EPISODE · Aug 14, 2024 · 6 MIN
La guerra de los chips y su dependencia de una pequeña isla en Taiwán
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
La guerra de los chips y su dependencia de una pequeña isla en Taiwán La reciente obra del profesor de historia, Chris Miller, la guerra de los chips, ha sido coronado como libro del año. Su ensayo va más allá de una mera historia de los chips o del desarrollo de la geopolítica. Chris sostiene que los chips ya son más importante que el petróleo. Más de la mitad del PIB mundial lo generan productos que dependen de semiconductores. De hecho, las capacidades militares están supeditadas por la producción o la importación de chips. Dependemos de miles de ellos para nuestra vida diaria. Están en nuestros ordenadores, teléfonos, coches o frigoríficos, pero no los vemos. Por lo tanto, es el recurso estratégico más concentrado en unas pocas manos y el de mayor potencial para provocar guerras o desequilibrios económicos. Y somos dependientes de la producción que tiene lugar en Taiwán. Si se suspendiera su capacidad de suministrar semiconductores al resto del mundo, lo sentiríamos en toda la producción de bienes manufacturados. Se pararía la distribución de teléfonos inteligentes, ordenadores, lavavajillas… El mundo entero depende de Taiwán. Por ello, es el centro de la nueva pelea por la hegemonía, la presente Guerra Fría. China lleva décadas afirmando que quiere controlar Taiwán y no renuncia al uso de la fuerza militar. Si China controlase ese punto crucial para el mundo, tendrían acceso a los chips más avanzados. Los que se usan para entrenar los sistemas aéreos. Hay que entender que casi todos los sistemas de inteligencia artificial se basan en los chips producidos por la empresa TSMC. Estados Unidos ha prohibido la transferencia de los chips militares más avanzados a china para que no aumente sus capacidades. Toda esta historia entorno a algo tan diminuto y potente empezó en Estados Unidos. Luego, Japón intentó tomar la delantera y surgió la necesidad de deslocalizar. Más tarde la URSS montó su propio Silicon Valley, robo muchos secretos a Estados Unidos y fue su mayor rival. Ahora Estados Unidos se enfrenta a otro competidor tecnológico muy serio, China. De momento, Estados Unidos, Corea del Sur y países europeos como Holanda, están por delante de China en chips avanzados. Sin embargo, China ha estudiado la historia y pretende no repetir los mismos errores que la URSS. Su estrategia consiste en invertir grandes sumas de dinero en desarrollar sus propios chips. Esas cantidades hacen que levante fábricas en su territorio, compre acciones en empresas extranjeras o que adquiera todas las compañías de semiconductores que pueda. China amenaza con reducir las exportaciones de galio y germanio, dos minerales fundamentales para la fabricación de semiconductores. El problema es que esa amenaza se le volvería en contra y afectaría a su propia economía. De momento, no lo hace y su respuesta a las restricciones impuestas por Estados Unidos, han sido más limitadas. ¿Y qué papel juega la vieja Europa en esta partida entre Asia y Norteamérica? Sabemos que holandesa ASML es crítica en este equilibrio de fuerzas. Sin sus máquinas no se pueden hacer los chips más avanzados. Así que Europa no puede hacer chips de tal calibre pero juega un papel clave en toda la cadena de suministro. Europa no ha logrado crear grandes empresas tecnológicas, industrias potentes, que necesiten de millones de chips para seguir creciendo. Al contrario de lo que ocurre con gigantes tecnológicos como Apple, Nvidia o Qualcomm. Donde cada nuevo lanzamiento suyo supone la compra de enormes volúmenes de complejos chips. En el otro extremo, las empresas europeas siguen adquiriendo volúmenes pequeños de chips y de gama baja. En la carrera armamentísticas, los chips son los que están detrás de la guerra de precisión. Ya no hace falta tener más tanques o más munición, lo importante es apretar un botón y que un misil impacte justo en el objetivo marcado. Pensemos que hoy en día, los chips son unos 1.000 millones de veces más potentes que los primeros que salieron. Este progreso en tan poco tiempo, no se puede comparar con ninguna industria, en toda la historia de la humanidad. La globalización es el factor decisivo para seguir con este avance. La combinación del I+D y su fabricación en Estados Unidos, junto con el ensamblaje y embalaje del este de Asia. Y el paso final, es llevar las ventas del producto final por todo el mundo. La última reflexión que nos deja este autor es que esta tecnología siempre se ha usado para el espionaje. Hasta el telégrafo se usó para ese fin. Todos los países van a espiar lo que puedan. Y todo este lío por culpa de algo tan diminuto, que apenas vemos y que tiene su punto estratégico en Taiwán.
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