EPISODE · Jun 7, 2020 · 12 MIN
Cuatro girasoles
from Asuntos Mayores
1.8. “Mis cuatro hijas son unos girasoles que dejaron unas semillas” Investigación y redacción: María Tila Uribe y Esperanza Trujillo Uribe Contexto En los últimos 14 años Putumayo y Caquetá fueron casos emblemáticos de las transformaciones que experimentó el conflicto armado colombiano, en donde el Bloque Sur de las FARC fue el principal protagonista. Mientras Putumayo se convirtió en una zona de repliegue de las FARC, Caquetá, al ser bastión político y militar de esa guerrilla, se convirtió en objeto de planes sistemáticos de recuperación territorial por parte de los últimos cuatro gobiernos de Colombia: los dos del presidente Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) y lo que va corrido del presidente Juan Manuel Santos (2010-2016) (Fundación Ideas para la Paz, 2014). Adicionalmente, Putumayo y Caquetá fueron áreas de disputa entre actores armados por el control de los cultivos de coca, procesamiento y comercialización de drogas. Desde 1998 hasta 2006 el Bloque Sur de las FARC sostuvo enfrentamientos con grupos paramilitares. Después de las desmovilizaciones de 148 Ojalá nos alcance la vida estas estructuras, en Caquetá no se tuvo conocimiento de actividades recurrentes por parte de bandas criminales asociadas al narcotráfico, por lo que las FARC se convirtieron en el actor armado ilegal predominante, aun cuando en 2014 se identificó la presencia de un grupo paramilitar denominado Águilas Negras dedicado, entre otras acciones violatorias de los derechos humanos, a ajustes de cuentas y hechos de “limpieza social”. En el mismo periodo, las estructuras de las FARC en Putumayo mantuvieron alianzas con bandas criminales y desde 2014 conviven en el mismo escenario con el grupo Los Rastrojos a partir de su participación en el negocio del narcotráfico. Es en esos departamentos donde se van a desarrollar las dos siguientes historias. La primera, Mis cuatro hijas son unos girasoles que dejaron unas semillas, tiene como escenario principal a Puerto Asís en el Putumayo, un pueblo muy tranquilo, centro de intercambio comercial con Mocoa, el valle de Sibundoy y Pasto, hasta que en abril de 1979 llegaron las primeras semillas de coca. Gonzalo Rodríguez Gacha, alias el Mexicano, fue quien las introdujo con la ayuda de comerciantes de la zona. “La semilla pegó y comenzó a regarse sin control. Bajó al valle del Guamuez y de ahí siguió por el río Putumayo hasta Puerto Leguízamo. Subió hasta Puerto Caicedo, pasó a Orito, y en su recorrido ascendente se instaló en Puerto Guzmán y Villa Garzón. La promesa de una riqueza fácil hizo que 1491. Las historias de vida los campesinos cambiaran sus cultivos tradicionales por la coca y atrajo a miles de colonos de todo el país” (Revista Semana, 2000), y también atrajo a la guerrilla de las FARC. Por casi una década duraron las buenas relaciones de guerrilleros y narcotraficantes en la región, hasta que comenzó la guerra. Una disputa por asuntos de dinero entre el Mexicano y las FARC terminó de manera escabrosa hacia finales de los años ochenta, lo que ocasionó que aquel narcotraficante llevara al Putumayo a Los Masetos10 para sacar a la guerrilla de ese lugar. Los Masetos desaparecieron cuando las FARC retomaron su dominio en esa región, con una operación que llamaron “Aquí estamos Putumayo”. Los subversivos volvieron a dominar el sur del país durante casi toda la década de los años noventa hasta que una siguiente generación de paramilitares, liderada por los hermanos Castaño Gil, retornó en 1997 y constituyó el Frente Sur del Putumayo. En 1998, el grupo paramilitar comenzó a operar en zona rural de Puerto Asís desde el kilómetro cinco al nueve, así como en las veredas La Danta, El Águila y Quirilí. El bautizo de fuego del Frente Sur del Putumayo fue el 7 de noviembre de 1999, cuando incursionaron 10 Ejército privado conformado en Medellín a comienzos de los años ochenta, como una venganza de terratenientes, ganaderos y narcotraficantes por las acciones de las guerrillas. Su nombre proviene de la generalización de la abreviatura Muerte a Secuestradores (MAS). 