El color como lenguaje: por qué uso el arcoíris y los colores complementarios en mi obra episode artwork

EPISODE · Dec 25, 2025 · 5 MIN

El color como lenguaje: por qué uso el arcoíris y los colores complementarios en mi obra

from MESCO's Layers and Lines · host Marianne Sucre

Quiero hablar hoy del color.No del color como adorno, ni como algo simplemente “bonito”, sino del color como experiencia física, emocional y conceptual. Del color como lenguaje.Muchas personas me preguntan por qué en mi trabajo aparecen una y otra vez los colores del arcoíris y por qué insisto tanto en los colores complementarios. La respuesta corta sería: porque ahí está el origen de todo lo que vemos. Pero la respuesta larga —la que realmente me interesa— tiene que ver con la luz, con la percepción y con cómo habitamos el mundo.El arcoíris no es una invención cultural. No es un símbolo impuesto. Es un fenómeno natural que ocurre cuando la luz blanca del sol atraviesa gotas de agua en la atmósfera, se refracta, se dobla y se descompone en sus distintas longitudes de onda. Cada una de esas longitudes de onda corresponde a un color distinto: del rojo, con la longitud de onda más larga, al violeta, con la más corta.Eso que vemos suspendido en el cielo es, literalmente, la estructura visible de la luz.Isaac Newton lo demostró en 1666 con un prisma: la luz blanca contiene todos los colores. No los crea. Los revela. Y para mí, esa idea es fundamental. El color no es algo que agrego a la obra; es algo que descubro, que organizo, que pongo en relación.Cuando trabajo con los colores del arcoíris, no estoy citando un símbolo pop ni un código emocional prefabricado. Estoy regresando a la fuente. Al espectro visible. A aquello que nuestros ojos pueden percibir y que, sin embargo, solemos dar por sentado.Aquí aparece una distinción clave que atraviesa toda mi práctica: la diferencia entre el color como luz y el color como pigmento.El arcoíris pertenece al mundo de la luz. Es síntesis aditiva. En ese sistema, los colores primarios son rojo, verde y azul. Cuando se suman todos, el resultado es blanco. En cambio, cuando trabajamos con pintura, con impresión o con materia, entramos en la síntesis sustractiva: los colores absorben luz. Y cuando los mezclamos todos, el resultado tiende al negro o a un marrón oscuro.Esa tensión entre luz y materia me interesa profundamente. Trabajo con color desde un lugar mental, casi arquitectónico, pero nunca olvido que el color también es cuerpo, superficie, fricción.Por eso el círculo cromático es una herramienta tan importante para mí. Si tomamos el arcoíris y lo doblamos en forma de círculo, conectando el violeta con el rojo, aparecen colores que no existen en el espectro natural, como el magenta. Ahí se completa el sistema que usamos en arte y diseño para pensar armonías, contrastes y tensiones.Los colores complementarios —los que están opuestos en el círculo cromático— son especialmente importantes en mi trabajo. Rojo y verde. Azul y naranja. Amarillo y violeta. Cuando se colocan uno junto al otro, vibran. Se intensifican. Ninguno domina al otro; se activan mutuamente.Esa vibración es algo que busco de manera consciente.En la obra Perceptions, de la serie Optical Games, el uso de colores complementarios no es decorativo. Es estructural. El color construye el espacio, lo pliega, lo vuelve inestable. El ojo no puede fijarse en un solo punto. La percepción se vuelve activa, casi física. Lo que parece sólido comienza a moverse.Me interesa ese momento en el que el espectador deja de “mirar” y empieza a experimentar.En Rainbow Waves, de la serie Waves, el arcoíris aparece de otra forma. No como un orden estático, sino como un flujo. Aquí el color se comporta como una onda: avanza, retrocede, se desplaza. Trabajo con variaciones de saturación y valor para crear profundidad, ritmo y sensación de movimiento.El matiz, la saturación y la luminosidad son propiedades del color que uso como si fueran notas musicales. No todos los colores tienen que gritar. Algunos susurran. Otros sostienen la estructura. Otros generan tensión.También me interesa mucho la temperatura del color. Los colores cálidos —rojos, naranjas, amarillos— tienden a avanzar hacia nosotros. Los fríos —azules, verdes, violetas— parecen retirarse. Jugar con esa temperatura me permite construir espacios que no existen, pero que el cuerpo reconoce.Al final, trabajar con color es trabajar con percepción. Con cómo vemos y con cómo creemos ver. Es una forma de recordarnos que la realidad no es fija, que depende de la luz, del contexto, del punto de vista.Vuelvo al arcoíris porque ahí está el origen, pero también porque es un recordatorio de algo esencial: todo color es relación. Nada existe aislado. Cada tono necesita a otro para definirse.Y quizás por eso sigo regresando a estos sistemas, a estas estructuras cromáticas. Porque en ellas encuentro una manera de pensar el mundo: complejo, vibrante, inestable, profundamente interconectado.El color, para mí, no es una decisión estética. Es una forma de conocimiento.Gracias por seguir acompañándome en este viaje de arte, reflexión y comunidad.Nos leemos —y nos escuchamos— muy pronto.Con cariñoMarianne This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit mariannesucre.substack.com

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