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Mi perra vida

Fastidiado de las restricciones en las redes sociales, y sin postureo ni opiniones al vapor, aquí les dejo Mi Perra Vida

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  1. 12

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 29.

    Relato – Doctor Nómada (quinta parte) | Bonus track Doctor Nómada (quinta parte) Leer la cuarta parte En menos de treinta días mi castillo de naipes se había derrumbado. Nada de lo ocurrido era injustificado, pero eso no lo hacía deseable, ni tolerable. Lo primero que se agotó, aunque se había terminado desde hace mucho, pero no me había dado cuenta, era la gente que me tenía afecto; mis nuevos conocidos del club y de la alta dirección me esquivaban en persona, por correo electrónico o al teléfono, no querían que ni una gota de mi mala suerte les ensuciara su prístino destino. A pesar de saber que poco iba a lograr, intenté retomar mis viejas amistades pero, obtuve muy pocas respuestas y nada de entusiasmo para verme, ya ni siquiera la posibilidad de ayuda para encontrar un nuevo empleo. Esto último se había vuelto mi prioridad, si bien reduje a mínimos mis gastos, había contraído demasiadas responsabilidades a largo plazo que, estaban deglutiendo mis ahorros demasiado rápido. Al ritmo que estaban ocurriendo las cosas, aun vendiendo todo lo que tenía caería en un impago muy pronto. Correos sin respuesta, llamadas sin retorno, negativa tras horas sentado en una sala de espera para una oferta de trabajo, esa era mi nueva cotidianidad. Cuando el departamento y mis esperanzas de encontrar un nuevo empleo se habían vaciado, hice una actualización de mis cálculos y en menos de tres semanas la inmobiliaria me echaría de lo que era mi último bastión, eso apenas me sacaba a flote unos pocos días. Ahora me daba cuenta de la cantidad de despilfarro a la que había llegado. La última noche que dormí en esa vida, fue antes de volver a revisar cuántos días más podía estar en esa situación antes de acabar en la calle. Me acosté rumiando mis desgracias, no sé cuánto tarde en vencer al insomnio pero, apenas abrí los ojos al día siguiente, sin saber de dónde, si lo había pensado antes de lograr conciliar el sueño o era una reminiscencia de esos mundos oníricos que se permean al descansar pero, me levanté con una idea, si no había manera de ingresar dinero a mi cuenta y las deudas la vaciaban con voracidad, podía buscar la manera de que durara lo más posible. Me levanté y para hacer tiempo en lo que el banco abría, desayuné lo último que había en el refrigerador. Frente a la sospecha del encargado del banco, vacié mi cuenta de ahorros, no podía cerrarla porque estaba llena de deudas. Al entregarme mi dinero, el tipo me vio con recelo, sabiendo que estaba presenciando mi transformación en moroso titulado, al que llegarían amenazas y requerimientos legales en poco tiempo; pero no tuvo más remedio que entregarme mis últimas reservas. Al despedirse de mí, notó que, traía una mochila más grande de lo usual, supongo que intuía cuál era mi plan, porque me deseo suerte al salir de la sucursal. Hacía mucho tiempo que no escuchaba una palabra de aliento, eso me animó a continuar. Muy cerca de ahí había ubicado un local de empeños, al que entregue mis últimas pertenencias, incluido mi teléfono, sabiendo que nunca más las recuperaría. Me dieron una miseria y yo les entregué un papel donde prometía volver a pagar ese dinero entregado en prenda. El dependiente sabía muy bien que, así se acude para nunca más volver, y seguramente ya pensaba en potenciales clientes para lo que le había llevado. En ese momento toda mi vida y su patrimonio iban en la mochila colgando a mis espaldas, dejaría todo lo que no pudiera cargar conmigo. Para mis acreedores y el resto del mundo iba a desparecer, sin dejar rastro, abandonaría todo; nunca pensé que, volverme invisible sería tan sencillo, a partir de ese momento no podría ser localizado, no se me podría exigir que cumpliera mis promesas de pago; el bello arte de mandar todo a la mierda. Mientras el taxi atravesaba la ciudad con el tráfico desbocado, me iba sintiendo ligero, liberado, pero con el corazón galopando fuerte en mi pecho, abandonaría todo y la inmensidad me atemorizaba. Al bajar del auto se terminó mi vida como la conocía, con planes, compromisos, sueños y responsabilidades. El horizonte de mi vida no estaba trazado, apenas sabía mi siguiente paso. En ese momento sólo tenía hambre e incertidumbre, así que, entré a un pequeño restaurante a resolver ambos problemas. Mientras me llevaban la comida, miraba el tablero con los destinos próximos, algunos conocidos, pero muchos a poblaciones que jamás había escuchado. Como nunca, comí con calma, sin marco de referencia veía aparecer y desaparecer destinos en el tablero, algunos sabia que estaban a pocas horas y otros a decenas. Al final decidí ser congruente y tomar la decisión de mi destino basado en la irracionalidad. Compré el boleto, solo de ida, para el destino más impronunciable. Ahora saberlo todo era irrelevante, desconocía si el lugar al que llegaría era de mar o montaña, cómo sería su gente, ni siquiera dónde podría encontrar alojo. Sólo sabía que el autobús salía en tres horas y que había elegido un asiento al lado del pasillo, no quería ver nada, ni recordar nada, tan sólo olvidar. Pedí una y después varias tazas de café, para que pasara el tiempo. Mientras tanto me distraía viendo a la gente cruzar la terminal de un lado al otro con bultos, hijos, sonrisas y tristezas. Me preguntaba si alguien más estaba huyendo como yo, caí en cuenta que tenía un monologo desde hacía bastante rato. Ya no había nada que me lo impidiera, una llamada de atrajera mi atención, las notificaciones perennes dejarlo de serlo y el deseo de ver el mundo a través de la pantalla había desaparecido, sólo tenía la realidad próxima e inmediata frente a mi. Anunciaron la salida de mi autobús, así que, pagué la cuenta y me formé para ingresar al vehículo; sin prisa, fui uno de los últimos. Ubiqué mi lugar y a mi vecina de asiento, la saludé, acomodé mis cosas en el maletero y ocupé mi asiento. Al lado mio una anciana se tardó bastante más tiempo en acomodarse la cobija que traía, un termo con una bebida caliente, “porque era muy friolenta” me dijo sin que le preguntara, y cuando se había logrado instalar correctamente se le había quedado una pequeña maleta en las piernas, se disponía a deshacer su cobijo pero, me ofrecí a acercársela y acomodarla junto a la mía, no deseaba verla nuevamente en todo su ritual de acomodación. Era una hielera, además de agradecer, me pidió que lo hiciera con cuidado, porque era un medicamento. La dispuse con cuidado y al confirmar con el oído que no se movía, la anciana se quedó dormida en pocos minutos, lucía exhausta, y sus rotundos ronquidos lo confirmaban. Por lo visto también había sido un día largo para mí, porque a pesar del concierto de ruidos de mis vecinos, al poco rato, caí rendido. Nos despertó y desacomodó una serie de movimientos erráticos que hacía el autobús, que cada vez avanzaba más despacio. Mi asombro era mayúsculo, no sabía que pasaba. Mi vecina me tranquilizó, diciéndome que seguramente se había ponchado una llanta. Eso me dio algo de paz, lo que me intranquilizó fue la acotación de su comentario, donde para sí misma deseaba que fuera eso y no los asaltantes de autobuses que llenan la carretera con clavos para detener a los viajantes y asaltarlos. Bonus track Pecora espiándome desde la escalera, ¿no es una chulada? En modo cumbiero intelectual} Me sorprenden las protuberancias del tronco, no sé si sean normales o alguna enfermedad.

  2. 11

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 28.

    Relato – Doctor Nómada | Bonus track Doctor Nómada (cuarta parte) Leer la tercera parte La reunión fue sucinta y con un foro exiguo. El director de recursos humanos, el de finanzas y un par de sus mandos medios, todos con pésimas dotes de actuación. Me transmitieron las disculpas del cuerpo directivo a los que les fue imposible asistir, pero me enviaban saludos y deseaban mi pronta recuperación. Tras el protocolario intercambio de vacuos mensajes fraternales y optimistas, me explicaron que, durante mi ausencia; la cual debió haber sido una terrible experiencia de la cual seguramente salí fortalecido; en esas semanas tuvieron que buscar ayuda para continuar con la operación del hospital. La compañía que proveía de toda la infraestructura tecnológica, al ver nuestro gran avance, ofrecieron en su fase temprana y ultrasecreta una versión del modelo que podía “apoyar” las actividades de posiciones directivas, dada la coyuntura determinada por mi estado de salud, aprovecharían la oportunidad para probar el modelo y comprobar su utilidad en vida real. No entendí muy bien o no quería entender, pero interrumpí el monólogo del director de recursos humanos, para decirle que, ya me sentía muy bien y no era necesaria la ayuda de la IA para mis actividades. Tras soterrar parcialmente una sonrisa, continuó explicando que, la prueba había sido un éxito, y el programa se amplió a unas cuantas direcciones más. Su perorata terminó con una sensación de que algo más faltaba. Antes de que pudiera opinar algo al respecto, intervino el director de finanzas. Explicaba que, con la inclusión de los nuevos modelos directivos de IA se encontraron áreas de oportunidad que permitirían optimizar los recursos, esto daría paz a los accionistas, los cuales estaban muy nerviosos por no ver los resultados financieros esperados. Una de las áreas que más cambios necesitó fue la mía, entendían que, fue pionera en el gran cambio de la institución, y por lo tanto con más áreas de mejora. Indudablemente era una decisión dura, la cual prometieron haber meditado muchísimo, pero tenían que prescindir de mi para llevar a cabo esas nuevas actividades. Un hueco invadió mi abdomen, en ese momento caí en cuenta que, nunca pensé en esa posibilidad, me creía imprescindible, y por supuesto tampoco se me había ocurrido revisar mi contrato laboral, en un segundo me percaté de la situación altamente vulnerable en la que me encontraba. Temeroso pregunté si entonces volvería a mi trabajo clínico. En mi desesperación olvidé lo que ellos gustosamente me recordaron. Les hubiera encantado regresarme a esa posición, pero en el momento actual estaba cubierta por uno de los primeros modelos de IA que, yo, ayude a instaurar. Antes de que hiciera la pregunta obvia, el director de recursos humanos respondió, iniciando con el amplio reconocimiento que la institución y la alta dirección tenían por mis contribuciones y que por ese motivo recibiría un bono adicional, y por supuesto agradecían infinitamente el apoyo otorgado y me deseaban lo mejor en los proyectos que emprendiera. Tuve que realizar dos intentos para levantarme de la silla mientras me miraban fríamente, me cubría un sudor fino pero helado con el que luché para no temblar enfrente de todos, me despedí con la mayor formalidad y antes de salir me indicaron que, eran conscientes de mi estado de salud, por lo que se habían tomado la molestia de empacar mis cosas, para evitar esfuerzos en mi condición y me las harían llegar a lo largo del día. Salí a la calle y con mis últimas fuerzas sentado en una banca de la acera intenté recuperarme, sentía que me iba a desmayar; las manos me temblaban, me di cuenta que estaba hiperventilando. La gente pasaba a mí lado indiferente, una tras otra. Me quedé ahí, sin saber qué hacer, con la cabeza hecha un huracán. Sin darme cuenta pasaron varias horas, en las que estuve en ese estado hasta que, la luz del sol comenzó a alejarse. Me levanté y me fui a casa, no sabía qué hacer, y no tenía a quién acudir. Al llegar me tiré en el sillón, estaba rendido, era la primera vez que salía después de la cirugía y no había sido nada fácil, sin saber en qué momento, me quedé dormido. Era más de medio día cuando desperté dolorido, con la boca amarga y la cabeza explotándome de dolor. Traté de poner orden a mis ideas y tras un analgésico, ducharme y desayunar algo ligero, me senté a revisar lo que era una de mis principales preocupaciones en ese momento, mi cuenta en el banco. La tranquilidad de ese bono prometido me daba cierta paz, la cual se esfumó cuando vi los documentos de despido que llegaron a mi correo electrónico. En la vorágine de mi ascenso, los beneficios económicos fueron marcados como compensaciones, nunca fueron parte de un ajuste salarial, así que, me habían echado a la calle con un sueldo similar al de mi ingreso al hospital, es decir mucho menos de lo esperado. En ese momento me di cuenta de que uno es esclavo de sus lujos. Bonus track Vagando por el centro de la Ciudad de México me encontré este edificio que seguramente tuvo mejores mocedades, y ahora está muy venido abajo. El lugar donde la magia ocurre. Pues esta es una de las oficinas de Mi Valedor, una fundación que apoya a personas en situación de calle, y vine para dar consulta, y dado que no es una actividad que tengan establecida, aquí trabaje. Un lugar muy interesante y un oasis para la gente que no tiene la fortuna de quienes leemos esto.

  3. 10

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 27.

    Relato – Doctor Nómada | Bonus track Doctor Nómada (tercera parte) Leer la segunda parte El tráfico de la ciudad era particularmente denso, hacia donde volteara las calles y avenidas eran un estacionamiento, pensé que, eso me tenía con una sensación atípica de cansancio y malestar general. Me esforzaba mucho para mantenerme atento a la videollamada que hacía regularmente de camino a casa y que, por lo visto todos hacían antes de llegar a sus hogares. Al terminar aún faltaba para llegar a mi destino, me recosté en el asiento trasero y no supe en qué momento me acomodé en posición fetal y cerré los ojos. Soñaba que, era un protagonista a algo parecido a la serie juego de tronos, pero en la irracionalidad propia de ese mundo imaginario, al correr a través del bosque caía en una trampa para osos mi tobillo sangraba profusamente, y escuchaba caballos jadeando acercándose, a cada intento por escapar los dientes afilados se clavaban profundamente en el hueso que iba cediendo a cada intento. Varios jinetes me rodearon, sin mediación de ningún tipo, uno de ellos vestido totalmente de negro y sin rostro, sacaba una lanza de su espalda y la enterraba en mi abdomen, mientras la machacaba con furia contra el suelo, el dolor me invadía y me hacía temblar, deseando que todo terminara. Mi nuevo chofer me despertó preguntando ¿si me encontraba bien? Estaba empapado en sudor y temblando, instintivamente me toqué el abdomen y vi que no había pasado nada, todo había sido una pesadilla. Al bajar de la camioneta las fuerzas me fallaron, por nada caigo en el suelo, me quedé unos segundos apoyado en el asiento con la puerta abierta, no sabía qué me pasaba. Le dije al chofer que, no se preocupara, y con todas mis fuerzas logré que las piernas dejaran de temblar, llegué al ascensor y mientras subía al pent house, me comenzó a molestar el abdomen, para cuando logré acomodarme en el sillón de la sala sentía que algo me taladrara los intestinos. El departamento estaba solo, mi pareja se había ido de vacaciones a la playa con sus amigas, fue su regalo de cumpleaños, no sabía a quién acudir, el dolor y el temblor iban en aumento. Lo que menos pensé que ocurriera se manifestó, en medio de mi infierno, de manera súbita mi abdomen se infló como nunca y ruidos de aguda corriendo me avisaban que debía ir al sanitario, tomé aire y todas mis fuerzas para levantarme pero, había sido demasiado tarde, el accidente había ocurrido, ya en pie me esforcé en caminar por el pasillo, apoyado en la pared, apenas había avanzado unos pasos y el dolor apretó con más fuerza, me tuve que sentar en el suelo, el ruido metálico en el vientre me volvía a recorrer, otro accidente ocurrió; lo último que recuerdo, es el suelo de mármol en el que se escurrían mis miasmas con sangre llegando hasta los tobillos. Al intentar abrir los ojos, de lo primero que me percaté es que un tubo invadía mi boca y rasgaba mi garganta, el monitor sobre mi cabeza se aceleró y una alarma comenzó a sonar repetidamente, no pude abrir los ojos, estaban sellados. Una voz dulce y relajada se escuchaba alrededor, sin saber exactamente de dónde provenía, intentaba tranquilizarme, me explicaba porque habían tenido que cerrar mis ojos con cinta adhesiva, y porque un tubo estaba dándole aire a mis pulmones. En los minutos que parecieron horas, logré entender que estaba en terapia intensiva. La voz era de la IA de monitoreo de esa área, la cual me explicó lo ocurrido, una úlcera intestinal se perforó, ocasionando que, la sangre llenara mi abdomen hasta casi vaciarme, igualmente me indicó el tratamiento instituido, quitarme parte del estómago y el intestino; finalmente me explicó lo que tenía que hacer al momento de retirarme el tubo que me ventilaba. Me parecía escuchar las animaciones de la pantalla del avión con las indicaciones ante una emergencia, todo era claro, congruente, pero parecía irreal. Llegó alguien que nunca supe quién fue, retiró las telas adhesivas que mantenían mis párpados cerrados y la luz del cuarto, aunque tenue dolía, no lograba enfocar nada, ahora sí, una voz humanada me pidió que siguiera las instrucciones que había recibido, porque retiraría el tubo de mi garganta. Sentí algo desinflarse en mi cuello, tras ese segundo de alivio, el dolor como el de una sierra se extendió desde mi pecho hasta la boca, el tubo se despegaba dolorosamente, unas lágrimas se me escaparon mientras el aire del ambiente ardía y quemaba en su trayecto hasta mis pulmones. Tras dos segundos de silencio, la persona se alejó, la voz que invadía la habitación continuaba con su letanía acerca de mi estado de salud. Durante los siguientes días sólo entraba una persona que me ayudaba a comer y bañarme. Le preguntaba sobre mi estado, pero desconocía absolutamente todo de mi caso, había sido contratada para limpiar pacientes. Le pedí que por favor le avisara al médico quién era yo, que deseaba saber qué estaba sucediendo. La mujer me preguntó asombrada si la IA no me había explicado todo eso, porque desde que ella había llegado, nunca había visto un médico en esa área. Se ofreció a transmitir mi petición a las otras personas que aún trabajaban en esa zona, alguna enfermera, un camillero, un fisioterapeuta, quienes también acudían unos pocos minutos cada día para moverme, hacer curaciones en la herida, moverme al sillón o ponerme hacer algunos ejercicios de movilidad. Recordé que esas funciones no pudieron ser sustituidas por robots de asistencia, pero actuaban eficazmente como una cadena de producción, seguían las instrucciones de la pantalla que les colgaba del cuello, sin cuestionarse ni saber nada de los pacientes, sabían que la IA estaba a cargo de esas decisiones. Después de ir mejorando tras varias semanas, una especie de administrador vino a explicarme que se había determinado mi alta, también que la cuenta había sido saldada por los jefes de mis jefes, y me ofreció apoyo para que me llevaran a mi departamento, ya que el teléfono de contacto de mi pareja nunca respondió. Mientras la sirena de la ambulancia recorría las calles de la ciudad, yo hurgaba en mis pensamientos sobre lo que ocurriría llegando a casa. Al abrir la puerta odie tener la razón, ella me había dejado, no había señal de su existencia. Me senté con dificultad en la sala y le pedí a la IA que actualizara mis pendientes de las últimas semanas, cientos de cadenas de correos, cancelación de reuniones y únicamente una carta del consejo directivo que, lamentaba profundamente lo ocurrido e indicaban que deseaban verme personalmente en cuanto estuviera preparado. —> continuación <— Bonus track Me encontré uno de esos extraños contrastes de la montaña, una rama practiamente seca, en medio deel bosque reverdecido La montaña está que no cabe de frondosa Florecitas en el camino

  4. 9

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 26.

