PODCAST · religion
Audios IDI
by Adan Francisco Rojas Zamora
Audios realizados para el desarrollo de la Iglesia de Dios (Israelita) y cualquier oyente que nos honre escuchando lo que queremos compartir.
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Los 2520 días
El castigo de los siete tiempos proféticos anunciado por Moisés en el libro de Levítico: representa una línea cronológica de dos mil quinientos veinte años de aflicción para el pueblo de Israel debido a su continua desobediencia. Al equivaler cada tiempo a un año profético de trescientos sesenta días: el periodo inició formalmente en el año seiscientos seis antes de nuestra era: con el sitio de Jerusalén a manos de Nabucodonosor. Durante este largo cautiverio: la tierra de Israel estuvo sujeta al dominio sucesivo de grandes imperios: desde los caldeos y romanos: hasta los británicos. Esta sentencia concluyó con exactitud en el año de mil novecientos catorce: fecha que marcó el fin de los tiempos de la aflicción y el inicio de la primera guerra mundial: abriendo las puertas para la declaración Balfour y el posterior retorno de los judíos a su tierra en mil novecientos cuarenta y ocho. Hoy: la restauración de Israel es una gran enseñanza para la Iglesia: pues hemos sido evangelizados de igual manera. Dios nos llama a obrar con una fe viva y constante: guardando sus mandamientos para no perder el lugar que por gracia nos ha sido concedido.
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499
Los 2300 días
La profecía de los dos mil trescientos días de Daniel: que representan días literales de veinticuatro horas: nos revela el absoluto control de Dios sobre el surgimiento y la caída de los imperios humanos. Esta visión describe la transición del Imperio Medo-Persa: simbolizado por un carnero: hacia el Imperio Griego: representado por un macho cabrío cuya fuerza radicaba en su primer rey: Alejandro Magno. Al morir Alejandro en su momento de mayor fuerza: su reino se dividió entre sus cuatro generales: surgiendo de Seleuco un cuerno pequeño que la historia identifica como Antíoco Epífanes. Este gobernante inicuo se engrandeció contra el pueblo de Dios: persiguiendo a sus hombres ilustres y quitando el continuo sacrificio en el templo. Los dos mil trescientos días abarcan exactamente seis años: cuatro meses y veinte días: periodo que comenzó en el año ciento cuarenta y dos de la era seléucida y culminó en el ciento cuarenta y ocho: cuando el perseguidor murió y el santuario fue finalmente purificado. Este cumplimiento histórico nos invita a caminar con fe: seguros de que nuestro Dios conoce el final de los tiempos y que nuestro galardón viene pronto.
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Las setenta semanas.
La profecía de las setenta semanas de Daniel: determina un periodo exacto de cuatrocientos noventa años para el plan de redención de Dios: aplicando la regla de un día por año. Este tiempo sagrado comenzó en el año cuatrocientos cincuenta y siete antes de nuestra era: con el tercer decreto del rey Artajerjes para restaurar Jerusalén: y se divide en tres etapas fundamentales. La primera etapa abarca siete semanas: es decir, cuarenta y nueve años: un tiempo en el que la plaza y el muro de la ciudad fueron reedificados en medio de grandes angustias y oposición. La segunda etapa suma sesenta y dos semanas más: equivalentes a cuatrocientos treinta y cuatro años: concluyendo exactamente en el año veintiséis de nuestra era. Este momento crucial marcó la aparición pública de nuestro Señor Jesús: quien al ser bautizado fue ungido por el Espíritu Santo para iniciar su obra salvadora. Finalmente: la última semana se divide en dos lapsos de tres años y medio. En la primera mitad: Cristo predicó el evangelio: y entregó su vida en el madero: haciendo cesar de forma definitiva el valor de los sacrificios antiguos. La profecía cierra en el año treinta y tres: cuando se sella la visión con el martirio de Esteban. Esta maravillosa línea del tiempo nos demuestra la absoluta exactitud de la palabra de Dios: y nos invita a valorar el sacrificio del Mesías: cuyo evangelio sigue iluminando nuestro camino.
