Aventuras en la granja parlante episode artwork

EPISODE · Mar 22, 2026 · 28 MIN

Aventuras en la granja parlante

from Relatia Podcast · host Relatia.es

Entre dos colinas verdes, junto a un río que cantaba al pasar sobre las piedras, había una granja muy especial. Desde fuera parecía una granja normal: un granero rojo, un huerto con tomates, un estanque con patos y una cerca de madera blanca. Pero si te acercabas lo suficiente y escuchabas con atención, descubrías algo extraordinario: los animales hablaban. No hablaban como en los dibujos animados, con voces agudas y canciones pegadizas. Hablaban como personas normales, con sus opiniones, sus discusiones y, sobre todo, sus quejas. La vaca Margarita era la más grande de la granja. Tenía manchas negras sobre fondo blanco y una campana dorada que sonaba cada vez que movía la cabeza. Era muy organizada y le gustaba que todo estuviera en su sitio. —¡Otra vez han dejado paja en la puerta del establo! —protestaba cada mañana—. ¿Es que nadie sabe recoger? ¡Esto es una vergüenza! El gallo Jacinto era el más madrugador. Se subía al tejado del granero cada amanecer y cantaba con una voz tan potente que despertaba no solo a la granja, sino también a los vecinos de tres kilómetros a la redonda. —¡QUIQUIRIQUÍÍÍ! ¡Arriba todo el mundo, que el sol no espera! —gritaba a las cinco de la mañana. —¡Jacinto, por favor! —le suplicaba la oveja Lola desde su redil, tapándose las orejas con las patas—. ¡Son las cinco! ¡Déjanos dormir un poco más! Lola era una oveja de lana blanca y esponjosa que soñaba con ser cantante. Tarareaba todo el día melodías que ella misma inventaba, pero cuando intentaba cantar en voz alta, desafinaba tanto que los demás huían despavoridos. —¡Eso no es cantar, es torturar! —se quejaba Rogelio, el cerdo, cubriéndose la cabeza con barro para no oírla. Rogelio era un cerdo rosado y barrigón que se consideraba el intelectual de la granja. Leía los periódicos que el granjero dejaba en el suelo del establo y después daba su opinión sobre todo. —Según el periódico de hoy, mañana lloverá —decía, ajustándose unas gafas imaginarias—. Deberíamos prepararnos. —¡Bah! —respondía siempre Gaspar, el burro—. Siempre dices que va a llover y luego hace sol. Eres un exagerado. Gaspar era el más fuerte de todos. Un burro gris con orejas enormes que podía cargar con cualquier cosa. Pero también era el más testarudo. Cuando decidía algo, no había forma de hacerle cambiar de opinión. El granjero se llamaba don Prudencio. Era un hombre mayor, con sombrero de paja y botas de goma, que cuidaba de los animales con mucho cariño. Lo curioso es que don Prudencio no sabía que sus animales hablaban. Cuando estaba cerca, todos se callaban y hacían sonidos normales: muuu, quiquiriquí, beee, oink y rebuzno. —Qué animales tan tranquilos tengo —decía don Prudencio, acariciándose la barba—. Deben de ser los más felices del condado. Si supiera las discusiones que tenían cuando él se iba a dormir. Una noche, mientras todos cenaban heno y grano en el establo, Rogelio llegó corriendo con un trozo de periódico en la boca. —¡Malas noticias! —anunció, resoplando—. Viene una tormenta enorme. La más grande en cincuenta años. Vientos de cien kilómetros por hora, lluvia torrencial y posibles inundaciones. —¿Cuándo? —preguntó Margarita, muy seria. —En tres días —respondió Rogelio. Todos se miraron con preocupación. La granja estaba en un valle. Si llovía mucho, el río podía desbordarse y arrastrarlo todo. —Tenemos que hacer algo —dijo Margarita—. Pero… ¿qué? El silencio llenó el establo. Ninguno tenía la respuesta. Pero en el fondo, todos sabían que si querían salvar su hogar, tendrían que encontrarla juntos.