    Relato – Doctor Nómada | Bonus track Doctor Nómada (segunda parte) Leer la primera parte Me levanté como de costumbre, sin sospechar lo que me esperaba ese día y los siguientes. El sonido del despertador, la luz invadiendo la ventana y los ruidos de la calle son tan rutinarios, nada te hace pensar que, tu vida puede cambiar radicalmente y que al mundo eso le importa lo más mínimo. Desperté y antes de abrir los ojos, ya había tomado el teléfono, me deslumbró su pantalla, el corazón casi se me sale del pecho cuando vi que, todos los miembros del consejo directivo me buscaban desde la madrugada, mensajes y llamadas perdidas, una catástrofe de la que no me había enterado. A los pocos minutos de haber cerrado los ojos, llegó un correo proveniente de los cada vez menos empleados que, exigían una junta urgente para discutir el nuevo orden laboral en el hospital, totalmente alterado desde que había llegado la IA, amenazaban con ir a huelga si ignorábamos su petición. Lo que en ese momento era inadmisible ya que no se contaba con la tecnología actual, hoy tal acto de presión sería tan inimaginable como insulso. En media hora habría una junta extraordinaria que involucraba a todos los integrantes de la alta dirección, me habían advertido en sus mensajes que esperaban una propuesta eficaz que resolviera la amenaza. Me alisté lo más rápido que pude y mientras iba en el auto, ya que el chofer también firmaba la petición y estaba emplazado a huelga, en esos segundos de ansiedad frente a la luz roja de los semáforos, barajaba mis opciones, nunca pensé que, esto fuera a ocurrir y aunque no era tan inocente como para no imaginar este escenario, era el que menos esperaba, el más indeseable, porque era el único para el que tenía una respuesta, la más miserale de todas. En la sala de juntas sólo se escuchaban murmullos velados, para la mayoría únicamente era un problema más que les daría tema de conversación en el club, al que llegarían tarde, por lo que no estaban de buen humor. Tras la innecesaria explicación del director de recursos humanos que, sólo sabía lo que todos habían leído en el correo electrónico; al final de su intervención las miradas apuntaban a mi. No sé si es algo generalizado, o así interpreto la realidad y la historia de mi vida, pero siempre ubico ese momento en el que, una decisión en su momento intrascendente, se vuelve en punto rector que condiciona un cambio radical en la sucesión de eventos en la vida, transformando el camino hacia derroteros inesperados pero determinantes. Estoy seguro de que, si hubiera renunciado habría sido la mejor decisión de mi vida, al menos no me hubiera asegurado el abandono y el aislamiento en el que vivo, o mejor dicho, en el que muero. Mi solución levantó caras de incredulidad y desaprobación. Había que mantener la plantilla a como diera lugar, aceptar sus mejorías salariales y en prestaciones sociales. Para sorpresa de nadie el director de finanzas advirtió del impacto que esta decisión tendría en los rendimientos de las acciones, y que aunque las finanzas del hospital lo permitían, sin duda afectarían las ganancias de los inversores. Tras la ominosa noticia, los ojos de todos pedían incendiar mi alma en el infierno, al final lo lograron. Pero en ese momento terminaron de escuchar mi propuesta y les pareció aceptable, nunca esperé que además, fuera la respuesta a muchos otros problemas de los que deseaban deshacerse. Las negociaciones se dieron de la forma más cordial, yo sabía cual era la debilidad de mis colegas, no hay mejor heroe que un gran traidor, y saqué partido de ella. Se cumplieron todas sus prerrogativas que incluían mejoras en su plan de retiro, optimización de las condiciones de trabajo y aumento en sus salarios estancados desde hace unos años. Incluso una cláusula, la que más trabajo me costó que aceptaran los directivos. El impedimento absoluto a ser sustituido por una IA. Toda la mesa mostró indignación ante mi tibieza al aceptar tal requisito, pero los tranquilizó mi propuesta que, incluso lograría mejorar los balances financieros. La transición tomó varias semanas, requirió muchas horas de desvelo para lograr la implementación tras bambalinas, de un espejo virtual de todas las actividades del hospital, para capacitar a toda una nueva plantilla de médicos, técnicos, enfermeras, administrativos; así cuando llegara el momento del recambio de personal tendrían un conocimiento adecuado del día a día del trabajo hospitalario Esta implementación era el mayor secreto de la institución, se acordó una fecha para hacer el movimiento de personal más grande y arriesgado en la historia de una institución de salud, por fin se desharían de miles de contratos anacrónicos, desfavorable para el desempeño financiero del hospital. Aprovechando la precariedad laboral de generaciones recién egresadas, acostumbradas a terribles condiciones laborales, aceptaron contratos que diez años atrás eran totalmente ilegales. La contundencia, velocidad y prepotencia con la que ejecutamos el plan, paralizó a todos. Esa mañana al llegar, pensaron que una emergencia masiva estaba ocurriendo, carpas instaladas en el estacionamiento a las cuales tenían que pasar, donde para su sorpresa, docenas de escritorios los esperaban para darles a firmar su liquidación. El talón de Áquiles de su pliego petitorio exigía no ser despedido para ser sustituido por una IA, pero no contemplaba el ser sustituido por otro humano con condiciones laborales muy distintas, tomando todas las ventajas del entorno laboral y condiciones económicas actuales. En veinticuatro horas se logró reducir el costo de la plantilla en treinta puntos porcentuales, incluso considerando el gasto de compensaciones por despido, además del nuevo contrato laboral que amparaba como nunca los intereses de los dueños hospital; que incluso recibieron subsidios gubernamentales por promover la innovación tecnológica y el desarrollo económico, tan sólo por implantar un esquema donde, los nuevos empleados sí que podían ser sustituidos por una IA sin contemplaciones. Por segunda vez volví a ser el heroe de mis jefes, y los jefes de mis jefes. Estaba en los cuernos de la luna, su luz no me dejó ver el enroque que me esperaba. —> continuación <— Bonus track Terminando de correr el medio maratón del día del padre, no fue un gran tiempo, pero muy respetable para mi edad (¬_¬”) Las personas en silla de ruedas o con limitaciones visuales, hacen que se me apachurre mi pedregoso corazón, al ver todo el esfuerzo que imprimen en la carrera.

  5. 8

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 25.

    Relato – Doctor Nómada | Bonus track No puedo negar que yo fui uno de los más entusiastas, genuinamente pensaba que la IA era lo mejor que le había pasado al mundo. No sólo se trataba de hacer tu carta astral o una imagen atractiva, poderla incorporar de manera irrestricta en todo lo que atravesara un chip de silicio fue mi primer proyecto personal, y ojalá se hubiera quedado en eso. Tal vez así habría evitado que, los últimos días de mi vida los pasara lleno de dolor en esta choza en medio de no sé donde. Hace unos años las cosas eran muy distintas, mis superiores me escuchaban fascinados cuando les mostraba lo que lograba hacer con esta tecnología que parecía magia pura. Ellos sabiendo que estaban en sus últimos años, al menos laborales, veían como niños en navidad, los milagros que estos entes digitales de los que no sabían nada, podían hacer en un sinnúmero de actividades. Me encantaba ser el centro de atención, en un principio algunos ponían en tela de juicio los avances en la incorporación de la IA en mis actividades. Pero al poco tiempo desistieron de su idea de parecer unos viejos anacrónicos, finalmente, la mayoría también se volvieron unos convencidos. Era un apóstol frente a mi séquito que, cada vez era más numeroso. Sin que me lo hubiera propuesto me convertí en esa voz que sabía a innovación, cosa que los jefes de mis jefes veían como la tierra prometida. Para nadie era sorpresa que gobiernos y particulares cada vez destinaban menos recursos a la salud que, costosa e inundada de burocracia se convirtió en un gigantesco elefante blanco del que todos buscaban escapar. Los jefes de mis jefes entendían, porque así les habían enseñado, que la innovación era gastar más dinero en una máquina o tecnología que hiciera, de preferencia mejor o más rápido, lo que ya veníamos haciendo. Un día me llamaron para que les explicara qué era eso de la IA, porque habían escuchado todo lo que yo lograba de manera individual; se quedaron boquiabiertos. La siguiente interrogante fue ¿si eso se podía aplicar en el hospital? Deseaban tranquilizar a todos los inversionistas por “lo poco” que ese ramo de la economía lograba explotar de los avances de la ciencia, “esta bien que la gente se cure más, pero nosotros ¿qué ganamos?”, escuché decir a uno de los consejeros que estaban en la mítica reunión. Tras mostrarles los primeros ejemplos de lo que la IA podía hacer en el hospital y de la cantidad de gente que se volvería innecesaria, sus opacos ojos volvieron a brillar como lo hicieron en su mocedades. En pocos meses me convertí en el invitado a todas las reuniones de mejoras e innovación del hospital; desde el estacionamiento, la cocina, caja de cobro, hasta el manejo de los enfermos en terapia intensiva que, era mi actividad primigenia. Esto me obligó a alejarme de los pacientes y a saturar mi agenda de reuniones hasta ya entrada la noche o por videoconferencia el día y a la hora que fuera, había creado un ambiente festivo alrededor de esta gran herramienta de innovación y todos querían ser participes. No lo sabía, o no quería saberlo, pero en ese momento compré el boleto para ganarme todas estás desgracias que, me tienen agonizando en medio de la nada. Mi vida se volvió glamorosa, era una especie de estrella de rock en mi micromundo, y cada vez que veía mi cuenta de banco, engordaba un poco más. También comía más y en mejores lugares, bebía más y más caro, y mi camioneta blindada con chofer me movía más y más tiempo. Mi primer gran proyecto fue uno pequeño, que no fuese tan visible, si bien era un convencido, debía ser cauto, o al menos lo fui al principio. Deseaba una prueba de concepto que, me abriera las puertas de toda la organización. Así que, empecé derrumbando la gran variabilidad de opiniones y errores derivados de la interpretación de imágenes de radiología y análisis de biopsias. Antes ya había arado el camino, radiólogos y patólogos estaban entusiasmados en ayudar en lo que se necesitara para entrenar a la IA que, si bien tenía información de otros hospitales alrededor del mundo, la personalización era una de sus virtudes que requería trabajo humano. Tras unos meses de transición el sistema permitió reducir la variabilidad en la interpretación de biopsias y tomografías, a la par de tres cuartas partes de los entusiastas que, se volvieron innecesarios, se tuvieron que quedar algunos, porque aún se requería que un humano se hiciera responsable en caso de demandas por errores o alucinaciones en el diagnóstico. A esta reducida plantilla les ofrecimos un pequeño aumento salarial para que estuvieran tranquilos y pudieran como en cadena de producción sólo confirmar los hallazgos realizados por la tecnología; nunca pensé que con ese aumento contratarían otra IA que lo hiciera por ellos. Así que, después redujimos la plantilla un poco más, para que sólo firmaran los reportes. Estas dos primeras implementaciones fueron un éxito, al menos moral y de concepto, financieramente fueron neutros, aunque a la postre dejaron de serlo, una vez que entrar es difícil salir, aunque sepas que te daña, te da satisfactores que te evaden de la realidad. Este modesto beneficio no satisfizo a los inversores. Tras meditarlo mucho, necesitaba una idea que nos diferenciara del resto de hospitales, los cuales al observar nuestro éxito en innovación que, publicitamos con bombo y platillo, comenzaron a incorporar en sus instituciones. En su momento el análisis fue valido y por supuesto aprobado por unanimidad y con aplausos. Si en todo el mundo la IA sustituía cada vez más posiciones médicas, no tenía sentido seguir formando recursos humanos en salud. Tras varias reuniones y múltiples escenarios económicos, era más redituable invertir en mejores dispositivos de medición de constantes vitales avanzadas y pantallas inteligentes que interactuaran con los pacientes, en lugar de mantener una plantilla de cientos de estudiantes pululando en el hospital. Temerosos al principio, fue un gran movimiento de mercadotecnia, la gente bien y con bienes prefería que una imagen en una pantalla y un algoritmo alojado en algún lugar pobre del mundo fuera su interlocutor, en lugar de montones de médicos jóvenes que seguro querrían practicar con ellos. Así fuimos los pioneros en cerrar los acuerdos con la universidad; y prescindimos de estudiantes, internos y residentes del hospital. Al final y por las malas supe que muchos más, menos afortunados, deseaban cualquier tipo de atención médica, ya sea humana o basada en silicio. —> continuación <— Bonus track Macchiato en espera de que le toque su baño, no puede esconder su miedo al agua, pero ni modo ya huele mucho a perro. Las nubes bajando paulatinamente a la montaña, en estas fechas es una delicia estar en Malinalco.

  6. 7

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 23.