150 Ojalá nos alcance la vida en La Dorada, cabecera municipal de San Miguel, y en El Placer, inspección del Valle del Guamuez. De ahí en adelante no cesarían de sembrar el terror en varios municipios del suroeste del país, bajo la excusa de combatir la guerrilla de la región pero que tenía como trasfondo el control del negocio del narcotráfico. En el Putumayo, no solo los guerrilleros fueron declarados objetivo militar, sino también mujeres, madres e hijas de las víctimas. Durante su accionar, el Frente Sur del Putumayo asesinó a por lo menos dos mil quinientas personas y dejaron cinco mil quinientas víctimas, según los registros de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía (Verdad Abierta, 2010). En cuanto al departamento del Caquetá, donde se desarrolla la segunda historia: La tierra perdida el Estado ha priorizado esta región desde el año 2000 en sus esfuerzos de recuperación militar y consolidación del territorio, con el plan de guerra de las Fuerzas Militares, que busca focalizar las acciones de la fuerza pública en zonas consideradas como retaguardias estratégicas de la subversión. La Fuerza de Tarea Conjunta Omega cubre tanto Cartagena del Chairá como Puerto Rico, los combates, emboscadas y hostigamientos allí representan casi la totalidad de las acciones bélicas en el departamento (Equipo humanitario Colombia, 2014). 1511. Las historias de vida La vivacidad del conflicto en Caquetá ha dejado un impacto humanitario de proporciones significativas. A lo largo del periodo 2000-2013, Caquetá presentó tasas de homicidio que superaron al promedio nacional; en desplazamiento forzado Caquetá se ubicó como el sexto lugar más afectado del país después de Antioquia, Bolívar, Magdalena, Nariño y Cesar. Además, fue el tercer departamento con mayor número de víctimas por minas antipersonal después de Antioquia y Meta (Fundación Ideas para la Paz, 2014). *** El Gavilán violó a las niñas, las mató, las cortó por pedazos. Le grité: “¡¿Por qué mató a mis hijas?! ¡¿No pensó en la madre que lo parió?! Eso no tiene perdón de Dios, usted con un arma y ellas sin armas. ¡Cobarde!”. Él me decía: “Perdóneme”. A mis hijas nunca las voy a borrar, “¿Por qué hizo eso?”, le pregunté. —Lo que pasa es que a sus hijas las informaron como si fueran guerrilleras. — ¿Por qué no averiguó si mis hijas sí eran guerrilleras?—, le contesté. Y si fueran guerrilleras, mis hijas tenían perdón. Dijo que le pagaban dos millones de pesos por cada persona que mataba, que por eso había cargado con todas las personas que le mandaban a matar. Él quedó en la cárcel y yo aquí luchando por mis nietos. 152 Ojalá nos alcance la vida Soy nacida el 8 de abril de 1956 en Consacá, Nariño. Mi nombre es Blanca Nieves, a la edad de 18 años mi mamá me unió con Alirio, con él me fui para el Putumayo donde nos casamos. Él tenía 30 años. Ahora soy una mujer viuda, desde el año ochenta y pucho, porque a Alirio lo mataron como en el 85 y yo seguí luchando con mi familia. Hice mi vida con mi esposo socavando montañas, sembrando arroz, sembrando maíz, chontaduro, pescando, lo que Dios nos diera para poder vivir. Tuve cinco niñas y a Cristian. La muerte de Alirio Alirio era una persona estudiada. Llegó la época en que me dijo que no quería trabajar más ahí y nos salimos para Puerto Asís, Putumayo. Nos hicimos a una casa allí. Yo era la presidenta de la Junta de Acción Comunal, me gusta ayudar. Mi esposo era un líder, trabajó como doce años en la alcaldía. Comenzó como inspector y ahí empezaron las amenazas para nosotros. Seguí siendo una líder, adonde voy siempre ayudo a las mujeres. Yo estaba amenazada desde antes de que mataran a Alirio y después de muerto él. A él lo iban a matar, eso salió en la prensa. Le pregunté: — ¿Qué pasa, Alirio? 