Entre dos colinas verdes, junto a un río que cantaba al pasar sobre las piedras, había una granja muy especial. Desde fuera parecía una granja normal: un granero rojo, un huerto con tomates, un estanque con patos y una cerca de madera blanca. Pero si te acercabas lo suficiente y escuchabas con atención, descubrías algo extraordinario: los animales hablaban. No hablaban como en los dibujos animados, con voces agudas y canciones pegadizas. Hablaban como personas normales, con sus opiniones, sus discusiones y, sobre todo, sus quejas. La vaca Margarita era la más grande de la granja. Tenía manchas negras sobre fondo blanco y una campana dorada que sonaba cada vez que movía la cabeza. Era muy organizada y le gustaba que todo estuviera en su sitio. —¡Otra vez han dejado paja en la puerta del establo! —protestaba cada mañana—. ¿Es que nadie sabe recoger? ¡Esto es una vergüenza! El gallo Jacinto era el más madrugador. Se subía al tejado del granero cada amanecer y cantaba con una voz tan potente que despertaba no solo a la granja, sino también a los vecinos de tres kilómetros a la redonda. —¡QUIQUIRIQUÍÍÍ! ¡Arriba todo el mundo, que el sol no espera! —gritaba a las cinco de la mañana. —¡Jacinto, por favor! —le suplicaba la oveja Lola desde su redil, tapándose las orejas con las patas—. ¡Son las cinco! ¡Déjanos dormir un poco más! Lola era una oveja de lana blanca y esponjosa que soñaba con ser cantante. Tarareaba todo el día melodías que ella misma inventaba, pero cuando intentaba cantar en voz alta, desafinaba tanto que los demás huían despavoridos. —¡Eso no es cantar, es torturar! —se quejaba Rogelio, el cerdo, cubriéndose la cabeza con barro para no oírla. Rogelio era un cerdo rosado y barrigón que se consideraba el intelectual de la granja. Leía los periódicos que el granjero dejaba en el suelo del establo y después daba su opinión sobre todo. —Según el periódico de hoy, mañana lloverá —decía, ajustándose unas gafas imaginarias—. Deberíamos prepararnos. —¡Bah! —respondía siempre Gaspar, el burro—. Siempre dices que va a llover y luego hace sol. Eres un exagerado. Gaspar era el más fuerte de todos. Un burro gris con orejas enormes que podía cargar con cualquier cosa. Pero también era el más testarudo. Cuando decidía algo, no había forma de hacerle cambiar de opinión. El granjero se llamaba don Prudencio. Era un hombre mayor, con sombrero de paja y botas de goma, que cuidaba de los animales con mucho cariño. Lo curioso es que don Prudencio no sabía que sus animales hablaban. Cuando estaba cerca, todos se callaban y hacían sonidos normales: muuu, quiquiriquí, beee, oink y rebuzno. —Qué animales tan tranquilos tengo —decía don Prudencio, acariciándose la barba—. Deben de ser los más felices del condado. Si supiera las discusiones que tenían cuando él se iba a dormir. Una noche, mientras todos cenaban heno y grano en el establo, Rogelio llegó corriendo con un trozo de periódico en la boca. —¡Malas noticias! —anunció, resoplando—. Viene una tormenta enorme. La más grande en cincuenta años. Vientos de cien kilómetros por hora, lluvia torrencial y posibles inundaciones. —¿Cuándo? —preguntó Margarita, muy seria. —En tres días —respondió Rogelio. Todos se miraron con preocupación. La granja estaba en un valle. Si llovía mucho, el río podía desbordarse y arrastrarlo todo. —Tenemos que hacer algo —dijo Margarita—. Pero… ¿qué? El silencio llenó el establo. Ninguno tenía la respuesta. Pero en el fondo, todos sabían que si querían salvar su hogar, tendrían que encontrarla juntos.

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Aventuras en la granja parlante

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That Hoarder: Overcome Compulsive Hoarding That Hoarder Hoarding disorder is stigmatised and people who hoard feel vast amounts of shame. This podcast began life as an audio diary, an anonymous outlet for somebody with this weird condition. That Hoarder speaks about her experiences living with compulsive hoarding, she interviews therapists, academics, researchers, children of hoarders, professional organisers and influencers, and she shares insight and tips for others with the problem. Listened to by people who hoard as well as those who love them and those who work with them, Overcome Compulsive Hoarding with That Hoarder aims to shatter the stigma, share the truth and speak openly and honestly to improve lives. The Small Business Startup School – Business Notes | Financial Literacy | Retail Psychology – For Professionals & Entrepreneurs The Small Business Startup School Inc. Starting or buying a small business? While personal circumstances may vary, business patterns remain timeless. On The Small Business Startup School, we explore strategies, insights, and practical solutions to help entrepreneurs confidently navigate their journey.Hosted by Ola Williams—a retail entrepreneur, fintech founder, and financial coach with over two decades of experience—this podcast marries financial awareness and retail psychology with optimism to deliver actionable takeaways.Join us to learn, grow, and connect as we uncover the keys to business success.Let’s continue to learn together and be encouraged to keep on connecting! DIOSA. Carolina Sanper This podcast is a sacred space created by Carolina Sanper where you connect with your inner wisdom and embody your magnetic feminine power.It is the realization that the mystical realm is where you plant the seeds of your desired reality.It is a portal to your true essence: awareness, presence, and receiving with ease. Welcome home, DIOSA. 🖤 XXX Tech by SOVRYN Dr. Brian Sovryn The crossroads between technology, sensuality, and metaphysics - and the longest running anarchist podcast in the world! Brought to you by Dr. Brian Sovryn.

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How long is this episode of Relatia Podcast?

This episode is 28 minutes long.

When was this Relatia Podcast episode published?

This episode was published on March 22, 2026.

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Entre dos colinas verdes, junto a un río que cantaba al pasar sobre las piedras, había una granja muy especial. Desde fuera parecía una granja normal: un granero rojo, un huerto con tomates, un estanque con patos y una cerca de madera blanca. Pero...

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