    Crónica – Un gran centro comercial | Poema – Inédito – Jaime Sabines | Reseña – Un nosotrxs sin estado – Yásnaya Elena Gil | Frase robada – Noela Lonxe| Bonus track – La Isla – Silvia Eugenia Castillero Un gran centro comercial Por razones ligadas profunda y genuinamente con el código postal de mi nacimiento, la historia de mis viajes y turismo comenzó bastante tardíamente. Estoy casi seguro de que, la primera vez que viaje a Europa fue a Barcelona, ahora que le pongo tinta a mis recuerdos, nunca he ido (salvo una ocasión) a ese continente sino por motivos profesionales, si viajé a varios países con motivación meramente turística, pero cuando estuve viviendo una temporada en Italia, en Trieste. Como decía mis viajes trasatlánticos siempre han estado cobijados por actividades profesionales, estos es un gran eufemismo para decir que siempre he conseguido un mecenas que financie mi estancia. No negaré ante tal evidencia que, podría ser considerado un vividor, pero bueno el mecenazgo ha sido parte de la historia del arte y la ciencia. En esta vida de sacacuartos científico; después de Venecia que, era una parada obligada siempre que alguien iba de visita a Trieste; la ciudad que más he visitado es Barcelona, en la cual he tenido historias interesantes que merecen ser mencionadas en otro momento. Estos recuerdos se amalgamaron con varias lecturas de ficción que ocurren en Cataluña, pero indudablemente Carlos Ruiz Zafón (1964-2020) en su tetralogía titulada El Cementerio de los Libros Olvidados, representa con nostalgia y misticismo una ciudad que, dejó una impronta muy notable en mi sentir y mi pensar. Por lo tanto, tras al menos un par de lustros después de mi última visita (bastante fallida porque solo llegué al aeropuerto); el hecho de que un mecenas me ofreciera volver con el pretexto de un congreso médico y una reunión de trabajo, me pareció una gran oportunidad que, no dejé pasar. Además de las perspectivas profesionales que, estaban bastante bien acotadas, me interesaba volver a recorrer sus calles; con la ilusión de alejarme de las grandes atracciones que ya había conocido en épocas pasadas. Confiaba en que, alejándome de las hordas de gente tomando las mismas fotos que van a los mismos lados, me aportaría una visión renovada y tal vez más genuina. El itinerario incluía librerías, tiendas de música y fotografía, algún restaurante y algún museo. Tenía algunos puntos de referencia y muchas ganas de caminar. Pensé que para mi buena fortuna el hotel donde me hospedaba no estaba en la zona más céntrica de la ciudad, así que el plan estaba razonablemente trazado; digo esto porque normalmente ocurre que, las ciudades ajenas son como un animal huidizo, te muestran lo que desean muy a su manera y con cierto recelo, esta ofrenda se logra caminándola sin expectativas, cuando menos lo esperas algo te sorprende y lo atesoras. No sé qué fue lo que pasó, todo pasaba y ocurría de maneras muy extrañas, cantidades ingentes de turistas en todos lados, tanto que, una de las fotos que más me gustó fue de una pequeña calle con apenas un par de personas, algo anormal. Marquesinas demasiado lindas, excesivamente luminosas, pidiendo a gritos (en inglés) que, le tomaras una foto para etiquetarla en redes sociales o le dejaras una reseña en google maps, calle tras calle la escenografía no cambiaba. Tras varias horas una pequeña tienda de discos y una librería confirmaban mis hipótesis, éramos demasiados visitantes, los hemos invadido y ya no pueden ser melómanos o libreros, sino expendedores de productos. Parecía que toda la ciudad se había transformado en un inmenso centro comercial, ya no era solo el corte inglés, todas las aceras eran transiciones de un tipo de productos a otros, siempre ropa, siempre comida, siempre lo mismo. El capitalismo envistió sus calles de un traje de latex negro que seduce a sus transeúntes y asfixia a sus vecinos. Conforme pasaba el tiempo, porque vaya que insistí en encontrar la ciudad, imaginaba lo terrible que sería lidiar con todo esto cada día en la cotidianidad, es paradójico que hace quinientos años ellos derrumbaran la identidad de pueblos ancestrales y ahora el metamodernismo los deglute. No se puede ser dogmático y pensar que sólo mi experiencia pueda hacer diagnóstico, pero si creo que, si deseo que la ciudad me muestre su alma, tendría que hacerlo con más precisión e ingenio; mientras tanto me llevo esa impresión de haber visitado un gran centro comercial. Inédito – Jaime Sabines No tengo nada porque no quiero nada.No creo en el amor ni en los huevos cocidos.Todo es fugaz y frágil igual que una mirada,y todo es vano y triste como los tiempos idos. ¿Quién soy, o qué? Nada me importasaberme un jitomate malherido,ni llorar por la vida que es tan corta,o tan larga, según lo sucedido. Lagarto, o buey, o talismán y hechizo,cada cosa a su hora, plenamente,soy y no soy como mi madre me hizo. En esta esquina, y por detrás y enfrente,valgo y huelo lo mismo que un chorizo,eterno y para nunca y para siempre. Un nosotrxs sin estado – Yásnaya Elena Gil Este ensayo explora detalladamente, pero de manera manejable, las interacciones entre las diversas culturas y sociedades ancestrales de México y su dominación por el Estado que, busca acallarlas y destruirlas para homogeneizar el ideario de lo que debe ser este país. No sólo desde el análisis y la descripción, sino a través de la denuncia y la utopía donde todxs podamos convivir y florecer. La narración y análisis no muestra una visión rosa y maquilada de la realidad, ni tampoco una perspectiva catastrófica, aunque lo sea. Pienso que es una increíble lectura para tratar de comprender el crisol que somos e intentar interiorizar una alteridad de lo que nos hemos olvidado, lo cual nos perjudica como sociedad, dejándonos demasiado vulnerables. Frase robada – Noela Lonxe Nadie debería comer lo que no ha matado Bonus track Tras mucho caminar, por fin pude encontrar una calle sin gente (o casi). Descansando en las catacumbas del museo Picasso. Por algún momento pensé que el vehiculo del fondo era un recolector de turistas, por si las dudas me escondí.

  7. 6

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 22.

    Crónica – Descubriendo el fanzine Descubriendo el fanzine Las cosas y sucesos llegan cuando tienen que llegar; así fue mi descubrimiento del fanzine. A pesar de tener una idea muy superficial y claramente errónea, su develación este año fue muy grata y enriquecedora. Para poner el piso plano para tod@s voy a intentar definirlo. Es un medio de expresión impreso (o digital) de formato pequeño, con temáticas variadas, aunque normalmente de nicho, con muy pocas o ninguna regla de tipo editorial o creativa, por lo general de producción casera o en pequeñas editoriales. Es decir puede ser una hoja tamaño carta doblada en cuatro partes escritas a mano con un manifiesto punk, hasta un pequeño ensayo fotográfico en impresión offset. Lo anterior me tiene fascinado, la libertad que implica. Es todo un universo en el que, conviven el cómic, crónica, poesía, ensayo, cuento, relato, crónica, divulgación; cualquier cosas que se pueda imprimir en una hoja de papel, se puede decir. Por la forma en que se produce, prácticamente cualquiera puede crear uno, con unas cuantas hojas de papel y una fotocopiadora tienes para expresar lo que te venga en gana. La imprenta transformó la forma en que los libros se producían, permitiendo su impresión masiva, las técnicas modernas de impresión a bajo costo, permitieron no sólo la impresión masiva, sino la disponibilidad masiva. Para los que venimos de un mundo más anclado a convencionalismos, creeríamos que sólo las grandes editoriales, los autores de culto o figuras que roban la atención de los medios tradicionales, pueden publicar sus creaciones. Pero la posibilidad de que cualquiera pueda expresarse sin ataduras, en este mundo tapizado de candados sociales, comerciales y prejuicios autoasignados; me parece valiente, transgresor y muy interesante. En este momento en el que incluso poner a hervir pasta, agregarle aceite y rallarle queso es denostado y preferimos pedir comida rápida a través del teléfono celular. El decidir crear algún material gráfico y/o escrito, acomodarlo en las páginas, darle formato, imprimirlo, fotocopiarlo y distribuirlo; sabiendo que no será ni rentable, ni sostenible, que no ganará ningún premio literario, y aún así decidir llevar a la vida tus ideas realizando ese esfuerzo; le otorga al fanzine un peso específico muy importante. Puede o no gustarnos, pero lo que es innegable es el interés de la autora, autor o autores para realizar su proyecto. Justamente cuando los estereotipos idealizados que, ya se venían gestando por los algoritmos de las redes sociales y que se consolidaron con la “perfección” y sesgos de la inteligencia artificial, en este mundo tan plastificado y aséptico; encontrar el sello puro y genuino de quien elaboró el fanzine, es un rodal. Se siente el amor e interés vertido en esas hojas fotocopiadas Aunque hay fanzines robustos e icónicos, la mayoría tienen unas cuantas páginas, por lo que si se viene del mundo lector tradicional, devorando cientos y cientos de hojas o del mundo digital de la pantalla infinita; el fanzine puede padecer diminuto, y lo es, pero esa característica lo lleva a apreciarlo de modo distinto, y no pocas veces a releerlo o repensarlo. Arropándome en la tercera acepción de la RAE, es un producto muy elitista y exclusivo no sólo en su producción, sino en su distribución y consumo. No es fácil encontrarlo, hay que poner algo de esfuerzo en dar con ellos; por su conceptualización no son para todos los públicos y su especialización reduce el número de lectores. Pues bien, hasta hace apenas unos meses en la Feria del Libro y la Rosa que, exactamente no sé por qué, pero compre bastantes y recientemente en un viaje a Xalapa otros tantos, me he enamorado del fanzine, pero también de sus valores intrínsecos, con los que congenio plenamente; la libertad, la valentía y la dedicación; impulsados por el interés genuino, me parecen muy atractivos. En esta pequeña incursión que estoy realizando me he encontrado cosas muy interesantes, creativas, inteligentes, divertidas y bellas. Como todo en la vida, también está el lado oscuro, que ni tanto; uno es el costo, si bien no son caros, para el que no valora el trabajo manual, intelectual y artístico; pagar el equivalente a cinco o diez dólares por unas cuantas hojas de papel, le parecerá absurdo. Pero honestamente la mayoría de la gente gasta eso y más en comida chatarra que, sólo les incrementa el riesgo de diabetes y cáncer. Y el segundo punto en contra es que, la versión digital del fanzine, no siempre transmite lo que gemelo analógico si. He cumplido con compartirles mi nueva afición, e invitarlos a que si asisten a alguna feria del libro o si por accidente entran a alguna librería, pregunten si tienen fanzines, algo encontraran que les sorprenda. Bonust track Tras caminar muchas horas, encontré un lugar muy lindo donde comer. Lo llamativo de esta foto fue encontrar una calle de Barcelona que no estuviera tapizada de turistas.

  8. 5

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 21.

    Crónica – Me duelen hasta las buenas intenciones Me duelen hasta las buenas intenciones Algunas personas me han preguntado por qué no escribo sobre mi patológica afición a correr largas distancias. Lo he intentado un par de veces, pero los temas relacionados con los deportes son un terreno resbaloso que, se acerca peligrosamente a la autosuperación personal y la meritocracia. Es menester decir que, de todas las disciplinas deportivas, correr largas distancias en la montaña es la menos aspiracional. Para la mayoría de los mortales, la llegada a meta nos hace ver más que como un mensajero icónico del mediterráneo; parecemos actores de relleno para una película de zombies de bajo presupuesto, y olemos peor que un buen queso Vieux-Boulogne. Es buena idea aclarar qué es el ultramaratonismo. En su sentido más literal es, correr una distancia superior a los 42.195 kilómetros del maratón. Algún gracioso dice que, correr desde la meta hasta el estacionamiento es considerado ultramaratonismo. El mundo de las ultradistancias es vasto, llegando a centenas de kilómetros; aunque los 100 millas y 100 kilómetros se consideran canónicas; e incluye infinidad de terrenos dónde realizarlos; lo característico es el bosque, pero va del desierto a la tundra, pasando por el asfalto de la ciudad. Al combinar estas heterogéneas características se podría correr un ultramaraton dando vueltas a una cancha de fútbol, o una carrera corta en una montaña. La composición más frecuente suele ser corredor de montaña y ultramaratonista. Pienso que, se debe a aspectos logísticos y de disponibilidad; es más sencillo (o no), meter cientos de corredores en medio del bosque por diez o veinte horas, que lanzarlos a las carreteras, expuestos a la hegemónica fauna del motor de combustión interna. Ya definidas las distancias y localización donde ocurren estos eventos. Se debe considerar en la ecuación una variable muy importante, la orografía. Lo accidentado y elevado del terreno, ya que subir una cuesta de cinco kilómetros es totalmente distinto a realizar la misma distancia en carretera o camino llano. Ésta es la razón por la que, las carreras de montaña incluyen en su descripción, la distancia y el desnivel tanto positivo como negativo. Subir varios cientos de metros para alcanzar las crestas de la montaña impone una demanda física importante no sólo para el ascenso, se pensaría que, al bajar la gravedad nos ayudará, pero, no pocas veces en particular si no se tiene suficiente técnica o experiencia, bajar una ladera puede ser más difícil, lento y peligroso que subirla. Lo anterior se adereza con portar lo necesario para comer e hidratarse durante el camino, portar la ropa suficiente para afrontar mínimamente las inclemencias del tiempo y no pocas veces correr de noche. Toda esta explicación además de aburrirles, lleva a la pregunta que, propios y extraños nos realizamos ¿por qué hacer esto?. Algún amigo me decía que incluso en auto recorrer tanta distancia da pereza. Pues las respuestas, cuando las hay, son de lo más variadas y no pocas veces llenas de estereotipos; desde el macho alfa, hasta historias de redención sabor tutti frutti. Alguna vez un niño de unos ocho años, algo contrariado, al verme corriendo en condiciones deplorables me aventó la pregunta -¿por qué corres?-. Algo tan elemental que aún sigo sin poder responder a cabalidad. De manera rápida es, porque tengo una fisonomía que me facilita esta disciplina, y por lo tanto no me dejaría ser jugador de rugby. Especulo que, mis genes algo de raramuri deben traer y que, eso me dota de una condición que promueve un adecuado consumo de oxígeno y energía. La segunda razón es que, desde pequeño me he sentido atraído por la naturaleza. Es un lugar en el que me encuentro muy feliz, me llena en muchos sentidos físicos y espirituales. Desde que tuve la oportunidad de escapar de las toneladas de cemento de la Ciudad de México, para ir a la montaña los fines de semana, regreso con cierto grado de serenidad, algo totalmente opuesto a lo que ocurre cuando por diversos motivos no puedo escaparme, entonces la ciudad me asfixia. Después viene algo más complicado de definir. Este tipo de carreras implica, entre muchas, dos cosas muy importantes para mi; la soledad y el aislamiento. Sé que una competencia de ultradistancia me llevará a estar muchas horas en soledad, y totalmente incomunicado. Algo tan anormal en la actualidad que, es casi un santuario a las ataduras sociales. En ese recinto, mi cabeza pasa horas en grato destierro. Me han preguntado ¿qué piensas durante tanto tiempo? En la superficie nada relevante o significativo, pero en el fondo algo ocurre en esos trayectos que no recuerdas, horas perdidas que se borran de tu experiencia, algo profundo se moldea ahí, la mayor parte de las veces sin darme cuenta. Lo anterior se amalgama con una dosis de esfuerzo físico muy importante y una significativa cantidad de sufrimiento y fatiga. El año pasado fue un annus horribilis en mi vida como corredor de montaña. Tuve que abandonar una carrera porque la diarrea me traicionó y no había manera de continuar. Mi segunda deserción ocurrió porque subestimé la distancia, llegó un momento en que mi cuerpo alcanzó a su límite y no pude dar un paso mas. Estos fracasos se me clavaron profundamente y desde entonces había evitado una carrera de esta índole. Es el precio que se paga por crearme expectativas, las cuales son un verdugo receloso y vengativo. Pero acá estamos de vuelta, intentado desenterrarme la espina. Mi madre, que me acompaño esta ocasión y yo, nos levantamos a las dos y media de la mañana. Dado que el pueblo está a dos horas en auto, pensé que podía salir muy temprano de casa, para evitar busca algún hotel cerca de la meta. La idea dejó de ser tan buena, cuando me di cuenta que, tenía que llegar a las 4:30 a.m. para recoger mi dorsal. Tampoco calculé que a muchas avenidas principales les dan mantenimiento a esa hora, lo que implica cierres y desviaciones. Finalmente, es el horario en que muchas personas salen de la fiesta y cumpliéndose el vaticinio, un tipo en máxima irresponsabilidad iba zigzageando, poniendo en peligro a tod@s. Algo interesante fue ver localidades que de día son pintorescas, durante la madrugada intimidan. Superando esas adversidades se logró llegar a la zona de salida en tiempo y forma. Ya con dorsal en mano, me dispuse a desayunar algo ligero, labor que se tornó compleja porque traía un panal de abejas en el estómago, los nervios me revoloteaban por todo el triperio, por un instante pensé que vomitaría. Tras la cuenta regresiva ciento cincuenta corredor@s abandonamos la carretera y nos hundimos poco a poco en las entrañas del bosque. Mi estrategia era sencilla, hidratar y alimentarme correctamente, evitar caídas, y llevar un paso muy controlado que, aunque no asegurara un lugar en el podium, me permitiera terminar (ahora si) la competencia; la ecuación era soluble, lo que olvidé es que intentar resolverla a un poco más de 3000 metros sobre el nivel del mar la enviste de complejidad. Durante la primera hora de carrera se observa bastante caos, entre quienes la lideran, los que la quieren liderar y no podrán, lo que no buscamos gloria ni fanfarrias, y en no pocas ocasiones los que aún necesitan más entrenamiento y experiencia para enfrentar no menos de ocho horas en continuo movimiento, cargando dos kilos de equipo en la espalda. Al llegar al kilómetro diez y siete, en una laguna hermosa, ya se había establecido el lugar que nos correspondía, de ahí en adelante restaba ejecutar la estrategia para rasguñar una mejor posición. Para ese momento el miedo atávico de los fracasos se comenzaba a difuminar. Como el canto de las sirenas, la belleza de la naturaleza me arrobó el pensamiento. Pero en el tercio medio de la distancia pactada, se comenzó a cobrar la factura. Ya que, era la parte más difícil, trece kilómetros de subida y bajada, los incluyo en la misma categoría porque en este deporte ambos, requieren mucho esfuerzo. Es ahí donde la naturaleza se impone, y anguladas pendientes o eternas bajadas resbalosas nos ponen en nuestro lugar, y no pocas veces es el momento en que unas buenas bofetadas de realidad nos despiertan del sueño meritocrático. Pude transitar ese purgatorio con bastante decencia, lo que me puso contento, eso significaba que mi modesta y ecléctica forma de entrenar estaba rindiendo frutos. No había comentado que esta es la carrera con menos kilómetros de entrenamiento, aunque con cambios radicales en la alimentación y ejercicios de fuerza. Merece ser mencionado que, el paso por el centro ceremonial Otomí es majestuoso, y aunque construido apenas el siglo pasado, enviste respeto y otorga cierta energía. Ya para el último tercio de la carrera, me habían dejado las mujeres que disputaban el tercer lugar con las que compartí un rato trayectos, y un corredor muy joven que bajaba cuestas sin temor a dios ni a la gravedad, pero que, me dio confianza y lo seguí un buen rato; es lo que se llama kilómetros gratis, cuando logras encontrar compañeros que te hacen más grato el camino. La soledad de las últimas horas bajo el sol en su cenit era el lugar propicio para que, el demonio se ponga a hurgar en mis debilidades y rasque con su pezuña, para que comiencen a sangrar. Afortunadamente un clima bastante benévolo, un final en descenso tenue y la buena ejecución del tramo recorrido, me dejaron correr y escapar del maligno que, me quería seducir. Siempre la llegada a meta es emotiva y te sientes emperador por diez segundos. Finalicé dos horas antes de lo esperado, y la sorpresa fue haber logrado un lugar mucho mejor de lo que pensaba. Al final el objetivo era desenquistarme los fracasos previos. En este trance he acotado mi situación de vida, y ser consciente de lo que si puedo hacer y lo que no. Ya acepté que, en mi epitafio diga “Y nunca corrió las cien millas”. P.D. Esta crónica fue escrita con un tremendo dolor de piernas y espalda, lo que me llevo a acuñar la frase “me duelen hasta las buenas intenciones” Bonus track Pasando por la presa Iturbide Tlazala, realmente hermosa. Parte del Centro Ceremonial Otomí a 3700 metros sobre el nivel medio del mar. Corriendo a través de la montaña que me llevará al Centro Ceremonial Otomi.

