EPISODE · Mar 9, 2016 · 19 MIN
La repreSión de postguerra. Lo que no cuentan.
from Podcast de Kireo
La primera tarea de los liberadores consistió, precisamente, en eliminar todo rastro de nacionalismo en los países liberados. Así, hombres como Charles Maurras y Xavier Vallat, nada sospechosos de simpatías hacia Alemania, pero anticomunistas, fueron acusados de traición y "colaboracionismo" y condenados por los tribunales "gaullistas", donde los comunistas estaban ampliamente representados. El Mariscal Petain fue condenado a muerte, conmutándosele la pena por la de reclusión perpetua. El defensor de Verdún moriría en la cárcel, mientras el viejo desertor comunista Thorez era nombrado por De Gaulle vicepresidente del Consejo de Ministros. El ex-Primer Ministro Pierre Laval fue condenado a muerte y ejecutado después de haber intentado suicidarse. Francia batió largamente su propio record revolucionado de 1789. Pierre-Henri Teitgen, Ministro de Justicia de la IV República, declaró (62) que Danton, Robespierre y los demás eran unas criaturas comparadas con nosotros. Ellos no hicieron condenar más que a 17.000 traidores, pero nosotros hemos ejecutado a 105.000... ¡105.000 condenados a muerte!... Más los ejecutados "sumariamente" más los asesinados por "elementos incontrolados"; más los miles de condenados a prisión, destierro, trabajos forzados e "indignación nacional". La élite nacionalista, derechista, o simplemente anticomunista, aunque no forzosamente germanófila, fue diezmada. A causa de sus ideas -y exclusivamente de sus ideas- fueron fusilados escritores como Paul Chack, Georges Suarez, Henri Béraud, Jean Hérold -Paquis, el poeta Robert Brasillach y muchos más. El 18 de noviembre de 1945, el -Comité National des Ecrivains- publicaba una lista de autores sobre los cuales sus miembros lanzaban la "excomunión" y en compañía de los cuales se comprometían a no publicar ningún escrito, en ningún periódico ni revista. Entre los escritores "excomulgados" por fascistas figuraban Renoist-Mechin, Georges Blond, Charles Maurras, Pierre Drieu La Rochelle, Pierre Bénoit, Henri Bordeaux, Louis Ferdinand Céline, Alphonse de Chateaubriant, Alfred Fabre-Luce, Jean Giono, Sacha Guitry, Henri de Montherlant, Paul Morand, Abel Bonnard, el Premio Nobel Alexis Carrel, Henri Massis, André Salmon, Maurice Bardeche, etc. Especialmente virulenta fue la liberación en Bélgica. Se abrieron nada menos que 346.000 expedientes por colaboración con el enemigo; hubo más de 57.000 condenas, la mayor parte a muerte, reclusión perpetua a veinte años de cárcel. Hubo, además, como en todas partes, el cupo "normal" de ejecuciones sumarias. Se batieron todos los récords de vileza; como los patriotas (sic) no pudieron capturar al jefe "rexista" Degrelle, asesinaron a su hermano Edouard, que nunca se había significado en política. Los padres de Degrelle fueron igualmente encarcelados durante largos meses. El rey Leopoldo III, que se había negado obstinadamente a ir a Inglaterra, a "resistir" por radio, fue forzado a abdicar, pese a que las elecciones demostraron que la mayoría del pueblo belga estaba a su lado. En Holanda y Noruega se produjeron hechos similares. En Italia, la represión alcanzó grados particularmente crueles (63). Incluso la neutral Suiza consideró necesario adherir a la moda del momento: la caza de los nazis y los fascistas. No se limitó la "libre Helvecia" a negar el derecho de asilo a los perseguidos políticos; la Legación alemana fue asaltada y saqueada; los bienes de alemanes residentes, robados; italianos fascistas que se habían acogido a la hospitalidad del país fueron entregados en la frontera a bandas de "maquis" comunistas, a sabiendas de que estos iban a ejecutarlos previa tortura.
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