EPISODE · Apr 24, 2016 · 30 MIN
EL HILO DEL DESEO - SOLO VOZ
from La Vía del Corazón
EJERCICIO PRÁCTICO GUIADO correspondiente a la Lección 4 de La Vía del Corazón... No olvides lápiz y papel... y A DESEAR!!!! "Ahora, vamos con algo que nos sirve a modo de segundo ejercicio; y sugerimos que crees una estructura en la cual esto pueda ser practicado, y que se ajuste a tu propia vida. De nuevo no te tomará más de cinco, diez o quince minutos inicialmente, y quizá tres o cuatro veces por semana. Finalmente, lo harás todo el tiempo porque estarás creando deliberadamente. Por solo diez o quince minutos, aparta tu mundo. Recuerda que no necesitas hacer nada, así que el mundo puede esperar. Relaja el cuerpo y cierra los ojos. Y puede resultar de gran beneficio permitir que la respiración se haga muy profunda y rítmica; ella relaja el sistema nervioso y seduce al controlador en tu mente, a ese crítico que decide qué pensamientos están bien y cuáles no. Por cierto que el crítico nunca es algo que tú hayas creado. Es algo que permites que viva en tu mente, y que fue fabricado por un conjunto de otras mentes temerosas, padres y profesores. A medida que relajas el cuerpo y la mente, pregúntate a ti mismo, ¿Qué es lo que realmente quiero? Y observa las imágenes que vengan, sin juicio. Nota los sentimientos en el cuerpo, y permite que suceda por solo un minuto o dos. Entonces detente, abre los ojos, y escribe todo lo que puedas recordar. Vi la imagen de tener cuarenta y siete compañeros sexuales. Vi una imagen de monedas doradas cayendo sobre mí de modo que debía ponerme un paraguas sobre mi cabeza. Vi enormes boles de helado. Me vi a mí mismo en un barco en el océano. Lo que sea que aparezca, escríbelo. Noto que mi estómago se tensa. Pensaba que me iba a hacer pis en los pantalones. Lo que sea, escríbelo. Entonces, toma una profunda respiración, relájate de nuevo, y repite el proceso. Coloca la mano de modo que descanse sobre el corazón. Respira hacia dentro de él unas pocas veces, y entonces pregunta, ¿Qué deseo realmente? Y de nuevo permite que el proceso se dé como se dé. Hazlo en un periodo de diez o quince minutos, y tal que lo repitas al menos seis o siete veces, escribiendo. Toma ese trozo de papel, que quizás forme parte de un “diario”, como podrías llamarlo… y guárdalo hasta el siguiente periodo de ejercicio; y entonces, repite el proceso de nuevo. Y cuando lo hayas hecho siete veces, cuando tengas las siete hojas de papel de cada proceso, entonces, y solo entonces, comienza a mirar atrás, a todas las cosas que surgieron. Y pregúntate a ti mismo, ¿Qué parece estar repitiéndose? Puedes quizá notar que, Bueno, tres veces quise un enorme bol de helado, pero entonces ese deseo parecía difuminarse. Dos veces tuve el deseo de tener cuarenta y siete amantes, pero ahora me doy cuenta de que realmente solo quiero uno. Sea lo que sea, advierte el patrón, percibe el hilo que parece atravesar de arriba a abajo los periodos de ejercicio. Entonces, imagina que ese hilo es ese enlace energético que se anuda por un lado al pedazo de espuma en el filo de la ola, y que por el otro está anclado a la Profundidad del Océano. Y entonces considera que quizás, si te permitieras moverte por ese hilo, si comenzaras a poner tu energía ahí, si comenzaras a aclarar los obstáculos en tu consciencia que bloquean que ese deseo pueda ser vivido coherentemente, haciendo eso… podrías llevarte a ti mismo desde la gota de espuma en el filo de la ola hasta el Corazón de Dios. Y que, a lo largo del camino, todo lo que no fuera Amor llegaría hasta ti para que pudieras soltarlo. Y que, durante el proceso, podrías ir a través de una metamorfosis que culminaría en ser la encarnación viva del Poder de Cristo –para que tu alma pueda constatar y actualizar esa realización que siempre ha buscado. ¡Mmm! Esto es algo como para tragar bien saliva. Porque, ves, la razón de que te hayas