  9. 4

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 20.

    Relato – Le tengo más miedo al teléfono inteligente que al hantavirus | Poema – ¿QUÉ PASA SI METO LA CABEZA EN EL CONGELADOR? – Adrían Fauro | Reseña – En defensa de la conversación – Sherry Turkle | Frase robada – Yásnaya Elena Gil | Bonus track – Vudú – Odette Alonso Le tengo más miedo al teléfono inteligente que al hantavirus Mi aseveración es tan absurda como verdadera. La noticia de que un grupo de gente de bien y de bienes; encerrados en un crucero, se trajeron un virus que, convirtió a quienes menos lo esperaban en unos apestados, unos impuros, prácticamente una nave espacial que amenazaba la vida en la tierra como la conocemos; esto ha sido tema de noticieros, periódicos, redes sociales y sobremesas del mundo. Fenómeno totalmente esperado por las reminiscencias del COVID. La definición de pandemia del Diccionario de Español de México (sí, dejaré de usar el diccionario de la RAE) es: “fenómeno que se extiende a todas las poblaciones, especialmente tratándose de enfermedades”. No sé si, al estar pedaleando todos lo días o mi aproximación más crítica hacia los usos y por supuesto abusos de la tecnología de consumo, pero, todo el tiempo percibo un suceso que se extiende a todas las poblaciones; traer en teléfono en la mano todo el tiempo, algo tan normal, tan esperado y justificado que, no se nota. A menos de que, tu integridad física e incluso tu vida dependa de ello. El utilizar la bicicleta como medio de transporte implica varios retos, y la asunción de algunas habilidades. En mi filia por priorizar todas las cosas, tengo una lista de cosas peligrosas al andar en pedaleando, encabezada por los automovilistas usando su teléfono inteligente. Son de lo más peligrosos, ya sea con el vehículo en movimiento, detenidos en un semáforo o estacionados en la calle. Por dos características importantes: 1) la falta de preocupación por su alrededor; verdaderamente tienen toda su atención en la pantalla; y 2) se les olvida que tienen entre sus manos el control de alrededor de una y media toneladas de peso que, dependiendo de la velocidad este valor se multiplica. Así como en las pandemias un agente minúsculo ingresaba al organismo y podía lesionarlo hasta la muerte; y no conforme, ese fatal comportamiento lo extendía a su entorno más cercano. En perfecta analogía, un dispositivo de menos de 200 gramos y cerca de 6 pulgadas que, sólo requiere el dos por ciento de nuestro angulo de visión, es capaz de transformar en víctimas al usuario y cualquier persona que comparta su territorio: otros automovilistas, ciclistas, usuarios de moto y monopatin, transeúntes, y prácticamente cualquier ser vivo que se atreva a invadir su hegemonía. Es tan ubicua esta amenazas que, “infecta” a los peatones. Esta es mi segunda amenaza al rodar por las calles de la ciudad, las persona en la calle mirando la pantalla, siempre en posición sumisa, si además traen puestos audífonos, la ecuación es altamente peligrosa, parecen minas antipersona, en cualquier momento podrían detonar. Esto me tiene con el umbral muy bajo para la identificación de teléfonos celulares guiando a setenta kilos de carne, piel y músculos que, desposeídos deambulan errática y peligrosamente por las calles de la ciudad. Así como en las historias de fantasía cuando una piedra, un anillo, una espada, transformaba para bien o para mal a la o al protagonista, del mismo modo el dispositivo inteligente en la mano siempre, siempre, y reitero, siempre; transforma al autoconsiderado epítome de la evolución en un ser sin alma, determinación, ni pensamiento. Esto se reproduce en escenarios variopintos. Me sorprende cómo los acompañantes de un paciente estén atentos a la pantalla y no a lo que ocurre en la consulta médica; aún mas dramático cuando es el propio paciente quién no se puede despegar de su dispositivo, la dominación es tremenda. Ya ni hablar de reuniones con amigos, familia o pareja, en la que ese bicho de silicio y luz incandescente hace presencia. Esta situación tiene menos de veinte años, cuando Steve Jobs (que espero se esté dorando a fuego lento en el infierno) lanzó al pionero del teléfono inteligente, pero también algo más importante, el modelo de negocio que, a la postre trajo a la vida a los jinetes del apocalipsis. En términos históricos es un suspiro, pero así como el COVID transformó en poco tiempo la historia del mundo, de igual manera lo han hecho los teléfonos inteligentes. Aún recuerdo a mi madre limitándome el acceso al televisor, “por que esa caja tonta te envicia y te deja tarado”. Hoy la veo enganchada a tiktok de una manera impensable. Yo que cambiaba de teléfono cada año, o menos, que tuve todas las redes sociales y me monitorizaba hasta lo impensable, sigo siendo su fiel ciervo; ataviado y adoctrinado de manera distinta no deja de dominarme, de ser una adicción que ocasiona daños físicos (de los mentales mejor ni ahondar), justo ahorita traigo una tendinits del pulgar derecho y dolor de codo por no soltar a ese gente infeccioso que, de una manera u otra hace hasta lo imposible por alimentarse de nuestra atención. Inocentemente pensé que con modificaciones en mis hábitos de consumo digital iba a lograr emanciparme, pero no fue así. Se comporta como los virus, muta para resistirse a su extinción y mientras se encuentre en el ambiente, son un riesgo para la salud. A diferencia del hantavirus en el que las alarmas internacionales se detonaron, esta pandemia tiene un horizonte sombrío, ya que, ni sus víctimas y mucho menos los victimarios quieren buscar una cura. Así como Mark Fisher dijo que era más fácil imaginar el fin del mundo que, el fin del capitalismo. Su servidor parafrasea esta contundente afirmación, porque creo que, es más fácil imaginar el fin del mundo, que un día con el teléfono inteligente sin batería. ¿QUÉ PASA SI METO LA CABEZA EN EL CONGELADOR? – Adrían Fauro Un psicólogo de la Universidad de California dice que hay que dejar el café y cambiarlo por meter la cabeza en el congelador para activar el cuerpo y así eliminar la cafeína del organismo para dormir bien evitar pensamientos intrusivos despertarse en mitad de la noche poder pasar los días sin problemas de salud disfrutar el tiempo libre reduciendo la posibilidad de problemas mayores como la depresión medicación y meter la cabeza en el horno. En defensa de la conversación – Sherry Turkle Al tener este libro en mis manos pareciera que versara sobre la autosuperación personal, ya que mis deseos de establecer diálogos con otros seres humanos es bastante limitado. Pero en realidad es un ensayo y trabajo etnográfico (ambos bastante blandos) sobre el estado actual de la conversación; en contra punto a la epidemia de comunicación digital. Utiliza el recurso de las sillas de Thoreau para darle estructura a la basta información, a ratos repetitiva y aburrida que, demuestra cómo desde hace más de diez años las empresas tecnológicas se nos han metido hasta el tuétano y ahora dominan (y auditan) los aspectos más elementales de nuestra vida. Es importante mencionar que, la descripción de éste fenómeno de virtualización de la comunicación viene profundamente representado por trabajo etnográfico, lo cual de un matiz muy regional y no debemos olvidar que, si bien lo mencionado puede aplicar a otras sociedades, es una muestra de la sociedad estadounidense. Me parece que el revuelo que causó el libro justamente se debe a que proviene de este entorno carente de autocrítica. En donde cuestionar su voracidad por lo novedoso parece un acto de rebeldía, lo que refleja lo miopes que están, y que estamos, al ponerlos como referentes para todo. Al ser o intentar ser, un ensayo le falta rigor y profundidad, funge como una no tan pequeña muestra de los problemas de la sociedad de hace diez años que, para sorpresa de nadie se han profundizado dramáticamente. Más que un ensayo, es una descripción unidimensional y bastante cobarde de un problema muy grave, que jamás menciona el contexto. Como suele ser, el texto deja al individuo consciente del problema de la comunicación oral, pero desolado, sin referentes para buscar repuesta, y por supuesto sin subrayar a los culpables de esta debacle. Frase robada – Yásnaya Elena Gil Esta pasión por lo macro nos impide atisbar otras posibilidades. Bonus track Definición gráfica de paz y tranquilidad: perro, libro y día libre; qué más se puede pedir.

  10. 3

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 19.

    Relato – Un pájaro toca a mi ventana | Bonus track Un pájaro toca a mi ventana Era otro sábado en el que venía arrastrando una semana de cansancio; a pesar de las dos horas de manejo, vale la pena, estar rodeado de monte, del ruido de los animales, aunque también del ruido de los pueblos. Salirme me da aire a la cabeza, que no pocas veces pesa demasiado. Pero hay que ser honestos, en términos prácticos lo que hago es cambiar una rutina por otra, ese es mi súper poder, transformar todo en una serie de sucesos repetitivos, lo que si bien puede ayudar a que las cosas ocurran de manera más automática y por tanto “eficiente”, también se puede transformar en una asfixiante bolsa de plástico cubriéndote la cabeza. Así que, venir al campo y hacer una permuta de hábitos, al menos por veinticuatro horas, que es la duración promedio de mi fin de semana, me ayuda a seguir adelante en mi semana circense. Lo digo con una connotación de literalidad ¿acaso los payasos, acróbatas y malabaristas, no hacen lo mismo que yo? Tal vez sus rutinas sólo se fracturan por otras rutinas de su vida nómada. Lo primero que me llamó la atención fue que el vidrio de la ventana estuviera sucio, como si le hubiera salpicado tierra y la lluvia lo enjuagara mal y quedaran los rastros del desastre. Me pareció raro que no lo limpiaran, en especial que el resto de los vidrios estuvieran impecables. También que alrededor había francas evidencias de que las aves habían seleccionado esa zona de la terraza como baño público, e igual de inusual que no lo limpiaran, en fin, todo continuo como de costumbre. Por lo que a las nueve de la noche estaba más destruido que un zombie en la quinta temporada de la serie. Cansado de estar cansado cerré el libro y me fui a la cama, esperando que mi sueño tuviera el valor de ignorar mi vida cotidiana, y cumpliera su promesa de desintoxicarme el alma y el cerebro de los miasmas consuetudinarios; lo cual por cierto se ha incumplido perseverantemente en los últimos años. Pero cada noche es una oportunidad de lograrlo, me lo digo como si lo creyera. Apenas el sol empuja la noche y antes de que mi cerebro adoctrinado a levantarse a las cinco treinta de la mañana, traicione mi día de descanso o de que las perras me laman la cara indicándome que debo abrirles la puerta para desahogar sus necesidades; lo que siempre me pone a pensar si, la vida no es tener que estarle abriendo las puertas a las necesidades de los demás. Pero antes de que toda esa avalancha de sucesos inaugure mi dominical mañana, escucho tac, tac, tac, tac; primero de manera nebulosa, entre sueños, pero el tautológico sonido no deja de insistir. Aún con los ojos cerrados, creyendo que esa irrupción me va a permitir continuar con mi sueño, comienzo a pensar, primero de dónde viene, quién lo hace, por qué lo hace, tac, tac, tac, tac. Mi terquedad es congénita y dominante, a pesar de estar apretando los párpados con tanta fuerza que hasta duele la cabeza, insisto en que puedo cumplir la convención de seguir dormido; sin llegar a conclusiones precisas del origen de ese nuevo y obstinado ruido. Al final las perras que no entienden mis irracionalidades acuden a recordarme mis responsabilidades no escritas; cumplo con ellas y la de mi organismo; regreso a la cama, tac, tac, tac, tac. Caigo en la desesperación, el teléfono, el correo, mensajes de texto, juntas y pacientes urgentes; ahora hasta la naturaleza reclama mi atención. Me levanto y planeo resolver el enigma. El sonido viene de la ventana sucia, me siento a mirarla y un pájaro, no uno de esos pequeños como gorriones, bastante más grande, totalmente gris y con pico muy largo y afilado vuela frente a la ventana, hace grandes esfuerzos por mantenerse estático y soltar un picotazo en el vidrio, tac. Me hubiera gustado que hubiera sido un cuervo, pero esto no es de contentillo, aún con un ave menos icónica me siento por unos minutos como Edgar Allan Poe, sólo espero que al impertinente animal no se le ocurra decirme “Nunca más” porque me da un infarto. Me quedo un rato observándolo, pensando qué puede ser lo que intenta, lo que lo mueve a tocar en mi ventana a tan temprana hora de la madrugada. Al final me preparo un café y me salgo a la terraza, el pájaro se para en un árbol, me observa sabiendo que lo veo, que lo estoy invadiendo, impidiendo su labor, la cual es matutina, ya que en el resto del día no vuelve a intentarlo. Como si no fuera suficiente con los cajones de mi cerebro desbordados de cosas, ideas y tareas; agrego una más ¿qué está deseando el plumífero? que tanto insiste. No lo sabré hasta la próxima semana, mientras tengo algunas hipótesis; de inicio voy a quitar el árbol de navidad, si es mayo y la navidad seguía patente, que pereza e inutilidad ponerla y retirarla, pero bueno, hay que hacer lo que se tiene que hacer. A lo mejor es un ave que se creyó eso de la meritocracia y cree que con esfuerzo puede romper el vidrio a picotazos, dándole acceso a ese árbol frondoso, colorido, con esferas y luces que, aunque artificial, le dará cabida a su descendencia. La siguiente semana no pude escaparme a la montaña, algún compromiso mas tenía que cumplir entre las cuatro paredes en las que me encierro con otros veinte millones de chilangos, así que, tendré que esperar otra semana para saber que pasó. Lo primero que noté es que el vidrio seguía sucio y persistían las heces. Así que, para no variar mi plan no resultó, si no me entiendo ni yo, menos los deseos de un pájaro. Antes de entrar a la cabaña por un segundo pienso que capaz el ave ya está adentro, que sí lo logró y se instaló como amo y señor. Obvia y afortunadamente no pasó, aunque esa tarde bastante calurosa, dejé la puerta abierta y se metió una golondrina; demasiados eventos relacionados con pajarracos. Estoy tentado a preguntarle a la IA, pero me aguanto, si voy a estresarme por idioteces, al menos que sean de creación propia. Me voy a la cama, ahora esperando, que no deseando, que llegue ese instante antes del amanecer, en el que el mundo se vuelva real y vea si aparece mi alada némesis. Tac, tac, tac, tac ¡la puta madre! ¿qué quiere ese pinche animal? maldigo, me desespero, no entender me pone muy mal, y lo único que se me ocurre es tomar una escoba, le monto una camisa y lo planto en la venta, un espanta pájaros, lo veo y me parece tan absurdo, tan inútil, una Quijotada; caigo en cuenta de que se parece más a mí de lo que creo. Replanteo mis hipótesis ¿qué podría desear un ave? tanto que lo lleva la irracionalidad de querer entrar a través de un vidrio, sólido, frío e inerte, que en su transparencia le permite ver una ilusión; incluso me pregunto ¿cómo ven las aves? ¿a colores, en grises o blanco y negro? ¿cuál es su ángulo de visión? y caigo en lo absurdo ¿qué puede desear un pájaro? Miro la sala con detenimiento, mi última opción es el perchero, podría ser un artista cubista o surrealista e imagina que, ese trozo de madera sosteniendo gorras, sombreros, bolsas y bolsos; es un lugar donde el podría anidar. Rompiendo las reglas elementales de la decoración lo retiro y lo meto en una de las habitaciones. La sala se va quedando más vacía, sin nada que se deba ser útil o atractivo para ese pájaro que se empecina en una tarea tan imposible como fútil. Pasaron ahora dos semanas, sí, la vida está exigiendo cada vez más tiempo y más atención. Apenas me estaciono voy a ver el vidrio, no me parece más sucio que la vez pasada, prácticamente sin rastros de la estancia del pájaro, el suelo de la terraza limpio. Pienso que lo he logrado, casi estoy seguro. Me urge que sean las ocho de la noche para forzarme a estar despierto dos horas más, e irme a la cama e intentar enterrar mi racionalidad hasta que, abra los ojos con los primeros rayos de sol. Entonces escucho, silencio, el silencio de la monótona madrugada; he vencido, pienso. Logro dormirme un rato más, así es de efímero el éxito. Hasta que un lengüetazo en la cara me despierta, saco a las perras, regreso a la cama deseando dormir un rato más. Tac, tac, tac, tac…ahora suena diferente, más espaciado, apenas tres o cuatro veces, más tenue, cansado. Entonces pienso que logré mi objetivo, le he quitado la esperanza a ese pobre pájaro de liberarme. Bonus track Algondocillo (Asclepia) que es la única llanta donde la mariposa monarca pone sus huevecillos y la única donde se alimenta la oruga antes de convertirse en mariposa. Estaba en medio del pastizal seco, lo cual la vuelve aún más interesante. Insecto palo, o eso creo. Quería convivir y se paseó buena parte de la tarde, sólo había que estarlo cuidando de que las perras no lo fueran a morder o aplastar.

