EPISODE · Feb 9, 2026 · 6 MIN
Jack ‘pies de resortes’ el mito que aterrorizó a las mujeres del Londres Victoriano antes que el destripador
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
Jack ‘pies de resortes’ el mito que aterrorizó a las mujeres del Londres Victoriano antes que el destripador. Hola, soy Gaby. He vuelto para relataros las más inquietantes pesadillas. Londres, 1837. En plena época victoriana, un tal Jack… aterrorizó a las mujeres de su tiempo. Y no… No me refiero ‘al destripador’. Sino a Jack ‘pies de resorte’. La primera vez que lo vieron fue en 1837. Una mujer joven escuchó que llamaban a su puerta. Al otro lado, en la calle, vio a un hombre extraño. A pesar de la impresión, la convenció para que abriera la puerta y…la atacó. No llegó a matarla pero le dejó magulladuras y el vestido rasgado. Describió a Jack como a un ser de fisionomía diabólica. Con garras metálicas afiladas en sus dedos y unos ojos que parecían bolas de fuego rojo. Además, comentan que podía dar unos saltos increíbles, sobre humanos. Por último, el informe afirmaba que bajo la larga capa negra llevaba un casco. Hablaba un inglés comprensible. Más tarde, otros testigos aseguraron que Jack exhalaba llamas azules y blancas. Volviendo al contexto de estos años, a principios del siglo 19 hubo muchos informes de fantasmas en las calles de Londres. Junto al auge de la metapsíquica y a las numerosas reuniones privadas que pretendían contactar con los muertos. Las entidades más famosas fueron las del fantasma de Hammersmith de 1803 y el de Southampton. Estos casos fueron los precursores de Jack el saltarín. En octubre de 1837, una niña, de nombre Mary Stevens, se dirigía a Lavender Hil, donde trabajaba de sirvienta. Durante su trayecto divisó a una enigmática figura. Y saltó sobre ella desde una larga distancia. La inmovilizó, le rasgó las vestiduras y ella sintió sus garras: frías y húmedas, como las de un cadáver. Mary gritó sin parar y el atacante huyó. Otro relato cuenta que Jack saltó y se puso enfrente de un carro. El cochero tuvo que desviarse súbitamente. Perdiendo el control y resultando gravemente herido. Los que lo observaron, vieron cómo Jack saltó sobre una pared alta de más de 2 metros. Reía de forma aguda y balbuceaba unas palabras ininteligibles. Al poco tiempo, la prensa y el público bautizaron a esta leyenda urbana como: Spring Heeled Jack. No llegó a asesinar a nadie, pero causó un pánico social. Varios diarios nacionales recogían quejas de varias vecinas acerca de ‘bromas malvadas’. Las jóvenes se habían asustado al ver a un ser fantasmal brincando y dando sustos. Alguna de ellas sí que presentaba marcas de unas supuestas garras. La policía se puso en marcha y se ofreció una recompensa por capturar a Jack. Los periódicos de la época dieron una amplia cobertura a los supuestos ataques que sufrieron las adolescentes: Lucy Scales y Jane Alsop. Otro suceso que alimentó la histeria colectiva. El 20 de febrero, la joven de 18 años, Jane Alsop abrió la puerta de su hogar paterno en Londres. Un hombre, que afirmaba ser oficial de policía, le pidió que trajese algo para alumbrar. Ya que otros compañeros habían capturado, al fin, al saltarín. Pero todo era mentira. Cuando Jane abrió la puerta, el hombre comenzó a tirarla del pelo. Menos mal que otros miembros de su familia acudieron a socorrerla tras escuchar los gritos. De nuevo, el retrato que ofreció fue el mismo: Una cara espantosa y unos ojos como bolas de fuego. La leyenda de Jack se extendió. The Times informó del supuesto ataque sobre Jane Alsop bajo el titular: Atrocidad en Old Ford. Inmediatamente después, un tal Thomas Millbank se puso la medalla. Se autoproclamó como Jack el saltarín. Por su osadía, fue juzgado. Eludió la condena porque los testigos insistieron en que Thomas no encajaba con la descripción del asaltante. Tras los incidentes, Jack pasó a ser el protagonista de varios penny dreadfuls, seriales por entregas y obras de teatro. En 1843, una oleada de avistamientos volvió a inundar el país. Hay otros testimonios que declararon seguir viendo las hazañas del ‘saltarín’ en 1904 y hasta en 1953. Lo cierto es que de agosto a noviembre de 1888 apareció el verdadero Jack. Del terror fantástico se pasó a uno de verdad. La prensa convirtió a Jack el destripador en un fenómeno global. Inaugurando el fenómeno del asesino en serie moderno. A su lado, el de los ‘pies de resortes’ era una mera caricatura. Una leyenda urbana exagerada y ampliada por los medios y los testimonios de la época. Hasta los jóvenes aristócratas se disfrazaban de tal guisa para continuar con las travesuras del ‘saltarín’. Realizando bromas crueles, reyertas y vandalismo. Por desgracia, el verdadero Jack, el asesino y destripador eclipsó su figura. Por diversas razones, nunca pudieron atrapar a ninguno de los dos. Uno, porque era un mito saltarín y el otro por una serie de descuidos y otra cadena de eventos en contra. Hasta aquí, se despide vuestra Gaby. Nos veremos en la próxima pesadilla.
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