EPISODE · Feb 25, 2026 · 8 MIN
El peligroso oficio de los Toshers: Los carroñeros de alcantarilla victorianos
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
El peligroso oficio de los Toshers: Los carroñeros de alcantarilla victorianos • Entre los siglos 17 y 19, bajo las ajetreadas calles de la capital inglesa, se desarrolló una peligrosa actividad. • Era un sistema de alcantarillado construido sin ningún tipo de planificación. • Pensado para llevar lo más lejos posible de la ciudad un flujo constante de desechos y suciedad. • Londres albergó un auténtico laberinto subterráneo. • En aquel hedor en plena oscuridad surgieron relatos, leyendas urbanas y todo tipo de historias. • Como la de que existían cerdos gigantes. • El hecho de imaginar a estos sanguinarios animales por las alcantarillas, robó el sueño a muchos londinenses. • Los primeros en difundir estos rumores fueron los toshers o los exploradores de las alcantarillas. • Su mote ‘tosh’ es un término que se refiere a los objetos de valor recolectados allí abajo. • Estas personas, hombres y mujeres, rastreaban aquellos pasadizos sin luz, entre los desechos de la civilización. • En busca de cualquier cosa valiosa perdida que pudieran rescatar. • Piezas de cobre, plata, oro, antigüedades, monedas, joyas y un sinfín de artículos, drenados por las alcantarillas. • Bastantes subsistían gracias a este peligroso oficio. • Apilando la chatarra en ferias ambulantes, donde acudían los compradores de ‘tosh’. • Llegaron a recoger desde piezas de plata hasta artefactos romanos. • Pasando por monedas extranjeras o joyas sajonas. • Por supuesto, fue un oficio extremadamente peligroso, nada higiénico e ilegal. • La mayoría de las veces, se topaban con chatarra o restos de metal. • Y sólo en determinadas ocasiones daban con algún botín en las alcantarillas. • Con el dinero de su venta lograban alimentar a la familia durante un tiempo. • En 1840, el gobierno decretó que esta práctica era ilegal sí, pero esa prohibición solo provocó que los objetos de los toshers fueran más deseados. • El periodista Henry Mayhew los menciona en su libro ‘trabajadores de Londres’. • Donde detalla las condiciones de miseria y degradación en ciertas partes del Londres de la época Victoriana. • Henry se refiere a ellos, del siguiente modo: • Son conocidos y vistos por todo el curso del Támesis, especialmente en los oscuros márgenes del Surrey. • Visten largas túnicas de lona reforzada, con largos bolsillos cosidos que se extienden por toda la prenda. • Manos y pies están protegidos por correas de cuero, guantes y botas gruesas. • Algunos portan sombreros o cascos improvisados de metal y cuero. • Por encima del conjunto, visten un delantal inmundo de cuero crudo y acarrean linternas parecidas a las de los policías. • A veces las linternas están fijas en la parte superior de los cascos para iluminar el camino y dejar sus manos libres para la recolecta. • Se desplazan, jadeando, bajo el peso de todo ese atuendo. • Buscando algún artículo valioso entre las negras aguas, repletas de despojos. • Muchos, llevan un bolso enorme sobre la espalda donde guardan lo que recogen. • Y otros llevan un largo tubo de metal que les ayuda a explorar el camino y para apartar a las enormes ratas de alcantarilla que se encuentran. • Los Toshers convivían con la muerte en aquel entorno. • Podían morir aplastados por un derrumbe, envenenados por gases tóxicos, chamuscados en una explosión de metano o ahogándose. • Tal y como lo describió Henry, llegaban a zonas infestadas por las temibles y grandes ratas. • Y tenían que apalearlas para escapar de las afiladas garras y dientes de los roedores. • Los toshers lucían unas marcas imborrables en el rostro, en la piel con escamas y en las llagas en manos y pies que nunca sanaban. • Acostumbrados a un hedor que terminaba anulando su paladar y su olfato. • Cuando relataban sus historias, hablaban de monstruos enormes, de animales salvajes criados en la oscuridad. • Y de otros seres que se alimentaban de la basura. • Y en este punto surge la leyenda de los cerdos salvajes de las alcantarillas. • Un animal que posee una fuerza y voracidad tremenda en dicho ambiente. • Capaces de comer casi de todo y de adaptarse a las situaciones adversas. • Incluso, podían alimentarse de las propias ratas. • Algunos Toshers iban preparados con cuchillos y machetes para afrontar ese peligro. • Aun sabiendo que resultarían mal parados. • Y para colmo de males, las autoridades les perseguían. • Es cierto que muchos cerdos caminaban libremente por las calles de los distritos más pobres. • Alimentándose de los desechos que escurrían por las canaletas. • Además, en las inmediaciones de Londres habían granjas. • Los Toshers describían a los cerdos de las alcantarillas como una especie siniestramente adaptada: blancos como la leche, con ojos rojos, albinos y deformes. • Cuando los periódicos empezaron a publicar sus testimonios, la leyenda se popularizó entre los londinenses de la época. • Una leyenda urbana similar a la de la existencia de cocodrilos en las alcantarillas de Nueva York. • A partir de 1858, Londres inició una profunda reforma en el diseño estructural de su sistema de alcantarillado. • Y los rumores se esfumaron. • Pero tuvo que ocurrir el llamado ‘gran hedor’ durante el verano de 1858 en Londres. • Uno de los episodios sanitarios más devastadores de la historia urbana de Europa. • El calor extremo, intensificó el olor nauseabundo procedente del Río Támesis. • Una cloaca a cielo abierto. • Las temperaturas altas aceleraron la descomposición y liberaron gases pestilentes que inundaron la ciudad con un hedor insoportable. • La situación fue tan alarmante que obligó a emprender una gran obra de ingeniería. • La reforma del sistema de alcantarillado de Londres. • Ya lo decían los Toshers, el nivel de una civilización no se mide por el esplendor de su superficie, sino por lo que hace con sus desechos.
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