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    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 18.

    Relato – ¿Por qué no puedo ser fan? | Poema – Sólo ha sido mía – Francisco Pinzon Bedoya | Reseña – El silencio y la cólera – Pierre Lemaitre | Frase robada – Antón P. Chéjov | Bonus track ¿Por qué no puedo ser fan? Me hacía esta pregunta mientras platicaba con mi hermano, al salir de la feria La Feria del Libro y la Rosa, en la Universidad Nacional Autónoma de México. Entonces me di cuenta de que no era solo yo y que, haciendo memoria muchas personas de mi círculo cercano tampoco lo son. Pero justo había quedado con una amiga y planeábamos saludarnos en la feria literaria. Me envió su itinerario, para mi sorpresa estaba lleno de actividades. También me mostró una pléyade de autógrafos y fotos con la crema y nata de la literatura mexicana. Por mi lado, en teoría iba a tomar dos o tres talleres, con ponentes que desconocía totalmente, básicamente iba por el tema a tratar. Al final decidí irme a comer y sólo entre a uno. Di una vuelta por los pasillos de la feria y eso sí, compré un montón de libros y fanzines de pequeñas editoriales. Esto confirmaba mi sospecha. Hay quienes podemos y quienes no podemos ser fieles y entusiastas seguidores de algo o alguien. Desde pequeño nunca tuve esta acercamiento con los referentes, pienso que se inicia con los deportes, pero haber desarrollado una aversión muy temprana al fútbol me impidió tener equipo favorito. No tuve esa semilla que me enseñara a seguir y apoyar una causa. Creo el siguiente estímulo es el religioso, sin duda uno de los más importantes, tampoco lo sentí propio, a pesar de los intentos de mis padres por volverme católico practicante, se fracaso en el objetivo. Durante una época si que estuve muy cerca de ser un seguidor digno. En la adolescencia fui profundamente influido por mis primos que, si eran muy fanáticos del rock, pero de una vertiente bastante oscura llamada death metal; y ser fan de algo minoritario casi siempre le quita valor, pero esa es otra discusión. En esos años nos formábamos horas afuera de una tienda de discos; que por cierto nos quedaba bastante lejos y no teníamos auto; para que nos firmaran un autógrafo. Cruzábamos la ciudad para ir a los conciertos, obviamente usaba sus playeras y compraba los discos. Esa época habrá durado máximo cuatro años, era muy divertida y fascinante, creo que la aportación más relevante es la ilusión que, se genera al crearte una figura totémica y tenerla literalmente a tu alcance o a través de la comunidad. Tuvo sus momentos gratos que ahora son parte de mi nostalgia. La universidad hizo virar mi camino y jamas volví al universo del entusiasta seguidor. Tampoco creo ser un tipo estéril que no tiene pasiones o intereses. Tengo cantantes, escritores, deportistas, directores, pintores, poetas, etc. que son mis favoritos y tienen un lugar en mi corazón, pero me encuentro muy lejos de ser su consumado seguidor. En alguna conferencia le escuché a Juan Villoro una frase que no recuerdo si era propia o ajena, pero hacía referencia a que, esos referentes, esos ídolos, es mejor tenerlos lejos y apreciarles en ese lugar idílico que les hemos creado. Pienso que esa es una muy bonita justificación a mi pereza y profundo desínteres por ser fanático de algo. No puedo negar que en casa las cosas que sonaban a obsesión, adicción, o endiosar no se promovían mucho, así que eso también cuenta. Disfruto mucho mis aficiones que no son pocas, pero desde una visión mas íntima aunque también distante, acotada, y por supuesto muy individualista. No sé si es miedo a que el ídolo me defraude o el resto de los fanáticos. Aunque también creo que es un tema de definición, es decir ¿cuáles son los requisitos para declararme fan de algo o alguien? En el consultorio tengo decenas de figuras de star wars que los pacientes me han regalado durante años, siempre me preguntan si soy fan. Mi respuesta inmediata es negativa, claro que me gustan, pero ni de lejos podría ser tan erudito en el tema como muchos que conozco. Entonces ¿cuáles son los elementos básicos para ser o no fan de algo o alguien? Yo creo que tan sólo el sentirlo, finalmente tú decides si eres parte de algo más. El problema viene con la interpretación de la sociedad sobre las obligaciones que el seguidor debe contraer para portar tal insignia, y esto puede ser muy potente, categórico y absorbente. Lo cual, a mi, me parece inaceptable, podrás no ser tan fan como los otros, pero eso no te impide tener un particular interés y desarrollarlo de la manera que más te satisface. Pienso en quienes nos decimos fanáticos del atletismo, en especial del correr, como es mi caso. Hay gente que sabe muchas más cosas de atletas, carreras, usa la ropa de su corredora favorita, anda a la caza de firmas y viaja a donde sea necesario para presenciar las proezas de su ídolo. Pero corre, y mal, diez kilómetros. Por el contrario a mi me encantan las ultradistancias y sería muy pedante demeritar la corta distancia de mi contraparte; pero igual debiera serlo el demeritar mi falta de pasión por conocer santo y seña del ídolo de la temporada. Entonces ¿ambos somo fans, pero no de lo mismo? se asoma la terrible pregunta ¿qué somos? Finalmente, salí muy contento de mi paso por la feria del libro, y todo indica que mi amiga también, al final no nos vimos, yo me fui a comer una deliciosa pizza y ella a escuchar a sus ídolos en vivo y a todo color. Así que, todos felices con sus visiones del mundo. Eso responde a mi pregunta, no puedo ser fan, porque estoy satisfecho de no serlo. Sólo ha sido mía – Francisco Pinzon Bedoya Ten cuidado cuando vuelvasa mi heriday te pasees como si no hubieras vueltoTen paciencia con mis ruegosque se han quedadoatados a las rayas de mi cuadernoTen la luz dispuesta y últimapara verde qué están hechos los lucerosque otras noches tejí para esos miedosque tuve de tiy que nunca fueron ciertosTen presente aquellos niñosque éramosal confuso olor de los peligroscuando en noches de vientosnos quisimos sin dolorni miramientos ni testigosVen al centro de mi vidaque los libros míoste sonríeny encontrarás ese espejoque atrapó una historiaque quiso ser nuestrapero que sólo fue mía El silencio y la cólera – Pierre Lemaitre En consecución a El Ancho Mundo, esta segunda parte de la serie Los Años Gloriosos, continúa describiendo las subtramas establecidas desde un principio; que sustancialmente son las de los hermanos Pelletier. En esta extensión del mundo de la post guerra no esperen nada novedoso, es tal cual la continuación de lo que se quedo abierto en la primera entrega. Por lo que esta tetralogía se diferencia de la trilogía de Los Hijos del Desastre que sí se podían leer de manera independiente cada uno de sus tomos, en este caso, al menos para la segunda entrega esto no ocurre. Lo que leeremos satisface nuestro morbo de maneras muy creativas. Esa es la magia de Pierre, cada capítulo rara vez es de relleno, siempre es una microaventura que, nos deja boquiabiertos, aunque estilísticamente es bastante pobre, el desarrollo del personaje es una joya, cumpliendo la regla de llevar a tu personaje al máximo. La principal virtud es que, lo hace de manera sucinta y contundente, ahorrándonos la aburrida cotidianidad que padece cualquier ser humano, incluso aquellos tan complejos y siniestros como los hermanos Pelletier. Es adictiva la forma en que los va retorciendo, exprimiendo, pero sin romperlos. Mención especial le daría a Genevé, esposa de Jean, personaje que despierta una repulsión atávica. No está de más decir que es un libro absolutamente comercial, que no aporta nada salvo entretenimiento, tal vez bajo una fórmula algo desgastada y ligeramente insípida, en comparación con otros trabajos del francés. Pero cumple lo que promete y el libro se va como agua entre las manos, esperando ya continuar con el resto de la tetralogía. Frase robada – Antón P. Chéjov Las bebidas calientes se asemejan al agua de mar y a la gloria: cuanto más se bebe de ellas, mayor es la sed. Bonus track Naturaleza reviviendo, la pobre no sabe si hace frío o o calor, si llueve o está nublado, se debe florecer o aguantarse. No sé si es Berlin y presencio una instalación de algún artista de vanguardia o es la Ciudad de México y le parece que, es la mejor forma de evitar que se la roben. Aunque tal vez solo es un espíritu anarquista.

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    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 17.

    Relato – Como te ven te tratan | Poema – Mis amigos los poetas malditos – Rolando Gabrielli | Reseña – El monte de las furias – Fernanda Trías | Frase robada – Santiago Alba Rico | Bonus track – Espergesia – Cesar Vallejo Como te ven te tratan Seré sincero, no sabía si tocar este tema o no. Se presta a miles de prejuicios, estereotipos, racismos, entre otras tantas formas de discriminación. Pero si uno decidió autoalojar su blog es para tener libertad, pero también responsabilidad de sus palabras. Aclaro que esto no es un ensayo, sencillamente es algo que me ha estado molestando los últimos meses y así que me decidí a escribirlo. Le dí este título porque haciendo memoria, la primera referencia que tengo del tema data de mucho tiempo atrás. Cuando era muy pequeño, pienso que entre los seis y diez años, casi seguro que a consecuencia de mi pertinaz deseo de no limpiar mis zapatos para la escuela, en casa me decían la fatídica frase. Pero no piensen que desde la perspectiva del ejecutor, sino del ejecutado. Mi condición económica me hacía susceptible de verme juzgado por la forma en que me vestía, en particular por los que tenía los medios para vestirse con muchos más recursos. Si me pongo muy emotivo considero que para nada era buena idea decirle eso a un infante, pero entiendo que a ellos les aplicaran esa regla y buscaban domar mi rebeldía, para evitarme sinsabores en el futuro, pero les voy avisando que no funcionó del todo. Sin embargo, este fracaso tuvo latencia. Pienso que hasta la pandemia el mantra racista funcionó, y traté en la medida de mis posibilidades de adherirme a los usos y costumbres de apariencias que mi entorno dictaba, con bastante poco éxito ya que, para sorpresa de nadie, nunca me he sentido genuinamente atraído a dedicarle tiempo y dinero a mi apariencia personal, intentaba solo cumplir, pero sin expectativas. Obviamente en algunas ocasiones recibía comentarios “bromistas” sobre mi desinterés en demostrar un gran, o al menos mejor, estatus socioeconómico a través de mi atavío. Pero bueno, quién me manda meterme donde me meto. Pero volviendo a la pandemia. Tres cosas sucedieron: se relajó la etiqueta entre el gremio médico ya que todos usábamos uniforme quirúrgico (aunque al paso de los años, otra vez los pasillos parecen pasarelas); me adentré profundamente en la literatura, labor que confirmaba mis convicciones antes el postureo y su papel de control social y alineación; y alcancé cierta estabilidad económica y profesional, dotándome de seguridad que no dependía de florituras. Estas tres variables se amalgamaron para que fuese una anacoreta, misántropo y nihilista, con una amplia y notable excepción, mis pacientes, mi leitmotiv; el resto de mis actividades son accesorias. Fuera de la relación médico-paciente, que tampoco requiere de grandes adornos gracias a la bendita bata, sí que me he ido olvidando de cumplir con las normas de apariencia que de mí se esperan, y me he ido mudando a sus antípodas, obvio dentro de ciertos límites. Pero si he notado cómo en congresos científicos, reuniones de trabajo, actividades de “integración” laboral y otros eventos académicos; este desinterés sobre mi apariencia causa una especie de rechazo y porque no, un sutil racismo. Cumpliéndose así de manera profética las palabras escuchadas en mi infancia “como te ven te tratan”, o al menos te tratan diferente. No niego que en más de una ocasión si me afectó este comportamiento, pero a todo se acostumbra uno, y desarrollé un alto sentido de la ataraxia. Este desenfado primero fue en lo verbal, después en la apariencia y recientemente en el tipo de compromisos que tiendo a aceptar. En estos momentos se estarán preguntando ¿por qué si tan a gusto está, viene a hacer catarsis en Mi Perra Vida? Pues porque hace unos días tenía que dar una conferencia organizada por la Academia Nacional de Medicina, y me pareció razonable alejarme del aspecto fodongo y desembarazado, para ponerme saco y corbata, tampoco nada del otro mundo. Así ataviado de tan extraña manera, muchas personas manifestaron su aprobación, que entiendo era con buenas intenciones (o no), pero eso no deja de confirmar el título de esta entrada en mi blog. A partir de entonces he estado pensando cómo buena parte de mi círculo laboral invierta cantidades ingentes de tiempo, trabajo y dinero en mantener un estatus y apariencia para que los traten bien. Honestamente no planeo dedicar más horas al trabajo, que ya de por si parezco malabarista, ni planeo que los pacientes paguen mis inseguridades de las que se aprovecha la sociedad de consumo. Y no puedo negar que al estar consciente de esta situación mi forma de postureo también es una expresión de motivos. Así que, ni se emocionen, este fodongo seguirá llegando en bicicleta a trabajar con los mismos trapos que de costumbre. Mis amigos los poetas malditos – Rolando Gabrielli Mis amigos, los poetas malditos,lo dieron todo por la poesía,no tengo palabras para explicarlo,siguieron su feroz instinto día a día,no transaron en ningún momentocon sus ideales, su vida, su poesía,no se hicieron querer por el poder,como dijo Enrique Lihn sin anestesia,no fueron bufones, ni diplomáticos,ni adictos a los premios de ocasiónni oficiales, o a becas internacionales.Fueron poetas que no se escondierondetrás de las palabras, dijeronlo que pensaron, lo que corríapor sus venas, fueron fieles a su tiempo,a sus sagradas palabras que acompañaronpaso a paso sus días, los años intangiblesde unos sueños inconfesables.Les agradezco haber compartidoel rayo misterioso de la poesía. El monte de las furias – Fernanda Trías Ante un mundo hostil, incomprensible, donde todo te da la espalda. Donde la historia de quienes te precedieron te persigue y se convierte más que, en una herencia, en un saco que debes arrastrar como un lastre. En este escenario el ostracismo no parece descabellado. Especialmente cuando tu destino, de un modo u otro, dialoga contigo sin prejuicios. Bajo estas circunstancias la montaña, personaje vivo y participe de la novela, impone reglas elementales de convivencia, que por mucho son preferibles a las canónicas socialmente determinadas. La montaña y la montañesa (nuestras protagonistas) hablan. La humana escribe de manera catártica, sin más alcances, sólo ahí se entrega de algún modo y descarga el peso que la somete. La montaña por su lado observa, pero comprende o al menos lo intenta, pero lo más relevante es que siente y es consciente del daño de la humanidad. Hasta que un día aparecen cuerpos sin vida, a los que hay que cuidar (porque también lo que no tiene vida hay que cuidarlo). El significado y veracidad de este fenómeno es una herramienta muy interesante de la novela, ya que es el cartapacio que nosotros podemos rellenar. Estas apariciones mortecinas se torna la sustancia de aquello que nos vuelve humanos; no las máquinas, la religión, el dinero, ni siquiera el amor; tan sólo el cuidado del otro, incluso en los últimos momentos, donde la cruda realidad indica que, ante el evento final ya nada es relevante. Incluso ahí, o más bien ahí ante lo contundente, la alteridad se torna un valor revolucionario y por lo tanto susceptible de ser aniquilado. Es una novela interesante que, explora recursos para subrayar sus intenciones, y que nos enfrenta con la naturaleza, pero en especial con su némesis, nosotros mismos. Frase robada – Santiago Alba Rico Al lugar donde vivimos podemos llamarlo realidad; al lugar donde se decide nuestra vida podemos llamarlo verdad. Bonus track Macchiato defendiéndome de mi fobia, los pulpos. Esta foto me dejó confundido (lo cual no justifica su desenfoque), si algo así se viera en Berlín pensaríamos que, es una instalación de algún artista de vanguardia. Me gustaría saber si ningún infante salió lastimado, o de dónde sale es silla. Y lo más importante cómo llegó ese carrito de juguete a una vía de alta velocidad. En fin, enigmas de la Ciudad de México.

