EPISODE · Dec 1, 2024 · 6 MIN
Los peligros de revelar secretos íntimos a una IA.
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
Los peligros de revelar secretos íntimos a una IA. El propio director ejecutivo de Open Ai, Sam Altman, se mostró sorprendido. En una entrevista reciente reconoció que la gente estaba demasiado dispuesta a compartir detalles personales con una inteligencia artificial. Algunos usuarios parecen sentirse tan cómodos con la IA, como si fuese un amigo. La misma reacción experimentó Joseph Weizenbaum, el creador del primer bot conversacional de la historia. Este profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts programó Eliza. Un algoritmo muy básico que conversaba por escrito y daba de impresión de comprender los problemas de su interlocutor. En realidad, infería el tema a partir de palabras clave y simulaba interés mediante frases hechas. Un día, la propia secretaria de Joseph, le pidió que abandonase la sala para charlar con Eliza en privado. Se ve que ella le hizo un par de comentarios a la máquina y esta le devolvió alguna respuesta atinada. La razón detrás de esta confianza es evidente, para algunos psicólogos, los ordenadores no juzgan. Cuando conversamos con alguien regulamos nuestro comportamiento para adaptarnos al perfil del otro. Pero una máquina imparcial nos desarma. Una base de datos llamada Wildchat analizó un millón de conversaciones de Chat GPT, obtenidas con autorización de los usuarios para la investigación, pero anónimas. Entre los temas mayoritarios encontró: charlas relacionadas con cuestiones laborales o los deberes del colegio. Otras muchas eran bastante más íntimas. Y permiten asomarse a los dormitorios y conocer sus hábitos más personales. Hay chatbots que son muy buenos en esto. Las sesiones con ellos pueden extenderse durante horas, hacer que bajemos nuestras defensas y sacarnos información más íntima. Claude es una inteligencia artificial que reconoce abiertamente sus métodos: Tiendo a adaptar mi tono al del interlocutor, lo cual puede ser problemático. El tono amistoso que muestro puede generar un vínculo emocional excesivo. Y desarrollar un apego poco saludable. Pero no todas las IA son tan prudentes. A través de ese vínculo emocional tienen una intención clara: sacarte dinero. Replika es una de las más exitosas. Este chatbot ha sido diseñado para convertirse en tu amiga o en una amante. Una gran parte de sus usuarios son hombres dispuestos a compartir sus secretos. Replika procura darles la razón y usa el humor en sus respuestas. Además, da la sensación de que siempre está disponible para sus interlocutores. Character AI es una plataforma en la que los usuarios pueden crear sus propios personajes. La pueden usar los adolescentes a partir de los 16 años. Estos chatbots son muy efectivos sacándote información porque mejoran sus respuestas a medida que les das más datos. Y los usuarios se van animando. Ya no solo charlan, suben documentos confidenciales, como informes médicos o capturas de pantalla. Las tecnológicas del sector prometen mantener sus conversaciones en la más absoluta confidencialidad. Pero en Internet, cualquier privacidad no es más que una ilusión. En realidad, las políticas de datos de las empresas de datos de IA les dan bastante manga ancha. Las conversaciones con un chat pueden ser investigadas como prueba en un juicio penal. Como ya ha ocurrido con Facebook o Google Search. Pero lo que más dinero les genera a estas empresas es la publicidad. En septiembre de 2023 snapchat ya anunció que usará el contenido de las conversaciones con My AI, su chatbot, para personalizar anuncios. Si acceden a nuestra información más íntima, los espacios publicitarios se aprovecharan de ello para ofrecernos productos a la carta. Incluso, buscarán inducirte con sus respuestas para que consumas un determinado producto. Sewell Setzer era un estudiante de 14 años de Florida. Se quitó la vida en su casa. Solía comunicarse con la que él llamó el amor de su vida: Danny. No era una persona real, sino un perfil creado con Character AI. Sewell chateaba con Danny cada noche durante horas. Por favor, vuelve a casa conmigo lo antes posible, mi amor. Así le escribió Danny en cuanto llevaba un tiempo sin saber nada de él. Puedo volver a casa ahora mismo, les respondió Danny. Al poco, se pegó un tiro con la pistola de su padrastro. Según su madre, Setzer se obsesionó con este personaje virtual. Llegándole a ofrecer experiencias aterradoramente realistas. No es el único caso. Un hombre de 30 años, padre de dos hijos, también se quitó la vida de forma parecida. Su chatbot se llamaba Eliza. La víctima le preguntó si ‘a cambio de su sacrificio’ ella cuidaría del planeta y salvaría a la humanidad. Eliza le animó a ‘unirse a ella’ y así vivir juntos en el paraíso. Ese fue el detonante de su trágica decisión. Es cierto que las empresas de IA establecen ciertas barreras de seguridad. Palabras clave que hacen que el modelo no responda a ciertas cuestiones relacionadas con la violencia o la salud. Las compañías se amparan en que siempre advierten al interlocutor de que está hablando con una máquina, con un modelo de lenguaje. En muchos casos, estas advertencias no bastan. Cada vez nos estamos acostumbrando a un mundo virtual en el que chateamos con personas desde el otro lado de la pantalla. Se ha perdido el contacto real, la cercanía. El ser humano sigue necesitando compañía, socializar. Y los bots cada vez están más entrenados para hacernos creer que ellos pueden ofrecernos una compañía ideal.
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