EPISODE · Aug 17, 2024 · 6 MIN
Visitar la Morgue de París en el siglo 18 el parque temático de los muertos
from PODCAST DE TIM BENIYORK EN BENIDORM
Visitar la Morgue de París en el siglo 18 el parque temático de los muertos Niños y niñas…familias, abuelos, novios, criadas, ricos o transeúntes… Gentes de todo tipo y condición convirtieron la Morgue de París del siglo 19 en un parque temático de los muertos. En la Francia del siglo 18, La Morgue comenzó a ser el lugar donde guardaban los cuerpos hallados en las calles o en los ríos. A la espera de que sus familiares los reconociesen. Ese lugar, no era un espacio cerrado y de estricto acceso sino abierto. Situado junto a Notre-Dame, recibió más visitas que la propia catedral. Y figuró en todas las guías y recorridos. De hecho, cuando no habían cuerpos en descomposición, parte de su público, marchaba decepcionado. Los cadáveres se mostraban en vitrinas de cristal en diferentes estancias. Muchos casi desnudos, parcialmente cubiertos. Fueron la atracción para una multitud fascinada ante semejante puesta en escena. Algunos días llegaron a congregarse allí hasta 40.000 personas. Para mantener a los cadáveres en buen estado, los rociaban con agua fría, especialmente en el rostro. Falta les hacía. Según algunas descripciones de la época, había rostros brutales, con cortes, hinchados, bocas anchas… Labios separados, abiertos por última vez para proferir el grito final. Ojos muertos, empapados, sonrisas espantosas. Mujeres, jóvenes, ancianos, hombres… Algunos cadáveres se habían remojado durante un día, otros una semana. Estaban tal cual, les podía faltar un brazo o una pierna. Queda claro que no era un espectáculo para todos los públicos. Con la Revolución industrial muchas personas pasaron del campo a las grandes ciudades, como París. Encontraron trabajo en fábricas o en la construcción, bajo jornadas agotadoras. Las medidas de seguridad eran mínimas y los accidentes numerosos. De ahí surgió la idea de mostrar sus restos en las vitrinas, para que alguien los reconociera. Era como la ‘función social’ de la Morgue. Un propósito loable pero que terminaría convirtiéndose en un parque temático de la muerte. Con su público, vendedores de refrescos, de comida y hasta de recuerdos. Los cuerpos sin identificar se mostraban durante tres días, hasta 1882. Desde esa fecha, aparecieron unos frigoríficos especiales. Y permitieron exponer los cuerpos durante un tiempo indefinido. Cada cadáver recibía un número y se exponía sobre una mesa inclinada, para facilitar la exhibición al público. Los intelectuales decían que la gente acudía a la Morgue a ver a los ahogados con la misma facilidad y gusto con la que disfrutaban de un desfile de moda. De hecho, las ropas de los fallecidos colgaban en un gancho, como trajes en un escaparate. El gran Émile Zola criticó esta exposición pública de los muertos. La gente busca emociones espantosas, bromean, aplauden o silban, como en el teatro. Si habían contemplado restos lo bastante decrépitos, el público salía contento del espectáculo. Era una muestra gratuita, al alcance de todos los bolsillos. Abierta todos los días. A veces, la Morgue era el acto final de la función. Donde contemplar a los famosos condenados por ejecución o asesinato que habían llenado las páginas de los periódicos. En esos casos, la muchedumbre se agolpaba entusiasmada para ver al famoso ejecutado. Por ejemplo, el 8 de noviembre de 1876 hallaron dos paquetes en el Sena. Contenían los restos del cuerpo descuartizado de una mujer. Fue noticia inmediatamente. El cuerpo fue reconstruido y se le colocó la cabeza de la asesinada. El 14 de noviembre, los 40.000 visitantes de media que recibía la Morgue, se tornaron en 68.000. El propio Charles Dickens, entre otros, era un visitante habitual a este lugar. Las críticas hacia esta invasión de la intimidad crecieron. La morgue de París cerró sus puertas en marzo de 1907. Desde tiempos inmemoriales, los sacrificios humanos, el circo romano, la guillotina o las ejecuciones públicas… Han hecho que la muerte haya sido un negocio y un espectáculo para muchos. En su lugar, no tardó en llegar otro espectáculo para entretener al público…el cine.
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