EPISODE · Aug 3, 2024 · 7 MIN
La evolución de la teoría de la consciencia cuántica desde Penrose a Kauffman.
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
La evolución de la teoría de la consciencia cuántica desde Penrose a Kauffman. Hasta hace poco, hablar de mecánica cuántica en sistemas biológicos era un suicidio académico. Sin embargo la física cuántica ya tiene más de un siglo de historia. Y es una teoría científica con multitud de pruebas a su favor. A ese nivel ocurren cosas que nos parecen incomprensibles. Partículas que están en varios sitios a la vez. Que se comunican al instante a grandes distancias. O capaces de atravesar espacios sin tener energía suficiente para hacerlo. Incluso, a veces se comportan como ondas y otras veces, como partículas. Estos fenómenos tan sumamente extraños sólo parecen darse a temperaturas cercanas al cero absoluto, a unos menos 273 grados. Por eso, cuando se proponen teorías como que la mente o la consciencia tienen que ver con la cuántica, parece difícil de asimilar. En principio, parece imposible que en un entorno tan cálido, a 37 grados, y tan activo químicamente, como es el cerebro, los efectos cuánticos puedan actuar aislados y con coherencia. Con todo esto en contra, apareció la primera formulación del premio nobel de física, Roger Penrose, junto con el anestesista Stuart Hameroff. Ellos sostienen que en el interior de los citoesqueletos de las neuronas, formados por unas estructuras cilíndricas llamadas microtúbulos, podrían darse las condiciones para que actuase la cuántica. Penrose postuló que muchas partículas se entrelazarían dando lugar a propiedades macroscópicas en sistemas biológicos. En cada neurona, esta actividad equivaldría a una potencia de cálculo de mil billones de operaciones por segundo. En cada neurona habría cientos de microtúbulos. Y cada microtúbulo contiene millones de otras unidades más pequeñas, las tubilinas. Estas se organizan en una especie de retícula molecular. Sin embargo, sus detractores observaron que en el interior de los microtúbulos había agua. Siendo este un fluido muy desordenado y poco idóneo para el deseado efecto cuántico macroscópico. Penrose y su colega intentaron rebatir esa crítica con la idea del agua vicinal. Esto es, agua en un estado altamente ordenado. No fue suficiente para convencer a la comunidad científica, que aparcó el asunto cuántico de la mente. Hasta que en los últimos tiempos las cosas han cambiado un poco. En el 2007 la revista Nature publicó un artículo donde describían efectos cuánticos que formaban parte de la fotosíntesis. Hoy en día seguimos sin saber cómo surge la consciencia de los procesos bioquímicos del cerebro. Sí que tenemos una idea de que las neuronas se comunican con otras mediante pulsos eléctricos. O que en las sinapsis de los axones se liberan neurotransmisores que regulan muchas funciones vitales, por ejemplo. En síntesis, no comprendemos cómo una gran liberación de serotonina en el cerebro nos hace sentir felicidad. Y esto se debe a que no encontramos la solución siguiendo la física clásica. Y en ese momento es donde el famoso biólogo teórico Stuart Kauffman propone su atrevida versión 2.0 del cerebro cuántico. Allá va. Nosotros experimentamos el colapso de la función de onda, como una sensación consciente. Se ve que nuestros estados conscientes funcionan de forma serial. Solo percibimos una cosa a la vez y nuestra consciencia sería como una especie de corriente de un río. El colapso de la función de onda es instantáneo. De la misma forma que cuando percibimos conscientemente la realidad, todo aparece de forma nueva, sin que tengamos que hacer mucho esfuerzo. Por lo tanto habría que cambiar de enfoque. Tradicionalmente se ha entendido el problema de la relación entre cuerpo y mente desde una perspectiva dualista. Si nos abrieran el cerebro y buscasen dentro de él, con un microscopio atómico, no encontrarían ni rastro de un pensamiento. Porque los pensamientos no están en ningún lugar en concreto, como les pasa a las partículas subatómicas. La comunicación entre partículas entrelazadas es instantánea. Sin que haya el más mínimo retardo entre todos los elementos que forman parte de una imagen consciente. Por eso no percibimos primero la forma y luego el color de un objeto. Sino que lo notamos todo a la vez. Para Kauffman la consciencia no es un proceso algoritmico, no puede deducirse lógicamente. A pesar de este breve resurgimiento del cerebro cuántico, todavía deben darse efectos cuánticos en las sinapsis neuronales. Y a día de hoy, no se ha demostrado. Los neurólogos siguen con el funcionamiento sináptico con la bioquímica de toda la vida. Hace casi nada que Ramón y Cajal descubrió la función neuronal. Aún es muy pronto para desentrañar todo el misterio de nuestro órgano pensante. Hay que tener cuidado. La cuántica son conceptos que fueron creados para un contexto técnico muy preciso. Y de momento, no se han demostrado que expliquen el funcionamiento del cerebro. Ya lo dijo el físico Richard Feynman: Hay que ser abierto de mente, pero no tanto como para que se te caiga el cerebro.
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