1531. Las historias de vida —Negra, yo no tengo problemas con nadie. Si me matan que me maten, yo de aquí no me voy a ir. Aquí tienes esta escritura, si llego a morir por estas amenazas, no se la entregues a nadie. Blanca, te toca a ti asumir la responsabilidad, darles de comer a las niñas. Con ellas partí para San Miguel, Putumayo, allá yo tenía una farmacia. A la semana me llamó como a las cinco de la mañana el comandante del Ejército y me dijo que habían matado a mi esposo. ¡Que habían matado a Alirio! Arranqué con las niñas y encontré su cuerpo. Toda la gente a la que yo ayudaba me acompañó. Mientras lo estábamos velando llegaron tres encapuchados, dijeron que me iban a matar. Cuando la gente vio esos tipos armados corrió, entonces yo quedé ahí. Recogí a mis hijos, a todos los ubiqué al pie del cadáver del finado, y les dije a los encapuchados: —Miren, señores, ya mataron a mi esposo y esta casa para mí ya no vale nada, porque lo que valía era esto—, y señalé a mi esposo—. Él me daba de comer, de vestir, estaba pendiente de sus hijas. Si quieren matarme, aquí estoy. Esos señores cogieron los rifles, los bajaron y se fueron. Eran Los Masetos, una organización de paramilitares que mató mucha gente en esa época. Cuando mataron 154 Ojalá nos alcance la vida a Alirio también asesinaron como a otras cincuenta personas, a muchas prostitutas, y las echaron al río San Miguel. Yo tuve al finado cuatro días y nadie me ayudaba a sepultarlo, hasta que se reventó. Como pude llamé a un trabajador y le pedí ayuda. Así lo llevé al cementerio y lo sepulté. Ya en la casa, cuando me estaba durmiendo luego de cuatro días sin dormir, llegaron unos muchachos y me dijeron: “¡Doña Blanca, doña Blanca, sacaron a Alirio del cementerio!”. Yo pensé: ¡pero, Dios mío, qué más quiere esta gente! Ya lo mataron, ¡¿qué más quieren?! A la inspectora de policía, yo le decía: —Mire, doctora, los muertos quedan encima de los troncos, están los chulos comiéndoselos, haga el favor y vaya a alzarlos. —Que se los coman—, respondió ella—. Yo no voy a ir a hacerme matar. Después de eso decidí devolverme a Puerto Asís. Mi casa de seis piezas Mi niñez fue con una madre muy linda que tuvo nueve hijos. Nos criamos cosechando el café, sembrando plátano, yuca, caña, hacíamos guarapo, hacíamos pa 1551. Las historias de vida nela. Desayunábamos todos unidos y primero hacíamos una oración para dar gracias por el alimento, lo mismo para trabajar en el campo echando pala o pica. La mayoría de nosotros nos quedamos sin estudio porque mi mamá, si tenía para comer, no tenía para un cuaderno o una pizarra. De la edad de ocho años me tocó cuidar a mis hermanos. A mí me tocaba bañarlos y vestirlos mientras mi mamá trabajaba en el campo. Teníamos a mis tíos, la mamá de mi mamá, las hermanas de mi mamita. En ese tiempo se tenía mucho respeto a las creencias como a Pitonisa o el Pájaro Coco. Nos criaron muy religiosos y con todas esas culturas maravillosas de nuestros padres. Cuando me casé con Alirio perdí la comunicación con mi mamá. En ese tiempo no existía ningún teléfono, eran cartas, nos tocaba esperar un día entero para que bajara un bus. Después de un tiempo, un día yo había llegado de trabajar y mi hija Nancicita que tenía como diez años me dijo que un tipo había metido por la puerta unos papeles, unos panfletos que decían que me fuera de ahí, que me iban a matar como mataron a Alirio. Llegué a la alcaldía y le dije al señor alcalde de Puerto Asís: —No están contentos con haber matado a mi marido y que ahora me van a matar a mí, hasta esta noche me dieron plazo. 