EPISODE · May 13, 2025 · 3 MIN
No eres de Benidorm si...no conoces la cara y cruz de esta historia.
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
No eres de Benidorm si...no conoces la cara y cruz de esta historia. —Sobre Benidorm se alza una cruz. No es una cualquiera. Está a doscientos treinta y siete metros de altura, visible de día y de noche. Brilla con luz propia, literalmente. Muchos la suben a pie, otros en su vehículo hasta donde se puede. Pero lo que pocos saben es que esa cruz no siempre estuvo ahí. Y mucho menos que su origen tiene que ver con... el bikini. —A finales de mil novecientos sesenta y uno, en plena dictadura, el fervor religioso se mezcló con el turismo incipiente. Algunos veían en las extranjeras que tomaban el sol en las playas un escándalo moral. En medio de esa tensión, el cura Salvador Perona organizó una “Santa Misión”. Una semana de rezos, procesiones, charlas, confesiones... y como colofón, la plantación de una gran cruz. Una cruz cargada a hombros por los vecinos, desde la iglesia hasta lo alto de la Sierra Helada. —Pero todo esto tenía una intención mucho más política de lo que parece. El obispo de Orihuela-Alicante había amenazado al alcalde Pedro Zaragoza con declarar Benidorm un “infierno” por permitir los bikinis. Y esa era una amenaza muy real. Pero Zaragoza no se dejó intimidar. Movió ficha. Convenció al mismísimo Franco de que el turismo traía divisas. Que valía la pena mirar hacia otro lado. Y Franco, o mejor dicho, su esposa Carmen Polo, le dio el visto bueno visitando la ciudad. —Así, en un equilibrio precario entre pecado y negocio, se plantó aquella cruz. Un símbolo de perdón, decían. Una prueba de que el pueblo seguía siendo cristiano. Que el problema no eran ellos, sino las costumbres de fuera. Por eso la procesión atravesó, intencionadamente, la “zona frívola” de Benidorm, esas avenidas que bordean la playa de Levante. Y por eso la subida fue dura, a hombros, por un terreno que aún no tenía carretera. —Las imágenes de aquel “Día del Perdón” se difundieron por todo el país a través del NO-DO. Benidorm quedaba limpio ante los ojos de la Iglesia, pero también resultaba exótico, emocionante, moderno... perfecto para atraer turistas. Una jugada maestra: penitencia y propaganda al mismo tiempo. —Hoy esa cruz sigue en pie. Ya no es de madera, ahora es de metal y resplandece con luz artificial. Ya no se recuerda como una muestra de fe, sino como un mirador espectacular. Un selfie con historia. Ha perdido su carga religiosa pero ha ganado atractivo turístico. La ciudad que tenía 3.000 habitantes cuando se plantó, ahora supera los 70.000. El turismo lo cambió todo. —Y sin embargo, ahí sigue. Firme. Como un recordatorio mudo de aquella batalla silenciosa entre sotanas y bañadores. Entre rosarios y bikinis. Una cruz que subraya una paradoja: en Benidorm, para poder pecar... primero hubo que rezar. Hoy en día, es otro de los lugares más Instagrameables de Benidorm. Y el enclave desde donde se ruedan innumerables spots y películas. No eres de Benidorm si...no has subido a la famosa Cruz. Perderse esta maravillosa ruta sí que sería un pecado.
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