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    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 16.

    Relato – Un mundo raro | Poema – Indeseable – José Emilio Pachecho| Reseña – El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes – Tatiana Tibuteac | Frase robada – Fernanda Trías | Bonus track – Lo fatal – Ruben Dario Un mundo raro Este mundo se está poniendo agresivo o puede que siempre haya si así y que mi percepción ha cambiado. La hostilidad aparece en cada esquina, incluso en los lugares que pensaba eran santuarios. Familia, amigos, trabajo; ya no hablemos de redes sociales o aplicaciones en el teléfono, cine, periódicos y mucha literatura. Intentando leer El Quijote, es patente que el mundo hace más de cuatrocientos años ya era así, o él también así lo veía. Parecía que alucinaba, pero servía para subrayar o hacer notar a través del contraste, lo factual de la violencia cotidiana, normalizada, pero particularmente anestesiada. Paradojicamente en esta modernidad se consolida la felicidad, la comodidad y el bienestar como la industria que mueve y justifica todo. A lo largo del día somos principalmente un medio para transferir de un lado al otro, normalmente hacia quién ya posee cantidades groseras de recursos. Dejamos de ser ciudadanos, para convertirnos en consumidores. Desde que sales de casa, ya sea en el transporte público, en el auto, en bicicleta o caminando, todo el tiempo buscan tus ojos y oídos para venderte algo, hasta cuando crees que sólo te estás divirtiendo escuchando un podcast, u observando la idílica vida de tus contactos, incluso ahí, o predominantemente ahí, cientos de empresas están crean un perfil superior a tu imagen y semejanza para que, tarde o (más bien) temprano te vendan algo, o le venda a alguien tu perfil a alguien que te venda algo. Todo el día esquivando el equivalente virtual de una o miles de minas antipersona, aquellas que en la praxis buscan herir gravemente, mutilar, de ningún modo matar, tan sólo desmoralizar al enemigo; eso buscan con nuestra libertad de pensar o actuar. Apenas abro los ojos, normalmente cansado, y tengo que hacer mi mayor esfuerzo por no decirle al teléfono que ta me desperté. Camino al trabajo donde antes solo había casas o en el peor escenario grafitis, pintas, hoy está lleno de anuncios brillantes y coloridos. ¿Sólo para mí son molestos, excesivos, intrusivos? Imposible tolerar el silencio, así que escuchas o pero aún lees mientras manejas, mensajes o ideas de segunda mando, simples y sencillos; pero altamente eficaces cargados de irracionalidad, apenas regurgitados de boca en boca, sin alma ni pensamiento. Los mismos que usará para llenar el vacío en el elevador, antes de una innecesaria y burocrática junta, o en esos ejercicios de postureo con tu selecto grupo de amistadaes. Vivir una vida de segunda opiniones, pensamientos y sentimientos de segunda mano, una subsistencia fugaz. Si eres de los privilegiados, o anormal, o anacoreta que intenta encontrar un huevo para escucharse, para permitir que la nada le roce la mano, tendrá una, dos o más pantallas advirtiéndole del pecado de la improductividad, te hace recordar que todo se puede mercadear. Miedo tengo y por tanto apago el interruptor (ojalá el botón funcionara) para no ver cómo tus cercanos cada vez están más lejos de ti y más cerca de esa pantalla que nos muestra un universo absurdo, innecesario, polarizado, intolerante. Así que sólo queda escuchar con tristeza cómo se te han desquebrajado los referentes, y sales más sólo de lo que entraste. ¿En qué momento la interacción con los otros se transformó en un monólogo? ¿Cuándo dejaron de enriquecer las conversaciones? Para solo ser ahora la confirmación del absurdo. Infeliz este mundo en el que la gente convive, te drena, ta cansa, te seca. ¿Cuándo fue la última vez que saliste estimulado, animado o esperanzado de una reunión? Sólo espero el ocaso deseando que en mis sueños haya tristeza, sufrimiento o felicidad y pasión, pero mías. Espero que a nadie se le ocurra un “revolucionario” dispositivo que optimice el sueño, y así seas más productivo y de pasada, así como llevaron nutella a la luna; ahora promuevan la champions mientras te duermes. De momento ya llevan el camino andado, no por nada el número de adolescentes que duerme menos de cinco horas cada noche aumenta, en la misma proporción que se reduce el número de personas que lo hace ocho horas o más. Pero también, aún no sé a quien culpar o culparme, a las cuatro de la mañana un pensamiento absurdo en su diurno habitat, se me injerta en el cerebro para rumiar escenarios y pensamientos que no llevan a ningún lado. Estoy, o estamos en realidad no sé, en un laberinto de topología y teselaciones aberrantes. Lo que sí sé, es que quiero y no encuentro la salida, un atisbo de absurda y pueril esperanza, un mensaje simple eficaz y contundente. Algo como ese mensaje en una botella en medio del mar que le escuche a Juan Tallón dedicando un libro con la siguiente frase “con la esperanza de que el futuro tengamos más tiempo para hacer menos cosas”. Indeseable – José Emilio Pachecho No me deja pasar el guardia. He traspasado el límite de edad. Provengo de un país que ya no existe. Mis papeles no están en orden. Me falta un sello. Necesito otra firma. No hablo el idioma. No tengo cuenta en el banco. Reprobé el examen de admisión. Cancelaron mi puesto en la gran fábrica. Me desemplearon hoy y para siempre. Carezco por completo de influencias. Llevo aquí en este mundo largo tiempo. Y nuestros amos dicen que ya es hora de callarme y hundirme en la basura. El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes – Tatiana Tibuteac El cuarto mandamiento indica “honrarás a tu padre y a tu madre”. Tal como se esperaba, el uso de reglas para la contención del orden social (pueden llamarlo leyes, religión, código de conducta, etc.) genera conflictos, pareciera que el enfrentamiento es una cualidad intrínseca al pensar y sentir humanos. Ojalá Alan Turing hubiera usado el conflicto como una de las capacidades a superar en su famosa prueba, y así hoy por hoy, no llamaríamos IA a la bazofIA que nos inunda hasta en el retrete. Pero regresando a los conflictos maternos-paternos-filialales, existen incontables casos reales y bastante cotidianos sobre la herejía ejercida ante el cuarto mandamiento. Algunos de ellos francamente inhumanos y otros hasta comprensibles, es decir hay de todo en la viña del señor (siguiente el tenor religioso). En esta primer novela de la moldava Tatiana Tibuteac se explorar una relación materno-filia muy tortuosa, determinada en buena medida por el trastorno psiquiátrico del hijo y seguramente un entorno social y cultural que llevaron a la madre a tomar algunas decisiones que no ayudaron. Propiamente no se explora la génesis de la desastrosa o ausente relación madre e hijo. Tiene un inicio in media res que progresa continuamente hacia futuro (muy) finito de ella que, tiene “un cáncer rabioso” y su único deseo es morir intentando apagar el infierno que la separa de su hijo. Esto hace que el inicio sea cruento y perturbador, pero una vez establecido el escenario, en la campiña francesa, en la que pasarán sus últimos días juntos, el cáncer crea metástasis, pero no solo de células que devastan cada uno de sus órganos, sino también de las pocas emociones que existían entre ellos, potenciándolas en búsqueda de redención. Desde esta perspectiva el argumento es un cliché, en el que el amor perdona y puede todo, y que sucesos tan determinantes como la muerte pueden ser el detonante. Pero el hecho de que el hijo sea un enfermo psiquiátrico y que a partir de esta mezcolanza encuentra la exención en el arte, transmutando de un apestado a una figura notable, le torna de cierta excentricidad. Sin embargo, y más allá del lugar común, la capacidad de Tatiana Tibuteac para explorar los personajes está bastante bien lograda, permitiendo introyectar al lector en lo que todos, en mayor o menor medida experimentamos. Al final del día no hay familia perfecta, aunque parezca. Es una novela que lleva a la reflexión y espero me sea de utilidad, que buen falta me hace. Al final el corolario de la obra está en una frase perdida, donde ella le dice “te he querido como he podido”. Frase robada – Fernanda Trías Para la vida no se necesita diccionario, dejamequetediga, se necesitan conocidos y obediencia. Bonus track Les dejo el podcast de gente aburrida, donde hablamos de la película de Mario Bros de hace cuarenta años Señor insecto en la puerta de la casa, este sí que se veía grande, muy perseverante, subió dos pisos, pero no me quedó claro el objetivo de la travesía, tal vez sólo estaba entrenando. Vean esta creatura tan inocente, tiene hecha pedazos la tortuga, pero me mira como si no hubiera hecho nada. Pero se le perdona por hermosa.

  14. -1

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 15.

    Relato – Réquiem por la redes sociales | Bonus track Réquiem por la redes sociales Desde que nací y hasta los veintitrés años, me enteraba de lo que ocurría en mi círculo familiar y amistades a través de la presencialidad. Para informarme sobre mis intereses, pasatiempos y educación, recurría a la materialidad; libros, revistas especializadas, algún fanzine o publicación independiente. Y de lo que pasaba más allá de esas fronteras, me arropaba en una primitiva virtualidad, en dos connotaciones. Virtualmente me importaba poco o muy poco lo que superaba mis límites físicos. Y si la sociedad “te obligaba” a interesarte por estos lejanos sucesos, los resolvía con la radio y televisión. Hoy, para sorpresa de muchos, se podía vivir, y no en la época de las cavernas ni en la ignominia, es más, décadas y cientos de años antes esos eventos lejanos eran comunicados aún más despacio y con menos eficacia. En esas circunstancias se sentaron las bases de los medios digitales de comunicación que usamos desde hace veinticinco años. Esto viene, no a modo de nostalgia, que honestamente puede oler a choquía e incluso ser inerte. Lo comento por el hecho puro, duro y tácito de que el 98.75% del tiempo de la humanidad después de Cristo, ha transcurrido sin redes sociales, tal como las conocemos actualmente, no en su sentido social o antropológico. Es innegable que estas tecnologías han perfilado nuestra realidad, pero siguen siendo jóvenes en una perspectiva más amplia, y sólo para la generación zeta y las que le siguen, se pueden considerar totalmente nativas, para todo el resto han sido tecnologías de transición, adquiridas, esto es para cerca del 75% de la población mundial. Toda esta diatriba es para pedirles (salvo a los nacidos desde el años 2000) sensatez cuando comenten con tono asombrado, ofendido y voz chillona “no sé que haría sin redes sociales” o peor “el mundo es inadmisible sin redes sociales”, porque su paquete de nacimiento y crecimiento no las tenía incluidas. Algo que no ha cambiado desde que la humanidad es lo que es, ha sido su interés por saber lo que ocurre a su alrededor, ya sea con fines puros o perversos, es algo muy atávico. Cumpliré entonces con esa tradición y contaré, cómo a cuentas gotas han ido muriendo las redes sociales para mi. Juan José Millás en el periódico El País dice “no [hay] que poseer cosas que no [seas] capaz de cuidar”. Perspectiva que no considera al operario, usuario o humano que toma esa responsabilidad, pone la perspectiva utilitarista del objeto (aunque luego ahonda sobre el impacto que esto tiene en la sociedad) . Pero incluso esa perspectiva pasa desapercibida cuando llenamos el teléfono (que básicamente es una extensión de nuestra vida) con las innumerables aplicaciones para mantenernos en contacto y comunicación con los que queremos. Vale la pena acotar esto último, todas las aplicaciones y sus modelos de negocio están diseñados para generar ganancias (no pocas) a sus dueños, no buscan un avance o mejorar de nuestras relaciones sociales. Ya instaladas y habiéndoles dado autorización total sobre todo el contenido del teléfono, comenzarán a hacer de manera cotidiana (o mucho más frecuentemente) lo que por ejemplo, tu automóvil hace cada tantos miles de kilómetros, pedir tu atención para que “las cuides”. De este modo nos llenamos de cosas a la que hay que cuidar, hay que alimentarlas, informarlas; y no porque mi madre y mi padre (que tengo abandonados) estén preocupados por ver la foto de mi desayuno o esperen con ansia y devoción mi cuidada selección de memes. No, la aplicación quiere atención y cuidado porque mientras más lo hagas, el modelo de negocio cumple su propósito. Pero si piensan que soy un ludita de principios del siglo XXI, no es así. Así como en sesión de Alcohólicos Anónimos, debo confesar que tuve muchas de las aplicaciones de redes sociales (primero en su versión para computadora y después su edición adictiva para el teléfono). Hi5 o myspace (no recuerdo exactamente con cual me inicie), facebook, instagram, pinterest, youtube (si, también es considerada red social), linkedin, snapchat, vine, tumblr, twitter (cuando así se llamaba), swarm, threads, medium y substack; tal vez se me escape alguna pequeña o que no tuvo tanto impacto, pero mi freno fue tiktok, que ahora que lo pienso, abrí un perfil y no recuerdo exactamente para qué (creo que para poner poesía, fracaso asegurado); sobre esto último agregaré a mi currículo la insignia de “sobreviviente del tiktok”, una de las redes más adictivas. Como era esperable todas me gustaron, que para eso le meten millones de dólares y contratan a las cabeza mas brillantes. Pero tras varios años me afinqué en youtube, instragram, facebook y linkedin; no poca cosa. No me pregunten qué demonios esperaba de ellas, porque la respuesta puede ser extensa y seguramente confusa, pero lo que empezó como medio de expresión y/o comunicación, terminó como forma de buscar obtener reconocimiento efímero (es decir un me gusta qué significa realmente, pero cuanta paz otorga); pero además también e ilusoriamente cumplir con la primera ley de la meritocracia, monetizar todos incluyendo tu vida, profesión y familia. En mayor o menor medida todas me “regalaban” reconocimiento, pero como decía Juan José Millás, hay que cuidarlas, incluso contratando a un tercero (tercera en mi caso) para que me ayudara, y honestamente en mi debacle así fue como se hicieron cargo de ellas por al menos un par de años. La única que cumplió la promesa de monetización directa, osea recibir dinero en la cuenta del banco, fue youtube; tampoco era que me entregaran las joyas de la corona, unos cien dólares al mes (insuficiente para pagarle a la community manager), juntando dos canales, uno de gastroenterología y otro de hepatología, con cerca de 100,000 seguidores y un poco mas de 300 vídeos. Pero este aparente beneficio venía cargado de un número basto de comentarios a los que alguien “tenía” que dar respuesta. Todos ellos; exagero, el 99% de ellos; variaban entre mensajes de odio y la evidencia empírica de que a un gran porcentaje de la población le faltó ácido fólico durante la estancia en los vientres de sus progenitoras. De este modo el trabajo, que claramente no pagaba ni la gasolina, implicaba crear vídeos, es decir varias horas invertidas y encontrar una cantidad ingente de eufemismos para evitar decirle a mis seguidores que sus comentarios eran una rotunda idiotez. En facebook con 16000 seguidores ocurría algo similar. Y bueno, en instragram intentaba que fuera “mas personal”, lo cual implicaba ser políticamente correcto e intentar cumplir con el estereotipo de blanquitud y bienestar que norman lo cánones. De los casi 1000 seguidores recibía esos me gusta (cerca de diez o doce por publicación) que eran como un bálsamo para mi autoestima clasemediera. Finalmente linkedin, con casi 7000 contactos, creía que era mas neutral o al menos profesional, pero al final se transformó en un twitter o instagram de la oficina, siendo la única diferencia que había menos mensajes de odio; bueno hasta que se me ocurrió criticar al bodrio de donald trump, y un whitexican se transformó en su adalid y confirmó que era un racista de enciclopédica ignorancia. Sería muy difícil y largo explicar los motivos de mis decisiones; esta relatoría ya de por sí se esta alargando demasiado; pero fueron muriendo una a una, dejé de interesarme primero en facebook, luego youtube, linkedin e instagram. Esto se fue dando en los últimos dos años (tal vez más tiempo con facebook). Inicié quitando las notificaciones de en el teléfono o por correo, luego desinstalando las aplicaciones e incluso ya ni en la computadora las veía. ¿Y saben qué pasó? Nada, osea no me sentí liberado del yugo de las megacorporaciones, ni mucho menos con renovada autoridad moral, pero tampoco me siento en la edad media (y eso que hasta spotify abandoné). Llegados a este punto tendremos la esperada sesión de preguntas y respuestas. ¿Cómo te enteras de lo que pasa con tu familia y amigos? Como puedo, en general cuando me encuentro con la gente cara a cara me actualizan, sé que no con el detalle ni la inmediatez de antes, pero no siento que me esté perdiendo de algo relevante. ¿Sabes algo del mundo o la misantropía te devoró? Leo casi a diario el periódico El País (no es comercial) y a través de una aplicación que lee RSS me llega información de medios periodísticos directamente y sin interpretaciones, ni intermediarios. Y si algo es lo suficientemente importante para saberlo en tiempo real, alguna persona me lo hace saber, pero de manera espontánea. ¿Y tus aficiones o intereses personales cómo los satisfaces? Esta es la noticia más importante, una anatema, tengo (en algún modo de posesión) una red social que se llama Mastodon, pero aún no están preparados para tener esa conversación. ¿Sigues usando alguna red social popular aunque sea en secreto? Uso los estados de whatsapp, cada vez menos, pero ocasionalmente tengo mis caídas. Y subo imágenes o enlaces siguiendo la estrategia meme->meme->mensaje anticapitalista. Pero sólo estoy esperando que pongan publicidad y también dejaré de usarlos. Pues bien esta fue la triste historia de mis redes sociales, que no intenta ser una fábula, sino la descripción de su agonía, muerte, entierro; y por supuesto su réquiem. Nota: el uso inadecuado de algunas mayúsculas es completamente deliberado y es una expresión de motivos. Bonus track Así se encontraba la montaña el fin de semana pasado, nublado, y aunque ha llovido el pastizal aún no reverdece y el viento lo “peina”. Cabe aclarar que iba con las perras y nos toco lluvia y truenos. Aquí la evidencia de que estaban tratando de escapar de la tormenta. Este video requiere mucha atención lo grabé porque me llamó la atención que hubiese una escalera para subir a un árbol en una de las avenidas más importantes del sur de la Ciudad de México (Viaducto-Tlalpan) lo interesante es que hasta el final esta una persona, que asumo vive ahí, desafortunadamente no pude enfocarlo bien, me pareció una intromisión.

