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EPISODE · Mar 5, 2026 · 5 MIN

Dirty Versalles: Entre el lujo, el orín y el mal olor de la realeza

from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM

Trío de ases: Las voces de Pilar Folgado, Begoña Learreta y María Maruchi nos narran una historia que se huele escondida entre el lujo… Dirty Versalles: Entre el lujo, el orín y el mal olor de la realeza • El Palacio de Versalles fue un lugar esplendoroso pero olía muy mal. • Olía a orín y a suciedad. • Por mucho que fuera el centro de ostentación y poder de los tres reyes que lo habitaron: desde Luis 14 hasta Luis 16. • Así lo detalla Georges Vigarello en su libro titulado: Lo limpio y lo sucio. • En los siglos 17 y 18 el contacto con el agua se consideró peligroso y no usaban agua caliente para lavarse. • Pensaban que los poros abiertos dejaban entrar enfermedades. • Y que los baños provocaban la pérdida de fuerza vital, infertilidad y abortos. • Por lo tanto, el lavado corporal era en seco, y el de los reyes y reinas, público. • Lo primero que hacían los nobles al levantarse era enjuagarse las manos con agua ante un selecto grupo. • El resto de la higiene corporal se hacía frotando el cuerpo con telas de algodón perfumadas. • Sin embargo, cambiaban de ropa interior varias veces al día. • La lencería tanto de hombres como de mujeres era una especie de camisón holgado. • Al dejar a la vista los lujosos encajes en puños y cuellos mostraban su estatus social y económico. • El pelo lo lavaban con champú seco. • Para evitar malos olores, se empolvaba y llevaban pesadas pelucas. • Sus dientes solían estar sucios y con caries, de manera que pocos conservaban una buena dentadura. • De ahí que en los retratos oficiales les pintasen con la boca cerrada y sin sonreír. • Para limpiar los dientes se frotaban con un saquito de tela relleno de polvo de mármol y algunas raíces. • Para disimular el mal aliento, masticaban tabaco o hierbas aromáticas. • Los enjuagues bucales se hacían con orina. • El estándar de belleza vigente obligaba a mostrar un rostro puro, señal de un alma igualmente pura. • Y debían lucir una cara impoluta, sin cicatrices ni granos. • Lucir una piel morena era señal de que trabajabas al sol y de que no pertenecías a la aristocracia. • Para lucir una piel blanca se aplicaron polvos blancos de plomo muy tóxicos. • Y hasta se pegaban lunares de tafetán. • Cada lugar del rostro tenía un significado y se empleaba como un juego de seducción. • Además, los labios y las mejillas se pintaban de rojo intenso para dar una sensación teatral. • El perfume disimulaba los olores corporales. • Había un perfume en especial para cada estamento. • En general, se usaba el aroma de las flores de cada estación. • La famosa reina Maria Antonieta tenía el suyo propio, un perfume de mil flores, la máxima expresión del lujo. • En el palacio de Versalles vivían unas 4.000 personas que lo transitaban a diario. • De modo que orinaban donde podían, normalmente en las paredes de los patios. • Las mujeres solían llevar una palangana escondida en un falso libro, titulado: Viaje a los países bajos. • Cuando la necesitaban, se levantaban la falda y orinaban en el recipiente. • Contaban con una legión de limpiadores pero no podían con todos aquellos efluvios. • Cuando paseaban por las estancias, solían llevar un botecito con hierbas aromáticas. • Al inhalarlo intentaban olvidar las zonas pestilentes del palacio. • Las bañeras fueron un mobiliario poco frecuente y casi ni las usaban. • No fue hasta finales del siglo 18 cuando lavarse con agua comienza a ser considerado como algo necesario para la higiene y la salud. • Y a principios del siglo 20 se generalizó en París el acceso y uso del agua limpia. • Los visitantes describieron el palacio de Versalles como un gran pozo negro. • En cualquier lugar del mismo, en las escaleras, los pasillos y en los rincones más inesperados te podías encontrar con restos de orín y porquería. • El nauseabundo hedor se aferraba a la ropa y al cuerpo. • Los aristócratas orinaban entre las cortinas y los tapices sin tapujos. • Y María Antonieta dejaba que sus dos perros de raza hicieran sus necesidades donde quisieran. • El propio Voltaire se alojó en una habitación del palacio y la describió como la habitación de la mierda. • Para colmo de males, la construcción se halla sobre antiguos pantanos, lo que agravaba el asunto del hedor. • En invierno, las ineficientes chimeneas no servían para que el humo y el hollín impregnara la tapicería. • El rey Luis 14 trató de disimular aquel ambiente a través de vaporizadores de esencia de azahar y cuencos de líquidos perfumados. • El personal los colocó alrededor del palacio. • No fue un caso exclusivo de los franceses. • En otras cortes de la época ocurría lo mismo. • En Inglaterra los nobles vivían en una situación similar. • A pesar de todo, ellos se consideraban como excepcionalmente limpios. • Aunque hoy en día no pasarían la prueba del algodón.

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