PODCAST · religion
Meditando en la Palabra
by David Benjamin Bell
Un versículo de la Biblia junto con una meditación y una aplicación.
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MelP_672-Salmo_143_8
«Hazme oír por la mañana tu misericordia, Porque en ti he confiado; Hazme saber el camino por donde ande, Porque a ti he elevado mi alma.» (Salmo 143:8)Este salmo de súplica empieza como otras oraciones en los salmos. David pide misericordia y protección de Dios. Pero lo que destaca de esta oración es la petición de dirección que encontramos al final de la oración. David pide que Dios le guíe en base de dos hechos. En primer lugar, David ha confiado en Dios y en segundo lugar, David ha elevado su alma a Dios —es un lenguaje del sacrificio que habla de entrega y dedicación. En base de su fe y su entrega, David pide que Dios le haga saber el camino por donde debe andar. En primer lugar, David pide que Dios le haga reconocer la voluntad de Dios en su vida. Dos versículos más tarde, David añade dos peticiones más: Enséñame a hacer tu voluntad … Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud (10). La progresión del pensamiento es importante: reconocer, enseñar y guiar. Hacemos bien en apropiar esta petición de David. Si hemos puesto nuestra fe en lo que Cristo ha hecho por nosotros en la cruz y nos hemos entregado a Dios para hacer su voluntad, necesitamos que Dios nos haga reconocer y que nos enseñe el camino correcto. Pero lo bonito es que Dios no nos deja con información solamente. Más bien Dios ha puesto su Espíritu en nosotros para guiarnos en hacer su voluntad. Oremos hoy como oraba David para que Dios sea glorificado en nosotros. (David Bell)
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MelP_189-Salmo_139_23-24
«Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.» (Salmo 139:23-24)Solemos guardar nuestra intimidad. Tenemos cuidado con lo que contamos a un extraño, ya que no sabemos si podemos fiar de él. En este salmo, encontramos que el salmista se abre de par en par ante Dios, pidiendo el escrutinio del Omnisciente. Ruega que Dios examine y conozca su corazón, que pruebe sus pensamientos, que busque cualquier camino de perversidad en él. Puede que nuestra primera reacción es de retraernos, buscando guardar nuestra intimidad, pero seamos honestos: ¿por qué intentaríamos esconder algo del Dios que todo lo ve? Si Dios ya sabe todo lo que hay en nuestros corazones y en nuestros pensamientos, lo mejor que podemos hacer es invitarle a mostrarnos todo lo que no debe estar en nuestro corazón. Sería como ir al médico y pedir que nos haga un examen físico completo. Después de todo, si hay una enfermedad en nosotros, que nos lo diga el médico para que se pueda tratar. Esta petición va acompañada de la petición para la dirección divina. Ya que nos abrimos en honestidad ante Dios, pidamos que Dios sea nuestro guía en los caminos eternos.En Cristo no debemos tener ningún miedo de orar como oraba el salmista. Esta honestidad ante Dios traerá gran bendición cuando Dios en amor encamine nuestros pasos para su gloria. (David Bell)
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MelP_383-Salmo_131_2
«En verdad que me he comportado y he acallado mi alma Como un niño destetado de su madre; Como un niño destetado está mi alma.» (Salmo 131:2)Este versículo es digno de meditación. El salmista describe su alma como quieta, reposada (lit. “verdaderamente he tranquilizado y acallado mi alma”). Podemos deducir que habla de un contexto que naturalmente le provocaría preocupación y miedo, pero su reacción ha sido buscar a Dios y confiar. Luego lo ilustra con una imagen muy interesante. Nos habla de un niño destetado al lado de su madre (en la traducción simplemente dice “de su madre” pero la idea es que el niño está al lado de su madre). En la primera etapa de la vida un niño recibe su alimento de su madre pero aquí el salmista especifica que esta etapa ya ha pasado y este niño no se acerca a su madre para recibir alimento sino en confianza bajo su abrazo. No es el bebé llorando porque tiene hambre sino un niño esperando pacientemente para que su madre le prepare comida. Es una imagen preciosa de amor puro, consuelo y confianza. El salmista habla de su relación con Dios. Nos es fácil acercarnos a Dios impacientes para recibir de Él. Muchas veces venimos cuando tenemos problemas y esperamos que Dios solucione todo, ya. Pero aquí el salmista describe una actitud más madura. Ve a sí mismo como un hijo tranquilo en comunión con su Dios. Y así nos anima de vivir “desde ahora y para siempre”.Acerquémonos a Dios hoy para gozar de su comunión y confiar en Él. (David Bell)
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MelP_554-Salmo_119_133
«Ordena mis pasos con tu palabra, Y ninguna iniquidad se enseñoree de mí.» (Salmo 119:133)En el versículo 11 de este salmo, David habla del poder de guardar de la Palabra de Dios en su corazón para ayudarle a evitar caer en el pecado: «En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti». Aquí vuelve al pensamiento de la Palabra y el pecado, hablando de cómo la Palabra puede ayudarnos a romper el dominio del pecado sobre nosotros. Pero lo que me llama la atención es la relación específica que menciona. Pide en primer lugar que Dios le ayude a ordenar sus pasos por medio de la Palabra. Su deseo expresado en esta petición era vivir de acuerdo con lo que Dios había revelado a su pueblo en la Ley y los profetas. Luego la segunda frase edifica sobre la primera. El resultado de ordenar sus pasos así es la victoria sobre el pecado. Si dejamos que la Palabra ordene o controle nuestros pasos, podemos tener victoria sobre el pecado que nos asedia. O si miramos el inverso, si ignoramos los principios de la Palabra y hacemos lo que mejor nos parezca en cada situación en que nos encontramos, corremos el grave peligro de caer bajo el control del pecado, y el pecado se enseñoreará de nosotros. Las opciones son claras: o seremos controlados por la Palabra o seremos dominados por el pecado. Andemos hoy conscientes de la Palabra, meditando en ella para que ella ordene nuestros pasos y así glorificaremos a nuestro Dios en victoria sobre el pecado. (David Bell)
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MelP_387-Salmo_119_36
«Inclina mi corazón a tus testimonios, Y no a la avaricia.» (Salmo 119:36)Por naturaleza el corazón de cada uno de nosotros se inclina a diferentes cosas. Todos tenemos nuestros intereses y pasatiempos y por supuesto, no todo lo que nos interesa es pecado. Pero noto algo interesante de la petición del salmista. Pide que Dios incline su corazón hacia lo espiritual. En vez de sencillamente seguir los deseos de su corazón, pide que Dios dirija su corazón hacia lo que realmente tiene valor. Después de todo, el valor de algo se determina en base de cuánto lo deseamos. Por eso es tan sabia la petición del salmista. Quiere que Dios incline su corazón hacia lo espiritual para que llegue a desearlo más que lo material. Vuelve al mismo pensamiento más adelante en el mismo salmo: «Mejor me es la ley de tu boca Que millares de oro y plata.» (Salmo 119:72). La verdad es que es difícil vivir así. Estamos rodeados de lo material y es natural que se incline nuestro corazón hacia lo material. Después de todo, necesitamos lo material para vivir en este mundo. Pero hacemos bien en seguir el ejemplo del salmista, pidiendo que Dios nos enseñe a valorar más y más lo espiritual. Jesús demostró hacia dónde estaba inclinado su corazón cuando resistió la tentación con estas palabras: «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4).Roguemos hoy a nuestro Dios para que ponga en nosotros este deseo por lo espiritual y que siga creciendo hasta eclipsar nuestro deseo por lo material. (David Bell)
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MelP_385-Salmo_118_23
«De parte de Jehová es esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos.» (Salmo 118:23)¿Podemos ver lo que ocurre en nuestras vidas como algo que viene de parte de Dios? Hay cosas que sí pero honestamente, hay otras situaciones que nos cuestan ver como de parte del Señor. Nos enfrentamos con la tentación de quejarnos. El contexto de este salmo es muy interesante. El versículo anterior menciona la piedra que los edificadores rechazaron y que Dios ha convertido en la piedra principal. El salmista está alabando a Dios porque ve que Dios ha tomado lo que el hombre en su supuesta “sabiduría” rechaza y lo ha exaltado y usado para su gloria. En los evangelios, Jesús explica que este versículo realmente se aplica a su muerte y resurrección (Mateo 21:42). Los líderes religiosos de los judíos son los edificadores que rechazaron al Mesías, la piedra única y perfecta. No obstante, su decisión no estropea ni cambia el plan de Dios. Pero vuelvo a las palabras del salmo: dice que es cosa maravillosa a nuestros ojos. Lo mejor que podemos hacer en nuestra vida es aprender a confiar que todo lo que Dios ha permitido en nuestras vidas puede ser usado para glorificar a Dios. Pero la verdadera clave es poder alabar a Dios por fe incluso antes de ver cómo usará cada situación en nuestra vida. Que Dios nos ayude a gozarnos en todo lo que Él permite en nuestras vidas como una cosa maravillosa, confiando que Él seguirá cumpliendo su voluntad en nosotros hoy. (David Bell)