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Las velas o vigilias.
Para Dios, la noche no es tiempo muerto: es un escenario de diseño divino. En la Escritura, la oscuridad no se medía en horas comunes, sino en vigilias o velas: estaciones espirituales de alerta, juicio y visitación. En el Antiguo Testamento, la noche se dividía en tres velas. La primera traía la transición: la segunda resguardaba el punto más profundo de las tinieblas. Recuerda: á la medianoche Jehová hirió á todo primogénito en la tierra de Egipto. Y en la tercera vela, la de la mañana, Dios confundió á los egipcios y dió la victoria á su pueblo. Por eso clamaban los profetas: [Lamentaciones capítulo 2, versículo 19.] Levántate, da voces en la noche, en el principio de las velas: derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor: alza tus manos á él por la vida de tus pequeñitos, que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles. Bajo el dominio romano, el tiempo se reorganizó en cuatro velas de tres horas cada una. Jesús mismo vivió sus momentos más cruciales en esta secuencia exacta: desde la cena al anochecer, la agonía en Getsemaní, hasta el arresto y las negaciones antes del alba. Él conocía el peso espiritual de cada vela, y por eso nos dejó una advertencia eterna: [Marcos capítulo 13, versículo 35.] Velad pues, porque no sabéis cuándo el señor de la casa vendrá: si á la tarde, ó á la media noche, ó al canto del gallo, ó á la mañana: Velar no es solo mantenerse despierto: es vivir preparados. En la medianoche puede atacar el desánimo, y antes del amanecer, el cansancio. No bajes la guardia ahora que la luz se acerca. Mantén tu fe encendida, porque la palabra nos ordena: [1 Pedro capítulo 5, versículo 8.] Sed templados, y velad: porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando á quien devore: La noche avanza... ¿estás listo para el regreso del Señor?
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Las horas
¿Cómo se medía el tiempo en la Biblia antes de los relojes modernos? En el Antiguo Testamento, el pueblo de Dios vivía en sincronía con la creación, guiándose por el alba, el mediodía y la puesta del sol para marcar sus tareas y oraciones. El Reloj de Acaz y las Doce Horas El Creador demostró ser el Dueño del tiempo al hacer retroceder la sombra diez grados en el reloj de Achâz. Ya en el Nuevo Testamento, el sistema se estructuró en doce horas diurnas. Escuchemos las palabras del Maestro en Juan capítulo 11, versículo 9: Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo. Contando desde el amanecer, la hora tercia eran las nueve de la mañana: la hora sexta, el mediodía: y la hora nona, las tres de la tarde. Estas horas marcaron la crucifixión del Señor, el inicio de las tinieblas y Su último aliento, pero también eran momentos consagrados para clamar al Altísimo. Como narra Hechos capítulo 3, versículo 1: PEDRO y Juan subían juntos al templo á la hora de oración, la de las nueve. Contabilizar el tiempo con orden nos permite comprender las profecías y los eventos bíblicos con claridad. Dios tiene el control de la historia y, como decía el salmista, nuestros tiempos están en Sus manos. Y tú, ¿estás ordenando tus horas para buscar hoy al Creador?
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¿Para obtener la salvación es necesario predicar de casa en casa?
Paz a vosotros:Este audio desarrolla la lección 10 del cuaderno de escuela sabática de la Iglesia de Dios (Israelita) Méx., A.R. Correspondiente al 4to trimestre de 2022.Si usted quiere hacer algún comentario u observación a este o algún otro audio por favor hágalo al correo: [email protected].
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Jacobo y Juan
Paz a vosotros:Este audio desarrolla la lección 12 del cuaderno de escuela sabática de la Iglesia de Dios (Israelita) Méx. A.R. Correspondiente al 1er trimestre de 2021.Si usted tiene comentarios al respecto de este audio puede enviar un correo electrónico a: [email protected]
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