EPISODE · Feb 18, 2026 · 4 MIN
El ser humano es el único que tiene barbilla y según un reciente estudio no sirve para nada.
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
El ser humano es el único que tiene barbilla y según un reciente estudio no sirve para nada. Los seres humanos somos la única especie que tenemos barbilla. Ni siquiera nuestros primos más cercanos la tienen ni la han tenido nunca. Un chimpancé no tiene barbilla sino que su mandíbula retrocede suavemente hacia el cuello. Tampoco la tuvieron nuestros ancestros. Ni los robustos neandertales ni tampoco los misteriosos denisovanos. Por lo tanto, la barbilla es una exclusividad anatómica, según los biólogos evolutivos. La evolución nos dice que si un rasgo físico perdura y se fija en una especie, suele ser porque nos ofrece alguna ventaja. Sin embargo la barbilla no nos ayuda a sobrevivir, ni a comer mejor…ni tan siquiera a reproducirnos. Ahora un exhaustivo estudio, liderado por la universidad de Buffalo ha zanjado el asunto de la barbilla. Su conclusión es que no sirve para nada. En términos científicos es un accidente, un subproducto. Cada órgano de nuestro cuerpo cumple con su cometido, o casi. Los pulmones oxigenan, el corazón bombea sangre y los ojos nos hacen ver. Pero la barbilla evolucionó así por accidente. Los estudiosos aplicaron un gran análisis de genética cuantitativa. Comparando los rasgos craneales entre los humanos y los simios. El nuevo estudio confirma que el mentón evolucionó por accidente. Ahora vamos a verlo más claramente. La barbilla es el espacio triangular sobrante de una colisión de fuerzas evolutivas que ocurrieron en otras partes de nuestra cabeza. Toma ya. La aparición del mentón tuvo que ver con el crecimiento de nuestro cerebro y el encogimiento de la cara. Todo ello ligado a cuando adoptamos una postura bípeda. Nuestro cerebro fue necesitando más espacios. Cuando aprendimos a usar el fuego y a cocinar usamos herramientas para manipular los alimentos. Y ya no nos hizo falta una boca con unos dientes enormes. El resultado fue una retracción facial. Nuestra cara se hizo más pequeña y se metió hacia adentro. Situándose justo bajo el cráneo para equilibrar la cabeza sobre la columna vertebral. Una posición necesaria para que pudiéramos andar sobre dos piernas. Con todo, la parte inferior de la mandíbula no retrocedió al mismo ritmo que la parte superior, en donde están los dientes. Por eso, al encogerse la zona de los dientes más rápido que la base de la mandíbula, el hueso inferior sobresalió. Y ahí se quedó mientras nuestra cara encogía. Antes de llegar a la conclusión de que fue un accidente evolutivo, los entendidos han intentado atribuirle una función a la mandíbula. Que si servía para disipar las fuerzas generadas al masticar. Otras teorías sugerían que la barbilla ayudaba en el habla, protegiendo las vías respiratorias y dando espacio a la lengua y a los músculos de la garganta. Incluso se habló de ella como un ‘reclamo sexual’. Una barbilla fuerte y cuadrada sería un signo de calidad genética. La realidad, es que en comparación con otros simios, somos la especie de la cara pequeña y los dientes diminutos. Ya lo sabes para la próxima vez que te maquilles o te afeites frente al espejo. La mandíbula es la consecuencia de la evolución de nuestra cara. De tener un cerebro grande y unos dientes cada vez más pequeños. Aunque no deja de ser un rasgo exclusivo muy nuestro.
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