EPISODE · Jan 23, 2025 · 3 MIN
Hécate es una de las diosas más oscuras y misteriosas de la mitología griega.
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
Hécate es una de las diosas más oscuras y misteriosas de la mitología griega. Asociada a la noche, era la patrona que protegía a los viajeros nocturnos y a las hechiceras. Hécate sería la inventora de la magia y la hechicería. También tenía poder para controlar a los espíritus malévolos y a los fantasmas. De ahí la veneración que le dispensaron las clases más populares. Hécate era la señora de las encrucijadas de caminos y los lugares no vigilados. No pertenecía al linaje de los dioses olímpicos sino al de los titanes. Pues era hija de Perses y Asteria. Asteria era hermana de Leto, la madre de Apolo y Artemisa. Aún así, Zeus le concedió a Hécate todo tipo de dones y privilegios, nada más nacer. Entre esos dones destacaba el de dar a los humanos los favores que le pedían. Desde la elocuencia en las asambleas hasta la victoria en una guerra. La obtención de un premio en una competición, una pesca abundante o la multiplicación del ganado. Hécate era una garantía de prosperidad para sus fieles. Con el paso del tiempo, fue perdiendo esos primeros atributos. Quizás porque empezaron a asociarse a otras divinidades de familia olímpica. Por ello, fue identificándose más y más con la oscuridad de la noche y sus misterios. Se convirtió así en la diosa que regía la sutil frontera que separaba el mundo normal del de los espíritus. Como tal, Hécate podía aparecer bajo forma humana o de perra, loba, osa o yegua. También se la relacionó con Selene y Artemisa, con las que constituyó una tríada relacionada con la luna. Selene simbolizaba la luna llena, Artemisa la luna creciente y Hécate la luna nueva. En las encrucijadas de caminos o en las entradas de las ciudades se erigieron estatuas de Hécate como elemento protector contra los malos espíritus. En esas estatuas, Hécate aparece con tres rostros humanos. Aunque algunos artistas la representaron con tres cuerpos y hasta con rostros de animales. En las manos suele llevar una antorcha, símbolo de la luz que destruye las tinieblas. Un cuchillo que corta todo lo que no es esencial y una llave, que abre las puertas del conocimiento sagrado. Hécate no tiene un mito propio. Tampoco contrajo matrimonio. Algunas tradiciones sí le atribuyen descendencia. La más famosa de sus hijas sería la que tuvo con una antigua divinidad marítima, la ninfa Escila. Dicen que la maga Circe, celosa de la belleza de Hécate, transformó su cuerpo en el de un monstruo. De la ingle hacia abajo, lo convirtió en seis espantosos perros, que devoraban todo lo que se ponía a su alcance. A Hécate también se la asocia con las Empusas, unos espectros del mundo infernal. Se alimentaban de carne y humana y provocaban pesadillas. El único gran templo dedicado a esta diosa se encontraba en Lagina, la actual Turquía. Cada año se realizaba un festival allí. Y cada cuatro, otro más importante, en el que unas doncellas portaban una llave al templo principal. Esa llave era el símbolo del acceso al inframundo.
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Hécate es una de las diosas más oscuras y misteriosas de la mitología griega.
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