156 Ojalá nos alcance la vida Nos fuimos a la policía. Me dijeron que me sentara en la puerta de la casa a ver si llegaba el asesino a matarme, que ellos me rodeaban. Me quedé esa noche allí, saqué una botella de ron y me puse a tomar: si me matan, que me maten borracha. Esa noche no me mataron, pero al lado mío mataron a otros señores. Pensé: me voy de aquí porque tengo mis hijas, me han hecho la vida imposible. Salimos para San Miguel, las niñas tenían entre diez y doce años. Pasaron los años, estaban mis hijas de 19, 18, 15 y 14 años. Las muchachas se enamoraron y tuvieron sus bebecitos. Entonces les dije que me regresaba para Puerto Asís, porque en La Dorada se estaba poniendo muy dura la situación. Mi hermano me había ofrecido un lote: “Te lo voy a regalar, vente a hacerte una casa, vos eres una mujer muy valiente”. Yo ahí mismo fui, contraté trabajadores, compré tablas, saqué fiado y armé una casa muy bonita, mi casa de seis piezas porque eran seis hijos: cinco niñas y un varón. Las niñas y sus vestidos nuevos En 2000 mataron y desaparecieron a mucha gente. El miedo mataba, aquí era la trinchera de los paramilitares. Cuando se enfrentaban con la guerrilla apenas se miraba a los árboles que se mecían mientras las bombas y la balacera. Es horrible 1571. Las historias de vida cuando se agarran a plomo. Nosotros nos refugiamos en la escuela como dos meses. Un día llegó el alcalde y dijo que desocupáramos las casas porque se había acabado la guerra: “Tienen que irse”. Como yo no tenía a dónde ir me metí en una casa donde habían matado a una familia. Ahí estaba la sangre, los colchones y todo. Saqué todo, lavé esa casa, puse una cobijita que habían dejado los mismos muertos, y ahí nos refugiamos mientras pasaba la violencia. Sin embargo, llegó el Comandante Blanco y nos sacó a todo el mundo al parque. Era un paramilitar que venía de Urabá diciendo que estaban cansados de matar gente. Ellos andaban con collares de orejas de los muertos y a otros les cortaban la cabeza y jugaban balón con ellas. ¡Eso fue cierto, el pueblo y todo el mundo lo sabe! A mí la gente me decía: “¡Doña Blanca, cállese!”, pero yo no tengo por qué callarme. Si yo hubiera sido guerrillera, ¿ustedes creen que iba a esperar a que vinieran a matar a mi familia? Entonces llegaron ellos y sacaron a todo el mundo para la calle, los de las fincas para las fincas, los de los campos para los campos, y quedamos ahí, inocentemente. Entonces llegó ese señor, el mecánico, lo encapucharon y él entregó a todo el pueblo y a mis hijas señalándolas de que eran guerrilleras. Ese señor comía de la misma olla mía. Yo lo reconocí, era “Coco”. Le pregunté si ahora se sentaba a entregar a la gente y él me dijo: 158 Ojalá nos alcance la vida —No, doña Blanca, si usted supiera cómo estoy aquí... Yo les había dicho a mis hijas que vinieran para la Navidad. “Coco” en ese tiempo era vecino de mi casa. Cuando llegó, mi hija Mónica me dijo: “¡Ay, mamá, qué alegría tan grande!”. Había matado mi marrano, mis gallinas, hice los tamales, la natilla, buñuelos y les pregunté: — ¿Ya comieron? ¿Tienen ropa? —No, no tenemos ropa. —Vayan donde Juan Pablo que les dé la ropa—, les dije. Yo tenía crédito. Contentas se pusieron sus vestidos nuevos y salieron. El día que íbamos a hacer la fiesta en la casa, el 31 de diciembre, nos ordenaron que teníamos que salir todos al parque a festejar. Salimos todos a tomarnos unos tragos, bailamos, nos encontramos con mis hermanos, cada familia en cada puestico, en el polideportivo. Festejando el primero de enero me fui al frente de la casa, donde don Julio, y le dije que me diera un permisito, que tenía una carne para ahumar. Cuando estaba prendiendo la candela sentí que un hombre me puso la mano en el hombro, don Julio me hacía señas. Era un hombre alto, indio, tenía brackets. — ¿Qué está haciendo aquí, señora? —Oreando una carne. 