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EPISODE · Oct 29, 2017 · 9 MIN

Si el necesitado grita, Dios lo escucha

from Podcast de Homilias para los sencillos

Dos cosas distinguen al cristianismo que pedía Jesús. Las sabemos: el amor a Dios y al prójimo. Pero, ¿las cumplimos? En este domingo la liturgia te invita a hacer un serio examen de conciencia. De tu respuesta depende tu eternidad… al menos, tal como presentó Jesucristo el examen final para todos (lo llamamos “juicio final”). ¿Cómo tratas al prójimo? El Antiguo Testamento manda amar al prójimo como a ti mismo. El Nuevo Testamento dice: “Ámense unos a otros como yo os he amado”. De todas formas creo que si cumpliéramos bien el Antiguo Testamento, estaríamos en camino de salvación. El libro del Éxodo nos concreta hoy algunas cosas que podríamos leer así: + Tú estuviste desterrado en Egipto… trata bien a todo extranjero. + Las viudas y los huérfanos son los privilegiados de Dios. Sé caritativo con ellos porque si ellos gritan yo respondo por ellos. + Si prestas dinero a un necesitado no se te ocurra negociar con su pobreza. La usura es un pecado grave. + Si te dejan algo en prenda, devuélvelo a su tiempo. ¿Sabes por qué? Porque tú no tienes un Dios único para ti y el que te creó a ti y te salvó a ti, no ha olvidado a todos los demás. Somos comunión y todos alabamos y celebramos al único Dios que nos ha creado a todos. Me encanta este salmo (17). Fíjate con cuántos títulos alaba a Dios: + Mi fortaleza: Dios es como un castillo en que me cobijo. + Mi Roca: Firmeza frente al mar. + Mi Alcázar: cobijo frente a cualquier enemigo. + Mi Libertador: el único que me salva. + Dios mío: mi Creador y Señor. + Peña mía: inconmovible frente a las dificultades. + Refugio: en el que me escondo en el peligro. + Escudo: defensor frente a las agresiones. + Fuerza salvadora: como un ejército de salvación. + Mi baluarte… ¿qué más puedo pensar de la gloria de Dios? Después de todas estas alabanzas y actos de fe no nos queda más que repetir: “Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza… Viva el Señor, bendita sea mi Roca”. La respuesta de Dios Es Dios quien en el versículo aleluyático te da la respuesta a tu obediencia y fidelidad: “El que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a Él”. Qué felicidad mayor puede haber que el saber que Dios te paga amor con amor… Pero amor con creces. El regalo de evangelizar Si es caridad con el prójimo atenderle como nos ha dicho el Éxodo, más hermoso es llevar el Evangelio, es decir, la salvación, a quienes no la conocen. Este es el caso de los Tesalonicenses que evangelizaban de tal forma que Pablo pudo decir “vuestra fe en Dios ha corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo abandonando los ídolos os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero”. Gracias al esfuerzo de los Tesalonicenses creció el mensaje de Dios vivo. La plenitud del amor Para dejar mal a Jesús en público le hacen una pregunta los fariseos: “¿Cuál es el mandamiento principal de la ley?” Ellos sabían muy bien que entre los cientos de preceptos el primero siempre estuvo claro en la ley de Dios: Se lo recordó Jesús: “‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser’. Este mandamiento es el principal y primero”. A nosotros, que nos hemos hecho de cabeza democrática, nos parece que Dios debe ser amado a nuestra manera y según nuestros personales criterios y medida. Pero ésta, ni es ni puede ser, nuestra fe. Dios está el primero de todos, sin condiciones, y siempre. ¿Es así la verdad de Dios en nuestra vida o somos de los que han apartado a Dios de la vida práctica y concreta, personal nuestra, e incluso de la sociedad en que vivimos? Porque la realidad es que Dios no solo no es amado sobre todas las cosas sino que ha sido marginado de todas las cosas. A nuestra sociedad le estorba Dios… Pero nosotros hemos puesto a Dios sobre todas las cosas y sobre nosotros mismos: ¡porque es el primero en todo! José Ignacio Alemany Grau, obispo

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