  15. -2

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 14.

    Relato – El espejo (5) | Poema – Alas de páginas - Kellyath Clementine | Reseña – Antología fantástica - Anna O'Malley - Valentina Marini | Frase robada – Juan Villoro | Bonus track - Las alas del colibri - Norma Lazo

  16. -3

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 13.

    Relato – El espejo (4) | Poema – Mi casa III - Jazmin Campos Díaz | Reseña – Mujeres amores y otras rarezas - Soledad Arellano | Frase robada – Robert Penn Warren | Bonus track - El viudo - Diego Velázquez

  17. -4

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 12.

    Relato – El espejo (3) | Poema – La casa parecía cansada, como si rehusara ser vivida de nuevo – Anaclara Muro | Reseña – Los once de la tribu – Juan Villoro | Frase robada – Ekaitz Cancela | Bonus track El espejo (3) -episodio 2- Cuando abrí los ojos mi espanto fue mayúsculo, estaba recostado en una cama de hospital, enchufado a un suero en un brazo y cables por el pecho, con un monitor sobre mí cabeza que confirmaba que seguía vivo. La luz fría, blanca, estéril sobre la cabeza me deslumbraba, como si apenas hubiera salido de la oscuridad de la casa de los espejos. Estaba agitado y confundido, mí último recuerdo era el de una anciana con ojos totalmente negros cuestionándome. Entró una enfermera que, al verme despierto sonrió discretamente y se apresuró a tomarme la presión y registrar en su bitácora el resto de signos vitales. -Buen susto les dio a sus amigos -me dijo mientras anotaba las últimas cifras en el expediente. -¿Pero qué pasó, no recuerdo cómo llegué aquí? -¿Si recuerda que estaba en el Pueblo de las Brujas verdad? -asentí- yo no sé para que se meten en esos lugares. Pues sus amigos dicen que lo encontraron como drogado, vagando por el pueblo, cabizbajo en silencio, y con las uñas sangrando ¿pues qué les hizo? En ese momento me percaté del vendaje en mis manos, aún con algo de sangre. Por más que intentaba recordar, no avanzaba más allá del momento en que mis manos estaban sobre las de la mujer de cabello oscuro. -¿Mis colegas, saben que estoy aquí? -Si, bueno, el menos uno de ellos, los demás tenían que regresar, ya tenían sus vuelos comprados. Pero no se preocupe, se hospeda en un hotel cercano, nos dejó su número para que le avisáramos cualquier cambio en su estado de salud. Ahorita no es hora de visitas, pero en un rato más seguro ya le contará detalles. Entró un médico que me estuvo lanzando infinidad de preguntas, y más allá de las que se relacionaban con mi estado de salud, todo lo que ocurrió al interior de esa casa lo tenía bloqueado. Me dijeron que estaba en un cuadro de desorientación aguda, tal vez inducido por algún alucinógeno. No sé por qué, pero preferí omitir la parte del ritual en la que intercambiábamos tragos. Tocaron la puerta casi como trámite, y entró Alfonso, el mismo que me despertó a media resaca para iniciar todo esto. -¡Pero que pinche sus nos diste! No te vuelvo a sacar sin correa, te pones muy mal -decía a modo de broma y no tanto-, oye si estás más solo que perro enfermo, no encontramos a quién avisarle. Así que por andar organizando la excursión todos decidieron que me quedara hasta que estuvieras bien. -Gracias Poncho -le dije apenado, como adolescente después de su primera borrachera-, no sé qué paso, en teoría me iban a predecir el futuro o algo así. -Entonces ¿no recuerdas qué paso? -negué con la cabeza- todo está muy raro, el chofer te encontró caminando como sonámbulo, escurriendo sangre de los dedos, te fue llevando hasta la camioneta y comenzó a llamarnos por teléfono a todos, teníamos que salir cuanto antes, “la cosa se había complicado” nos dijo. Pero no fue nada fácil, andábamos todos regados por el pueblo y se desató una polvareda que no dejaba ver ni avanzar, hasta el cielo se nubló; honestamente daba miedo. Pero cuando te vimos, ahí si que nos espantamos. No sé si antes no nos fijábamos tanto, o era la palidez pero hasta te veías más canoso, y luego con las manos sangrando, parece que te querían arrancar las uñas a mordidas. Algunos quisimos regresar para que nos explicaran qué te habían hecho, pero el chofer nos dijo que ni le buscáramos, que ya todo se había complicado y que era mejor ya no volver y agitar el avispero, “esa gente es muy vengativa” nos advirtió. La verdad no sé que les hicimos, pero en fin, el caso es que ya te trajimos al hospital y pues creo que los doctores ya te explicaron qué te paso. -Pues mas o menos -le respondí- tampoco tienen muy claro qué ocurrió, creen que me dieron algún alucinógeno, pero no se explican cómo se me cayeron las uñas a pedazos. Pero ya me quiero ir, ¿te han dicho si ya me pueden dar de alta? -Antes de entrar a verte, pasé a preguntar, y que mañana temprano, que quieren vigilarte una noche más. Yo creo que sólo nos quieren sacar dinero, pero pues también tenía reservada la habitación hasta mañana, así que ahorita en el hotel compro los boletos y nos vamos en cuanto amanezca. Por cierto, espero que tengas ahorros, porque esta va a ser la borrachera más cara de tu historia. Esto último me lo dijo mientras cerraba la puerta de la habitación al salir, y yo asentí resignado. Esa última noche en el hospital la pasé muy agitado, me sentía mareado, inestable, me esforzaba por recordar lo que había pasado, dormitaba y despertaba siempre al ver mis manos derretidas con la carne de ella. No supe en qué momento por fin el cansancio me venció, y dormí hasta que la enfermera acudió a tomar mis signos vitales y comenzar a desconectarme cables y mangueras. Llegó Poncho con el resto de las cosas que había dejado en el hotel y bajamos juntos a liquidar la cuenta. Se había equivocado en su pronóstico, no era la borrachera más cara de mi historia, eran varias de las mas caras juntas, pero en fin, esa factura era mi ingreso a la abstinencia total. Mientras íbamos camino al aeropuerto Poncho me preguntaba continuamente cómo me sentía, le mentía de manera optimista. -Pues yo si te veo jodido -afirmaba. Algo inexplicable me ocurría, sentía que pensaba con medio segundo de anticipación, o mi cuerpo actuaba con medio segundo de retraso, en especial la mirada. Sentía que con el rabillo del ojo arrastraba las sombras que las persona proyectaban a mi alrededor. Continuamente volteaba hacia ambos lados siguiendo esa oscuridad, pero nada, solo el pobre Poncho que deseaba dejarme en mi casa. Aterrizamos y recogimos las maletas, en el camino le dije que ya me sentía bien, y que me podría ir en taxi, al principio dudó, pero su cara era de alivio al aceptar tras mi insistencia. Sólo le pedí que me esperara para salir juntos, tenía que pasar al sanitario y no me sentía tan bien como para andar al pendiente de mis maletas y mi órgano reproductor. Mientras me lavaba las manos que aún me dolían bastante me observé en el espejo, no había caído en cuenta de que la última vez que vi mi reflejo fue en el Pueblo de las Brujas. Efectivamente me veía jodido, muy jodido, no sé de donde me salieron canas y la mirada algo extraña, como perdida en el vacío. El agua enjugaba el jabón de mis manos que aún sangraban un poco, y vi pasar tres pequeñas sombras corriendo por el suelo, brinque del susto, juraba que habían sido ratas, pero al voltear se habían ido, me mal sequé las manos tomé mas toallas de papel para limpiar la sangre que intermitentemente salía de las heridas y fui en búsqueda de Poncho. -Te tardaste muchísimo ¿qué te estaba haciendo la vasectomía o algo más sucio? -Mejor ni te cuento -le dije con una sonrisa forzada- este aeropuerto esta lleno de ratas. Salimos a la fila de los taxis, el salía antes que yo, le agradecí infinitamente. Mientras llegaba el siguiente auto buscaba ratas por todos lados. No sé si sea cierto o no, pero alguna vez escuché que el asiento detrás del piloto es el lugar más seguro en caso de un accidente automovilístico. Pero dentro de un taxi no es el lugar más cómodo ni el mas inusual para quien viaja solo. Desde esa perspectiva también puedes verte directamente en el espejo retrovisor. El tránsito tenía la densidad perenne de las tardes en las que los oficinistas peregrinan a sus casas. Me encontré la mirada y me fije en las ojeras que me escurrían, a mi alrededor se había nublado y una polvareda agitaba las calle por donde circulábamos. Me dejé ir en esa tormenta de arena no sé cuánto tiempo, pero el suficiente para que el chofer me repitiera varias veces en tono molesto que, ya habíamos llegado. Estaba asombrado prácticamente habíamos cruzado la ciudad y no me di cuenta, además el sol azotaba como de costumbre, sorprendido me bajé del auto. -¿Se siente bien? – me terminó de gritar el conductor. Tome mis cosas de la cajuela y me dirigí al acceso de la torre de departamentos donde vivía. La casa parecía cansada, como si rehusara ser vivida de nuevo – Anaclara Muro Luisa Josefina Hernández Detrás de la superficie blancala pared se pudrela vida crece en el abandonocomo si no hubiera pasado nada en mil añoscomo si el proceso de la evolución apenas comenzara:un ser diminuto que se retuerce en el aguase transformale crecen pataspulmonesse arrastra hacia la orillagritamientras tanto lo nuestrose estuvo acabandodesde que empezó Lo vivo siempre está muriendo Una casa para llorary que nadie te escucheuna casa para que no ahogues el grito con la manoy respires profundo mientras aprietas los dienteso corras al bañoo te congeles en un rincóny tratesinútilmentede calmarte Si te pudiera contestar por qué llorote diría que por el pastel que se hundió en el hornocuando tenía trece añosporque es imposible regresar el tiempomodificar la inflexión de la vozno hacer preguntas ridículasdecidir estar solaporque no entiendes ese momento de estar fuera de casasin entender por quéni cómo llegaste a esa camacon ese hombreque en realidad te odia Los once de la tribu – Juan Villoro Sorprendería a más de uno, el hecho de que un sibarita del lenguaje, un intelectual moderno, también tenga que ir a pepenar el pan. A diferencia de otras de sus facetas donde él es quien domina el escenario, en su versión de periodista debe descender del pedestal, arremangarse la camisa y hacer el trabajo. En este libro reúne varias de sus entrevistas y reportajes periodísticos, demostrando versatilidad, ya que va desde cubrir un concierto de los Rolling Stones, hasta el levantamiento Zapatista en Chiapas, así como una pleyade nacionales y extranjeras. Así que, es un libro que tiene para todos todos los gustos, casi como ir a comer tacos de guisado, el problema es querer probar todos demasiado rápido, hay algunos que no se llevan tan bien con otros, por lo que la lectura tiene altas y bajas. De acuerdo a los intereses de quien tome el libro encontrará cosas muy buenas y otras menos interesantes, cada nota o entrevista perfila una vertiente del escritor, incluso sus gustos y sinsabores. Hay algunas entrevistas en que las que se nota que juega de local y en otras de visitante. Este libro está más pensado para el seguidor de Juan Villoro que, a modo de fanático intenta descifrar secretos que solo él y otros miles conocerán. Por otro lado, es un viaje interesante a épocas prehistóricas sin internet ni teléfono celular. Frase robada – Ekaitz Cancela Las redes sociales han nacido para salvar al capitalismo, no para hundirlo. Bonus track Me encontré este insecto en la ventana, el cual honestamente no sé cuál es, pero se dejó tomar una buena foto. Los agaves de donde se saca mezcal y en algunos casos tequila; cuando no se cosechan para este fin y tras varios años, que pueden ser lustros o décadas; “avisan” que van a comenzar su proceso de muerte. El tallo floral que puede tomar semanas o meses en desarrollarse, requiere tanta energía que cuando florece, la planta termina por morir. Uno de los más viejos (cerca de diez años de edad) ya comenzó este proceso.ADD. En el maguey (de donde se saca el pulque) también existe y se llama quiote y es comestible. Pecora cuando se pone de insistente cuando tiene hambre y no deja de exigir atención, hasta que logra sacarme de la cama y servirle el desayuno a la princesa.

  18. -5

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 11.

    Relato – El espejo (2) | Poema – Misifustófeles, pero para los cuates, Misifú - Ana Basilio | Reseña – Rey Lepra - Bernardo Esquinca | Frase robada – Simón Angulo | Bonus track

  19. -6

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 9.

    Relato – Reabriendo twitter | Poema – Pretérito imperfecto - José Saed Ayub | Reseña – Una soledad demasiado ruidosa - Bahumil Hrabal | Frase robada – Bernardo Esquinca | Bonus track

  20. -7

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 8.

    Relato – Invasión extraterrestre – La comuna| Poema – ritual en un instante - Evangelina Vigil-Piñón | Reseña – El anticapitalista accidental - Fernando Díez Rodríguez| Frase robada – Juan Villoro | Bonus track

  21. -8

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 7.

    Relato – Invasión extraterrestre - Pernoctando | Poema – Danza para caballos (20) - Ana Estaregui | Reseña – El último neógrafo - Ignacio Álvarez | Frase robada – Fernando Díez Rodríguez | Bonus track

  22. -9

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 6.