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MelP_381-Salmo_109_31
«Porque él se pondrá a la diestra del pobre, Para librar su alma de los que le juzgan.» (Salmo 109:31)En este salmo, David pide la retribución divina sobre la persona que odia y maltrata al pueblo de Dios. Los apóstoles vieron reflejado en este salmo el personaje de Judas y usaron el versículo 6 para apoyar su decisión de pedir que Dios eligiera a otro que tomara su lugar entre los discípulos. Pero lejos de ser una canción de amargura y venganza, este salmo enfatiza la importancia de la confianza en Dios. Por eso el salmo termina con esta imagen de confianza y alabanza: Dios en pie a la diestra del salmista, como abogado defensor, dispuesto para defender y librarle de los que le juzgaran. Es precisamente la misma imagen que pinta el Nuevo Testamento del Cristo glorificado. Como dice Juan en su primera epístola: «Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo» (1 Juan 2:1). El autor de la epístola a los Hebreos también aprovecha esta imagen: «por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos» (Hebreos 7:25). Nuestro Abogado siempre está a la diestra de Dios intercediendo por su pueblo contra el acusador.Andemos con confianza hoy sabiendo que tenemos uno que se pone a nuestra diestra para interceder por nosotros cuando tropezamos y para defendernos y librarnos cuando nos acusa el maligno. Es un verdadero motivo de alabanza. (David Bell)
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MelP_537-Salmo_106_24-25
«Pero aborrecieron la tierra deseable; No creyeron a su palabra, Antes murmuraron en sus tiendas, Y no oyeron la voz de Jehová.» (Salmo 106:24-25)Cuando los hebreos salieron de Egipto, parecía que no les podría fallar nada. Dios había tomado una nación de esclavos y los había liberado con milagros. Pero en el desierto vemos el pecado del corazón humano. Dios los llevó a la frontera de la tierra prometida, pero, como dice este salmo, no creyeron las promesas de Dios y eligieron quejarse en vez de confiar un su Dios. Toda una generación perdió la bendición de la tierra prometida porque aunque oían a Dios, no creyeron su palabra. La última parte del texto me llama la atención: su murmuración está vinculada con el hecho de que no oyeran la voz de Jehová. La verdad es que la queja no es compatible con la fe. Israel en el desierto no pudo escuchar a Dios con fe porque constantemente estaban quejándose de todo. Es también un peligro para nosotros. Nos es demasiado fácil ver lo negativo y lo difícil de nuestra situación actual y quejarnos constantemente. Pero Dios nos llama a poner los ojos en Él y confiar en sus promesas para que Él termine todo lo que está haciendo en nosotros. Recordemos hoy que la queja nos ensordece para que no podamos escuchar la voz de Dios. Cada vez que estamos tentados a quejarnos de lo que Dios ha permitido en nuestras vidas, debemos buscar convertir esta queja en una oración de confianza y alabanza. (David Bell)
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MelP_345-Salmo_105_19
«Hasta la hora que se cumplió su palabra, El dicho de Jehová le probó.» Salmo 105:19Este salmo repasa la historia de Israel y en esta sección nos habla de la historia de José y de sus pruebas. Muchas veces pienso en las circunstancias difíciles de José —fue vendido por sus hermanos como esclavo, la mujer de su amo mintió de él y como consecuencia, se encuentra solo y olvidado en una cárcel. Pero un elemento que muchas veces ignoro es la memoria de los sueños de su juventud. Allí en su soledad dentro de la cárcel, habiendo interpretado los sueños de otros, José tenía tiempo para pensar en sus propios sueños de años atrás. Esto es lo que señala este salmo; sus sueños son el dicho de Jehová y el salmista dice que precisamente es lo que le estaba probando (lit. refinando) allí en la cárcel. ¿José iba a poder creer lo que Dios le había prometido? Como sabemos, José escogió creer aunque con cada día que pasaba le pareciera más y más improbable por no decir imposible. Pero esa fe en el dicho de Jehová le seguía refinando y al final es lo que le protegió de la amargura. Cuando pasamos por dificultades es importante que sigamos el ejemplo de José. Debemos aferrarnos de las promesas de Dios en fe hasta que Dios cumpla lo que ha prometido.Busquemos las promesas de Dios en su palabra y sigamos creyendo en el Dios que jamás miente. Así Dios también nos refinará. (David Bell)
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MelP_484-Salmo_103_5
«El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila.» (Salmo 103:5)Existen dos tendencias humanas con el paso de los años. O nos podemos volver más disconformes con nuestras circunstancias, ese es el viejo gruñón que se queja de todo, o podemos, al inverso, volvernos más conformistas. Tanto de una forma como de otra, es normal que nos cueste más encontrar el contentamiento. Podemos llegar a experimentar la vida cómo la describía el predicador de Eclesiastés: “los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento” (12:1). El reto de vivir en este mundo bajo la maldición del pecado humano es que puede ser más y más difícil experimentar la ilusión y la emoción de lo novedoso. Pero aquí el salmista habla de cómo Dios es capaz de saciar de bien nuestra boca. La imagen detrás de estas palabras es la de la madre águila que sale a buscar alimento para sus polluelos y luego vuelve al nido donde lo deposita directamente en sus bocas, saciando su hambre. Dios es el único que puede satisfacer el apetito de nuestra alma. Pero no solo habla de que Dios puede saciarnos sino también puede rejuvenecernos. Dios puede saciarnos, devolviéndonos cada día la ilusión de vivir y de disfrutar de esta vida como un regalo de Dios.Reclamemos hoy esta promesa de Dios, que nos rejuvenezca, saciándonos del bien para que nuestras vidas sean un testimonio de quién es nuestro para todos los que nos rodean. (David Bell)
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MelP_369-Salmo_92_14-15
«Aun en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y verdes, Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, Y que en él no hay injusticia.» (Salmo 92:14-15)En este salmo encontramos una descripción de los justos. El salmista los compara con árboles plantados y arraigados en la presencia de Jehová (92:13). El problema con un árbol es que se envejece y deja de llevar fruto, pero los justos incluso dan más fruto y siguen dando su fruto, incluso en la vejez porque se mantienen verdes y vigorosos. ¿Qué es este fruto? Es la alabanza: anunciar que Dios es recto o justo (la idea es lo que es derecho) y que en Él no hay injusticia (o sea, lo torcido, lo opuesto de la justicia). La persona que anda en comunión con Dios debe abundar en este fruto. Pero el que no está arraigado y plantado empieza a flaquear y es evidente cuando, en vez de alabar a Dios, se queja de Dios o cuestiona su voluntad. Job es un ejemplo precioso de esta alabanza. En medio de la prueba, su primera reacción es la alabanza: “En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno” (1:22). No puedo pensar en nadie más vigoroso que Job y el libro da testimonio del fruto espiritual en su vida.Hoy en todo lo que hacemos, debemos buscar llevar el fruto espiritual de la alabanza. No caigamos en la tentación de creer que hay injusticia en Él sino que hagamos al justo Dios nuestra fortaleza. (David Bell)
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MelP_136-Salmo_90_12
«Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría.» (Salmos 90:12)En este salmo escrito por Moisés encontramos una reflexión sobre la brevedad de la vida. La verdad es que nuestros días en esta tierra están contados. Moisés aquí nos dice que tenemos 70 o 80 años, una mera sombra comparado con el eterno Dios. Ahora bien, una cosa es decir que nuestros días están contados pero es otra aprender a contar nuestros días. Puesto que nos es muy fácil ignorar el hecho de que nuestros días están contados, debemos vivir conscientes de la importancia de cada día. Pero Moisés reconoce que necesitamos a Dios para hacerlo y por tanto lo convierte en una oración. Debemos pedir que Dios nos enseñe a vivir conscientes de nuestra corta vida para que podamos usar bien cada uno de nuestros días. Esta es la sabiduría que es el resultado de saber contar nuestros días. Cuando pienso en una vida de días contados, pienso en la vida de Jesús. Vivió tres cortos años de ministerio en la tierra y aprovechó cada momento para hacer la voluntad de Dios. Cuando consideramos su vida, vemos la sabiduría demostrada. El salmo termina con estas palabras: " Aparezca en tus siervos tu obra, Y tu gloria sobre sus hijos. Sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros" (90:16-17).Vivamos nuestro día de hoy sabiamente, aprovechando cada oportunidad para conocer mejor a Dios y darle a conocer ante el mundo.
