EPISODE · Oct 1, 2024 · 7 MIN
La diablesa de Orihuela el demonio que tiene vetado el acceso a la iglesia en Semana Santa.
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
La diablesa de Orihuela el demonio que tiene vetado el acceso a la iglesia en Semana Santa. Para Andrés Martínez Belmonte. La celebración de la Semana Santa en Orihuela está considerada de Interés Turístico Internacional desde 2010. La ciudad del poeta Miguel Hernández cuenta con algunas de las tradiciones más antiguas de la Semana Santa en España. Y su pasó más viejo es el de la ‘Diablesa’. El triunfo de la cruz o la cruz de los labradores cuenta son siglos de tradición. Hizo su primera aparición allá por el año 1696. Este grupo escultórico es conocido popularmente como la Diablesa. Recibe ese nombre por su estructura. Consiste en una cruz situada sobre un globo terráqueo. Y está acompañada por un esqueleto a uno de sus lados y por un diablo con pechos al otro. Su creador fue el escultor Fray Nicolás de Bussy. Nació en Estrasburgo, Alemania, en el año 1642. El gremio de labradores le encargó el diseño de la pieza que representa el triunfo de la cruz sobre el pecado, la tentación y la muerte. Se estima que los gastos de la obra fueron de unas ochocientas libras. Dicen que destaca por su profundo significado alquímico. Por un lado, están las nubes blancas en las que aparecen los rostros de los ángeles. Vistos como la pureza de los niños. Por otro lado, yace el esqueleto sobre un reloj, en el que parece que no pasa el tiempo. Finalmente, el demonio con esa forma, sostiene una manzana en la mano. Si nos fijamos en su cara, podría ser la de un hombre también. Su corte de pelo nos recuerda al de un fraile de ese período. Por lo tanto es la figura del alquimista, del Rebis. Ese ser mitológico que alude a la dualidad, la perfección, el ideal inalcanzable. El Rebis era el espíritu perfecto antes de que la materia lo volviera carne y le diera género. La figura de esta diablesa está estudiando para alcanzar ese elixir de la vida eterna. Sostiene una manzana pegada a la cabeza que no es la del pecado original, sino la del jardín de las hespérides. Cuenta la leyenda que quién mordía esa manzana conseguía la vida eterna. El esqueleto se ríe del paso del tiempo ya que está sentado sobre un reloj. Hay dos piedras negras, la diablesa la tiene en su codo y la segunda está entre el reloj y el esqueleto. La piedra negra es la materia prima necesaria para elaborar ese elixir de la perfección. Por eso el globo terráqueo que se aprecia es el símbolo de esa perfección, la forma de esfera. La esfera es el cuerpo geométrico perfecto. Arriba, hay nueve querubines o ángeles, que se pueden contar tanto por delante como por detrás. El nueve es un número mágico. El nueve es tres veces tres. El tres es el número del espíritu. El nueve representa el número de pasos que tiene que dar un alquimista para transformar esa materia prima en la piedra filosofal. Cuando un alquimista da esos nueve pasos para subir a la escala de los sabios tiene que pasar un verdadero calvario. Por eso los ángeles portan elementos de la pasión de Cristo: Una cruz, la corona de espinas… Cristo murió como un ser imperfecto, resucitó y con ello logró la vida eterna. Al igual que en el ciclo del alquimista. Materia prima que se torna en la piedra filosofal y sirve para alcanzar el elixir de la eterna juventud. Sobre la nube de ángeles tenemos la cruz. La cruz es un símbolo muy antiguo, anterior al instrumento de tortura romano. Representa la unión entre lo vertical, lo espiritual y lo horizontal, que es lo terrenal. La cruz simboliza el universo, los cuatro puntos cardinales, los cuatro elementos: aire, agua, tierra y fuego. En resumen, recoge todo el conocimiento. Si nos fijamos detrás del globo terráqueo hay un pequeño sello. Es un símbolo de los antiguos cristianos, una especie de talismán para intentar atraer a la fortuna. Los labradores suelen quitar las piedras de su terreno para mejorar la agricultura. Hay una explicación alternativa que dice que la obra fue adquirida por los labradores de piedras. Estos serían los canteros, los masones. Los que iban tras la piedra más importante, la filosofal. Sin duda, es un paso inusual dentro de las procesiones de la Semana Santa española. Siendo el único, en el que la imagen del diablo sale en esta efeméride. La Diablesa desfila a hombros en la procesión del Santo Entierro de Cristo. Está dirigida por los costaleros de la pedanía oriolana del Rincón de Bonanza. Lo curioso, es que este grupo escultórico, por su simbolismo, tiene prohibida la entrada a las iglesias. Por lo tanto, cuando la Diablesa llega a la Catedral sigue su recorrido por la calle Mayor. Mientras que el resto de la procesión se adentra en el interior del templo religioso. Cuando los costaleros alcanzan la plaza Marqués de Rafal, la Diablesa se reincorpora y continúa su procesión. Tras la guerra civil, el escultor Sanchez Lozano se hizo cargo de la restauración de la cruz de los labradores. Al principio, la Diablesa fue custodiada en casas particulares, en el ayuntamiento o en edificios municipales, nunca en suelo sagrado. Fue calificada de obra hermética, ajena al culto ordinario de las autoridades eclesiásticas de su tiempo. Actualmente, esta escultura se expone en el Palacio Episcopal de Orihuela.
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