EPISODE · Jul 17, 2026 · 13 MIN
Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 29.
from Mi perra vida · host Norberto Chavez
Relato – Doctor Nómada (quinta parte) | Bonus track Doctor Nómada (quinta parte) Leer la cuarta parte En menos de treinta días mi castillo de naipes se había derrumbado. Nada de lo ocurrido era injustificado, pero eso no lo hacía deseable, ni tolerable. Lo primero que se agotó, aunque se había terminado desde hace mucho, pero no me había dado cuenta, era la gente que me tenía afecto; mis nuevos conocidos del club y de la alta dirección me esquivaban en persona, por correo electrónico o al teléfono, no querían que ni una gota de mi mala suerte les ensuciara su prístino destino. A pesar de saber que poco iba a lograr, intenté retomar mis viejas amistades pero, obtuve muy pocas respuestas y nada de entusiasmo para verme, ya ni siquiera la posibilidad de ayuda para encontrar un nuevo empleo. Esto último se había vuelto mi prioridad, si bien reduje a mínimos mis gastos, había contraído demasiadas responsabilidades a largo plazo que, estaban deglutiendo mis ahorros demasiado rápido. Al ritmo que estaban ocurriendo las cosas, aun vendiendo todo lo que tenía caería en un impago muy pronto. Correos sin respuesta, llamadas sin retorno, negativa tras horas sentado en una sala de espera para una oferta de trabajo, esa era mi nueva cotidianidad. Cuando el departamento y mis esperanzas de encontrar un nuevo empleo se habían vaciado, hice una actualización de mis cálculos y en menos de tres semanas la inmobiliaria me echaría de lo que era mi último bastión, eso apenas me sacaba a flote unos pocos días. Ahora me daba cuenta de la cantidad de despilfarro a la que había llegado. La última noche que dormí en esa vida, fue antes de volver a revisar cuántos días más podía estar en esa situación antes de acabar en la calle. Me acosté rumiando mis desgracias, no sé cuánto tarde en vencer al insomnio pero, apenas abrí los ojos al día siguiente, sin saber de dónde, si lo había pensado antes de lograr conciliar el sueño o era una reminiscencia de esos mundos oníricos que se permean al descansar pero, me levanté con una idea, si no había manera de ingresar dinero a mi cuenta y las deudas la vaciaban con voracidad, podía buscar la manera de que durara lo más posible. Me levanté y para hacer tiempo en lo que el banco abría, desayuné lo último que había en el refrigerador. Frente a la sospecha del encargado del banco, vacié mi cuenta de ahorros, no podía cerrarla porque estaba llena de deudas. Al entregarme mi dinero, el tipo me vio con recelo, sabiendo que estaba presenciando mi transformación en moroso titulado, al que llegarían amenazas y requerimientos legales en poco tiempo; pero no tuvo más remedio que entregarme mis últimas reservas. Al despedirse de mí, notó que, traía una mochila más grande de lo usual, supongo que intuía cuál era mi plan, porque me deseo suerte al salir de la sucursal. Hacía mucho tiempo que no escuchaba una palabra de aliento, eso me animó a continuar. Muy cerca de ahí había ubicado un local de empeños, al que entregue mis últimas pertenencias, incluido mi teléfono, sabiendo que nunca más las recuperaría. Me dieron una miseria y yo les entregué un papel donde prometía volver a pagar ese dinero entregado en prenda. El dependiente sabía muy bien que, así se acude para nunca más volver, y seguramente ya pensaba en potenciales clientes para lo que le había llevado. En ese momento toda mi vida y su patrimonio iban en la mochila colgando a mis espaldas, dejaría todo lo que no pudiera cargar conmigo. Para mis acreedores y el resto del mundo iba a desparecer, sin dejar rastro, abandonaría todo; nunca pensé que, volverme invisible sería tan sencillo, a partir de ese momento no podría ser localizado, no se me podría exigir que cumpliera mis promesas de pago; el bello