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MelP_671-Salmo_85_10
«La misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron.» (Salmo 85:10)Este salmo anticipa la redención del pueblo tras su cautividad. En este contexto, el salmista reconoce el pecado del pueblo y el castigo justo de Dios a la vez que pide la misericordia y la salvación (7). La justicia, lo que el pueblo merecía de Dios, era su castigo y destierro. No obstante, el salmista habla del encuentro perfecto entre la justicia y la paz. La verdad era que Israel había abandonado a Dios y por lo tanto merecían que Dios los abandonara. Pero esta verdad se encontró con la misericordia de Dios. Ahora, la única manera que es posible que la misericordia se encontrara con la verdad y la justicia con la paz es lo que leemos en el versículo 2: “Perdonaste la iniquidad de tu pueblo; Todos los pecados de ellos cubriste”. La única esperanza de misericordia y paz para Judá se encontraba en un sacrificio de Dios que traería el perdón de todos sus pecados. Este salmo anuncia el evangelio siglos antes de la venida de Cristo. En la cruz la misericordia de Dios se encontró con la verdadera condición de la humanidad pecadora, destituida de la gloria de Dios. La perfecta justicia de Dios que demandaba la paga del pecado se besó con la paz que es la transformación de pecadores en amados hijos.Si hemos recibido lo que el Hijo de Dios hizo en nuestro lugar en la cruz, alabemos a Dios hoy por la misericordia y la paz que son nuestras en Cristo Jesús. (David Bell)
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MelP_125-Salmo_78_57
«Sino que se volvieron y se rebelaron como sus padres; Se volvieron como arco engañoso.» (Salmos 78:57)Este salmo reconoce la rebeldía de Israel. Igual que la primera generación rebeló contra Dios en el desierto, otras generaciones siguieron. El salmista usa una imagen poderosa para ilustrar la rebeldía del pueblo de Dios: un arco engañoso. El arco engañoso es una referencia a un arco mal hecho que no dispara recto. No hay nada más frustrante que apuntar al blanco y ver cómo tu disparo se desvía. Me hace pensar en la expresión que he escuchado en más de una ocasión en castellano: ""este falla más que una escopeta de feria"". Es una imagen poderosa de la rebeldía de Israel. Pero lo bonito es saber que Dios no abandonó a Israel a pesar de su rebeldía. Humanamente hablando, arreglar un acrco engañoso es practicamente imposible. Pero Dios puede enderezar lo torcido. Vino Jesús con el mensaje del Evangelio al Judío primeramente, el pueblo elegido que había rebelado contra su Dios. Eso nos anima porque nosotros también fallamos a Dios. Pero sigue obrando en nosotros. Dejemos sitio a su Espíritu para que siga esta obra en nosotros hoy. Confesemos nuestros pecados y recibamos perdón y limpieza para seguir siendo transformados a la imagen de Cristo.
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«Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, Para contar todas tus obras.» (Salmo 73:28)En el salmo 73 leemos de una crisis en la vida del salmista Asaf. Todo empezó cuando vio la prosperidad de los impíos. Describe su situación diciendo que casi se deslizaron sus pies (2). Al final del salmo, reconoce que los que se alejan de Dios, aunque a veces prosperan en esta vida, perecerán bajo el castigo de Dios (27). Pero para el salmista, el verdadero bien es acercarse a Dios. Hay muchas cosas en esta vida que la gente persigue como “el bien”, algo digno de conseguir, algo en el cual uno puede invertir sus esfuerzos y recursos. Y no todos estos “bienes” son malos. Pero para el salmista “el bien” principal de su vida es acercarse o mejorar su relación con Dios. Con él está de acuerdo el apóstol Santiago que dijo «Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones» (4:8). Incluso Cristo nos enseña lo mismo cuando dijo que debemos buscar primeramente el reino de Dios (Mateo 6:33). Asaf termina el salmo con un testimonio de lo que significa para él acercarse a Dios. Es poner su esperanza o confianza en Dios y luego compartir con todos los demás todas sus obras. Así debemos vivir cada día de nuestras vidas, confiando y contando.Aprovechemos el día de hoy para acercarnos más a Dios. (David Bell)
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MelP_670-Salmo_68_35
«Temible eres, oh Dios, desde tus santuarios; El Dios de Israel, él da fuerza y vigor a su pueblo. Bendito sea Dios.» (Salmo 68:35)El salmo 68 es un himno de alabanza a Dios reconociendo su gran poder. El contexto histórico del salmo aparentemente es la preparación del traslado del arca del pacto a Jerusalén para la posterior construcción del templo. David empieza el salmo contemplando el gran poder de Dios a través de la historia de su pueblo. Primero recuerda el poder de Dios en el desierto, Dios demostrar su gran poder cuando en Sinaí hizo temblar la tierra mientras hablaba con su pueblo (8). Ahora David anticipa el poder de Dios que morará en medio de su pueblo en el templo (16-17). Pero toda esta alabanza del poder de Dios tiene una aplicación práctica. Este Dios poderoso es el que puede dar fuerza y vigor a su pueblo. Cuando contemplamos de verdad el poder de Dios, debemos vernos como realmente somos: faltos de fuerzas y completamente necesitados de Él. Pero la gran bendición es saber que Dios da fuerzas y vigor a su pueblo cada vez que lo pidamos. Pablo lo expresó así a los colosenses cuando les animó a estar “fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad” (1:11). El glorioso poder de Dios en nosotros producirá la paciencia necesaria para todas las situaciones que nos enfrentaremos hoy.Podemos contar hoy con la fuerza y el vigor que el temible Dios de los cielos quiere darnos. Bendito sea Dios. (David Bell)
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"Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio." (Salmo 62:8)Cuando pasamos por una situación difícil, todos buscamos un refugio, un sitio seguro de protección y consolación. Necesitamos un refugio para reponer las fuerzas y seguir adelante en la vida. Igual tenemos un sitio físico donde solemos ir cuando vengan las dificultades o quizás tenemos alguien con quien solemos compartir nuestras cargas. No hay nada malo en ninguna de estas dos opciones. Incluso pueden ser un regalo de Dios para ti. Pero aquí el salmista comparte lo que significa tener una relación íntima con Dios. El salmista sabe que en todo momento puede derramar su corazón delante de Dios porque Dios mismo es su refugio. Su esperanza en Dios es mucho más que sencillamente palabras. Su confianza en Dios se ve cada vez que derrama todo su corazón ante Él. Su relación con su Dios era tan real que describe a Dios mismo como su refugio.¿Tenemos nosotros la costumbre de derramar delante de Dios nuestro corazón? Así es como el salmista nos anima a vivir en todo tiempo. Nuestra vida de oración es la prueba de nuestra confianza en Dios. El creyente que ora mucho demuestra que confía mucho, pero el que ora poco pone de manifiesto su falta de confianza. Empieza este día derramando delante de Dios todo lo que hay en tu corazón. Haz que Él sea tu refugio principal en la tempestad. (David Bell)
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«Como a rebaños que son conducidos al Seol, La muerte los pastoreará, Y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana; Se consumirá su buen parecer, y el Seol será su morada. Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, Porque él me tomará consigo. Selah» (Salmo 49:14-15)El salmista aquí nos instruye con sabiduría sobre nuestra actitud en esta vida. Es fácil ver la prosperidad de los malvados y sentir que hay injusticia, pero hemos de recordar que tenemos que contemplar la imagen completa. Estas personas que vemos que hacen el mal y parecen prosperar en esa vida realmente son como ovejas pastoreadas bajo el cayado de la misma muerte. En vez de contar con Jehová como su pastor, ellos son como un gran rebaño que va rumbo a la tumba y allí se enfrentarán con un juicio y un castigo justo. Su buen aspecto será consumido y su morada eterna será la muerte segunda, la separación de Dios. Pero la esperanza del salmista es completamente diferente. Sabe que Dios redimirá su vida del poder del Seol (o sea, le rescatará de su antiguo destino) y le sacará de aquel rebaño para llevarle a estar en su presencia. Es importante que recordemos esta visión de la vida. Ya no pertenecemos al rebaño de este mundo que va rumbo a la separación eterna de Dios. Tenemos un nuevo destino y una nueva esperanza que deben transformar nuestra forma de vivir en este mundo.Como dice el salmo 23: si tenemos a Jehová como nuestro Pastor, nada nos faltará (23:1). (David Bell)
