EPISODE · Apr 20, 2026 · 7 MIN
La lucha de las empresas por controlar nuestro bien más preciado: La atención
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
La lucha de las empresas por controlar nuestro bien más preciado: La atención. En su obra ‘los cantos de sirena’, el presentador Chris Hayes nos muestra los mecanismos que usan las compañías en la economía de la atención. Nuestra atención es una valiosa mercancía para las plataformas mediáticas. Y quieren apropiarse de ella, para obtener beneficios. De hecho, nuestra atención se ha convertido en el recurso más valioso y disputado. En épocas anteriores, los materiales físicos, la información y el trabajo manual tuvieron un gran valor. Pero ahora vivimos en la economía de la atención, donde nuestra concentración mental es la principal mercancía. Y las poderosas empresas quieren explotarla y monetizarla de forma sistemática. Empresas tecnológicas como Facebook o Tik Tok, los medios de comunicación, los anunciantes y los políticos han desarrollado sofisticadas técnicas para robar nuestra atención. Sobre todo, la involuntaria, aquella respuesta automática que no podemos controlar conscientemente. La mercantilización de la atención es un paso más en el proceso de capitalización industrial. Que ya mercantilizó el trabajo físico. Cuando son otros los que controlan nuestro foco, perdemos nuestra capacidad de pensamiento profundo, de relacionarnos significativamente y hasta nuestra participación democrática. En cada momento del día, prestamos atención a algo. Leemos un libro, escuchamos música, mantenemos una conversación… Nuestra mente dirige constantemente la atención hacia una información específica mientras filtra todo lo demás. Por lo tanto, es la sustancia fundamental de nuestra experiencia consciente. Sin atención no habría conciencia, ni pensamiento ni tendríamos una percepción detallada del mundo que nos rodea. Esta capacidad mental opera de manera voluntaria e involuntaria. En la voluntaria, la podemos dirigir hacia lo que estemos concentrados en ese momento. Esta concentración requiere esfuerzo y control cognitivo. Ya que hay que suprimir activamente el resto de distracciones. Por el contrario, la atención involuntaria funciona automáticamente y no se puede controlar conscientemente. Es básica para nuestra supervivencia. Por ejemplo: si estamos leyendo y de repente escuchamos una fuerte explosión, nuestra atención se desplazará hacía ese peligroso estímulo. Nuestros antepasados la usaron para detectar las amenazas y oportunidades de su entorno. Los destellos brillantes, los cambios de movimientos repentinos, los sonidos inesperados o los peligros percibidos desencadenan este tipo de atención. La interacción entre estos dos sistemas de atención es imprescindible para equilibrar nuestra concentración. La atención involuntaria también nos habilita para leer una noticia en el móvil mientras caminamos por la calle. Ahora, la atención humana es un recurso explotable. Algo que intentan separar de la experiencia íntima y transformarlo en un valor económico. Las empresas emplean todo tipo de artimañas para activar nuestra atención involuntaria. Las notificaciones en el móvil crean una sensación de urgencia neurológica. Valiéndose de los mismos mecanismos neurológicos de emergencia que, en el pasado, nos permitió detectar el gruñido de un depredador. El scroll infinito es otra trampa que nos mantiene enganchados a las recompensan aleatorias impredecibles. Siguiendo el mismo método de supervivencia que usaban nuestros antepasados para buscar comida en un sitio nuevo. Al igual que esas tácticas, hay otras muchas más. Los colores brillantes, los cambios rápidos de escenas o los contenidos basados en conflictos. Nuestra reacción ante esos estímulos se produce antes de que nuestra mente consciente pueda intervenir. Un anuncio llamativo o una alerta de noticias de última hora captan nuestra atención y ya nos han desviado de lo que estábamos haciendo. Las tecnologías digitales producen una abundancia de información. Así que ésta ha perdido su trono como el recurso más escaso y el más valioso. Ahora, ese lugar lo ocupa nuestra concentración, que es limitada. Nos dan a probar ‘contenido gratuito’ de los próximos estrenos y cuando saben lo que nos gusta, nos convencen para que pasemos al formato de pago. Los algoritmos de las plataformas de redes sociales hacen su trabajo. Captan los datos de nuestro comportamiento: En qué nos detenemos, dónde hacemos clic, cuanto tiempo permanecemos en una web y hacia dónde nos desplazamos. De esta forma diseñan noticias empaquetadas para nosotros, las que explotan nuestra ira política, la comparación social, el miedo o la curiosidad. Las instituciones más ricas de la sociedad, las empresas tecnológicas, valoradas en billones de dólares, tienen un modelo de negocio que depende de fragmentar nuestra atención. Atacando los recursos cognitivos necesarios para la democracia, la educación, las relaciones o el pensamiento a largo plazo. Hasta los medios de comunicación han variado el rumbo y pasan de informar a los ciudadanos a competir por captar su atención. Por ejemplo, con noticias sensacionalistas y estudiando lo que genera audiencia para darles más de lo mismo. Incluso, adoptan mecanismos similares a los de las máquinas tragaperras en un Casino. Cambios rápidos de escena, gráficos llamativos, notificaciones, y música que transmita urgencia. El resultado es un panorama en el que la capacidad de captar la atención importa más que la verdad o el beneficio público. Las historias que generan fuertes reacciones viscerales como la indignación, el miedo o la identificación de un grupo, reciben mayor cobertura. Mientras tanto, las cuestiones complejas como el cambio climático, los detalles de cada política y otras noticias relevantes compiten contra esos fuertes estímulos. Y la mejor manera de defendernos es conociendo sus estrategias y siendo conscientes del mundo en el que vivimos. A diferencia de la tierra, el carbón o el capital, que existen fuera de nosotros, ahora van a por lo que nos hace humanos. Al recurso que está dentro de nuestras mentes.
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