1591. Las historias de vida Era el Comandante Raúl, que tenía la trinchera al pie de mi casa. —Mire, señora, a las dos de la tarde tenemos una reunión con toda su familia, con sus hijas y usted. Como yo no tengo problemas con nadie le respondí: Bueno, señor. —Muchachas, aquí vino un comandante y dijo que tenemos una reunión. ¿Qué pasó, hijas? ¿Qué problemas tuvieron? —Mamá, si algún día por esta violencia me pasa algo, yo le dejo mis dos hijos. Váyase muy lejos, no se vaya a quedar aquí porque aquí es un infierno—, me respondió mi hija Patricia. — ¡Cómo va a decir eso mamita, que me va a dejar sus hijos! Patricia, no diga tonterías, no piense en morirse. —Tranquila, mamá—. Y nos abrazamos. El grito por mis hijas Esperé a que llegara el carro: llegaron en una camioneta a las 6:30 de la tarde, cuando ya estábamos todas en la casa reunidas. Nos sacaron por plena carretera, nos llevaron a El Arco. Esa camioneta era de cuatro puertas, iban atrás unos escoltas. 160 Ojalá nos alcance la vida — ¿Saben pa’ dónde van? —No, señor, yo no sé. La única que hablaba era yo. Los nietos iban conmigo. Cuando llegamos ese señor paró ese carro, lo frenó como pudo y nos recibió un comandante, el Alacrán, un negro grandísimo. —Llegó el paquete. Bajen a la señora. Me bajaron, yo quedé sola. —Señores—, yo no le tengo miedo a nadie, solamente a Dios—, háganme un favor, si alguien denunció a mi familia, averigüen, no me las vayan a matar. Yo estaba diciendo eso y un comandante me interrumpió. — ¡Tienes que largarte ya! —Pero, ¿a dónde me voy a largar? —Es que tienes que largarte o te matamos—, me miraron los que tenían los rifles. Entonces dieron la orden a otra camioneta: — ¡Hagan el favor y a esa señora la botan en el parque! Les eché la bendición a las muchachas, como pude tiré a los chicos a la otra camioneta y los apreté, y me dejaron en el parque. En la camioneta que me 1611. Las historias de vida llevaron iba la mujer del “Coco”. Cuando me bajé, cogí a los niños y me fui donde el alcalde: —Joven, me quitaron a mi familia. ¡Ayúdeme! —Doña Blanca, defiéndase como pueda, yo no puedo ayudarle porque a mí me matan. Entonces me pasé a donde estaban los paramilitares. —Señores, a mí me quitaron a mis hijas, necesito por favor que no me las vayan a matar, que me las devuelvan. Miren estos niños que están llorando—. Los niños lloraron como unas dos horas de ver que yo lloraba y suplicaba. — ¡Lárgate de aquí vieja antes de que te matemos! Yo cogí y me fui sin saber para dónde las llevaron, sin saber qué hacer. Yo gritaba, lloraba, pedía agua. Todo el mundo me tiraba las puertas, nadie me daba un vaso de agua. Hasta ahí llegué, me faltaba el aire, me faltaba todo, me había desmayado. Me pusieron inyecciones. Fue cuando el Albeiro, el esposo de mi hija, me llevó en una camioneta con todos los niños para Sandoná, Nariño, donde mi mamita. —Ay, por fin me viniste a visitar, hija. ¿Por qué dejaste las niñas? No le quería contar a mi mamá que a mis hijas me las habían desaparecido. 162 Ojalá nos alcance la vida Ya de ver que mamá se sentía como fastidiosa porque los niños lloraban me fui para el pueblo. Allí me encontré con Lucila, una empleada a la que yo le había dado trabajo. Le conté lo que me había pasado y ella me dio posada con todos los niños. Yo no tenía casa porque el Comandante Blanco me robó todo en 2000, y en 2007 cuando también me robaron todo. Empecé a pedir limosna en las calles, en los colegios; pedía en las iglesias, pedía a todo el mundo, les explicaba. Hasta que me colaboraron y pude salir a Pasto, donde puse la denuncia de que me habían desaparecido a mi familia. En la televisión salió que los paramilitares se desmovilizaron y pensé: me voy para el Putumayo. Yo no sabía nada de mi familia, de mis hijas. Llamé a mi hermano y él me mandó plata para la comida y el transporte para llegar al