EPISODE · Jan 15, 2026 · 6 MIN
Pensar en capas, imprimir en geometría: por qué trabajo con arte impreso
from MESCO's Layers and Lines · host Marianne Sucre
Quiero empezar diciendo algo importante.También he pintado con óleo.He trabajado con acrílico, con lápiz, con pastel, con papel y con tela. Conozco el peso del pigmento, el tiempo de secado, la resistencia de una superficie, la fricción del trazo cuando la mano insiste. Nada de eso me es ajeno. Forma parte de mi cuerpo de trabajo y de mi formación como artista.Por eso, cuando mi lenguaje se volvió claramente abstracto y geométrico, el paso hacia lo digital y la impresión no fue una decisión estratégica ni un gesto conceptual pensado desde afuera. Fue algo mucho más simple y honesto: fue natural.No sentí que estaba abandonando un medio para adoptar otro.Sentí que estaba encontrando el soporte que mejor respondía a lo que mi obra necesitaba decir.Para mí, la pantalla funciona como un canvas contemporáneo.No es un atajo. No es una simulación de la pintura o del dibujo. Es un espacio de trabajo con reglas propias, con límites claros y con posibilidades específicas.En la pantalla construyo forma, color, ritmo y tensión con la misma atención con la que antes trabajaba sobre papel o tela. La diferencia no está en la profundidad del pensamiento, sino en el tipo de decisiones que el medio exige.La impresión digital me permite algo fundamental para mi lenguaje visual: exactitud y limpieza.En una obra donde la geometría, las relaciones cromáticas y los equilibrios espaciales son centrales, la precisión no es un lujo técnico. Es una necesidad expresiva.Cada línea, cada borde, cada campo de color tiene que existir con claridad absoluta para que la obra funcione. Lo digital, en ese sentido, no empobrece la experiencia visual. La afina. La vuelve más consciente.Existe todavía una confusión muy común: pensar que la obra impresa es siempre una reproducción de algo que ocurrió antes en otro soporte. En mi caso —y en el de muchos artistas a lo largo de la historia— la obra nace para ser impresa.No hay un “original” previo que luego se multiplica.La impresión es el medio final. No es el residuo de otro proceso.Esta distinción es clave. Porque la gráfica, la estampa y los procesos de impresión han sido, durante siglos, espacios de experimentación radical en el arte. No son una práctica menor ni secundaria. Han sido uno de los grandes laboratorios de la modernidad.Hace poco visité en el Kunsthaus Zürich la exposición Making an Impression! Masterpieces on Paper from Albrecht Dürer to Dieter Roth. Una muestra que recorre seis siglos de obra impresa. Más de ochenta trabajos, desde grabados delicadísimos hasta formatos monumentales, ponen en primer plano la riqueza y la complejidad de la impresión como medio artístico.La exposición deja algo muy claro: la impresión no ha sido solo un vehículo de difusión. Ha sido un espacio donde se han redefinido ideas fundamentales sobre originalidad, multiplicidad, autoría y percepción. Desde Durero hasta Dieter Roth, la obra sobre papel ha sido un territorio de pensamiento, no solo de técnica.Mi práctica se inscribe conscientemente en esa genealogía.Muchos de los artistas que más han influido en mi manera de pensar el arte trabajaron intensamente con medios impresos. Victor Vasarely, figura central del arte óptico, entendió la litografía como una extensión natural de su investigación sobre percepción, serialidad y color.Man Ray exploró la impresión desde una lógica experimental, borrando los límites entre fotografía, gráfica y objeto. Robert Rauschenberg utilizó la serigrafía para superponer imágenes, gestos pictóricos y capas conceptuales en una misma superficie.Lygia Clark pensó la multiplicidad como parte de una experiencia sensorial y relacional. Y Gego trabajó con papel, impresión y seriación desde una sensibilidad profundamente estructural, donde la línea y el espacio eran protagonistas.En todos estos casos, la impresión no fue un recurso auxiliar. Fue un lenguaje central.Mi trabajo abstracto geométrico exige un alto grado de control formal. Las relaciones entre colores complementarios, la vibración óptica, la tensión entre figura y fondo y la estructura interna de cada composición dependen de decisiones extremadamente precisas.La impresión digital me permite mantener esa coherencia desde el inicio del proceso hasta la obra final. No se trata de eliminar el gesto. Se trata de desplazarlo. El gesto está en la decisión, en la construcción, en la relación entre elementos.La emoción no desaparece.Se organiza.Mis obras se producen en ediciones de cinco ejemplares, más dos pruebas de artista. Esta decisión es fundamental para mí. A diferencia de muchos usos contemporáneos de lo impreso —donde la multiplicación infinita diluye el valor y la responsabilidad— trabajo con una lógica clara de edición, cuidado y control.Cada impresión es supervisada, firmada y numerada. Cada obra mantiene una relación directa con mi práctica y con la persona que la colecciona. La edición no resta valor. Define un marco ético y artístico.No creo en jerarquías rígidas entre medios. Creo en coherencia.Mi obra encontró en lo digital y en la impresión el espacio donde podía desarrollarse con mayor claridad, fidelidad y honestidad.Así como otros artistas eligieron el óleo, el grabado, la fotografía o la serigrafía para pensar su tiempo, yo trabajo desde un medio que dialoga con el nuestro: preciso, estructurado, reproducible y consciente.La impresión, para mí, no es una concesión contemporánea.Es una tradición viva.Y es, hoy, el lugar natural de mi trabajo.Con cariño,Marianne This is a public episode. 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