dios pero no hacemos lo que Él quiere ¿por qué nos afanamos en dirigirnos a Él? ¿Qué no nos damos cuenta de nuestras soberbias e hipocresías? Por tanto lo que debe cumplirse primero es: «Hágase Tu Voluntad, en la tierra como en El Cielo»… ése hágase permanente y perfecto que solo Jesús y María lograron y que nosotros estamos invitados a imitar. Así nos exhorta el Catecismo 2822 La voluntad de nuestro Padre es “que todos los hombres [...] se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tm 2, 3-4). El “usa de paciencia [...] no queriendo que algunos perezcan” (2 P 3, 9; cf Mt 18, 14). Su mandamiento que resume todos los demás y que nos dice toda su voluntad es que “nos amemos los unos a los otros como él nos ha amado” (Jn 13, 34; cf 1 Jn 3; 4; Lc 10, 25-37)… por tanto querido hermano, si pedimos que se Haga La Voluntad de Dios en la tierra como en El Cielo, es porque el hombre debe alimentarse de la fe y la confianza para creer que todo cuanto venga de Dios será para su bien, por ello es que debemos empezar por nosotros mismos, pues, Dios solo actuará plenamente en cuanto se lo permitamos, pues, Él no manipula los corazones de los hombres, Él por el contrario es respetuoso de la libre voluntad del hombre, y así con el permiso del hombre se puede seguir plenamente La Divina Voluntad del Padre, por ello es que dice seguidamente como en «El Cielo»; es decir, primero en la tierra: esperando que el hombre obedezca y se abandone en Dios; y luego: en El Cielo: Cuando el hombre deje actuar a Dios, Él en El Cielo podrá llevar a cabo Su Plan de Salvación de manera plena. Que en cuanto el hombre se niegue por mísera soberbia en una desobediencia que es producto de una vida apartada de Dios, o que aun cuando el hombre vive una vida en la gracia de Dios, pero en ambos casos el hombre no deja actuar plenamente La Voluntad de Dios, es decir, que el hombre apartado, no lo hace justamente porque no conoce a Dios; y el segundo aún cuando conoce a Dios, a veces por temor, a veces por ignorancia y a veces por soberbia no hace La Voluntad Divina, porque «vivir en La Voluntad Divina» es vivir cumpliendo Los Mandamientos de Dios y de Su Iglesia. «Y hacer la Voluntad Divina» es hacer todo cuanto Dios quiere que el hombre haga cada día, por ello la importancia de pedir a Dios diariamente que se manifieste constantemente en cada momento de nuestra vida, cada cosa que vea, sienta, hable, oiga, respire; cada paso que de, cada dirección que tome, que en todo momento se haga por La Voluntad de Dios, así el hombre estará perfectamente cada vez más abandonado en Dios, en Quien todo será perfecto, porque Dios Es Perfecto. Así nos exhorta el Apóstol: «hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza [...] a Él, por quien entramos en herencia, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de Su Voluntad” (Ef 1, 9-11)»… Toda nuestra vida al servicio de Cristo, porque por Él obtendremos la herencia del Reino de Los Cielos. El Padre nos eligió en La Persona de Cristo para que tengamos presente que Éste (Cristo) hace todo cuanto El Padre tiene por Su Voluntad. CIC 2824 En Cristo, y por medio de su voluntad humana, la voluntad del Padre fue cumplida perfectamente y de una vez por todas. Jesús dijo al entrar en el mundo: “He aquí que yo vengo [...] oh Dios, a hacer tu voluntad” (Hb 10, 7; Sal 40, 8-9). Sólo Jesús puede decir: “Yo hago siempre lo que le agrada a Él” (Jn 8, 29). En la oración de su agonía, acoge totalmente esta Voluntad: “No se haga mi voluntad sino la tuya” (Lc 22, 42; cf Jn 4, 34; 5, 30; 6, 38). He aquí por qué Jesús “se entregó a sí mismo por nuestros pecados [...] según la voluntad de Dios” (Ga 1, 4). “Y en virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo” (Hb 10, 10). «Adheridos a Cristo, podemos llegar a ser un solo espíritu con Él, y así cumplir su voluntad: de esta forma ésta se hará tanto en la tierra como en el cielo» (Orígenes, De oratione, 26, 3). San Pablo nos alienta: «No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.» Rom. 12, 2. Y también dice: «No sean irresponsables, sino traten de saber cuál es la voluntad del Señor.» Ef. 5, 17. No son los que me dicen: «Señor, Señor», los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de Mi Padre que está en El Cielo. Mat. 7, 21. Obediencia por la humildad, y abandono en Dios por la obediencia, es lo que necesitamos para que el hombre pueda lograr cumplir su cuota y Dios aproxime más rápidamente El Reino de Los Cielos. Que Dios nos bendiga queridos hermanos y hermanas, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54) En el nombre del Padre, etc…

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Meditaciones de La Liturgia de todos los días de la Primera Lectura, Salmo y Evangelio.

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Daniel Cueva Casanova

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