EPISODE · May 4, 2025 · 9 MIN
La cocina y la mesa: Deber, placer y el legado de las mujeres en la literatura culinaria
from La historia del arroz con costra como nunca antes la habías escuchado. · host José Felix Abad
En la España de la Edad Moderna, el cuidado de la familia y de la casa era una obligación fundamental para las mujeres. Alimentar al esposo, hijos y demás miembros del hogar constituía una de sus principales ocupaciones. Tareas como comprar, cocinar y servir llenaban gran parte de su tiempo. Las mujeres de clases populares debían ocuparse personalmente de estos trabajos, mientras que las mujeres de clases altas tenían la obligación de dirigirlos. Autores de la época, como Antonio Arbiol en La familia regulada (1715), destacaban este papel femenino esencial en el hogar.La cocina era considerada uno de los deberes esenciales de las mujeres de la España moderna. Era una obligación cotidiana, con frecuencia percibida como una carga debido al trabajo repetido varias veces al día y la responsabilidad de administrar recursos y dar satisfacción a la familia. Sin embargo, lo que era un deber y en ocasiones una carga, también podía ser y muchas veces era placer. Por una parte, muchas mujeres eran buenas cocineras y transformaban su trabajo en una experiencia creativa, convirtiendo el deber en una fuente de satisfacción. Por otra parte, muchas mujeres disfrutaban con los placeres de la mesa y transformaban la necesidad de alimentarse en una experiencia gratificante. Algunas mujeres, educadas para el cumplimiento de sus deberes, hallaban orgullo y alegría en el deber cumplido, obteniendo así autoestima y satisfacción personal. La buena cocina se instituyó en garante de la felicidad familiar.La transmisión de los saberes culinarios en el seno familiar era principalmente oral, pasando de madres a hijas. Solo en algunas contadas ocasiones estos saberes se fijaban por escrito para conservarlos y transmitirlos fielmente. Mientras que los grandes tratados culinarios cortesanos y gremiales de la época moderna en España estaban firmados por hombres, las mujeres sí aparecen en los libros de recetas que recogían el saber femenino al servicio de su principal misión, el cuidado de la familia.Estos recetarios manuscritos femeninos, que en muchos casos permanecían anónimos, reflejaban la vida cotidiana de la mujer. Contenían una curiosa mezcla de recetas de alimentación, belleza, salud y limpieza. Predominaban las recetas de conservería, repostería y confitería, pero también incluían platos de verduras, carnes, y bebidas como horchata o hipocrás. La salud era una preocupación fundamental, con remedios medicinales para diversas dolencias y afecciones específicas de la mujer. La belleza también ocupaba un lugar destacado, con numerosas recetas para perfumes, cuidado del cabello, rostro y manos. La higiene y limpieza del hogar y la ropa, especialmente guantes y sombreros, también se incluían. Estos recetarios, a menudo pertenecientes a mujeres de la nobleza que sabían leer y escribir, rescataron del olvido una parte importante del trabajo femenino. Ejemplos como Recetas experimentadas citan recetas de diversas damas nobles.A fines del siglo XIX y principios del XX, comenzó a cambiar la mentalidad y la figura femenina ganó prestigio en la cocina, llevando a la publicación de recetarios escritos por mujeres y dirigidos a ellas.•
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