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«Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán; Me conducirán a tu santo monte, Y a tus moradas.» (Salmo 43:3)Me encanta esta petición del salmista. Pide que Dios le envíe su luz y su verdad. En primer lugar, pide luz porque reconoce que en nuestra condición natural, todos andamos en oscuridad. Desafortunadamente, nuestro orgullo nos lleva a creer que tenemos luz suficiente en nosotros mismos para ver el camino delante de nosotros. Pero la verdad es que somos ciegos; sin la luz de la dirección de Dios, estamos perdidos. Pero también pide la verdad de Dios para guiar su camino. Si la luz de Dios nos permite saber dónde hemos de andar, su verdad nos protege contra los engaños y los errores que nos amenazarán por el camino. Pero también es bonito notar hacia donde nos guían su luz y su verdad: nos conducen a las moradas de Dios, a la comunión íntima con Dios. Y lo mejor de todo es saber que Dios siempre contesta esta petición. Cristo lo dijo así: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; … porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla» (Mateo 7:7-8). Dios ya nos ha dado la verdad de su Palabra que sirve como una lámpara para nuestros pies (Salmo 119:105) y siempre nos encaminará en su verdad (25:5). Debemos hacer que esta petición sea nuestra diariamente. La luz y la verdad de Dios son lo más importante que podemos pedir en nuestro andar diario. (David Bell)
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«Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días; Sepa yo cuán frágil soy.» (Salmo 39:4)Hay temas que preferimos no tratar, temas que solemos intentar evitar. Entre ellos está el tema de la muerte. Preferimos pensar en cosas más bonitas. Me llama la atención que el salmista aquí incluye el tema de la muerte en su oración. Su petición es que Dios le haga saber su fin, la medida de sus días. Ahora bien, el salmista no estaba pidiendo saber el día de su muerte para poder evitarlo y conseguir vivir más tiempo. Más bien, estaba pidiendo un enfoque realista que le permitiría comprender su vida en el contexto correcto. Nuestra vida aquí en esta tierra es corta, pero solemos vivirla como si tuviésemos todo el tiempo del mundo. Hay oportunidades que vienen y desafortunadamente no aprovechamos, y a lo mejor una oportunidad así jamás se volverá a presentarse. Por eso el salmista pide que Dios le haga entender que su vida es transitoria. Termina el versículo pidiendo que Dios le haga saber lo frágil que es. Nuestra tendencia es pensar que somos fuertes, pero nos conviene darnos cuenta de que somos realmente frágiles. El resultado será una mayor dependencia de Dios. Si sabemos que nuestros días están contados y que realmente necesitamos la ayuda de Dios, estaremos en una buena posición de poder aprovechar las oportunidades que Dios nos da hoy.Nos conviene hoy orar así. Pidamos que Dios nos dé una visión realista de nuestras vidas, no para deprimirnos sino para aprovechar bien cada oportunidad que Dios nos regala hoy confiando en su poder. (David Bell)
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«Porque contigo está el manantial de la vida; En tu luz veremos la luz.» (Salmo 36:9)Este salmo es principalmente una petición de protección divina contra los malvados que amenazan al salmista (36:11). Pero sorprendentemente, la base de esta petición no se encuentra en la justicia o la inocencia del salmista sino en la gran misericordia de Dios. ¡Así lo repite hasta tres veces! (36:5, 7, 10). También llama la atención las varias imágenes poéticas que el salmista usa para describir esta protección. Es como estar debajo del ala (7), estar saciado de comida (8a) o beber de un río fresco (8b). Pero la última imagen poética que usa es quizás la más preciosa: sólo en la luz de Dios seremos capaces de ver la luz. Conocer a Dios (ver 36:10) es contemplar su luz o su gloria. Ver la luz de Dios abre nuestros ojos para contemplar de manera diferente todo lo demás que existe en este mundo. El evangelista Juan recoge este mismo pensamiento en su prólogo al evangelio: describe a Jesús como “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre” (1:9). Habrá muchas situaciones en esta vida que no podremos comprender, pero en todas ellas, podemos confiar en la misericordia de Dios hacia los que confían en Él. Su luz nos dará una perspectiva nueva sobre todo lo demás que experimentamos.Sigamos buscando conocer mejor a nuestro Dios. La luz de su gloria vista en su gran misericordia hacia los suyos nos permitirá ver claramente para que seamos saciados completamente en su presencia. (David Bell)
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«Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, Que han de ser sujetados con cabestro y con freno, Porque si no, no se acercan a ti.» (Salmo 32:8-9)Estas palabras forman una triple promesa maravillosa para los hijos de Dios. Empieza con una promesa de entendimiento. Muchas veces nos encontramos confundidos por lo que ocurre en este mundo. No hay nada como recibir la sabiduría de lo alto para que podamos vivir con entendimiento. Pero Dios también promete mostrar el camino en que debemos andar e incluso velar sobre nosotros en ese camino. Son tres aspectos fundamentales para el creyente: entendimiento, dirección y protección. Pero en el versículo siguiente, encontramos un contraste. El salmista usa la imagen de dirigir un caballo o una mula con cabestro y freno. El animal requiere un sistema artificial con el cual el jinete puede dirigirle según su deseo, pero Dios no quiere tratarnos como un animal sin entendimiento. Por eso dice que sin el cabestro y el freno, el animal no se acercará al jinete. Dios promete darnos su sabiduría, su dirección y su protección porque quiere que nos acerquemos voluntariamente a Él para poder conocerlo mejor.El camino en que debemos andar es el camino que nos acerca a Dios. Que Dios nos dé entendimiento, dirección y protección hoy para que podamos acercarnos más a Él y seguir conociéndole mejor. (David Bell)
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MelP_314-Salmo_19_9
«El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre» (Salmo 19:9).El salmista describe la Palabra del Señor con una serie de palabras: la ley, el testimonio, los mandamientos, el precepto y los juicios de Jehová. Cada una de estas palabras es un buen sinónimo para la palabra de Dios. Pero en medio de estos términos, el salmista habla del temor de Jehová, aquel principio de la sabiduría que vemos tanto en el Antiguo Testamento. A primera vista, el temor de Jehová no parece encajar en la lista de sinónimos para la palabra de Dios. No obstante, hay una relación muy importante ente la revelación de Dios y el temor, ya que el temor o una consciente reverencia hacia la persona de Dios es la reacción correcta a la revelación que Dios nos ha dado en su palabra. O sea, cuando escuchamos la ley, el testimonio, los mandamientos, el precepto o los juicios de Dios, debemos escuchar con reverencia y obedecer. Según el salmo, el resultado de este temor es primeramente limpio. Esto concuerda con el resto de la Biblia que nos dice que el temor a Dios es apartarse del mal. Pero también dice que permanece para siempre. Esto significa que la limpieza que trae el temor a Dios no es algo pasajero; más bien implica un cambio profundo y duradero. Buscar crecer hoy en este reverente temor a Dios mediante la lectura y el estudio de la Biblia. Necesitamos su limpieza y la relación duradera que le respalda. (David Bell)
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MelP_063-Salmo_12_6
"Las palabras de Jehová son palabras limpias, Como plata refinada en horno de tierra, Purificada siete veces." (Salmo 12:6)El salmista aquí habla de las promesas del Señor. Son como la fina plata, purificada hasta la perfección. En otras palabras, las promesas del Señor son tan perfectas que jamás fallarán. Podemos confiar en todo lo que Dios promete. Si Dios lo ha prometido, podemos tener fe que lo hará. En este salmo la promesa de Dios es que juzgará a los impíos. Muchas veces Dios nos los juzga cuando creemos que debe. Pero podemos confiar en que su juicio es seguro. Esta todo escrito en los libros, como nos dice Apocalipsis. Nada se escapará del Juez de toda la tierra. Pero hay otro aspecto del juicio de Dios que no debemos olvidar. Nuestros pecados ya han sido juzgados en Cristo. Nuestro juicio está satisfecho y no nos espera ninguna condenación. Esta promesa también es de plata purificada y refinada a la perfección.Así que hoy no tenemos que perder el tiempo preocupados por el juicio del mal. Más bien, estando en Cristo podemos invertir nuestra vida y nuestros esfuerzos en hacer la voluntad de Dios, porque ¡tampoco ignorará Dios todo lo que se hace en su nombre! (db)
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«Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites?» (Salmos 8:4)La primera y la última frase de este salmo nos llevan a contemplar la grandeza de nuestro Dios. ¡Cuán glorioso y grande es su nombre en toda la tierra! Conforme seguimos leyendo, encontramos que su gloria está escrita en los cielos arriba de nuestras cabezas. Solo un Dios Todopoderoso podría crear toda la grandeza y la belleza del universo que nos rodea. Pero el salmista enfatiza algo curioso de esta creación: según el versículo 6, Dios lo ha puesto todo debajo de nuestros pies, bajo nuestra autoridad. Por lo tanto, contemplar la obra de los dedos de Dios lleva al salmista a una pregunta profunda: si Dios es tan grande y glorioso, ¿por qué es que ha encargado al hombre con la responsabilidad de esta creación. ¿Qué hemos hecho para merecer la gloria y la honra con las cuales Dios nos ha coronado? El salmista no contesta su propia pregunta, pero el Nuevo Testamento sí nos ofrece una contestación. Se encuentra en un sólo concepto: el amor de Dios. Dios tanto amó al mundo que envió a su amado Hijo para dar su vida en rescate por nosotros para así redimirnos de nuestra condición pecaminosa, el fruto de nuestra rebeldía contra Él. El gran amor de Dios es la única explicación de por qué Dios tendría memoria de nosotros y mandaría a su Hijo para visitarnos.El amor de Dios es una fuente de consuelo y de motivación para el cristiano redimido por la fe. Andemos hoy como es digno de nuestro amoroso Padre. (David Bell)
