EPISODE · Apr 3, 2012 · 15 MIN
La Fuerza es del Señor
Reflexión: Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc. Queridos hermanos y hermanas: El sentido universal que pide El Padre a través del profeta Isaías, es una necesidad para el hombre, para que todos los hombres conozcan al Único y Verdadero Dios. Ya desde antiguo, los patriarcas fueron escogidos para que se llevara a cabo el Plan Divino; en efecto, Abrán pasa a llamarse Abraham: Padre de las muchedumbres, porque Dios que Es Padre de todos los que viven, quiere que todos se salven. Para ello, El Plan magnífico y de entrañable misericordia del Padre es que Su Hijo lleve a término el inicio de éste plan, una vez que Adán y Eva pecadores, reciben el auxilio Divino porque dice: Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón. La enemistad y La Victoria del Hijo y de La Madre se manifiesta en este verso del protoevangelio, y ahora El Padre nuevamente a través del profeta Isaías nos dice: te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra… En el protoevangelio se manifiestan los linajes del Demonio y los linajes de Jesús y de María, en estos dos linajes se dan a conocer todos los hombres que existirán en toda la historia de la humanidad: El bien y el mal en todos ellos; esto, en efecto, alcanza todo el orbe; y con Isaías El Divino Redentor es vaticinado como salvación que alcanza el confín de la tierra. El Sagrado Evangelio, es manifestación del Padre a través del Hijo, es el llamado de Dios para todos Sus hijos a quienes ha creado con indecible amor, porque no había iniciado la creación del mundo y Dios ya nos había salvado, Dios no había si quiera pensado en compartir Su gloria y ya la tenía compartida con muchos que se la ganaron hoy. Las Sagradas Escrituras, en efecto, son penetrantes en el alma del hombre, cuando el hombre manifiesta humildad; pues, El Señor ha preparado palabras específicas para la conversión de cada uno de los hombres, por ello dice: Hizo de mi boca una espada afilada… Mira lo que dice el salmista del Mismo Divino Redentor: Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación… ya hace el presagio de la llegada del Señor Jesús que anhela jubiloso que llegue la hora del Fiat de María y canta al oído del profeta que hace un salmo de alabanza y esperanza para el Pueblo de Dios, la necesidad de la salvación del hombre que cuente el auxilio de Dios, éste auxilio, efectivamente, Es El Sagrado Evangelio, porque La Palabra de Dios es necesaria para la salvación del hombre, de ahí Dios ha querido que Su Iglesia enseñe la doctrina de salvación, la institución de los sacramentos y todo cuanto se ha manifestado para que el hombre alcance la santidad y llegue a puerto de Divino. Queridos hermanos y hermanas, es, pues, como mantequilla el alma del hombre cuando se dispone a Dios, entonces, ya no es la espada afilada, ni la espada de dos filos, es la humildad del hombre que ablanda el alma para que Dios que Es muy respetuoso del hombre, una vez que éste ha decidido voluntariamente abrir su corazón, Dios ingrese sublimemente y suavemente, y el hombre cene con Él, en un manjar continuo, con algunas espinas que pone el mismo hombre, pero que finalmente, al quitar todo tipo de impurezas a lo largo de su vida, el hombre, en efecto, ya se preparó para el gran festín, El Banquete Celestial, Las Bodas Eternas con El Cordero, que quitó el pecado del mundo y el hombre saboree de una vez y para siempre El Deleite Eterno. Así clama el salmista la existencia ya desde siempre del Mesías prometido por Dios, escucha que dice: Porque Tú, Dios mío, fuiste… mi confianza, Señor, desde mi juventud. / En el vientre materno ya me apoyaba en Ti, / en el seno, Tú me sostenías. Y luego: Dios mío, me instruiste desde mi juventud, / y hasta hoy relato tus maravillas… Así, El Señor Jesús esperaba con ansias en la pascua para que se llevara a cabo su pasión que lleva a la salvación, Él Mismo propone que se ejecute Su Pasión de una buena vez, porque dice: Y mojando un bocado, lo tomó y se lo dio a Judas Iscariote… es decir, que si bien es cierto, el hombre es el que es tentado por el Demonio, Dios también sabe ponernos a prueba, en efecto, Judas, y nosotros cuando somos Judas somos puestos a prueba, y tenemos libertad de aceptar o no el pecado, el mismo Judas pudo cambiar la historia, pero el toma el bocado, es decir, él sabía que iba a pecar porque ya había un complot, Dios se lo hace saber, y él no se retracta por su propia voluntad, por ello añade: Y tras el bocado, en ese momento, entró en él Satanás. Todo estaba consumado, Cristo sabía que Él Solo iba a sufrir y morir, Él Es Dios y en Su conocimiento total, sabía que nadie más estaría en La Cruz, nadie más sería crucificado, y bien le dice a Pedro y a todos los que manifestamos el querer de una dura penitencia inalcanzable, o la negación de un pecado que nos sobrepasa por nuestras propias pequeñas fuerzas; Es Dios Quien nos hace fuertes y ello lo lograremos paso a paso, escalón por escalón, y es que así le dice a Su Vicario: "Adonde Yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más tarde me seguirás"… y más adelante: "¿Tú darás tu vida por Mí?" es decir, que solo Cristo tenía que llevar a cabo la inmolación ante El Padre, ya que el ladrón bueno, aunque se haya arrepentido, en efecto, y por eso mismo, es que logra salvarse, pues, él no estaba al lado de Cristo por ser su seguidor, sino, por ladrón, que ahí logre su arrepentimiento, es otra historia. Por tanto, nos es de mucha necesidad la lectura de La Palabra de Dios, antes abrir nuestros corazones con espíritu humilde, quitar toda ocasión de pecado en nuestras vidas, pedir el auxilio divino cuando no podemos por nuestras propias fuerzas y no prometer lo que no podemos, y ni si quiera si sé que lo voy a poder cumplir. La fuerza Es del Señor, en Ti Señor me abandono. Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas. Como siempre los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar: El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6, 54) En El Nombre del Padre, etc.
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