EPISODE · Mar 8, 2026 · 5 MIN
La guerra contra el azúcar añadido: Oh sugar, honey y sus otros 60 nombres
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
La guerra contra el azúcar añadido: Oh sugar, honey y sus otros 60 nombres Desde Estados Unidos se ha iniciado una guerra contra el azúcar añadido. • Veamos cómo empezó esta dulce historia de final amargo. • A partir de 1942 el azúcar estuvo restringido por la guerra y en la dura posguerra. • Hasta que en 1953 lo volvieron a tolerar y el consumo se disparó. • Las colas frente a las tiendas de dulces eran habituales. • Aquellos niños formaron parte, sin esperarlo, del mayor experimento nutricional de la historia. • La prestigiosa revista Nature publicó algunos resultados, a tener en cuenta, al respecto: Las personas que presentan una restricción de azúcar en sus primeros 1000 días de vida tienen un 14 por ciento menos de riesgo de sufrir insuficiencia cardíaca. Por lo tanto, el periodo crítico cuenta desde el útero hasta los dos años de edad. En conclusión, que los niños con menos azúcar en la primera infancia tuvieron menos diabetes tipo 2 y menor hipertensión de adultos. Ahora el azúcar se ha convertido en el enemigo público número uno, sustituyendo al tabaco en el podio. La Organización Mundial de la salud ya va lanzando campañas de advertencia. El objetivo es gravar con impuestos del 50 por ciento a los productos con alcohol, azúcares añadidos y al tabaco. Y todo, antes del 2035 para evitar 50 millones de muertes prematuras. En Estados Unidos hasta el propio Robert Kennedy Junior se ha posicionado en contra del azúcar añadido. Unos 80 países imponen restricciones al azúcar, sobre todo en las escuelas. A diferencia del tabaco, el azúcar se consume desde antes de nacer. Y se halla en muchos alimentos procesados. El estadounidense medio consume 126 gramos de azúcar al día. En Europa, algo menos. Y en España ronda los 72 gramos diarios. Mientras que la OMS recomienda no superar los 25 gramos. Y considera que es muy dañino sobrepasar los 50 gramos. El problema es que hacen que el azúcar se vuelva ‘invisible’ en las etiquetas. Lo esconden bajo más de 60 nombres distintos. Lo disfrazan con nombres como: sacarosa, glucosa, maltosa, dextrosa. O en jarabes como: de maíz, sirope de glucosa… Extracto de malta, maltodextrina. O lo venden con nombres casi irreconocibles en las etiquetas, como: Isoglucosa, trehalosa, ribosa o galactosa. Ahora analicemos al enemigo blanco desde sus moléculas. El truco del almendruco es que usan varios tipos de azúcar a la vez en un producto. Y de esta forma evitan que ninguno aparezca en primer lugar en la lista de ingredientes. Parece que lleve ‘poco azúcar’ cuando, en realidad, la suma total da una cantidad bastante elevada. Lo esconden en el pan de molde, en las salsas, embutidos, en las cremas y sopas preparadas y en los famosos productos ‘bajos en grasa’. El azúcar de mesa está formado por glucosa y fructosa. La glucosa es esencial y alimenta a nuestras células y al cerebro. La fructosa no es biológicamente necesaria. El hígado la metaboliza de forma similar al alcohol. Así que el problema está en la fructosa añadida de forma masiva. En los años 50, Estados Unidos afrontó una epidemia de infartos. Dos científicos estudiaron la acumulación de casos y ofrecieron dos explicaciones distintas. Ancel Keys culpó a las grasas saturadas mientras que John Yudkin señaló al azúcar refinado como al principal culpable. Al final, se impuso la versión de Keys. Desde el año 1965 la industria azucarera financió estudios para minimizar el impacto del azúcar en la salud. La industria sustituyó la grasa por azúcar. Así que los productos ‘bajos en grasa’ se cargaron de azúcar. Y la obesidad y la diabetes se dispararon. Hoy contamos con el peligro del éxito de las bebida azucaradas ‘energéticas’. Aportan calorías ‘vacías’ y son las responsables de millones de casos de diabetes y de enfermedades cardiovasculares. Además, el azúcar líquido es más dañino que el sólido. Reducir el consumo de azúcar mejora el peso, el ánimo y el metabolismo. Aunque el cerebro necesite semanas para adaptarse a un menor dulzor en la dieta. Por último, la ciencia busca a un sustituto del azúcar desde hace más de un siglo. Y la tagatosa parece que es la candidata ideal. Tiene casi el mismo sabor y muchas menos calorías. No eleva apenas la glucosa ni provoca caries. En cualquier caso, tengamos cuidado con la dieta y limitemos el consumo de azúcares añadidos.
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