    Relato – Invasión extraterrestre – La expulsión | Poema – Gatidad – José Emilio Pacheco | Reseña – El reino – Eugenia López | Frase robada – Bernard Mandeville | Bonus track Invasión extraterrestre – La expulsión El juicio de Ángela sucedió de manera ordinaria, como aquellos en los que seres humanos eran los imputados, prácticamente un trámite administrativo. De inmediato despidieron a Ángela y llegó una notificación a su teléfono móvil indicándole que el derecho a la educación de Valentina había sido suspendido, y tenía dos horas para retirarla del centro técnico-formativo al que había sido asignada apenas hace un año. El mundo se le desmoronaba otra vez, hacía de menos de dos años que Miguel, su esposo, había muerto. Se habían conocido en la universidad, eran profesores en el doctorado de física. Tuvieron a Valentina mientras estaban de sabático en Europa, cuando los tres tuvieron que regresar porque a la universidad le habían cancelado el financiamiento para proyectos “no indispensables”, que al inicio fueron todos los programas de maestría y doctorado, y a la postre prácticamente todas las licenciaturas, que fueron transformadas en cursos técnicos. Tras la llegada de los embajadores del universo; estaba prohibido llamarles aliens o extraterrestres, ya que se afectaban sus derechos y se consideraba peyorativo; arribaron miles de avances en todos los campos del conocimiento, forzando a los gobiernos a frenar los desarrollos tecnológicos y científicos humanos, para crear hordas de especialistas que ya sólo se encargarían de implementar y mantener toda esta nueva tecnología, lo cual en un inicio parecía (otra vez) la solución a todos los problemas de la humanidad, pero esta milagrosa respuesta, convirtió en pocos años, al grueso de la humanidad en empleados, atrofiados, que sólo seguían un manual de instrucciones, a los que pagaban lo mínimo indispensable para apenas sobrevivir. Excepto un pequeño grupo de líderes que nunca perdieron su estatus y se codeaban con estos embajadores del universo, quienes les proveían de minerales raros en la tierra y tecnologías impensables, este encuentro de élites rápidamente excluyó a todos los seres humanos de un trato digno. La humanidad dejó de serles útil, ya no eran requeridos para que les llenaran las bolsas de billetes comprando todos los productos que les ofrecían, ahora sus nuevos socios les proveían de riquezas que nunca imaginaron ver, así como respuesta a problemas de salud indisolubles e incluso la inmortalidad, pero no para todos, unos pocos habían regulado provechosamente estos acuerdos apenas llegaron a la tierra. Así, prácticamente todos estorbaban, afeaban con su pobreza el gran auge que el mundo experimentaba. Algunos lograron salvarse de la mendicidad. Ángela fue capacitada como nana de los embajadores del universo que, por sus condiciones físicas distintas requerían de personas con el mayor grado educativo. Para Miguel las cosas no fueron del mismo modo, no tuvo más remedio que aceptar un empleo de estibador en un centro de reciclaje de madera, que por algún interesante motivo los embajadores del universo la consideraban un festín que los volvía locos; aunque las cenas entre humanos y los siempre bien recibidos visitantes eran de los más extrañas, ya que regurgitaban ácidos volver predigerible e engullirla, comportamiento que creó tendencia. Habiendo tantas personas muriendo de hambre y sin empleo, las relaciones laborales se tornaron peligrosas. Un colega de Miguel amarró mal “accidentalmente”un cargamento con toneladas de madera, que al ser manipuladas con el montacargas, aplastaron a Miguel, dejándolo agonizar en uno de los cientos de hospitales que antes fuente de innovación, ahora apenas eran capaces de resolver problemas efímeros, por la falta de recursos técnicos y humanos. El puesto de Miguel fue ocupado inmediatamente por una persona que como otras tantas, habían sobornado a alguien para “liberar” un puesto de trabajo. Ahora sola Ángela se enfrentaba a una situación muy compleja, su sueldo era insuficiente para solventar lo elemental. Se había ganado el aprecio de la unipareja a la que había sido asignada para cuidarles el primogénito. En el mismo cuerpo el gameto masculino y femenino convivían, un organismo bicéfalo y bisexuado, la envidia de los aburridos e individualistas seres humanos. Extraoficialmente la unipareja de embajadores del universo le donaban un poco de esos minerales raros, que vendía en el mercado negro y lograba apenas salir adelante con sus gastos. A cambio de contarles, primero, sobre si vida previa, después sobre su campo científico y finalmente aspectos elementales de la historia de la humanidad, esto último considerado sedicioso. Los únicos que podían contar la historia de la humanidad eran las élites, siempre a través de la aprobación de una “Coaliación internacional de la verdad” que entregaba una versión muy modificada de lo que había sido la historia. Los embajadores del universo eran muy superiores, podían haber dominado y destruido a la humanidad, pero lo único que no podían hacer era volver al pasado, por lo tanto la historia del mundo fue de gran interés y valor para elles, un recurso finito que sólo podían detentar unos cuantos. Alguna de las conversaciones entre Ángela y su unipareja se filtraron entre las otras personas de servicio, por lo que había dado oportunidad a que alguien más ocupara el puesto de Ángela apenas se informara del delito que estaba cometiendo. Tras recoger a Valentina del centro técnico-formativo ya tenía una idea de lo que pasaría. En la puerta del minúsculo departamento, se le informaba que un juicio en su contra había sido ejecutado a través de una inteligencia universal; es decir una IA ultra-avanzada gracias a la nueva tecnología y abundancia de minerales raros; y había sido encontrada culpable, por lo que se le entregaba un código de acceso único para entrar al departamento y en menos de cinco minutos retirar sus pertenencias y retirarse, ya que la habitación sería asignada al cumplirse ese plazo. Los encuentros con los recién llegados podían ser violentos al forcejear por sus objetos de valor. Ángela no requería tanto tiempo, apenas contaba con algunas cosas, lo único que tomó fue un cuaderno, una pluma que se encontraban en la única mesa del departamento y lo poco que tenía de comida y agua. Al cerrar la puerta una notificación en el teléfono la invitaba a considerar alguna de las rutas de desalojo. Ya que permanecer en la calle era ilegal, y por lo tanto muy peligroso. Ángela y todos sabían que las rutas de evacuación eran un camino a la muerte, siempre había alguien con suficiente hambre para matar por las pertenencias de quienes las rondaban. Cuando regresaron del sabático a firmar su “renuncia voluntaria” en la universidad, la violencia en las calles era patente, acordaron que si algo pasaba, se reunirían en una zona alejada de la ciudad, a pocas horas en auto, un bosque donde acostumbraban acampar, en su momento pareció algo razonable, pero caminando con una niña de seis años, la idea era rotundamente fantasiosa. Gatidad – José Emilio Pacheco La gata entra en la sala en donde estamos reunidos. No es de Angora, no es persani de ninguna marca prestigiosa.Más bien exhibe en su gastada pelambretoda clase de cruces y bastardías. Pero tiene conciencia de ser gata.Por tantopasa revista a los presentes,nos echa en cara un juicio desdeñosoy se larga. No con la cola entre las patas: erguidacomo penacho o estandarte de guerra. Altivez, gatidad,ni el menor deseode congraciarse con nadie. Duró medio minuto el escrutinio.Dice la gata a quien entienda su lengua:Nunca dejes que nadie te desprecie. El reino – Eugenia López Los hongos son organismos muy interesantes, mas cercanos filogenéticamente a los seres humanos que a los vegetales. De algún modo son quienes dominan el universo, se encuentran desde las corrientes marinas hasta las uñas de los pies. Sin su invisible trabajo, la materia orgánica se acumularía de maneras monstruosas. Producen formas de lo más extrañas, y pueden matar, alimentar, curar y hacer alucinar. En este trabajo artístico y de divulgación Eugenia López comparte sus experiencias micófilas y nos deja conocer su interpretación sobre como interactúan función, apariencia o comportamiento biológico, con el resto del ecosistema; abriendo una rendija al interesante mundo de estos enigmáticos organismos. Lo hace de un modo que genera adicción a sus páginas y lo engalana por unas fotos muy bellas e interesantes. El viaje literario y botánico es en extenso placentero, ya sea para quienes apenas se están interesando por este universo, o para quienes hemos tenido algún acercamiento, es una gran lectura. Frase robada – Bernard Mandeville Los vicios privados hacen la prosperidad pública. Bonus track Pecora siempre al acecho, normalmente está muy pendiente de lo que ocurre, y se la pasa cuidándome, no me vaya perder. Tratando de regresar a entrenar como dios manda, no puede uno dejar de entrenar bien y comer mucho, porque el puerco cuerpo ya reclama. Uno de los restaruante en Malinalco, que estuvo muy rico, aunque la comida muy tardada, aunque creo que, es más las prisas de la gente que no sabe disfrutar el arte de la contemplación, como el señor en la silla.

  23. -10

    Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 5.

    Relato – Sobre cómo Mastodon arruinó mi vida laboral | Poema – Te espero – Mikeas Sánchez | Reseña – Radicales libres – Rosa Beltrán | Frase robada – Bohumil Hrabal | Bonus track Sobre cómo Mastodon arruinó mi vida (laboral) Es muy probable que tenga que explicar qué es Mastodon, voy a ser simplista, con los peligros que ello entraña, esta volátil definición sería: es como twitter (X, de verdad que mal nombre es ese de equis) pero sin intereses comerciales (o al menos no muy evidentes). Es decir es una red de micro blogueo, una red social pues. Cariñosamente yo la llamo mi red anti-social, ya que casi no cumple con los estereotipos de lo que hoy se considera social, aunque en el fondo he visto que puedes tener una comunidad más cohesiva, que en las redes más populares. Una vez establecida una noción general sobre qué es Mastodon, procederé a contar que trabajo en una fábrica de embutidos, una empresa familiar, que como todas, empezó con el esfuerzo y el entusiasmo de unos pocos, pero que hoy vende los mejores embutidos de México y emplea a un par de miles de empleados a lo largo del país. Periódicamente tengo reuniones con el dueño del negocio, en el organigrama tiene un nombre más rimbombante, donde se tocan los temas más variopintos. No sé cómo, pero en algún momento terminamos hablando de twitter y su padre putativo elon musk. Mi patrón estaba sorprendido de que yo no tuviera facebook, ni twitter, ni instagram, ni ninguna de las redes sociales que él identifica. No me quería enredar mucho, pero dios en su infinita maleficencia, dejó que le explicara en más detalle cómo funcionaba esta cosa de Mastodon. Lo estaba haciendo bastante mal, ya que se puso a revisar sus mensajes en el teléfono simulando gran interés en mi banal explicación. Pero cuando le mencioné que una característica era que cualquiera podría tener una “instancia”, algo así como una isla privada pero interconectada con otras islas, y así la fábrica de embutidos podría tener su propia red social, los ojos le brillaron, y yo caí redondito en la trampa, le alimenté el ego diciéndole que sería el elon musk de las salchichas y las mortadelas, hasta le escribí la propuesta de nombre para su cuenta @[email protected]. Cuando se enteró que además todos los trabajadores estarían en su red social, y que cualquier cosa que él escribiera sería leída por toda esa comunidad, ya estaba hablándole al de sistemas, que pensó que el patrón se había vuelto loco cuando le pidió un twitter para embutidos finos. Yo me sentía el estandarte de las redes sociales no privativas (osea sin dueño), y si cualquier papanatas quiere que le den el Nobel de la Paz, porque no lo pediría yo que llevaba al fediverso (si, nuevo término que implica todas esas islas que les comenté hace rato) los chorizos y longanizas más sabrosos de todo México. Después de unos meses ya estábamos, yo muy apuntado en el equipo, bien embarcados con un servidor de lujo y con todos los aspectos técnicos casi listos para lanzar la instancia en Mastodon @embutidosfinos.mx. Se les hizo llegar un correo corporativo con bombo y platillo, presentación en la sala de juntas al consejo directivo, y muchos aplausos por ser los primeros embutidos en México en tener su propia red social. Desde el día uno las cosas agarraron velocidad, todo mundo estaba entusiasmado, nadie sabía muy bien cómo funcionaba el elefante ese; no había poder humano que les hiciera recordar Mastodon; así que usaban el elefante de modos muy eclécticos, ya sea como twitter, como facebook, como instagram, hasta como whatsapp. Honestamente bastante caótico, cada mañana que encendía la computadora la línea de tiempo local tenía miles, literalmente miles de mensajes, así que la ignoré, y dado que yo tenía mi cuenta en otro servidor comencé a ponerle menos atención. El que no lo ignoró fue mi patrón, Don Embutidos finos, que más confundido que nadie, un día compartió el contrato del nuevo mando medio de logística que habían reclutado de una empresa gringa en la cuenta @[email protected], en lugar de hacerlo por whatsapp al director de recursos humanos, pero también a quién se le ocurre andar compartiendo un documento así por eso medios, pero en fin. Tal contrato mostraba por primera vez los grandes beneficios que tenía un grupo selecto de allegados: oficina con ventana, secretaria, camioneta, y un sueldo bestialmente alto con buenas primas por ventas globales. Para todo el precariado no era ningún secreto, entendían el capitalismo mejor que el patrón y solo generó chistes y bromas. Quienes izaron la bandera heráldica fueron los mandos medios de otras áreas de la empresa, a quienes no les gustó la idea de que el recién llegado tuviera más privilegios que otros más cercanos y añejados en @embutidosfinos.mx. Todos ellos sin entender claramente lo que ocurría, compartían sus contratos, aparentemente solo entre ellos, pero su analfabetismo tecnológico no les permitió darse cuenta de que, los miles de empleados estaban presenciando en tiempo real un episodio de juego de tronos, pero con jamón de pavo y queso Oaxaca. Las cosas se salieron de control cuando los improperios contra el mero patrón de ser esporádicos ya eran la norma. En la oficina estaba el abogado, el responsable de sistemas, el dueño y yo. Para no hacerles el cuento largo me culpaban de todo, ellos juraban que eso seguramente nunca la había pasado a elon musk; y palabras más, palabras menos necesitaban un chivo expiatorio, y por supuesto una solución a todo este enredo. Pues a grandes males, grandes soluciones, a la chingada la soberanía tecnológica, y las sociedades de pares, cerramos el servidor y listo. Honestamente pensé que todo el problema habría terminado ahí, total se iban a quejar de las hermosas amistades que habían hecho, obvio no falto quién consiguió pareja, pero pues ya se regresarían a sus redes y listo. A mí me fue bien, me pusieron un acta administrativa y ya, nunca supe bien el motivo, pero eso me saco por andar de opinador sin causa. A las tres semanas se desató la maldad. Pues a la mayoría de los trabajadores les había encantado la idea de tener su propia red social, salvo el drama de los directivos, los demás se la llevaban bien, organizaron cajas de ahorro virtuales, colectas de ayuda a colegas en desgracia, competencias deportivas, pero siempre algo temerosos porque sabían que @[email protected] podría estar viendo sus conversaciones, como cualquier otra persona. Así que cuando cerraron el servidor, le preguntaron al de sistemas si era muy costoso hacer lo que había hecho el dueño. Al de sistemas le encanta el relajo y el chisme, así que se buscó unas computadoras de segunda mano y ya sabiendo cómo funcionaba el asunto montaron su propia instancia de Mastodon, por sorteo el nombre que ganó fue @embutidoñero.soy. La gente estaba encantada, y la instancia tenía una actividad muy intensa y divertida, tanto que, cuando los directivos que se encargaron de montar la ahora conocida #rabietadericos se enteraron de la existencia de esta instancia y de lo que ahí ocurría, que se rumoraba incluía opiniones soeces y jocosas sobre sus jefes, quisieron infiltrarse, pero ya habían aprendido la lección y les negaron el registro y todas las cuentas estaban privadas por defecto. Tal grado de insurrección fue comunicado al presidente de la compañía, que denostó el movimiento y se sentía muy alejado del proletariado con su nueva cuenta en Truth social. Lo que ya no le gustó fue recibir una notificación de que gracias a la nueva instancia, crearon una cuenta llamada @sindicato@embutidoñero.soy que ayudo a gestionar la formación del primer sindicato en la empresa, e instaban a las autoridades para dialogar sobre una mejoría en las condiciones laborales de la empresa. Nuevamente necesitaban un chivo expiatorio, y ¿adivinen quién fue?, me inculparon de organizar el sindicato y por su puesto fui despedido. Hasta donde me enteré, las cosas se pusieron bravas, tanto que el presidente está pensando en vender la empresa y retirarse, ya le faltaba poco y no tiene a quién heredarla. Lo que realmente me entristece es que al no pertenecer a la compañía mi cuenta fue suspendida, ni modo, honestamente se había puesto bien interesante. Llevo unos meses desempleado, y cuando me preguntan qué es eso de Mastodon, ya no sé si reír o llorar. (el uso inadecuado de algunas minúsculas en lugar de mayúsculas es intencional) Te espero – Mikeas Sánchez Te espero amado mío, en esta mi alcoba creada para los pájaros en esta mi soledad que se expande cuando te marchas ¡Ven! Acerca tu oscuridad a mi alma, acerca tu dulzura a mi corazón. No me olvides nahual de la montaña, espíritu florecido del bosque. ¡Ven! Enséñame el animal que te habita, tu espíritu de la noche, acerca tu nahual al mío, dancemos durante el sueño, atraviesa el inframundo, hasta encontrarnos. Radicales libres – Rosa Beltrán Nuevamente otra novela autobiográfica en la que se cuenta cómo la autora pierde a su madre, quien la abandona para seguir su sueño, y esto lo utiliza como argumento circular para contar su devenir y el de su hija (a quien cuenta la historia). Eso la envuelve de mucha nostalgia, y tiene la capacidad de escribir de manera inteligente y ocurrente, esto se ensalza por la narración en audiolibro de Tiaré Scanda, una actriz de malas telenovelas, que veía en mi adolescencia, pero que en esta ocasión, verdaderamente haca un gran trabajo dándole valor a la historia. Regresando al libro, es una historia interesante, divertida, con sus picos y sus valles, que la hacen adictiva, hasta que llega al tercio final, dónde la historia se desquebraja terriblemente, ella y su hija se dan ínfulas de feministas avanzadas, pero terminan perpetuando un pseudo-empoderamiento clasemediero, bien cargado de malinchismo pueril y superficial que, no niega su aspiracional colonialismo. Defendiendo a su pareja que en México pasa por un gran hombre, pero que en su natal Alemania le hubieran sacado hasta la risa por no hacerse cargo adecuadamente de una hija a la que abandona. Para mí, fue un libro agridulce, ya que se perfilaba para ser una gran revelación, pero se desinfló, ni modo, igual venderá miles de copias entre sus abanderadas. Frase robada – Bohumil Hrabal tengo la cartera llena de libros de los cuales espero que por la noche me expliquen algo sobre mí mismo, algo que todavía desconozco Bonus track La cara de Pecora, sorprendida de mi comportamiento buscando la típica foto de influencer, traicionando mi vida ascética Segundos antes de ser atacado por un alebrije satánico. Macchiato en modo bucólico, hay quien dice que ya se ve mayor, será el sereno es un guapo.

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Fastidiado de las restricciones en las redes sociales, y sin postureo ni opiniones al vapor, aquí les dejo Mi Perra Vida

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