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«Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti.» (Job 42:2).Esta confesión de Job ante Dios en el último capítulo del libro es preciosa. En ella encontramos una desarrollada teología práctica. Job empieza con la soberanía del Dios que todo lo puede. Todos debemos saber que Dios tiene todo poder, pero Job lo lleva un paso más. No solamente reconoce la capacidad de Dios de hacer cualquier cosa sino avanza y también reconoce su derecho de llevar a cabo cualquier cosa para cumplir sus propósitos. Pero Job no solamente reconoce la soberanía de Dios sino también la omnisciencia del Dios que conoce todos los planes de todos. Es imposible que alguien esconda de Dios sus pensamientos y por lo tanto nadie puede estropear los planes de Dios. Lo más interesante de esta confesión es que lo hace Job antes de saber que Dios iba a restaurar todas sus posesiones y volver a bendecirle con hijos. O sea, Job aquí se somete a Dios aunque no sabe por qué Dios había permitido todas las dificultades ni lo que Dios tenía planeado para él. Job reconoce que Dios no le debe ninguna explicación y así abre la puerta de par en par para que Dios cumpla su propósito en él. Y la verdad es que es justo lo que Dios hace. Al final de esta historia, Job goza de una comunión con Dios incluso más cercana que al principio.Lo mejor que podemos hacer hoy es someternos a nuestro sabio y soberano Dios para que nos lleve a andar en comunión más estrecha con Él. (David Bell)
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«Acuérdate de engrandecer su obra, La cual contemplan los hombres.» (Job 36:24)Eliú era mucho más joven que Job y sus tres amigos, pero cuando Eliú vio que los amigos de Job sólo buscaban condenar a Job y que Job, en su esfuerzo de defender su propia inocencia, termina acusando implícitamente a Dios de ser injusto, intervino con una defensa del carácter de Dios. A lo largo de su discurso en los capítulos 32 al 35, Eliú defiende la soberanía y la justicia de Dios y presenta a Dios como el Todopoderoso. Cuando llega a este capítulo, Eliú presenta un consejo buenísimo. Especialmente en los momentos de dificultad y adversidad, debemos acordarnos de engrandecer o alabar a Dios. Es precisamente lo que había hecho Job al principio del libro. No obstante, poco a poco, conforme se alargaba la prueba, la alabanza había desaparecido de la boca de Job. Eliú anima al anciano a volver a tomar la alabanza. Ahora bien, el consejo de Eliú no es nada fácil. Si no hacemos un esfuerzo, se nos olvidará por completo alabar a Dios. Aquí es donde encontramos la encrucijada entre la alabanza y la fe. Confiamos en Dios y en su bondad y por lo tanto podemos cantar himnos de alabanza, aunque no sepamos completamente cómo Dios obrará en nuestra situación. Empieza tu día alabando a Dios por fe, especialmente pensando en lo que Él está haciendo y lo que hará en ti por medio de las situaciones difíciles. (David Bell)
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«Si mis pasos se apartaron del camino,Si mi corazón se fue tras mis ojos,Y si algo se pegó a mis manos, ...» (Job 31:7)En esta parte del discurso Job defiende su integridad ante sus amigos. Admite que si hubiera pecado contra Dios, merecería castigo. Pero lo que me llama la atención es como describe el pecado. Muchas veces nosotros describimos el pecado en términos generales, pero aquí Job dice que el pecado es apartarse del camino, es seguir los ojos, es algo (lit. Impureza) que se pega a su mano. Para Job, el pecado empieza con los deseos del corazón y hace que nos desviemos de los caminos de Dios para ensuciarnos en el pecado. Job no vivía por el deseo del ojo. Entendía la necesidad de guardar sus ojos y proteger su corazón. No jugaba con el pecado porque sabía que la impureza podía pegarse a él y llevarle a desviarse del camino.Es importante que nosotros también tomemos en serio el pecado. Guardemos el corazón cuidando los que miran nuestros ojos. (David Bell)
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«Dios entiende el camino de ella, Y conoce su lugar.» (Job 28:23)Este gran himno de la sabiduría que encontramos en el corazón del libro de Job empieza hablando de la destreza del hombre en minar la tierra para descubrir las riquezas minerales escondidas debajo del suelo. Es increíble lo que el hombre ha llegado a descubrir en la tierra: oro, hierro, cobre y piedras preciosas como el zafiro. Pero de repente, el poema cambia el tema y pregunta por el paradero de la sabiduría. ¿En qué mina se puede encontrar la sabiduría o la inteligencia? La determinación y la ingenuidad del ser humano no son suficientes para alcanzar estos tesoros. Lo que es más, ni reconocemos el verdadero valor de estos tesoros. Pero la respuesta a la pregunta es que la sabiduría se encuentra en Dios. Pero no sabe solamente dónde está sino también cómo llegar a ellas. Y lo mejor de todo es que ha revelado claramente al hombre el mapa del tesoro: la sabiduría es temer a Dios y huir del mal. Si recuerdas, así es como había empezado el libro, con la descripción de Job, un hombre temeroso de Dios y apartado del mal (1:1). Conocer a Dios y andar en sus mandamientos es la verdadera sabiduría. Gracias a nuestra fe en el sacrificio de Cristo por nosotros en la cruz, podemos encontrar el perdón de nuestros pecados y ser transformados en hijos de Dios, andando en sabia obediencia al Espíritu Santo que Dios ha hecho morar en nosotros.Busquemos hoy andar sabiamente, viviendo cada momento de nuestra vida conscientes de Dios y de su voluntad para nosotros en cada situación en que nos encontramos. (David Bell)
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"«He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; Y al occidente, y no lo percibiré;» (Job 23:8)En medio de sus pruebas, Job se sentía que no encontraba a Dios. Aunque buscara desde el oreinte hasta el occidente, confiesa que no encontraría a Dios. Sus palabras revelan la frustración y la soledad que sentía. Seguramente en otros momentos de su vida había sentido la presencia de Dios con él. Había experimentado el consuelo y la paz de Dios, pero ahora en esta prueba, parecía que Dios le había abandonado. No obstante creo que es muy importante notar la última palabra del versículo. Job dice que no percibe a Dios. Esta palabra enfatiza como Job experimentaba su situación. Como sabemos desde el prólogo de la historia, Dios no había abandonado a Job. Más bien, el pobre Job no lograba experimentar la presencia de Dios con él en sus dificultades. Muchas veces nos encontramos en la misma situación que Job. En medio de las dificultades y las pruebas de la vida, no percibimos la presencia de Dios. El tentador intentará aprovechar nuestra limitada percepción para hacernos pensar que Dios, efectivamente, nos ha abandonado. Es importante que recordemos que no es así. Puede parecer que Dios nos haya abandonado, pero podemos estar confiados que no es así. Tal como nos ha prometido Dios en repetidas ocasiones, Jamás nos desamparará ni nos dejará (Hebreos 13:5). Esta es la realidad que debemos recordar cuando sentimos que no percibimos a Dios.Sigamos fieles confiando en la seguridad de esta promesa, jamás nos dejará. (David Bell)
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MelP_270-Job_21_14-15
«Dicen, pues, a Dios: Apártate de nosotros, Porque no queremos el conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos a él?» (Job 21:14-15)Job describe así a los de su generación, personas que no tenían tiempo para Dios en su vida. Personas pragmáticas que no querían seguir a Dios si no era para sacar algún provecho. Estas palabras me recuerdan a las del Faraón cuando Moisés le pidió en nombre de Dios que liberara al pueblo hebreo de su esclavitud. Faraón preguntó, ¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz? (Éxodo 5:2). El Nuevo Testamento también hace eco de este pensamiento cuando el apóstol Pablo, en 1 Timoteo 6:5, advierte al joven pastor de los falsos maestros que toman a Dios como fuente de ganancia. Y desafortunadamente, hasta el día de hoy existen personas que sólo se acercan a Dios para lo que les puede beneficiar. El egoísmo siempre nos acecha en cada generación y es imposible compaginarlo con una verdadera piedad. Desafortunadamente, muchas veces nosotros también podemos caer en la misma trampa. En nuestro orgullo podemos empezar a pensar en nosotros mismos como el centro del universo y esperar que Dios nos sirva. Nuestra meta siempre ha de ser colocar a Dios en el centro de nuestra vida y recordar que nuestro gran privilegio es usar nuestras vidas, los talentos y el tiempo con los cuales Dios nos ha dotado, para servir y glorificar a nuestro Dios. (David Bell)