arte de mandar todo a la mierda. Mientras el taxi atravesaba la ciudad con el tráfico desbocado, me iba sintiendo ligero, liberado, pero con el corazón galopando fuerte en mi pecho, abandonaría todo y la inmensidad me atemorizaba. Al bajar del auto se terminó mi vida como la conocía, con planes, compromisos, sueños y responsabilidades. El horizonte de mi vida no estaba trazado, apenas sabía mi siguiente paso. En ese momento sólo tenía hambre e incertidumbre, así que, entré a un pequeño restaurante a resolver ambos problemas. Mientras me llevaban la comida, miraba el tablero con los destinos próximos, algunos conocidos, pero muchos a poblaciones que jamás había escuchado. Como nunca, comí con calma, sin marco de referencia veía aparecer y desaparecer destinos en el tablero, algunos sabia que estaban a pocas horas y otros a decenas. Al final decidí ser congruente y tomar la decisión de mi destino basado en la irracionalidad. Compré el boleto, solo de ida, para el destino más impronunciable. Ahora saberlo todo era irrelevante, desconocía si el lugar al que llegaría era de mar o montaña, cómo sería su gente, ni siquiera dónde podría encontrar alojo. Sólo sabía que el autobús salía en tres horas y que había elegido un asiento al lado del pasillo, no quería ver nada, ni recordar nada, tan sólo olvidar. Pedí una y después varias tazas de café, para que pasara el tiempo. Mientras tanto me distraía viendo a la gente cruzar la terminal de un lado al otro con bultos, hijos, sonrisas y tristezas. Me preguntaba si alguien más estaba huyendo como yo, caí en cuenta que tenía un monologo desde hacía bastante rato. Ya no había nada que me lo impidiera, una llamada de atrajera mi atención, las notificaciones perennes dejarlo de serlo y el deseo de ver el mundo a través de la pantalla había desaparecido, sólo tenía la realidad próxima e inmediata frente a mi. Anunciaron la salida de mi autobús, así que, pagué la cuenta y me formé para ingresar al vehículo; sin prisa, fui uno de los últimos. Ubiqué mi lugar y a mi vecina de asiento, la saludé, acomodé mis cosas en el maletero y ocupé mi asiento. Al lado mio una anciana se tardó bastante más tiempo en acomodarse la cobija que traía, un termo con una bebida caliente, “porque era muy friolenta” me dijo sin que le preguntara, y cuando se había logrado instalar correctamente se le había quedado una pequeña maleta en las piernas, se disponía a deshacer su cobijo pero, me ofrecí a acercársela y acomodarla junto a la mía, no deseaba verla nuevamente en todo su ritual de acomodación. Era una hielera, además de agradecer, me pidió que lo hiciera con cuidado, porque era un medicamento. La dispuse con cuidado y al confirmar con el oído que no se movía, la anciana se quedó dormida en pocos minutos, lucía exhausta, y sus rotundos ronquidos lo confirmaban. Por lo visto también había sido un día largo para mí, porque a pesar del concierto de ruidos de mis vecinos, al poco rato, caí rendido. Nos despertó y desacomodó una serie de movimientos erráticos que hacía el autobús, que cada vez avanzaba más despacio. Mi asombro era mayúsculo, no sabía que pasaba. Mi vecina me tranquilizó, diciéndome que seguramente se había ponchado una llanta. Eso me dio algo de paz, lo que me intranquilizó fue la acotación de su comentario, donde para sí misma deseaba que fuera eso y no los asaltantes de autobuses que llenan la carretera con clavos para detener a los viajantes y asaltarlos. Bonus track Pecora espiándome desde la escalera, ¿no es una chulada? En modo cumbiero intelectual} Me sorprenden las protuberancias del tronco, no sé si sean normales o alguna enfermedad.
NOW PLAYING
Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 29.
No transcript for this episode yet
Similar Episodes
Jul 12, 2026 ·58m
Jul 12, 2026 ·58m
Jul 12, 2026 ·59m
Jul 12, 2026 ·61m
Jul 9, 2026 ·30m
Jul 8, 2026 ·113m