EPISODE · Feb 6, 2026 · 7 MIN
El cuarto instinto: Cuando los animales se colocan con drogas naturales por placer, relax o por pura experimentación.
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
El cuarto instinto: Cuando los animales se colocan con drogas naturales por placer, relax o por pura experimentación. Pilar Folgado red Rosana X Green Luis blue Tim Beniyork- black and yellow Los animales se drogan, al igual que algunos humanos. En los años setenta, en Hawái, unos cultivadores clandestinos de marihuana pensaron que las mangostas habían saqueado sus almacenes por la noche. Encontraron semillas de cannabis en sus excrementos y en el estómago de estos pequeños mamíferos. Ronald Siegel, un psicofarmacólogo estadounidense viajó hasta allí para investigarlo. Un trabajo que formaría parte de una línea de investigación sobre intoxicación y conducta animal. Por ejemplo: Han observado a delfines jóvenes manipulando, con cuidado, a peces globo. Estos peces liberan una potente neurotoxina. En dosis bajas, provoca efectos narcóticos. Los delfines hasta se lo pasan unos a otros y luego flotan juntos en la superficie en estado de trance compartido. Es una actividad lúdica para ellos. Un colocón acuático. Pásame el globo-porro, parecen decirse. Volviendo con Ronald, el experto fue interrogado por los cultivadores. Luego, sus pesquisas dieron con los verdaderos culpables: los ratones. Los roedores entraban en los depósitos, se comían las semillas de cáñamo y se quedaban aturdidos, con los movimientos ralentizados. Las mangostas aprovechaban para cazarlos con facilidad. Las semillas que encontraron en su aparato digestivo era el rastro que quedaba después de haberse comido a los ratones intoxicados. Veamos más ejemplos didácticos: Tasmania, al sur de Australia, produce cerca del 50 por ciento del opio legal del planeta. El componente activo de la morfina y de otros medicamentos. Sin embargo, cuenta con otros pacientes animales que se adelantan a su ingesta. Los canguros salvajes irrumpen en los campos de adormidera y toman la planta del opio. De pronto, empiezan a dar saltos erráticos, giros, caídos, se desata la euforia. Entran en un trance saltarín. Durante décadas, Siegel viajó por la India, México, Tanzania o Vietnam documentando casos de animales ‘colocados’. Siegel afirma que es un impulso natural y compartido. Para ellos, la intoxicación es una pulsión tan básica como el hambre, la sed o el sexo. La cuarta pulsión es el término que usa para definir ese impulso universal hacia las sustancias que alteran los sentidos. Una pulsión que se manifiesta en cientos de especies, desde elefantes y monos hasta en aves, felinos, renos, abejas… Otro caso es el de los gatos. Basta que se acerquen a la hierba gatera para alterar su conducta. Se frotan contra las hojas, ruedan por el suelo, saltan, maúllan y entran en un estado pasajero de euforia. En cuestión de segundos. Como en todo, hay mininos más predispuestos a ‘engancharse’ que otros. En la guerra de Vietnam, muchos soldados recurrieron a las drogas para soportar la tensión. No fueron los únicos. Los campesinos notaron un comportamiento extraño en sus búfalos de agua, un animal icónico en Vietnam. Asustados ante el estruendo de los bombardeos, se internaban en los campos de amapolas silvestres y mordisqueaban las flores. Muchos, mostraron signos de dependencia a la floración. En los bosques boreales, los renos buscan activamente los llamativos hongos tóxicos de la Amanita Muscaria. Sus efectos se manifiestan en forma de saltos, balanceos o cuando corren en círculos. A veces lo hacen por placer y otras, como un ritual instintivo ligado al cambio estacional. Al final, la conclusión es que el consumo de drogas en el mundo animal es un fenómeno natural y generalizado. Impulsado por motivos biológicos, evolutivos y psicológicos. Permite respuestas más flexibles y hace que se adapten mejor a un entorno cambiante. En varias regiones de África y Asia, los elefantes buscan frutas caídas que han comenzado a fermentar. Cuando las prueban muestran signos claros de embriaguez. Tropiezan, emiten sonidos extraños y se vuelven impredecibles. En 1974, una manada de 150 elefantes intoxicados arrasó una aldea en Bengala. En algunos casos, hay animales que usan la zoo farmacognosia. Emplean sustancias naturales para mejorar su salud. Por ejemplo: hay aves que incorporan plantas aromáticas a sus nidos para repeler a los parásitos. O chimpancés que ingieren hojas ásperas de Aspilia para tratar una infección intestinal. Otros recurren a las drogas naturales por razones reproductivas o sociales. Los gatos lo hacen porque esos compuestos potencian su libido. Las mariposas recolectan alcaloides que luego transforman en feromonas para atraer a su pareja. Y el néctar con cafeína altera la conducta social de las abejas melíferas. Aumentando la frecuencia de su ‘danza del meneo’. Bzzzzzzz. En Madagascar, los lémures muerden milpiés venenosos y se frotan con ellos. Pero es que les sirven como repelente contra los insectos. Aunque luego entren en un estado de placer, con los ojos entornados y sus característicos movimientos de ‘colocados’. En su caso, lo hacen para desparasitarse y por placer. También se drogan para afrontar una situación peligrosa o antes de un combate. Los mandriles macho, consumen raíces de iboga, una planta alucinógena. Y así aumentan la resistencia al dolor y les da una mayor agresividad. Efectivamente, los animales se drogan. Es un impulso compartido, antiguo, arraigado en la evolución. Por diferentes motivos. Y por varios a la vez. Es su ‘cuarto instinto’.
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El cuarto instinto: Cuando los animales se colocan con drogas naturales por placer, relax o por pura experimentación.
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