Putumayo. Viajé con mi mamá y llegué a una pieza. Fui a ubicar a los niños al colegio y a hablar con el alcalde, me dio trabajo de aseadora. Le dije a mi mamá: — ¡Mamita, ayúdeme, no me deje sola, mamá! Vámonos para la montaña a buscar a las muchachas. —Bueno, mija, vamos. Nos fuimos, llevamos un hacha, un machete y una pica, y cuando mirábamos un hueco o la tierra hundida ahí nos agarrábamos a cavar con mi 1631. Las historias de vida mamá. De ahí sacábamos ropa, encontrábamos ropa de otras personas. En mi corazón están vivas Encontramos una fosa. Al meter la pica y jalar, sacamos una costilla. Entonces me fui donde la inspectora. — ¡Doña Socorro, yo encontré una fosa, creo que ahí están mis hijas!—, le dije, aunque nunca esperaba encontrarlas muertas— ¡Ahí están mis hijas! —Váyase a la Fiscalía y cuénteles. Me fui para allá y encontré borrachos a esos señores: Pasa que yo tengo desaparecida a la familia Galarraga, necesito que me ayuden, yo encontré una fosa — ¿Dónde? —Al lado del Arco, en una marranera. —Más tarde vamos, mañana vamos. En 2007 recibí una llamada, me dijeron que tenía que desaparecerme porque me iban a matar a mí y a toda mi familia. — ¿Volviste acá a molestar? Te vamos a matar hasta al perro. 164 Ojalá nos alcance la vida — ¡Dios mío!—, grité, y colgué el teléfono. Habían pasado seis años, tenía apoyo de la Asociación Minga y ellos me sacaron en un avión para Bogotá. En 2010 recibí una llamada del alcalde de San Miguel: —Doña Blanca, ya encontramos a sus muchachas. Donde usted fue a buscar en la fosa, ahí las encontramos, a las cuatro. Girasoles y semillas Mis cuatro hijas son unos girasoles que dejaron unas semillas. Hicimos una colcha de retazos con todo amor contando nuestras penas. En la colcha pusimos las faldas, los vestidos, todo lo de ellas, ¡todo! A pesar de que se fueron, en mi corazón están vivas y yo sigo luchando por los hijos que dejaron. Después de tanta vuelta, de tanto hablar por tantas partes, el asesino, al que le decían el Alacrán, quien me miraba llorar por la televisión, se entregó. Como yo denuncié, como yo hablaba, como no callé, el asesino dijo que quería pedirme perdón. Lo tenían preso en Bogotá. Eso fue hace cinco años, porque hace cinco años encontraron a mi familia. Yo no lo veía, yo hablaba y él me escuchaba. Al tiempo me tocó otra audiencia, había 35 1651. Las historias de vida paramilitares, la mayoría del Putumayo. Lo miré. Me pidió perdón. Contó que él tenía la orden de matarlas, que como él no fue capaz se las entregó a un tal Gavilán. *Como acto simbólico a la memoria de sus hijas desaparecidas Blanca Nieves construyó una colcha con retazos de sus ropas e inspiró con esta iniciativa la creación de El Costurero de la Memoria, espacio en el que continúa participando al día de hoy. Referencias Equipo humanitario Colombia (2014), “Informe final MIRA: Municipios Cartagena del Chairá y Puerto Rico (Caquetá)”, disponible en https:// www.humanitarianresponse.info/sites/www.humanitarianresponse.info/files/assessments/Informe%20MIRA%20Cartagena%20del%20Chair%C3%A1%20y%20Puerto%20Rico%20v6.pdf Fundación Ideas para la Paz, (2014, junio), “Conflicto armado en Caquetá y Putumayo y su impacto humanitario, Boletín #73”, disponible en http://cdn.ideaspaz.org/media/website/document/5445281ad0a0f.pdf, recuperado el 3 de octubre de 2015 a las 8 a.m. Revista Semana, (2000, 6 de marzo), “Las guerras del Putumayo”, disponible en http://www. 166 Ojalá nos alcance la vida semana.com/nacion/articulo/las-guerras-delputumayo/41200-3, recuperado el 3 de octubre de 2015 a las 8 a.m. Verdad Abierta, (2010, 9 de noviembre), “Así entraron los ‘paras’ al sur del Putumayo”, disponible en http://www.semana.com/nacion/articulo/lasguerras-del-putumayo/41200-3, recuperado el 3 de octubre de 2015 a las 8 a.m
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