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EPISODE · Sep 30, 2017 · 9 MIN

La Justicia de Dios

from Podcast de Homilias para los sencillos

LA JUSTICIA DE DIOS Nos gusta que siempre nos hablen de la bondad de Dios, de su misericordia… y nosotros también lo hemos hecho tantas veces porque la Biblia dice que “Dios es amor”. Pero si ese amor fuera injusto, es decir, si Dios no tuviera justicia, no podría ser el Dios verdadero. Por tanto, vamos a hablar un poco de esa justicia divina, según nos enseñan las lecturas de este domingo. San Mateo Parece un poco extraño lo que concluye el Evangelio de este día: “Los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios”. Esas personas estuvieron alejadas de Dios por su vida de pecado pero se han convertido y van por delante de tantas personas que se tienen por perfectas por lo que dicen, e incluso enseñan, pero no hacen. Era el caso precisamente de los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo a quienes se dirigía Jesús. Para entender esto, Jesús nos ha dejado la parábola de hoy. En el fondo vemos en ella que ninguno de los dos hijos hizo plenamente la voluntad del padre. En efecto, el padre pidió al primero que fuera a trabajar a la viña. Contestó descortésmente: “No quiero”. Pero pensó mejor las cosas y fue a la viña para cumplir la voluntad del padre. El segundo, posiblemente para quedar bien y no molestar a su padre, le contestó: “voy Señor”, pero no fue. La justicia de Dios es así. Precisamente es lo que nos dice Ezequiel: El que se arrepiente y persevera se salva. El profeta Ezequiel Habla del pueblo de Israel que se queja del Señor como si fuera injusto, pero Dios aclara su proceder: Si uno comete la maldad durante su vida y muere en ella, recibirá el castigo; en cambio, el que vive mal, si se arrepiente, como el hijo de la parábola, vivirá para siempre. San Pablo a los Filipenses Nosotros en las procesiones, en los encuentros de fe, glorificamos siempre a Jesucristo y decimos que Él “es el Señor”: El Señor de los Milagros, el Señor de Luren, el Señor Cautivo de Ayabaca … ¿Y todo esto por qué? La verdad es que Jesucristo, aunque era verdadero Dios, pasó por uno de tantos, marginado, despreciado y crucificado. Pero como tenía la divinidad, Dios le dio el “nombre sobre todo nombre”, el nombre de “SEÑOR”. San Pablo les trae a los Filipenses este ejemplo de Jesús, porque quiere que vivan y tengan “los mismos sentimientos de Cristo Jesús”. Precisamente para conseguir esto, presiona a los Filipenses, que pertenecen a una comunidad muy querida de Pablo, que por el amor grande que le tienen aprendan la caridad, a vivir acordes, en humildad, y teniendo a los otros como más importantes que uno. De esta manera, por la humildad de Jesús, los Filipenses podrán realmente cumplir la voluntad del Padre que mandó: “al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre”. También en esta lectura aparece clara la justicia de Dios que permitió la humillación de Jesús para salvarnos a todos, pero después lo glorificó por encima de todas las criaturas: ¡Jesús es el Señor! Verso aleluyático El aleluya nos recuerda las palabras del Buen Pastor, Jesucristo, que nos habla de esa comunión profunda que hay entre Él y sus verdaderos discípulos. Comparándolos con un rebaño explica Jesús: “mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen”. Una bella invitación de Jesucristo para que conozcamos sus enseñanzas en las que resalta la misericordia de Dios sin olvidar su justicia. Esto también es un consuelo para quienes en la vida han recibido tantas humillaciones: “El que se humilla será enaltecido”. Salmo responsorial (24) Nos habla de esta justicia y rectitud de Dios y lo hace, precisamente, para que aprendamos cuál es el camino de los pecadores, del que debemos huir, y cómo nos invita a ser humildes y vivir con rectitud: “El Señor es bueno y es recto y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud”. El resto del salmo se fija más bien en la misericordia del Señor y reconoce que “su misericordia es eterna”. De esta manera en el mismo salmo tenemos la misericordia y la justicia de Dios. Te invito a meditar de una manera profunda estas palabras: “Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas”. Y luego el salmo, aprovechando la misericordia de Dios, nos invita a orar pidiendo perdón apoyados en ella: “No te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud: acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor”. José Ignacio Alemany Grau, obispo

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