decidido astutamente a engañarte a ti mismo para poder bloquear la energía del deseo, es que el alma sabe que, si siguieras ese hilo con un compromiso total e incondicional, se vería embarcada en el camino del que hablábamos en una hora anterior, el camino puesto ante ti por Dios, que sabe cómo llevarte a casa. Y si llegaras al hogar, significaría que tendrías que dejar de ser un buscador. Y tendrías que convertirte en alguien que ha sido encontrado. Y tendrías que levantarte por encima de la masa. Tendrías que abandonar toda tu identificación con la pequeñez. Tendrías que abandonar la necesidad de que los demás te aprueben. Abandonarías el nido de la locura. Habrías resurgido y ocupado tu verdadero lugar a la derecha de Dios. ¿No es ese el temor más profundo que tienes… el de realmente ser la Verdad de quien tú eres: Cristo Encarnado? Ahora bien, el deseo puede ser muy divertido. Idealmente, una vez que has practicado esto por tu cuenta, pide a tu compañero o a un amigo cercano (incluso puedes querer enseñarles estas cosas que lees o escuchas en esta Vía), pídele… si estaría dispuesto a embarcarse en este proceso contigo, de modo que, quizás una vez por semana, puedas sentarte con él y decir, ¿Qué encontraste esta semana? Bien, ¡aquí va…! Se llama desnudarse frente a un amigo. Se llama hacerse vulnerable con otro, encontrar a otro niño para jugar en el Reino, de modo tal que puedas salir al patio de recreo fuera del mundo adulto que dice, El deseo es malo. Chicos… tened cuidado. Y comienzas a contemplar lo que es verdadero y real desde un lugar de inocencia. Y comienzas a crear por ti mismo un grupo de apoyo. Y ese grupo quizás pueda crecer hasta tres o cuatro amigos –o incluso diez o veinte– en el cual todos están comprometidos a ponerse contacto con lo que realmente está en ellos, entendiendo el principio de que el deseo es el hilo que enlaza tu alma con el Corazón de Dios. Y Dios solo quiere extender, a través de ti, aquello que expresa Amor en el mundo. Esto es lo que se llama Creación. Quizás es un proyecto que vale la pena. Pues cuando no te posicionas en la actitud de permitir la acogida del deseo, solo hay otra alternativa: vivir en modo de mera supervivencia. Y cuando eliges la energía de la mera supervivencia, el mundo es tu amo. Ante él te verás obligado a inclinarte una y otra vez, y otra y otra… ¡vida tras vida, tras vida! Serás un esclavo de la locura que parece gobernar este mundo. Y nunca conocerás la paz. Y nunca conocerás el gozo. Y nunca vendrás al hogar. ¡Así de simple! Porque no fuiste creado para marchitarte y morirte en la vid. Fuiste hecho para producir buen fruto en cantidad. Permite que las raíces sean regadas por el deseo, por encima de todas las cosas, para así convertirte en la realización de lo que Dios tenía en Mente cuando Él respiró en ti el Aliento de la Vida. Y permite que ese Aliento sea recibido a cada momento. Llegarás a comprobar que la única cuestión –la única– por la que necesitas preocuparte es esta: ¿Cuánto de Dios estoy dispuesto a recibir y a permitir que sea expresado a través de mí? Esto se llama separar el grano de la paja. La paja son los pensamientos del mundo que te querrían hacer creer en la pequeñez. Y eso solo puede derivar en tu sufrimiento perpetuo. El grano es el alimento que da Vida, porque está lleno del Amor de Dios. Entonces, no le temas al deseo, sino que desea abrazar el deseo. Tócalo, siéntelo, conócelo, danza con él, canta con él, míralo con inocencia. Siéntelo plenamente. Y entonces aprende a discernir, con los métodos que te hemos dado, lo que verdaderamente es el deseo: ese hilo que está atravesando con su brillo todos tus días. Y entonces decide permitir que ese deseo informe tus elecciones, para que así puedas crear una vida que sirva a la realización de ese hilo de deseo." La Vía del Corazón. Lección 4.
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