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«Dame fianza, oh Dios; sea mi protección cerca de ti. Porque ¿quién querría responder por mí?» (Job 17:3)Lo interesante de Job es que en medio de su prueba, nos habla con sinceridad y honestidad. Sus sentimientos de Dios y de su situación iban fluctuando constantemente. A veces tenía momentos de debilidad cuando le parecía que Dios le trataba como un enemigo: «Próspero estaba, y me desmenuzó; Me arrebató por la cerviz y me despedazó, Y me puso por blanco suyo.» (16:12). Pero luego tenía otros momentos de mucha fe en que reconocía que Dios era su única esperanza. En este texto pide que Dios sea como un hombre que paga una fianza. La imagen es de una persona con deudas en la ruina total, pero de repente un familiar o un amigo interviene en sus asuntos y paga una fianza, un préstamo, para protegerle y ayudarle a re-establecerse. Job reconocía que no tenía a nadie en esta tierra en esos momentos que respondería por él, pero levantaba sus ojos a Dios para pedir esta misericordia de su Padre celestial. Las palabras de Job brillan con una visión correcta de Dios. Dios no era el enemigo su enemigo. El propósito de Dios no era derrotar a Job sino revelarse a Job para que le conociera mejor. En medio de la prueba, Dios estaba protegiendo a Job y acercándole más a sí mismo.Nosotros debemos mantener esta misma visión de nuestro Dios. Es nuestro aliado y amigo que siempre nos protege y obra para acercarnos a sí mismo. (David Bell)
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«¿Cuántas iniquidades y pecados tengo yo? Hazme entender mi transgresión y mi pecado.» (Job 13:23)Los amigos de Job estaban convencidos de que todo lo que había ocurrido a Job y a su familia era un castigo merecido de Dios. No obstante, Job sabía que lo que estaba sufriendo no se trataba de un castigo. ¿Cómo podría estar tan seguro? Desde luego, no era porque Job se creía perfecto. Vemos en sus discursos, que él reconocía que era un pecador. Pero si prestamos atención a su forma de orar, encontramos la verdadera fuente de su confianza. Tal como el salmista en el Salmo 139 pedía que Dios le examinara y revelara su pecado, Job aquí hace lo mismo, pidiendo que Dios le mostrara cualquier iniquidad, pecado o transgresión. Ya que Dios no traía convicción a su corazón por un pecado específico, Job sabía que Dios no podría estar castigándole. Sus amigos le acusaban de todo tipo de pecado, pero Job sabía que ya había confesado todos sus pecados a Dios y que había recibido de Dios el perdón. Es muy importante que oremos nosotros también esta misma oración. Y por cierto, es una oración que Dios siempre contesta. Nuestro mayor peligro, después de todo, en la vida espiritual es deslizarnos hacia el pecado sin darnos cuenta. Pero Dios ha puesto en nosotros el don del Espíritu Santo en parte para avisarnos de nuestros pecados para que podamos confesarlos y abandonarlos. Pidamos hoy que Dios nos haga reconocer nuestros pecados para que los podamos confesar, abandonar y recibir perdón. (David Bell)
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«Acuérdate que mi vida es un soplo, Y que mis ojos no volverán a ver el bien.» (Job 7:7)Como vimos en el capítulo 1, la primera reacción de Job en su prueba era ejemplar. En vez de quejarse o amargarse contra Dios, adoró sin atribuir a Dios despropósito. Job estaba dispuesto a confiar en Dios a pesar de las dificultades. Pero conforme se prolongue el dolor de Job y bajo los “consejos”, o mejor dicho, los juicios de sus amigos, Job empieza a luchar para encontrar la esperanza. Como lo expresa en esta oración a Dios, Job empieza a sospecha que jamás volverá a ver el bien en esta vida porque es demasiado efímera, un mero soplo. Job tiene razón. Esta vida es corta, un mero soplo. Pero Job ignoraba dos cosas. Primeramente ignoraba que incluso en ese momento de su vida Dios tenía un buen propósito en estas pruebas. Es precisamente lo que descubrimos al final del libro. Dios estaba llevando a Job a poder conocerlo mejor. Nuestro gran peligro en la prueba es perder de vista el propósito bondadoso de Dios en la vida de sus hijos. Hay momentos en que todo parece tan negro que nos es fácil caer en la trampa de perder la esperanza y creer que nada bueno podría salir de nuestras pruebas. Pero también ignoraba Job que Dios no está limitado a esta vida efímera para hacernos el bien. Tiene incluso toda la eternidad para demostrarnos su bondad.Debemos guardar nuestra fe y confianza en nuestro buen Dios, que puede usar cualquier situación para nuestro bien final y para su gloria (Romanos 8:28). (David Bell)
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«En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.» (Job 1:22)El libro de Job comienza con una descripción de Job: era un «hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal» (1:1b). Ahora bien, es importante entender que esto no significa que Job no fuera pecador. Como nos recuerda la Biblia en muchas ocasiones, cada ser humano que ha vivido en esta tierra es un pecador delante de Dios. Más bien debemos entender que Job era perfecto o maduro, en el sentido que temía a Dios, vivía consciente de su relación con Dios. Y Job era recto, en el sentido que buscaba apartarse del mal. Pero donde vemos el verdadero significado de esta primera descripción es su primera reacción a la pérdida de todas sus posesiones y de sus hijos. Literalmente, de un día para otro, Job se encontró completamente desnudado de todo lo que había conseguido en su vida. Pero en vez de quejarse y cuestionar a Dios —una reacción sumamente humana que todos hemos experimentado— encontramos a Job de rodillas delante de Dios en adoración. Job estaba reconociendo que todo lo tenía había venido de la mano de Dios y por lo tanto había pertenecido a Dios desde el principio.Job es un ejemplo para nosotros en las dificultades. En vez de enfadarnos con Dios porque no entendemos por qué ha permitido algo difícil en nuestras vidas, debemos adorar a Dios y buscar confiar en Él. Cualquier otra reacción es pecado. (David Bell)
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«No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.» (Filipenses 3:12)En Filipenses, Pablo comparte varios aspectos de su pensamiento que determinan sus acciones. En el capítulo tres vemos varias imágenes de su propósito de vida. Aquí nos prepara para la metáfora de la carrera en se encuentra dos versículos más adelante en el versículo 14 hablando de “asir aquello”. Esta frase nos habla de lograr la meta final. En el contexto lo que está intentando agarrar es el momento de la resurrección en que será transformado con un cuerpo glorificado. Lo describe como ser perfecto o completo. Pablo aclara que no lo ha alcanzado todavía, sino que corre hacia esta meta. Pero quizás lo más interesante de este texto es lo que revela Pablo acerca de esta meta: dice que Cristo asió de él precisamente para ese propósito. O sea, Cristo salvó a Pablo para redimirle completamente, para transformar su cuerpo de pecado en uno que podría gozar de comunión en la presencia de Dios. Pablo fue asido por Cristo y por tanto deseaba con todo su corazón lograr asir de esta comunión perfecta y eterna con Él.Nos conviene recordar esta verdad en nuestro andar diario. Fuimos abrazados por Cristo para transformarnos para que un día podamos abrazarle a Él. Y si tenemos esta esperanza, debemos seguir persiguiendo ser completos, obedientes a la voluntad de Dios para nuestras vidas hoy. (David Bell)
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«anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz» (Colosenses 2:14)Así es como el apóstol describe nuestra salvación. Cuando habla del ""acta de los decretos que había contra nosotros"", debe venir a la mente la imagen de una notificación oficial de deuda, una carta certificada de los juzgados que amenaza con medidas judiciales si no pagamos una deuda. El problema, sin embargo, es que la deuda aquí referida es una que jamás podríamos pagar. Como pecadores, esa es nuestra condición delante de Dios. Violamos las leyes de nuestro Creador y la multa o, como dice Pablo en Romanos 6:23, la paga de nuestro pecado es la muerte. Irremisiblemente merecemos morir. Así es nuestro estado natural como pecadores, nuestra condición sin Cristo. Pero Cristo tomó este documento acusador y lo quitó de en medio, clavándolo en su propia cruz. Y así satisfizo para siempre nuestra deuda delante de Dios. En la cruz Cristo pagó mi deuda y yo conseguí una nueva deuda, una deuda de gratitud.Gocemos hoy de esta gratitud por la libertad que es nuestra por la cruz de Cristo. (David Bell)
