EPISODE · Nov 29, 2007 · 2 MIN
28 nov. Caprichos sin el glamour del "diablo"
from Alicantissimo 2009 · host Angel L Seoane Vicente
De Niccolò Paganini (1782-1840) la Historia nos ha legado dos cosas: de un lado, la leyenda de instrumentista prodigioso y personalidad desbordante; de otro, la música que compuso en su mayoría para su instrumento, el violín. Dado que la época de los intérpretes divos ha quedado, salvo excepciones, atrás y hoy en día lo que se estila y valora son músicos en los que prime la seriedad, la expresión sosegada y la rigurosidad en la aproximación a la partitura, conviene centrar nuestro análisis en el Paganini de las partituras. En este sentido, al consagrar su vida y su creación al violín, Paganini no sirvió a ninguna estética dominante, a pesar de que fuera coetáneo de insignes compositores románticos como Chopin, Schubert o Schumann. De ahí que su música resulte inclasificable y "dura" tanto para el el público como para el instrumentista. Lo primero queda patente en el hecho de que, en contra de lo que viene siendo habitual en la temporada de la Sociedad de Conciertos, el Teatro Principal no rozó el lleno del aforo para presenciar la interpretación del aclamado violinista Shlomo Mintz. El moscovita, aunque criado en Israel, presentaba en Alicante un programa dedicado exclusivamente a los "Caprichos para violín solo, Op. 1", obra que ilustra perfectamente esa dureza de Paganini. Para el espectador porque los primeros movimientos de los 24 que componen la partitura carecen en apariencia de los principios compositivos convencionales de melodía y armonía, los más apreciados por el público. En su lugar, se perfilan como un tratado de los recursos de interpretación violinística. De ahí la dificultad para el intérprete. Abundan, pues, en estos movimientos iniciales los cambios bruscos de tempo, los pasajes de complicadísimos trinos, pizzicatos y stacattos, los cuales resolvió Mintz con limpieza en la ejecución y sobriedad en el gesto. No es hasta el IV capricho 'Maestoso en Do m' cuando los oídos comienzan a disfrutar de algún regalo melódico, en este caso de inspiración húngara, los cuales aflorarán con fuerza en el conocido IX capricho 'Allegretto en Mi M' para repetirse con un aire más vienés en el 'Allegro en Lab m' (Capricho XII) y prolongar su frágil dominio hasta ese 'Posato en Mi m' (Capricho XV) de elegantísima factura. De ahí hasta el Capricho XXIV final, Mintz desglosó, con técnica depurada, mayor contención y suma concentración desde su soledad en el escenario, los Caprichos restantes entre movimientos extremos de digitación, apuntes de bailes de salón vieneses, guiños a Vivaldi y acelerados ascensos y descensos cromáticos. La mayor recompensa para el público llegó al final, en ese 'Quasi presto - Variazioni - Finale en La menor' en el que "el diablo" de Paganini seguramente decidió apiadarse del público mundano para premiar su paciente escucha mediante un prodigio de transiciones entre pizzicati y legati que constituye una de las melodías más hermosas y conmovedoras que escribiera el compositor de Génova. En suma, un colosal monumento al violín, recreado por un intérprete que prescindió de cualquier adorno de cara a la galería para soslayar la leyenda del maestro y, de ese modo, magnificar su obra. Escuchemos, pues, el IX Capricho 'Allegretto en Mi Mayor' de Niccolò Paganini interpretado por Shlomo Mintz, en una grabación efectuada en el Teatro Principal de Alicante el 28 de noviembre de 2007.
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