EPISODE · Feb 1, 2026 · 7 MIN
Ilya Ivanov el científico que intentó crear un ejército cruzando hombres con chimpancés.El humancé CON ROSANA X
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
Ilya Ivanov el científico que intentó crear un ejército cruzando hombres con chimpancés.El humancé En 1910 se celebró un congreso mundial de zoólogos en Graz, Alemania. Entre las ponencias destacó una en particular. Muy en particular. Una, en la que se habló de obtener un híbrido de hombre y simio. La charla fue a cargo de uno de los científicos más reputados en el campo de la inseminación artificial con animales. Ilya Ivanovich Ivanov. Anteriormente, Ivanov ya había logrado que con un semental se pudieran fertilizar hasta 500 vacas. Así que los ganaderos de todo el mundo acudían en masa a visitarle. Eran los inicios de la ‘inseminación artificial’. Luego, Ivanov fue el director de la investigación experimental en una reserva natural de Ucrania. En ese instituto es donde experimentó con distintos cruces, bastante extravagantes. Bisontes con vacas, cebras con burros, antílopes con vacas o ratas con ratones. El cebroide fue el ser, resultado de la mezcla entre la cebra y el burro. Y el zubrón lo que salió del cruce de una vaca con un bisonte. Un ensayo de lo que vendría después. Antes de la revolución, Ivanov intentó convencer al barón, el propietario de la reserva, para que financiase los experimentos. Pero el jefe se negó, para él suponía un grave pecado. La revolución se puso en marcha y los ateos bolcheviques mostraron menos remilgos a la hora de probar cosas estrambóticas. En ese momento, Ivanov propuso su idea ‘estrella’: cruzar a monos con hombres y demostrar que no somos obra de un ‘Creador’. En aquellos años, no había límites en el intento por ‘mejorar la naturaleza humana’. Ese fue el espíritu del Partido comunista bolchevique. En 1924 el profesor Ilya Ivanov solicitó que el gobierno promoviera esos experimentos revolucionaros. Era la hora de cruzar simios antropoides con humanos. Ivanov pidió 15.000 dólares para hacer las pruebas, pero el gobierno se los denegó. Sin duda, el país estaba hambriento y empobrecido tras la guerra. Ivanov cambió de rumbo y se dirigió a Francia. Recibió un permiso para instalarse en la Estación experimental de primates en Kindia, en la Guinea Francesa. Por fin, parecía que obtenía luz verde para el cruce más deseado. Además, el gobierno británico le prometió ayuda con la financiación. Más tarde, diversos mecenas norteamericanos se unieron, al inverosímil proyecto, soltando dólares de sus bolsillos. En la URSS se interesaron por cómo avanzaban los experimentos. Al final, el gobernador francés de Guinea le dio permiso a Ivanov para realizar sus estudios en el jardín botánico de Conakri. Ilya se instaló allí junto a su propio hijo, como ayudante. Dirigieron la captura de varios chimpancés adultos. El 28 de febrero de 1927 tuvo lugar la primera inseminación artificial de dos hembras de chimpancé: Babette y Syvette. Eso sí, todo se mantuvo en el más estricto secreto. A pesar de todo el esfuerzo, fracasaron. Los Ivanov abandonaron el lugar y se llevaron a trece chimpancés, incluidas las tres utilizadas para el experimento. Por el camino, murieron dos de ellos. Cuando llegaron al Mar Negro, el resto de los animales comenzaron a fallecer de distintas enfermedades. Aquello fue un fracaso total. Los Ivanov tramaron un plan B, inseminar a mujeres humanas con semen de simio. En África no hallaron voluntarias, así que las buscaron por Europa. Humanas inseminadas con semen de simio que dieran lugar al: Humancé. Una idea casi tan fantástica como la que propuso el escritor H.G Wells en su obra: La isla del Dr. Moreau. Ivanov prosiguió contra la ética, la religión y la moral imperantes. La hibridación era una técnica considerada como una ‘rareza’ por los expertos. La iglesia se oponía y los científicos no estaban seguros de sus resultados. Ivanov contaba con el mecenazgo de Ivan Pavlov, el primer científico ruso, ganador de un premio Nobel en 1904. Los criadores de caballos le consultaban a Ivanov para mejorar a sus animales. En ese clima, fantasearon con la posibilidad de: crear un ejército de hombres- simio. Para que combatieran contra las tropas de Europa y Estados Unidos. El que domine a las bestias, dominará la tierra, pensaron. Ivanov regresó a la Unión Soviética con promesas triunfales. Y experimentó con un número indeterminado de prisioneras de la cárcel de Lubianka. Pero también fracasó. Y empezaron a inventarse excusas para justificar los fallos. Que si las prisioneras no estaban en buenas condiciones o que si el semen utilizado estaba mal congelado… Ivanov pensaba que el factor psicológico era esencial para el éxito de su descabellada idea. Y se lanzó en busca de candidatas que desearan quedarse encinta. La mayoría de las mujeres de Sujumi eran analfabetas y las convencieron de que su contribución a la ciencia sería recompensada. Ivanov dispuso, al menos, de cinco voluntarias de entre 16 y 20 años. Los cuatro simios nuevos llegaron con problemas de fiebre y cansados. Y sólo el orangután, de nombre ‘Tarzán’ logró sobrevivir. Hasta que falleció de una hemorragia cerebral. Todo eran reveses, contratiempos y obstáculos. Stalin perdió la paciencia y dieron por terminado el proyecto. El 13 de diciembre de 1930 arrestaron a Ivanov. Fue condenado a cinco años de exilio en Kazajastán. Allí pasó sus últimos años de vida, trabajando para el Instituto veterinario zoológico. Hasta su deceso, el 20 de marzo de 1932. Las cinco pobres voluntarias de Ivanov también fueron localizadas y ejecutadas. Y nunca les revelaron la verdad. Por suerte, el experimento que trató de borrar la frontera entre el ser humano y la bestia nunca prosperó.
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