EPISODE · May 12, 2025 · 4 MIN
La curiosa tradición de besar la piedra de Blarney para que te conceda el don de la elocuencia.
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
La curiosa tradición de besar la piedra de Blarney para que te conceda el don de la elocuencia. — A pocos kilómetros de Cork, en el sur de Irlanda, hay un castillo en ruinas que recibe más visitas que cualquier museo del país. No por su arquitectura. Ni por su historia. Sino por una piedra. Una piedra que se besa. Y que, dicen... que da el don de la elocuencia. — Es la piedra de Blarney. También llamada la “piedra de la labia”. O, como muchos la conocen, la piedra que te hace hablar... como si supieras lo que dices. — Para besarla hay que subir 127 escalones por una torre estrecha. Pero eso es lo fácil. Lo complicado viene después. Hay que colgarse de espaldas, cabeza abajo, desde lo alto del castillo. A casi treinta metros del suelo. Solo para besar una piedra fría y húmeda, empotrada en la muralla. — Hoy hay barras de hierro que te sujetan. Pero antiguamente… te ataban los tobillos. Si caías, morías. — Aun así, cada año miles de personas hacen cola. Esperan horas. Solo para besarla. Porque creen que, al hacerlo, hablarán mejor. Convencerán mejor. Mentirán mejor. — Winston Churchill la besó. En 1912. Buscando, quizá, esa misma magia verbal. — ¿Y de dónde viene todo esto? Hay muchas leyendas. Y ninguna confirmación. — Una dice que esta piedra no es irlandesa. Que es bíblica. Que es el verdadero “Cojín de Jacob”. La misma “Piedra del Destino” donde se coronaban los antiguos reyes. Que el profeta Jeremías la trajo a Irlanda. Y que luego una parte volvió, como regalo, cuando los McCarthy ayudaron a Escocia en la batalla de Bannockburn. — Otra leyenda dice que es la piedra que Moisés golpeó en el desierto para sacar agua. Y otra más, que fue el lecho de muerte de San Columba, el monje que llevó el cristianismo a Escocia. — Incluso hay quien dice que es la Piedra de Ezel, la que escondió al rey David cuando huía de Saúl. Que los cruzados la trajeron a Irlanda. — Todo muy bonito. Pero... ¿por qué da el don de la elocuencia? — Algunos creen que todo empezó con una inscripción grabada por Cormac McCarthy, señor del castillo, en 1446. Una simple dedicatoria en latín. Nada especial. — Pero el giro llegó con la reina Isabel I de Inglaterra. Quería que los jefes irlandeses juraran lealtad. Envió al conde de Leicester a negociar con los McCarthy. Lo recibió con banquetes, sonrisas y muchas palabras... pero ningún compromiso. Solo halagos. Solo promesas huecas. — McCarthy ganó tiempo. Con su lengua. Con su labia. Y desde entonces... “blarney” pasó a significar eso: adulación vacía. Palabrería que encanta pero no convence. — Y aquí viene la leyenda más inquietante. Cormac McCarthy, preocupado por un juicio, pidió ayuda a la diosa celta Cliodhna. Ella le dijo: besa la primera piedra que encuentres de camino al tribunal. Lo hizo. Y ese día habló como nunca. Ganó. Y mandó colocar aquella piedra en lo alto del castillo. — Otra versión lo mezcla todo. McCarthy no quería perder sus tierras ante la reina Isabel. Una anciana le reveló el secreto: besa la piedra del castillo. Lo hizo. Y convenció a la corona. — También hay quien dice que fue una bruja la que reveló el poder de la piedra. Una bruja que se estaba ahogando. Y que alguien salvó. — Hoy la piedra se lava varias veces al día. Hay empleados que te sujetan cuando te cuelgas para besarla. Y todo está controlado. Pero el gesto sigue siendo el mismo. — Bajas la cabeza. Miras al vacío. Y la besas. — Nadie sabe si funciona. Pero todos... todos quieren probar. — Porque, en el fondo, hablar bien... es casi como tener el poder.
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