EPISODE · Jan 12, 2025 · 9 MIN
Desmontando la leyenda negra de Enriqueta Martí. La Asesina del Raval.
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
Desmontando la leyenda negra de Enriqueta Martí. La Asesina del Raval. Asesina, secuestradora, sádica… un monstruo. Hay muchas palabras para definir al mal. Y todas esas y muchas más se usaron para describir a Enriqueta Martí Ripoll. Conocida como la vampiresa de Barcelona. Nació en 1868 y fue la protagonista de una duradera leyenda negra. Le atribuyeron el secuestro, asesinato y descuartizamiento de varias decenas de niños. La leyenda ha servido de inspiración para obras literarias, teatrales o cinematográficas. Sin embargo, la mayoría de los hechos de los que se le acusó y por los que se la recuerda, nunca fueron probados. Cuentan que Enriqueta nació a las afueras de Barcelona y se mudó a la ciudad siendo muy joven, para buscarse la vida. Comenzó a trabajar de niñera. Luego, supuestamente, ejerció la prostitución. En burdeles o en sitios como el puerto o el Portal de Santa Madrona. Dicen que también era curandera. Elaboraba y vendía ungüentos, pomadas y pociones para curar la tuberculosis. Las crónicas de la época recogen que Enriqueta llevaba una doble vida. Durante el día pedía limosna en conventos y parroquias y por la noche se dejaba ver en lugares frecuentados por las clases altas. Como el teatro del Liceo, donde ofrecía sus productos o servicios. En 1895 contrajo matrimonio con el pintor Juan Pujaló. Mantuvieron una relación tormentosa y el matrimonio se separó unos años más tarde sin haber tenido hijos. Su biografía quedaría marcada por lo sucedido el 17 de febrero de 1912. Una vecina de Enriqueta, en la calle Ponent de Raval, vio que en su casa había una niña con la cabeza rapada. La divisó a través de la ventana que daba al patio interior del edificio. Extrañada, la vecina avisó a la policía y se presentaron en el piso de Enriqueta. Descubrieron que la niña era Teresita Guitart Congost. Sus padres habían denunciado su desaparición, dos semanas antes. Junto a ella había otra criatura, Angelita. Le tomaron declaración a Teresita. Explicó que se había perdido de su madre en un paseo y que esa extraña la cogió de la mano y le ofreció unos dulces. La pequeña se dio cuenta de que se estaban alejando demasiado pero no pudo hacer nada. La mujer la cubrió con un trapo oscuro y le obligó a seguir caminando hasta su portal. Por su parte, Enriqueta declaró que desconocía quién era esa niña. Simplemente la acogió porque la había encontrado sola en la calle y con hambre. Las incongruencias se notaron cuando hablaron con la otra menor. Enriqueta empezó manifestando que era su hija. Luego se demostró que no era así. Después confesó que era su sobrina y la había adoptado tras hacerle creer a su cuñada en el parto, que había muerto al nacer. Angelita fue la que alarmó a los investigadores. Aseguró que antes del rapto de Teresita, había otro niño en casa, Pepito, y que Enriqueta lo mató en la mesa de la cocina. Los agentes registraron su vivienda y hallaron un saco de ropa sucia, huesos pequeños y una habitación cerrada con llave. Al abrirla, había un montón de botes y palanganas para preparar bálsamos. Justo en este momento es cuando la realidad dio paso a la leyenda de la vampiresa de Barcelona. Al criminalizar a Enriqueta, la alta burguesía estaba atacando a toda una clase social. El caso estalló en un momento en el que Barcelona trataba de proyectar el esplendor de sus barrios más acomodados. Mientras se abría Via Laietana, los nuevos ricos se instalaban en el Eixample. Mientras las autoridades trataban de silenciar las zonas más marginales. En aquellos años, en esas zonas se producían desapariciones de niños, la mayoría de familias pobres. La vampiresa de Barcelona concentró en su figura todos aquellos miedos. Era la respuesta que necesitaban, la bestia que asesinaba a sus hijos para preparar pócimas. Los periódicos agrandaron esta figura macabra publicando artículos suyos sensacionalistas. En el fondo, aquella pobre mujer, fue una cortina de humo. Su caso tapó otra red, esta vez sí, real y siniestra, de prostitución de menores y trata de blancas. Y detrás de todo ello, andaban metidos personajes de la élite política y económica del país. En el fondo, todas esas pruebas eran poco sólidas. Los huesos eran de animales, la historia de Pepito era inventada y la mayoría de la sangre era de la propia Enriqueta. Solía sangrar bastante, víctima de su enfermedad. La única acusación consistente contra Enriqueta fue la del secuestro de Teresita. Dicen que Enriqueta llegó a tener un hijo que murió antes de cumplir los 11 meses por culpa de la malnutrición. Este hecho le causó un profundo trauma. Aquella mujer pobre y curandera estaba lejos de ser una mente criminal. Pero Barcelona ya tenía a su propia asesina en serie de menores, a su Jack el destripador. Hasta hace poco la Wikipedia todavía se refería a ella como: la asesina en serie más mortífera que ha habido en España. La leyenda cuenta que Enriqueta murió en el penal, apaleada por el resto de reclusas. Y la verdad afirma que falleció a causa de un cáncer de útero. Enriqueta tenía pruebas a su favor, nada consistente su contra. Pero la prensa, la clase alta, los vecinos y sus habladurías… Entre todos dieron forma a la bestia, a la vampira de Barcelona. El monstruo no era ella, el monstruo somos nosotros.
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