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«ni deis lugar al diablo.» (Efesios 4:27)En este versículo corto, encontramos un buen consejo para tener en cuenta cada día. El pensamiento es sencillo: puesto que Satanás siempre busca atacarnos para hacernos tropezar, no debemos hacer nada que podría aprovechar el tentador para hacernos caer. La verdad es que muchas veces hacemos cosas que abren una puerta de par en par al diablo para tentarnos. Ahora, en el contexto específico de este versículo, Pablo está hablando de la ira. Nos dice que no debemos dejar que se ponga el sol sobre nuestro enojo (4:26). La idea principal del pasaje es que debemos tratar con las situaciones que causan ira de manera diaria para que las situaciones que causan ira se vayan acumulando en nuestra vida. Cada día debemos perdonar o entregar a Dios lo que nos ha sido motivo de enojo y frustración. Si guardamos en nuestro corazón aquellas frustraciones o males, dejándolos acumularse, estamos regalando al diablo una oportunidad perfecta para atacarnos con la amargura. Pero si cada día tomamos un poco el tiempo para tratar los problemas o, si está fuera de nuestro control, entregar las frustraciones y los males al Señor, no sólo cerramos la puerta al diablo sino también abrimos la puerta a que el Señor nos ayude a empezar cada día frescos y sin amarguras. Siguiendo este simple consejo de la Palabra, fastidiaremos al diablo, quitando de sus manos las oportunidades para atacarnos gratuitamente con el enojo y la amargura. (David Bell)
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«entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.» (Efesios 2:3)Aquí en el capítulo dos de la carta a los Efesios, el apóstol Pablo nos habla de la condición humana. Al contrario de la filosofía humana que ve a cada persona como básicamente buena, Pablo describe al ser humano como uno impulsado por y esclavizado a sus deseos carnales. Por lo tanto, lo describe como un hijo de ira. La frase nos lleva a contemplar a uno que, por su naturaleza pecaminosa, sólo merece la ira de Dios. Pero lo más fuerte de esta descripción es notar que Pablo no está hablando de los gentiles o de la gente mala de su sociedad. ¡Pablo está hablando de “todos nosotros”! Incluso el mismo Pablo se incluye a sí mismo en esta descripción. En Romanos tres encontramos el paralelo: estamos todos destituidos de la gloria de Dios (23). Pero sobre este fondo negro, Pablo pinta el evangelio con colores brillantes y vívidos. Los que éramos hijos de ira, por el amor y la gracia de Dios hemos sido rescatados y salvados para que Dios cumpla su propósito original en nosotros: para que andemos en buenas obras (10).Si hemos puesto nuestra confianza en lo que Cristo hizo en nuestro lugar en la cruz, Dios quiere que andemos en buenas obras. Hoy en vez de vivir impulsados por nuestros deseos y pensamientos, busquemos andar en buenas obras según el propósito de nuestro Creador. (David Bell)
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«Aquella misma noche se le fue el sueño al rey, y dijo que le trajesen el libro de las memorias y crónicas, y que las leyeran en su presencia.» (Ester 6:1)Si conoces la historia de Ester, este versículo es una de las claves en el libro. Hasta este punto en la historia, el malvado plan de Amán estaba saliendo a la perfección. Mardoqueo y Ester al final hicieron lo único que podían hacer: ayunar tres días. Aunque el texto no lo mencione específicamente, se entiende que este ayuno iba acompañado con la oración al Dios Todopoderoso. Y Dios empezó a obrar esa misma noche, pero no de la manera que ellos igual habían imaginado. Esa noche Dios quitó el sueño al rey, el cual hizo que se le leyera del libro exacto en que se relataba el acto leal de Mardoqueo, un acto que jamás se había recompensado. Ese acto aparentemente insignificante fue el comienzo del final de Amán. Estoy seguro de que Mardoqueo y Ester se estaban preguntando por qué no había Dios todavía obrado, por qué estaba permitiendo que Amán saliera con sus planes. Pero luego vieron que Dios obró justo en el momento preciso y de manera contundente. Esta lección es una de las más difíciles para el cristiano. Nos cuesta esperar y seguir confiando cuando no vemos nada. Pero la historia de Ester nos anima a seguir confiar incluso en la situación más negra que podemos imaginar para que DIos obre para su gloria.Que Dios nos ayude a seguir confiando en Él hoy para poder ver su mano obrar. (David Bell)
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«En el mes primero, que es el mes de Nisán, en el año duodécimo del rey Asuero, fue echada Pur, esto es, la suerte, delante de Amán, suerte para cada día y cada mes del año; y salió el mes duodécimo, que es el mes de Adar.» (Ester 3:7)En el libro de Ester, el personaje de Amán aparece repentinamente en el capítulo 3. Alguna amargura tendría hacia el pueblo judío por eventos pasados, pero cuando Mardoqueo, de todos los siervos del rey, no se arrodilló ante él, Amán decidió que la solución sería realizar un genocidio. La parte terrible de la historia es que el rey Asuero no puso ningún impedimento al plan malvado de Amán (3:10). Todo parece perdido para el pueblo judío. Pero es curioso notar un detalle: Amán obviamente era supersticioso y decidió echar suertes para ver el mes en que empezaría su exterminio. Era el primer mes del año y la suerte señaló el mes duodécimo; Amán tendría que esperar un año entero para llevar acabo su plan. Dios ordenó que la suerte señalara ese mes, dando el tiempo necesario para que el rey fuese recordado del servicio de Mardoqueo y que la reina Ester intercediera por su pueblo. El mensaje del libro de Ester es que el soberano Dios controla y ordena los tiempos para llevar a cabo su perfecta voluntad. Este mensaje es importante para nosotros. Vivimos en un mundo que está lleno de maquinaciones que amenazan a los hijos de Dios. Podemos descansar en la soberanía de nuestro Dios que gobierna a pesar de la maldad humana.Sigamos confiando hoy en nuestro Dios y pidamos que “la paz de Dios gobierne en [nuestros] corazones” (Colosenses 3:15). (David Bell)
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«Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.» (2 Corintios 12:9)Todos tenemos debilidades. Igual no nos gusta admitir que las tenemos porque nuestro orgullo preferiría ocultarlas. Pero Pablo aquí toma otra actitud. Habla abiertamente de lo que llama su aguijón en la carne, aquella situación que describe como un mensajero de Satanás. Pero lejos de quejarse de esta situación difícil, Pablo celebra su debilidad con ganas, con toda disposición. Ahora, igual nosotros preguntamos cómo podría hacer eso. La respuesta es simple. Pablo veía su debilidad como la vía por la cual Dios mostraba a su poder. En vez de ocultar su debilidad aprendió a contarla como motivo de gozo al ver la obra de Dios en él.¿Cuáles son nuestras debilidades? Piénsalo: si pudieras cambiar una situación en tu vida, ¿qué sería? Igual esta es una de tus debilidades. Ahora, si le has pedido a Dios que te lo cambie o lo quite, y todavía no lo ha hecho, cambia tu perspectiva y deja que Dios se muestre en tu vida a través de esa situación. Convierte tu orgullo en glorificación a Dios. (David Bell)
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«Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.» (2 Corintios 6:18)Esta es una de las grandes promesas de Dios en la Biblia y nos conviene meditar en ella. En Juan 8 Jesús nos ayuda a entender el contexto. Mientras hablaba a los fariseos, les decía que eran de su padre el diablo y por eso hacían las obras de Satanás: mentían e intentaban matar. La denuncia de Jesús no iba sólo para los fariseos. Más bien Jesús estaba hablando de la condición natural de todo ser humano. Somos pecadores por naturaleza y por lo tanto actuamos como los hijos del primer pecador, Lucifer. Pero la salvación representa un cambio de familia. Cuando nos arrepentimos y pusimos nuestra fe en lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz, Dios nos sacó de la familia del diablo y nos adoptó como miembros de su familia. Por lo tanto nos promete que contamos con el Dios Todopoderoso como nuestro Padre ya que somos sus hijos e hijas. Lo vemos en la oración modelo que Jesús enseñó a sus discípulos. Podemos orar en los mismos términos que Jesús oraba: “Padre nuestro que estás en los cielos”. Pero este privilegio también viene con obligaciones. En el contexto de 2 Corintios Pablo está animando a los creyentes a andar en santidad como un testimonio delante del mundo de quien es nuestro Padre.Gocémonos en esta verdad: somos los hijos y las hijas de Dios. Pero también vivamos como corresponde a esta promesa, como hijos e hijas de Dios, andando en santidad como merece nuestro nuevo Padre. (David Bell)
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«Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.» (2 Corintios 3:18)En este capítulo Pablo aprovecha la historia que encontramos en Números 34 para enseñar sobre la relación entre el creyente y su Dios. Moisés bajó del monte después de hablar con Dios y su rostro brillaba, reflejando la gloria de Dios. Moisés cuando hablaba con el pueblo después, se ponía un velo, pero Pablo dice que nosotros, como Moises, miramos la gloria de Dios con cara descubierta. No vemos a Dios cara a cara, como hablaba Moisés con Dios; más bien vemos, como dice aquí, como en un espejo. Vemos la gloria de Dios reflejada en la Palabra, pero el efecto es igual, vamos siendo transformados en la misma imagen, de gloria en gloria. La gloria de Dios que reflejamos hoy será superada por la que reflejaremos mañana. Pero la frase al principio del versículo llama la atención: “Por tanto, nosotros todos…”. Lo que Pablo describe aquí no es el plan de Dios para unos cuantos o para un élite espiritual. El plan de Dios para todos nosotros es que miremos diariamente en la Palabra y seamos transformados poco a poco en la misma imagen de nuestro Salvador.¿Cómo vas hoy en este proceso de transformación? Sigamos todos adelante en esta meta de ser transformados diariamente en la imagen de Cristo, de gloria en gloria. (David Bell)
