EPISODE · May 16, 2025 · 3 MIN
No eres de Benidorm si…no recuerdas la Segunda Carta Puebla de Beatriz Fajardo de 1666.
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
- No eres de Benidorm si…no recuerdas la Segunda Carta Puebla de Beatriz Fajardo de 1666. — Imagina un pequeño pueblo costero, casi muerto. Salvo por una pequeña guarnición que aún vigilaba su castillo. Las casas, vacías. Los campos, resecos. Las calles, sin alma. Así estaba Benidorm a mediados del siglo XVII: reducido a ruinas, a escombros de lo que una vez fue. Absorbido por el término de Polop, borrado de los mapas y de la memoria. Olvidado… hasta que apareció una mujer. — Ella era Beatriz Fajardo de Mendoza. Noble de cuna, poderosa por derecho, Nació en la ciudad de Murcia el veintiocho de marzo de mil seiscientos diecinueve, en el seno de una familia que dominaba extensos señoríos: Montealegre, Polop y también aquel rincón costero llamado Benidorm. La última hija. La menor. Pero las circunstancias la convirtieron en heredera única. Su padre murió. Sus hermanos, también. Uno tras otro. La fortuna, el poder y los territorios recayeron en sus manos. Y Beatriz no dudó. — Con apenas veinte años, se casó con José Rodrigo Puigmarín y Dávalos. Aquel matrimonio no fue una historia de amor de novela. Fue una alianza estratégica que consolidó todavía más su influencia en el Reino de Valencia. Pero Beatriz no se conformó con administrar las rentas. No era una señora de cortijo. Ella tenía una visión. Donde otros solo veían tierras yermas, ella imaginó un renacer. — El uno de abril de mil seiscientos sesenta y seis, firmó la creación del Riego Mayor del Alfás. Una infraestructura colosal para la época: una acequia de grandes dimensiones, diseñada para arrastrar las aguas desde el barranco de Polop hasta las sedientas tierras de Benidorm. Agua, ese recurso vital que marcaría la diferencia entre la vida y el abandono. — La Séquia Mare, como la llamaban, no solo abastecía a Benidorm. También regaba las tierras de Polop, La Nucía y l'Alfàs del Pi. Su construcción permitió el riego de cultivos, el funcionamiento de los molinos harineros y el suministro de cisternas, convirtiéndose en la base de la economía local. Esta red de acequias, que 345 años después de su construcción todavía continúa funcionando, permitió un notable aumento de la producción agrícola y de la población asentada en esta zona. — Apenas siete días después, el ocho de abril del mismo año, Beatriz firmó un segundo documento crucial: la segunda Carta Puebla de Benidorm. No era la primera en la historia, pero sí la definitiva. Con ella, devolvió al pueblo su autonomía, su independencia frente al dominio de Polop. No fue un simple acto administrativo. Fue una maniobra de poder. Y una advertencia muy clara: Benidorm volvía a nacer, pero bajo sus condiciones. — Aquella segunda Carta Puebla no solo delimitaba términos municipales. Establecía normas precisas sobre la distribución de las tierras, el uso del agua y la organización de la vida local. Era un auténtico manual para repoblar y reactivar un territorio que llevaba décadas agonizando. Pero no nos engañemos: aquel renacimiento también implicaba control. Beatriz era quien movía los hilos. — No necesitó levantar ejércitos. No empuñó la espada. Gobernó a través de documentos, con la autoridad de la legalidad. Su poder fue discreto, pero implacable. Y su nombre quedó inscrito en la historia como la “segunda fundadora” de Benidorm. Aunque, si lo pensamos bien, quizá fue algo más: su arquitecta, su estratega… o tal vez su auténtica dueña. — Hoy en día, su legado sigue presente. Instituciones educativas o un instituto en Benidorm que lleva su nombre. Pero detrás de cada homenaje, late la sombra de aquella mujer, que resucitó Benidorm. No movida por el altruismo. Ni por la compasión. Lo hizo porque comprendió algo que los demás ignoraban: el verdadero poder se ejerce en los márgenes, en esos espacios donde nadie más quiere mirar. — Y así fue como, de las ruinas de un pueblo casi olvidado, Beatriz Fajardo de Mendoza levantó su propio legado. No un castillo de piedra. Sino uno de voluntad, inteligencia y ambición. Porque Benidorm no fue un simple regalo de la historia. Fue una conquista. Silenciosa. Persistente. No eres de Benidorm si…no sabes que nuestra querida ciudad actual, tan moderna, no existiría si Beatriz Fajardo no hubiera intervenido.
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