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«Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis.» (1 Corintios 14:1)Los corintios tenían entre ellos muchos conflictos. Aparentemente existían competiciones entre los creyentes para intentar sobresalir por medio del ejercicio de sus dones espirituales. Nos recuerda de la actitud que vemos entre los doce cuando discutían sobre quién era el mayor en el reino. Los corintios creían que si tenían ciertos dones, eran mejores o más valiosos a Dios que los demás en la iglesia. En los capítulos 12 y 13, Pablo les enseña sobre el don del amor. Sin el amor, les dijo, nada de lo que hacían realmente tenía valor (13:1-3). Por lo tanto les instruye a ""seguir el amor"". Literalmente, la idea es correr detrás del amor con la intención de alcanzarlo. Para usar el lenguaje de Eclesiastés, muchas veces vamos corriendo detrás del viento para intentar alcanzarlo, sólo para luego darnos cuenta de que todo lo que nos parecía tan importante era realmente vanidad. Pero el amor no es vanidad. No es un esfuerzo inútil porque el amor está a la cabeza del fruto del Espíritu. ¡Dios quiere producir ese amor en nosotros! La pregunta importante es ¿qué estamos haciendo nosotros que frena la producción de este amor en nuestros corazones? Si permitimos que la envidia, el orgullo, lo indebido, la irritación o el rencor (ver 13:4-5) llene nuestros corazones, no estamos fomentando el amor de Dios en nuestras vidas. Que Dios nos haga pacientes y benignos en su amor, primeramente hacia Él y también hacia nuestros prójimos. (David Bell)
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«Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.» (1aCorintios 11:1)La instrucción espiritual del apóstol Pablo para los nuevos creyentes en Corinto era sencilla: imitar cada aspecto del carácter de Cristo que veían en Pablo. Ahora bien, ser imitador implica una observación cuidadosa y estudiada de una persona y luego una acción o un comportamiento que se ajusta a esta observación en la medida posible. Somos bastantes hábiles en esta destreza ya que lo hemos practicado desde la niñez. Observamos e Imitamos a nuestros padres (y a veces curiosamente los padres imitan a sus bebés) y luego solemos seguir imitando a nuestros héroes. Pero Pablo aquí habla de una doble imitación. Por un lado él estaba imitando a Cristo y por el otro invitaba a los creyentes a imitarle a él mismo. Pablo podría describir el lema de su vida como ""imitar para ser imitado"". Pero es importante recordar que antes de ser imitado, Pablo tenía que imitar. Si no estaba imitando a Cristo, no había nada que imitar en su vida.¿Estamos imitando a Cristo en nuestro día a día? Debemos estar conscientes de que es nuestra meta diaria: estudiar, observar y copiar. Pero a la vez debemos recordar que hay personas que nos imitarán a nosotros. ¿Qué tipo de patrón somos para que nos copien? Este hecho debe motivarnos a ser mejores imitadores de Cristo. (David Bell)
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"Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios." (1a Corintios 6:11)Uno de los problemas en la iglesia de Corinto era que cristianos estaban denunciando a otros cristianos ante los jueces paganos en su ciudad. El daño al testimonio de los cristianos era terrible. Podemos imaginar lo difícil que sería para otros creyentes hablar del amor de Cristo a una persona que había visto como un cristiano denunciaba a otro en los tribunales. Pero el verdadero problema era que los cristianos estaban abusando y estafando a otros cristianos. En este versículo el apóstol muestra la solución: la purificación del pecador que confía en Cristo. La purificación (lavados) = la justificación (el momento de arrepentimiento y fe) + la santificación (el proceso en que el Espíritu Santo convence del pecado y llena la vida con su fruto). Es la obra de Cristo en la cruz unida a la presencia del Espíritu Santo en nuestro corazón. Vivamos nosotros esta purificación todos los días para que nuestras vidas sean un verdadero testimonio del amor de Dios ante el mundo.
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"Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;" (1a Corintios 1:30)El mundo muchas veces mira al Cristiano con cierto desprecio. No es algo nuevo en nuestros días. Pablo explica a los corintios que los judíos rechazaban a Jesús porque la cruz no encajaba en su concepto del Mesías y que para los griegos el evangelio les parecía locura. Podemos imaginar como los nuevos cristianos en Corinto sufrían el odio y desprecio por todas partes. Pero lo que los Judíos y los Griegos rechazaban como debilidad o locura, el Cristiano ve con otros ojos. Pablo usa cuatro palabras para describir lo que Cristo es para el que se ha arrepentido de su pecado y ha puesto su fe en lo que hizo Jesús en la cruz. En primer lugar, Cristo es la sabiduría de Dios. Jesús vivió en perfecta sabiduría, pero especialmente vemos su sabiduría en el plan de Dios para rescatar su creación rebelde. La segunda palabra que usa es justificación. Por medio de Cristo, Dios nos ha perdonado y nos trata como si jamás hubiéramos pecado. También Cristo es santificación, porque por Él, Dios nos sigue transformando en lo que le agrada. Finalmente, Pablo dice que Cristo es redención: por Él hemos sido rescatados de nuestra esclavitud al pecado para poder servir a Dios.Cristo es todo y por eso, según el versículo 31, debemos gloriarnos en Cristo. Tomemos tiempo hoy para meditar en todo lo que Cristo ha hecho y sigue haciendo en nuestras vidas para darle gloria.
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«para volver a Jerusalén; y entonces supe del mal que había hecho Eliasib por consideración a Tobías, haciendo para él una cámara en los atrios de la casa de Dios.» (Nehemías 13:7)Cuando los judíos volvieron a Jerusalén y empezaron otra vez a leer la Ley, entendieron que los otros pueblos que habitaban entre ellos no debían entrar en la congregación de Dios (13:1). Debemos entender esto en el contexto espiritual; o sea, los que no reconocían al Dios de Israel no formaban parte del pueblo de Dios. Justo en este contexto, Nehemías cuenta de cómo Eliasib, uno de los encargados del templo reconstruido, había entregado una de las cámaras sagradas a su consuegro Tobías. Cuando Nehemías volvió a Jerusalén y se enteró de que un hombre que no seguía al Dios del templo tenía una vivienda dentro del templo, dice “me dolió en gran manera; y arrojé todos los muebles de la casa de Tobías fuera de la cámara” (13:8). Esta limpieza del templo nos prepara para el Señor Jesucristo que también encontró en el templo a los que no debían estar, no por su nacionalidad sino porque su propósito no fue el de adorar a Dios. Jesús también los arrojó del templo. Nosotros somos el templo de Dios. Debemos guardar nuestro templo y tener cuidado de no albergar en nuestra vida a aquellas cosas que son contrarias a Dios. Cuando el Espíritu de Dios nos hace ver en nosotros lo que es contrario a Dios, debe dolernos en gran manera y por el mismo Espíritu debemos arrojarlos fuera.Pidamos hoy que Dios nos abra los ojos, y si hay algo en nuestra vida que no debe estar allí, arrojémoslo de nuestro templo para que Dios sea honrado en él. (David Bell)
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«Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed.» (Nehemías 9:20)Cuando los judíos celebraron por primera vez en años la fiesta de tabernáculos, no se permitió el luto. Era una fiesta de gozo recordando la provisión de Dios para sus padres en el desierto. Pero terminada la fiesta, hicieron luto y confesaron sus pecados durante 3 horas. Los levitas que guiaban esta confesión pública empezaron con un repaso de la historia de Israel. Resaltan las grandes bendiciones que Dios dio a su pueblo en el desierto. No solamente les dio agua cuando tuvieron sed en Horeb (ver 9:15), sino que también les dio el maná diariamente (9:15). Es interesante notar que aquí lo llaman “tu maná”, reconociendo que Dios les dio de comer de su propia mesa. Pero aún más importante que la comida y bebida que Dios proveyó para su pueblo es la provisión espiritual que les dio Dios: les evió su ben Espíritu para enseñarles. Si bien es verdad que no encontramos la morada permanente del Espíritu Santo en cada creyente hasta el día de Pentecostés en Hechos, aquí vemos que el Espíritu de Dios moraba en medio de su pueblo en el tabernáculo y en Moisés (ver Números 11:17). Nosotros hoy no tenemos la experiencia de encontrar pan del cielo en el suelo todos los días ni tampoco hemos visto salir agua de una peña para saciar nuestra sed. Pero lo que es aún mayor, tenemos al buen Espíritu de Dios en nosotros para enseñarnos.Obedezcamos todo lo que el Espíritu nos enseña por medio de la Palabra para que Dios nos siga sosteniendo cuando tengamos necesidad (9:21). (David Bell)
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Un versículo de la Biblia junto con una meditación y una aplicación.
HOSTED BY
David Benjamin Bell
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